La codicia arrasa Egipto
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| Excavaciones en el yacimiento de Dahshur. / DAVID BOYER (GETTY) |
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| Excavaciones en el yacimiento de Dahshur. / DAVID BOYER (GETTY) |
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| Excavaciones en el yacimiento de Dahshur. / DAVID BOYER (GETTY) |
Parece haberle llegado a Zahi Hawass la hora del juicio de Osiris, en la balanza de Tot. Hay mucha gente, dentro y fuera de Egipto, que quiere su cabeza: es lo que tiene haber ejercido la soberbia y la prepotencia durante tantos años. Oriundo de Abeedya, un pueblecito cerca de la ciudad de Damietta, en el Delta, e hijo de un ganadero, Hawass (1947) no parecía destinado a grandes cosas en la estratificada sociedad egipcia. Ni siquiera quería ser arqueólogo sino abogado. De hecho, cuenta la leyenda -es decir él mismo- que sufría de claustrofobia, lo que es no es, convengámoslo, la mejor disposición para explorar tumbas. Su casi increíble ascenso, digno de un Julian Sorel nilótico, fue el resultado de la autoconfianza, el tesón y la ambición (seguramente también de una sincera pasión por el Egipto antiguo). Y no estuvo libre de retrocesos e incertidumbre. Su carrera está jalonada por enfrentamientos con subordinados, colaboradores y científicos extranjeros (recuérdense los casos de Nicholas Reeves y Joann Fletcher, a los que prácticamente expulsó de Egipto). Siempre ha actuado con la contundencia rayana en la brutalidad de quien se sabe sin demasiados apoyos sólidos y rodeado de enemigos. Sin embargo, llegó a creerse intocable e imprescindible. Un caso egipcio de hybris griega.
Ha bastado que se avizorara su caída para que afloraran contra él las críticas y acusaciones. Y se olvidaran los aspectos positivos de su gestión: el icono popular del egiptólogo ya no es Howard Carter sino Zahi Hawass (y su sombrero). Haber cambiado el paradigma de la egiptología, convertirla en algo egipcio, de los egipcios, es un logro monumental y era de justicia hacerlo. Hawass también ha elevado las cotas de popularidad e interés público de la egiptología (usando a veces medios espurios) a alturas estratosféricas. Creó una red de museos. Luchó por erradicar algunas falsedades y derrotó en arduo combate a los que, como los piramidiotas, querían mistificar el pasado egipcio de Egipto. Deja muchas aventuras pendientes: hallar las tumbas de Cleopatra y Nefertiti, dilucidar los pasadizos de la Gran Pirámide…
Es muy probable que Hawass participara en la corrupción general: el caso de la irregular concesión de la nueva tienda de recuerdos del Museo Egipcio, aireada por el propio Gobierno, así parece indicarlo, al igual que denuncias (aún por probar) de tráfico de antigüedades. Manejaba las antigüedades egipcias como si fueran un patrimonio propio por la dudosa vía de identificarse él con Egipto. Cualquier proyecto, hallazgo, documental y éxito eran suyos. Laminó al viejo Otto Schaden y le arrebató la notoriedad del hallazgo y estudio de la tumba KV63. Hatshepsut, Tutankamón (cuya muerte y parentescos trató de esclarecer) o las mil momias doradas de Bahariya eran peldaños de su ascenso a la fama mundial. Impuso una ley del silencio sobre excavaciones y yacimientos: nadie podía abrir la boca sin permiso expreso del gran rais.
Parece abocado a ser una cabeza de turco del régimen caído. Es un blanco fácil: aunque tuviera buenos contactos internacionales y fuera un próximo untuosamente servil de los Mubarak, su poder real, político, era nulo y eso lo ha hecho especialmente vulnerable: un coloso ramésida con los pies de barro. Los que le reían las gracias desde fuera, excepto tal vez un puñado de sinceros amigos, le van a dar la espalda. Y muchos Gobiernos, museos y coleccionistas, a los que inquietó con sus reclamaciones, se felicitarán de su caída.
La cosa no acaba ahí. En Dahshur han atacado las instalaciones de la misión arqueológica del Metropolitan Museum, reduciendo y atando a los guardias para ejecutar el robo. En Abusir, los expoliadores han entrado en los almacenes de la expedición checa. Lo mismo ha ocurrido en lubares como Tell el Basta y Wadi el Feiran, muy cerca de Sharm el Sheikh.
