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Benidorm: Faro de Alejandría en Terra Mítica

Benidorm: Faro de Alejandría en Terra Mítica


Mis fotos de monumentos egipcios en Terra Mítica. Visita de agosto del 2011.

Terra Mítica (Benidorm) es un parque de atracciones que tiene un
peculiaridad. En torno a sus atracciones podemos encontrar magnificas
reconstrucciones de famosos monumentos de la antigüedad. 
Reconstrucción del faro de Alejandría. Construido en el siglo III ac por Ptolomeo II (época helenística) en la isla de faro en Alejandría, que fue la capital de Egipto durante la época helenística. Su importancia fue tal que formó parte de la lista de las siete maravillas del mundo antiguo, siento la que más tiempo aguantó en pie descontando las pirámides. Pervivió durante la edad antigua y la media hasta que un terremoto lo destruyó en el siglo XVI. Su nombre se generalizó para identificar a las torres con señales de navegación (de aquí viene este nombre).  Se puede recostruir con bastante exactitud porque se tienen descripciones escritas y representaciones gráficas en monedas. En Terra Mítica no tiene ningún uso pero es constituye la vista más característica del parque, es su skyline o panorama urbano. 

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 Barcos de papiro, faro al fondo:

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‘Vedute di Roma’, lo mejor de Piranesi en la Biblioteca Histórica Complutense

‘Vedute di Roma’, lo mejor de Piranesi en la Biblioteca Histórica Complutense

coliseo_piranesi

La Biblioteca Histórica de la Universidad Complutense de Madrid, situada en el centro de Madrid, posee un notable Gabinete de Estampas constituido por estampas sueltas, libros de grabados y libros ilustrados con grabados. Entre los libros de grabados destaca, por su número y calidad, el conjunto de estampas realizadas por Giambattista Piranesi, uno de los mejores grabadores de todos los tiempos.

La colección de estampas de Giambattista Piranesi y de su hijo Francesco de la Biblioteca Histórica es una de las más completas de las conservadas en bibliotecas españolas ya que reúne un conjunto superior al millar de estampas, lo que supone prácticamente un noventa por ciento de la producción total de ambos artistas.

Ahora, la exposición Giambattista Piranesi en la Biblioteca Histórica: Vedute di Roma muestra hasta el 9 de septiembre una selección de esta importantísima colección. Dada la amplitud, importancia y profundidad del trabajo del célebre grabador veneciano, esta muestra se concentra únicamente en una serie, las Vedute di Roma, una de las más conocidas y valoradas.

Obra principal

Las Vedute di Roma fue una de las principales obras de Piranesi y quizá la que le dio más fama y popularidad, consagrándole como uno de los mejores vedutistas de todos los tiempos. Las vistas forman una serie que reúne un total de 135 estampas en las que trabajó a lo largo de toda su vida desde 1748 hasta su muerte en 1778.

vista_lateral_del_capitolio_piranesi

La serie de la Biblioteca Histórica reúne la colección completa pero, dado su gran tamaño y las limitaciones de espacio, sólo se exponen 40 estampas. Esta selección es representativa no sólo de la evolución de su estilo sino también de la amplitud de temas. Así, se puede disfrutar de estampas con alguna de las grandes basílicas romanas, espacios y monumentos urbanos, y especialmente vistas de ruinas: Foro romano, arcos, Coliseo, termas, templos, fuentes, Tívoli, etc.


Exposición y catálogo digitales

Esta exposición se acompaña de un catálogo en formato electrónico en el que, tras una breve introducción sobre las Vedutes en el contexto de la producción de Piranesi, se estudia en profundidad la colección de estampas complutenses.

Junto con el catálogo se ha publicado en la página web de la Biblioteca Historica un correlato virtual de la exposición física con las imágenes digitales de la colección completa de las Vedute di Roma.

Madrid. Giambattista Piranesi en la Biblioteca Histórica: Vedute di Roma. Sala de Exposiciones de la Biblioteca Histórica de la Universidad Complutense. Calle Noviciado nº 3.

