GEOCRONOS Blog

LA YECLA REBOSANTE DE AGUA

LA YECLA REBOSANTE DE AGUA

Ya hemos hablado en este blog de la Yecla, un cañón calizo casi de bolsillo, pequeño pero verdaderamente espectacular. Hoy quiero poneros un vídeo propio de 2013. Aquella primavera fue especialmente lluviosa y el río venía cargado de agua (de color rojizo provocado por todos los sedimentos arcillosos que arrastraba). Con él os podéis hacer […]

Guerra de la Independencia. Juego de preguntas.

Guerra de la Independencia. Juego de preguntas.

Elaborado en MyStudiyo, es una herramienta de la web2.0 que permite crear tus propios cuestionarios. Los alumnos pueden repasar, recordar datos, competir…etc  Se pueden colocar imágenes, videos…etc y es muy intuitivo. El jugador ve aciertos-errores y puntuación….las preguntas pueden tener distintas puntuaciones -incluso negativas- 
¿Te atreves?

<p><p><p><a href=»http://www.mystudiyo.com/act132354/mini/go/guerra_independencia»>guerra_independencia</a></p></p></p>

Pérez Villén: «El arte en Córdoba está peor que nunca»

Pérez Villén: «El arte en Córdoba está peor que nunca»

Dos años de trabajo han dado como resultado la exposición 60 años de arte contemporáneo en Córdoba, con cinco sedes, 119 artistas y 229 obras, visitable hasta el próximo febrero. Su comisario es el crítico de arte y profesor Ángel Luis Pérez Villén. 

-¿Cambiará este proyecto la percepción de lo que ha sido la modernidad en Córdoba? 

-No sé si eso se llegará a producir, será el tiempo el que lo diga; lo que sí resulta evidente es que a la hora de fijar la recepción de la contemporaneidad en Córdoba nos hemos ido hacia atrás, del año 57 al 53. Gracias a la exposición me he dado cuenta de que no hay que esperar al año 57 para decir que en Córdoba vivimos la experiencia de la modernidad o la contemporaneidad. 

-A la hora de valorar el impacto de la modernidad en Córdoba, ¿qué rasgos principales hay que tener en cuenta? 

-Hay que valorar fundamentalmente el hecho de que haya habido una serie de personas e instituciones que han apostado por la modernidad a lo largo de estos 60 años. Las primeras que se pueden situar en esa senda son Fernando Carbonell a través del Círculo de la Amistad, Rafael de La-Hoz, que fue quien organizó la exposición del 53 en el Círculo, y los colaboradores que tuvo, Carlos Pascual de Lara y Antonio Povedano. Es un hito que está ahí, pero después la institución, el Círculo, de alguna manera ha ido manteniendo viva, como el Guadiana, esa llama o ese compromiso con la modernidad a lo largo del tiempo. No podemos olvidar que Povedano programa durante un tiempo las exposiciones del Círculo y que Equipo 57 reacondiciona un espacio expositivo, la sala Céspedes, a principios de los 60, y otras actividades que tienen que ver con esta institución como la programación de cine sobre todo en los 70. Eso respecto a las personas que están en el momento germinal en que se basa la exposición. Posteriormente hay otra serie de personas y colectivos que mantienen lazos con la modernidad, pero son más difíciles de hilvanar porque se trata de experiencias más esporádicas, no existe un aglutinante. Hay momentos, hitos en cuanto a sistemas de trabajo o de gestión como el Salón Córdoba en el año 64, una iniciativa de artistas que quieren tomar las riendas de la exhibición del arte y se convierten en un colectivo que organiza su propia exposición. 

-¿Cómo ha sido el desarrollo del proyecto desde sus formulaciones iniciales y qué criterios han regido la selección de artistas? 

