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Asalto al tesoro oculto de Picasso

Asalto al tesoro oculto de Picasso

Pablo Picasso en 1965 junto a Las tres bailarinas', 40 años antes de que fuera vendida en una galería londinense.AP La poderosa Picasso Administration, sociedad parisina que gestiona la herencia de Pablo Picasso, se ha enzarzado en una batalla cruel contra una modesta pareja de jubilados. Un electricista retirado y enfermo de cáncer y su esposa tenían en su garaje, desde hace casi cuatro décadas, al menos 180 obras del pintor, en su mayoría esbozos y estudios. Los humildes ancianos los jubilados del pequeño pueblo de Mouans Sartoux, en pleno valle de los perfumes de Francia, aseguran con la mano en el corazón que ese tesoro desconocido, salido del pincel de maestro, fue un regalo que Pablo Picasso les hizo antes de fallecer. Los sucesores del genio no quieren creerlo.

No todos los días se descubre en un humilde garaje polvoriento del sureste de Francia nada menos que nueve collages cubistas del primer Picasso vanguardista de París, una acuarela del periodo azul, guashes, unas 30 litografías, y dos cuadernos de bocetos y dibujos con unas 100 obras, entre otras creaciones. El conjunto, de 180 obras 271 si se cuentan cada uno de los esbozos por separado hasta ahora totalmente inéditas, elaboradas en su mayoría en los años treinta, tiene un valor cercano a los 60 millones de euros.

En este momento las obras están en poder de la policía. El jubilado, que fuera electricista de varias mansiones de Picasso entre 1970 y 1973, y su esposa han estado detenidos y siguen acusados de un presunto delito por tráfico de objetos robados. La Picasso Administration sostiene que forzosamente ese patrimonio no puede ser dispersado y asegura que les pertenece a los herederos. La historia es tan compleja, que exige moviola. «Estoy muy triste, muy decepcionada. Nosotros simplemente fuimos a ver a la Sociedad Picasso para que nos dieran el certificado de autenticidad de las obras. Mi marido, ya operado una primera vez por un cáncer, tenía que volver a la mesa de operaciones. Nos dijimos: ha llegado el momento de poner orden en nuestras cosas, que nuestros hijos no vayan a tener problemas», explica por teléfono a Público Danielle Le Guennec. «En vez de darnos el certificado, nos trataron con mentiras. Primero nos pidieron que les enviáramos fotos de las obras, cosa que hicimos lo mejor que pudimos. Nos pidieron que nos presentáramos en sus locales de París con las obras. Y lo hicimos. Nunca nos dijeron a la cara que pensaban que nosotros habíamos robado esas obras. Esa gente sólo conoce el dinero, y no conocen los sentimientos. Quizá por eso no se pueden creer que fue una donación del maestro a mi marido», añade la anciana. El señor Pierre trabajó para Picasso los tres últimos años de su vida en todas las instalaciones eléctricas, e incluso en las alarmas, de varias residencias del pintor, entre ellas la Villa California de la Costa Azul, cerca de Cannes y cerca del domicilio del hoy anciano enfermo. Al final de su vida, Picasso donó esas creaciones al modesto electricista.

La Picasso Administration, una empresa con 1.080.693 de euros de volumen de negocios en su último balance consolidado, no se cree ni una palabra. Su abogado parisino, Jean-Jac-ques Meuer, confirma la cita: «Efectivamente, nos contactaron en enero pasado pidiendo certificados de autenticidad, pero siempre recibimos cientos de demandas fantasiosas de ese tipo. Así que solicitamos fotos, primero, y luego que vinieran con buena parte de las obras. Claude Picasso y su experto se quedaron de una pieza. Desde ese mismo momento, decidimos presentar querella», explica a este periódico. «El escenario de una donación de Picasso a su electricista, obviamente, es totalmente absurdo respecto a lo que sabemos de la Historia del Arte. Picasso a veces compraba sus propias obras y guardaba hasta los tickets de metro donde había pintado. Respecto a sus collages, sólo los intercambiaba con Bracque, porque ambos estimaban que eran obras de alta elaboración intelectual que ellos debían seguir mutuamente», añade. «Desde nuestro punto de vista, esas obras forman parte de la sucesión Picasso, pero esa no es la cuestión candente hoy. Urge poner fin a esa situación anormal y aberrante, de unas obras en manos ajenas, e impedir que se produzca su dispersión», afirma. Así que la Picasso Administración no tiene pensado dar certificados de autenticidad para obras en poder de una familia que no reconocen como digna de haber recibido un regalo del maestro malagueño. Por su parte, la familia ve todo de otra manera: «No porque seamos gente modesta, no tenemos derecho a guardar lo que alguien quiso darnos de corazón», explica la anciana Danielle Le Guennec.

En declaraciones a Libération, el heredero Claude Picasso consideraba que «no se tiene de pie» la versión del jubilado porque su padre no tenía la costumbre de hacer regalos en bloque y, cuando lo hacía, siempre dejaba su huella. «Pablo Picasso era bastante generoso. Pero fechaba, firmaba y dedicaba siempre sus donaciones, porque sabía que algunos las venderían para afrontar sus necesidades», aseguró.

Pierre Le Guennec guardaba en su garaje el tesoro «con mucho amor», antes de que la policía irrumpiera para incautarlo. La esposa de Le Guennec explica a ‘Público’: «No las colgamos nunca en ningún salón o pasillo. Es que… no son más que garabatos sin terminar». De las anécdotas que el marido conserva de tres años de idas y venidas en las fincas de Picasso, su mujer adora recordar una. «Mi marido estaba trabajando en la Villa California en verano y él llevaba un sombrero de paja provenzal. A Picasso le gustaba mucho ese sombrero y le lanzaba miradas con una sonrisa. Pero no dijo ni palabra. Habló con Madame. Y luego, en un pasillo, fue madame la que le pidió el sombrero a mi marido. Unos minutos después, el maestro seguía pintando, pero con sombrero».

Las joyas que preceden al cuadro

Rarezas. Hay obras poco comunes, como nueve collages cubistas hechos a principios de la segunda década del siglo XX, un periodo del que muchas de las obras del artista se perdieron. También hay una acuarela de su periodo azul, pinturas aguadas en papel y estudios pintados sobre tela.

Prescripción. El abogado de los Picasso asegura que nunca nadie recibió de manos del pintor una donación tan importante. Y el diario ‘Libération’ se pregunta si el electricista no esperó tantos años a sacar a la luz la obra por la prescripción de un supuesto delito de robo.

Andrés Pérez, París: Asalto al tesoro oculto de Picasso, Público, 30 de noviembre de 2010
Descubren 271 obras inéditas de Picasso

Descubren 271 obras inéditas de Picasso

Pablo PicassoUna colección de 271 obras del pintor español Pablo Picasso, hasta ahora desconocidas, han salido a la luz después de que un electricista francés jubilado tratara de obtener los certificados de autenticidad de los herederos del artista, según revela hoy el rotativo Libération. Se trata de obras pintadas en el primer tercio del siglo pasado y cuyo valor está entorno a los 60 millones de euros. Entre las obras descubiertas figuran algunas poco comunes, como nueve ‘collages cubistas’ pintados a principios de la segunda década del siglo, un periodo del que muchas de las obras del artista se perdieron y valoradas en unos 40 millones de euros. Pero también una acuarela de su periodo azul o pinturas aguadas en papel, estudios pintados sobre tela, además de dos centenares de dibujos.

