Etiquetado: Impresionismo

Gauguin: los paraísos perdidos de un provocador

Gauguin: los paraísos perdidos de un provocador

'La visión después del sermón' (1888). Todo en el paisaje me deslumbra y me ciega», escribe el pintor Paul Gauguin (1848-1903) en una de las cartas que se exhibirán en la exposición del museo Tate Modern de Londres entre el 30 de septiembre y el 16 de enero. Cuando escribió estas líneas, el pintor parisino llevaba varios meses encandilado en Tahití, su tercer intento, tras Martinica y Panamá, de encontrar lo primitivo e indígena de la raza humana, lejos de la civilización Occidental. Gauguin se pasó media vida buscando el paraíso perdido que, al final, sólo existía en su imaginación y en sus obras.

La muestra del museo Tate Modern, Gauguin: Maker of Myth (Gauguin, forjador de mitos) incluye 63 pinturas, 18 esculturas y cerámicas, 69 cartas manuscritas, acuarelas, dibujos y objetos variopintos como los zuecos de madera que él talló y usó como calzado. En total, 150 piezas recorrerán la vida de este trotamundos que empezó a pintar con la frescura de la técnica impresionista, recreando escenas con pequeños pinceles y colores puros y naturales para captar el ambiente emocional más que la meteorología de la vida a su alrededor. Gauguin, con Paul Cézanne y Vincent Van Gogh, fue uno de los artistas rebeldes que se liberaron con el impresionismo y pasó pronto al simbolismo, a su estilo personal sintético y al posimpresionismo.

Belinda Thomson, comisaria de la muestra, explica que «Gauguin es un artista de difícil clasificación porque se mueve entre varios estilos, utilizándolos e incluso burlándose de ellos, exceptuando el posimpresionismo, porque este estilo no surgió hasta 1910″. Por entonces, el pintor nacido en París y residente en Perú durante su infancia llevaba muerto siete años.

El primer cuadro de la exposición es un autorretrato de 1866. De la década de 1870, cuando Gauguin trabajaba como exitoso financiero y artista dominguero para satisfacer su imperiosa necesidad de pintar, hay en la muestra, según Belinda, «un grupo de obras remarcables tales como un interior con una mujer al piano, su esposa seguramente, e imágenes de sus hijos hechas al estilo impresionista, a pesar de que en su caso ya explora formas de pintar y temas que lo convierten en un hombre inquieto».

La crisis de la Bolsa de París de 1882 arruinó a Gauguin. Su personalidad de artista bohemio se impuso y empezó a viajar a la Bretaña francesa, Martinica, Panamá y vuelta a la Bretaña en busca del paraíso que no encontraba en París. De su estancia en Martinica, la exposición incluye el cuadro Idas y venidas, propiedad de Tita Cervera, «un cuadro relevante en la obra de Gauguin porque marca la transición de su foco de Francia a los trópicos; los cuadros de Martinica fueron admirados por los hermanos Van Gogh (Vicent y Theo) e Idas y venidas fue vendido a Edgar Degas, lo cual marcó la mayoría de edad de Gauguin como artista independiente», según Belinda Thomson.

Cara a cara con Van Gogh

Theo van Gogh, que apoyaba económicamente a su hermano Vincent y a Gauguin, subvencionó la estancia de este último en Arles, sur de Francia, donde se había refugiado Vincent. En 1888, Gauguin convivió dos meses con Van Gogh y la relación entre ambos artistas resultó explosiva. Gauguin predicaba que los artistas debían pintar de memoria y con su imaginación.

Aunque las 150 piezas de la muestra no se presentan de forma cronológica, sí hay varias líneas documentales que siguen la vida de Gauguin desde la cuna hasta la tumba. En 1891, el artista se fue a Tahití descubriendo lo más cercano que había experimentado hasta entonces al paraíso idílico que buscaba para establecer una colonia de artistas ajenos a la cultura urbana europea y en armonía con la vida natural y tribal de los mares del Sur. En Tahití, a los 43 años juró amor y fidelidad a Tehama’ana, una joven indígena de 13 años que hacía de esposa y modelo. La primera estancia allí duró tres años. «Intentamos que el periodo bretón y el tahitiano estén igualmente representados, a pesar de que numéricamente la etapa de Tahití tiene más obras porque allí estuvo más tiempo. Hay un excelente grupo de obras procedentes de Bretaña, entre las que destacan temas religiosos, paisajes y bodegones, algunos poco conocidos para el público», cuenta Belinda Thomson, que lleva dos años trabajando en este evento.

El artista trascendente

El título de la exposición, Forjador de mitos, es uno de los sambenitos que le colgaron a Gauguin a medida que buscaba, con poco éxito, la fama como artista innovador y teorizador del arte moderno. La comisaria explica la elección de este enunciado: «La exposición se centra en la doble actividad de Gauguin; por una parte, el creador de mitos o la forma de presentarse a sí mismo como artista y, por otra parte, la manera con la que interpreta sus temas o su respuesta a historias insertadas en diferentes culturas y religiones, tanto si eran las suyas como las que estudiaba. Aunque se menciona a menudo, el instinto fabulista de Gauguin en sus escritos y en su arte nunca ha sido abordado en una exposición hasta ahora».

En el período de 1894-1896, estando en París, Gauguin tuvo un hijo ilegítimo con una de sus amantes antes de regresar a Tahití y, todavía más lejos, llegar hasta el archipiélago de las islas Marquesas, formado por 118 islas, en una de las cuales, Hiva Oa, se estableció el pintor y tuvo varios hijos con al menos dos de sus jóvenes musas autóctonas. Enfermo de sífilis, acusado de pederasta, enfrentado a misioneros occidentales y en litigios con las autoridades de las islas, murió en 1903 sin haber logrado el éxito que sus obras consiguieron tras su muerte, a pesar de que creó una cierta leyenda sobre sí mismo.

