Esta semana el alumnado de 1.º de Ciclo Formativo de Grado Básico ha comenzado a visitar nuestra Aula ATECA, un espacio con el que cuenta el IES Villa de Mijas desde este curso y que ya presentamos en una entrada anterior como una de las novedades más importantes para seguir impulsando la innovación tecnológica en el centro.
En esta ocasión, el grupo ha podido experimentar con un simulador de realidad virtual aplicado al montaje y mantenimiento de equipos informáticos. A través de las gafas de VR, los alumnos y alumnas han trabajado en un entorno totalmente virtual e inmersivo, donde han podido ensamblar un PC desde cero, identificar componentes, detectar errores de hardware y realizar distintas tareas de reparación y mantenimiento.
Para la mayoría ha sido su primera experiencia directa con la realidad virtual, y precisamente por eso la actividad ha tenido un valor añadido: aprender haciendo, equivocarse sin miedo, repetir procesos, observar desde dentro aquello que en una explicación teórica a veces cuesta imaginar. La tecnología, cuando se usa bien, no sustituye el aprendizaje: lo vuelve más visible, más práctico y más cercano.
La actividad ha sido desarrollada con el grupo por su tutor, José Daniel Pérez Serralvo, nuestro Dani, profesor de Instalaciones Electrotécnicas, cuya constancia y labor diaria con el alumnado de 1.º de CFGB merecen ser destacadas.
Desde el IES Villa de Mijas seguimos incorporando nuevas herramientas que conectan la formación profesional básica con los lenguajes y entornos tecnológicos actuales. El Aula ATECA nos ofrece precisamente esa posibilidad: abrir una puerta a experiencias que hace muy poco parecían lejanas y que hoy ya pueden formar parte del aprendiaje de nuestro alumnado.
En una época en que la inteligencia artificial y las nuevas tecnologías parecen dispuestas a pensarlo todo por nosotros —con desigual fortuna, dicho sea de paso—, experiencias como esta recuerdan algo elemental: la realidad virtual puede poner ante los ojos un mundo fabricado; el aula todavía conserva una posibilidad más difícil y más antigua: enseñar a mirar, a preguntarse, a inquirir a los demás y a lo real, a no conformarse con la primera respuesta. Como venía a recordar aquel profesor de Lugares comunes, educar no consiste en llenar la memoria de datos, sino en enseñar a pensar, a dudar y a formular mejores preguntas. Pero, precisamente por eso, también hay que aprender a usar las nuevas tecnologías: no para rendirse ante ellas, sino para entenderlas, dominarlas y ponerlas al servicio de algo más alto que la simple fascinación por la pantalla. Así sea.
Nos vamos dando, de nuevo, gracias a Dani por su trabajo a lo largo del curso con su alumnado.
Y con un bonus track, una última propina cultural de Adolfo Aristarain, el recientemente fallecido director de cine porteño; no se lo pierdan: el dolor de la lucidez y las preguntas básicas. Lugares comunes, palabras mayores:






































