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Las grandes obras maestras del gótico catalán del 1400 se exhiben en el MNAC

Las grandes obras maestras del gótico catalán del 1400 se exhiben en el MNAC

El Museu Nacional d'Art de Catalunya emprende un viaje hasta 1400 para llevar a su nueva exposición 60 de las mejores piezas de uno de los ciclos más creativos en la historia del arte catalán  EPEl misal de Santa Eulalia, de Rafael Destorrents, considerado como «la Capilla Sixtina en pergamino», y cuatro piezas del retablo de San Jorge, de Bernat Martorell, que hacía un siglo que no se exhibían en Barcelona, son dos de las obras de la exposición del MNAC, Catalunya 1400. El gótico internacional.

El comisario y jefe del área de arte gótico del museo, Rafael Cornudella, ha explicado hoy en rueda de prensa que es la primera exposición de conjunto que se organiza en Catalunya dedicada a una etapa del arte gótico catalán, que coincide con la conocida como el «gótico internacional». Se trata de un período que se inicia en París y los Países Bajos a finales del siglo XIV y se alarga hasta mediados del siglo XV, con artistas capitales catalanes como Lluis Borrassà, Rafael Destorrents, Pere Joan y Bernat Martorell.

Con la exposición se pretende ofrecer una nueva perspectiva del arte de este período y «revisar y poner en valor» la obra de unos artistas «poco conocidos por el gran público en el siglo XXI, pero que están en todos los manuales de la época», según el comisario. Cornudella ha destacado que se exponen unas sesenta obras, «las mejores del momento», de diferentes géneros y tamaños, aunque el eje de la muestra sean diferentes retablos provenientes de iglesias de todo el territorio.

También se exhiben piezas de orfebrería, entre las que destaca una pequeña joya en forma de vaina de retama, utilizada por el rey Carlos VI de Francia y que se conserva en el Capítulo de la Catedral de Barcelona, de metal dorado y pequeñas perlas, que remite a algunas obras modernas como las que realizaba Salvador Dalí.

Sobre los retablos que se pueden ver, Cornudella ha hecho especial hincapié en las cuatro tablas con escenas narrativas de San Jorge, de Bernat Martorell, que se exponen en el Louvre y que, posiblemente, procedían de una capilla del palacio de la Generalitat. En cambio, el público no conocerá la pieza central de esta obra, que se encuentra en Chicago, donde no es de préstamo, ni otro pieza con una virgen que está en una institución de Filadelfia. La exposición se complementa con grandes retablos de Lluis Borrassà, Joan Mates y Jaume Ferrer de diferentes iglesias de Terrassa, Vilafranca del Penedès, ambas en la provincia de Barcelona, o de Tarragona.

Respecto a la miniatura, la exposición presenta nueve manuscritos iluminados, de entre los que sobresale el misal de Santa Eulalia, de Rafael Destorrents, de 1403, que no había salido hasta ahora de la catedral barcelonesa y que según el conservador y canónigo Josep Maria Martí Bonet es «la Capilla Sixtina en pergamino», con escenas, en su opinión, «en las que los clérigos no quedan muy bien parados, incluso con una parodia contra el Papado». También resalta el «Salterio y libro de horas», de Martorell, conservado en el Archivo Histórico de la Ciudad de Barcelona.

La parte final de la exposición, que podrá verse hasta el día 15 de julio, se dedica a lo frontales bordados, confeccionados a mediados del siglo XV, a partir de muestras pictóricas de Bernat Martorell, con hilos de oro y seda.

El director del MNAC, Pepe Serra, además de agradecer a la dirección anterior su esfuerzo en la programación de este proyecto, que ha tachado de «magnífico», ha querido subrayar los préstamos provenientes de diferentes museos catalanes como el de Lleida, así como de particulares o de instituciones civiles como la Generalitat o del Louvre para poder organizar la muestra. La exposición es, asimismo, la culminación de un período de investigación sobre el denominado «Gótico Internacional», uno de los momentos más creativos del arte catalán.

EFE, Barcelona: Las grandes obras maestras del gótico catalán del 1400 se exhiben en el MNAC, La Vanguardia, 27 de marzo de 2012

Fragas do Eume

Fragas do Eume

Arde un dos lugares máis fermosos de Galicia.

(c) La Voz de Galicia

V Televisión percorre o corazón das Fragas do Eume.

Información sobre a Fraga do Eume:

Parque natural As Fragas do Eume en Galicia Máxica
Mate…

Un mirón en el prostíbulo

Un mirón en el prostíbulo

'Mujer se peina'.Decía su amigo Paul Valéry que su mirada negra no veía nada rosa. La pintora Berthe Morisot creía que era incapaz de mirar siquiera a una mujer. No sería para tanto: las miró tanto y con tanta certeza que trazó su obra en femenino, con la sutileza de un tutú de seda y la delicadeza del movimiento de bailarina. Estas ultimas fueron el centro de su obra, pero no las únicas.