La estudiosa de su obra cree que «Gauguin exploró ideas de género en sus escritos y en sus trabajos, su personalidad era la de un provocador, pero debemos ir con cuidado a la hora de ponerle etiquetas».

En las Marquesas, a Gauguin le llamaban Koke. A pesar de sus esfuerzos nunca llegó a dominar las lenguas polinesias, puso intrincados títulos a sus cuadros que, traducidos a las lenguas europeas, resultaban todavía más raros. La muestra dedica un buen espacio a la explicación y origen de algunos títulos de sus trabajos. Uno, por ejemplo, titulado Nafea faa ipoipo, presenta a dos jóvenes tahitianas: una de ellas lleva una flor magnolia cogida al cabello, señal de que buscaba marido o estaba soltera y disponible para el matrimonio. La traducción que Paul Gauguin hizo fue ¿Cuándo te casarás?

Conxa Rodríguez, Londres: Gauguin: los paraísos perdidos de un provocador, Público, 27 de septiembre de 2010

Ven la luz en español las cartas y la autobiografía de Monet

Ven la luz en español las cartas y la autobiografía de Monet

Monet, autorretratoCoincidiendo con la gran exposición que le dedica a Monet el Grand Palais, Turner edita «Los años de Giverny. Correspondencia» y «Claude Monet por sí mismo»

Coincidiendo con la gran exposición que le dedica a Monet el Grand Palais, Turner edita «Los años de Giverny. Correspondencia», así como su autobiografía, «Claude Monet por sí mismo», publicada en 1900. Ambas aparecen ahora en español. Verán la luz en octubre. Una estupenda ocasión para conocer de primera mano al maestro impresionista francés. Al contrario que a Van Gogh, a Monet no le gustaba escribir cartas —comenta Manuel Arranz, traductor de esta correspondencia—. A pesar de ello llegó a escribir unas 3.000, la mayoría desde su retiro en 1883 en Giverny, donde pasó 43 años y creó su Parnaso. Esas cartas han sido recopiladas y traducidas por primera vez al español, con edición, introducción y notas de Paloma Alarcó, jefa del Área de Pintura Moderna del Museo Thyssen.

Escribir no era desde luego el fuerte de Claude Monet. Lo suyo eran los pinceles. Pese a que no escribió las cartas para ser publicadas —añade Alarcó—, y pese a las incorrecciones, estas misivas «dejan traslucir la delicadeza y sensibilidad de su alma de artista. Nos permiten adivinar sus dificultades e inseguridades, sus preocupaciones económicas, sus convicciones políticas, sus emociones más íntimas… Monet aparece ante nosotros como un ser humano mucho más enigmático y complejo de lo que hasta ahora pudiéramos imaginar». Entre sus destinatarios, su esposa, Alice, a quien escribía a diario; colegas como Renoir, Pissarro, Rodin, Toulouse-Lautrec… Por estas cartas sabemos que organizó una subasta a favor de los hijos de Sisley, que abanderó la suscripción para comprar la «Olimpia» de Manet —artista que adoraba— y donarla al Estado francés; que la pérdida de la visión le obsesionó al final de sus días…

Junto a la correspondencia de Giverny, otro descubrimiento es la autobiografía que escribió para «Le Temps». Arranca así: «Mi historia. Soy un parisiense de París. Nací en 1840, bajo el reinado del buen Luis-Felipe, en un medio de negocios en el que se hacía alarde de desdeñar las artes…» En ella, Monet se confiesa como «un indisciplinado de nacimiento (jamás se me pudo imponer una regla, ni siquiera durante mi más tierna infancia. Fue en mi casa donde aprendí lo poco que sé. La escuela siempre me pareció una prisión»), recuerda sus comienzos como caricaturista, la poca confianza que tenía su padre en él como pintor («No tendrás un céntimo», le dijo)… Entre las anécdotas que cuenta, destaca una con Manet. En la inauguración del Salón de 1866, felicitaron efusivamente a éste por una de sus obras: «Cuál no sería su sorpresa cuando se dio cuenta de que el cuadro por el que le felicitaban, “Mujer de verde”, era mío. Para una vez que le habían felicitado por una obra maestra, esa obra maestra era de otro. Qué amargura para una sensibilidad a flor de piel como la suya». Como cuenta el propio Monet, más tarde se harían íntimos amigos. También recuerda sus charlas en el café de Batignolles con Fantin-Latour, Cézanne, Degas, Zola, Sisley, Renoir… «De allí se salía siempre con los ánimos más templados, la voluntad más firme, el pensamiento más nítido y más claro».

Natividad Pulido, Madrid: Ven la luz en español las cartas y la autobiografía de Monet, ABC, 20 de septiembre de 2010
Los maestros impresionistas dominan el otoño artístico

Los maestros impresionistas dominan el otoño artístico

«Grosse mer à Etretat», de Monet, se verá en la muestra del Grand Palais

Los directivos de la Réunion des Musées Nationaux (RMN) y el Grand Palais esperan que la gran retrospectiva Claude Monet (1840 – 1926) tenga un éxito «histórico»: más de 500.000 visitantes en apenas tres meses, confirmando que el patriarca fundador del impresionismo es, al mismo tiempo, uno de los pintores más populares de todos los tiempos y uno de los pilares del arte contemporáneo. Thomas Grenon, director general de la RMN, comenta: «Más de 83.000 entradas han sido ya reservadas a través de internet. Antes de inaugurarse, el próximo martes, la retrospectiva Monet ha despertado un fervor excepcional. Esperamos para esta exposición más visitantes que para nuestro último gran éxito, con Picasso y los grandes maestros de todos los tiempos». Guy Wildenstein, marchante y especialista, explica el fenómeno de este modo: «Monet siempre ha sido un artista popular, el pintor preferido de los norteamericanos, los japoneses y los franceses. Monet tiene sobre la gran mayoría de los grandes maestros contemporáneos su condición ecuménica: es “comprensible” por toda la familia, lo que no siempre puede decirse de otros».

