GEOCRONOS Blog

Proxectoterra: O lugar no que vivimos

Proxectoterra: O lugar no que vivimos

O Colexio Oficial de Arquitectos de Galicia dentro da programación do Proxectoterra e en colaboración co CFR de Lugo organiza a actividade O lugar no que vivimos dirixida a profesorado de educación primaria. Dita actividade desenvolverase o 17, 18 e…

Altamira, una guerra microscópica

Altamira, una guerra microscópica

Pulsar para ampliar la imagenLa cueva de Altamira seguirá cerrada, en principio, dos años más. El informe de 2009 del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC), que alertaba del peligro de las visitas para las milenarias pinturas de la gruta, ha sido decisivo para mantener su clausura.

Sin embargo, la impaciencia de los políticos cántabros, con su presidente Miguel Ángel Revilla al frente, llevó esta semana al Patronato de Altamira a apartar al CSIC de las investigaciones y buscar el dictamen de un grupo internacional de expertos, que se constituirá antes del próximo mes de abril y que deberá establecer un régimen controlado de visitas que al mismo tiempo garantice la conservación de los bisontes.

Sergio Sánchez-Moral es el director de la última investigación del CSIC. Entró por primera vez en Altamira en 1993 y desde entonces ha estudiado las condiciones ambientales de la cavidad al milímetro. «Cuando nos piden visitas experimentales para ver cómo afectan a la cueva, es absurdo, porque eso se sabe más que de sobra, está estudiado hasta la saciedad. Hay hasta una tesis doctoral sobre el tema», explica el geólogo en su despacho del Museo de Ciencias Naturales de Madrid.

Su trabajo en la cueva durante la última década le ha llevado a constatar dos evidencias: la situación en la sala de polícromos ha mejorado mucho, pero sigue siendo muy delicada. Las colonias de bacterias que provocaron las manchas verdes que levantaron la voz de alarma en 2002 se han reducido, lo que no significa que las bacterias hayan desaparecido. Es más, son necesarias «para mantener a raya a los hongos. El problema es que si matas a todas las bacterias se te puede hacer fuerte el hongo. Y hay hongos que proliferan y se te meten en el pigmento, y luego no lo puedes quitar, porque está metido en la pintura», analiza el científico.

El equipo llegó a esta conclusión después de que en 2007 introdujeran roca estéril, sin bacterias, en la cueva. «Al instalarlas ahí, los hongos se hacen con la roca en un momento. Nos dimos cuenta de que el problema era mucho peor de lo que parecía. Teníamos que hacer campañas de microbiología para ver lo que flotaba en el aire y fotografiar los techos para observar cómo proliferan las colonias de bacterias. Nos preguntamos si en los sustratos que no hay colonias habría bacterias. Empezamos a medir y… ¡estaban llenos!», exclama.

El principal problema es que mientras las bacterias empiezan a colonizar un ambiente no son perceptibles al ojo humano, por lo que su crecimiento es difícil de controlar. «Entran en una fase de estabilidad. Aumentan poco a poco y durante un tiempo se fortalecen, se van haciendo con el ambiente. Pero en un momento determinado hay una fase de proliferación y el crecimiento experimenta una fuerte subida de golpe. Y ahí ya ves las manchas en la cueva», sostiene Sánchez-Moral.

Detener el avance o matar

Los trabajos del CSIC han dado sus frutos y han logrado detener la proliferación de las colonias. «Ha disminuido la actividad metabólica de las bacterias, lo que es muy bueno. Y otra cosa que pasa es que están aumentando las proteínas, porque las bacterias se ahogan y buscan alimento. Yo ahora mismo no sé matar a esas bacterias, pero creemos saber cómo hacer para que no proliferen», subraya el geólogo.

