Etiquetado: Chillida

Las esculturas de Chillida veranean en la Costa Azul

Las esculturas de Chillida veranean en la Costa Azul

Últimos visitantes en el museo Chillida Leku antes de su cierre.EFE/Javier Etxezarreta


Dos centenares de obras
del genial escultor vasco y maestro del vacío Eduardo Chillida inauguran este domingo, en la Costa Azul francesa, la mayor retrospectiva del artista desde el cierre definitivo del Chillida-Leku, en San Sebastián, hace tres meses. Encaramadas en lo alto de una montaña con vistas al mar, las esculturas y dibujos de Chillida (1924-2002) pasarán el verano en la Fundación Maeght, que apostó por el artista donostiarra cuando era «el más joven» de los que habían expuesto hasta entonces para esa familia de galeristas. El hombre que dedicó su vida a «luchar contra Newton», tal y como explica uno de sus hijos y comisario de la exposición, Ignacio Chillida, encontró en la localidad de Saint Paul de Vence, que ahora vuelve a cobijar sus obras, un lugar de encuentro estival junto a artistas como Miró, Giacometti o Calder.

El evento ha necesitado de un trabajo titánico de preparación, con el traslado de algunas esculturas bajo escolta policial, indica Isabelle, nieta del conocido galerista Aimé Maeght, que destaca la oportunidad de celebrar la exposición «en este momento», después del sonado cierre del museo Chillida-Leku por problemas económicos. La exposición estaba planificada hace dos años
Aunque ya estaba planificada con dos años de antelación, la exposición ha cobrado de forma inesperada un simbolismo especial con el cerrojazo del museo donostiarra, aunque el comisario puntualiza que «lo importante es que la gente se dé cuenta que Chillida es Chillida, con o sin Chillida-Leku«. «Él ya dijo que era una utopía» su idea de museo al aire libre, asegura Ignacio Chillida, que aún cree que se puede llegar a un acuerdo con las instituciones públicas para que asuman parte del coste de la gestión del centro.

Mientras tanto, las obras del Chillida-Leku solo estarán al alcance de visitas privadas, con la excepción de acontecimientos como el que ahora tiene lugar, para el cual han viajado a la costa francesa más de 70 obras desde el museo vasco. Una treintena de esculturas de colecciones privadas y un abultado conjunto que pertenece a los propios Maeght completan la retrospectiva, que recorre el trabajo del artista en materiales que van del papel al hierro, todos ellos con su inconfundible sello. «Lo que es asombroso en su trabajo es que siempre buscaba pasar a través (de la materia), crear una obra con el vacío y con el espacio», resume Isabelle Maeght, quien añade que sus estructuras «siempre tienen una idea de levitación», a pesar de ser a menudo extremadamente fuertes y pesadas.

Se trata de una característica recurrente en la obra de Chillida, que se encuentra tanto en esculturas de papel y madera como de alabastro u hormigón. «Cada material tiene su propia vida«, afirma Maeght, que recuerda que el artista evitaba los materiales que no fuesen nobles. «No hay término medio con Chillida, siempre hay rigor, y para él la importancia de los materiales era capital», agrega. También los ángulos fueron una de sus obsesiones, y aunque decía que los ángulos rectos no le gustaban porque transmitían una sensación de enfado, lo cierto es que se encuentran frecuentemente en las obras de este artista que estudió arquitectura, y que abandonó los estudios a mitad de la carrera porque no sintonizaba con la visión del profesorado.

El peine del viento en San Sebastián, su obra más conocida, ejemplifica otra de sus pasiones, la musicalidad de sus obras una vez acabadas o durante el proceso creativo. El martilleo de los yunques en el caso de los trabajos de forja constituía así una de sus aficiones, recalca la responsable de la fundación francesa, que cuenta cómo Chillida retomó el trabajo con la arcilla tras escuchar por casualidad el ruido que producía su moldeo.

