Etiquetado: Museos

Sagunto: Teatro Romano y museo

Sagunto: Teatro Romano y museo






Mis fotos del teatro y el museo de Sagunto. Viaje de abril 2011.

El teatro romano se terminó hacia el 50dc (bajo el gobierno de
Claudio) pero a finales del siglo XX su situación era ruinosa. Lo que
vemos hoy es el resultado de la profunda restauración a la que fue
sometido durante los años 90. Por razones políticas el asunto de la
restauración se llevó a los tribunales y una sentencia confirmada por el
tribunal supremo obliga a su demolición, algo que no se ha hecho de
momento. 

Pulse encima para agrandar:
Teatro

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Museo Arqueológico de Sagunto:

Escultura de toro ibérica (siglo IV ac):



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Art Project

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A páxina de Google sorprendeume hoxe co anuncio «Explora museos de todo o mundo. Descubre o Art Project coa tecnoloxía de Google». Así que lanceime a exploralo e non dou parado.Pódese pasear polas salas de 17 museos, entre eles o Thyssen-Bornemisza…

Rubens 360º

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Realidade aumentada e Ciencias Sociais

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Fundación Gala – Salvador Dalí

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¿Quién va más a los museos?

¿Quién va más a los museos?

Un informe presentado hoy, coincidiendo con el Día Internacional de los Museos, por la directora general de Bellas Artes y Bienes Culturales, Ángeles Albert, y realizado por el Laboratorio Permanente de Público de Museos, desvela que el visitante tipo de los Museos del Ministerio de Cultura es mujer trabajadora, de entre 26 y 45 años, con estudios superiores. Este laboratorio es un proyecto pionero en España puesto en marcha en 2008 por el Ministerio de Cultura para llevar a cabo una investigación permanente sobre los visitantes de los museos del Ministerio y aplicar sus resultados a la mejora de la gestión de los mismos.

Este estudio, titulado Conociendo a nuestros visitantes, que se publicará próximamente, ha sido realizado simultáneamente en todos los museos estatales de esa Dirección General abiertos entre 2008 y 2009: en Madrid, el Museo Arqueológico Nacional, el Museo del Traje, el de América, el Sorolla, y los Nacionales de Antropología y de Artes Decorativas; el Museo Nacional de Altamira en Santillana del Mar; el Nacional de Cerámica y de las Artes Suntuarias González Martí en Valencia; en Valladolid, el Museo Nacional Colegio de San Gregorio y la Casa de Cervantes; en Mérida el Museo Nacional de Arte Romano, y en Toledo el Sefardí. Para ello, un amplio equipo de profesionales del Ministerio de Cultura y de la Universidad Complutense de Madrid, junto con otros especialistas, ha estado investigando durante casi dos años para conocer el perfil y las principales características de los visitantes de estos museos en cuanto a sus hábitos de visita, sus expectativas, motivaciones, necesidades y sus conocimientos previos sobre esas instituciones.

Principales conclusiones

  • El visitante tipo de los museos del Ministerio es mujer, de entre 26 y 45 años, con estudios superiores, española y trabajadora, confirmándose su mayor participación que la de los varones en esta práctica cultural.
  • El 68 % de los visitantes de nuestros museos son españoles y el 32 % extranjeros.
  • El público es eminentemente joven, la edad media es de 41 años.
  • El 63% posee estudios superiores.
  • La visita al museo se realiza acompañado de pareja, hijos o amigos, lo que demuestra que es una actividad social vinculada al ocio cultural.
  • El nivel general de satisfacción del público con nuestros museos es elevado: el 71 % manifiesta su intención de regresar.
  • La inmensa mayoría recomendaría la visita a nuestras instituciones.
  • Y en una escala de 1 a 7 la puntuación obtenida es de 5.6. Un notable alto.
Utilidad del informe