Giverny, 16 de marzo de 1894 Querido amigo,

Recibí tu carta, no iré hasta el lunes, pero veo que has tenido mucho trabajo y lamento no haber podido ayudarte. Recuperaré el tiempo perdido cuando hagamos la exposición de nuestro amigo.

Creo que «Los acuchilladores» dará resultado, aunque hay otra tela que, por lo que recuerdo (SIC), es más peculiar. Es una ventana con una figura de hombre visto de espaldas, con las piernas separadas, que mira hacia la calle. Pero tal vez la regaló, en cuyo caso sería menos representativa que «Los acuchilladores». Martial te informará.

Qué terrible ha debido de ser para ti la muerte de ese pobre joven.

Las cosas me van cada vez mejor en este momento, afortunadamente.

Hasta el lunes, abrazos.

Claude Monet

No iré hasta el lunes, a menos que pueda mañana

(Carta enviada por Monet a Renoir, incluida en el libro «Los años de Giverny. Correspondencia», que publica este otoño Turner)

Comisariada por el presidente y los conservadores del Museo d’Orsay —el templo de los impresionistas franceses, y algo más— la retrospectiva Claude Monet ha reunido más de dos centenares de obras desperdigadas en Europa, EE.UU. y Japón, «arropando» las grandes colecciones francesas del artista, ya de por sí excepcionales. «Sería necesaria casi toda una vida, viajando por varios continentes, para ver todas las obras reunidas, por vez primera», comenta con una brizna de orgullo Guy Cogeval, para insistir en el trabajo de «hormiga» que ha sido necesario, durante varios años, para poder reunir en una sola exposición doscientas obras maestras dispersas en museos de varios continentes. Más allá del esperado éxito comercial, nada desdeñable para la economía del Ministerio de Cultura, esta retrospectiva aspira a dejar su propia huella en la magna historia de las exégesis del puesto de Monet en el advenimiento del arte moderno y contemporáneo.

Goya y Turner, entre otros, ocupan siempre el puesto majestuoso que ilumina la modernidad pictórica. Grandes movimientos, como el de los románticos alemanes, precedieron el aldabonazo impresionista, que suena, glorioso, con una legendaria obra de Monet, «Impression, soleil lévant» (1872). Desde esa obra, hasta la no menos legendaria serie de las Nymphéas (1904 – 1909), el arte moderno sufre un cataclismo que pone fin a todas las tradiciones que venían del Renacimiento. Los «ismos» que vendrían, durante varias décadas, ampliarían los efectos sísmicos de tales convulsiones. Con Picasso, la pintura se precipitaría en insondables abismos, de los que todavía no se ha recuperado. Con Monet, la pintura ha desembocado, ya, en la abstracción lírica: pero todavía está en pie la pintura de caballete, la pintura retiniana. La vieja pintura figurativa agonizaba. Monet anuncia la desaparición de la figura humana en el cuadro. Pero su obra se encuentra en el umbral donde todavía se cruzan la pintura de ayer y la pintura de mañana.

La retrospectiva del Grand Palais permite explorar esas raíces y caminos, esenciales, cuando las nuevas figuraciones y la muerte histórica de las vanguardias comienza a suscitar muchas revisiones de la historia general de la pintura del siglo XX. Adorado por el gran público, bien catalogado y estudiado, Monet nunca ha estado ausente en ninguna historia de la pintura. Las vanguardias veían en él un precursor de la abstracción lírica. Las escuelas figurativas más diversas reconocían su magisterio permanente. Hoy, como ayer, Monet continúa siendo una «bisagra» esencial: su primera pintura de caballete, ante los paisajes de Normandía o Argenteuil, nos habla de aquellas lejanas batallas de la ruptura con la pintura académica de su tiempo; las Nymphéas, al fin, siempre, inauguran un mundo nuevo, intacto y glorioso, seminal.

Juan Pedro Quiñonero, París: Los maestros impresionistas dominan el otoño artístico, ABC, 20 de septiembre de 2010

La misteriosa reaparición del ‘corot’

La misteriosa reaparición del ‘corot’

Un conserje de Nueva York encuentra la pintura del siglo XIX, que supuestamente perdió hace dos meses un marchante de arte tras una noche de borrachera

Retrato de una niña, de Corot.-Apareció, y entre unos arbustos. Así de simple. El protagonista ahora es el conserje de un lujoso edificio en la Quinta Avenida neoyorquina, que encontró la obra de Jean Baptiste-Camille Corot. La pintura del siglo XIX, que supuestamente perdió hace dos meses un marchante de arte tras una noche de borrachera, está valorada en cerca de millón de dólares. Pero aún deben aclararse algunos puntos oscuros sobre lo sucedido.

Todo parece demasiado casual. El portero del 995 Fifth Avenue, uno de los exclusivos complejos residenciales situado frente al Metropolitan, comunicó el pasado domingo a la policía que encontró la pintura del artista francés el 29 de julio, según relatan The New York Times y el New York Post. En ese momento, Franklin Puentes decidió guardarla en la consigna, porque pensó que podría pertenecer a un residente.

A los pocos días, se fue de vacaciones y hasta que no regresó tres semanas después al trabajo no se dio cuenta de que el cuadro que encontró entre los arbustos era el corot del que estaba hablando desde hacía semanas la prensa local. En ese momento, decidió ponerse en contacto con los azules, como se conoce al cuerpo de policía neoyorquino, y entregarlo.

Puentes, que trabaja desde hace tres décadas en ese edificio, fue interrogado durante varias horas por los investigadores de este caso, rodeado de misterio. La demanda puesta por Kristyn Trudgeon, copropietaria del cuadro titulado Retrato de una joven, cita a James Carl Haggerty como el responsable. Y el pasado jueves fue detenido Thomas Doyle, el otro propietario, acusado de fraude.

