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Por el Camino Natural del Guadiana

Por el Camino Natural del Guadiana

Un día de otoño, antes de que el viento desnude los árboles amarillos de la ribera, o bien una jornada de primavera, cuando los trinos ponen letra a la música del agua. Preparamos lo poco que necesitaremos y nos echamos al campo. Andando o en bicicleta. Pero sin prisas, dispuestos a ver lo que cotidianamente no nos detenemos a mirar. Vamos a recorrer un tramo del Camino Natural del Guadiana, uno de los senderos establecidos por el Ministerio de Agricultura, Alimentación y Medio Ambiente, que sigue al Guadiana a lo largo de su discurrir por el territorio nacional. La etapa 31 de este recorrido nos llevará desde La Zarza hasta Mérida, con una distancia de casi 19 kilómetros y sin apenas desniveles, por un camino cómodo y sin dificultad alguna. Nosotros lo realizaremos a pie y lo completaremos en cuatro o cinco horas, aunque la duración dependerá del interés de cada cual.


Los preparativos deben incluir la vestimenta apropiada según las condiciones atmosféricas previstas para la jornada, además de un ligero bocado y agua, pues no encontraremos ningún punto de abastecimiento en todo el trayecto. Vamos dispuestos a observar detenidamente la naturaleza, por lo que prestaremos atención a la vegetación y a la fauna. Es conveniente, por tanto, que no olvidemos los prismáticos, un cuaderno de notas y alguna guía de identificación de especies. Si queremos ahorrar peso en nuestra mochila, podemos descargar algunas apps gratuitas en nuestro móvil (“Aves de España” y “Arbolapp”, por ejemplo), que también nos servirá para tomar fotos. Es imprescindible tener presente que nunca debemos arrojar basura al medio natural y que debemos evitar producir ruidos.

Los paisajes que vamos a recorrer están en parte incluidos en un espacio protegido, el Lugar de Importancia Comunitaria (LIC) del río Guadiana Alto-Zújar. Los LIC son, según la Ley de Conservación de la Naturaleza y Espacios Naturales de Extremadura, lugares que contribuyen de forma apreciable a mantener determinados hábitats naturales y especies de interés en la Unión Europea. En nuestra zona, el LIC incluye todo el tramo del río Guadiana que delimita al norte el término municipal de La Zarza, así como el río Matachel desde la presa de Alange hasta su desembocadura en el Guadiana. Es en este último sector donde podremos apreciar el hábitat típico de las riberas, el bosque galería. Chopos, fresnos, sauces, mimbreras,… crecen en una tupida espesura junto al cauce, pues necesitan abundante agua para su desarrollo. A estas especies arbóreas les acompañan otras propias del sotobosque ribereño mediterráneo, como la adelfa, el taray y la enea. En las orillas del Guadiana, sin embargo, son frecuentes otras especies alóctonas introducidas por el hombre, como el eucalipto, la caña y el camalote. Esta última es una planta acuática considerada una de las especies invasoras más problemáticas en Extremadura.


Pero es hora de ponerse en marcha. Justo desde la carretera EX­-105 iniciamos la caminata, a la altura de la calle Mérida, en las proximidades de la Ciudad Deportiva de La Zarza. Será fácil seguir el trayecto, pues la señalización (con indicativos metálicos de color rojizo sobre soportes de madera) está bien definida. Uno de los primeros elementos que encontraremos será el canal del Zújar, una de las principales arterias de riego en las vegas del Guadiana. Continuaremos por una pista asfaltada, con precaución ante el posible tránsito de vehículos, rodeados por campos de cultivo (maizales y olivar principalmente) hasta llegar a unas parcelas dedicadas a la ganadería porcina. Aquí el camino pasa a ser terrero y pronto nos lleva hasta el río Matachel. Antes de cruzarlo por un vado podemos obtener información ambiental en uno de los distintos paneles informativos de “Corredores ecofluviales de la provincia de Badajoz” que encontraremos a lo largo de nuestro paseo. Es el momento de realizar una primera parada y observar la vegetación de ribera, así como tratar de descubrir entre la espesura algunas de las aves propias de estos hábitats (zarceros, mosquiteros, currucas, herrerillos, carboneros,…). Si es primavera, a partir de este punto sus trinos nos acompañarán sin cesar. Además, en las piedras y troncos de la orilla podríamos detectar excrementos de nutria, uno de los mamíferos habituales en nuestros ríos. Si la nutria está directamente asociada al agua, el meloncillo campea entre la vegetación de las orillas. Lamentablemente, los anfibios y reptiles acuáticos cada vez escasean más, pero ranas y galápagos leprosos aún suelen ser frecuentes en nuestros ríos.