Tomada la muestra de visitantes en su conjunto se puede concluir que el público de los museos estatales, a día de hoy, es poco representativo de la sociedad española comparado con la composición de la pirámide de población. Esta es una de las conclusiones más importantes de la investigación relacionada con el papel social del Museo, y también uno de los rasgos compartidos con países de nuestro entorno inmediato, que reflejan que los museos tienen que emprender acciones dirigidas a potenciar la inclusión y ampliación de públicos que están por ahora poco representados: jóvenes y mayores de 65 años, desempleados, extranjeros procedentes de países de emigración económica o grandes emisores de turismo, personas con bajo nivel de estudios o posición socio-económica baja, y personas con discapacidad. Los datos ahora presentados y todos los que aportará el informe completo serán de gran importancia para la elaboración de estrategias concretas e individuales por parte de los museos y conjuntas por parte del Ministerio de Cultura, que permitan desarrollar políticas diversas orientadas a la captación de nuevos visitantes, a la fidelización de los ya existentes y al enriquecimiento de la experiencia museística, con el fin de mejorar el papel de nuestros museos en la sociedad.

¿Quién va más a los museos?, hoyesarte.com, 18 de Mayo de 2010

¿Cuál es el museo ideal? / Los artistas toman la palabra

¿Cuál es el museo ideal? / Los artistas toman la palabra

Artistas vivos frente a grandes maestros

Mi museo ideal tendría estas características:
  • 1. Antes de su construcción, el arquitecto del museo haría consultas previas a artistas, profesionales del sector y a los trabajadores habituales que vayan a hacer uso del centro. El arquitecto no concebiría su edificio como una obra de arte, sino como un espacio para acoger obras de arte. Así, el artista no tendría que adaptar sus obras a las excentricidades del arquitecto, sino que encontraría un espacio versátil y adaptable fácilmente a distintos usos expositivos. En este museo estarían prohibidas paredes en las que no se pueda taladrar, los montacargas demasiado pequeños o suelos que no puedan soportar el peso de grandes obras.
  • 2. La dirección del museo quedaría asignada por concurso público, con un jurado de especialistas y profesionales del sector artístico.
  • 3. El museo expondría (con orgullo y sin complejos de inferioridad) a artistas vivos de la comunidad artística local. No les concedería espacios marginales para realizar pequeños proyectos, sino que les daría la oportunidad de presentar su visión en una exposición individual con múltiples proyectos. El museo haría un trueque con sus exposiciones, intercambiando producciones propias con otras llegadas de museos de fuera, consiguiendo, de esta forma, revalorizar y poner en circulación valores locales.
  • 4. El museo eliminaría departamentos basados en técnicas. Crearía áreas realmente innovadoras, interdependientes, ágiles y mucho más orgánicas que los actuales sistemas clasificatorios.
  • 5. El museo tendría a artistas en su Patronato.
  • 6. El museo daría una enorme importancia al departamento educativo y tendría, como eje fundamental, conectar con comunidades no directamente vinculadas al mundo del arte. Los talleres con artistas serían un eje principal de su actividad. Esta filosofía convertiría el museo en un verdadero centro de investigación.
  • 7. El museo haría un esfuerzo por encontrar innovadores diseños de montaje de exposiciones para reducir significativamente las carísimas partidas destinadas hoy por hoy a este fin. El dinero ahorrado revertiría directamente en la producción de la obra de arte, cuya financiación es siempre tan difícil.
  • 8. El museo crearía redes de colaboración con otras instituciones de creación contemporánea. Se crearía así una sinergia y se evitaría duplicar esfuerzos.
  • 9. El museo no gastaría gran parte de su presupuesto en adquirir obras de los grandes maestros. Éstos se conseguirían a través de donaciones de colecciones privadas. El dinero ahorrado se destinaría a adquirir obras mucho más asequibles de artistas emergentes, quizás, los grandes artistas del futuro.
  • 10. El museo no limitaría su actividad a su espacio museístico concreto. Sus proyectos se extenderían a espacios anexos, locales abandonados para proyectos expositivos concretos o espacios públicos. Se crearía así una institución mucho más permeable, dinámica y menos anclada en los límites físicos de la institución.