El relato del portero confirma así la versión defendida hasta ahora por Haggerty. Fue el propio marchante de arte el que admitió desde el primer momento haber extraviado la valiosa obra, porque esa noche se pasó con el alcohol. Al parecer, lo había enseñado un día antes de ser encontrado por el conserje a un potencial interesado. El encuentro se produjo en un selecto hotel situado muy cerca del lugar donde fue encontrada la obra por casualidad.

Sandro Pozzi, Nueva York: La misteriosa reaparición del ‘corot’, EL PAÍS, 16 de septiembre de 2010

El ‘pissarro’ de la discordia

El ‘pissarro’ de la discordia

Un tribunal de EE UU abre la vía para que un judío reclame una obra del Thyssen expoliada por los nazis

Imagen del cuadro "Rue de Saint Honoré aprés-midi. Effet de Pluie" ("Calle de Saint Honoré por la tarde. Efecto de lluvia"), pintado por Camille Pissarro en 1897, que el estadounidense Claude Cassirer reclama a España.EFEParece una calle tranquila, se diría que lánguida. No tanto, si se atiende a su extraordinaria peripecia. Camille Pissarro retrató en 1897 un lluvioso paisaje parisiense en su Rue St. Honoré. Après-midi. Effet de pluie. Desde entonces, el cuadro ha pasado casi la mitad de su existencia de mano en mano, sin saber muy bien a quién pertenece. Sufrió la amenaza nazi, que provocó la separación de su dueña para que ella pudiera seguir viviendo. Ahora cuelga de una pared en el Museo Thyssen de Madrid, después de que el barón vendiera su colección al Estado español en 1993. Y desde Los Ángeles, un hombre llamado Claude Cassirer reclama desde 2001 el cuadro que los nazis obligaron a vender a su abuela. Un tribunal de esa ciudad le acaba de conceder el derecho a iniciar un litigio contra el Estado español y la Fundación Thyssen para recuperarlo, rechazando el argumento de España de que no se puede demandar a un Estado extranjero en EE UU.

La historia -que registra, con este, un inesperado giro- comenzó en realidad en 1939, cuando Lilly Cassirer, abuela de Claude, judía y adinerada, malvendió por 900 marcos el cuadro (heredado por su familia) a un marchante de arte afiliado al partido de Hitler. El cuadro de Pissarro se quedó en Alemania y ella escapó.

Explica el abogado de Claude Cassirer que tras la guerra Lilly buscó el cuadro, decidida a recuperar lo que los nazis le habían arrebatado. Nunca dio con él. En su ausencia pidió en 1958 al Estado alemán una compensación de 150.000 marcos (equivalente a aproximadamente 350.000 euros actuales teniendo en cuenta el paso del tiempo y el efecto de la inflación). Le fue concedida. El Gobierno la reconoció entonces como propietaria de la obra.

Los letrados de la Fundación Thyssen añaden que había otras dos personas que se proclamaban propietarias del lienzo de Pissarro; entre ellas, un marchante de arte, quizá uno de los que movieron el cuadro por Alemania después del expolio. Si fuera así, argumentan, en el caso de adjudicar la nueva propiedad actual del cuadro habría que incluir también a otros herederos.

Según los abogados de Claude Cassirer, la indemnización no implicaba la renuncia a recuperar el cuadro en un futuro -entonces estaba en paradero desconocido-. La defensa de los Thyssen sostiene lo contrario: el documento era vinculante y le privó del derecho a recuperarlo. En cuanto al valor actual, Cassirer tasa la obra en 13 millones de euros, mientras que el abogado de la Fundación Thyssen asegura que «vale mucho menos».

El Gobierno alemán, al conocer las intenciones de Cassirer, le ha avisado de que si recupera el cuadro, tendrá que devolver la indemnización cobrada por su abuela en 1958. Esta notificación es interpretada con matices diferentes. Mientras los abogados de los Cassirer opinan que Alemania asume implícitamente con ella la propiedad de la familia, para la fundación, el Gobierno alemán solo persigue la recuperación del dinero para el caso de que efectivamente el cuadro sea devuelto.

El museo Thyssen tiene ahora la opción de reclamar ante el Supremo estadounidense. Si no, el litigio contra el Estado español puede comenzar en un año. El Ministerio de Cultura español ha decidido no pronunciarse hasta que no reciba una notificación desde EE UU.

Para Claude Cassirer es importante que el proceso empiece cuanto antes; tiene 89 años, y teme no llegar a ver el cuadro de vuelta antes de morir. Según el fotógrafo jubilado, su deseo es recuperar aquella obra que vio colgada durante su infancia en la casa de su abuela en Múnich.

Cuando el caso llegue al tribunal, los argumentos legales se centrarán en la cadena de propiedad. Según los Cassirer, el cuadro nunca ha dejado de ser de la abuela, porque no se ha roto esa cadena. Sin embargo, Thyssen se declara poseedor legal del cuadro basándose en que la cadena de propiedad se rompió en el momento en el que Lilly Cassirer aceptó la indemnización y «renunció a sus derechos sobre el cuadro». Añaden también que el barón Thyssen compró la obra en 1976 «de buena fe», sin saber que provenía de un expolio nazi.

Además, se da la extraña circunstancia de que durante 40 años nadie haya buscado el cuadro. Por un lado, la Fundación Thyssen reprocha a Cassirer que no haya recurrido a ninguno de los registros de arte perdido desde que su abuela murió en 1962, y se defiende diciendo que el cuadro de Pissarro siempre ha estado expuesto y catalogado. Disponible para cualquier reclamación. Cassirer, por su parte, despacha este lapsus temporal aludiendo a las dificultades de buscar un cuadro a escala planetaria sabiendo solo el nombre en una era anterior a la de Internet.