Edgar Degas consagró su vida a estudiar el cuerpo de la mujer. Desnuda o uniformada, en reposo o en plena danza. Si las segundas salieron del lienzo para comerse el mundo, las primeras quedaron rezagadas, ocultas en su taller. Hasta ahora. El Musée D’Orsay muestra por primera vez la colección de desnudos del artista en la exposición más importante dedicada al artista desde la retrospectiva que el centro le consagró en 1988.

En los salones burgueses y en las alcobas primero, y en los burdeles después, el ‘voyeur’ Degas espió y dibujó los contornos de estas musas mundanas. «Me encanta mirar por las cerraduras de las puertas», reconocía el artista. Pincel excepcional pero también tímido, a juzgar por el testimonio de Berthe Morisot: «Es incapaz de amar a una mujer, de decirle algo, de hacer algo», dijo.

«Durante toda su vida Degas buscó el desnudo, observó sus caras, sus poses, el sistema único de líneas que formula el movimiento de un cuerpo con la precisión más grande», decía Paul Valéry. Aunque el suyo no es un desnudo académico, sino más terrenal, y sus musas no son diosas, sino burguesas y cortesanas, cabareteras y prostitutas.

'Mujer después del baño'.Intimidad

En la sucesión de desnudos expuestos en el museo parisino, Degas juega con los cuerpos, los moldea y los mece en su paleta maestra de tonos pastel. En uno de los lienzos expuestos retrata a una mujer saliendo de la bañera. El gesto, captado en 1886 y en apariencia banal, adquiere a través de su mirada una dimensión especial. En cualquiera de sus perfiles al raso se revela un temperamento, una edad, un estatus social.

Captaba los cuerpos en su intimidad, entrando o saliendo del baño, frente al espejo, en el lecho porque, decía el pintor, «es en lo común donde está lo virtuoso». Retrataba a jóvenes burguesas, pero también a mujeres de la calle y, de hecho, el creador francés se trasladó a un prostíbulo para captar de cerca los movimientos de las prostitutas y cabareteras.

Su mirada capta ese instante decisivo que reivindicaba su compatriota en la cámara Henri Cartier Bresson. Para Xavier Rey, encargado de armar esta exposición y conservador del Museo D’Orsay, Degas «encuentra soluciones estéticas originales» en la línea de los grandes desnudos. «La sensualidad no era lo que apreciaba el público contemporáneo de Degas. El daba una visión naturalista donde las mujeres son imperfectas en sus posiciones desagraciadas». Agraciadas y acertadamente imperfectas.

Raquel Villaécija, París: Un mirón en el prostíbulo, EL MUNDO, 28 de marzo de 2012

Francesca Woodman, aparecida y desaparecida

Francesca Woodman, aparecida y desaparecida

Francesca Woodman aparece y desaparece en sus fotografías casi con la misma fugacidad con que apareció y desapareció en su propia vida, tan breve que ya es un espejismo, más aún por todo lo que ha cambiado el mundo desde su desaparición definitiva. Francesca Woodman hizo su primera exposición cuando tenía dieciocho años, en 1976, y se suicidó en 1981, meses antes de cumplir veintitrés. La muerte tan temprana la dejó congelada en un tiempo más alejado de nosotros por la tecnología que por la cronología, porque el principio de los años ochenta es esa época borrosa en la que no existía nada de lo que ahora damos por supuesto, en el que las fotos se revelaban químicamente y las cámaras llevaban película, cuando las cartas se escribían sobre papel y se mandaban por correo y los teléfonos solo servían para hablar y estaban anclados a una pared con un cable. Francesca Woodman, tan joven, hacía fotos de sí misma que parecían a veces de una época mucho más antigua, imágenes victorianas de mujeres medio diluidas en sombras o de fantasmas de mujeres convocados tramposamente por alguna médium con pretensiones de rigor fotográfico. Y los lugares en los que prefería retratarse eran habitaciones vacías en casas abandonadas en las que podría haber aparecido y desaparecido uno de los fantasmas esquivos de los cuentos de Henry James.