El cerro Alanjón se eleva frente a nosotros al cruzar el Matachel, y a continuación seguimos aguas abajo, avanzando entre dos hábitats bien contrastados: a la izquierda los campos de cultivo, a la derecha el bosque de ribera. Este es un tramo de muy agradable paseo, y en el que es conveniente detenerse de cuando en cuando y otear el cielo en busca de alguna rapaz en vuelo, como el buitre leonado, las águilas perdicera y calzada o los milanos negro y real. Volvemos a cruzar el Matachel y en su margen derecha observaremos arrozales, donde seguramente podamos ver algunas garcillas bueyeras, y si es época de invernada, también avefrías y gaviotas. De nuevo, esta vez la última, cruzaremos el Matachel y enseguida tomaremos una estrecha senda a la derecha. A partir de aquí el camino ya está prohibido para los vehículos a motor. Superado el tramo estrecho en la zona de confluencia del Matachel y el Guadiana, el recorrido transcurre entre este último y la carretera que une Alange con Mérida. Esta proximidad permite acceder en vehículo desde la carretera hasta el camino en distintos puntos y, dado que el camino está asfaltado o encementado en la parte inicial de este tramo, es muy apropiado para su disfrute por personas con movilidad reducida. Por otra parte, conviene avisar de que, en caso de realizar el recorrido en bici, se debe circular con precaución, pues podemos cruzarnos con otras personas, y además si el pavimento está mojado es fácil resbalar.



A la altura de la urbanización Miralrío, tras superar el límite del término municipal de La Zarza, el camino vuelve a ser de tierra y la espesura de árboles de ribera y encinas nos proporciona sombra, que también aprovechan los rabilargos y los mirlos. Llegamos después al centro de interpretación “El Berrocal”, un antiguo edificio conocido como “la fábrica de luz” (una minicentral hidroeléctrica), gestionado por la Confederación Hidrográfica del Guadiana, que constituye uno de los equipamientos de apoyo para el programa de Voluntarios en Ríos. Aunque la instalación suele encontrarse cerrada, conviene realizar una parada en el área de descanso para leer los paneles informativos y acercarnos al azud próximo. Es esta una zona adecuada para observar aves acuáticas y de ribera, como las garzas real e imperial, la garceta común, el martinete, el cormorán o el ánade real. Otras aves más pequeñas, pero de llamativos colores, son la oropéndola y el martín pescador. Y más adelante tendremos ocasión de observar muy de cerca una colonia de cigüeñas blancas, cuyos numerosos nidos se levantan como almenas sobre unas viejas paredes, justo a la izquierda del camino. No debemos olvidar que es muy importante no causar molestias a las aves, sobre todo si se encuentran en el periodo de incubación, pues podemos provocar la pérdida de la puesta.


El tramo final de nuestro recorrido nos aproxima a nuestro destino. Tras pasar bajo el puente de la carretera N-V se nos muestra en toda su longitud la prolongada arquería pétrea del puente romano de Mérida, construido para cruzar el río Ana, cuyo nombre latino tal vez tenga origen en el prefijo celta an (agua). Los árabes, después, lo llamarían Wadi-Ana(río Ana).

El río ha sido siempre una metáfora de nuestras vidas. Poetas y filósofos, gentes contemplativas y reflexivas, han visto en el río el símbolo del transcurrir de nuestra existencia. Así como es penoso tropezar en la vida con dificultades, es también triste comprobar cómo hay personas insensibles a su propio camino, a su propio río. Nuestro entorno es el río que sostiene nuestras vidas. Todos (senderistas, cicloturistas, pescadores, visitantes) debemos colaborar para mantener limpios nuestros ríos, respetando sus orillas, pues al fin y al cabo son las nuestras.