El extraordinario hallazgo salió a la luz después de que el electricista jubilado Pierre Le Guennec se pusiera en contacto con Claude Picasso, hijo del pintor malagueño y encargado de administrar su sucesión. El pasado 14 de enero, Claude Picasso, hijo del pintor y administrador de su herencia, recibió una carta de un tal Pierre Guennec en la que le solicitaba un certificado de autenticidad de 26 obras inéditas de Picasso y acompañaba su petición de unas fotografías de no muy buena calidad. Cuatro meses después, el 30 de abril, el hijo del pintor recibió otra tDibujo 'Olga Accoudee' (Olga acodada) de Picasso. | APanda de fotografías y otro texto asegurando que se trataba de obras de Picasso. Claude se puso en contacto con Guennec, que acudió a París en septiembre acompañado de su esposa y de una maleta. Este hombre, domiciliado en la Costa Azul francesa, mostró a Claude Picasso 175 obras inéditas, entre ellas, dos cuadernos que contienen en total 97 dibujos.

Tras comprobar que no se trataba de falsificaciones, el heredero se preguntó cómo habían llegado a manos de Le Guennec y días después presentó una denuncia ante la brigada especializada en obras de arte para evitar perder la colección. Los agentes actuaron con rapidez, abrieron una investigación y confiscaron la colección que se encuentra a buen recaudo. Por lo pronto, la policía se ha incautado de este tesoro, ahora depositado en las dependencias de la Oficina Cent'Nature Morte Verre'ral de Lucha contra el Tráfico de Bienes Culturales, en Nanterre. Según el diario, Le Guennec afirmó ante la Policía haber trabajado como electricista de Picasso en las diferentes residencias que el pintor tuvo en la Costa Azul, al tiempo que añadió que fueron el artista o su esposa Jacqueline quienes le regalaron las obras. Una versión que los herederos del pintor no se creen por el celo con el que el artista guardaba todas sus creaciones.

En declaraciones a Libération Claude Picasso considera que «no se tiene de pie» la versión del jubilado porque su padre no tenía la costumbre de hacer regalos en bloque y, cuando lo hacía, siempre dejaba su huella. «Es cierto que Pablo Picasso era bastante generoso. Pero fechaba, firmaba y dedicaba siempre sus donaciones, porque sabía que algunos las venderían para afrontar sus necesidades», aseguró. El heredero indicó que, más que sus intereses económicos, presentaron la denuncia para evitar que las obras se dispersen, lo que dificultaría su estudio. Su abogado agrega que nunca nadie recibió de manos de Picasso una donación tan importante. A la pregunta de por qué haber esperado tanto tiempo a sacar a la luz estas obras, la publicación francesa, Libération, tras hablar con el abogado de los herederos de Picasso, aventura una hipótesis: para eludir la cárcel gracias a la prescripción del delito. «Antes que nada, hay que recuperar estas obras para la historia del arte», asegura en la publicación citada el abogado de la familia Picasso.

EFE / París: Hallan en Francia 271 ‘picassos’ desconocidos, elcorreo.com, 29 de noviembre de 2010
Descubren 271 obras inéditas de Picasso, hoyesarte.com, 29 de noviembre de 2010
Aparecen en Francia 271 ‘picassos’ desconocidos, EL MUNDO, 29 de noviembre de 2010

La ‘Mujer en azul’ abandona el verde

La ‘Mujer en azul’ abandona el verde

Picasso: 'Mujer en azul' (1901). Museo Reina Sofía, MadridSondeo hecho a pie de obra (de arte): el 100% de los visitantes preguntados al azar en la sala 201 del Reina Sofía coincidían ayer en que Mujer en azul (1901), obra maestra temprana de Picasso y una de las estrellas de la colección permanente del museo, es… rematadamente verde. Un siglo de olvidos, de restauraciones erradas, de reentelados equivocados y de aplicación de barnices incorrectos han contribuido a la degradación tonal de un cuadro que, ironías del destino, se considera uno de los primeros hitos del periodo azul del pintor malagueño.

Un nuevo y ambicioso proyecto, patrocinado con unos 200.000 euros por Bank of America Merril Lynch, permitirá a un selecto equipo de restauradores del centro dedicarse a la tela «a tiempo completo», según Jorge García Gómez-Tejedor, jefe de restauración del museo, que ayer se encontraba en Londres en la presentación del programa Art Conservation de Bank of America. El objetivo es eliminar el efecto amarillento de un barniz aplicado y envejecido con los años y devolverle así el añil original a los ropajes y al entorno de la dama de mirada ausente que el artista inmortalizó con apenas 20 años.
Será un año de trabajo para ocho personas (cinco restauradores, un químico, un fotógrafo y un documentalista) que se repartirá en tres fases: estudio, tratamiento y conclusiones. La primera ya ha comenzado de manera discreta, como corresponde a una obra que se encuentra entre los mayores reclamos del museo. «Ya la estamos descolgando para llevarla al taller los martes, cuando cierra el Reina», explicaba ayer frente a la tela Ana Iruretagoyena, miembro del equipo de restauradores. «No es la clase de pieza que podamos sustraer a los visitantes y meter en el laboratorio durante un año».

Lo primero es medir el alcance del daño sufrido por el cuadro. La inspección durará cuatro meses e incluirá técnicas como la aplicación de rayos X, reflectografía infrarroja, fotografía con luz visible, colorimetría o la toma de retratos con calidad del gigapixel, que se efectúan en una cámara acorazada con revestimiento de plomo en la cuarta planta del edificio Sabatini.

Parte de ese trabajo de investigación pasará por fijar también qué tono es el que empleó exactamente Picasso; por razones obvias no existe documentación fotográfica de la época. «Estudiaremos en qué gama de azules se movía en aquel momento de su carrera», aclara Iruretagoyena. A esa labor seguirá la intervención sobre la tela. La idea es que «la obra esté fuera de la lección permanente el menor tiempo posible», según García Gómez-Tejedor. Por eso, solo se descolgará entre marzo y agosto. De su ubicación habitual se llevará a las silenciosas dependencias del equipo de restauración en la cuarta planta de Sabatini, donde ayer se trabajaba entre otras tareas en el cuidado de un palazuelo o en el remiendo de una pieza de Miroslaw Balka. Un obispo negro que viajará la semana que viene al monasterio de Santo Domingo de Silos, donde el museo mantiene una programación de arte contemporáneo.

El jefe de los restauradores confía en que el trabajo, además de devolver el azul original, arreglar el imperceptible descosido en forma de siete que se observa en la zona del chal y subsanar los leves craquelados de la parte inferior, revelará muchos aspectos desconocidos de la obra. «Aquí nos adentramos en el terreno de la hipótesis, pero yo no descartaría que Picasso no pretendiese aplicar barniz alguno. No sería la única de sus obras sin barniz». «Creo que van a identificar hasta los tubos de pintura que se usaron», añade medio en broma Manuel Borja-Villel, director del museo.

El proceso supondrá también un viaje por un siglo de arte español a lomos de la azarosa peripecia del cuadro, pintado por el artista malagueño en el estudio que compartía en la calle Zurbano durante su breve estancia en Madrid al despuntar el siglo XX. Lo presentó en la Exposición Nacional de Bellas Artes de 1901. Tibiamente acogido por la crítica, el lienzo quedó en unos almacenes propiedad del Estado por la pura desidia del propio Picasso, que nunca fue a recobrarlo.

Allí languideció hasta que en los años cincuenta el gran historiador del arte Enrique Lafuente Ferrari descubrió en la parte superior derecha la firma, temblorosa y juvenil, de Pablo Picasso (así, con nombre completo y no solo con apellido, como sería su costumbre posterior).

Los restauradores no saben fijar con exactitud en qué momento se aplicó el barniz que acabó por amarillear el cuadro. Sí, que fue con las mejores intenciones de restaurar la obra, después de su descubrimiento y con la tela ya como pieza destacada de la colección del Museo Español de Arte Contemporáneo (MEAC). «Al envejecer, el barniz amarilleó», según Iruretagoyena. Y, esto es de primero de pintura, ya se sabe que azul más amarillo da como resultado el verde deslavado que luce ahora la dama.