'Providence, Rhode Island, 1976' / FRANCESCA WOODMAN

Francesca Woodman tenía los rasgos delicados y la melena larga y lisa de una heroína de pintura prerrafaelita, pero su talento era demasiado grande como para dejarla caer en la tentación del pastiche. En el descaro de retratar tantas veces su propio cuerpo desnudo había más de solitaria introspección que de narcisismo. Aparecía y desaparecía, se mostraba y se ocultaba. En algunas fotos se tarda en saber dónde está, qué hace. Se ve un armario con diversos estantes en los que hay animales disecados y en uno de los huecos se esconde a medias una figura encogida, ella misma, la cabeza asomando por una puerta de cristal entreabierta, la melena derramada sobre la tarima del suelo. Los espacios en los que se fotografía son ya lugares de ausencias, casas que fueron habitadas tal vez durante generaciones y en las que desde hace mucho tiempo no vive nadie, salones con chimeneas en las que no se enciende el fuego, con paredes que se han ido desconchando y techos en los que se ha filtrado la humedad, con alacenas vacías en las que solo habrá olor a rancio y tal vez a excrementos de ratones, con espejos escarchados en los que se reflejó gente olvidada.

En esos lugares del pasado instalaba su cámara Francesca Woodman, que no tenía más de veinte años, y que en la escuela de artes a la que asistió en Providence aprendió también a manejar la tecnología más moderna de entonces, el vídeo, el vídeo en blanco y negro. Se la ve entrar en una habitación despojada en la que solo hay una silla y junto a ella una jarra de latón. Se quita el vestido delante de la cámara inmóvil, se quita las zapatillas, los calcetines altos. Se queda desnuda y se pone en pie. Se echa por la cabeza el líquido blanco que hay en la jarra. Se tiende en el suelo. Se recuesta de lado, sobre las tablas desnudas. Se levanta luego y en el suelo queda el contorno vago de su cuerpo, casi como esas sombras de muertos que quedaban en los suelos y en las paredes de las casas de Hiroshima, o como el contorno de un cadáver que dibujan los forenses en la escena de un crimen.

El vídeo es muy rudimentario, la cámara fija, el sonido rasposo. Pero su misma tosquedad le da un poder de sugestión del que suelen carecer ese tipo de simulacros. No es una artista haciendo cosas de artista, sino una mujer sola en una casa desierta, una mujer muy joven, frágil en su desnudez y también firme y decidida, apareciendo y desapareciendo, despojándose de la ropa y quedándose inerme delante de una cámara, ofreciéndose a ella pero también eludiéndola.

Tantos años después el efecto de las imágenes es todavía más melancólico. Yo las vi por primera vez en un documental de Scott Willis sobre Francesca Woodman y sus padres, The Woodmans, uno de esos documentales que no duran más que una o dos semanas en un cine recóndito, que desaparecen casi cuando están todavía recién aparecidos. El padre de Francesca Woodman es pintor, la madre ceramista. A diferencia de su hija, detenida para siempre en esa primera juventud que ha fortalecido inevitablemente su leyenda, ellos se han hecho viejos; también a diferencia de Francesca, ninguno de los dos ha obtenido mucho reconocimiento. Al duelo sin alivio por la muerte de una hija de veintidós años se mezcla lo que Henry James llamó the madness or art: la locura del arte, la sinrazón de dedicarse obsesivamente a él, de concederle un valor tan desmedido que acaba dañando la propia vida, las vidas cercanas. Con más de ochenta años Betty Woodman sigue haciendo murales de cerámica en colores chillones que decoran patios de embajadas, fachadas de centros culturales; más viejo, tal vez más dañado por el recuerdo de la hija, George Woodman pinta laboriosamente cuadros abstractos que probablemente no va a comprarle nadie, porque al cabo de tantos años de sacrificarlo todo a la pintura no ha logrado casi nada. La locura del arte es también la injusticia del arte: ni Betty Woodman ni George Woodman tendrán nunca una retrospectiva en el Guggenheim. De ninguno de los dos habríamos oído hablar si no fuera por esa hija que con veintidós años se tiró desde la terraza de un edificio de Nueva York. El relámpago de originalidad que hay en las fotografías que Francesca Woodman hizo a lo largo de unos pocos años, entre la adolescencia y la primera juventud, siempre ha estado ausente del trabajo de sus padres. Ella perdura en la insolencia de un cuerpo que se ofrece y se escapa, unas veces velado por la penumbra, otras impúdico y frontal, en una cara tan joven que no ha perdido todavía las redondeces de la barbilla y de los pómulos: Betty y George Woodman continúan trabajando con un fanatismo de ancianos que se resisten a la jubilación a pesar de que ya andan encorvados y tienen las manos nudosas de artritis.

