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Queda inaugurada la Segunda Transición. ISAAC ROSA. DIARIO.ES

Queda inaugurada la Segunda Transición. ISAAC ROSA. DIARIO.ES


Queda inaugurada la Segunda Transición
La buena noticia es que con el rey se acaba la Transición; la mala es que la Segunda Transición hace más creíble el gran pacto PP-PSOE que atruena desde hace meses 


ISAAC ROSA. DIARIO.ES
 Muy mal le van las cosas al régimen del  sino han sido capaces de aguantar una semana para la abdicación del rey: lo hubiesen hecho ya con el Mundial de fútbol empezado, y nos pillaría algo más amansados que hoy, cuando aun tenemos fresca la convulsión de las Europeas.
Pero no aguantaba ni un día más. Ni la corona, ni por extensión el régimen institucional construido a su alrededor. El grado de descomposición era ya insoportable, y la idea de “esperar tiempos mejores” para un relevo tranquilo no tenía ya sentido, con la infanta en el banquillo sin escapatoria, y la incertidumbre creada por el hundimiento de PP y PSOE, únicos capaces de garantizar la continuidad monárquica. Ahora que todavía controlan las instituciones es posible coronar a Felipe de Borbón, no fuera a ser que las próximas municipales acabasen dando un vuelco como el de 1931, y sin saber tampoco cómo terminará lo de Cataluña.
La buena noticia es que con el rey se acaba la Transición, cuarenta años después. Se acaba por agotamiento, por derrumbe, por pudrición avanzada de todos sus pilares: las instituciones, el bipartidismo, el sistema económico, el modelo territorial, y por supuesto la corona, que ha colapsado hacia dentro, no la hemos derribado.
La mala noticia es que con el relevo en el trono comienza la Segunda Transición: esa que algunos vienen anunciando o deseando desde hace unos años, y que pasaría por una reforma constitucional de alcance limitado, un replanteamiento del modelo territorial para desactivar el problema catalán, un borrón y cuenta nueva de la corrupción pasada, y la construcción de un relato nuevo, pretendidamente ilusionante, de que ahora sí, ponemos el contador a cero, reseteamos el sistema, arreglamos el país.
La Segunda Transición hace más creíble el gran pacto PP-PSOE que atruena desde hace meses. Las resistencias de algunos sectores del PSOE pueden ablandarse con un golpe de efecto tan potente como es la abdicación. Para un partido cuya supervivencia es hoy dudosa, la Segunda Transición es un salvavidas al que agarrarse. Y para el resto de partidos, la maniobra cambia el paso al momento político, altera las prioridades y expectativas, da un puñetazo a una agenda política convulsionada por el resultado de las Europeas.
¿Y los ciudadanos? ¿Aceptamos sin más la “normalidad institucional”, las “previsiones sucesorias”? ¿Nos manifestamos un rato con la bandera republicana, hacemos un poco de ruido unos días, y cuando nos demos cuenta, tras el Mundial y el verano, tenemos ya a Felipe VI consolidado en el trono para otros cuarenta años?
Pienso que no. Espero que no. Es cierto que el movimiento republicano, como tal, está más bien desarticulado, no tenía nada preparado para cuando sucediese algo que desde hace tiempo no era inverosímil. Pero nosotros, los de entonces, ya no somos los mismos. No somos quienes hicieron (o a quienes les hicieron) la primera Transición. El relato oficial de aquella también se ha hundido, y ya sabemos a dónde condujeron aquellas promesas. No tenemos la ilusión de nuestros padres, pero tampoco su miedo. No aceptamos un apaño, un lavado de cara para tirar unos años más.
Sobre todo, no podemos empezar nada nuevo con las mismas bases. Y Felipe de Borbón, por mucho que los publirreportajes nos lo vendan desde hace años como un rey joven, preparado, cercano a la gente, que vive en su tiempo, en realidad es más de lo mismo. Es Borbón, pertenece a una tradición de reyes invariablemente fallidos y fuente de problemas. Ha crecido a la sombra de su padre y su familia, y su único elemento distintivo es haberse casado con una plebeya. Fin de la novedad. Y además sería un jefe de Estado cuya única legitimidad de origen es «ser hijo de». Un anacronismo antidemocrático en tiempos en que la ciudadanía pide más y mejor democracia.
Si de verdad quieren que constuyamos un nuevo consenso, renovar lo podrido, iniciar un nuevo tiempo y que todos caminemos en la misma dirección, no hay Segunda Transición que valga. Todo lo que no sea empezar por un referéndum sobre la forma de Estado no nos sirve. Todo lo que no pase por un ejercicio de democracia que sea el acto fundacional del nuevo tiempo, será más de lo mismo.

