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La marca de la identidad portuguesa

La marca de la identidad portuguesa

San Pablo (1470), de Nuno Gonçalves, propiedad del monasterio San Vicente de Fora (Lisboa).-A mediados del siglo XV Portugal se abre al mundo y a la pintura. Su arte no domina el espacio, el modelado o la perspectiva, pero cautiva con sus gestos, detalles y color. En Valladolid se exhibe este legado, que por vez primera cruza fronteras

A los portugueses les gusta decir con ironía que el único momento en el que su pintura fue mejor que la española fue la que se hizo entre mediados del siglo XV y mediados del XVI, en plena Era de los Descubrimientos. Así, en 1924, en la Guía de Portugal se afirmaba: «Nuno Gonçalves -su máximo exponente- consigue un sentimiento de lirismo noble y calmado que lo hace nuestro, y una armonía de color que funde los tonos y evita esos duros contrastes de colorido tan vulgares en la escuela española». El pasado año, sin caer en nacionalismos y con más interés en conocer las ramificaciones cosmopolitas de su pintura, el Museo de Arte Antiguo de Lisboa acogió una ambiciosísima exposición: Primitivos portugueses (1450-1550). El siglo de Nuno Gonçalves que hoy se exhibe en el Museo Nacional Colegio San Gregorio de Valladolid. En total 48 de las 160 tablas y retablos de su colección, y de iglesias o casas de misericordia de todo el país, algunas restauradas ex profeso para la muestra.

Un arte singular, bello y lleno de misterios para quienes descubran en la muestra esta faceta del vecino peninsular, porque encontrar obra lusa bajomedieval en pinacotecas extranjeras es casi una quimera. Razón de más para que San Gregorio se plantease como un ahora o nunca la ocasión de exponer Primitivos. El desplome de la economía portuguesa y sus consiguientes elecciones estuvieron a punto de arrastrarla. La persistencia de ambas instituciones, hermanadas en distintos proyectos, tuvo su recompensa y por primera vez este legado pictórico cruza las fronteras de Portugal.

«Esta pintura está muy relacionada con su identidad, por eso Primitivos se quiso celebrar en 2010, coincidiendo con el centenario de la República. Corresponde a la época en la que hicieron los primeros descubrimientos, cuando empezaron su expansión marina… Portugal, un país pequeño y en un rincón perdido de Europa, consiguió convertirse en potencia colonial con una sociedad muy próspera, muy abierta y cosmopolita y, por tanto, muy permeable a las influencias artísticas de flamencos, italianos…», explica María Barroso, directora del Museo San Gregorio y una de los tres comisarios de la muestra.

«Es un arte muy novedoso, supone una ruptura con todo el mundo medieval con una calidad muy poco frecuente. Se llama Primitivos porque es una pintura que quiere ir más lejos de lo que es capaz de dominar. No se domina el espacio, ni las leyes de la perspectiva, ni el modelado… Pero lo compensa con el cultivo de los gestos, los detalles, las miradas, la importancia del color», la describe Barroso, tan entusiasta que ha programado para este verano cine, música y teatro portugués en el museo. Con esta tosquedad termina el artista Vasco Fernandes, el gran Vasco, «un pintor ya muy seguro en el colorido, en el dibujo de las figuras y en la capacidad para componer hábilmente y con dominio del espacio, notándose ya las características fundamentales de la pintura portuguesa del periodo manuelino», dice el comisario portugués Joaquim Oliveira Caetano.