DANIEL CANOGAR

El no-museo

Mi museo ideal es el no-museo. Las cosas mueren, debemos dejarlas morir. El arte contemporáneo no lo hace necesario, ya que el espacio del museo tiene límites concretos y lo contemporáneo es un tiempo sin límites. El arte actual se gestiona muy mal dentro de esta institución. Sus agentes (comisarios, directos, restauradores, vigilantes…) son cuidadores. Son roles maternos y no pueden considerarse autores. Aprendieron sus oficios en tiempos de la Academia donde pensaron el museo como un marco para conservar objetos y documentos, cuando la estrategia actual es el evento. Los objetos que conserva son objetos con poder. Pero cualquier objeto, sea o no sea artístico, es susceptible de emitir ese poder, y cualquiera puede crearlo. ¿Qué queda fuera del Museo? Los artistas estamos creando públicos y no un solo público, ni una sola memoria. Estamos en el ahora.


EULÀLIA VALLDOSERA

Aspersores que empapan todo

A los museos el espacio se les está quedando pequeño. Si hacemos un repaso para ver de dónde venimos, comprobaremos que hemos pasado (salvo honrosas excepciones) de los museos abigarrados y sin criterio del siglo XVIII a la visión historicista del siglo XIX y, de ahí, a los museos como expresión de la identidad nacional.

Actualmente, hay una vocación expansiva y reproductiva en pos de la marca-museo, lo que apoya el absurdo papel de contenedores que todavía hoy se autoasignan. Repensar el papel de los museos nos llevaría a relacionarlos con la posibilidad de llevar a cabo una labor seria y concienzuda de análisis de la sociedad en la que han crecido. Los museos tendrán que ser aspersores que empapen todo a su alrededor o se pueden convertir en entes espectaculares propulsados hacia la nada.

EUGENIO AMPUDIA

Donde la obra nos hable sin ruido

De contar con un escuálido grupito de museos de arte contemporáneo, en apenas varias décadas, hemos pasado a disponer de una flota de espacios para mostrar el arte muy considerable. Asistimos, de hecho, tras el mundialmente celebrado éxito del “efecto Guggenheim”, a una especie de gripe o pandemia contagiosa donde cada comunidad, casi siempre gobernada por políticos ambiciosos, parece obligatoriamente conducida a contar con una nueva catedral para el arte, que es parada obligatoria para el turista cinco millones, que al final es lo que parece importar hoy a los políticos y gestores de turno.

El museo es una vela encendida cuya sombra es la imagen de quien lo dirige. Debería ser el lugar que permita que la función del arte se cumpla, que la obra encuentre en ese espacio el nivel más depurado de su voz y nos hable sin distracciones y sin ruidos, acorde a las condiciones y mecanismos para los que fue ideada por el artista.

El museo ideal es un mecanismo vivo, un almacén orgánico y un laboratorio activo de doble piel: una sensible y permeable y otra piel más dura, estable y protectora de sus contenidos y capaz de reflejar el presente y visionar el futuro.

JUAN USLÉ

Colecciones imperfectas

El museo es un gran contenedor de ideologías y su trabajo más importante es el de conservar y seleccionar aquellos hechos destacables y representativos de la época por sus discursos.

Ahora bien, cómo creamos archivo es uno de los aspectos que define si un museo es eficiente en sus funciones. Destaco tres de los riesgos que observo en los actuales museos de arte contemporáneo. El primero, es la importancia de exigir a un museo mantener la integridad de la obra del artista y su espíritu de presentación. Actualmente observo muchas exposiciones donde la obra del artista está fragmentada (en su concepto), descontextualizada y agrupada en entornos, muchas veces, hostiles. La manipulación de las obras es constante y en muchas ocasiones no reflejan la trayectoria ideológica y de pensamiento del artista. Sus obras son introducidas en colectivas, donde el parafraseante convierte las piezas en fragmentos de un discurso ajeno y lo asienta como una verdad histórica imperante, por el hecho de estar reconstruido con obras de artistas considerados.

Por otra parte, creo que es peligrosa una excesiva dependencia cuando las colecciones públicas se amplían sobre todo a costa de las colecciones privadas. Hay que pensar que una colección privada está concebida bajo un gusto personal y totalmente subjetivo. Este gusto subjetivo se va a convertir en reconocimiento público y se va a transformar en una colección objetiva, a través de sus donaciones y alquileres.

Por último, es necesario que los museos se especialicen y tengan un proyecto específico. Me parece un esfuerzo absurdo y poco eficiente el museo que se repite. Echo de menos colecciones donde verdaderamente se vea la evolución de los artistas y no fragmentos, que convierten el pensamiento del artista en citas resultonas y de pensamiento fácil.