La idea de solicitar la ayuda que concede Bank of America Merril Lynch a través de su recién creado programa Art Conservation partió del jefe de restauradores. La elección de la obra que debía optar resultaba «lógica» a ojos de Borja-Villel. «Reunía las condiciones de ser una pieza muy conocida y que no había sido sometida a un proceso de restauración con profundidad desde hacía décadas», según García Gómez-Tejedor.

Los fondos del programa de la institución bancaria (1,17 millones de euros este año y 733.000, en los sucesivos) ya han servido para restaurar tres delicados lienzos renacentistas y llenos de secretos de Bronzino, pintor de la corte de los Medici, cuya obra se expone actualmente una muestra antológica en el Palazzo Strozzi, de Florencia. La victoria de Samotracia, escultura griega atesorada por el museo del Louvre, Caín matando a Abel, de Rubens, propiedad del londinense Courtald Institute of Art o una partitura del británico Henry Pourcel compuesta en 1685 son otras piezas que se beneficiarán del mecenazgo de Bank of America.

Lo cierto es que la dama que atrapa todas las miradas en la sala 201 del Reina Sofía, seguía exhibiendo ayer ese desdén algo verdoso que la ha hecho tan famosa, ajena a tanto revuelo financiero-artístico. Acaso porque su melancolía es en realidad un gesto de infinita paciencia. ¿Y si siempre supo que solo era cuestión de tiempo? Como aseguró uno de los visitantes consultados: «Antes o después debían hacer algo; o le devolvían el color azul o le cambiaban el nombre al cuadro».

Iker Seisdedos, Madrid: La ‘Mujer en azul’ abandona el verde, EL PAÍS, 19 de noviembre de 2010
Cuadros de Dalí, Picasso, Miró y Goya, expoliados por los nazis

Cuadros de Dalí, Picasso, Miró y Goya, expoliados por los nazis

Este Picasso llegó a ser embarcado en 1944 en un tren, pero ya no llegó a salir de ParísObras de Picasso, Goya, El Greco, Dalí, Miró y Torres-García forman parte de esa larga lista de objetos de arte (pinturas, esculturas, muebles, cerámicas…) expoliados a 260 colecciones y a 269 propietarios judíos entre 1940 y 1944. Quienes consultan esa web pueden acceder a las fichas originales en alemán que se hicieron en el Museo Jeu de Paume de París, adonde eran trasladadas por el Einsatzstab Reichsleiter Rosenberg (ERR), el servicio oficial de confiscación de bienes judíos y francmasones en la Europa ocupada. Estas fichas proceden de tres archivos distintos: el Ministerio de Asuntos Extranjeros de Francia, los archivos federales de Alemania y los archivos nacionales de Estados Unidos. Generalmente incluyen el título o la descripción de la obra, el autor, las dimensiones y la técnica y, si se conocen, otros detalles como la fecha de ejecución, la colección de origen y su posterior destino. Una de las novedades es que las fichas originales están digitalizadas e incluyen fotos en blanco y negro de las obras que facilitan su identificación. Algunas fueron devueltas a sus propietarios tras el triunfo de los aliados, otras fueron encontradas pero no así sus antiguos propietarios y un tercer grupo desaparecieron.
La web descubre tres obras de Salvador Dalí

Entre las 20.000 fichas de la base de datos, una única corresponde a Salvador Dalí (que aparece con el nombre erróneo de «Delli»). No hay foto del cuadro y sólo sabemos que se titulaba Personas en una meseta elevada de arena (en la versión alemana), que medía 38×46 centímetros y que estuvo en el Jeu de Paume entre 1941 y 1942. Ni por el nombre ni por las medidas se sabe de que obra se trata, ni si existe aún.

TRES OBRAS CATALOGADAS. En la misma ficha se da cuenta de otras obras de Dalí que fueron incautadas también por los nazis, que estuvieron en el Jeu de Paume y que han seguido trayectorias dispares. En la fotografía reproducida en estas páginas, aparecen hasta seis obras de Dalí en la llamada «sala de los mártires». De ellas sólo el óleo Cisnes reflejando elefantes (1937) reapareció en 1974, como propiedad de un llamado Cavalieri Holding, de Ginebra. Posteriormente fue subastada por Sotheby’s (primero en Londres, 1976, y luego en Nueva York, 1995). De las otras cinco obras se ignora el paradero, aunque se puede adivinar que una es la titulada Herodiades (citada en el catálogo de la Fundació Dalí y conocida sólo por una fotografía en blanco y negro). La ficha de la web da cuenta de otras cuatro obras de Dalí de las que se encontró su correspondiente anotación en el Jeu de Paume (y dos figuraban en la foto de la «sala de los mártires»). Sólo una es conocida a través de otra fotografía en blanco y negro y está catalogada por la Fundació Gala- Salvador Dalí, aunque se desconoce su paradero. Es el óleo Playa encantada o Sifón largo (1937). De las otras tres, la ficha de la web ofrece una foto en blanco y negro, el título, las medidas y la técnica pictórica. No se conoce nada más y no figuran en ninguna de las publicaciones conocidas sobre Dalí. Tampoco en el catálogo razonado de la Fundació Dalí.

TRES OBRAS INÉDITAS. De estas tres piezas hasta ahora desconocidas destaca el óleo La ruptura del planeta, de 60×73 cm, que contiene elementos dalinianos como el automóvil fosilizado o el esqueleto de una barca. En Estudio de caballos y mujeres aparece un juego de dobles imágenes entre el trasero de la mujer y el del caballo. La otra pieza, Paisaje montañoso meridional con cielo nublado, es una llanura con rocas y un fondo costero y dos personajes en primer término besándose. Estas dos últimas obras aparecen también en la «sala de los mártires». La duda es si forman parte de alguna colección escondida en Alemania o en Rusia, países a donde fueron a parar muchos de estos cuadros requisados, o si fueron destruidos por ser considerados «arte degenerado».

Diversos testimonios hablan de episodios de quema de obras de arte nunca aclarados. Hasta ahora sólo existía una web en Austria que permitía acceder al registro de unas 2.000 obras incautadas en ese país por los nazis.

Hitler se había propuesto crear un gran museo en su ciudad natal, Linz (Austria), como gran escaparate del arte ario, y el arquitecto Albert Speer llegó a preparar los planos. Para ello se creó en 1940 la ERR, bajo la dirección de Alfred Rosenberg y con el apoyo directo de la Wehrmacht. Las obras confiscadas en Francia, Holanda, Bélgica y Luxemburgo eran trasladadas en camiones y trenes especiales hacia Alemania y Austria. También el mariscal Hermann Goering, un coleccionista compulso, intervino para quedarse algunas obras. Pero no todas emprendieron este viaje que ha dado pie a una película titulada precisamente El tren y protagonizada por Burt Lancaster. El propio Hitler desestimó lo que consideraba obras «inacabadas» o las más modernas, que calificó de «arte degenerado». En septiembre de 1940, el servicio del ERR ocupó el edificio del Museo Jeu de Paume, de París, para convertirlo en almacén de ese botín artístico. Se sabe que algunos marchantes holandeses, suizos y americanos intervinieron en confusas operaciones de intercambio de obras representativas del «arte germánico» (Cranach, Rembrandt…) por otras consideradas indignas (Picasso, Van Gogh,Matisse, Cézanne, Leger…).

En el Jeu de Paume emerge la controvertida figura de su conservadora, Rose Valland, que empezó a elaborar fichas sobre las obras confiscadas que pasaba a su vez a Jacques Jaujard, responsable de los museos franceses, para que este pudiera informar a la resistencia. Al finalizar la contienda, Valland intervino también en el proceso de recuperación de las obras trasladadas a Alemania. Se calcula que de las 100.000 obras robadas, unas 61.000 fueron devueltas a Francia y 45.000 se pudieron restituir a sus dueños. Más de dos mil obras importantes se quedaron sin destino, y acabaron confiadas a los museos nacionales a la espera de una eventual restitución.