«Primitivos es una operación de desagravio, una revisión de un ciclo pictórico en el que la Historia apenas había navegado liberada de los límites del mito», define el motivo de la muestra Antonio Filipe Pimentel, el director de Arte Antigua. Por fin, mediado el XIV, Portugal se abría a la pintura -ya lo había hecho en la escultura- al tiempo que lo hacía al mundo. Sin embargo, es poco el arte de esos días que hoy se conserva. Apenas una cincuentena de tablas datan de antes de 1500 y se contabilizan solo una treintena de pintores en el siglo XV (una pequeña parte de los que realmente existieron) repartidos en tres grandes grupos regionales: sur (talleres de Évora), centro (los de Lisboa) y norte (en Viseu). José Alberto Seabra Carvalho, el tercer comisario, relaciona este nacimiento pictórico con la cercanía al «riquísimo centro cultural que era Santiago de Compostela y su catedral que derivaban imagineros y pintores hasta los límites impuestos por la ocupación árabe».

El infierno (1510-1520), de maestro desconocido.-Las relaciones comerciales entre Portugal y Flandes eran muy estrechas y eso animó al intercambio de arte. Hay un hecho al que en la pintura portuguesa se le da una gran importancia -no se sabe si real o no, pero al menos simbólica-, y es que el flamenco Van Eyck estuvo allí a principios del XV. Iba acompañando a unos príncipes, no se sabe qué hizo, pero es muy probable que su presencia allí tuviese cierto influjo. Los pintores lusos sustituyeron los fondos de oro por otros no tan planos, incluso oníricos; empezaron a contar historias en las imágenes, lejos del hieratismo medieval, y a dar una importancia enorme a los pormenores. Se detenían en minucias, como un bolsito de piel y tela estampada con hilos de oro -guiño a los talleres de bordadores, sastres u orfebres- , en el retrato microscópico de una dama junto al rosetón de una ventana gótica o en la vida cotidiana como un caballero limpiándose los dientes.

«Cuando una sociedad cultiva tanto los detalles -gracias al óleo- es que tiene tiempo para las pequeñas cosas y es optimista. Se ve también en su literatura y su cine que los portugueses tienen capacidad de concentrarse en algo concreto, con un sentido del tiempo muy dilatado», subraya la directora del San Gregorio.

La temática también es singular. Recurren a escenas del Antiguo Testamento, más que al Nuevo: la historia de la virgen, la creación del mundo, el paraíso, el infierno o las historias del pueblo judío. Aparecen también animales míticos, inexistentes, y la realidad del momento: mártires de Marruecos, expresión de que durante la expansión colonial evangelizaron, o coloridos tocados de plumas, símbolo del Amazonas conquistado.

Con el paso de los años los artistas se decantaron por la senda italiana y viajaban allí para formarse. A finales del XVI cambiaron los gustos y la madera de las tablas -castaño, más irregular que el pino- fue usada como tal, cuando no destruidas las imágenes durante la Contrarreforma. Y a esta triste merma del patrimonio contribuyó también la alteración de los patronazgos. «Se han perdido la mayoría de los eslabones que permitirían definir esta pintura; esto es, ejemplos anteriores, coetáneos o inmediatamente posteriores en número suficiente para establecer filiaciones, vínculos entre talleres, un conocimiento de los lenguajes próximos…», se lamenta Oliveira Caetano en Un siglo de pintura portuguesa. Artistas, obras, interrogantes. De este desguace general apenas se salvan el núcleo de Nuno Gonçalves, los trípticos de Santa Clara y Aveiro o las tablas de las antiguas colecciones de Reynaldo dos Santos y Espíritu Santo, que al menos al fin salen de Portugal.

Primitivos. El siglo dorado de la pintura portuguesa. 1450-1550. Museo Nacional Colegio San Gregorio. Palacio de Villena. Cadenas de San Gregorio, 1 y 2. Hasta el 2 de octubre. Valladolid. museosangregorio.mcu.es/

Elisa Silió: La marca de la identidad portuguesa, EL PAÍS / Babelia, 30 de julio de 2011

Trujillo: monumentos principales

Trujillo: monumentos principales





Mis fotos de Trujillo. Viaje de agosto del 2008. Pulse encima para agrandar.

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Palacio de la Conquista desde la Plaza Mayor (siglo XVI). Estilo renacentista.