Miguel Pérez / David Nelson, Madrid: El ‘pissarro’ de la discordia, EL PAÍS, 1 de septiembre de 2010

El Prado prepara la primera muestra monográfica de Renoir en España

El Prado prepara la primera muestra monográfica de Renoir en España

'L' Estaque', uno de los paisajes de Pierre-Auguste Renoir. La pintura impresionista volverá a ser protagonista de la temporada expositiva en Madrid con las muestras programadas para el próximo otoño por el Museo del Prado, Pasión por Renoir, y por el Museo Thyssen Bornemisza, Jardines impresionistas. Antes de dedicar esa exposición a Renoir, la primera monográfica que se realiza en España, el Prado sacará a la luz, a partir del 5 de octubre, algunos de los tesoros de su biblioteca en Bibliotheca Artis: Tesoros de la biblioteca del Museo del Prado. Cuarenta libros y manuscritos fechados entre 1500 y 1750 y un conjunto de ocho cuadros de la pinacoteca, entre ellos obras de Tiziano, El Greco o Velázquez, revelarán correspondencias entre el fondo bibliográfico y la colección de pinturas en la exposición.

Para el día 19 está prevista la muestra Pasión por Renoir, con la exhibición de las 31 obras de Pierre-Auguste Renoir (1841-1919) reunidas por el coleccionista norteamericano Robert Sterling Clark (1877-1956), fundador del Sterling & Francine Clark Art Institute (Williamstown, Massachussets, EEUU). Ésta será la primera exposición monográfica en España de Renoir, uno de los artistas más destacados del Impresionismo, que trabajó durante su vida con una absorbente pasión por la pintura.

La muestra permitirá apreciar la amplitud y el interés de las propuestas de Renoir a través de sus etapas de mayor interés, entre 1874 y 1900, en los principales géneros que cultivó: el retrato, la figura femenina, el desnudo, el paisaje, la naturaleza muerta y las flores.

El artista francés estará también presente en la gran exposición de la temporada del Museo Thyssen-Bornemisza, la dedicada a los Jardines Impresionistas, que se podrá contemplar a partir del 16 de noviembre en las salas del museo y en las de la Fundación Caja Madrid. Junto a Pierre-Auguste Renoir, otros nombres de la exposición serán los de Pissarro, Manet, Singer Sargent, Monet, Gauguin, Sisley, Cézanne, Morisot, Bonnard o Vincent van Gogh.

Jardines Impresionistas trazará el desarrollo de la pintura impresionista de jardines incluyendo no sólo obras de todas las grandes figuras de esta corriente pictórica, sino de sus precursores -Delacroix, Corot o Courbet- y de artistas posteriores, entre ellos Klimt o Sargent. Con su gusto por el color, los efectos al aire libre y los temas de la vida moderna, los pintores impresionistas y sus seguidores no fueron ajenos a la popularidad de la que gozaron en Francia los jardines desde la década de 1860, y volvieron su mirada hacia ellos en busca de inspiración.

Anteriormente a esta muestra, el Thyssen presentará por primera vez en España, y a partir del 21 de septiembre, la obra del fotógrafo peruano Mario Testino. Cincuenta y cuatro obras mostrarán su faceta como fotógrafo de moda -con imágenes realizadas para revistas como Vogue o Vanity Fair- y sus fotografías más personales, incluidas algunas inéditas realizadas para esta exposición. Combinando la fotografía analógica con los últimos avances en tecnología digital, el artista muestra el proceso y todas las implicaciones que supone el viaje desde la alta costura al desnudo, recogiendo el proceso intermedio de desnudar la forma.

En la programación del Museo Reina Sofía figuran, entre otras, las exposiciones dedicadas a Hans Peter Feldmann (Dusseldorf 1941), que se celebrará a partir del 22 de septiembre, y a José Val del Omar (Granada 1904-Madrid 1982) desde el 5 de octubre. Feldmann empezó su trabajo como artista a finales de los años 60. Sus primeras obras fueron una serie de pequeños libritos titulados Bilders (Imágenes) en los que reproducía una o más imágenes de algún objeto cotidiano.

Desde entonces su interés por la imagen fotográfica, que colecciona obsesivamente, le ha llevado a producir numerosas series de fotografías. Algunas tan conocidas como sus Time Series, en las que retrata, en las 36 imágenes de un carrete analógico, un hecho insignificante, como un barco que pasa o una mujer limpiando una ventana.

Desbordamiento de Val del Omar abordará el «sin fin» de José Val del Omar, con una obra fragmentaria e inconclusa que hoy se ha convertido en un referente que empieza a traspasar fronteras. Una obra inmersa en un quehacer continuo en torno a la imagen y su rebosamiento en aquello que Val del Omar expresó mediante la sigla PLAT, de Picto-Lumínica-Audio-Tactil.

Mila Trenas (Efe) / Madrid: El Prado prepara la primera muestra monográfica de Renoir en España,
El Día de Córdoba, 20 de agosto de 2010

Los impresionistas, contra Mario Testino

Los impresionistas, contra Mario Testino

La pintura impresionista volverá a ser protagonista de la temporada expositiva en Madrid con las muestras programadas para el próximo otoño por el Museo del Prado, «Pasión por Renoir», y por el Museo Thyssen Bornemisza, «Jardines impresionistas».
«Palco en el teatro», de Renoir. Sterling & Francine Clark Institute
Antes de dedicar esa exposición a Renoir, el Prado sacará a la luz, a partir del 5 de octubre, algunos de los tesoros de su biblioteca en «Bibliotheca Artis: Tesoros de la biblioteca del Museo del Prado». Cuarenta libros y manuscritos fechados entre 1500 y 1750 y un conjunto de ocho cuadros del Museo del Prado, entre ellos obras de Tiziano, El Greco o Velázquez, revelarán correspondencias entre el fondo bibliográfico y la colección de pinturas en la exposición.