MONTSERRAT SOTO

Público y gratis

Un museo en el que sea un placer estar, un verdadero placer, debe tener por supuesto una gran colección. Pero una gran colección no es en modo alguno tener los cromos apropiados de la historia del arte; debe ser una colección que ha sido adquirida con pasión y convencimiento, una colección que transmite un modo de pensar el arte. La colección debería contener piezas raras, exquisitas, sorprendentes. Su disposición debería superar igualmente mis expectativas, no confirmarlas. Un museo debe tener una personalidad, en fin, una conversación interesante que nos haga disfrutar como nos hace disfrutar la conversación de ciertas personas: ocurrente, con humor, nunca acartonada, nunca de lugares comunes, sin miedo de ser irreverente, ácida, sarcástica incluso; completamente indiferente al buen gusto y a nociones tan soporíferas como el prestigio.

Con tales características, a mi museo ideal le daría igual el número de visitantes. Sería un museo elitista, pero para una élite que no se corresponde con ninguna clase social ni cultural existente; sería una élite creada por el propio museo, el museo crearía a su público y no el público a su museo, porque el público no sabe lo que quiere hasta que lo ve. Finalmente, este museo ideal tendría una política de publicaciones, eventos, conferencias, ciclos de cine y de teatro extraordinaria de nuevo por lo sorprendente, traería cosas desconocidas u olvidadas, piezas pequeñas pero claves, piezas que nadie pensó en recuperar hasta que llegó este museo ideal. Este museo no haría distinción de disciplinas pero no se llamaría nunca interdisciplinar, sería un lugar de alegría, soltura y espontaneidad, sin llamarse jamás lúdico ni entertaining, y tendría una gran relación con la ciudad y el barrio sin llamarse jamás popular. Sería un lugar público, y sería gratis.

DORA GARCÍA

¿Cuál es el museo ideal?, EL MUNDO / elcultural.es, 14 de mayo de 2010

Museos, tiempo de revisión

Museos, tiempo de revisión

lmgreen & Dragset: Museum, 2002. Instalación en la Fundación "la Caixa"Una noche (la del sábado 14 de mayo) y un día (el 18 de mayo) dedicados a los museos son una buena excusa para analizar el presente y el futuro de una institución que, con la crisis económica, pierde fuelle. Revisar el modelo actual es ya una necesidad. Por eso, junto a la reflexión de Miguel Fernández-Cid, ex director del CGAC, hemos pedido a seis artistas que nos describan su museo ideal. Daniel Canogar, Eulàlia Valldosera, Eugenio Ampudia, Juan Uslé, Montserrat Soto y Dora García aceptan el reto.

Dura prueba la que afronta el medio artístico español en el cierre de la primera década de siglo. El incierto futuro de ARCO, el espejismo que supone la multiplicación de ferias de planteamientos atractivos pero dependencia económica institucional, el descenso de actividad económica, el cierre de galerías, y la actual situación de inquietud en los museos e instituciones -preferentemente en los de arte contemporáneo- son síntomas de que algo ocurre.

Lo primero que queda en entredicho es la solidez de un medio que adolece en demasía de debilidad, de falta de desarrollo de fondo: tal vez tengamos la red de instituciones con la que soñamos hace dos o tres décadas, pero permanecen unos modos que no se han adaptado ni a los tiempos ni a las necesidades reales. Repasamos algunos.

Dependencia institucional

Miguel Fernández-Cid Pese a la situación económica, sigue siendo más fácil conseguir el apoyo político y económico para crear un nuevo centro que para garantizar el apoyo presupuestario al que ya está. En España, los museos tienen dependencia económica institucional: no se consiguió la complicidad del sector privado en épocas de bonanza y es difícil alcanzarlo ahora, cuando muchos patrocinadores han definido sus políticas de acción social y cultural a través de sus fundaciones.