En Giza, el pasado 1 de marzo, «criminales lograron entrar en el almacén Selim Hasan. Iban armados y redujeron rápidamente a los guardias que no portaban armas y temieron por sus vidas». En todos los lugares referidos, asegura Zahi Hawass en su web, los inspectores están aún valorando el expolio cuidadosamente y comprobando los inventarios arqueológicos. Cuando acaben esta tarea se redactará un informe completo.
Lugares faraónicos
Guardias en los sitios de Nekhen, al norte de Edfu, han detenido a numerosos expoliadores, en una zona muy conocida por enconrarse en plena ruta del turismo a lo largo del Nilo. Y en Asuán trataron de robar una estatua de Ramses II, pero los guardias ayudados por arqueólogos lo impidieron, afortunadamente.
En lugares como Abydos se han registrado ataques casi cada noche, y se han abierto trincheras de excavaciones ilegales. Esta práctica se está exendiendo a numerosos lugares, desde Alejandría hasta el sur. También ha habido daños en monumentos islámicos. Hawass lo lamenta, aunque también da una pincelada de esperanza al confesar su alegría porque la protección a las sinagogas e iglesias cristianas ha resultado efectiva y ahí no se han producido daños.
La revuelta egipcia no deja de sumar historias. Uno se sienta en un café o entra en la tienda de ultramarinos de la esquina y todo el mundo tiene algo que contar sobre su revolución. Muchas son tristes (el ministerio de Salud ha confirmado ya 365 muertes sin contar las de los policías), y otras más felices. Hace unos días se anunciaba que varias piezas de valor incalculable habían sido robadas del Museo Egipcio de Antigüedades. Apenas 48 horas más tarde se desvelaba que algunas habían aparecido en el jardín del propio museo. Alguien las perdió en una huida apresurada o tal vez no supo reconocer su valía -recuerden que el principal saqueo se produjo en la tienda del museo donde las relucientes réplicas debieron resultar más apetecibles y valiosas a los salteadores que las originales-.
Hoy la noticia es la devolución de una de las piezas supuestamente robadas del museo, por uno de los manifestantes de la plaza de Tahrir. Tiene 16 años y encontró a Akhenaton, en forma de piedra caliza de siete centímetros, corona y actitud oferente, bellamente policromado sobre una base de alabastro, detrás de un contenedor de basura.
El Ministerio de Estado para los Asuntos de las Antigüedades ha anunciado hoy que el próximo domingo reabrirán sus puertas al público los centros turísticos faraónicos, islámicos y coptos del país. Después de que el ministro de antigüedades Zahi Hawass se reuniera con representantes de la Policía Turística de Egipto, y se acordaran las medidas de seguridad oportunas, el ministerio tomó la decisión de retomar la actividad normal en los centros turísticos. Una de las principales fuentes económicas del país. Hawass, mostró su confianza en que los visitantes regresarán pronto a conocer la cuna de los faraones.
Este comité, encabezado por el director del museo, el doctor Tarek El-Awady, confirmó la autenticidad de la pieza. Éste la puso en manos de los conservadores del centro para que junto a la mesa de ofrendas que forma parte de la estatua y que había sido encontrada por separado en el interior del edificio, sean restauradas y restituidas cuanto antes a la gallería de Amarna, una de las joyas de la exposición permanente que recorre la vida y tradición simbólica del faraón.
Akhenaton estuvo casado con la legendaria Nefertiti y protagonizó una de las épocas más asombrosas del país de los faraones. Durante el período de Amarna, en la XVIII dinastía, se impulsaron reformas radicales en la sociedad egipcia, y se convirtió al dios Atón en la única deidad del culto oficial del Estado.
Con la recuperación de esta escultura ya son cuatro las piezas devueltas al museo, del que ocho antigüedades fueron robadas durante las protestas, que comenzaron el pasado 25 de enero y terminaron el viernes pasado con la renuncia de Mubarak.
También la zona monumental de Saqara, 25 kilómetros al sur de El Cairo, fue blanco de actos de pillaje, ya que varios ladrones robaron una puerta falsa y algunas partes de la tumba antigua de Hotep Ta, que no estaba abierta a las visitas.
Los ladrones irrumpieron en otra tumba en la zona y robaron parte de su puerta falsa. Además, rompieron las cerraduras de varios almacenes de antigüedades en esta localidad, indica el comunicado, que precisa que las Fuerzas Armadas han podido detener a algunos ladrones cuando irrumpían en tumbas.