-En un principio el proyecto trata de vincular a todos aquellos artistas que de alguna manera, a lo largo de su trayectoria, han mantenido un contacto o un compromiso con la contemporaneidad, hilvanarlos y presentarlos en un contexto y celebrar que llevamos 60 años de arte contemporáneo en la ciudad. Pero me di cuenta de que esa tesis no servía para desarrollar un discurso expositivo en el que hubiera un relato que contar como me ha ocurrido otras veces cuando he organizado exposiciones: no era un argumento suficiente. Pensé que era conveniente cambiar el planteamiento, abrirlo a todos aquellos artistas cuya presencia o la de sus obras en la ciudad haya sido un hecho innegable. Y casi se duplicó la nómina de artistas. Hemos intentado adecuar los espacios expositivos de la ciudad a este planteamiento y darle un poco de coherencia y de sentido a lo que en principio no tiene sentido, que es lo que hacemos los historiadores: ubicar hechos y secuencias históricas en contextos definidos por un sentido. Planteo cinco exposiciones que tienen que ver con tendencias, y en cada una trato de que haya distintas generaciones de artistas. Todo eso mezclado da lugar a cinco propuestas concretas en las que los artistas están porque tienen una cierta adscripción a una tendencia determinada o porque desarrollan su obra a partir de la recepción de la posmodernidad. Es un planteamiento abierto; por ejemplo, que Juan Vacas esté en el apartado de abstracciones no quiere decir que sea un fotógrafo abstracto: él realizaba cualquier tipo de fotografía. Pero me permito licencias y lo he incluido en esta sección porque pensé que su propuesta abstracta era muy singular dentro de la fotografía. Hay otros muchos casos de artistas que podrían haber estado en otra sección. 

-¿Qué impacto tuvo en aquella Córdoba de los primeros años 50 la exposición del Círculo? 

-El impacto inmediato, el que se recoge en la prensa, es algo digno de estudio. La exposición se hace dos años después de la primera Bienal de Arte Hispanoamericano, desarrollada en Madrid en 1951 y que para la historiografía española supone uno de los primeros momentos en que el régimen franquista abre un poco la ventana para que se renueve el lenguaje de la plástica contemporánea en el país. Con dos años de diferencia, Córdoba se une a este tipo de iniciativas, desde una institución privada como el Círculo de la Amistad. En la inauguración estuvieron presentes las fuerzas vivas, la Iglesia, el gobernador, los cargos que tenían que estar. Son dos realidades muy distintas, por un lado el régimen oficial sancionando una exposición de arte contemporáneo y por otro la gente de la calle que va a verla y se queda anonadada. Fue un revulsivo para la ciudad. 

-Ya se hablaba en aquella década de un museo de arte contemporáneo en Córdoba que nunca llegó… 

-En los años 70 se retomó la idea. Ha habido varios momentos, uno de ellos a través de una serie de colectivos que querían impulsar un museo de arte contemporáneo en el edificio del hospital del Cardenal Salazar, antes de que se destinara a colegio universitario de la Facultad de Filosofía y Letras. No prosperó y cayó en el olvido. 

-En la recepción de la modernidad, ¿qué papel ha representado Córdoba en el contexto andaluz? 

-Es difícil de determinar. No existe una clase artística, una serie de colectivos que hayan permeado este tipo de situaciones que se puedan ver en otros contextos. Lo que ocurre en la Córdoba de los 50, esa sinergia entre algunas instituciones, proyectos y personas o colectivos, no se mantiene después. Y eso no se puede contextualizar en el ámbito andaluz porque tampoco existen experiencias o situaciones que sean tan significativas. 

-De las distintas tendencias que se vinculan al arte contemporáneo, ¿en cuál o cuáles han alcanzado los artistas cordobeses un desarrollo más relevante? 

-Es complicado hablar de tendencias. Cuando yo planteo esta exposición, me doy cuenta de que resulta fácil encajonar a algunos artistas en la tendencia de los realismos, por ejemplo, o la abstracción, pero se trata de tendencias o conjeturas que tienen más que ver con el siglo XX que con el final del XX y el principio del XXI. Desde la posmodernidad es muy difícil hablar de tendencias y de estilos, porque lo tenemos muy cerca o porque no hay una cohesión en torno a ellos, sino ondas o modas que son muy rápidas y que hacen muy difícil aglutinar a una serie de artistas en torno a una tendencia o trazar un contorno en torno a maneras de trabajar o estilemas. De hecho, la exposición de Vimcorsa no es de tendencia sino que gira en torno al cambio de paradigma de los años 70 y principios de los 80. 