FUENTE:

El futuro es un país extraño.   Josep Fontana.  Una reflexión sobre la crisis de comienzos del S.XXI

El futuro es un país extraño. Josep Fontana. Una reflexión sobre la crisis de comienzos del S.XXI

El futuro es un país extraño. 
 Josep Fontana. 
Una reflexión sobre la crisis de comienzos del S.XXI

Josep Fontana (Barcelona, 1931), maestro indiscutido de historiadores, fue profesor de Historia Económica en la Universidad de Barcelona y catedrático de la misma disciplina en las Universidades de Valencia y Autónoma de Barcelona. Fundó y dirigió el Institut d´Historia Jaume Vicens Vives. El más grande de los profesores vivos de nuestro país. Doctor Honoris Causa por varias universidades. Ha impartido cursos y conferencias por numerosas instituciones universitarias del extranjero.
Su obra se aproxima a los treinta títulos, podemos encontrar libros de investigación histórica. de síntesis y de teoría de la historia. 
En Pasado y Presente ha publicado:  Por el bien del imperio (2012) y, ahora, El futuro es un país extraño.(2013)



 Josep Fontana reivindica la función social de la Historia y el papel del historiador como sujeto comprometido con su tiempo, y sobretodo con su gente.
 Dicho papel no es otro que, por un lado denunciar los análisis tramposos de la crisis y del mundo que nos rodea para abocarnos a la resignación, y por otro, aportar conocimiento a
 “la tarea de reinventar un nuevo futuro, que es todavía un país desconocido”.

Para pensar, analizar e investigar…algunas citas e ideas del libro…
 
 Este libro tiene como propósito fundamental analizar lo que he denominado La crisis social  de comienzos del siglo XXI. Una crisis que no puede reducirse a las consecuencias  de la crisis financiera y que no obedece a causas meramente económicas, sino a un proyecto social que ha comenzado por la privatización de la política y aspira a conseguir la privatización entera del propio estado. Un proyecto que no solo amenaza la continuidad de los servicios sociales  que proporcionaba el estado de bienestar, sino que pone en peligro el propio estado democrático y  la sociedad civil en que esta se sostiene».


 «La visión de la historia en que fuimos educados, que nos garantizaba un porvenir de progreso continuado, ha dejado de tener validez, y el futuro se ha convertido en un país extraño que habrá que descubrir y conquistar».

«Lo que en la retórica con que se justifican las políticas de austeridad se presenta como un retroceso temporal destinado a superar unos momentos de dificultades esconde, en realidad, una alteración permanente de nuestros derechos sociales encaminada a liquidar definitivamente lo que queda del estado de bienestar y a asegurar la nueva sociedad de la desigualdad».


 «Está claro que aquí no había ningún problema de deuda pública hasta que no han asumido la deuda bancaria. El siguiente paso es la privatización del Estado mismo, el proceso de vender a los ciudadanos, y el establecimiento de un sistema represivo eficaz». 

«Debemos darnos cuenta de que esta no es una situación temporal de la que se saldrá. A lo mejor habrá ciertos elementos de crisis que se paren, aunque de momento los síntomas, por ejemplo en Inglaterra, no son estos. Pero incluso si saliéramos de la crisis, el mundo en el que usted vivirá no será el mundo en el que habrá vivido antes de ella, sino que habrá cambiado profundamente».