«Poseeré mi cuerpo para siempre, pues no me corromperé, no me descompondré, no me pudriré, no me agusanaré». El Conjuro 154 del Libro de los Muertos expresa la obsesión de los antiguos egipcios por pervivir en el Otro Mundo y escapar a la destrucción y el olvido. ¿Imaginaba Tutankamón que volvería a la vida con todo su equipaje en un universo tan extraño como el de Internet? Probablemente no. El siglo XXI ha salido al encuentro del XIV antes de Cristo en una iniciativa digna del más emocionante thriller arqueológico, y el joven faraón dorado y el equipamiento completo de su tumba, minuciosamente descrito y comentado por su descubridor, están al alcance inmediato de toda la humanidad mediante un simple clic.
El Griffith Institute de Oxford, que conserva las notas, fotografías y diarios de excavación de Howard Carter, ha culminado la creación de una extraordinaria base de datos (http://www.griffith.ox.ac.uk/gri/4tut.html) con las fotografías y las fichas del arqueólogo de los 5.398 objetos de la tumba de Tutankamón. De la célebre máscara de oro al más humilde y minúsculo colgante, trocito de vidrio o de lino. El amante de la egiptología o simplemente de la historia accede a ese tesoro de información con dedos temblorosos: es teclear y las «cosas maravillosas» aparecen ante tus ojos en las fotos originales de Harry Burton, el fotógrafo de Carter, acompañadas de las fichas con su descripción y situación en la tumba ¡escritas de puño y letra del propio descubridor! (con su transcripción).
La web se denomina Tutankhamun: anatomy of an excavation y la persona que la ha concebido y diseñado es el prestigioso egiptólogo checo Jaromir Malek (Pribyslav, 1943), conservador de los archivos del Griffith. Malek ha estado esta semana en Madrid con motivo de la exposición de copias de los tesoros de Tutankamón que se exhibe hasta el 16 de enero en la Casa de Campo. El egiptólogo explica que el proyecto de poner al faraón y su ajuar en la red arranca de la constatación de que hoy, 88 años después del hallazgo de la tumba en 1922, apenas el 30% del contenido de esta ha sido estudiado científicamente. «Al ritmo actual, harán falta más de cien años para completar el trabajo que empezó Carter», deplora Malek. «Es el gran fracaso de la egiptología».
¿Qué ha pasado? «Bueno, el vaciado e inventariado de la tumba, que además estaba extraordinariamente llena, fue un proceso laboriosísimo, que consumió las energías de Howard Carter. Fue un trabajo minucioso, exhaustivo, modélico, pero causó un gran estrés a Carter -más aún por las tensiones políticas-, que no pudo acometer la publicación científica de la excavación. Los objetos de la tumba han sido fotografiados, mostrados en exposiciones e infinidad de catálogos, libros y revistas, pero muy poco estudiados científicamente. Incluso piezas tan icónicas como la máscara de oro adolecen de una falta de análisis en profundidad». Malek subraya que ha habido una sorprendente parálisis de los estudiosos a la hora de abordar ese ingente material y señala que su consulta en la red es una oportunidad para avanzar en la investigación.
En el tesoro de Tutankamón duerme, pues, otro tesoro: de conocimiento. «Así es, y cuando todo el material haya sido estudiado, su contribución al conocimiento del Antiguo Egipto radicará en la tecnología: entenderemos mejor cómo hacían las cosas los egipcios». Las fotos, las fichas, los mapas y diagramas de Carter, las notas de los trabajos de conservación y restauración efectuados en las piezas, todo eso ahora ya a disposición de todo el mundo ha de servir para incentivar el estudio. «Carter tardó diez años en vaciar la tumba, nosotros hemos tardado 15 en volcarla en Internet».
Malek está en una posición privilegiada para comentar el reciente anuncio de la devolución a Egipto de 19 piezas de la tumba de Tutankamón que poseía el Metropolitan Museum de Nueva York. «En realidad no podemos estar seguros de que esos objetos sean de la tumba. No todas las piezas que tienen relación con Tutankamón proceden de allí. Si el MET quiere devolverlos, perfecto, es su decisión, pero igual podría devolver todas sus colecciones». Malek se muestra escurridizo al preguntarle sobre las cosas que Carter y Lord Carnarvon escamotearon de la tumba, aunque admite el hecho. «No apruebo, pero entiendo que Carter quisiera quedarse algo, no una obra maestra, sí un recuerdo, un memento de la excavación. Sé positivamente de una pieza sacada de la tumba que ya ha sido devuelta: un ushebti, una figurita funeraria. Se la dio Carter a una persona que trabajaba con él».