Entre las muchas incógnitas del saqueo nazi está la destrucción de unas 600 telas que tuvo lugar en los jardines de las Tuilleries de París el 23 de julio de 1943. Rose Volland, una mujer discreta, nunca llegó a publicar sus memorias y se llevó a la tumba lo que pudo conocer de aquel episodio. Pero ahora a través de esta web se pueden apreciar obras de Picasso, Miró o Dalí, por citar sólo a los autores españoles, que nunca más han vuelto a aparecer y que quizás fueron pasadas a cuchillo y quemadas posteriormente en ese acto de «purificación» ordenado por el III Reich. En Berlín se calcula que fueron quemadas otras 5.000 obras requisadas de los propios museos alemanes.

Para Jules Berman, presidente de la Conferencia sobre Reclamaciones, «es responsabilidad de los museos, de los marchantes de arte y de las casas de subasta contrastar lo que tienen con estos registros para determinar si poseen obras de arte robadas a las víctimas del holocausto».

El misterio de las obras de arte requisadas por los nazis a los grandes coleccionistas judíos y nunca recuperadas cuenta ahora con una inestimable ayuda para su resolución. El Museo del Holocausto de Estados Unidos y la Conferencia sobre Reclamaciones materiales judías contra Alemania han abierto esta semana una base de datos en internet (http://www.errproject.org/jeudepaume/) que permite acceder a un registro de 20.000 obras de arte robadas en Francia, Bélgica y Holanda durante la Segunda Guerra Mundial.


Josep Playà Maset, Barcelona: Cuadros de Dalí, Picasso, Miró y Goya, expoliados por los nazis, La Vanguardia, 23 de octubre de 2010

El canon Picasso

El canon Picasso

Picasso, su mujer, su hijo y Gotthard Schuh, en 1932. Vea más fotosEn 1932, el Museo de Arte de Zúrich acogió 225 piezas de primera clase. Cada etapa de su ya prolífica carrera estaba representada: desde las pinturas del artista adolescente hasta sus jugueteos con el surrealismo, pasando, como no, por el cubismo y el neoclasicismo. Ocho décadas después, una exposición en el mismo lugar vuelve a mostrar idéntico recorrido artístico. La Kunsthaus de la ciudad suiza ha conseguido que 70 de aquellas piezas estén colgadas de nuevo entre sus paredes, formando así la primera retrospectiva de Picasso desde que en 1980 el Museo de Arte Moderno de Nueva York celebrara la última.

Arlequines, instrumentos, mujeres desnudas… todo el universo pictórico de Picasso estaba ya presente en sus primeras tres décadas de arte. Sus jóvenes pinceladas son el entremés de la exposición, en las que queda patente la influencia de Gauguin, Van Gogh o Toulousse-Lautrec. De la etapa azul destaca ‘Mujer melancólica’ (1902), mientras que de la rosa, el pintor mostró, entre otras, el ‘Retrato de Fernande Olivier’ (1906). De entre las creaciones modernas presentes, sobresalen dos. ‘Lección de dibujo’ (1925) no se había mostrado en público desde hacia más de 30 años. Difícil de ver también es ‘El pintor y su modelo’ (1927), prestada por el Museo de Arte Contemporáneo de Teherán, y que raramente está en circulación.

Picasso contra Picasso. 'Mujer con camisa', 1931. Staalsgalerie Stuttgart.La labor del comisario de la exposición, Tobia Bezzola, para averiguar qué obras estuvieron presentes en 1932 y quiénes eran sus propietarios ha requerido cinco años de intenso trabajo. Por lo demás, no ha tenido que preocuparse del concepto de la exposición. «Picasso ya hizo ese trabajo por mí», bromea en referencia a que el genio cubista fue el comisario de su propia muestra. Una exposición de estas características exige grandes cantidades de dinero, de ahí que las retrospectivas sobre el autor sean contadísimas, explica Bezzola. Cada año hay citas con Picasso en todos los rincones del mundo, aunque en la mayoría de ocasiones se trata de comparaciones entre el malagueño y otros artistas del siglo XX, o de monográficos sobre algunos de los aspectos de su obra como el erotismo, el cubismo, el circo o sus grabados japoneses. Por eso, la oportunidad que ofrece la Kunthaus hasta el 30 de enero es única.

Pero, ¿por qué Picasso se decidió por Zúrich para presentar su primera retrospectiva en un museo? La respuesta hay que buscarla en la ausencia de pinacotecas de renombre que mostraran arte contemporáneo en aquella época, más allá de Suiza, Holanda, Austria y Alemania. El MoMA de Nueva York sólo tenía tres años, poco tiempo para ganar el prestigio necesario para estar a la altura de uno de los pintores más importantes del siglo XX. Además, la Kunthaus era una institución privada, por lo que los cuadros expuestos podían venderse, uno de los objetivos principales del pintor cubista. El país alpino, más boyante que el resto de país en aquella década, era el lugar perfecto.

Nada más llegar a Zúrich con su mujer Olga y su hijo Paulo, Picasso se encontró con la compañía de la prensa, como si fuera una estrella de Hollywood. No obstante, la crítica no fue del todo benevolente pues no entendió las curvas, desviaciones y saltos que Picasso había hecho con su estilo en la última década. Llegaron a decir que aquellos cambios respondían a «un proyecto decorativo» y no pictórico. El renombrado psiquiatra suizo Carl Gustav Jung incluso manifestó que en su arte se palpaba «la esquizofrenia». Seguramente, sus provocativas declaraciones no hicieron más que llamar la atención del público. El interés fue tan masivo que el museo tuvo que ampliar en 15 días las cuatro semanas previstas inicialmente. Los responsables de la actual exposición esperan lo mismo.

Picasso siempre supo que sus pinturas cubistas marcarían la historia del arte. Por eso, cuando le tocó organizar una exposición retrospectiva de sus primeras décadas de trabajo, supo que sus obras vanguardistas tenían que ser el centro de todo.

Picasso contra Picasso. 'Joven mujer con camisa', 1905. Tate Gallery, Londres
Picasso contra Picasso. 'Mandolina y guitarra', 1924. Museo Guggenheim de Nueva York.
Picasso contra Picasso. 'Lección de dibujo' 1925. Coleccionista privado.
Picasso contra Picasso. 'El pintor y su modelo' (1927). Museo de arte contemporáneo de Teherán.
Picasso contra Picasso. 'Desnudo al lado del mar', 1929. Metropolitan Museum of Art, Nueva York.

Meritxell Mir | Zúrich: El canon Picasso, EL MUNDO, 14 de octubre de 2010
Una exposición evidencia la influencia de Edgar Degas en la obra de Picasso

Una exposición evidencia la influencia de Edgar Degas en la obra de Picasso

La huella de la influencia del artista impresionista Edgar Degas en la obra de Pablo Picasso se puede ver desde hoy en el Museo Picasso de Barcelona en una exposición que rastrea, a partir de un centenar de obras de ambos, casos concretos que evidencian esa incidencia y «ciertas afinidades» comunes. Una persona contempla las obras "La nana" 1901, de Pablo Picasso y "Joven bailarina" (1879-1881), de Edgar Degas, que se exhiben en el Museo Picasso de Barcelona Organizada conjuntamente con el Sterling & Francine Clark Art Institute de Williamstown (EEUU), la exposición, que estará abierta al público hasta el 16 de enero próximo, se inscribe en la línea de trabajo iniciada por el museo barcelonés dirigida a la creación de nuevos discursos y contextos.

En esta ocasión, el especialista en Degas Richard Kendall y la experta picassiana Elizabeth Cowling presentan en la exposición ejemplos bien documentados de las respuestas directas del malagueño a las creaciones del francés. El trabajo de los comisarios ahonda en los intereses paralelos de los dos artistas por temas que abarcan desde la moderna vida urbana hasta las figuras de la danza, pasando por actividades íntimas como el baño o por la afición común por la fotografía y la escultura. La muestra incluye además, según Kendall, «el primer análisis exhaustivo del compromiso de Picasso con el arte de Degas en los últimos años de su vida, cuando adquirió diversos monotipos de burdeles del pintor francés y reconvirtió algunos de ellos en grabados propios».