-¿En qué momento se encuentra el arte en Córdoba? 

-Creo que el arte en Córdoba está peor que nunca, tanto en infraestructura expositiva como en compromiso. Supongo que es un problema coyuntural que tiene que ver con la crisis económica que estamos sufriendo. Creo que hemos cambiado a peor. Me gustaría que pensásemos en las circunstancias en cuanto a infraestructura expositiva que presenta la ciudad. Hay cosas realmente sangrantes: que haya espacios que se han creado ex profeso para la investigación, la difusión y la exhibición y que sigan cerrados… Me parece vergonzoso. Y que instituciones que han venido desarrollando un apoyo decidido, continuado y cohesionado al arte contemporáneo estén languideciendo… Mi visión es bastante pesimista, pero espero que salgamos de la crisis y retomemos un poco el vuelo.
http://www.eldiadecordoba.es/article/ocio/1911772/arte/cordoba/esta/peor/nunca.html
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Fotocolectania reivindica el documentalismo gráfico de los 70 en España

Fotocolectania reivindica el documentalismo gráfico de los 70 en España

Salcedo, una parroquia del municipio de Pontevedra, en 1977
Anna Turbau: Salcedo, una parroquia del municipio de Pontevedra, en 1977
A mediados de los 70, el país se hallaba sumido en la transición, una época de cambios políticos y sociales que una serie de fotógrafos se dedicaron a plasmar desde un punto de vista personal e innovador: con una mirada mucho más directa y franca que la de sus predecesores -autores de un trabajo más idealizado-; y con un uso consciente de la imagen como herramienta para mostrar la realidad. Una realidad que estaba cambiando o desapareciendo sobre todo en el ámbito rural y allí, a esos espacios en plena transformación, es hacia donde dirigieron sus objetivos Koldo Chamorro, Cristina García Rodero, Cristóbal Hara, Fernando Herráez, Anna Turbau y Ramón Zabalza. Una generación de artistas que en su momento tuvo cierto reconocimiento pero que luego cayó en el olvido, y que ahora Cristina Zelich reivindica en Tan lejos, tan cerca, la exposición de la Fundación Fotocolectania que revisa el documentalismo fotográfico en la España de los 70.
Cristina García Rodero: 'El danzante azul', tomada en 1980 en El Hito (Cuenca)
Cristina García Rodero: ‘El danzante azul’,
tomada en 1980 en El Hito (Cuenca)

Seis profesionales de la fotografía documental que no pertenecieron a un grupo -«no compartían un programa común y tenían cada uno su propio lenguaje», apunta Zelich- pero que en un momento dado coincidieron en los lugares y temas a fotografiar: fiestas populares, ritos, tradiciones y culturas marginales. Cosas que entonces «estaban en la plenitud de los cambios», apunta Turbau. Y cosas que ahora serían imposibles de retratar. Tomar una imagen como la que captó García Rodero de la precesión de Bercianos de Aliste en la actualidad no es imaginable: «Hay una masa de fotógrafos y gente», afirma Zelich, en la foto de García Rodero, los cofrades están solos. «Ahora, para mostrar lo que está cambiando, los fotógrafos tendrían que ir a otros paisajes, quizá a los del 15-M», resume Turbau para explicar el cometido que guió los pasos de estos seis profesionales hacia las comunidades rurales.

A la Galicia más caciquil fue a parar Turbau: «Una sociedad rural que me impactó y me abrió las puertas para contar sus sentimientos», dice. Confianza, en este caso de los gitanos, de la que también gozó Ramón Zabalza para realizar Imágenes gitanas, una enorme obra en la que invirtió muchos años. Y es que otra de las características del trabajo de estos fotógrafos es su planteamiento a largo plazo de los proyectos, series que no respondían a encargos sino a intereses personales. Y trabajos con títulos como España oculta España mágica. Una España que no era ni oculta ni mágica para sus protagonistas pero que sí que era desconocida y sorprendente para quienes se dedicaron a fotografiarla.