Sobre la personalidad de Carter, Malek sospecha que muy probablemente era homosexual y menciona una foto en la que se le ve inusualmente feliz con un joven. Esa inclinación contribuiría, en aquella época, a convertirlo en una persona aún más hosca. «Su falta de estudios y su procedencia humilde le hacían sentirse siempre cuestionado y ofendido». Carter -aunque «sin duda difícil», añade Malek- era un hombre de mucho talento, de enorme intuición, y un trabajador incansable. «Todos hubiéramos tirado la toalla ante las dificultades que él afrontó. Si hubiera sido un tipo fácil y amable no hubiera descubierto la tumba de Tutankamón ni habría acabado de excavarla».
Un jeque le enseñó el arte de narrar y él lo contagia allá por donde va. Anoche, ante un auditorio repleto en el Palacio de Congresos (casi 13 euros la entrada), Zahi Hawass, secretario general del Consejo Supremo de Antigüedades Egipcias y viceministro de Cultura, cautivó con sus hallazgos en el Antiguo Egipto cual Howard Carter el descubridor de la tumba de Tutankamón redivivo. Temido y admirado en el mundo, nada más pisar suelo español fue recibido por los Reyes, a quienes regaló su monumental libro «Un viaje secreto», con fotografías de Sandro Vannini (700 ejemplares, a 2.900 euros), motivo de una exposición. Hawass no teme a la maldición de las Pirámides «morirá quien ose molestr a la momia del faraón» porque «yo convierto la vida en muerte». La muerte le teme a él: «¡La maldición de Hawass es más poderosa!», dice, y su voz retumba como si del gran Keops se tratara, mientras posa con su sombrero de arqueólogo a lo Indiana Jones.
—Del Valle de los Reyes al Palacio de la Zarzuela. ¿Qué le han comentado Don Juan Carlos y Doña Sofía?
—Ellos han estado muchas veces en Egipto visitando las Pirámides, y la Reina ha ido por su cuenta en un viaje turístico, en un autobús, junto a otras amigas suyas. Durante un día visitaron todas mis excavaciones. Doña Sofía fue en otra ocasión a Sakhara a ver todo mi trabajo. Muy pocas personas visitan los sitios arqueológicos de Sakhara. Hace once años yo pronuncié una conferencia, con la presencia de Doña Sofía, y ayer ella se puso muy contenta cuando le entregué mi gran libro de fotografías.
—¿Buceará en aguas españolas en busca del faraón Micerino?
—Sí. Nos gustaría cooperar con el Ministerio de Cultura español para intentar encontrarlo. Les proveeremos de fondos, si es necesario para ello.
—¿Dónde se hundió el barco que llevaba el sarcófago de Micerino?
—Estoy seguro de que está en aguas de Cartagena. Ahora estamos en conversaciones con National Geographic, que también podría proporcionar fondos para ese proyecto.
—¿Si Nefertiti no fue, sabe ya quién era la madre de Tuntakamón?
—Sí. Hemos descubierto su momia, pero desconocíamos el nombre. Era la hija de Amenhotep III y de la reina Tiye, que tuvieron muchas hijas. Una de ellas se casó con Akenatón: Kiya. Podría ser la madre de Tutankamón.
—Tutankamón tenía malaria, problemas óseos, no caminaba y cayó antes de morir. ¿De qué falleció?
—Debido a un accidente. Padecía de malaria debido al malestar causado porque su padre se había casado con su hermana. Localizaré en el Valle de los Reyes los restos de su esposa.
—¿Y esa tradición faraónica de casarse con sus hermanas podría explicar la cojera de Tutankamón?
—Sí. Exactamente.
—¿Ramsés III fue asesinado?
—En un mes lo sabrá.
—Va a rastrear las tumbas de Cleopatra y Marco Antonio a 15 kilómetros de Alejandría. ¿Las exhumará?
—Alejandro Magno está enterrado en Alejandría. Eso es seguro. Y su tumba será descubierta por casualidad.
—¿Qué secretos cobija Nefertiti, la Mona Lisa de la Antigüedad?