Renoir, en el Prado

Para el día 19 está prevista la muestra «Pasión por Renoir», con la exhibición de las 31 obras de Pierre-Auguste Renoir (1841-1919) reunidas por el coleccionista norteamericano Robert Sterling Clark (1877-1956), fundador del Sterling & Francine Clark Art Institute (Williamstown, Massachussets, EEUU). Esta será la primera exposición monográfica en España de Renoir, uno de los artistas más destacados del Impresionismo, que trabajó durante su vida con una absorbente pasión por la pintura. La muestra permitirá apreciar la amplitud y el interés de las propuestas de Renoir a través de sus etapas de mayor interés, entre 1874 y 1900, en los principales géneros que cultivó: el retrato, la figura femenina, el desnudo, el paisaje, la naturaleza muerta y las flores.

Los «Jardines Impresionistas» del Thyssen

El artista francés estará también presente en la gran exposición de la temporada del Museo Thyssen-Bornemisza, la dedicada a los «Jardines Impresionistas», que se podrá contemplar a partir del 16 de noviembre en las salas del museo y en las de la Fundación Caja Madrid. Junto a Pierre-Auguste Renoir, otros nombres de la exposición serán los de Pissarro, Manet, Singer Sargent, Monet, Gauguin, Sisley, Cézanne, Morisot, Bonnard o Vincent van Gogh.

«Jardines Impresionistas» trazará el desarrollo de la pintura impresionista de jardines incluyendo, no sólo obras de todas las grandes figuras del Impresionismo, sino de sus precursores -Delacroix, Corot o Courbet- y de artistas posteriores, entre ellos Klimt o Sargent. Con su gusto por el color, los efectos al aire libre y los temas de la vida moderna, los pintores impresionistas y sus seguidores no fueron ajenos a la popularidad de la que gozaron en Francia los jardines desde la década de 1860, y volvieron su mirada hacia ellos en busca de inspiración.

Natalia Vodianova fotografiada por Mario Testino Anteriormente a esta muestra, el Thyssen presentará por primera vez en España, y a partir del 21 de septiembre, la obra del fotógrafo peruano Mario Testino. Cincuenta y cuatro obras mostrarán su faceta como fotógrafo de moda -con imágenes realizadas para revistas como Vogue o Vanity Fair- y sus fotografías más personales, incluidas algunas inéditas realizadas para esta exposición. Combinando la fotografía analógica con los últimos avances en tecnología digital, el artista muestra el proceso y todas las implicaciones que supone el viaje desde la alta costura al desnudo, recogiendo el proceso intermedio de desnudar la forma.

Feldmann y Val del Omar, en el Reina

En la programación del Museo Reina Sofía figuran, entre otras, las exposiciones dedicadas a Hans Peter Feldmann (Dusseldorf 1941), a partir del 22 de septiembre, y a José Val del Omar (Granada 1904-Madrid 1982) desde el 5 de octubre. Feldmann empezó su trabajo como artista a finales de los años 60. Sus primeras obras fueron una serie de pequeños libritos titulados «Bilders» (Imágenes) en los que reproducía una o más imágenes de algún objeto cotidiano.

Desde entonces su interés por la imagen fotográfica, que colecciona obsesivamente, le ha llevado a producir numerosas series de fotografías. Algunas tan conocidas como sus «Time Series», en las que retrata, en las 36 imágenes de un carrete analógico, un hecho insignificante, como un barco que pasa o una mujer limpiando una ventana.

«Desbordamiento de Val del Omar» abordará el «sin fin» de José Val del Omar, con una obra fragmentaria e inconclusa que hoy se ha convertido en un referente que empieza a traspasar fronteras. Una obra inmersa en un quehacer continuo en torno a la imagen y su rebosamiento en aquello que Val del Omar expresó mediante la sigla PLAT, de Picto-Lumínica-Audio-Tactil.

Compuesta por 140 obras entre óleos, dibujos y grabados, la Fundación Juan March inaugurará el 1 de octubre la primera exposición monográfica de Asher B. Durand (1796-1886) que se exhibe fuera de Estados Unidos, donde es considerado uno de los paisajistas más influyentes y pionero del grabado.

EFE, Madrid: Los impresionistas, contra Mario Testino, ABC, 19 de agosto de 2010

Escocia estrena a los impresionistas del Thyssen

Escocia estrena a los impresionistas del Thyssen

Una macro exposición de jardines pintados por los impresionistas se verá estos días en Edimburgo y en noviembre llegará a Madrid ‘Lotus lillies’, de Charles Courtney Curran (1888).

Cuando dos se unen, el resultado puede ser nefasto o muy interesante. Por suerte, esto último sugiere el proyecto a os bandas elaborado por el Museo Thyssen y la National Gallery of Scotland: una macro exposición de jardines pintados por los impresionistas que durante estos días se verá en Edimburgo y que en noviembre llegará a Madrid. La muestra, que se compondrá de casi 150 lienzos cuando desembarque en la capital española, fue una idea de la comisaria Clare A. PWildson. Tras ponerse en contacto con el director de la galería escocesa, Michael Clarke, este le trasladó la propuesta a Guillermo Solana, director artístico del museo madrileño, quien aceptó encantado. De hecho, varios de los cuadros proceden de la colección del Thyssen.

Una de las particularidades más interesantes de la exposición es que además de los paisajistas más reconocidos, como Monet o Pisarro, también se puede disfrutar de otras figuras como Frederic Bazille, un amigo de Renoir que murió en la guerra franco-prusiana, y Federico Zandomeneghi, amigo de Degas. La captación del jardín, ya sea público o privado, fue uno de los aspectos que más interesó a los impresionistas. Las diferencias lumínicas, debido a los cambios en la posición del sol, trajo de cabeza a los pintores de finales del siglo XIX y comienzos del siglo XX. De ahí que el visitante puede apreciar la sensibilidad y el estilo que distinguía a cada pintor, desde Bonnard, Manet, Van Gogh o Klimt, en su forma de abordar estos escenarios.