Ramón Zabalza: Fotografía del distrito de San Blas, en Madrid, en 1973
Ramón Zabalza: Fotografía del distrito de San Blas, en Madrid, en 1973
Koldo Chamorro: Una de las instantáneas de la serie 'España mágica', (1982)
Koldo Chamorro: Una de las instantáneas de la serie ‘España mágica’, (1982)
Natalia Farré, Barcelona: La generación perdida, El Periódico, 22 de diciembre de 2014

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Los mejores proyectos arquitectónicos españoles de 2014

Los mejores proyectos arquitectónicos españoles de 2014

Destacamos una selección de edificios reconocidos durante este año, que marcan diferentes formas de hacer, reflejando aspectos sólidos del panorama arquitectónico español
1. Centro de Conservación y Restauración de la Filmoteca Española (Pozuelo, Madrid), de Víctor López-Cotelo
JOSÉ RAMÓN LADRA
JOSÉ RAMÓN LADRA
Un gran cuerpo de tamaño industrial aglutina la pluralidad de funciones desempeñadas por Filmoteca Española –hasta ahora diseminadas en diferentes sedes−. López Cotelo resuelve este complejo proyecto, tanto en lo concerniente a la definición de su presencia dentro del contexto de un parque empresarial como a la articulación de un programa que integra varios usos, dando una lección de rigor y eficiencia que tiene al individuo y su experiencia de la arquitectura como fin esencial.
2. Casa Chao (Corcubión, La Coruña), de Creus e Carrasco Arquitectos
HÉCTOR SANTOS-DÍEZ
HÉCTOR SANTOS-DÍEZ
Proyecto de reconstrucción de una pequeña edificación que acogía anteriormente una casa y un bar, y que se encontraba en estado de deterioro. La intervención planteada por Creus e Carrasco ha tenido como eje respetar y renovar, en un diálogo con materiales contemporáneos, los aspectos tradicionales de la arquitectura y el paisaje del lugar, introduciendo sensiblemente una serie de mejoras dentro del escenario urbano y definiendo un programa de uso doméstico para esa estructura abandonada.

3. Viviendas para universitarios (Sant Cugat, Barcelona), de Harquitectes 
ADRIÀ GOULA
ADRIÀ GOULA
Próxima a la sede de la Escuela de Arquitectura del Vallès, la nueva residencia de estudiantes consta de dos bloques de planta baja y pisos paralelos a la calle, con un gran atrio central. Para simplificar y abaratar la construcción, se ha optado por utilizar módulos prefabricados de hormigón que permiten una construcción en seco. Tanto los módulos como los acabados son desmontables y reciclables y el edificio tiene una demanda energética notablemente inferior a la de uno estándar.

4. Espacio de arte contemporáneo en un antiguo convento de Madre de Dios (Sevilla), de SOL89/Juan José López de la Cruz, María González García
FERNANDO ALDA
FERNANDO ALDA
SOL89 han asumido este trabajo de conversión de la estructura de un convento del siglo XV en una sala de creación y exposición de arte contemporáneo como una secuencia dentro de un largo proceso cronológico de transformación arquitectónica. La voluntad de lograr un espacio de naturaleza cambiante, no estática, lleva a comprender de partida este trabajo más como instalación artística que como intervención arquitectónica. Se preserva y dota de significado a las marcas del tiempo que persisten en la estructura.

5. Renovación del Rijksmuseum de Ámsterdam, de Cruz y Ortiz Arquitectos
CRUZ Y ORTIZ ARQUITECTOS
CRUZ Y ORTIZ ARQUITECTOS
Seguramente, uno de los proyectos internacionales realizado por arquitectos españoles más crucial de los últimos años. Un mesurado y delicado trabajo de yuxtaposición con el majestuoso edificio original, diseñado en el siglo XIX por Pierre Cuypers, distingue la intervención que Cruz y Ortiz han llevado a cabo para renovar la sede del Rijksmuseum, otorgando a sus espacios y elementos una nueva lógica y orden, como una nueva capa en el tiempo, añadir una capa contemporánea de una forma claramente evidente y carente de complicaciones, evitando culminar en una renovación narrativa o historicista. Las obras de renovación se iniciaron en 2003, prologándose durante una década. Durante este año han concluido definitivamente las obras con la inauguración de la Philips Wing.