—Esta semana encontramos restos de una hermana de Nefertiti. Seguimos buscando la momia de Nefertiti.
—¿Las momias llegaban a El Cairo como pescado de salazón?
—Fueron llevadas a la orilla del Nilo, a Bulaq, para el despacho de aduanas. Pero el funcionario de aduanas denegó su entrada, lo cual desencadenó una acalorada discusión. El problema se solucionó cuando el funcionario encontró un impuesto para el pescado en salazón y decidió aplicar la misma tasa a las momias. Así fue como cuarenta gobernantes momificados procedentes de tiempos remotos entraron oficialmente en El Cairo como pescado en salazón.
—Aseguran que el busto de Nefertiti salió ilegalmente de Egipto para Alemania. ¿Se lo devolverá Berlín?
—Hemos solicitado esta semana oficialmente que así lo hagan.
—También ha exigido al Museo Británico que autorice el regreso de la piedra Rosetta a su lugar de origen. ¿Cree que le harán caso?
—No sé si tendré éxito o no en este empeño. Por lo menos lo he empezado. Estoy moviendo las aguas. Si no soy la persona que lo logre, espero que en el futuro vengan otros y lo consigan.
—Usted es tan poderoso que ha logrado que su Parlamento apruebe una nueva legislación que castigará con 15 años el tráfico y robo de antigüedades. Pero le parece poca pena.
—Deberían ser 25 años. Mire, robar un monumento es matar un país. Cuando una persona mata a otra le condenan a un cuarto de siglo de prisión. Por lo tanto, robar en un monumento debería tener la misma que asesinar a una persona. Porque se está matando a un país entero.
—¿En qué cantidad cuantificaría el daño causado al Patrimonio egipcio por robos, tráfico de piezas, etc…?
—¡Billions!
—Numerosas expediciones españoles están excavando en el Antiguo Egipto y sacando a relucir tesoros ocultos de su país. ¿Cómo valora el gran esfuerzo de prestigiosos arqueológos como José Manuel Galán, Miriam Seco, Carmen Pérez Die…?
—Me emociona mucho saber que hay tan buenos equipos españoles en expedición por Egipto. Algunas de las piezas que han hallado se van a exhibir en los museos de El Cairo.
—Usted alejó el tránsito de vehículos, caballos y camellos del Valle de los Reyes. ¿Afectará al turismo?
—El único tráfico que se permite es el de vehículos eléctricos. Nada más. Creo que es un cambio positivo porque se van a conservar las tumbas.
—¿Qué personaje le gustaría ser?
—¡Jufu! (en antiguo egipcio): Keops.
—¿Cuál es el misterio más importante de la Gran Pirámide de Keops?
—Uno de ellos se encuentra oculto tras una de las puertas de la galería sur. Con ayuda de un robot, diseñado por la Universidad de Leeds, trataremos de llegar a zonas inexploradas, como las cámaras que puedan esconderse tras las puertas segunda y tercera de la galería sur, y en la cara norte.
—¿Teme a la «maldición de las Pirámides» por excavar tanto en la vida de las momias, «faraón Hawass»?
—No.
—¿A qué teme, pues?
—¡La maldición de Hawass es más fuerte que la de los faraones
Con limo y arena, los mismos materiales que sirvieron para construirla, y con la fuerza de sus brazos, decenas de obreros curan las heridas de la pirámide escalonada de Zoser, la primera gran construcción en piedra del mundo. Castigada por el tiempo y el viento, la pirámide del faraón Zoser (2687 a.C – 2668 a.C.) necesitaba un lavado de cara en el que se afanan ahora trabajadores con turbante a las órdenes del profesor de Ingeniería de la Universidad de El Cairo Hasan Imam. De algún modo sí que me siento Imhotep», dice entre bromas Imam, recordando al polifacético sumo sacerdote de la III dinastía que dirigió la construcción de la que fue la primera pirámide, que dio paso a muchas más por todo el valle del Nilo.
Menos majestuosa que las tres pirámides de la meseta de Giza, la de Zoser es resultado de la superposición de seis mastabas, una estructura truncada de adobe en forma piramidal en cuya cámara subterránea estaba situada la tumba real. Ubicada a unos 25 kilómetros al sur de El Cairo, la mítica pirámide, cuyo interior nunca se ha abierto al público, es el edificio más popular de Saqara, la gran necrópolis de la que fuera la ciudad de Menfis, antigua capital de Egipto. La restauración, iniciada hace tres años, avanza lentamente con el objetivo de reforzar la estabilidad de la edificación y sustituir unos bloques de piedra caliza desgastados durante varios milenios por la arena del desierto. «Usamos las mismas piedras salvo en aquellos casos estrictamente necesarios en los que están muy deterioradas y debemos reemplazarlas», explica Imam.