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Estatua ecuestre en bronce de Francisco Pizarro. Obra del escultor norteamericano Charles Cary Rumsey (incios siglo XX):

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Arco de Santiago y Palacio de Chaves (siglo XVI)

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Castillo de Trujillo. Alcázar árabe del siglo IX, el segundo recinto amurallado se añade en el siglo XV.

Torre «Julia» de la Iglesia de Santa María la Mayor. Es un campanario tardorrománico (siglo XIII) reconstruido en su totalidad en el siglo XX:

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Iglesia de San Martín (siglo XVI). Gótica con elementos renacentistas.

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¡Pintor el último!

¡Pintor el último!

A la pintura aún le quedan muchas cosas por contar. Artistas como el asturiano Luis Fega, infatigable y optimista, así lo manifiestan
Uno de los cuadros del asturiano, Luis Fega

En este tiempo nuestro post-postmoderno me ha sorprendido la docilidad con la que se comporta un buen número de creadores, sobre todo jóvenes, ante el reparto de papeles de influencia decretado por los «funcionarios» que rigen el «mundo del arte». El nuevo orden lo establecen galeristas, comisarios, directores de museos y hasta críticos de alguna notoriedad.

Ellos fundan la contradicción enunciada por el Habermas de El espacio público de un arte en apariencia liberado pero bajo la nueva tiranía de los «expertos». La novedad es tanto más chocante cuanto que la inversión de papeles ha venido a romper con la mitología romántica del artista insobornable, orgulloso como genial, alimentada desde Miguel Ángel. No es mi propósito terciar en los acostumbrados perfiles de sociología barata sobre la cuestión. Porque las estrategias suelen argumentar como pretexto, al paso, sobre la extinción sin retorno de la pintura, cuando no por elevación, sobre la de la tan aventada hipótesis de la muerte del arte. En la resistencia Visito con frecuencia el estudio madrileño de Luis Fega, con quien mantengo últimamente diálogos enconados en torno a estas cuestiones.

Fega, además de uno de nuestros abstractos más sensatos y atractivos, es un intelectual informado y un dialéctico tenaz con hábitos polémicos de resistente. «Sólo cabría plantearse la muerte de la pintura –sumariza Fega– si admitiésemos una historia de la misma limitada a la reproducción de la realidad. Si fuera así, quizá podría concluirse que su itinerario evolutivo en busca de la perfección en lo representado había llegado a su final con Delacroix y los grandes maestros del naturalismo europeo del XIX». A mí no deja de parecerme original esta salida en positivo de Fega sobre el agotamiento del arte figurativo. Más problemática me resulta la extensión de su razonamiento a espacios más evanescentes del discurso histórico sobre los mecanismos emotivos del arte: «Si admitimos que el contenido está en la forma y que las emociones pictóricas son provocadas por la acción combinada de los elementos plásticos, eso nos lleva a preguntarnos si todavía son posibles aportaciones formales tras la gran eclosión creativa registrada en el siglo XX.

Yo pienso que sí, aunque mi experiencia me inclina a considerar que no es nada fácil. Pero trabajo en la confianza de que siempre será posible seguir renovando y reproduciendo las conexiones inéditas entre entendimiento y sensibilidad». Le hago observar sin éxito completo que lo que él arguye como «emociones plásticas» fruto de la acción conjunta de los «elementos pictóricos», que tanto reclamaron como específico los abstractos fundacionales, no constituye un factor diferencial y privativo de la renovación abstracta en el siglo XX. Y le recuerdo que la cosa ya la veía de esa manera el viejísimo Aristóteles en su Poética en relación a la pintura de su tiempo. Allí identificaba el placer vinculado a la «perfección de la forma» como alternativo al específico de «reconocimiento» vehiculado por la mímesis figurativa. Un argumento destinado a perpetuarse en la historia de la estética hasta sus versiones más recientes, constituido en lugar común de las frecuentadas apologías del abstracto. En buena compañía Me complace ambientar mis discusiones con Fega en la estimulante compañía de sus cuadros.