Cuando Picasso se instala en el edificio del Bateau-Lavoir de Montmartre en 1904, se hallaba a pocos minutos de distancia del estudio de Degas, pero nunca llegaron a conocerse en persona, a pesar de que tenían amigos comunes. La exposición examina a Degas a través de los ojos de Picasso y el modo en que la respuesta del artista español evoluciona con el paso del tiempo, «de la emulación a la confrontación y de la parodia al homenaje», ha subrayado Kendall. Para Elizabeth Cowling, «ambos compartieron su explotación de la técnica» y desde un punto de vista temático «su obsesión de toda la vida por las mujeres, plasmada en sus retratos de amigas y en sus innumerables representaciones del desnudo femenino».

Sin embargo, en la vida real tuvieron una actitud diferente ante la mujer pues, como recuerda Kendall, «mientras Picasso tuvo muchas novias, amantes, esposas y convirtió el sexo en una temática específica de su arte, Degas no se casó nunca, tuvo muchas amigas íntimas, pero que no fueron parejas, hasta el punto de que se ha especulado sobre su posible homosexualidad». Al respecto, la comisaria apunta que la actitud de Degas ante las mujeres fue más la de un voyeur, algo que encontraremos en la obra del Picasso nonagenario. El recorrido expositivo se inicia con la primera época del joven Picasso, cuando recibía una formación académica muy similar a la de Degas, cuyo arte conoció por primera vez en Barcelona.

Cuando llega a París a principios del siglo XX, el malagueño comienza a responder directamente a la imaginería de la vida moderna de Degas: en cuadros como «El final del número» (1901) rindió homenaje a las escenas de café concierto de Degas. Uno de los enfrentamientos más dramáticos en este período es el que se produce entre la polémica obra maestra de Degas «En un café (La absenta)» y el «Retrato de Sebastià Sunyer Vidal», de la época azul de Picasso. El paralelismo en el interés por la danza queda bien ilustrado con la yuxtaposición de la emblemática escultura de Degas «Joven bailarina de catorce años», considerada «escandalosamente radical» en su día, con el «Desnudo amarillo» de Picasso, que anuncia el cubismo, destaca Cowling.

Picasso heredó y transformó otro de los temas favoritos de Degas, las mujeres bañándose y peinándose, al que volvió en repetidas ocasiones a lo largo de un período de más de cincuenta años. La exposición revela que los dos artistas exploraban este íntimo mundo femenino en todos los medios y formatos, que van desde el más diminuto al más monumental: El escultural cuadro de Picasso «Mujer peinándose» (1906) se presenta al lado de dos óleos de Degas «El peinado», de tonos rojos y rosados, y la inmensa y aparentemente inacabada «Mujer desnuda secándose».

A finales de la década de 1870, Degas creó una serie de monotipos que representan a prostitutas y a sus clientes en los burdeles, de los cuales Picasso adquirió nueve para su propia colección. Hacia el final de su vida, el artista español dialogó con estos monotipos directamente en una serie de aguafuertes humorísticos y patéticos, en los que el propio Degas aparece personificado como un cliente cauteloso e inhibido, pero fascinado. En esos últimos años, Picasso, remarca la comisaria, no esconde una «afinidad psicológica» por Degas, al que identifica a menudo como un calco físico de su padre. La exposición concluye con esta serie y con el retrato de Degas pintado por Picasso en 1968 como homenaje al maestro impresionista.

Jose Oliva, EFE, Barcelona: Una exposición evidencia la influencia de Edgar Degas en la obra de Picasso,
La Vanguardia, 14 de octubre de 2010
Viaje al santuario de Picasso

Viaje al santuario de Picasso

Picasso, sentado sobre La cabra (1950) en Vauvenargues. A su izquierda, El orador (1933). / roberto otero, museo picasso málaga- BANCO DE IMÁGENES DE VEGAP Picasso entró en el baño y salió corriendo. Regresó con botes de Ripolin, la pintura industrial que usaba, y transformó para siempre aquella pared blanca. Un fauno que toca la flauta en el bosque ameniza desde entonces las visitas al inodoro del castillo de Vauvenargues, en la Provenza francesa. Picasso vio el espacio y no pudo contenerse. Jacqueline Roque, su pareja, contaría después a André Malraux que cuando ella vio el mural, tampoco. Compró muebles de jardín -de color verde-jardín- para acompañar al fauno del bosque que cualquiera podía contemplar cada vez que visitaba el cuarto de baño por asuntos poco artísticos. El mural fue uno de los muchos arrebatos que sintió Picasso en Vauvenargues. El primero fue comprarlo. Lo hizo en 1958 en cuanto descubrió que se vendían los escenarios del monte Sainte Victoire pintados por su apreciado Cézanne.
El siguiente fue arrepentirse. Tras una noche en blanco, el día de la gran mudanza, en abril de 1959, el pintor se bloqueó.

-Vuelve a llamar a los camiones. No nos vamos a ir nunca de aquí… Olvida el nuevo castillo. ¡Véndelo! ¡Regálalo!

Jacqueline Roque, que se convertiría en la segunda esposa del artista antes de dos años, no hizo caso. La cámara de David Douglas Duncan, uno de los muchos fotógrafos amigos de Picasso, atrapó todo el proceso: el miedo al cambio, el reencuentro del pintor con su valiosa colección personal (obras de Matisse, Braque, Modigliani, Courbet…) y el despliegue de esculturas a las puertas del castillo como tropas de bienvenida.

Allí se instalaron pintor y musa hasta junio de 1961, huyendo también del asedio de Cannes. Picasso ya era rico y célebre. En la finca La Californie tenía una vida social intensa y tal vez nostalgia del silencio. Vauvenargues le permitió cambiar la atmósfera y reencontrarse con su recuerdo de España. Se levantaba tarde, pintaba retratos de Jacqueline -en uno de ellos la corona Jacqueline de Vauvenargues-, naturalezas muertas y variaciones del Desayuno en el prado, de Manet. Vuelve a la mitología -el fauno flautista que toca sobre la bañera- y descubre la potencia del verde. «Es curioso. Cuando llego a Vauvenargues todo es distinto y la pintura también. Es más verde», dirá.

Pablo Picasso y Jacqueline Roque en Cannes.- ANDRÉ VILLERSEl castillo le cambia y él cambia al castillo. No mucho. Solo ordena instalar la calefacción central y el baño. Apenas pasa dos años en él. En otro arrebato, fruto de la aprensión, decide mudarse a Mougins para tener a mano un médico de confianza. Sin embargo no se deshace de Vauvenargues, donde será enterrado en abril de 1973 envuelto en una capa española, regalo de Jacqueline.

Sus restos descansan entre cedros, bajo un montículo coronado por una reproducción de La dame à l’offrande (1933), que se mostró ante el pabellón de la España republicana en la Exposición Universal de París de 1937 donde nació el Guernica como icono. Siempre que pudo, Jacqueline rindió honores a los principios de su marido. Y cuando ya no pudo más y se quitó la vida en 1986, fue enterrada junto al pintor, a los pies de la fachada principal del castillo de Vauvenargues (siglo XVII), convertido en la tumba de Picasso porque el alcalde de Mougins no autorizó la inhumación en la finca de Notre Dame de Vie.