Hasta el 9 de septiembre de 2011.

Cáceres: monumentos principales

Cáceres: monumentos principales



Mis fotos de Cáceres. Viaje de agosto del 2008. Pulse encima para agrandar.

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Torre de Bujaco de origen musulmán (siglo XI). Las almenas y los matacanes se añadieron en el siglo XVIII. Imágenes desde la Plaza Mayor:

Arco de la Estrella (siglo XV) entrada al casco antiguo desde la Plaza Mayor:

Palacio episcopal. Fachada renacentista del siglo XVI

Iglesia de San Francisco Javier (siglo XVIII). Estilo barroco:

Torre de Sande (siglo XIV):

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Aljibe musulmán bajo el Palacio de las Veletas:

Concatedral de Santa María (siglo XV y XVI). Estilo gótico/renacentista obra de Pedro de Ibarra:



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.Convento de San Pablo

Iglesia de San Mateo (siglo XVI). Estilo gótico:

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Imprecisión suiza

Imprecisión suiza

Bice Curiger plantea para la 54ª Bienal de Venecia una perspectiva algo ingenua, alejada del palpitar del mundo actual. Ha construido un espacio seguro para un arte poco conflictivo

Sobre el anaranjado del crepúsculo veneciano, la 54ª bienal que dirige Bice Curiger se dibuja con una lucidez imprecisa, y hasta se podría decir que resulta ilegítima su parcial rehabilitación del exultante optimismo de los años ochenta, aunque el lugar de la máscara y el brío sean el Palazzo delle Esposizioni Della Biennale (el histórico pabellón italiano) y el Arsenale, que, como en los escenarios mágicos de las fábulas, nos permiten distraernos de la seriedad de la vida. El presidente de la Biennale, Paolo Baratta, afirmó recientemente en un tono neodadá que «estos últimos años, desde la primera bienal de Szeemann, en 1999, han sido un hermoso viaje desde las barbas de Harald al pintalabios carmesí de Bice».

Parapavilion, instalación de Song Dong en la Bienal de Venecia.- FRANCESCO GALLI

Harald Szeemann sentía respeto y cordialidad por la vida, sabía que ésta no era un valor absoluto, sino una apuesta, un coup de dés. Fue quizá su intuición más penetrante. Bice Curiger, suiza como Szeemann, tampoco se ha dejado dominar por el pathos del presente, en la creencia de que al arte no le hace falta un prontuario de indignación, simplemente la belleza y el mundo. El título de su bienal, IlumiNaciones, responde a su tenaz creencia de que el artista es capaz de encontrar los valores y sondear sus abismos con una inocente efusión de los pálpitos del deseo, la vibración de la vida. Pero Curiger, que tuvo a Szeemann como mentor y amigo hasta la muerte de éste, en 2005, no ha sido capaz de desenmascarar la creciente abstracción de una realidad cada vez más absorbida en su propia mise en scène y en su lugar ha optado por formalizar un sentimiento de predicamento común entre los artistas, que defienden una melancolía sofisticada, una visión pastoril, obligados a repudiar el compromiso para volver al edén del trabajo honesto y laborioso.

De la misma manera que las teorías «respiracionistas» defienden que el ser humano es capaz de vivir alimentándose solamente de luz natural, la comisaria de Zúrich parece decirnos que el luminismo de una aurora boreal es suficiente para proporcionar un intenso placer a la mirada. Su empeño curatorial es de una ingenuidad que encoge el corazón. Nos preguntamos qué quería Curiger con su tesis, si construir el espacio seguro y abarcable del arte o la prueba de la imposibilidad de ese espacio. Quién sabe qué adolescentes coordenadas trazó en su pensamiento para llevar a los espacios de la bienal los diferentes haces de luz que van desde la paleta de Tintoretto hasta la actualidad, con la onda fluyente de cinco preguntas dirigidas a los artistas: ¿es la comunidad artística una nación?; ¿cuántas naciones crees que tienes dentro?; ¿dónde te sientes como en casa?; ¿hablará el futuro en inglés, o en qué otra lengua?; si el arte fuera una «nación», ¿qué es lo que se redactaría en su Constitución?