El vigor gestual, rotundo, de su pintura más veterana se ve contrapesado en los últimos meses por una serie de grandes formatos que desarrollan una pintura de pincelada corta, más comprimida, aunque no menos vibrante. Al participarle al pintor estas sensaciones sobre la conmovedora profundidad que denota el denso espesor espiritual en la mayor parte de sus obras, Fega suele corroborar, modesto, recordándome la percepción de Klee: «Si fuera así, sería que habría alcanzado alguna vez lo que me propongo. Porque las cosas no se agotan en su exterioridad. Son más de lo que nos ofrecen a la vista. Klee decía que la pintura ha de revelar cómo el objeto se amplía hacia su interior a través de nuestro conocimiento. Y pocas artes nos proporcionan esa inmediatez reveladora de la pintura, gracias a la inmediatez de su capacidad para crear mundos nuevos con una enorme economía de elementos. Ese es el sentido constante de mi experimentación madura».

Defender tan lúcidamente la legitimidad superviviente de la pintura ataja las exageraciones sobre la extinción contemporánea de la bella pintura-pintada del Moderno, presuntamente sobrepasada por la pragmática visualidad tecnológica de la pintura hoy. Sobre la insensatez excluyente y antieconómica practicada por el nuevo malthusianismo de los administradores drásticos del mercado y el museo, uno puede constatar la eficacia de tantos de los artistas modernos cotidianamente activos, incluso sin movernos de este país nuestro tan de «pintores» como me recuerda Fega. Así, repaso con él el listado de los que nos son a ambos próximos y familiares: la reciente invitación del ya clásico Canogar a la pintura pura, o la del joven Javier Riera cuando invierte los órdenes plásticos del género en sus «paisajes intervenidos».

Esto, sin perjuicio de asumir la franca acogida a la tecnología informática en la abstracción deconstructiva del consagrado Broto o de la fotográfica a lo Rauschenberg de la del gran pintor consagrable que es José Sanleón. Tecnología contemporánea aún más intensamente integrada en las imágenes fascinantes de un abstracto tan rigurosamente tal como Darío Urzay. La inquietud magistral del irrepetible Gordillo, la irreductible capacidad de riesgo al límite de Campano. Y como para poner un final arbitrario a una nómina felizmente numerosa, me recuerda Fega la exquisita pintura de Javier Grau.

La prudencia bien nutrida de Fega acostumbra a espantar a menudo la perspectiva de los radicalismos excluyentes tan al día –legitimidad necesaria del «arte visual» versus presunta caducidad insalvable de la «bella arte» pictórica–, al recordarme la limitación histórica en cualquier tiempo del número de artistas incuestionablemente sublimes; y, por tanto, su convivencia graduada con los simplemente medianos. Inconformismo leal Un ejemplo sería el de Velázquez con su suegro Pacheco o su colaborador Del Mazo: «Todo artista valioso se caracteriza por un rico mundo propio, por su originalidad y personalidad sincera. Yo lo concibo experimentando antes las emociones a transmitir. Es el inconformismo del creador de siempre junto a la novedad de una dosis inevitable de inquietud y bagaje intelectual en el caso del moderno. Todo lo opuesto a la autocomplacencia. Lo que sucede es que vivimos una época de formidable aceleración, un tiempo más propicio para la evanescencia de las imágenes virtuales. La pintura exige el sosiego minucioso de un tiempo también detenido para contemplarla».