Su extensa obra podría culminar, de solucionarse su financiación, con la realización del proyecto escultórico de Tindaya, en la isla de Fuerteventura, donde el artista planeó horadar esa montaña en un juego de luces, otro de los elementos que sedujeron al vasco. «Se trata de un hombre que quiso ofrecer su obra a la humanidad«, destaca Maeght, en referencia a la idea que tuvo de fundar Chillida-Leku. Una voluntad a la que se ha querido rendir homenaje con la nueva exposición, en el municipio que el escultor nunca abandonó del todo.

EFE – Costa Azul: Las esculturas de Chillida veranean en la Costa Azul, 25 de junio de 2011

Recuerdo futuro del Chillida-Leku

Recuerdo futuro del Chillida-Leku

Paseo de despedida por el museo que el escultor vasco ideó para que sus grandes esculturas de acero vivieran

Inauguración del Museo Chillida- Leku en Hernani. Los Reyes junto al matrimonio Chillida cerca a una de sus obras (16/09/2000). SANTOS CIRILO

Eduardo Chillida junto a una de sus obras expuestas en su museo, JESUS URIARTE | 01-12-2010

Uno de los últimos visitantes del Chillida-Leku se apoya en una escultura el pasado viernes 31.- EFE «El presente como el pasado, recuerdos del futuro» escribió Eduardo Chillida (San Sebastián, 1924-2002) en una de aquellas anotaciones que hacía en fragmentos de papel, en márgenes de dibujos y bocetos o en hojas sueltas. Notas que escribía siempre con letra mayúscula. Hoy [por el viernes], como en su obra más conocida, El peine del viento, que consta de tres esculturas ancladas junto al mar en las faldas del monte Igeldo, el futuro es la escultura que está más alejada, la más inalcanzable, la que se oculta en días de niebla.

«La más cercana simboliza el presente, y la que queda a medio camino, el pasado», cuenta Ane, guía del Museo Chillida-Leku el mismo día del cierre del mismo. «Parece que las tres, futuro, presente y pasado, se quieran abrazar». Ane habla apasionadamente de la obra de Chillida. La primera vez que visitó la finca de Zabalaga se enamoró de tal manera del lugar que juró a sí misma que algún día trabajaría allí. Al cabo de no mucho tiempo, lo consiguió. «Hoy me quedo sin trabajo, pero intento tomarlo como una oportunidad; Eduardo decía que las cosas pasaban por algo, que cada cosa ocurría a su debido tiempo».

Me he desplazado a Hernani dos veces en diciembre, las dos por causas tristes. A principios de mes fue la muerte del gran poeta Xabier Lete la que me llevó allí; y ahora, la razón de mi viaje es por el cierre de Chillida-Leku. «Solo de noche están las cosas en su sitio» escribió Lete en uno de sus poemas más recientes. Cuando han abierto las puertas del museo por última vez parecía que también todas las cosas estaban en su sitio. Las esculturas de Chillida en plena armonía con el paisaje, y al fondo, en la cima de la colina, el caserío de Zabalaga. El último día del año ha amanecido inusualmente claro y templado, con viento sur. Ese viento sur que dibuja tan bien la geografía cantábrica.