A esto hay que añadir la fragilidad de la cueva, que se encuentra en estado senil. Ya cuando entró el investigador Hugo Obermaier a principios de siglo XX para hacer excavaciones arqueológicas se le cayeron varios bloques al lado, de ahí que se tuvieran que hacer obras de sujección. Además, la entrada de la cueva, conocida como la sala de la cocina, «está destrozada microambientalmente, con colonias de todos los tipos. Nuestro primer objetivo fue que esas bacterias no pasasen a la sala de polícromos. De ahí la instalación de un segundo cierre, justo después de la sala de la cocina, que ha reducido mucho la transmisión», expone Sánchez-Moral.

La sala de polícromos cuenta, no obstante, con dos condiciones naturales a su favor, que son el motivo por el cual las pinturas siguen allí después de miles de años. «Es un milagro, por eso hay sólo tres o cuatro en el mundo. La suerte que tiene la sala de polícromos es que por su configuración hay una parte donde no entra en circulación el aire, y es donde están los bisontes. Además, tiene encima una capa de piedra muy impermeable que desvía el agua hacia los lados. Ese es el motivo de que no haya estalactitas y por eso el señor que pintaba lo hacía allí», cuenta Sánchez-Moral.

La cueva, un ser vivo

Vista desde los ojos de un científico, una cueva deja de ser una cueva y se convierte en un ser vivo que sufre, responde, se recupera e incluso respira. El equipo del CSIC viajaba, como mínimo, una vez cada dos meses a la cueva para recoger los datos almacenados en los equipos de monitorización. También llevaron a cabo jornadas de medición de 24 horas, ininterrumpidamente. «Eran pruebas para ver cómo respira la cueva. Se pincha en el prado de encima una serie de tubos y se meten otros tubos en diferentes puntos de la cueva, desde fuera. Bombeamos aire de la cueva y vemos cómo se comporta el aire. Esto te permite saber en qué momentos no puedes abrirla».

Sergio Sánchez-Moral alerta sobre el peligro que las visitas tienen para las pinturas en este momento, pero en ningún caso es pesimista sobre la posibilidad de abrir la cueva en el futuro. Y pone un ejemplo: «En el año 90 se tomó una muestra de la pata de un bisonte para datar las pinturas. Se cogió pigmento del bisonte, que no vas a volver a poner. Pues bien, en 1990 se cogieron 20 miligramos, mientras que en 1980 la cantidad necesaria era de 1.000 miligramos. En 2010 sólo harían falta entre uno y dos miligramos. Y con paciencia, igual ni siquiera hay que tomar una muestra. ¿Va a poder entrar gente? Yo creo que sí, porque la ciencia avanza y a día de hoy las cosas están yendo mejor».

En 2011, el estudio quedará en manos de expertos internacionales. «En Europa hay poca gente que se dedique a esto de la forma en la que nosotros lo hacemos, pero claro, si quieren abrirla tendrán que llamar a otros», concluye Sánchez-Moral. La reapertura, por tanto, se retrasa al menos dos años. Una minucia al lado de los 15.000 años que llevan allí los bisontes.

Jesús Miguel Marcos, Madrid: Altamira, una guerra microscópica, Público, 19 de diciembre de 2010

La Gaceta

La Gaceta

La Gaceta, revista de la Consejería de Educación, publica en su último número un artículo sobre el espacio web que EDUCAREX pone a disposición de los profesores.Ya sabes que puedes consultar mi página en http://www.educarex.es/web/sociales1

Un retrato de Felipe IV del Met, atribuido de nuevo a Velázquez

Un retrato de Felipe IV del Met, atribuido de nuevo a Velázquez

Retrato de Felipe IV, de Diego Velázquez (1624). Imagen de la página web del Metropolitan Museum of Arts-El retrato de Felipe IV es atribuido de nuevo al pintor español, 37 años después de que el Metropolitan Museum of Art cometiera un error sobre su autoría

Este cuadro, retrato de Felipe IV, pintado en 1624 por el maestro español y de 2,10 metros de altura, llevaba 60 años exponiéndose en el Metropolitan Museum of Art cuando, en 1974, alguien analizó el cuadro y dio un disgusto al museo: no era de Diego Velázquez. El lienzo mostraba a un joven monarca, de 18 años de edad, de negro riguroso y capa, barbilampiño, sin duda realizado en el taller del sevillano. Pero la tosquedad de algunos detalles hacía pensar que no podía atribuirse al artista que supo pintar el aire. Eso argumentaron entonces, pero se equivocaron, y la obra vuelve hoy a ser expuesta.