Publicado en Hoylazarza.es (diciembre 2014).

Por el Camino Natural del Guadiana

Por el Camino Natural del Guadiana

Un día de otoño, antes de que el viento desnude los árboles amarillos de la ribera, o bien una jornada de primavera, cuando los trinos ponen letra a la música del agua. Preparamos lo poco que necesitaremos y nos echamos al campo. Andando o en bicicleta. Pero sin prisas, dispuestos a ver lo que cotidianamente no nos detenemos a mirar. Vamos a recorrer un tramo del Camino Natural del Guadiana, uno de los senderos establecidos por el Ministerio de Agricultura, Alimentación y Medio Ambiente, que sigue al Guadiana a lo largo de su discurrir por el territorio nacional. La etapa 31 de este recorrido nos llevará desde La Zarza hasta Mérida, con una distancia de casi 19 kilómetros y sin apenas desniveles, por un camino cómodo y sin dificultad alguna. Nosotros lo realizaremos a pie y lo completaremos en cuatro o cinco horas, aunque la duración dependerá del interés de cada cual.


Los preparativos deben incluir la vestimenta apropiada según las condiciones atmosféricas previstas para la jornada, además de un ligero bocado y agua, pues no encontraremos ningún punto de abastecimiento en todo el trayecto. Vamos dispuestos a observar detenidamente la naturaleza, por lo que prestaremos atención a la vegetación y a la fauna. Es conveniente, por tanto, que no olvidemos los prismáticos, un cuaderno de notas y alguna guía de identificación de especies. Si queremos ahorrar peso en nuestra mochila, podemos descargar algunas apps gratuitas en nuestro móvil (“Aves de España” y “Arbolapp”, por ejemplo), que también nos servirá para tomar fotos. Es imprescindible tener presente que nunca debemos arrojar basura al medio natural y que debemos evitar producir ruidos.

Los paisajes que vamos a recorrer están en parte incluidos en un espacio protegido, el Lugar de Importancia Comunitaria (LIC) del río Guadiana Alto-Zújar. Los LIC son, según la Ley de Conservación de la Naturaleza y Espacios Naturales de Extremadura, lugares que contribuyen de forma apreciable a mantener determinados hábitats naturales y especies de interés en la Unión Europea. En nuestra zona, el LIC incluye todo el tramo del río Guadiana que delimita al norte el término municipal de La Zarza, así como el río Matachel desde la presa de Alange hasta su desembocadura en el Guadiana. Es en este último sector donde podremos apreciar el hábitat típico de las riberas, el bosque galería. Chopos, fresnos, sauces, mimbreras,… crecen en una tupida espesura junto al cauce, pues necesitan abundante agua para su desarrollo. A estas especies arbóreas les acompañan otras propias del sotobosque ribereño mediterráneo, como la adelfa, el taray y la enea. En las orillas del Guadiana, sin embargo, son frecuentes otras especies alóctonas introducidas por el hombre, como el eucalipto, la caña y el camalote. Esta última es una planta acuática considerada una de las especies invasoras más problemáticas en Extremadura.


Pero es hora de ponerse en marcha. Justo desde la carretera EX­-105 iniciamos la caminata, a la altura de la calle Mérida, en las proximidades de la Ciudad Deportiva de La Zarza. Será fácil seguir el trayecto, pues la señalización (con indicativos metálicos de color rojizo sobre soportes de madera) está bien definida. Uno de los primeros elementos que encontraremos será el canal del Zújar, una de las principales arterias de riego en las vegas del Guadiana. Continuaremos por una pista asfaltada, con precaución ante el posible tránsito de vehículos, rodeados por campos de cultivo (maizales y olivar principalmente) hasta llegar a unas parcelas dedicadas a la ganadería porcina. Aquí el camino pasa a ser terrero y pronto nos lleva hasta el río Matachel. Antes de cruzarlo por un vado podemos obtener información ambiental en uno de los distintos paneles informativos de “Corredores ecofluviales de la provincia de Badajoz” que encontraremos a lo largo de nuestro paseo. Es el momento de realizar una primera parada y observar la vegetación de ribera, así como tratar de descubrir entre la espesura algunas de las aves propias de estos hábitats (zarceros, mosquiteros, currucas, herrerillos, carboneros,…). Si es primavera, a partir de este punto sus trinos nos acompañarán sin cesar. Además, en las piedras y troncos de la orilla podríamos detectar excrementos de nutria, uno de los mamíferos habituales en nuestros ríos. Si la nutria está directamente asociada al agua, el meloncillo campea entre la vegetación de las orillas. Lamentablemente, los anfibios y reptiles acuáticos cada vez escasean más, pero ranas y galápagos leprosos aún suelen ser frecuentes en nuestros ríos.