La tumba de Picasso mira al oeste. Es lo primero que uno encuentra al traspasar la entrada del castillo, cerrado a las visitas hasta 2009, cuando se abrió durante el verano a grupos reducidos, coincidiendo con la exposición que unía a dos maestros que nunca se conocieron, Cézanne y Picasso. Este verano se ha repetido la operación. Catherine Hutin, la heredera de Jacqueline Picasso y actual propietaria, permite el acceso bajo criterios restrictivos (una hora, visitas guiadas, grupos pequeños, sin fotos). El próximo viernes 2 de octubre se abrirá al público por última vez. Sobre una reapertura futura hay incertidumbre, lo que acrecienta la sensación de acceder a un lugar privilegiado. La propietaria ha declarado en alguna ocasión que no desea trastornar la apacible rutina del minúsculo pueblo (alrededor de 600 habitantes), cuyos vecinos se debaten entre el temor a ser sepultados por la vorágine picassiana y la pérdida de negocio.

Hutin huye de la exposición pública como del diablo. Son contadas sus entrevistas (rehusó hablar con este diario). Le desagrada comentar su relación con Picasso -ella tenía cuatro años cuando su madre conoció al pintor- y, sobre todo, de las controversias que rodean a la familia. La más reciente se desató tras la publicación del libro La verdad sobre Jacqueline Picasso, escrito por Pepita Dupont (2007), que acabó ante los tribunales. También le incomodan cuestiones relativas al supuesto deseo de su madre de donar a España las 61 obras de la exposición Picasso en Madrid. «He regalado a España cosas y lo que hago lo hago con todo el corazón, pero que me dejen en paz. Soy la única heredera de mi madre, y con eso está todo dicho», declaró el pasado junio al periódico coruñés La opinión.

En esa entrevista, Hutin explicaba que abrió el castillo para mostrar «la sencillez» en que vivían: «Yo no cambié absolutamente nada. La gente siempre se imagina cosas extraordinarias, pero yo dejé todo como estaba y, en ese aspecto, es mostrar mi verdad. Hemos hecho reformas aunque no se ven. Todo está igual».

Por eso uno tiene la sensación de entrar en un recinto congelado en 1961. En el comedor siguen objetos que Picasso incluyó en obras de la época: el aparador negro estilo Enrique II o la mandolina que compró a un anticuario de Arlés tras una corrida de toros, incluida en numerosas naturalezas muertas. En un rincón, junto a un ventanal, está la mecedora donde el artista leía.

En su estudio -una gran estancia dominada por una chimenea de yeso y generosos ventanales que miran al oeste- siguen los botes de pintura Ripolin, pinceles y caballetes, dos sillas pintadas por Picasso, un recorte de periódico sobre Hitchcock y una página del semanario taurino El Ruedo del 6 de agosto de 1959 donde se informa de una corrida en la que iban a participar su íntimo amigo el torero Luis Miguel Dominguín y Antonio Ordóñez.

Para acceder a la planta superior hay que subir por una desnuda escalera de la vanidad -bautizada así por el tamaño que ocupaban en castillos y casas de campo de la zona-, que conduce al dormitorio de Picasso, donde aguardan varias sorpresas. Una es el espartanismo del cuarto. Otra es el cabecero: una senyera. El guía cuenta que la tela con los colores de la bandera catalana fue colocada por Jacqueline con un afán provocador frente a la dictadura franquista.

La obra Jacqueline de Vauvenargues (1959).-En el espacioso dormitorio hay un armario tosco, una alfombra tejida en rojo y negro por artesanos de la comuna de Aix-en-Provence según un diseño del artista, una silla española de anea, un teléfono gris de disco depositado sobre un tallo de madera, una mochila de cuero de la Primera Guerra Mundial y un retrato de Picasso en albornoz amarillo hecho por David Douglas Duncan, un fotoperiodista curtido en guerras que gozó de frecuente acceso a la intimidad de Picasso. Sus obras figuran en catálogos. Más sorprendentes resultan las captadas por Jacqueline Picasso, que retrató a su pareja casi a diario desde 1953. Catorce de estas fotos fueron donadas por Catherine Hutin al Museo Picasso de Barcelona -la institución española que más mima: hace un año le donó un dibujo previo de Las meninas-, pero mayoritariamente es una colección desconocida.

Durante este verano se exponen en varias salas del castillo 60 imágenes tomadas por Jacqueline. Curiosas. Picasso, con gafas redondas de concha, leyendo un artículo sobre la guerra de Argelia en un ejemplar de Paris Match del 16 de junio de 1956. El pintor, en pantalón corto y con un cachorro dálmata en brazos.

No es el único material inédito. Casi al final de la visita se proyecta un documental rodado por Jacqueline Picasso en Vauvenargues. El artista se pasea por su estudio mientras bebe de una taza, la reconviene con un dedo ante la cámara, saluda a las visitas a la manera torera desde la ventana del primer piso y finalmente se despide con un beso. En la película se ve al artista mientras retoca Monument aux espagnols morts pour la France, el óleo que pintó al final de la Segunda Guerra Mundial.

El paisaje que Picasso ve desde la ventana -y desde la gran terraza-pinar que se asoma a la ladera norte de la montaña- está en alguno de sus cuadros de la época. Es un paisaje que le recuerda a Horta del Ebro, la tierra de su amigo Manuel Pallarès. De hecho, la primera impresión que tiene de Vauvenargues le dispara la melancolía. «Lo visitamos una mañana, todavía estaba el mercado en la plaza del pueblo y ¡los agricultores hablaban catalán! Además, los puestos de fruta y verdura se parecían a los de nuestra tierra», comentará Picasso, tras visitar el castillo con Jacqueline y Jean Cocteau.

Fuera del castillo, la atmósfera que conquistó el pintor sigue casi igual. Dentro, se ha detenido en los días de Picasso. Incluso cuando ya no estaba, como ocurre en la gran sala de guardia, donde su cuerpo permaneció varios días mientras no se derretía la nieve sobre el atrio donde se cavó su tumba.

Tereixa Constenla, Vauvernargues: Viaje al santuario de Picasso, EL PAÍS / Tentaciones de verano, 28 de agosto de 2010

Picasso triunfa en el Met de Nueva York

Picasso triunfa en el Met de Nueva York

'Escena erótica', de Pablo Picasso, también conocida como 'La douleur'- MetEl Museo Metropolitano de Arte de Nueva York (Met) anunció hoy que la exposición que dedicó hasta el domingo a todas las obras del español Pablo Picasso (1881-1973) que tiene en su colección atrajo a más de 700.000 personas. La cifra que la convierte en la más visitada en la institución desde 2001.

La muestra, que estuvo abierta desde el 19 de abril hasta el 15 agosto y que ha sido la más amplia que el Met ha dedicado al conocido artista español, reunió a un total de 703.256 visitantes, lo que también la coloca como la séptima exposición más exitosa en la historia del respetado museo neoyorquino. «Nos sentimos especialmente complacidos y orgullosos por el hecho de que una exposición de la espléndida colección del Met haya obtenido una respuesta tan extraordinaria por parte del público», aseguró en un comunicado el director del museo, Thomas Campbell, quien destacó así la «duradera popularidad» de Picasso.

La muestra, llamada Picasso en el Museo Metropolitano de Arte , registró, según los datos de asistencia que maneja la conocida institución, una media de 6.700 visitantes cada día, una cifra que aumentó hasta unas diez mil personas los viernes, sábados y domingos. «La alentadora cifra de asistencia pone de manifiesto no sólo la popularidad de este icónico artista, sino la riqueza y la profundidad de las obras de Picasso que posee el Met», añadió el director del museo. La completa exposición recogió 34 pinturas, 58 dibujos, doce esculturas y cerámicas, y unos 200 grabados que sirvieron para mostrar la multidiscipinar carrera de Picasso, de quien se incluyeron obras que jamás habían sido mostradas en público.