El presidente del centro para obras europeas, Keith Christiansen, es el primero en celebrar la recuperación. «Es la restitución de un trabajo de Velázquez muy importante», asegura a The New York Times Además, la pérdida y posterior recuperación de la firma de Velázquez es algo que ya había ocurrido en el museo neoyorquino con Retrato de un hombre. Le da la razón la mayor autoridad en EE UU sobre el pintor, Jonathan Brown. «Estoy sorprendido», cuanta al mismo periódico. «A pesar de que ha sufrido daños, sigue siendo un Velázquez»

El retrato del joven monarca perdió su categoría en una de las investigaciones del centro, en la que también cayeron otras 299 obras atribuidas a, entre otros, El Greco, Vermeer o Rembrandt. Pero el caso del este retrato fue especialmente clamoroso debido a que el MET conservaba el recibo de pago firmado por el propio Velázquez y que datada el 4 de diciembre de 1624.

La pista está en el Prado

Ha sido el responsable de las tareas de conservación, Michael Gallagher, quien pidió echarle un vistazo, ya que había estado trabajando con un lienzo similar. A pesar de las dudas, había que asegurarse bien antes de anunciar nada: la pérdida y posterior recuperación de la firma de Velázquez es algo que ya había ocurrido en el museo con Retrato de un hombre. Pero los indicios eran claros. Y la historia del cuadro ayuda a entender lo ocurrido: fue restaurado en 1911, cuando era propiedad de Joseph Duveen, un marchante legendario conocido por pedir a los restauradores que repintaran los cuadros para venderlos más fácilmente. Los excesos de aquellos retoques terminaron por hacer difícil distinguir la autoría del lienzo.

La técnica, por suerte, avanza. «Los rayos X nos dieron pistas», explica Gallagher. La restauración, que ha durado un año, demostró numerosas pérdidas del material original sobre todo en la parte alta del cuadro, ya que el negro es el color más vulnerable a las limpiezas cáusticas que eran aplicadas «de manera no infrecuente a principios del siglo XX», según el conservador; de este modo no quedaba rastro de un ojo del monarca; Y así, cuando fueron recuperando el sustrato original del cuadro, los detalles que emergieron en la composición, como la cabeza fuertemente caracterizada, el tratamiento de la luz en los pliegues del cuello de la camisa, la elaborada cadena de oro, los pliegues de la ropa, el grado de detalle de las manos delicadas, o la caída de las ropas daban fe de la autoría de la obra.

Un viaje al Museo del Prado de un equipo encabezado por Gallagher confirmó el error. Tras una obra algo posterior, también retrato del Rey Planeta, de nuevo los rayos X dejaron ver una composición oculta muy similar, que ahora los expertos piensan que debió servir de original para la obra del Met. Hoy se resarce un error que apunto estuvo de ser irresoluble, como explica el propio restaurador: «Creía que aquello iba a estar infestado de gusanos».

Detalle de la mano, antes de la restauración Detalle de la mano derecha, después de la restauración

EFE / EL País: Madrid: Tras los brochazos estaba Velázquez, EL PAÍS, 21 de diciembre de 2010
Un retrato de Felipe IV del Met, atribuido de nuevo a Velázquez, hoyesarte.com, 21 de Diciembre de 2010
EFE, Nueva York: Velázquez ‘recupera’ la autoría del retrato de Felipe IV del Metropolitan,
EL MUNDO, 21 de diciembre de 2010
Descripción general de privacidad

Este sitio web utiliza cookies para que podamos brindarle la mejor experiencia de usuario posible. La información de las cookies se almacena en su navegador y realiza funciones como reconocerlo cuando regresa a nuestro sitio web y ayudar a nuestro equipo a comprender qué secciones del sitio web le resultan más interesantes y útiles.