El cerro Alanjón se eleva frente a nosotros al cruzar el Matachel, y a continuación seguimos aguas abajo, avanzando entre dos hábitats bien contrastados: a la izquierda los campos de cultivo, a la derecha el bosque de ribera. Este es un tramo de muy agradable paseo, y en el que es conveniente detenerse de cuando en cuando y otear el cielo en busca de alguna rapaz en vuelo, como el buitre leonado, las águilas perdicera y calzada o los milanos negro y real. Volvemos a cruzar el Matachel y en su margen derecha observaremos arrozales, donde seguramente podamos ver algunas garcillas bueyeras, y si es época de invernada, también avefrías y gaviotas. De nuevo, esta vez la última, cruzaremos el Matachel y enseguida tomaremos una estrecha senda a la derecha. A partir de aquí el camino ya está prohibido para los vehículos a motor. Superado el tramo estrecho en la zona de confluencia del Matachel y el Guadiana, el recorrido transcurre entre este último y la carretera que une Alange con Mérida. Esta proximidad permite acceder en vehículo desde la carretera hasta el camino en distintos puntos y, dado que el camino está asfaltado o encementado en la parte inicial de este tramo, es muy apropiado para su disfrute por personas con movilidad reducida. Por otra parte, conviene avisar de que, en caso de realizar el recorrido en bici, se debe circular con precaución, pues podemos cruzarnos con otras personas, y además si el pavimento está mojado es fácil resbalar.



A la altura de la urbanización Miralrío, tras superar el límite del término municipal de La Zarza, el camino vuelve a ser de tierra y la espesura de árboles de ribera y encinas nos proporciona sombra, que también aprovechan los rabilargos y los mirlos. Llegamos después al centro de interpretación “El Berrocal”, un antiguo edificio conocido como “la fábrica de luz” (una minicentral hidroeléctrica), gestionado por la Confederación Hidrográfica del Guadiana, que constituye uno de los equipamientos de apoyo para el programa de Voluntarios en Ríos. Aunque la instalación suele encontrarse cerrada, conviene realizar una parada en el área de descanso para leer los paneles informativos y acercarnos al azud próximo. Es esta una zona adecuada para observar aves acuáticas y de ribera, como las garzas real e imperial, la garceta común, el martinete, el cormorán o el ánade real. Otras aves más pequeñas, pero de llamativos colores, son la oropéndola y el martín pescador. Y más adelante tendremos ocasión de observar muy de cerca una colonia de cigüeñas blancas, cuyos numerosos nidos se levantan como almenas sobre unas viejas paredes, justo a la izquierda del camino. No debemos olvidar que es muy importante no causar molestias a las aves, sobre todo si se encuentran en el periodo de incubación, pues podemos provocar la pérdida de la puesta.


El tramo final de nuestro recorrido nos aproxima a nuestro destino. Tras pasar bajo el puente de la carretera N-V se nos muestra en toda su longitud la prolongada arquería pétrea del puente romano de Mérida, construido para cruzar el río Ana, cuyo nombre latino tal vez tenga origen en el prefijo celta an (agua). Los árabes, después, lo llamarían Wadi-Ana(río Ana).