Pero es preciso dejar a un lado en lo posible la leyenda póstuma de Francesca Woodman para mirar esas fotografías: sin ver en ellas un anticipo de la muerte tan próxima, sin sucumbir a la mitología del artista joven que no habría necesitado vivir más porque lo dio todo en un borbotón de genialidad que fue también un acto de sacrificio. En un museo tan poco propicio habitualmente a la sutileza como el Guggenheim, tan marcado por la espectacularidad de su arquitectura y por la tendencia al efectismo de sus exposiciones, las fotos de Francesca Woodman entreabren un espacio de misterio y silencio que alude a la médula misma de ese arte tan raro al que ella eligió dedicarse. Visto y no visto. Aparición y desaparición. Lo que revela como ningún otro medio la fotografía es nuestra condición de fantasmas.

Francesca Woodman. Solomon R. Guggenheim Museum. Nueva York. Hasta el 13 de junio. The Woodmans (2010), de Scott Willis.

Antonio Muñoz Molina: Francesca Woodman, aparecida y desaparecida, EL PAÍS, 31 de marzo de 2012

Vasari, el ‘notario’ de Leonardo

Vasari, el ‘notario’ de Leonardo

Si hace apenas unas semanas, el Museo del Prado anunciaba el hallazgo de una ‘gemela’ de la ‘Gioconda’, ahora un equipo de investigadores afirma haber encontrado restos que podrían pertenecer a ‘La batalla de Anghiari’, ‘el Leonardo perdido’ del que no se tiene noticia desde hace cinco siglos.

Se trata de una de las obras más admiradas por los contemporáneos del artista. Una pintura que decoraba uno de los muros del Palacio Viejo de Florencia, y que hemos podido conocer únicamente gracias a copias como la realizada por Rubens. Ahora, el equipo de investigadores dirigido por Maurizio Seracini afirma haber dado con «trazas de pigmentos compatibles» con la composición química usada por el genio renacentista en ‘La Gioconda’.

Para ello, tuvieron que perforar ‘La batalla de Marciano’, la obra de Giorgio Vasari bajo la que supuestamente se ocultaba la de Da Vinci. Varios investigadores se apearon del proyecto, por entender que una búsqueda que preveían estéril traería como consecuencia, además, el deterioro de una de las principales pinturas de Vasari.

Y es que, la obra de Leonardo parece condenada a estar rodeada de incógnitas. Enigmas que, sin duda, tendrían fácil solución si hoy pudiéramos hablar con Vasari, artista, historiador y, sobre todo, admirador de Leonardo.

¿Quién fue Vasari? Retrato de Vasari.

Giorgio Vasari (1511-1574) es considerado el primer historiador del arte, después de que reuniera ‘Las vidas de los más excelentes arquitectos, pintores y escultores italianos desde Cimabue a nuestros tiempos’ (Florencia 1550; revisada en 1568), donde alternaba datos artísticos con anécdotas, rumores y leyendas.

«Vasari es un personaje fundamental en la Historia del Arte y en la Historiografía», explica Alicia Cámara, catedrática de Historia del Arte de la UNED. «Tiene una concepción de la Historia del Arte, que, basada en la biografía, establece que el arte va siendo cada vez mejor. Fija tres etapas en la historia del arte hasta su tiempo, y el culmen llega con Miguel Ángel».

«A la hora de cualificar a los artistas», continúa, «se basa en cuestiones como la excelencia técnica, la belleza de la obra, una serie de categorías desde el punto de vista estético y de la valoración que se han seguido usando durante mucho tiempo». «Obviamente hoy es algo muy superado, pero Vasari es fuente imprescindible para cualquier persona que quiera estudiar Historia del Arte».

¿Qué le movió a escribir tal libro?

Según explica el doctor en Historia del Arte José Riello en ‘Descubrir el Arte‘ (edición enero 2012), «influyó su afición a las artes, su estrecha relación con numerosos artistas, su erudicion y su afición a la literatura y la escritura. Él mismo confesaba que recopilaba datos y curiosidades sobre artistas italianos ‘por pasar el rato’. Estas noticias, ordenadas después, y antecedidas por una introducción enjundiosa sobre la arquitectura, la escultura y la pintura, fueron publicadas en el libro».

Vasari «pretendía desentrañar los motivos que llevan a un artista a realizar sus obras, para lo que otorgó el mismo valor a la tradición anecdótica y a la documental«, añade.

El Vasari artista

La catedrática Alicia Cámara destaca también la otra vertiente de Vasari: la de artista de corte. «Es el que mejor representa esa figura al servicio de los Médici, en Florencia, en concreto para Cosme I. Es una artista multifacético, porque es pintor, pero también es arquitecto (a él se debe la galería de los Uffizi), dentro de la tendencia manierista del XVI. Y como pintor también tiene una serie de obras muy importantes de encargo».