Fredy Massad, Barcelona: Los mejores proyectos arquitectónicos españoles de 2014, ABC, 21 de diciembre de 2014
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Berlín, entre la vida y la muerte

Berlín, entre la vida y la muerte

«Berlín era una caldera encendida. No se veía quién echaba leña en aquella caldera; solamente sentíamos el alegre crepitar del fuego y un calor cada vez más intenso». Así describía el artista alemán George Grosz (Berlín, 1893-1959) el ambiente social del Berlín de la República de Weimar, el periodo de entreguerras previo a 1933. Hablaba de algo que conocía muy bien; no en vano de sus pinceles había surgido, en 1917, una inquietante Metrópolis que, en plena I Guerra Mundial, denunciaba la deshumanización de las grandes urbes y la atmósfera violenta de aquellos años.
Tres homenajes a la ciudad de Berlín. (De izda a dcha) 'La Dama de Malva', de Lyonel Feininger; 'Calle con buscona de rojo', de Ernest Ludwig Kirchner, y 'Escena callejera', de George Grosz
Tres homenajes a la ciudad de Berlín. (De izda a dcha) ‘La Dama de Malva’, de Lyonel Feininger; ‘Calle con buscona de rojo’, de Ernest Ludwig Kirchner, y ‘Escena callejera’, de George Grosz
Como tantas otras veces, la crisis social y económica de aquellos años convivió con un extraordinario auge de la creatividad artística. Aquel Berlín destruido por la derrota alemana de 1918 sería el escenario de una escena cultural de enorme vitalidad, y es esa plenitud creativa en tiempos difíciles lo que celebra ahora el Museo Thyssen-Bornemisza con un montaje de obras de su colección. Organizada con motivo de la conmemoración de la caída del Muro de Berlín hace ya 25 años, Calles y rostros de Berlín reúne un total de 18 obras estructuradas en dos secciones.
'Metrópolis', de George Grosz
‘Metrópolis’, de George Grosz
La primera está consagrada a la vorágine urbana de una ciudad que sus habitantes retrataron bajo el prisma de las vanguardias. El expresionismo de Kirchner (Calle con buscona de rojo, 1914-1925) se adentra en la bohemia callejera, mientras Grosz experimenta con el humor y la crítica social en pinturas, collages y dibujos dotados de una aguda capacidad de denuncia. Encontramos la emblemática Metrópolisy obras expuestas con menos frecuencia, como la acuarela Tertulia(1928-1930). La influencia de la deconstrucción cubista y la frialdad futurista quedan patentes en las perspectivas distorsionadas de Meidner (La casa de la esquina, 1913) o Feininger, autor de pinturas que plasman el vértigo y el abigarramiento de las ciudades modernas. Junto a sus rascacielos, las casas campestres de Johannes Ritten (Grupo de casas en primavera, 1916) apuntan la necesidad de una salida al caos urbano.
Ese deseo de un arte más equilibrado tendría su reflejo en la Neue Sachlichkeit (Nueva Objetividad), un movimiento que dominó la pintura alemana de los años 20, y que aquí se encuentra representado por un interesantísimo conjunto de retratos. El más célebre es el de Hugo Erfurth con perro (1926), que Otto Dix pintó con la antigua técnica del temple sobre madera. Hay oscuridad en estos rostros: el retrato entre tinieblas del pintor A. M. Tränkler que Albert Henrich presentó en 1926 es un buen ejemplo de una depuración formal que, en el Doble retrato de Hilde II (1929) de Karl Hubbuch, se convierte en diagnóstico social. La posición de desamparo de la protagonista contrasta con su porte elegante y con la silla de tubos de aluminio donde se halla sentada, y que nos recuerda que durante la República de Weimar surgió la muy avanzada escuela de diseño Bauhaus.
La sofisticación de estos berlineses no consigue evitar una atmósfera de inquietud. Es cuando recordamos que el protagonista del Retrato del Dr. Haustein (1928) de Christian Schad se suicidaría con cianuro tras ser capturado por la Gestapo, o que Max Beckmann borró la sonrisa de su retrato Qyappi con suéter rosa en 1934, tras la llegada de Hitler al poder. El tiempo de las sonrisas había pasado.
Carlos Primo: Berlín, entre la vida y la muerte, Metrópoli-El Mundo, 7 de noviembre de 2014
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Romero de Torres cotiza a la baja