Sin máquinas
A pesar de los milenios que separan la construcción de su restauración, el proceso para lavar su imagen se desarrolla sin maquinaria, pues «lo más avanzado es la carreta con la que transportamos las piedras», dice orgulloso el director del proyecto. Y prueba de ello es que en el andamio de madera levantado sobre la pirámide, un grupo de obreros grita mientras tensa sus músculos para subir mediante una cuerda y una polea los bloques de piedra. «Ahí está el sistema tradicional. Es el mismo método con el que se construyó la pirámide y es un proceso lento porque esa piedra pesa más de media tonelada», apunta Imam, un hombre al que todos los trabajadores saludan y que, en señal de gratitud, se detiene cada pocos metros para bromear con ellos. El plan de restauración, en el que se han invertido hasta el momento unos 25 millones de dólares, también incluye retirar la arena que desde su creación se ha acumulado en sus seis escalones. Imam, quien no oculta que esta decisión suscitó debate con los arqueólogos, explica que se está limpiando la arena «porque tiene un importante impacto medioambiental y porque no estaba en la concepción original de la pirámide». Algunos miembros del equipo, dice Imam, defendían que no se tocara la arena porque «era histórica».
Con rayor láser
En 2008, antes de entrar en el quirófano, la pirámide fue objeto de una prueba de rayos láser que duró cuatro semanas y que determinó que el nivel de riesgo rondaba «el 70 por ciento», según el ingeniero. «Ahora con el trabajo ya realizado el riesgo se ha reducido hasta el 25%», añade. «Sin duda ésta es mi pirámide favorita», confiesa Imam, fascinado por una construcción que en su concepción debió salvar problemas técnicos como el peso de la piedra o el transporte de los bloques desde Asuán, en el sur del país.
La restauración tampoco ha estado libre de dificultades, ya que el proyecto se retrasó en varias ocasiones y el presupuesto tuvo que ampliarse por problemas que no fueron detectados durante la fase de estudio. Cuando dentro de unos cinco o seis años este faraónico plan haya concluido, las cuatro caras de la pirámide lucirán remozadas, con piedras limpias y restauradas, y las cavidades rellenas con argamasa. Pero también se habrá recuperado su interior, formado por un complejo sistema de galerías subterráneas y almacenes que guardan más de 48.000 vasijas cerámicas y once pozos de 32 metros que son la puerta a otros corredores horizontales. En el corazón de la pirámide seguirá la cámara funeraria de Zoser, un pozo de unos treinta metros de profundidad y siete de anchura que se construyó en granito y se revistió con yeso.
La gran pirámide escalonada de Zoser, la primera del mundo, se lima las heridas, 20minutos.es, 18 de mayo de 2010
La sevillana Myriam Seco es la única arqueóloga española que dirige una excavación en Luxor, donde está al frente de las del templo del faraón Tutmosis III, en las que el próximo otoño se harán prospecciones para dar con su embarcadero, que sería el primero localizado en la zona. En este templo «hay muchas expectativas y mucho material por descubrir», ha asegurado. Seco excava en Luxor (Egipto) desde 2008 en el que fuera el templo funerario del faraón, que, según ha explicado en una entrevista, «estaba abandonado desde los años 30. El último arqueólogo estuvo allí en 1938».En otoño de 2010, anuncia Seco, su equipo de arqueólogos estudiará la zona de entrada al templo y, «lo más importante», la zona situada frente a ella, donde «todos estos templos funerarios tenían unos embarcaderos». Para localizar esta zona del templo de Tutmosis III, Seco ordenará una serie de «sondeos y estudios con georradar para ver qué restos se conservan del embarcadero y eso dará una información muy valiosa, porque en pocos templos se ha podido excavar esta zona de embarcadero». Dado que la carretera pasa por encima del patio del templo, la arqueóloga sevillana ha programado asimismo hacer un estudio de georradar para ver qué hay debajo del asfalto.