Cronología de un adiós

1 de diciembre. La familia Chillida anuncia un ERE temporal y el cierre del centro a partir del 1 de enero.
2 de diciembre. El mundo de la cultura y la clase política muestran su deseo de que el problema se solucione para no perder un emblemático espacio.
3 de diciembre. El cierre desencadena el debate sobre qué pasa con las instituciones culturales guipuzcoanas.
7 de diciembre. Una semana después del anuncio del ERE, se forman largas colas para entrar al museo, que triplica sus visitas.
8 de diciembre. La familia de Eduardo Chillida vende 12 esculturas monumentales a la casa de subastas Sotheby’s. Luis Chillida asegura que la venta de obras aliviará el déficit que sostienen.
9 de diciembre. El Gobierno vasco dice que quiere que Chillida-Leku siga abierto, pero que depende de una fórmula económica. Presenta a la familia un estudio y una batería de propuestas para «salvar» el centro.
22 de diciembre. Un total de 39 artistas deploran el cierre «indignante» de Chillida-Leku en un comunicado.
27 de diciembre. El alcalde donostiarra Odón Elorza ofrece la yeguada militar de Lore Toki, que pasará a manos municipales, a los Chillida.
28 de diciembre. La consejera de Cultura, Blanca Urgell, indica que «no hay ninguna posibilidad de evitar el cierre». Los Chillida exigen mantener el control sobre las exposiciones y rechazan abrir el museo a muestras temporales de temáticas que nada tienen que ver con Eduardo Chillida.
30 de diciembre. Cultura aboga por llegar pronto a un acuerdo con la familia.

La luz negra del Cantábrico, con la que tanto se identificaba Chillida, hacía brillar tímidamente la escultura de granito titulada Lo profundo es el aire, inspirada en un poema de Jorge Guillén. Es la primera que contemplamos junto a la guía. Me acompañan en la visita una pareja de Donosti, con sus tres hijas, y otra pareja de Barcelona. «Teníamos que venir antes del cierre, si no, no me lo perdonaría» dice la catalana. Ane pide a las niñas que toquen la escultura, que no tengan miedo, que las obras de Chillida son para tocarlas. Las niñas notan que la escultura es rugosa por fuera y muy suave por dentro. «Es como con las personas, que podemos ser distantes por fuera y dulces por dentro», dice la guía. A Chillida le interesaba sacar fuera lo que había dentro del bloque de granito. ¿No es la materia también un espacio, un espacio más lento?, se preguntaba el escultor en una de sus anotaciones.

La duda, la interrogación, es una constante en el pensamiento de Chillida. Aunque pensaba mucho sus obras, nunca sabía cuál sería el resultado final. Valoraba más el hecho de conocer que el propio conocimiento. Cuando la Universidad de Harvard lo invitó como profesor tuvo que exponer en una pizarra cuál era su programa de estudios. «Mi programa va a consistir en no tener programa. No os voy a enseñar nada, yo os voy a enseñar cómo aprendí yo». Su propuesta tuvo un gran éxito. No hubo plazas para todos los alumnos que quisieron apuntarse.

Chillida pensaba que el País Vasco era «su sitio». «Yo soy de los que piensan, y para mí es muy importante, que los hombres somos de algún sitio. Eso de creernos que no somos de ningún sitio, que lo moderno es ser de Nueva York o París, porque vives allí, no. Ahora bien, lo ideal es que seamos de algún lugar, que tengamos las raíces en algún lugar, pero que nuestros brazos lleguen a todo el mundo, que nos valgan las ideas de cualquier cultura», escribió el escultor en otra de sus notas sueltas. Sin embargo, a renglón seguido se preguntaba: «¿No será el horizonte la patria de todos los hombres?». Amaba el país y allí quiso construir su jardín. Un museo dinámico donde las grandes esculturas de acero vivieran. Y, en efecto, viven. Viven al cambiar de aspecto con el tiempo. Esculturas macizas y que nunca soldaba. Esculturas que forjaba con la ayuda de muchos obreros de la siderurgia cuyos nombres él nunca quiso olvidar. Esculturas de muchas toneladas que parecen pequeñas dentro del paisaje, ya que no llegan a la mitad de la altura de los árboles.

Al abandonar el lugar y meterme en mi coche pienso en algo que me contó Ane sobre el proyecto de Chillida en el monte Tindaya de Fuerteventura. Chillida pensaba que aquella obra «se haría cuando se entendiera». Tal vez, Chillida-Leku volverá a abrir sus puertas también cuando se entienda, de verdad la magnitud de la obra instalada allí.