» Desde hace unos treinta y cinco años  se ha iniciado una nueva etapa que implica cambios fundamentales: 
*una desigualdad económica creciente basada en la reducción de las cargas que pagan las grandes empresas y las grandes fortunas,
 *paralela al empobrecimiento de las clases medias, *acompañada por la privatización de los servicios sociales,
* la limitación al derecho de la negociación colectiva de las condiciones laborales  y de los sueldos de obreros,
* junto a toda una serie de restricciones a la democracia  y al derecho de protesta…»

«Estamos en un período de regresión. Resulta evidente que las conquistas sociales que se obtuvieron en dos siglos de luchas colectivas no estaban aseguradas, como creíamos,y que para recomenzar una nueva etapa de progreso habrá que volver a ganarlas con métodos nuevos, porque las clases dominantes han aprendido a neeutralizar las que usábamos hasta hoy.


» Ningún avance social se consigue sin lucha: sin una confrontación  que solo puede tener éxito cuando se basa en la conciencia colectiva  de que no es lícito resignarse a una situación injusta, sino que estamos obligados a fijar en común unos objetivos de progreso y a luchar por ellos.  Pero la información de la conciencia de los seres humanos depende en gran medida de la comprensión  de la realidad social en la que viven, y esta se encuentra hoy estrechamente condicionada por una información que se recibe esencialmente a través de los medios de comunicación de masas, que se dedican a difundir una visión conformista, tal como conciene a los intereses de sus propietarios. La derecha ha aprendido a usar estos medios para repetir incansablemente tópicos simplistas y metáforas engañosas que se inculcan como verdades de sentido común, y se apresta, por otra parte, a destruir la educación pública…»
Buenos días, fascismo. Luis García Montero

Buenos días, fascismo. Luis García Montero

Luis García Montero

(El presente artículo de Luis García Montero, no es un trabajo histórico, ni creo que lo intente, pero  sirve para plantearnos un debate que si considero que tenemos que hacernos los amantes de la Historia . «La Crisis en España  y el modelo Social que se está construyendo». Neoliberalismo, pérdidas de libertades, aumento del poder social  y político de Religión, aumento de la represión de las protestas ciudadanas, pérdida de Derechos Sociales…)

¿Hacia un Neofascismo?. A investigar y debatir toca.

 Guardo dos sensaciones precisas del tiempo que me tocó vivir bajo la dictadura del caudillo, nuestro generalísimo Francisco Franco: el miedo a la Policía y el trato cotidiano con la mentira. Ya sé que la realidad española fue suavizándose conforme nos alejábamos de la sangría provocada por el golpe militar de 1936, pero en el aire de los años cincuenta, sesenta y setenta que yo respiré podía percibirse con facilidad el olor del miedo y de la mentira.
Los periódicos mentían tanto por lo que callaban como por lo que decían. La retórica sobre el imperio, la raza, la patria, la gloria que nos enseñaban en las clases de Formación del Espíritu Nacional no resistía las primeras miradas sobre el mundo. Un país pobre, menesteroso, humillado, sin ciencia, sin una economía sólida, sin cultura pública, sin repercusión internacional, sufría bajo las alas del águila. Más bien una gallina. Los colores de la bandera solo servían para ponerse rojos de vergüenza y amarillos de envidia cada vez que íbamos descubriendo lo que era la vida.
Los políticos mentían. Y no me refiero a las verdades a medias y las manipulaciones propias del electoralismo. Mentían de verdad y hasta el fondo, como yo de adolescente cuando me obligaban a confesar los curas del colegio. Éramos herederos de un Régimen basado en la instauración oficial de mentira. A Miguel Compins, Comandante Militar de Granada, fueron a buscarlo los golpistas a su despacho, en donde estaba tan tranquilo cumpliendo órdenes del Gobierno y de la superioridad, y lo fusilaron por no ayudar a la rebelión. No fue el único caso. El legal era el sublevado, en invierno hacía calor, en verano frío, los peces volaban por las nubes y los pájaros nadaban por las profundidades del mar si así lo afirmaba la autoridad.
Nadie, claro está, confundía la verdad oficial con la realidad. Eso creaba una separación tajante entre el Estado y la calle. Hoy somos herederos de esa división impuesta por la costumbre de mentir. Lo que empezó siendo la mentirijilla electoral en la España democrática desemboca hoy en el regreso a la desvergonzada mentira fascista. Rajoy  jura que no conocía las actividades corruptas de su tesorero más íntimo y no pasa nada. Ana Botella dice que la Reforma Laboral ha salvado los puestos de trabajo de los trabajadores de la limpieza en Madrid y no pasa nada. Se miente sobre la economía, el paro, la política internacional, la honradez de la familia real, y no pasa nada. Las instituciones –véase el poder judicial- son una mentira en funcionamiento. Ha vuelto a hacer calor en el mes de enero. La moda de las memorias políticas en nuestro país y la apertura de la Fundación Felipe González se deben  a que está vigente una veda infinita para las mentiras. Aquí el error propio es una enfermedad descatalogada en las conciencias.