Considerado el «Napoleón egipcio», Tutmosis III es, recuerda Seco, uno de los faraones más importantes del Imperio Nuevo y, en su reinado, Egipto alcanzó un esplendor político y de expansión y las fronteras llegaron a su auge tanto por el norte como por el sur, después de diecisiete campañas militares. Desde 2006, Seco trabaja también en una excavación en el mar, a 4,5 kilómetros de la costa de Tiro (Líbano), donde se hundió un pecio con un cargamento de estatuas fenicias de terracota del siglo V a.C. «En las tres campañas arqueológicas realizadas desde entonces en Tiro hemos sacado del mar casi unas 300 estatuas», informa Seco, entre ellas diosas de la fertilidad, de sacerdotes y otras que son guerreros. Las estatuas, producidas en la misma Tiro, quedaron esparcidas a 34 metros de profundidad por el fondo del mar, en una zona de muchas corrientes. Hasta ahora, asegura la arqueóloga española, «nunca se ha hecho un estudio de la tipología estatuaria».
Seco subraya que tanto en un proyecto como en otro se han volcado las autoridades académicas locales (los Servicios de Antigüedades de Egipto y Líbano), la embajada española en El Cairo, la Academia de Bellas Artes de Sevilla, el Ministerio de Cultura y la Junta de Andalucía. En el caso de Luxor, las campañas habían sido financiadas hasta ahora por Fecsa y a partir de 2010 se sumará la Fundación Emilio Botín, «lo que permitirá hacer campañas más largas, de tres meses», y, en Tiro, las tres primeras actuaciones fueron financiadas por Cajasol.
José Oliva (EFE): Myriam Seco eleva las expectativas de las excavaciones del templo de Tutmosis III en Luxor, El Día de Córdoba. 26 de abril de 2010
En Deir el-Bahari, a los pies del Dyeser-Dyeseru (el templo funerario o templo de millones de años mandado construir por la reina Hatshepsut), se encuentra la capilla subterránea que excavó el arquitecto Sen-en-Mut, valido y amante de la soberana. El mayordomo de Amón pertenecía a una familia media egipcia. Formó parte de las tropas de Tutmosis I que lucharon contra Nubia. Luego fue nombrado gobernador de la Casa de la hija del faraón, es decir, se convirtió en el maestro y preceptor de la princesa. Él tenía 35 años y ella 14. Llegó a poseer cerca de un centenar de títulos. No tuvo ni esposa ni hijos. Fue en todo fiel a Hatshepsut. Murió probablemente antes que ella. A partir de ese momento, la reina comenzó a perder todo su poder en favor de Tutmosis III, su sobrino. La reina gobernó Egipto durante 21 años (desde 1478 hasta 1458 antes de Cristo). La labor destructora de su memoria por parte del sucesor fue terrible. Incluso la hizo desaparecer de la lista de los faraones. ¿Asesinada? Probablemente no, pero sí apartada, relegada.Entre las tinieblas
Los arqueólogos españoles Teresa Bedman y Francisco Martín han estado trabajando en este lugar durante los últimos años. Teresa decide esperarnos fuera, mientras Francisco inicia el descenso conmigo. La luz del día penetra hasta muy avanzada la caminata. Pisamos sobre una estructura escalonada de madera con pasamanos. De repente, las tinieblas. «Estoy entre las tinieblas, como ciego», diría Rilke. Pasos más abajo, la ingeniería del hombre moderno da paso a los viejos escalones térreos de los antiguos egipcios. Bajamos en silencio, y cuando estamos en el muro norte, a la altura del resbaladizo octavo escalón, antes de descender a la primera cámara, mi guía enfoca su linterna contra la pared. Surge entonces de improviso el rostro de un hombre. Nos mira fijamente. El autorretrato que lleva allí impertérrito desde hace más de tres milenios fue dibujado con tinta negra sobre una superficie estucada. Cuatro líneas rojas formando una cuadrícula lo enmarcan. Quizá el busto vigila la entrada. El anfitrión se presenta al huésped, al desconocido, al visitante del futuro y le pide que sea respetuoso con el lugar que guarda su memoria. Los jeroglíficos enfrentados al rostro reproducen el nombre de Sen-en-Mut y añaden uno de sus títulos más queridos, «mayordomo de Amón».