Jardín y Museo de Chillida-Leku, en Hernani. JESÚS URIARTE | 01-12-2010

El escultor Eduardo Chillida toca su escultura 'Mesa de Luca Pacioli. JESÚS URIARTE | 01-12-2010

Obras de Eduardo Chillida expuestas al aire libre en su museo. JESUS URIARTE | 01-12-2010

La escultura inicial que dió origen a 'El peine del viento', expuesta en el museo Chillida. JAVIER HERNÁNDEZ | 01-12-2010

Varios visitantes contemplan las obras de Eduardo Chillida en su museo. JESUS URIARTE | 01-12-2010

Escultura de Eduardo Chillida en el Museo Chillida-Leku de Hernani (Guipúzcoa). JAVIER HERNÁNDEZ | 01-12-2010

Kirmen Uribe: Recuerdo futuro del Chillida-Leku, EL PAÍS, 2 de enero de 2011
Últimos suspiros del sueño de un genio

Últimos suspiros del sueño de un genio

ABC comparte con el público y conlos hijos de Eduardo Chillida la penúltima jornada antes del cierre del museo, a la espera de una solución

Chillida-Leku se abarrotó de público dos días antes de su cierre. TELEPRESS

Amanece en Chillida-Leku con esa sensación de pérdida de quien teme no regresar al lugar amado. El ambiente gris del norte, casi negro, del que habló el artista que peinó los vientos con hierro forjado acompaña durante toda la jornada al reguero de personas que se aproximan a última hora hasta las verdes campas del caserío Zabalaga en Hernani (Guipúzca). Familias enteras de los alrededores apuran 2010 en Chillida-Leku. Un grupo de estudiantes de arquitectura descubre por primera y última vez el lugar. Dos niñas abrazan una gran mole de acero llena de aire mientras su madre inmortaliza el momento. El hermano, algo mayor, se deja caer rodando colina abajo, ajeno al estupor generalizado en el mundo de la cultura. Es su primer contacto con el genio de Eduardo Chillida (San Sebastián, 1924-2002), uno de los grandes nombres del siglo XX.

«Miro arriba y le pregunto si le parece bien»

Eduardo Chillida solía sentarse en un banco de madera situado bajo un viejo roble. Buscaba su sombra en verano. Desde allí le gustaba contemplar la imponente fachada de piedra del caserío familiar. «Aitá solía decir que desde ese punto parece un luchador de sumo, bien anclado a la tierra», explica su hijo Luis, que abre, tembloroso, la caja de las emociones familiares. «Son demasiados recuerdos. Hemos hecho todo lo posible por preservar el sueño de nuestro padre. Pero no podemos hacerlo solos», advierte. Pese a todo, aún conservan la esperanza de la salvación. «Estamos abiertos a todo, siempre que se respete el deseo del artista. Hay que pensar lo que opinaría aitá de todo esto. Cada decisión que he tomado en este museo he mirado arriba y le he preguntado si le parecía bien». ¿Y cómo cree que actuaría su padre en esta situación? «Sería mucho más exigente, eso seguro».

El atasco de coches en el aparcamiento forma parte del efecto llamada que ha despertado en el público el anuncio más difícil, el que hizo temblar las raíces del panorama artístico contemporáneo español el pasado 1 de diciembre. Hoy es el día en el que el museo-anhelo de Chillida cierra los ojos, tan solo diez años después de ver la luz, asfixiado por la crisis y un modelo de gestión privado deficitario, y a la espera de que instituciones y familia den con la fórmula definitiva para su viabilidad futura. No ha sido posible hasta el momento, pese a que el anuncio de clausura ha intensificado el diálogo entre las partes, conscientes desde hace demasiado tiempo de que su supervivencia pasa por abrir el museo a la participación pública.