De ahí parte de las reticencias mostradas por numerosos investigadores a la hora de buscar el ‘leonardo’. Muchos dan por hecho que el fresco fue destruido antes de que Vasari pintase ‘La batalla de Marciano’. De hecho, llevaron a los tribunales la investigación, que llegó a ser paralizada por el perjuicio que ocasionaría a la obra de Vasari.

¿Por qué sobre un ‘leonardo’? Afp

De confirmarse que ‘La batalla de Anghiari’ permanece bajo los trazos de la obra de Vasari, ¿qué llevaría al pintor a cubrir una obra de uno de sus artistas más admirados? Alicia Cámara se muestra cautelosa: «Mientras los especialistas no saquen a la luz realmente lo que hay debajo, no se podrá valorar. Y si finalmente existe, entonces será el momento de decir por qué se cubrió. Falta por hacer mucha investigación antes de extraer conclusiones».

Según explica la catedrática, no era raro que se «actualizaran» determinadas estancias, y unas obras de arte cubrieran otras. Especialmente cuando éstas se encontraban deterioradas, por un incendio, por ejemplo. «También se tiraban edificios renacentistas en el siglo XIX y XX para levantar edificios nuevos, antes de que existieran las leyes de patrimonio», recuerda.

Vasari recibió el encargo de decorar y reestructurar el Salón de los Quinientos del Palacio Viejo. Todo rastro del trabajo de Leonardo se pierde tras el fresco que encargaron a Vasari: ‘La batalla de Marciano’. En su libro, éste da alguna pista de lo que pudo pasar:

«Creyó poder colorear la pared al óleo, por lo que compuso una mezcla tan espesa para encolar la pared que, mientras seguía pintando en esa sala, empezó a chorrear, de tal manera que en poco tiempo tuvo que abandonar la obra».

¿Qué pudo mover a Cosme de Médici a pedir a Vasari que pintara esa obra? «Para saberlo, lo primero es esperar a que se compruebe si efectivamente está el ‘leonardo’ debajo», afirma Cámara. «Es posible que quedara tan poco de la obra de Leonardo que por eso decidieron darle otra decoración«, aventura.

El fresco fue encargado a Da Vinci a principios del siglo XVI porRetrato de Da Vinci.los gobernantes florentinos, como conmemoración de la victoria de la República de Florencia sobre la milanesa en la batalla de las llanuras de Anghiari, en junio de 1440. Leonardo abandonó el proyecto un año después.

Cámara recuerda que Da Vinci no usaba el fresco, que es uno de los problemas de conservación de sus obras. «Leonardo a veces dejaba obras sin acabar, porque para él la pintura es parte de un proceso científico, de conocimiento del mundo, de experimentación… Es pensar con la imagen. Y a veces perdía el interés porque ya había satisfecho su curiosidad científica«. El propio Vasari lo cuenta en ‘Las Vidas’ (Cátedra): «Ideaba con la mente dificultades tan maravillosas que con las manos, por muy diestras que fueran, no las podría haber expresado jamás».

Qué dice Vasari de Leonardo

De lo que no cabe duda es de la admiración que profesaba Vasari a Leonardo. Así, lo describe como «poseedor de cualidades que trascienden la naturaleza», además de un «ser maravillosamente dotado de belleza, gracia y talento en abundancia«.

«Grandísimos dones se ven llover muchas veces desde los influjos celestes sobre los cuerpos humanos de forma natural, y a veces, de manera sobrenatural, reunirse extraordinariamente en un único cuerpo belleza, gracia y virtud de tal forma que, doquiera se dirija tal individuo, cada una de sus acciones es tan divina que, dejando atrás a todos los demás hombres, manifiestamente se dan a conocer como cualidades generosamente otorgadas por Dios, y no adquiridas mediante arte humana alguna». «Aparte de la belleza de su cuerpo, nunca suficientemente alabada, poseía una gracia más que infinita en cualquiera de sus actos«.

Cuenta, además, que era un gran músico y «recitador de rimas improvisadas» y que «la perfección de la Mona Lisa hace estremecerse a cualquier artista valioso». No omite su rivalidad con Miguel Ángel, con quien de hecho estaba compitiendo cuando pintó ‘La batalla de Anghiari’.

El ‘Leonardo perdido’

‘La batalla de Anghiari’ es, junto con ‘La última cena’, la obra más conocida de Leonardo por sus contemporáneos, ya que podían contemplarla en la pared del Palacio Viejo. «Nosotros ahora nos quedamos patidifusos con la ‘Gioconda’, sin embargo en la época no tenía un público, ya que fue realizada para un particular -Francesco del Giocondo-. Se sabe que Leonardo apreciaba mucho la obra, es una obra muy importante ya en su tiempo, pero no tiene esa proyección pública que tiene la Florencia de los Medici encargando una victoria militar como es ‘La batalla de Anghiari'», explica Alicia Cámara. «Sucede lo mismo con ‘Las Meninas‘ de Velázquez, que tampoco se pintaron para nosotros».