Pocos espacios me han causado tan profunda emoción. La cámara, según Francisco la va iluminando, es de una belleza inusitada. Allí nos dejamos acunar bajo el mismo cielo de otra época: estrellas, constelaciones, planetas, los círculos lunares que muestran los 12 meses del calendario egipcio. Inscripciones jeroglíficas, dibujos, textos religiosos. Además, hay diferentes referencias a Hatshepsut. Estamos bajo un techo astronómico, en una capilla que contiene el más antiguo mapa celeste. Con esta guía del cielo nocturno se fijan los momentos exactos para ser leídos los fragmentos de los textos religiosos de las paredes. Francisco se sitúa con la linterna en el centro de la sala como si fuera un sol oculto por las tinieblas. Yo doy vueltas como un planeta sin rumbo. Enumera pormenorizadamente todos los simbolismos y añade algo de nuevo emocionante. Las mediciones actualizadas han permitido comprobar que, según este plano, la Osa Mayor se encuentra situada en el exacto lugar o declinación que le correspondería en el cielo bajo el cual Sen-en-Mut vivió. ¡Qué privilegio encontrarnos bajo el amparo de ese mismo decorado que el arquitecto vio hace miles de años!
Probablemente Sen-en-Mut construyó este hipogeo para enterrarse. Luego no fue así, pues su verdadera tumba está cerca del templo de Dyeser-Dyeseru (aunque se desconoce, finalmente, dónde fue enterrado). Por las medidas del corredor y las estancias no parece que aquí pudiera caber un sarcófago del tamaño correspondiente a la importancia de este personaje. Teresa y Francisco piensan que, en realidad, lo que hizo Sen-en-Mut fue construir una capilla extraordinaria semejante a las de Dyeser-Dyeseru. Bajo el templo de Hatshepsut, el arquitecto y político más poderoso de su tiempo tenía un lugar secreto donde se transformaba en un igual a los faraones. Allí estaba su biografía, allí estaba representada la devoción hacia Hatshepsut y las plegarias para resucitar en el otro mundo.
Bajamos a la otra cámara. Esta estancia carece de decoración, aunque hay algunas marcas y grafitos. A pesar de que es un espacio desolado, produce una sensación aún más misteriosa, pues estamos ya en las profundidades. Desde la puerta de entrada habremos caminado unos 50 metros. El profundo silencio y la densa oscuridad se hacen cada vez más espesos. Sin embargo, no siento ni frío ni calor. Aún queda una tercera y última sala más hundida. Llegamos a ella descendiendo por una rampa. El mayordomo de Amón navegaba eternamente en la barca de Ra (el gran dios responsable del ciclo de la muerte y la resurrección) a través del firmamento simbolizado en la forma abovedada del techo. Aquí se termina la construcción. Es un callejón sin salida. Ahora estamos justo debajo de la primera terraza del templo de millones de años de Hatshepsut.
Herbert Winlock hizo este hallazgo en 1927. No le dio mucha importancia. Tampoco llegó a limpiarlo, restaurarlo, interpretarlo y ponerlo en valor como lo han hecho Teresa y Francisco. Winlock empaquetó alguno de los objetos que encontró y se los llevó al Museo Metropolitano de Nueva York.
Hemos llegado al final del viaje al Más allá y reemprendemos ahora la ascensión. «Darkness before, and danger’s voice behind», es un verso de Wordsworth (con la oscuridad delante y la voz del peligro detrás). La rampa y escaleras se muestran resbaladizas como si no quisieran desprenderse de nosotros. Cada uno se emplea a fondo en esta escalada. Yo voy delante y me apresuro. Llego a la superficie jadeando. Teresa está de guardia sentada bajo una lona blanca. Al verme se levanta, se acerca nerviosa y me mira con expectación. Yo sonrío y la abrazo.
El trabajo de Teresa Bedman y Francisco Martín ha sido extraordinario. Dos conciudadanos han empleado parte de su vida en recomponer minuciosamente la memoria de dos grandes personajes y amantes a quienes quisieron borrar de la historia. Teresa, Francisco, Sen-en-Mut, Hatshepsut, todos contemporáneos en la tierra o en el más allá. Ellos vivos gracias a nuestros arqueólogos, los arqueólogos vivos gracias a su eternidad.
Guía para las visitas
» El templo de la reina Hatshepsut, en el valle de Deir el-Bahari (complejo de templos funerarios) frente a la antigua Tebas (actualmente Luxor), se visita.
» Oficina de turismo de Egipto en Madrid (www.egiptomania.com; 915 59 21 21).
César Antonio Molina, Sen-en-Mut y la cámara secreta, EL PAÍS / El viajero, 24 de abril de 2010