«Es una pena que no se hayan dado cuenta antes. Parece que uno tiene que cerrar para que la gente se anime a ver esta maravilla de sitio», lamentaba ayer uno de los 23 empleados del museo, que viven con «enorme tristeza» el final de un proyecto en el que todos se han implicado «profesional y emocionalmente». Las cifras le dan la razón. El año pasado en la misma fecha Chillida-Leku recibía a 265 personas frente a las 850 contabilizadas ayer. En el pasado puente de la Inmaculada se triplicaron las visitas hasta cuatro mil.

800.000 visitas en 10 años

En total, a lo largo de sus diez años de vida, 800.000 personas han comprado una entrada, 65.000 el pasado año. Un bagaje demasiado pobre para que la familia garantizase por sí sola la viabilidad de un centro cuyo presupuesto anual oscila entre los 1,5 y 2 millones de euros. Lo cierto es que la «utopía» del genio vasco de crear un espacio propio donde sus esculturas pudieran descansar y la gente caminara entre ellas, «como en un bosque», ha alcanzado en 2010 un déficit acumulado de unos 500.000 euros, imposible de salvar sin dinero público.

Luis Chilida, hijo y responsable de comunicación del museo, comparte con ABC los último suspiros de Chillida-Leku sin perder la esperanza de encontrar salida al final del túnel. No obstante, la familia es consciente de que el proceso será largo y no creen que puedan reabrir en primavera, como algunas voces estiman. «Todo va bastante más lento», indica. Junto a sus hermanos lidera las «conversaciones» con el Gobierno vasco y la Diputación de Guipúzcoa. «No me gusta usar el término negociación, esto es mucho más que una empresa comercial», señala sin cerrarse a las distintas fórmulas que se barajan, como la entrada de las instituciones en la gestión del centro o la adquisición de patrimonio. «Se tendrá que ver. Somos generosos, pero la situación actual es la que es. Por supuesto que queremos que todo esto forme parte del patrimonio vasco; Chillida es un referente de la cultura vasca. Ahora debemos buscar los puntos en común porque al final todos queremos lo mismo, salvar Chillida-Leku».

Por encima de todo, lo que la familia quiere es preservar el espíritu y la filosofía con los que el escultor y su esposa, Pilar Belzunce, idearon el espacio hace casi treinta años. Así, en su deseo está garantizarse la decisión última en los «aspectos más trascendentales» en la gestión del centro. «El valor que tiene este museo, y lo que le hace absolutamente diferente a cualquier otro, es la propia implicación del aitáen hacerlo, y eso no se puede traicionar», añade Luis, que recorre las campas del caserío familiar con la preocupación propia de quien debe cuidar el legado de su padre.

«Mañana —por hoy— no vengo. Me da demasiada pena. No es solo tristeza personal. Lamento mucho que la gente no pueda seguir disfrutando de este sitio, que los grupos de niños de colegios no vengan más por aquí», señala el hijo del escultor, al tiempo que se disculpa para abrazar a unos amigos que han llegado de visita. Sobre el terreno está también Ignacio, otro de los ocho hermanos Chillida. Un paseante anónimo se acerca a Luis buscando la gran respuesta. «¿Salvarán Chillida-Leku?». «Eso esperamos», responde el primero. «Pues buena suerte», recibe. Otro espontáneo se solidariza: «No hay derecho a que se malgaste el dinero público en cosas que no valen la pena y esto se deje morir así», comenta.

Muy cerca de allí, el espíritu del artista se aferra a la tierra del magnolio donde está enterrado el escultor, en Chillida-Leku, su tierra.

Itziar Reyero, Hernani (Guipúzcoa): Últimos suspiros del sueño de un genio, ABC, 31 de diciembre de 2010
Cuando la luz entra en las esculturas de Chillida

Cuando la luz entra en las esculturas de Chillida

Una muestra reúne una rara selección de piezas realizadas en alabastro por el artista vasco

A principios de los años sesenta, Eduardo Chillida, un artista que hizo del trabajo con hierro su seña de identidad, se dejó seducir por el alabastro, un mineral soluble en agua que, como el talco, se puede rayar con una uña. Tras un viaje a Grecia en 1964 decidió que era el material perfecto para «hacer una obra en la cual la luz pudiera entrar dentro», como explicó posteriormente. De esa necesidad de introducir la luz dentro de la materia nacieron unas 80 esculturas.