Tal vez la investigación abierta permita contemplar por primera vez la obra. O tal vez no quede nada de ella. Lo único claro es que por el momento queda conformarse con las copias de ‘La batalla de Anghiari’, o recrearla mentalmente en virtud de la descripción que Vasari hacía de la misma en ‘Las Vidas’. [Reproducimos ambas a continuación] 'La batalla de Anghiari' de Rubens.

«Había aumentado tanto la celebridad de este divino artista, gracias a la excelencia de sus obras, que todos aquellos que amaban el arte, es más, la ciudad entera, deseaba que hiciese alguna obra en su memoria. Y se hablaba por todas partes de encargarle alguna obra grande y notable, donde lo público pudiera verse ornado y honrado por el gran ingenio, la gracia y el juicio apreciables las cimeras y el resto de los adornos, sin contar la increíble maestría que mostró en las formas y lineamentos de los caballos, cuya bravura, músculos y elegante belleza consiguió hacer mejor que ningún otro maestro.

Dibujó su anatomía mediante escorzos, así como la de los hombres, reconduciéndolos a la auténtica luz moderna. Se dice que para dibujar este cartón construyó un mecanismo muy ingenioso, que se levantaba al acortarlo y bajabha al alargarlo. Creyó poder colorear la pared al óleo, por lo que compuso una mezcla tan espesa para encolar la pared que, mientras seguía pintando en esa sala, empezó a chorrear, de tal manera que en poco tiempo tuvo que abandonar la obra.

Y entre los gonfaleros y los ciudadanos notables, se decidió que pintara alguna bella obra en la gran sala del Consejo, que acababa de rehacerse. Piero Soderini, el entonces gonfalonero de Justicia, le encargó la sala. Leonardo deseaba realizarla y empezó un cartón en la sala del Papa, ubicada en Santa Maria Novella, con la historia de Niccolò Piccinino, capitán del duque Filippo de Milán, en el que dibujó un grupo de caballos que combaten por un estandarte, obra tenida por excelente y de gran maestría debido a las admirables consideraciones que tuvo en cuenta al representar esta fuga.

En ella se reconocen la rabia, el desdén y la venganza tanto en los hombres como en los caballos; entre ellos hay dos que, enredados por las patas delanteras, muestran tanta venganza con los dientes como los hombres que los cabalgan en combate por dicha bandera; un soldado la apresa con las manos, mientras que con la fuerza de sus hombros pone al caballo en fuga, con su cuerpo vuelto, aferrado al asta del estandarte para tratar de arrancarlo a la fueraza de las manos de otros cuatro; dos de ellos lo defienden cada uno con una mano y tienen la otra en el aire, intentando cortar el asta con las espadas; mientras, un soldado viejo con un gorro rojo, gritando, tiene en una mano el asta, y en la otra un alfanje, y amenaza furioso con cortar las manos de los que, con toda su fuerza y apretando los dientes, procuran en actitud fiera defender su bandera. En el suelo, entre las patas de los caballos, hay dos figuras en escorzo que están combatiendo. Uno de ellos, sobre el suelo, tiene encima un soldado que levanta el brazo cuando puede clavearle con toda su fuerza el puñal en la garganta, y quitarle así la vida, mientras que el otro, forcejeando con piernas y brazos, hace todo lo posible para no morir».

Elena Mengual, Madrid: Vasari, el ‘notario’ de Leonardo, EL MUNDO, 25 de marzo de 2012
1011 ESQUEMA PARA EL COMENTARIO DE PAISAJE GANADERO

1011 ESQUEMA PARA EL COMENTARIO DE PAISAJE GANADERO

CUESTIONES GANADERAS

TIPO DE EXPLOTACIÓN
– Intensiva, extensiva

 RÉGIMEN DE EXPLOTACIÓN

1. Estabulación/Pastoreo en semilibertad o semiestabulación/Pastoreo libre

2. ¿Existen o han existido prácticas trashumantes o trasterminantes?

3. ¿Ha estado asociada la ganadería a la agricultura?

4. ¿Existen o han existido prácticas de pastoreo en áreas comunales como los boalares o las dehesas

1010 GEOGRAFIA INDUSTRIAL. MATERIAS PRIMAS

1010 GEOGRAFIA INDUSTRIAL. MATERIAS PRIMAS

MATERIAS PRIMAS

 Actividades:

-¿Por qué forman parte del sector secundario las actividades  relacionadas con las materias primas?  