Entre esas piezas destacó Escena erótica, un cuadro más conocido como La douleur, que se había pasado los últimos 28 años en los sótanos del Met y del que el propio artista renegó en su día. En este cuadro se ve a una mujer desnuda sentada sobre una cama y con la cabeza volcada sobre la entrepierna de un muchacho, vestido sólo con un suéter y recostado sobre una almohada. La muestra ofreció así un completo repaso de la obra de Picasso con piezas tan emblemáticas como la primera pieza que el Met obtuvo del español: un retrato realizado en 1906 de la escritora estadounidense Gertrude Stein, cuya casa en París fue centro de reuniones de los protagonistas de los movimientos de vanguardia más influyentes de la época.

EFE – Londres: Picasso triunfa en el Met de Nueva York, EL PAÍS, 18 de agosto de 2010

Cara a cara de Picasso y Klee

Cara a cara de Picasso y Klee

Los herederos de los artistas: Alexander Klee (izda.) y Claude Picasso, en la presentación. | AFP

Una exposición en la capital helvética reúne por primera vez a dos grandes artistas de la misma generación cuyas personalidades no podrían ser más antitéticas: Pablo Picasso (1881-1973) y Paul Klee (1879-1940). El primero, de temperamento extrovertido como buen hijo del Mediterráneo; introvertido y espiritual, el suizo alemán. Los dos artistas se conocieron personalmente -se sabe que mantuvieron dos reuniones, una en París, otra en Berna- e incluso compartieron a algún marchante o galerista.

El lirismo y el misterio, unidos a la inclinación a la sátira y a la ironía de la obra de Klee contrastan poderosamente con la sensualidad y el carácter dramático de la pintura del español. Picasso era una auténtica fuerza de la naturaleza a cuya atracción resultaba difícil resistirse, como reconoció el propio Klee al señalar la importancia de estar siempre vigilante para evitar su influencia, aunque fuera involuntaria. «Es una personalidad muy fuerte, y ocurre que uno adopta inconscientemente cosas que aprueba. Pero cada cual debe seguir su propio camino», escribió Klee. No consiguió sustraerse totalmente a la influencia de su colega español, como puede apreciarse en la exposición que puede verse hasta el próximo 26 de septiembre en el centro Paul Klee de Berna. Ese influjo se hizo patente sobre todo a partir de que surgiese el cubismo analítico de la mano del genio español, a quien Klee incluso dedicó en 1914 un cuadro a modo de homenaje en el que utilizó incluso el formato oval de algunas pinturas cubistas de Picasso.

'Verfluchende Frau', de Klee (1939) y 'Femme Assise', de Picasso

La exposición, que reúne más de 180 obras de ambos artistas, procedentes de colecciones privadas y museos de Europa y Estados Unidos, comienza contraponiendo algunas pinturas líricas y melancólicas de los períodos azul y rosa de Picasso con los primeros dibujos, todos ellos abiertamente satíricos, de Klee. Especialmente interesante resulta la confrontación a la que ha sometido la comisaria de la exposición, Christine Hofpengart, el cubismo analítico de Picasso, frente a las creaciones geométrico-abstractas del mismo período de Paul Klee.

Otro de los puntos fuertes de la original muestra lo constituyen las obras de la llamada fase surrealista de Picasso y la respuesta que suscitan esas creaciones en su colega suizo. A los cuerpos femeninos descoyuntados que abundan en las pinturas de los años 20 y 30 de Picasso corresponden las fantasías grotescas de Klee, que marcarán su obra a partir de entonces. Con todo, la deformación de la figura humana no constituye una novedad en Klee: a través de esa desfiguración, el artista expresa estados anímicos como el amor, el miedo o la tristeza. Los grandes formatos de Picasso, sobre todo la monumentalidad de sus representaciones de mujeres, animó a Klee, según la comisaria de la exposición, a renunciar a los cuadros pequeños de su primera etapa.

El momento de mayor alejamiento entre los estilos de ambos artistas coincide con la llamada etapa clásica del español, que contrasta con el lenguaje visual desarrollado por Klee caracterizado por fuertes dosis de ironía y fantasía. Especialmente fascinante es también la contraposición de los cuadros de la última etapa de la vida de ambos creadores: Picasso se rebela contra la muerte hasta el final, aferrándose a la sexualidad de una forma casi obsesiva, mientras que Klee refleja la premonición sobre su propia muerte de una forma mucho más interior.

Efe | Berna (Suiza): Cara a cara de Picasso y Klee, EL MUNDO, 5 de julio de 2010
Subasta de »El Retrato de Ángel Fernández de Soto», de Pisasso

Subasta de »El Retrato de Ángel Fernández de Soto», de Pisasso

El Retrato de Ángel Fernández de Soto, un picasso de 1903, del periodo azul, objeto de litigios de propiedad en los últimos años, se confirmó anoche como estrella indiscutible de la gran subasta de arte impresionista y moderno de la casa londinense Christie’s, con una cotización de casi 42 millones de euros. La más que considerable cifra no estableció ninguno de los récords que ha venido flanqueando el mercado de pujas en los últimos meses, pero sobresalió a lo largo de una velada en la que el martillo de la sala no halló comprador para un cuadro de Claude Monet (Nymphéas, 1906), cuyo valor estimado era idéntico al de la obra del malagueño. El mercado del arte sigue emitiendo signos de recuperación, como revelaron las sólidas ventas de piezas de Matisse o Van Gogh o los números de la reciente feria de Basel, pero eso no significa que la era de las vacas gordas haya regresado definitivamente.

Un momento de la subasta del retrato pintado por Picasso, ayer, enAntes de la subasta se anunció: «Para la caridad, para la Fundación Lloyd Webber», destinada a la formación de nuevos actores e interpretes. A pesar de las expectativas y de la semana de grandes ventas y récords que llevan las dos grandes casas de subastas, Sotheby’s y Christie’s, el retrato de Ángel Fernández de Soto, también conocido como El bebedor de absenta, se vendió el 23 de junio de 2010 en Christie’s por 42,1 millones de euros en una puja recibida por teléfono. La casa era demasiado optimista, esperaba al menos dos millones de euros más. Sin embargo, en este caso, lo importante no era la cifra, sino el final de un litigio que arrastraba el cuadro desde 1995. La subasta, que incluía piezas de Monet, Renoir, Matisse,Magritte, Van Gogh y Klimt alcanzó los 186.297.898 euros. Todos para la FundaciónLloyd Webber

El retrato de Ángel Fernández de Soto, el amigo de juventud de Picasso, miraba impasible desde su marco de madera de purpurina a los potenciales compradores de la subasta en la casa Christie’s de Londres. Desde que el pasado 17 de marzo se anunciara su futura venta, a Ángel lo exhibieron en Londres, Nueva York y Hong-Kong como a un animal de feria. En Londres, Ángel no pudo beber absenta como hizo cuando le retrató su compinche malagueño, porque el consumo de esta bebida está restringido en Gran Bretaña. Por eso, quizás, tuerce los labios en gesto burlón, por el síndrome de la abstinencia.

Picasso retrató 18 veces a su amigo Ángel Fernández de Soto y Llasat, fallecido en accidente durante la Guerra Civil española, y algunos de estos retratos (en grupo o en solitario, a lápiz o tinta) pueden leerse como esbozos para el retrato en azul vendido; es el de mayores dimensiones y el más difícil por tratarse de óleo sobre lienzo. Picasso lo hizo en 1903 cuando los dos jóvenes compartían un destartalado cuchitril en la parte baja de Barcelona y sólo cenaban mientras duraba el sueldo de Ángel como mozo de recados de un almacén. Porque andaba todo el día por la ciudad, sus amigos le llamaban Patas’; era alto, delgaducho y tenía las piernas largas.