Relieve; sobre estas líneas, Proyecto para un monumento.- J. B.

Una selección de estas piezas -hoy propiedad de coleccionistas y del Museo Chillida Leku- puede verse en la galería madrileña Cayón. «El alabastro se tenía por un material menor y Chillida dio la vuelta a esa consideración», señala Adolfo Cayón. El montaje de las esculturas se basa en la colocación de la iluminación en su base para dar énfasis a la intención de que la luz se proyecte desde su interior. Una luz «blanca», la del Mediterráneo, que el artista quiso atrapar en sus alabastros, frente a lo que él llamaba «luz negra» del Cantábrico. Chillida trabajó el material traslúcido de varias formas. A veces, como una plancha de grabado en piezas que se ven frontalmente. Otras son esculturas que se apoyan en el suelo para ser contempladas desde arriba. Un tercer grupo son objetos más o menos cúbicos y horadados que remiten al juego entre el espacio interior y exterior presente en muchas de las esculturas de Chillida. «Respeto enormemente el material e intento poner en relación con mi trabajo los problemas del material. No los elijo por problemas estéticos. Normalmente, depende mi elección del preconcepto, de la idea», escribió el artista. «Intento preguntar por algo y solucionarlo con un material determinado, y así tengo la posibilidad de desarrollar una idea. Por eso son mis trabajos en hierro o en acero, en alabastro otros. Los problemas semejantes. Los trabajos en hierro hay que comprenderlos como localización en el espacio. En mármol, alabastro o piedra es otra cosa, pues la piedra es el universo del que parto. Trabajo su interior y creo en ella un espacio en relación al universo».

Galería Cayón. Orfila, 10. Alabastros. Esculturas realizadas por Eduardo Chillida

Isabel Lafont, Madrid: Cuando la luz entra en las esculturas de Chillida, EL PAÍS, 28 de diciembre de 2010
‘Efecto llamada’ en Chillida-Leku

‘Efecto llamada’ en Chillida-Leku

Cientos de personas visitan por primera vez el museo del escultor tras el anuncio de su cierre

El cierre de Chillida-Leku el próximo 1 de enero, junto con el pronóstico de subida de las temperaturas en el litoral vasco para el puente de la Constitución, propiciaron ayer que cientos de personas visitaran ayer el museo. La noticia de la situación deficitaria que atraviesa el museo gestionado por los hijos del escultor Eduardo Chillida, que saltó a la luz el pasado 1 de diciembre, ha sido el detonante para que muchos de ellos hayan decidido visitar por primera vez las campas de Zabalaga.

Decenas de personas se agolpan ayer a la entrada del museo Chillida-Leku, en Hernani.- JESÚS URIARTE

Chillida-Leku parecía ayer una romería de familias, grupos de amigos y parejas que se aferraban a las esculturas de hierro cámara fotográfica en mano como quien inmortaliza algo que se puede desvanecer con previo aviso. Una guía explicaba a un grupo de 15 personas que la escultura que estaban viendo era la silueta de una mujer en homenaje al modisto Cristóbal Balenciaga. «Es el espacio entre los dos bloques de hierro la verdadera escultura», aclaraba.

Una joven pareja de Cantabria camina por los alrededores del caserío Zabalaga, un caserón del siglo XVI que alberga obras del artista y donde también se realizan exposiciones temporales. Es su primera visita y previamente han acudido al taller de forja del escultor en el museo de Legazpi, inaugurado el pasado julio, donde se puede ver la maquinaria que utilizó para sus obras de gran formato. «Nos ha servido de mucho haber ido primero a ver cómo se hacían las grandes esculturas para entender cuál era el proyecto de Chillida», explican. No entienden que se pueda cerrar el museo, aunque habían oido hablar de los problemas económicos por los que atravesiesa. «Estuvimos hace poco en el Artium de Vitoria y nos sorprendió que al entrar se podía dar un donativo. Quiza esa fórmula sirviera aquí. Seguro que al final se salva», añaden.