El río ha sido siempre una metáfora de nuestras vidas. Poetas y filósofos, gentes contemplativas y reflexivas, han visto en el río el símbolo del transcurrir de nuestra existencia. Así como es penoso tropezar en la vida con dificultades, es también triste comprobar cómo hay personas insensibles a su propio camino, a su propio río. Nuestro entorno es el río que sostiene nuestras vidas. Todos (senderistas, cicloturistas, pescadores, visitantes) debemos colaborar para mantener limpios nuestros ríos, respetando sus orillas, pues al fin y al cabo son las nuestras.

Publicado en Hoylazarza.es (diciembre 2014).

Regreso a la morada de Nerón

Regreso a la morada de Nerón

Nerón pertenece a la estirpe de los grandes tiranos, su fiesta del chivo se ha prolongado a lo largo de los siglos. Pero existe una gran diferencia con los Ceausescu, Sadam Husein, Duvalier, Bokassa, Idi Amín Dadá o el Trujillo que noveló Vargas Llosa: en el caso del emperador romano del siglo I resulta imposible separar la realidad de la leyenda negra. Como escribió la catedrática de Latín de la Universidad de Cambridge Mary Beard: “La mayoría de los emperadores romanos no fueron depuestos porque fueran demonizados, sino que fueron demonizados porque fueron depuestos”. La tradición mantiene que Nerón fue condenado adamnatio memoriae, un castigo que consistía en enterrar todo el legado de un emperador para que su nombre fuese olvidado. En el caso del último miembro de la dinastía Julia Claudia, sus enemigos fracasaron: existen muy pocos personajes históricos sobre los que se hayan escrito tantos tebeos, novelas, óperas, películas o ensayos –el último, Dying Every Day (Muriendo cada día), un magnífico estudio del profesor de Clásicas del Bard College James Romm, en torno a su relación con su tutor, el filósofo estoico cordobés Séneca– y sobre cuya figura se siga debatiendo con tanta intensidad más de 2.000 años después de su desaparición. “¿Cómo no nos iba a fascinar?”, asegura Romm en una entrevista por correo electrónico. “Poder absoluto sobre la mayor parte del mundo conocido unido a los caprichos, la traición, la locura… ¿Puede ofrecer la historia un espectáculo más fascinante?”

El Carmen Thyssen de Málaga homenajea al gran paisajista sevillano del siglo XIX,

El Carmen Thyssen de Málaga homenajea al gran paisajista sevillano del siglo XIX,

‘Vista del Guadalquivir’ (1854), con Sevilla al fondo y el ambiente que se vivía en la orilla del río. / Museo Carmen Thyssen
Vista del Guadalquivir’ (1854), con Sevilla al fondo y el ambiente que se vivía en la orilla del río/Museo Carmen Thyssen
Es de esos pintores de los que suena mucho más su obra que su nombre, de hecho seguro que usted alguna vez ha visto alguno de sus paisajes o, sobre todo, de sus cuadros de temática bandolera. Se trata de Manuel Barrón y Carrillo, era sevillano y este año se han cumplido dos siglos de su nacimiento, con escasa repercusión en su ciudad natal, dicho sea de paso. De hecho,el principal homenaje le ha venido de Málaga, del Museo Carmen Thyssen, quizás la pinacoteca española que reúne más ejemplos de su obra y que hasta el 11 de enero recuerda a este autor con la iniciativa Manuel Barrón, 1814-2014. Bicentenario. La propuesta es sencilla: de la sala en la que ya estaban expuestos siete cuadros de Barrón en el museo se han descolgado dos piezas de otros autores y se ha incorporado una octava obra de nuestro protagonista, adquirido por Carmen Thyssen hace un tiempo pero que todavía permanecía en los almacenes y no se había expuesto. El resultado es un espacio dedicado en exclusiva a Barrón al que, para subrayar su singularidad, se le ha dado un color distinto y se le han incorporado textos explicativos.
Lourdes Moreno, directora artística del Museo Carmen Thyssen, explica que a Manuel Barrón le acompaña siempre la etiqueta de maestro del paisaje romántico andaluz. Discípulo de Antonio Cabral Bejarano, fue alumno, profesor y hasta director de la Escuela de Bellas Artes de Sevilla, además de miembro fundador del Liceo Artístico. Desarrolló toda su carrera en Sevilla, donde nació y murió, y si su maestro se especializó en el retrato, él le cogió pronto gusto a los paisajes, que fueron los que en su época le dieron nombre y no poca fama. Moreno subraya que, al margen de los paisajes de ciudades, el autor destaca especialmente por una temática «literariamente muy popular pero pictóricamente poco conocida»: las escenas de bandoleros. «Le encantaban la Cueva del Gato y los alrededores de la serranía de Ronda», ejecutando imágenes que son las que en el imaginario colectivo han quedado asociadas a este mundo bandolero. Entre que «es un autor que conecta muy bien con la gente» por temática y ejecución y que buena parte de sus pinturas son de pequeño y mediano tamaño, Barrón fue en la Sevilla de su tiempo un pintor no sólo conocido sino que sus cuadros colgaban en muchas casas de la burguesía sevillana. Asimismo, trabajó esporádicamente en la pequeña corte que en la capital hispalense rodeó a los duques de Montpensier.