Se han abierto interrogantes (el perfil de feria de arte contemporáneo acorde con nuestro medio, la fusión de las sociedades estatales de promoción, la acción interior y exterior desde las comunidades autónomas…), pero provocados desde fuera, sin que sean fruto de la reflexión cultural que pide un sector que asiste con cierta sorpresa a esos cambios y suele opinar ante hechos consumados. La masiva apertura de centros, con perfil internacional y ánimo de tomar el pulso a la actualidad, les resta eficacia en momentos de crisis. Los severos recortes en sus presupuestos han dejado en evidencia a quienes no supieron o no pudieron dotarse de organizaciones ágiles y equipos profesionales.

El protagonismo del Reina Sofía

Si hace años era excesiva la incidencia de las opiniones de los directores del Museo Reina Sofía o del Museo del Prado sobre la política artística del Ministerio, la llegada de Borja-Villel al MNCARS ha creado un modelo que toman como referencia desde otras instituciones. El incremento de la presencia de nuestro primer museo de arte contemporáneo en la prensa (nacional y extranjera) era necesario y es innegable pero, al coincidir con la pérdida de protagonismo de otras instituciones, se tiene la sensación de que éstas han reducido mucho su actividad.

Todos hablan de que el momento es de reflexión, de hacerse fuertes, pero los centros pierden empeño productor y se convierten en receptores, con casos alarmantes: prefieren la itinerancia, adaptar exposiciones foráneas antes que debatir las propias. Algunos proyectos pierden gas (tal vez el exceso que tuvieron en épocas de bonanza económica), otros agonizan, cae su visibilidad o se cierran. Los museos españoles necesitan las exposiciones temporales, como lo prueba el descenso de visitantes del Prado o del Thyssen-Bornemisza en los años de menor capacidad programadora.

Museo Reina Sofía | Foto de Mazintosh (Flickr)Un esquema muy repetido

Resulta preocupante la tendencia a fortalecer los departamentos de comunicación sobre los pedagógicos, con una alarmante caída en sus propuestas. En sintonía con esa idea de valorar el mensaje frente al trabajo de fondo, en los últimos años se ha puesto de moda un perfil de propuesta que aburre: al amparo de las exposiciones de tesis, se repite el esquema de título abierto (generalmente a partir de una cita poética), obras procedentes de 2 ó 3 colecciones, y un discurso que reitera un debate exterior pero con alarmante falta de argumentos.

Ante una situación como ésta, conviene definir proyectos distintos, alejarse de las guías dominantes: vuelve a ser posible ejercer la libertad desde la periferia geográfica y cultural, basta con elegir bien los proyectos. Tal vez no exista la alegría de hace unos años al plantearlos, en especial en sus costes de producción, pero ya no se nos pide un gasto extra: tenemos instituciones con fuerza y prestigio que las hace atractivas.

Fuera de España, a nuestros museos se les conoce desde otras instituciones, o desde las galerías, por sus colecciones, mientras los artistas se refieren a períodos, recordando a quienes expusieron o a quienes definían la programación. ¿Quién tiene eco fuera? Si nos fijamos en el mercado, el que más compra; si nos fijamos en la ortodoxia del momento, el que la sigue desde una institución económicamente fuerte.

Repensar el modelo

Llega el momento de revisar la historia propia: del entorno, sea de la dimensión que sea, sin caer en el localismo; de la institución, del trabajo propuesto. Analizar las colecciones, las líneas de debate y definición iniciadas, la incidencia en el medio local. Pensar de otra manera los proyectos, abrirlos. Cuesta mucho definir un proyecto, encontrar unas ideas que sirvan de nexo entre lo propio y lo contemporáneo; por eso, cuando se consigue, da pena que pierdan fuerza. Evitarlo debería ser nuestro primer empeño.

Conviene estar al tanto del futuro de un perfil de instituciones tipo MEIAC de Badajoz, Centro de la Fotografía de Salamanca, Museo Patio Herreriano de Valladolid o el CDAN de Huesca, para saber cómo respiramos realmente. Porque incidir en el exterior nos resulta cada vez más difícil: perdimos la ocasión de vincularnos con la América hispana, nuestra opción más lógica, y dejamos que nuestros artistas sigan tentando las opciones solitarias. La paradoja es que hoy nuestras instituciones necesitan apoyarse en los artistas que han salido y tienen presencia y reconocimiento exterior.

Miguel Fernández-Cid: Museos, tiempo de revisión, EL MUNDO / elcultural.es, 14 de mayo de 2010

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