Zhen Yu es un informático chino que habla perfectamente español, ya que vive en Barcelona desde 1981. Optimista, cree que el centro será finalmente reflotado. «Me ha impresionado la amplitud», comenta mientras fotografía una de las 40 esculturas repartidas por la finca de 12 hectáreas que hace 20 años descubrieron Eduardo Chillida y su esposa, Pilar Belzunce.

Un grupo de estudiantes de Psicología de Madrid, de varias nacionalidades, descansan fuera del caserío. Han finalizado su visita y esperan la hora para coger el autobús que les conduzca a San Sebastián, donde están pasando unos días. «Leímos en la prensa que se cerraba y pensamos que era el mejor momento para venir», apunta uno de jóvenes. «La verdad es que es impresionante y una pena que esté en esta situación», añade otro.

A mediodía, las colas seguían siendo significativas. En otras circustancias se habría abierto una tercera taquilla, «pero no hay suficiente personal», explica una de las empleadas de la tienda, quien precisaba que la presencia de público era superior a lo normal en días festivos. «Nos ha llamado gente confusa porque no sabía si estaba o no abierto», añadía. Chillida-Leku ha experimentado en los dos últimos ejercicios un descenso de las visitas anuales de unas 80.000 a unas 60.000 personas.

Comentarios entre visitantes de Barcelona, Valladolid o Teruel como «Pensaba que era más grande», «El caserío es como una escultura», «Qué suerte que el tiempo acompañe», «Esto será deficitario, pero hay también equipos de fútbol que lo son y lo pagamos entre todos», se sucedían como murmullos entre las esculturas mudas.

El cantante malagueño Toni Zenet, quien actuó el pasado noviembre en San Sebastián, visitaba también el lugar junto a su familia. «Parece mentira que un patrimonio así se cierre», exclamaba.

Un matrimonio de Barakaldo y su hijo, protegido con una bufanda del Athletic, reconocía que había sido un acierto coger una guía. «Nos ha hecho vivir el proyecto de Chillida», comentaba entusiasmada la mujer. Iban a dejar la visita al museo para primavera para asegurarse buen tiempo, pero el anuncio del cierre les hizo adelantarla. Al menos ayer las rachas de viento sur acompañaron.

Exposiciones previstas

Pese al cierre de Chillida-Leku al público a partir del 1 de enero entrante, las actividades relacionadas con la conservación de la obra y las exposiciones seguirán realizándose como hasta ahora, tal y como adelantó en un comunicado la familia Chillida el pasado 1 de diciembre, cuando anunció la presentación de un expediente de regulación de empleo motivado por los problemas económicos que atraviesa el museo. El centro tenía previstas dos muetras en Madrid; Eduardo Chillida y la tolerancia, en la galería Juana de Aizpuru de Madrid, programada entre el próximo viernes y el 10 de enero de 2011, y Los alabastros de Chillida, en la galería Adolfo Cayón, del 15 de diciembre al 11 de enero. Antes del anuncio del cierre estaban organizadas también exposiciones internacionales para el año entrante, como es el caso de Chillida at Isleworth, en Orlando (EE UU), de enero a abril. Además, existen proyectos cerrados desde 2011 en adelante todavía sin fecha concreta en la Fundación Salvador Victoria (Teruel) y el alemán Wiesbaden Kunst Museum, junto a centros de Chile y Colombia.