La cueva del gato, óleo de 1860, Museo de Bellas Artes de Sevilla
La cueva del gato, óleo de 1860, Museo de Bellas Artes de Sevilla

Aunque la efeméride de los dos siglos de su nacimiento casi no ha sido recordada en Sevilla, en la ciudad hay muestras de su obra especialmente en el Museo de Bellas Artes, donde cuelga La Cueva del Gato, de 1860. Asimismo está representado en el Museo del Romanticismo de Madrid, donde pude verse Contrabandistas en la Serranía de Ronda, de 1850. El Prado también tiene un par de obras, pero no están en la colección permanente de la pinacoteca madrileña. «Es un autor quizás menos conocido a nivel popular, suena más su obra que su propio nombre, pero fue muy apreciado en su época», como demuestra que la propia reina Isabel II adquirió una de sus obras. El homenaje de Málaga sirve así para paliar la falta de memoria en su ciudad natal.

Antonio Morente: El Carmen Thyssen de Málaga homenajea al gran paisajista sevillano del siglo XIX, El Correo de Andalucía, 27 de diciembre de 2014
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Bernini, el artista total: Las ánimas’, en El Prado

Bernini, el artista total: Las ánimas’, en El Prado

Borrominio, autorretratado. GALERIA DEGLI UFFIZI
Borrominio, autorretratado. GALERIA DEGLI UFFIZI
El contenido y el argumentario de la exposición de ‘Las ánimas’ en el Museo del Prado recalca la relación de Gian Lorenzo Bernini (1598-1682) con la monarquía hispánica, representada en el apogeo del genio napolitano por Felipe IV y el infortunado Carlos II. Los reyes españoles, como otros monarcas católicos europeos, querían tener presencia, influencia y capacidad de enredo en Roma, ante el papado, y Bernini trabajó para ellos ocasionalmente y también para nobles, mecenas y altos dignatarios eclesiásticos españoles destacados junto al trono de San Pedro.
Pero, empezando por una curiosidad y una licencia, la obra más importante de Bernini, en su vinculación con la corona española, no se hizo en Roma, ni bajo los Austrias y ni siquiera la hizo él. Es el Palacio Real de Madrid. Bernini fue llamado a París por Luis XIV en 1665 para modificar el entonces todavía palacio y residencia real del Louvre. Su proyecto no gustó y no se hizo. Mas, héte aquí que, en 1738, Felipe V, nieto de Luis XIV y primer Borbón reinante en España, encargó la construcción del Palacio Real, terminado prácticamente por Juan Bautista Sachetti, que era discípulo del fallecido Filippo Juvara -autor del proyecto inicial-, quien, a su vez, era alumno de Carlo Fontana, que fue el principal discípulo y colaborador de Bernini. No hay quien niegue que las malogradas ideas de Bernini para el Louvre están vivas y coleando en el Palacio Real de Madrid.
Gian Lorenzo Bernini -hijo, padre y hermano de artistas- representó la apoteosis del barroco italiano como expresión, en la arquitectura y en la escultura, de la búsqueda del esplendor, el espectáculo y el dramatismo del arte católico, que, desde la Contrarreforma iniciada en Trento, pretendió distanciarse de la sobriedad y el rigorismo protestantes. Autor de una ingente obra, Bernini -también pintor y dibujante- construyó, reformó y/o restauró palacios, iglesias, capillas, puentes, plazas y altares, y erigió y esculpió decenas de bustos, estatuas, obeliscos, fuentes, panteones y ataúdes, siendo, además, eldiseñador de no pocos escenarios y ceremoniales de gran y vistosa teatralidad pensados para fiestas, homenajes y funerales. Su prestigio recorrió Europa y recibió encargos de las cortes inglesa y, como