Antonio García Berrio, Madrid: ¡Pintor el último!, ABC, 31 de julio de 2011

Más que inéditos

Más que inéditos

Detalle de la instalación de Jeroen Diepenmaat en Después del silencio.-

Este trío de exposiciones corresponde al desarrollo efectivo de los proyectos seleccionados en la décima edición de Inéditos, certamen convocado por la Obra Social de Caja Madrid y concebido para impulsar el trabajo de jóvenes comisarios, de cuya década de trayectoria se hace asimismo balance, en términos documentales, en una cuarta muestra adicional. Una iniciativa como esta, cuyo objetivo es dar paso a profesionales de última hornada que incorporen una nueva mirada generacional sobre la práctica artística de nuestro tiempo, es sin duda deudora del protagonismo exacerbado que ha ido cobrando la figura del comisario, en las décadas correspondientes al horizonte del cambio de siglo, y a la correspondiente autonomía creciente de su discurso, en detrimento a menudo de la anterior primacía de lo dictado desde la propia obra. Y, en tal sentido, parece de entrada previsible que el resultado de esos «inéditos» -o, en rigor, no tan inéditos, por cuanto, aun estando los tres justo en el arranque de la treintena, tienen ya a sus espaldas un currículo estimable- se ajuste a la postre a las querencias recurrentes, y aun a los vicios, comunes a ese estado de cosas, más que incorporar en efecto, como resultaría deseable, perspectivas de aproximación, en verdad, enteramente nuevas sobre la esfera del arte.

Con todo he de decir que el tono general de las muestras planteadas y resueltas por los tres jóvenes es sólido y eficazmente ejecutado. La más previsible, en su retórica en torno al objeto, resulta Seres inanimados, comisariada por Bárbara Rodríguez Muñoz (Madrid, 1979). Es a la par, para mi gusto, la menos equilibrada en cuanto a la elección de los trabajos, no todos ellos de equivalente solvencia. Con todo, entre otras cosas, destaca en su recorrido un conjunto de gran talla, el que documenta el muy sugerente proyecto entretejido en torno a la importación de dátiles desde Irak por el artista neoyorquino Michael Rakowitz.

Por su parte, en Alrededor es imposible, Lorenzo Sandoval (Madrid, 1980) propone un acercamiento a los comportamientos que creadores actuales establecen a partir del uso de una nueva herramienta tecnológica, la de los sistemas cartográficos desarrollados por Google. De dispar interés en las propuestas concretas, el atractivo de lo articulado responde a la diversidad de opciones y estrategias, desde la performance al diseño de juegos urbanos, que abarca su balance de las opciones que se abren en esa apropiación instrumental. Aun así, lo mejor, sin duda, resulta ser el espacio concebido por la malagueña, residente en Berlín, Regina de Miguel, que es también, paradójicamente, la artista que más se aleja de la exhibición literal de las tipologías acuñadas por Google.

Pero la sorpresa mayor es, con mucho, la impecable Después del silencio de Pedro Portellano (Oviedo, 1979). En ella ha acertado a elegir un tema, el del silencio, en efecto esencial en el curso del último siglo dentro de ese campo de la creación sonora y sus múltiples interrelaciones disciplinares con otros campos, en el que acostumbra a asentar su trabajo este joven comisario asturiano. Como ha sabido articular también su propuesta a través de una ejemplar selección de obras, todas ellas bien pertinentes, que por sí mismas y en el diálogo que entre ellas se establece en la disposición escénica de la muestra, se bastan para alcanzar a hacer transparente, desde los antecedentes germinales (Allais, Cage…) a las sugerentes inflexiones que a partir de ellos deriva, toda la riqueza de claves contenida en el discurso concebido para el proyecto. Memorable, por ejemplo, es el triángulo de complicidades que se establece entre la 4’33» de Cage y las piezas audiovisuales de Paik y de Boer. En fin, todo un logro, propio de un comisario mucho más curtido, de largo, de lo que el eventual calificativo de inédito vendría a sugerir.