Isabel Landa, San Sebastián: ‘Efecto llamada’ en Chillida-Leku, EL PAÍS, 7 de diciembre de 20101

Cierra el Chillida-Leku

Cierra el Chillida-Leku

La dirección del Museo Chillida-Leku de Hernani (Guipúzcoa) ha presentado un expediente de regulación de empleo (ERE) que afectará a los 23 empleados que actualmente trabajan en el centro y ha decidido cerrar sus puertas a partir del próximo 1 de enero, ha comunicado hoy la familia del escultor guipuzcoano Eduardo Chillida (1924-2002) en un comunicado. El cierre está motivado por la «situación de déficit recurrente» que padece este museo, al igual que la práctica totalidad de museos de obra artística, «que se ha visto agravada por la crisis económica general, disparando las cifras deficitarias a niveles insostenibles desde la perspectiva de una iniciativa privada».
Chillida-Leku, que este año ha cumplido su décimo aniversario, ha avanzado que la dirección del museo sigue «abierta a un acuerdo que respete las condiciones que considera imprescindibles para asegurar la continuidad» del proyecto «tal y como lo definieron Eduardo Chillida y Pilar Belzunce». Se seguirán llevando a cabo todas aquellas actividades paralelas que se desempeñan con independencia del cierre al público, como son la conservación del patrimonio artístico o la realización de exposiciones nacionales o internacionales, entre otras. Chillida-Leku es el primer museo de arte de Guipúzcoa en número de visitantes (810.000 desde su apertura) y figura entre los cuatro primeros del País Vasco.

Chillida-Leku es la consecución de un sueño durante años anhelado por el autor: Crear un espacio a la medida de su obra donde esta pudiera ser permanentemente expuesta. Este museo monográfico es fiel muestra de su evolución y trayectoria escultórica durante 50 años. Este museo es un espacio escultórico en sí mismo, una obra más del autor donde se plasma de modo perfecto su visión de la forma, el espacio y el tiempo acumulado. Las preguntas de Chillida se convierten en respuestas en el recorrido del visitante.


El recinto consta de tres áreas definidas. El jardín de 12 hectáreas dominado por hayas, robles y magnolios en el que se encuentran más de 40 esculturas. La zona de servicios, dotada de un auditorio donde poder ver imágenes del artista en su trabajo, una zona de descanso y una tienda. Y, por último, como pieza central del museo, el caserío Zabalaga que alberga las obras de menor formato realizadas en acero corten, alabastro, granito, terracota, yeso, madera o papel.

En 1983, Eduardo Chillida y su mujer Pilar Belzunce visitan por primera vez la finca de Zabalaga sorprendidos desde el primer momento por la magnitud del caserío de 1543 que da nombre a la finca. En 1984, los Chillida-Belzunce compran una parte de la finca que incluía el caserío en ruinas. Se trataba de un lugar ideal para albergar sus esculturas durante el proceso último de oxidación del material. Una vez terminado este proceso, las obras salían desde aquí para ser exhibidas y vendidas por el mundo. Chillida va restaurando el caserío con el arquitecto Joaquín Montero y, mientras tanto, Chillida-Leku se va convirtiendo en un conjunto escultórico, por lo que el escultor pierde el deseo de vender las obras y comienza a coleccionarlas en el lugar. Así se va fraguando la idea de hacer un museo, por lo que continúan adquiriendo terreno progresivamente hasta conformar sus 12 hectáreas actuales. Gracias a que la financiación de este proyecto salió exclusivamente del patrimonio familiar, Chillida pudo afrontar el trabajo libremente y mostrarlo tal como él lo creó. Todas las esculturas del jardín pueden ser tocadas; no así las que están en el interior del museo.


Cierra el Chillida-Leku, hoyearte.com, 1 de diciembre de 2010
Descripción general de privacidad

Este sitio web utiliza cookies para que podamos brindarle la mejor experiencia de usuario posible. La información de las cookies se almacena en su navegador y realiza funciones como reconocerlo cuando regresa a nuestro sitio web y ayudar a nuestro equipo a comprender qué secciones del sitio web le resultan más interesantes y útiles.