Romero de Torres cotiza a la baja

‘Autorretrato de joven’, de Julio Romero de Torres.
Autorretrato de joven’, de Julio Romero de Torres.

Hace solo siete años, en los estertores de la burbuja económica, las obras de Julio Romero de Torres disfrutaban de un auténtico subidón en los mercados de subastas. La pintura Fuensanta alcanzó más de un millón de euros en la sala Sotheby’s de Londres. La escalada de precios también se vivía entonces en España. Carmen de Córdoba, por ejemplo, se vendió por 425.000 euros en la sala Retiro, de Madrid. En solo un rato, el lienzo de 96 por 130 centímetros se revalorizó 125.000 euros con respecto a su precio de salida. Pero los tiempos han cambiado y mucho. Las últimas subastas demuestran que la apetencia por el pintor cordobés más representativo del siglo XX se ha comedido mucho. La sala de arte y subastas Fernando Durán, en Madrid, ofrece este jueves 23, otra pieza de Romero de Torres, La chica de la tanagra, por un precio de salida de 50.000 euros. Esa cifra marca la horquilla en la que se mueven ahora las obras del pintor de La chiquita piconera, muy alejados de los años del boom en la primera década del siglo XXI.

¿Qué ha sucedido? «Los nuevos centros de arte han cambiado y con ellos los paradigmas. Nueva York ya no es la capital y cada vez ganan más peso Pekín o Moscú. Con ello, cambian los gustos. Se busca algo más universal y menos localista. Algo más cercano a Picasso, Dalí, Miró, Velázquez, Goya o Zurbarán»; explica Enrique Carranco, jefe del departamento de Pintura y Escultura de la sala Balclis de Barcelona. Esta firma subastó el pasado 1 de octubre dos obras de Romero de Torres. Se trataba de Retrato de Matilde Vasconi, también conocido como La carta y Retrato de la condesa de Casa de Rojas, ambas procedentes de colecciones privadas, que tenían un precio de salida de 60.000 y 30.000 euros, respectivamente. La subasta quedó desierta, pero inmediatamente las obras fueron vendidas por el precio de salida a compradores particulares. «El mercado está muy mal, cuesta mucho vender y los precios han bajado», señala Mercedes Valverde, directora del Museo Julio Romero de Torres, perteneciente al Ayuntamiento de Córdoba. Valverde es la mayor experta en la obra del pintor cordobés y la persona a la que las galerías de arte, como Sothebie’s o Christie’s, encargan la catalogación de las piezas.  Una de las últimas en salir al mercado fue Autorretrato de joven, pintado por el artista cordobés cuando solo tenía 24 años. Este óleo sí ha logrado revalorizar algo su precio: si en 2012 Christie’s lo vendió por 43.300 euros, el 15 de octubre la casa barcelonesa Setdart lo subastó por 60.000 euros. Pero estas cifras quedan muy lejos del ideal estimado hace cuatro años cuando la casa de subastas Fernando Durán lo sacó con un precio de partida de 160.000 euros y terminó vendiéndolo por 170.000.