Entre los lienzos más sobresalientes está Lotus Lillies, de Charles Courtney Curran (1888), que muestra a dos mujeres en una barca y donde apenas se ve el agua. También destaca La casa del artista de Argenteuil (1873), de Monet, en el que se ve al hijo pequeño del artista jugando con un aro mientras su madre le observa desde la puerta.

P. C. / Agencias Madrid-Edimburgo: Escocia estrena a los impresionistas del Thyssen, Público, 18 de agosto de 2010
‘Autorretrato con paleta’, de Manet, estrella de la subasta en Sotheby’s

‘Autorretrato con paleta’, de Manet, estrella de la subasta en Sotheby’s

Autorretato con paleta, de Manet, en la subastaUn autorretrato de Edouard Manet de 1878 se vendió el 23 de junio de 2010 por 22,4 millones de libras (27 millones de euros o 33,1 millones de dólares), en una puja de arte moderno e impresionista de la casa de subastas Sotheby’s. El «Autorretrato con Paleta» tenía un precio estimado de salida de entre 20 y 30 millones de libras, y fue pintado por el artista francés en el momento cumbre de su carrera. Antes de la subasta, el vicepresidente de Sotheby’s, Charles Moffet, justificó el alto precio de la obra al manifestar que se trata «del mejor autorretrato de la historia de la pintura». Este cuadro fue subastado en el marco de una importante puja en Londres con obras de Matisse, Derain, Picasso o Rodin, que se saldó con ventas por un valor total de 112,1 millones de libras (135,3 millones de euros o 166,1 millones de dólares), una de las cifras más elevadas conseguidas hasta ahora por Sotheby’s en Londres.

Autorretrato con paleta, de Edouard ManetLa obra, cuyo título completo es Portrait de Manet par lui-même en buste o Manet a la palette, es uno de los dos autorretratos del artista, considerado padre del impresionismo, y el único que sigue en manos privadas: el otro está en el museo Bridgestone, de Tokio. Este óleo sobre lienzo, de 83 x 67 cm, representa al artista con pose formal y elegante. Ha formado parte de varias exposiciones muy importantes, incluyendo la retrospectiva de Manet que se llevó a cabo en 1983 en el Grand Palais de París y en el Museo Metropolitano de Arte de Nueva York con motivo del centenario de su fallecimiento. Para Charles Moffet, vicepresidente ejecutivo de Sotheby´s en Nueva York y comisario de aquella muestra de 1983, «esta obra no es sólo un retrato, sino un tema de la vida moderna. Manet es un hombre en un mundo cambiante. Francia es una democracia en 1878, y aquí hay un muchacho que está en la cima de su profesión, vestido como un exitoso hombre de negocios, de calle pero elegante». Siguiendo a este experto, en la obra se aprecia una clara inspiración en los maestros de períodos anteriores. Así, «su actitud es muy parecida a la que muestran Las Meninas«, atribuyendo con estas declaraciones reminiscencias de Velázquez en la postura y expresión del lienzo. «Al mismo tiempo, está coqueteando con la abstracción en la forma en que pintó su mano». De esta manera, el lienzo tiene referencias claras a los viejos Maestros -entre ellos los españoles Velázquez, ya mencionado, y Goya, tan admirados por el francés- con un audaz y moderno tratamiento formal.

A lo largo de los años, Autorretrato con paleta ha pertenecido a grandes coleccionistas, entre los que están Auguste Pellerin, uno de los más importantes de principios de siglo XX y que llegó a reunir en su colección 50 obras de Manet. También perteneció a Jakob Goldschmidt, famoso banquero de Nueva York cuya colección se subastó en Sotheby´s Nueva York en 1958. Posteriormente, la obra fue adquirida por Juan Loeb, miembro de otra importante familia de banqueros neoyorquina, por 176.800 dólares. En 1997, Stephen A. Wynn, propietario de un casino en Las Vegas, adquirió la pieza en una subasta en Christie´s Nueva York por 18,7 millones de dólares, para después venderlo privadamente al coleccionista Steven A. Cohen. Ésta fue, hace diez años, una de las primeras adquisiciones de Cohen y los expertos estiman que pagó por el lienzo entre 35 millones y 40 millones de dólares.

Clave en el desarrollo del arte moderno, Manet procede de la escuela del realismo que dominó el arte francés de finales del siglo XIX y sus obras rompieron las convenciones, logrando la admiración y el seguimiento de los artistas más jóvenes de la época. Su famoso «Déjeuner sur l’herbe» (1862-1863) fue rechazado por el conservador Salon des Artistes Français, pero se exhibiría más tarde en el primer Salon des Refusés (Salón de los Rechazados). Casi inmediatamente, el elegante Manet se convirtió en héroe de la vanguardia, «un rebelde con sombrero de copa», y en mentor de toda una generación de artistas como Monet o Renoir. Cuando el autorretrato aquí comentado se subastó por última vez, en 1997, como parte de la colección del filántropo estadounidense John Loeb, se vendió por unos 14,3 millones de euros al cambio de hoy.