se ha dicho, francesa y española, y, en su época, no tuvo más rival que Francesco Borromini (1599-1667). Primero, fueron amigos y colaboradores. Después, enemigos. Borromini, que andaba deprimido, se suicidó arrojándose sobre su espada, si bien, en sus largas horas de agonía, llegó a escribir que había caído sobre su arma accidentalmente, cuando en la oscuridad nocturna de su estancia buscaba una candela para darse luz. La enemistad con Borromini bien pudo empezar a mediados del siglo, cuando Inocencio X retiró a Bernini la predilección del papado -lo condenó a tres años en el dique seco– y se la otorgó al suizo-italiano. Al ocupar Inocencio X -tan severamente retratado por Velázquez- la silla papal, en 1644, Bernini llevaba cinco años casado con Caterina Tozio, con la que tuvo 10 hijos, el primero de ellos, Paolo -futuro escultor y discípulo-, nacido a los nueve años de la boda, detalle un poco raro por entonces, pero, en fin, se ve que todo fue cosa de empezar.
Bernini trabajó para ocho papas, los dos primeros, Pablo V y Urbano VIII, pertenecientes a dos poderosas familias -los Borghese y los Barberini, respectivamente- que fueron determinantes, por su protección y encomiendas diversas, de su despegue y preeminencia. Imposible resumir aquí -siento decirlo otra vez- el enorme listado de creaciones magistrales de Bernini. ¿Qué elegir? ¿Las esculturas del jardín de Villa Borghese? ¿Los palacios de Barberini, el Quirinale o Ludovisi? ¿La Capilla de Santa Bibiana? ¿La Fuente de los Cuatro Ríos en Piazza Navona? Es obvio que millones de viajeros y turistas conocen las múltiples realizaciones de Bernini para la Basílica de San Pedro, cuyas obras de ampliación y reforma dirigió, además, durante años. Y en ese conjunto, dos joyas para la Historia: el imponente baldaquino broncíneo y salomónico ante el altar mayor y la ovalada Plaza de San Pedro, con su columnata y sus estatuas.
En la exposición del Prado puede contemplarse una pieza de terracota que se considera como preparatoria o instrumento de trabajo de la obra maestra de Bernini: ‘El éxtasis de Santa Teresa’ (1645-1652), cumbre en mármol de la agitación y la teatralidad místicas de toda la escultura barroca, que puede visitarse en la Iglesia de Santa María della Victoria de Roma. Los dos bustos que dan título a la exposición del Museo del Prado son obras primerizas, de juventud. El artista apenas había cumplido 20 años y todavía no era conocido. ‘Anima beata’ y ‘Anima dannata’, encargadas por un eclesiástico español hacia 1619, representan en mármol con su serena felicidad, una, y con su dolorosa desesperación, la otra, las muy distintas vivencias de las almas según hayan sido destinadas para la eternidad a la presencia de Dios o al fuego del infierno.

El alma de Gian Lorenzo Bernini tomó su rumbo definitivo, con la mediación de una apoplejía, el 20 de noviembre de 1680. Tenía 82 años, y en los últimos tiempos había gozado de la amistad y de la admiración de una importante señora: Cristina de Suecia. La reina de la película de Rouben Mamoulian -no tan bella, ni mucho menos, como Greta Garbo-, había abdicado del trono, se había convertido al catolicismo y se había instalado en Roma. Mujer extraordinariamente culta, estudiosa y liberal, fue muy amiga del artista y encargó y costeó al historiador florentino Filippo Baldinucci, en 1682, la primera biografía del cavaliere Bernini.
Manuel Hidalgo, Madrid: Bernini, el artista total, EL MUNDO, 27 de diciembre de 2014
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