Está claro que los precios de Romero de Torres han bajado. Y mucho. Por eso, en Córdoba se han levantado voces reclamando que las instituciones públicas y, especialmente el Ayuntamiento, aprovechen el momento para adquirir obras con las que nutrir las pinacotecas municipales. Sobre todo aquella que lleva el nombre del pintor y que fue remodelada en enero de 2012. «Las arcas del Ayuntamiento tampoco están como para ir comprando cuadros», reconoce Mercedes Valverde. «Nuestra función ahora es más bien la de ir supliendo aquellas lagunas temáticas que podamos tener. Hay que ir a cosas muy específicas«, señala recordando por un lado la ingente producción del autor cordobés y por otro, las últimas adquisiciones del museo que dirige. Por un lado, Valverde recuerda la adquisición de un estudio masculino que fue dibujado cuando el pintor tenía 18 años y que fue adquirido en 2000 por 10.665 euros. «Es uno de los pocos dibujos que se conservan del artista con la particularidad de que es el desnudo de un modelo masculino. Solo conocemos dos obras más de modelos masculinos desnudos», explica Valverde. Esa compra se hizo en una época boyante. En solo los cinco primeros años del siglo, el Consistorio invirtió 700.000 euros en adquirir obra del pintor para su pinacoteca. Algo que no había hecho nunca desde que el museo abrió sus puertas en 1931. Otra de las piezas adquiridas por subasta fue el bodegón La comida del marqués, por el que se pagaron 65.000 euros en 2001. «Esta obra también la compramos por su singularidad, al tratarse del único bodegón que hizo el artista», concluye Valverde.
Manuel J. Albert, Córdoba: Romero de Torres cotiza a la baja, EL PAÍS-Andalucía, 22 de octubre de 2014
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El Louvre invierte 53,5 millones para ‘humanizar’ la visita al museo