El retrato de un borracho con mucho recorrido

  • 1903. Picasso pinta el retrato de su amigo íntimo Ángel Fernández de Soto y Llasat cuando compartían apartamento en la parte baja de Barcelona.
  • 1904. Picasso se trasladó definitivamente a París y a la hora de hacer las maletas incluyó entre sus preferencias el retrato de Ángel en azul. Así fue a la capital francesa. Pasa completamente desaparecido entre esta fecha y el momento de su primera venta.
  • 1995. Lord Andrew Lloyd Webber compra el retrato por 29,1 millones de euros.
  • 2006. Se anuncia la venta del retrato de ‘El bebedor de absenta’ por un precio que oscilaba entre 40 y 60 millones de dólares, muy superior a la previsión por la que se ha vendido en esta ocasión en Londres.
  • 2006. El profesor de judaísmo, Julius Schoeps, reclamó la propiedad del cuadro aduciendo que había pertenecido a un hermano de su abuela, el banquero Paul Mendelssohn-Bartholdy. Este tuvo que venderlo de forma forzada por la persecución nazi, según el profesor alemán.
  • 2010. El pasado mes de enero Lord Andrew Lloyd Webber pagó una cifra secreta para que los herederos del banquero Mendelssohn-Bartholdy retiraran definitivamente sus reclamaciones sobre la propiedad de ‘El bebedor de absenta’, de Picasso.

En 1904, cuando Picasso se trasladó definitivamente a París, supo muy bien qué llevarse y qué dejar detrás. Ángel en azul fue empaquetado hacia la capital francesa hasta que fue vendido al compositor Lord Andrew Lloyd Webber por 29,1 millones de euros, en 1995. El retrato de Ángel residió, casi escondido. Giovanna Bertazzoni, jefa del departamento de Impresionismo y Arte Moderno de Christie’s, explica que para calcular el precio se basan en el interés que mostraron los coleccionistas cuando intentaron vender el cuadro en 2006, y desde entonces el mercado de las grandes obras de arte se mantiene firme. Las producciones del período azul de Picasso cuando hacía de pintor de la miseria humana no son habituales en el mercado. Comparado con Joven con pipa, de 1905, vendido por 104 millones de dólares en 2004, o Dora Maar con un gato negro, adjudicado por 95 millones de dólares en 2006, el precio pagado por el retrato parece prudente en época de crisis.

Desde que El bebedor de absenta entró en la pinacoteca de Lord Webber en 1995, el Patas no se encontró cómodo con los prerrafaelitas que formaban la colección. Él era el único bohemio del siglo XX. En 2006 se anunció la venta del retrato por un precio de 40 a 60 millones de dólares, muy superior a la previsión por la que se ha vendido esta vez. Ahí surgieron los problemas, cuando el profesor de judaísmo Julius Schoeps reclamó la propiedad del cuadro aduciendo que había pertenecido a un hermano de su abuela, el banquero Paul Mendelssohn-Bartholdy, el cual lo tuvo que vender de forma forzada por la persecución nazi, según el profesor alemán.

Ángel fue retirado de la venta unas horas antes de la subasta mientras empezaba un litigio en los juzgados de Nueva York y Londres. Julius Schoeps se enteró unos años antes de que su tío abuelo había poseído obras tan conocidas como El molino de la Gallete o Joven con pipa, de Picasso, o uno de Los girasoles, de Vincent van Gogh, e inició una cruzada legal para que museos y coleccionistas del mundo entero le compensaran por la incautación o venta forzada de arte a su antepasado. El pasado enero, Lord Webber pagó una cifra secreta para que los herederos del banquero Mendelssohn-Bartholdy retiraran sus reclamaciones sobre la propiedad de Patas, impasible al conflicto. Lucian Simmons, jefe del departamento de Restitución de Sotheby’s, lleva 13 años interviniendo en conflictos como este. «Nosotros siempre aconsejamos que se llegue a un acuerdo antes de litigar en los juzgados. Creamos el departamento para minimizar el riesgo, proteger a nuestros clientes y mantener limpio el mercado», asegura Simmons, cuyo departamento mira con lupa el paradero de obras de arte entre 1933 y 1945. El pago de una cifra compensatoria, como en el caso de este cuadro, es una de las soluciones que se aplican para restituir obras de arte expoliadas durante la persecución nazi.

Otro de los arreglos para resolver estos conflictos de propiedad histórica es la devolución de la pieza. En este sentido, Sotheby’s ha anunciado la venta, también para junio, del cuadro Joven en la fuente, de Jean Baptiste Corot (1796-1875). El retrato de una joven con un cántaro en una fuente de apariencia más inocente que Ángel ha sido devuelto por el museo holandés Kröller-Müller de Otterlo a los descendientes de Georg EduardBehrens, tras 66 años en la colección del museo. En este caso, el ministerio de Educación, Cultura y Ciencia holandés ha devuelto la obra de arte, valorada por Sotheby’s para la venta en un millón de euros.

Otra manera de resolver estos conflictos históricos y artísticos de propiedad de obras se plasmó el pasado febrero con la venta del paisaje de Gustav Klimt Iglesia de Cassone, un precioso cuadro, reclamado por los descendientes del magnate metalúrgico Victor Zuckerkandl. Sus propietarios anónimos hasta hace pocas semanas compraron el cuadro sin saber qué había sido de él en la década de 1930. Para resolver el litigio optaron por vender la obra y repartir el dinero, en proporción secreta, entre los reclamantes y los propietarios. Su preció se calculó en 10 millones de euros, y consiguió 30 millones, adjudicado a un comprador anónimo.

En el arte de las restituciones de cuadros, esculturas, manuscritos o antigüedades, Sotheby’s ha adelantado a su rival Christie’s creando en 1997 un departamento dedicado a investigar la historia o procedencia de obras de arte sospechosas de haber pasado por las manos o las listas de los nazis para requisar, robar, vender o incorporar a sus museos. En 13 años, Sotheby’s ha vendido más de 300 millones de dólares en arte restituido con devoluciones, compensaciones o distribuciones. «No hay una solución única para aplicar a los casos de restitución. A menudo hay dos inocentes, los compradores de buena fe y los reclamantes», explicaSimmons, quien ha hecho de intermediario en muchos de estos conflictos. El caso de Joven en la fuente, entregado por un museo a un ciudadano privado, es parecido a la reclamación que tiene el museo Thyssen de Madrid del cuadro La calle Saint Honoré, de Camille Pissarro, y que lleva nueve años de litigio judicial en EEUU. Simmons no quiere hablar de casos concretos, aunque en sus años de lidia en este campo ha visto que hay diferencias tratando con gobiernos o con ciudadanos privados. «Los gobiernos tienen una política pública y un status legal distinto al de los ciudadanos privados, pero al fin y al cabo todos tienes que resolver el litigio, y nosotros les aconsejamos que lo hagan evitando los juzgados, porque este es un campo único, todo depende de qué haya pasado en los últimos 70 años con la obra», explica el mercader del arte. En su opinión, «quedan centenares de importantes obras de arte, de las de museo, por reclamar, aunque hay muchos objetos personales, desde retratos de familia a manuscritos, que pasan por el mercado a 300 euros y no son reconocidos para ser restituidos».

Aparte de las vicisitudes de este lienzo, podemos comprobar que compradores procedentes de Estados Unidos, Rusia, los países del Golfo y potencias emergentes de Asia, además de europeos, han desfilado en los últimos días por la sede de Christie’s. Recientes hitos como la venta de una escultura en bronce de Giacometti, El hombre que camina por más de 84,7 millones han ejercido de acicate para que los coleccionistas y vendedores privados se animen a sacar a la luz sus propiedades y tesoros. «Vuelve a haber una gran demanda internacional de las obras de arte de máxima calidad», insiste Giovanna Bertazzoni, de Christie’s. Le da la razón la adquisición de un autorretrato de Manet con paleta (1878) a razón de 26,5 millones en la subasta organizada días antes por la competencia de Sotheby’s en sus locales londinenses, que registró una venta global de 136 millones. Quizá no haya llegado la hora de lanzar las campanas al vuelo pero, frente a lo volátil de los mercados financieros y los bajos intereses que hoy pagan los bancos, las obras de arte vuelven a asomar como una de las inversiones más sólidas.

Fuentes:

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