Inéditos 2011. La Casa Encendida. Ronda de Valencia, 2. Madrid. Hasta el 11 de septiembre



Fernando Huici March: Más que inéditos, EL PAÍS / Babelia, 30 de julio de 2011
Entre el ojo y lo mirado

Entre el ojo y lo mirado

Mehri, Zarin Series (2005), de Shirin Neshat.-Ahondar en el concepto del espacio intermedio, acuñado por el filósofo francés Jacques Rancière, es el punto de partida de la muestra que puede verse en el MACUF de A Coruña. Más allá del pretexto elegido para agrupar las obras de un puñado de artistas de inquietudes y trayectoria muy diversa, lo más interesante es poder admirar un buen número de piezas que nos acercan al universo creativo de artistas tan reconocidos como la iraní Shirin Neshat, la egipcia Ghada Amer o el malagueño Rogelio López Cuenca.

Los comisarios Mónica Maneiro y David Barro plantean una reflexión sobre la existencia de un espacio intermedio entre el espectador y la obra de arte en el que precisamente habita el arte contemporáneo. Cada uno de los artistas que participan en la muestra incluyen conceptos en sus piezas que permitirían reforzar esta conclusión. Además de los ya citados, también están presentes el gallego Rubén Ramos Balsa y el iraní Rheza Farkhondeh.

El poder de fascinación que conserva la imagen se hace patente en las piezas de Shirin Neshat. La artista logra atraer al espectador por la belleza estética de sus fotografías y vídeos, pero, al mismo tiempo, plantea en ellos cuestiones tan importantes como la religión o el papel de la mujer en el mundo árabe. Las referencias a su condición de emigrante (reside desde muy joven en Estados Unidos) también aparece en sus fotografías y vídeos, llenas de símbolos de espacios de huida: desiertos, el mar, etcétera.

La tensión entre el universo masculino y femenino que aparece en la obra de Neshat también está presente en los dibujos realizados conjuntamente por Ghada Amer y Rheza Farkhondeh. Los dibujos de mujeres tomados del lenguaje de la pornografía y pasados por el tamiz de Amer y los jardines dibujados por Farkhondeh conviven en forma de díptico o superposición en un mismo cuadro.

Por su parte, Rogelio López Cuenca es el artista en quien puede verse más claramente las huellas de la filosofía de Rancière, quien defiende la necesidad de que el arte reimplante su componente política para conseguir liberarse de las imposiciones del mercado. López Cuenca investiga en el espacio intermedio existente entre las imágenes y los símbolos y crea un gran archivo de imágenes que utiliza para cuestionar el valor que solemos atribuir a las mismas y para ofrecer una visión crítica de los acontecimientos actuales.

El espacio intermedio. Museo de Arte Contemporáneo Unión Fenosa (MACUF). Avenida de Arteixo, 171. A Coruña. Hasta el 15 de octubre



José Luis Estévez: Entre el ojo y lo mirado, EL PAÍS / Babelia, 30 de julio de 2011
Salamanca: Convento de San Esteban

Salamanca: Convento de San Esteban


http://www.profesorfrancisco.es/2010/08/mis-mejores-fotos.html  
MIS FOTOS DE SALAMANCA. Viaje de abril del 2006. Pulse encima para agrandar.

Convento dominico de San Esteban. Estilo gótico/renacentista, Juan de Álava inicia la construcción en el siglo XVI y la termina Rodrigo Gil de Hontañón en el siglo XVII
Fachada plateresca:

Claustro de los Reyes:

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Retablo barroco de José de Churriguera:

 

 
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Coro:

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Salamanca: Universidad

Salamanca: Universidad


http://www.profesorfrancisco.es/2010/08/mis-mejores-fotos.html  
MIS FOTOS DE SALAMANCA. Viaje de abril del 2006. Pulse encima para agrandar.

Universidad de Salamanca. Fundada por Alfonso IX en el siglo XIII. Fachada plateresca del siglo XVI.
Fachada plateresca del s.XVI


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Estatua de Frai Luis de León


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Puerta del rectorado:

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