Matisse: Odaliscas jugando a las damas«Odaliscas jugando a las damas» del fauve Henri Matisse, y «Árboles en Collioure» de André Derain fueron las otras dos grandes obras que se subastaron en Sotheby’s de Londres. La primera se vendió por 11,8 millones de libras (14,2 millones de euros o 17,5 millones de dólares) y la segunda por 16,2 millones de libras (19,5 millones de euros o 24 millones de dólares). El trabajo de Matisse, pintado en 1929 y por primera vez a la venta en una subasta, es uno de sus trabajos más icónicos, perteneciente a la serie de trabajos realizados en su estudio de Niza (Francia) y caracterizados por los desnudos femeninos o por las representaciones de mujeres vestidas con prendas exóticas. Tanto en los vestidos como en los exuberantes interiores se aprecia la impronta de la cultura oriental que sirvió de inspiración a Matisse desde su viaje a Marruecos entre 1912 y 1913. Derain: Árboles de Collioure«Árboles de Collioure«, del también fauve André Derain, «representa la cumbre del estilo artístico del pintor, además de ser un hito en la evolución del arte del siglo XX», destacó Sotheby’s. El cuadro perteneció a Ambroise Vollard, el legendario marchante del París de comienzos de siglo XX, pero no se supo de su paradero hasta 1979, cuando se encontró en una caja fuerte de la Sociedad General de París junto a otros importantes cuadros. Al parecer los depositó allí en 1939, poco después de la muerte de Vollard, Erich Slomoic, un joven yugoslavo amigo del coleccionista que murió a manos de los nazis en 1942 al regresar a su país natal, sin que revelara a nadie el paradero de los cuadros.

De Picasso se pudo pujar por tres lienzos, de sus últimos años de vida, y por tres dibujos que representan en modo muy realista a la fotógrafa Dora Maar, que fue una de sus musas y amantes. El lienzo que alcanzó un precio más alto fue «Busto de Matador», pintado por el artista español en 1970, vendido por 5,3 millones de libras (6,4 millones de euros o 7,8 millones de dólares). Los dibujos de Dora Maar se vendieron por 2,9 millones de libras (3,5 millones de euros o 4,3 millones de dólares). Otras ventas millonarias fueron «Bouquet de Pivoines», de Manet, que se vendió por 7,6 millones de libras (9,1 millones de euros o 11,2 millones de dólares); «Le petit déjeuner. Radiateur», de Bonnard, que se vendió por 6,2 millones de libras (7,5 millones de euros o 9,2 millones de dólares); y «Étude pour ‘nu rose'», de Matisse, que se vendió por 5,8 millones de libras (7 millones de euros o 8,6 millones de dólares).


Fuentes:
‘Autorretrato con paleta’ de Manet, a subasta en Sotheby´s

‘Autorretrato con paleta’ de Manet, a subasta en Sotheby´s

La obra Autorretrato con paleta (1879) del maestro francés Eduard Manet (París, 1832-1883) se incluirá en el lote impresionista que Sotheby’s subastará el próximo 22 de junio en su sede londinense. Este óleo sobre lienzo de 83 x 67 cm, que representa al artista con pose formal y elegante, se ha convertido en un importante reclamo para los coleccionistas, no sólo por la escasa frecuencia con que salen a la venta obras de Manet, sino también porque es uno de los dos únicos autorretratos –el otro se encuentra en el Museo de Arte de Bridgestone de Tokio– del considerado padre del impresionismo.

Obra casi única

Autorretrato con paleta, que desde ayer se expone en Sotheby´s Nuev York, ha formado parte de varias exposiciones muy importantes, incluyendo la retrospectiva de Manet que se llevó a cabo en 1983 en el Grand Palais de París y en el Museo Metropolitano de Arte de Nueva York con motivo del centenario de su fallecimiento.

Para Charles Moffet, vicepresidente ejecutivo de Sotheby´s en Nueva York y comisario de aquella muestra de 1983, «esta obra no es sólo un retrato, sino un tema de la vida moderna. Manet es un hombre en un mundo cambiante. Francia es una democracia en 1878, y aquí hay un muchacho que está en la cima de su profesión, vestido como un exitoso hombre de negocios, de calle pero elegante».

Inspirado en los antiguos maestros

Para este experto, en la obra se aprecia una clara inspiración en los maestros de períodos anteriores. Así, “su actitud es muy parecida a la que muestran Las Meninas”, atribuyendo con estas declaraciones reminiscencias de Velázquez en la postura y expresión del lienzo. «Al mismo tiempo, está coqueteando con la abstracción en la forma en que pintó su mano”, añadió Moffet.

A lo largo de los años, Autorretrato con paleta ha pertenecido a grandes coleccionistas, entre los que están Auguste Pellerin, uno de los más importantes de principios de siglo XX y que llegó a reunir en su colección 50 obras de Manet. También perteneció a Jakob Goldschmidt, famoso banquero de Nueva York cuya colección se subastó en Sotheby´s Nueva York en 1958. Posteriormente, la obra fue adquirida por Juan Loeb, miembro de otra importante familia de banqueros neoyorquina, por 176.800 dólares.

En 1997, Stephen A. Wynn, propietario de un casino en Las Vegas, adquirió la pieza en una subasta en Christie´s Nueva York por 18,7 millones de dólares, para después venderlo privadamente al coleccionista Steven A. Cohen. Ésta fue una de las primeras adquisiciones de Cohen y los expertos estiman que pagó por el lienzo entre 35 millones y 40 millones de dólares.

Competencia con Picasso

Tras diez años en su poder, Cohen pone a la venta el cuadro para aprovechar el momento actual de grandes inversiones en obras de arte. Este autorretrato es un lienzo de gran valor para los conocedores del impresionismo, de ahí que las expectativas de Sotheby’s estén en alcanzar entre los 30 y los 45 millones de dólares (23,5 y 35,4 millones euros). En esa misma semana de junio, Manet rivalizará con otra firma de gran valor en las cotizaciones del arte, Pablo Picasso. Christie´s subastará, también en la capital inglesa, El bebedor de absenta, retrato de Ángel Fernández de Soto que el artista malagueño pintó en 1903 durante su período azul. La obra fue adquirida en Sotheby´s en 1995 por la Fundación Andrew Lloyd Webber por 21,9 millones dólares, aunque el próximo 23 de junio Christie’s espera alcanzar en la puja los 60,9 millones de dólares (47,9 millones de euros).

María Barreiro, Nueva York: ‘Autorretrato con paleta’ de Manet, a subasta en Sotheby´s, hoyesarte.com, 9 de mayo de 2010

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