El Louvre invierte 53,5 millones para ‘humanizar’ la visita al museo

Tras ser nombrado presidente y director del Museo del Louvre, Jean-Luc Martinez decidió convertirse en turista por un día. El verano pasado, se puso a hacer cola ante la pirámide de cristal que da acceso al museo parisino y esperó dos horas y media para comprar una entrada. Tuvo suerte: en los días de mayor afluencia, la espera puede alcanzar hasta cuatro horas. “La reflexión había empezado bajo el mandato de mis predecesores, pero al meterme en la piel del visitante y conversar con el personal del museo entendí hasta qué punto urgían los cambios”, explica Martinez. Mucho ha cambiado para el hogar de la Mona Lisa y la Venus de Milo en las últimas décadas. En 1988, el Louvre recibía 2,7 millones de visitas al año. “Hoy nos acercamos a los 9,5 millones”, apunta el director. “Las consecuencias son múltiples: alargamiento de las colas, dificultades para orientarse, molestias sonoras y falta de espacio en el guardarropa”.
El museo de Louvre. Imagen de julio 2014. / GUIA BESANA (NYT)
El museo de Louvre. Imagen de julio 2014. / GUIA BESANA (NYT)
Con el diagnóstico en mano, Martinez se decidió a operar, con el objetivo de “valorizar una de las colecciones más bellas del mundo y lograr una mejor acogida para todos los públicos”. El resultado es el llamado Proyecto Pirámide, una serie de medidas de urgencia iniciadas en el último trimestre, que empezarán a dar sus frutos en 2015. Cuando lleguen a término, dentro de dos años, habrán provocado una transformación considerable en los pasillos del museo más visitado del mundo. El Louvre adoptará cambios logísticos para reducir colas y descongestionar corredores: las puertas de acceso al museo se multiplicarán por dos, se abrirán nuevas taquillas y se creará la posibilidad (hoy inexistente) de adquirir la entrada por Internet. Además, se ampliarán consignas y sanitarios y se trasladará la librería del vestíbulo a uno de los pasillos colindantes. La idea es aliviar el flujo de visitantes en el lobby situado bajo la pirámide, hoy permanentemente saturado. “Quiero que la pirámide vuelva a ser un espacio de serenidad. El Louvre es el único museo del mundo en el que la propia entrada ya es considerada una obra de arte«, apunta Martínez sobre la obra arquitectural de I. M. Pei, inaugurada en 1989. El arquitecto habría validado los cambios que se anuncian. “Los aceptó sin reservas. No es como otras estrellas de la arquitectura, que ven su obra como algo inmutable”, apunta la directora de proyectos inmobiliarios del Louvre, Cristina Haye, precisando que no se intervendrá sobre el caparazón arquitectónico.
Las obras, cifradas en 53,5 millones de euros, estarán financiadas por los propios fondos del museo, gracias al proyecto del nuevo Louvre de Abu Dabi, que será inaugurado en 2016. Por ese proyecto, el emirato ha pagado 965 millones de euros al museo parisino (400 de los cuales solo por poder utilizar la marca Louvre), que han pasado a formar parte de un fondo propio y no a las arcas del Estado. Además, el Louvre recurrirá al mecenazgo privado para terminar de sufragar el coste de su nuevo proyecto. También aspira a mejorar la calidad de la visita, juzgada confusa o caótica por muchos visitantes, a menudo perdidos en un laberinto de salas y departamentos. Martinez aspira a simplificar el recorrido con un nuevo mapa pensado para recorrer sus pasillos y la instalación de una señalética más llamativa. Además, la totalidad de sus 40.000 paneles y cartelas pasarán a ser trilingües (francés e inglés, pero también español) y los textos explicativos tendrán un perfil más conciso y didáctico, adaptado a un público cada vez más joven y foráneo. Según datos de 2013, un 74,9% de los visitantes del museo son turistas y su edad media ha descendido hasta los 37 años.
El plan del Louvre supone una de las mayores iniciativas detectadas hasta hoy para responder al insospechado fenómeno de visitas protagonizado por los grandes centros de arte. Hasta 10 museos internacionales reciben más de 5 millones de visitas al año, como el MoMA neoyorquino, el British Museum, la Tate Modern o laNational Gallery de Londres. El conjunto de cincuenta grandes museos y monumentos de París, que sigue siendo el primer destino turístico mundial, recibe 73 millones de visitas anuales. El Centro Pompidou y el Museo de Orsay superan los 3,5 millones de visitantes anuales, mientras que el Grand Palais y el Museo del Quai Branly, dedicado a la antropología, bordean los 1,5 millones. Las autoridades empiezan a tomar cartas en el asunto. Durante los próximos dos años, el ministerio de Cultura incitará a tres centros patrimoniales —el Palacio de Versalles, el Museo de Orsay y el mismo Louvre— a abrir siete días a la semana “de modo experimental”, para repartir la afluencia y evitar las aglomeraciones.
Para el Louvre, donde las visitas se han duplicado en la última década, el reto consiste en evitar morir de éxito. «El incremento continuo de visitantes nos honra tanto como nos constriñe«, opina Martinez, para quien la clave es dejar de pensar en cifras y entrar en un debate cualitativo. «Los museos, al ser lugares que muestran y ayudan a entender nuestro pasado, nos ayudan a dar sentido a nuestro presente y futuro. Para mí, la cuestión esencial no es hacer aumentar ese número de visitantes, sino lograr que la acogida sea mejor y conseguir que se aprenda lo máximo con cada visita», precisa Martinez.

Responsables del Louvre reconocen que la visita resulta demasiado larga (2 horas y 42 minutos, de media) y no siempre está adaptada a los conocimientos de ese nuevo perfil de visitante. Para corregir las disfunciones, el museo creará nuevos espacios dedicados a la mediación con el visitante, que proporcionarán orientación artística y cultural respecto a las obras expuestas. «El Louvre debe ser capaz de dirigirse a todo tipo de públicos, a la vez que seguir siendo fiel a su reputación de exigencia científica«, responde Martinez, descendiente de emigrantes almerienses que creció en un suburbio modesto de París y aspira a conectar con esa nueva tipología de visitante. «Debemos conseguir una mejor acogida de todos los públicos, sea cual sea su origen y el motivo de su llegada, el tiempo del que dispone o su nivel de conocimiento», puntualiza. «Sueño con un museo cada vez más abierto al exterior, más accesible y más legible. En una palabra, con un Louvre más generoso«.
Alex Vicente, París: El Louvre invierte 53,5 millones para ‘humanizar’ la visita al museo, ABC, 27 de diciembre de 2014
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