-Escribe una relación de productos de gran consumo procedentes del petróleo

-Explica los siguientes conceptos:

 recurso natural, materia prima o fuentes de enería, energías alternativas,
yacimiento,

 MATERIAS PRIMAS.

-Señala ejemplos de materias

El Louvre quita años ‘La Gioconda’

El Louvre quita años ‘La Gioconda’

La Gioconda.El Museo del Louvre ha decidido cambiar la edad de la Gioconda. Hasta ahora, se pensaba que Leonardo da Vinci pintó la Mona Lisa entre 1503 y 1506. Desde este momento, la horquilla oficial se alarga trece años más: de 1503 a 1519. El cambio coincide con la exposición Santa Ana, la última obra de arte de Leonardo da Vinci, que se inauguró el jueves y se podrá visitar hasta junio. Parte de la responsabilidad de la nueva datación es de la Gioconda madrileña, la copia en tiempo real del original recién hallada y restaurada por el Museo del Prado, que se expone ahora en el Louvre junto a la resucitada Santa Ana. Los exámenes científicos realizados a la copia y a los originales sugieren que Leonardo trabajó en sus dos piezas maestras hasta su muerte en Francia, en 1519.

La copia del Prado, pintada por un discípulo del genio, quizá por su amante, al mismo tiempo que Leonardo elaboraba el original, ha ofrecido la pista crucial: el paisaje del fondo parece estar inspirado en uno de los 21 dibujos de Leonardo que posee la Reina de Inglaterra y que también se exponen junto a la gemela de la Gioconda y a la Santa Ana.

El vínculo entre el dibujo preparatorio y el fondo de la Gioconda madrileña fue descubierto por la restauradora del Prado Ana González Mozo, que levantó una capa de pintura negra que cubría el fondo del retrato desde la segunda mitad del XVIII. El conservador de la Colección Windsor, Martin Clayton, dató ese boceto entre 1510 y 1515 basándose en impresiones de estilo, lo que indicaría que el perfeccionista toscano trabajó en el fondo de la Gioconda hasta mucho más tarde de lo que se pensaba.

Es bien sabido que Leonardo empezó a pintar la Mona Lisa en 1503, porque aquel año un funcionario florentino, llamado Agostino Vespucci, lo anotó en un cuaderno. Pero la fecha en que el maestro toscano terminó la obra sigue produciendo controversia entre los especialistas. Si Leonardo era, como parece, un enfermo de perfeccionismo, resulta raro pensar que solo dedicara tres años a rematar su obra más admirada. El Prado fechó la copia del Prado en 1516, lo que ya hizo pensar que el original no pudo estar terminado en 1503. Ahora, el conservador del Louvre Vincent Delieuvin se inclina a pensar que la fecha de terminación fue 1519.

Según publica la web The Art Newspaper, la ficha técnica de la Mona Lisa original en la galería principal del Louvre va a ser retocada muy pronto, y la nueva fecha ayudará a resolver algunas dudas nunca aclaradas. Si Leonardo tardó 16 años en terminar la Gioconda, es normal que la familia de Lisa del Giocondo, que en teoría le encargó el retrato, se hartara de esperar. El retraso ayudaría a explicar por qué el cuadro nunca fue entregado a los Giocondos. Además, Lisa tenía 23 años en 1503. Y cuando Leonardo acabó, la joven se había marchitado…

Los conservadores del Louvre no paran aquí. Ahora quieren trasladar la copia madrileña cerca de su hermana durante unas horas, con el museo cerrado, para estudiar otros detalles. El comisario Vincent Delieuvin ha explicado a este diario que tanto la restauración de la Sana Ana como la copia del Prado “han revelado detalles que han cambiado la visión de la Gioconda”. Por ejemplo, Delieuvin ha encontrado en el original “un pueblecito colgado en las rocas grises del paisaje” que nadie había visto. Los conservadores han visionado fotografías y radiografías tomadas en 2004 y comprobaron que una parte del dibujo de las rocas de la copia del Prado está ahí, tan borroso que casi no se ve.

Todas estas novedades han reabierto el peliagudo debate sobre la restauración de la Gioconda. Según Delieuvin, “la restauración de la Santa Ana, y la magnífica restauración de la copia del Prado han demostrado que técnicamente es posible restaurar la Gioconda. Todavía está mejor de lo que estaba la Santa Ana. Pero un día habrá que hacerlo, porque cada día está más oscura y toda gran obra de arte necesita al menos una restauración por siglo”.