Equipo Crónica

También hemos vuelto al grito de “la calle es mía”. Lo lanzó Fraga Iribarne para recordarnos en 1976 la norma número uno de la dictadura a la que había servido. Respondiendo a su origen, el Gobierno del PP ha dado forma de ley al grito de Fraga.  En vez de respetar y solucionar los problemas graves de los ciudadanos, criminaliza sus protestas con multas desmedidas y con estrategias de impunidad para la represión. La ley hipotecaria nos deja sin casas, la ley mordaza sin calle, dos formas de desahucio. A la Policía española deberemos tratarla con miedo. Se acabó la confianza. Las Fuerzas de Seguridad tienen como enemigo al ciudadano. La patria produce otra vez extranjeros en su propio país. Atreverse a poner el pie fuera de la mayoría silenciosa es un acto de rebeldía intolerable. Exigir y practicar los derechos constitucionales puede convertirnos en cómplices de la sublevación.
Buenos días, fascismo. Los españoles volvemos a vivir en una realidad cotidiana fascista. Podemos discutir si se trata de prefascista,  posfascista, parafascista o cuasifascista, pero la evidencia es que nos hemos instalado en el cartón piedra de la mentira y en una plaza de armas que sólo pertenece a la autoridad. Entre nuestros derechos no está la calle. Convivir es obedecer bajo el absolutismo de unos diputadísimos y unos ministrísimos que son herederos del caudillo.
Podrán decirme que han llegado al Gobierno por las urnas. Llegar por las urnas al fascismo no es algo nuevo, ni resta gravedad, sobre todo cuando se incumplen los contratos electorales de forma desvergonzada. Podrán decirme que la gente volverá a votarlos. Eso no significará que dejen de ser fascistas, sino que el fascismo se ha instalado en los procedimientos democráticos. En una realidad fundada en la mentira, con una división tajante entre la España oficial y la España real, entre los mundos virtuales y la experiencia de carne y hueso, los votos pierden su vinculación con la calle y pasan a ser una parte más del videojuego de las supersticiones. Sin patrimonio legal democrático, podrá haber votos, pero no habrá democracia.
Ni soberanía popular, ni instituciones representativas, ni participación. Mentira y represión policial. Buenos días, fascismo.
FUENTE:

Buenos días, fascismo. Luis García Montero

Buenos días, fascismo. Luis García Montero

Luis García Montero

(El presente artículo de Luis García Montero, no es un trabajo histórico, ni creo que lo intente, pero  sirve para plantearnos un debate que si considero que tenemos que hacernos los amantes de la Historia . «La Crisis en España  y el modelo Social que se está construyendo». Neoliberalismo, pérdidas de libertades, aumento del poder social  y político de Religión, aumento de la represión de las protestas ciudadanas, pérdida de Derechos Sociales…)

¿Hacia un Neofascismo?. A investigar y debatir toca.

 Guardo dos sensaciones precisas del tiempo que me tocó vivir bajo la dictadura del caudillo, nuestro generalísimo Francisco Franco: el miedo a la Policía y el trato cotidiano con la mentira. Ya sé que la realidad española fue suavizándose conforme nos alejábamos de la sangría provocada por el golpe militar de 1936, pero en el aire de los años cincuenta, sesenta y setenta que yo respiré podía percibirse con facilidad el olor del miedo y de la mentira.
Los periódicos mentían tanto por lo que callaban como por lo que decían. La retórica sobre el imperio, la raza, la patria, la gloria que nos enseñaban en las clases de Formación del Espíritu Nacional no resistía las primeras miradas sobre el mundo. Un país pobre, menesteroso, humillado, sin ciencia, sin una economía sólida, sin cultura pública, sin repercusión internacional, sufría bajo las alas del águila. Más bien una gallina. Los colores de la bandera solo servían para ponerse rojos de vergüenza y amarillos de envidia cada vez que íbamos descubriendo lo que era la vida.
Los políticos mentían. Y no me refiero a las verdades a medias y las manipulaciones propias del electoralismo. Mentían de verdad y hasta el fondo, como yo de adolescente cuando me obligaban a confesar los curas del colegio. Éramos herederos de un Régimen basado en la instauración oficial de mentira. A Miguel Compins, Comandante Militar de Granada, fueron a buscarlo los golpistas a su despacho, en donde estaba tan tranquilo cumpliendo órdenes del Gobierno y de la superioridad, y lo fusilaron por no ayudar a la rebelión. No fue el único caso. El legal era el sublevado, en invierno hacía calor, en verano frío, los peces volaban por las nubes y los pájaros nadaban por las profundidades del mar si así lo afirmaba la autoridad.
Nadie, claro está, confundía la verdad oficial con la realidad. Eso creaba una separación tajante entre el Estado y la calle. Hoy somos herederos de esa división impuesta por la costumbre de mentir. Lo que empezó siendo la mentirijilla electoral en la España democrática desemboca hoy en el regreso a la desvergonzada mentira fascista. Rajoy  jura que no conocía las actividades corruptas de su tesorero más íntimo y no pasa nada. Ana Botella dice que la Reforma Laboral ha salvado los puestos de trabajo de los trabajadores de la limpieza en Madrid y no pasa nada. Se miente sobre la economía, el paro, la política internacional, la honradez de la familia real, y no pasa nada. Las instituciones –véase el poder judicial- son una mentira en funcionamiento. Ha vuelto a hacer calor en el mes de enero. La moda de las memorias políticas en nuestro país y la apertura de la Fundación Felipe González se deben  a que está vigente una veda infinita para las mentiras. Aquí el error propio es una enfermedad descatalogada en las conciencias.

Equipo Crónica

También hemos vuelto al grito de “la calle es mía”. Lo lanzó Fraga Iribarne para recordarnos en 1976 la norma número uno de la dictadura a la que había servido. Respondiendo a su origen, el Gobierno del PP ha dado forma de ley al grito de Fraga.  En vez de respetar y solucionar los problemas graves de los ciudadanos, criminaliza sus protestas con multas desmedidas y con estrategias de impunidad para la represión. La ley hipotecaria nos deja sin casas, la ley mordaza sin calle, dos formas de desahucio. A la Policía española deberemos tratarla con miedo. Se acabó la confianza. Las Fuerzas de Seguridad tienen como enemigo al ciudadano. La patria produce otra vez extranjeros en su propio país. Atreverse a poner el pie fuera de la mayoría silenciosa es un acto de rebeldía intolerable. Exigir y practicar los derechos constitucionales puede convertirnos en cómplices de la sublevación.
Buenos días, fascismo. Los españoles volvemos a vivir en una realidad cotidiana fascista. Podemos discutir si se trata de prefascista,  posfascista, parafascista o cuasifascista, pero la evidencia es que nos hemos instalado en el cartón piedra de la mentira y en una plaza de armas que sólo pertenece a la autoridad. Entre nuestros derechos no está la calle. Convivir es obedecer bajo el absolutismo de unos diputadísimos y unos ministrísimos que son herederos del caudillo.
Podrán decirme que han llegado al Gobierno por las urnas. Llegar por las urnas al fascismo no es algo nuevo, ni resta gravedad, sobre todo cuando se incumplen los contratos electorales de forma desvergonzada. Podrán decirme que la gente volverá a votarlos. Eso no significará que dejen de ser fascistas, sino que el fascismo se ha instalado en los procedimientos democráticos. En una realidad fundada en la mentira, con una división tajante entre la España oficial y la España real, entre los mundos virtuales y la experiencia de carne y hueso, los votos pierden su vinculación con la calle y pasan a ser una parte más del videojuego de las supersticiones. Sin patrimonio legal democrático, podrá haber votos, pero no habrá democracia.
Ni soberanía popular, ni instituciones representativas, ni participación. Mentira y represión policial. Buenos días, fascismo.
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