Miguel Mora, París: El Louvre quita años ‘La Gioconda’, EL PAÍS, 30 de marzo de 2012

La «Gioconda» del Prado, estrella invitada en el Louvre

La «Gioconda» del Prado, estrella invitada en el Louvre

No habrá «duelo» ni «cara a cara» entre la «Gioconda» del Louvre y la «Gioconda» del Prado, que se expondrá como «estrella invitada» en una exposición consagrada a «La Virgen, el Niño y Santa Ana», la última obra maestra de Leonardo da Vinci, cuya restauración se celebra de manera oficial. Henri Loyrette, director del Louvre, estima que la «Gioconda» del Prado es «una copia muy bella». Pero el museo francés estima que no hay razones prácticas, materiales y de muy diversa naturaleza que permitan montar una exposición en forma de «duelo» o «cara a cara», presentando ambas obras en la misma sala «frente a frente».

«La Virgen, el Niño y Santa Ana», de Leonardo, recién restaurada.  AFP

La «Gioconda» del Louvre, una de las grandes joyas del Patrimonio nacional francés, es visitada diariamente por unas 20.000 personas. La «Gioconda» del Prado, «estrella invitada», copia de un discípulo de Leonardo, se presentará en el Salón Napoleón, donde la gran estrella será «La Virgen, el Niño y Santa Ana». A partir del jueves, los turistas interesados en ver y «comparar» ambas obras, la de Leonardo y la de un discípulo, tendrán que sacar dos entradas o una entrada doble, con el fin poder visitar la exposición temporal donde se expone la «Gioconda» del Prado y la colección permanente, donde la «Gioconda» de Leonardo es una estrella universal.

Vincent Dieulevin, comisario de la exposición consagrada a «La Virgen, el Niño y Santa Ana», avanza razones «prácticas» para explicar la «imposibilidad» del duelo de Giocondas: «Hay que ser realistas. La “Gioconda” no puede moverse. De entrada, por razones prácticas, de seguridad. La obra de Leonardo está protegida desde 2005 por un vidrio climatizado, muy grueso; instalada en una sala especial consagrada a esa obra capital, que no es posible transportar. Instalar, a su lado, la copia del Prado parecía un poco fuera de lugar».

Hasta el 25 de junio en el Salón Napoleón

En el Salón Napoleón del Louvre, la «Gioconda» del Prado se presentará junto a otras obras que rinden homenaje y permiten estudiar, desde diversos ángulos, distintas facetas de la obra de Leonardo, y, en particular, la influencia de «La Virgen, el Niño y Santa Ana» a lo largo de toda la historia de la pintura, con homenajes y referencias canónicas de grandes maestros modernos o contemporáneos, como Delacroix, Degas o Max Ernst. La exposición estará abierta al público desde este jueves hasta el 25 de junio.

¿No es posible imaginar un «diálogo» entre la «Gioconda» de Leonardo y la «Gioconda» del Prado?. Dieulevin estima plausible la pregunta, pero poco realista, en este caso: «Sin duda… ambas obras tienen mucho que decirse. La copia de la obra maestra de Leonardo puede aportar muchas cosas. Y, con el tiempo, los especialistas podrán estudiar muchas cosas. A través de la copia del Prado quizá se comprenda mejor el paisaje. Pero, en cualquier caso, en esta ocasión, no podía pensarse en una exposición consagrada a ese posible diálogo. Se trata de presentar facetas de la obra de Leonardo, a través del estudio de “La Virgen, el Niño y Santa Ana”, que es una obra maestra absoluta, no una copia».

«La restauración del siglo»

La dirección y los especialistas del Louvre valoran altamente la «Gioconda» del Prado. Pero, muy diplomáticamente, insisten en su condición de copia de un discípulo más o menos aventajado y feliz, muy lejos del genio absoluto de Leonardo, que el museo francés desea ensalzar a la hora de presentar «La Virgen, el Niño y Santa Ana», que se ha beneficiado de una larga y completa restauración, «la restauración del siglo», repiten una y otra vez los especialistas.

Algunos especialistas no dudan en «minimizar» la importancia artística e histórica de la «Gioconda» del Prado. Es el caso de Jacques Franck, que dirige en la Universidad de Los Ángeles un centro de estudios consagrados a Leonardo. A su modo de ver, comparada con la «Gioconda» genuina, la «Gioconda» del Prado es una obra «menor»: «Leonardo no puso su mano en esa obra, cuya técnica, poco sutil, no tiene nada que ver con el legendario “sfumato” complejo y refinado tan presente e inolvidable en la “Gioconda” genuina».

Juan Pedro Quiñonero, París: La «Gioconda» del Prado, estrella invitada en el Louvre, ABC, 27 de marzo de 2012

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