Esta edición es explícitamente diferente de las anteriores; ni multicultural (Szeemann), ni abrumadoramente coral (Bonami), ni feminista (De Corral/Martínez), ni Capitán América (Robert Storr), ni el contemporáneo utópico de los años sesenta y setenta (Birnbaum). Si bien hoy hasta la disidencia resulta muy rentable -el activista chino Ai Wei Wei ha debido de comprobar la revalorización de sus obras después de su detención y arresto por el Gobierno de su país-, Curiger ha optado, a riesgo de no ser entendida, por el discurrir de la vida ligera y discreta, mostrar los logros de la felicidad y el optimismo -que también son restos de un naufragio-, eso sí, bajo la amenaza recurrente de dos mil palomas disecadas que observan al visitante desde las vigas del pabellón central (Maurizio Catellan).

Más allá de la satisfacción de poder ver una decena de trabajos interesantes (como el parapabellón del siempre excéntrico y refinado Franz West (1947), con quien uno se iría tranquilamente a tomar una buena cerveza), es importante señalar algunas impresiones tras la visita, como la presencia de colectivos de artistas (Birdhead, Mai Thu Perret, Das Institut, GELITIN), o la abundancia de autores que han nacido en Israel o son de origen judío, aunque prácticamente ninguno de sus trabajos están absortos en la afirmación de la propia identidad. Más de la mitad de los 89 seleccionados son nacidos en la década de los sesenta y setenta, muchos centroeuropeos -que trabajan en Alemania, Suiza, Italia, Francia- y norteamericanos, y muy pocos de Latinoamérica y África. La mayoría de las obras -con un predominio de la pintura y las instalaciones- tienen un aire doméstico. Como buena editora, Curiger prefiere el espacio privado al público, el intimismo a las proclamas, la victoria de la luz frente al análisis de los oscuros y decadentes procesos político-económicos abandonados al juego del más fuerte. De ahí que, a pesar de la abrumadora presencia de mujeres artistas, la suya no es una bienal activista, si seguimos la máxima de que la mujer tiene que salir de su domesticidad para poder influir en el espacio público y en la colectividad.

Hay autores definitivos (David Goldblatt, Rosemarie Trockel, Cindy Sherman, Sigmar Polke) cuyos trabajos languidecen en un mal dispositivo; fotógrafos que son capaces de iluminar la miseria (Dayanita Singh), o estrategias didácticas de montaje y desmontaje (la del colombiano Nicolás Paris, que presenta un aula de arquitectura y dibujo y que por sí mismo merecería una exposición individual). La californiana Norma Jeane (¡) (nacida el mismo día de la muerte de Marilyn) invita al público a manifestarse con mensajes en la pared hechos con trozos de plastilina que se han de extraer de un cubo tricolor colocado en el centro de una habitación blanca. Mientras, el chino Song Dong ha transportado al Arsenale pieza a pieza la casa paterna, de 150 años de antigüedad. Y el filme del que todos hablan, muy oportuno para una bienal tan suiza, The clock (2010), del estadounidense Christian Marclay, premio del jurado, 24 horas de montaje con escenas tomadas del universo cinematográfico donde aparece un reloj que marca una hora que coincide con la del espectador en tiempo real.

En los pabellones de I Giardini las ideas y el compromiso político fluyen más alegremente. A favor del pabellón español hay que decir que el de Dora García es un espacio vivo, rebosante de actividad, mientras que el francés -una rotativa por la que fluyen imágenes de desaparecidos- es una catacumba ad maiorem gloriam de Christian Boltanski. El pabellón inglés (Mike Nelson) recrea fielmente la «guarida» de un fotógrafo del siglo XVII, una construcción que ya se presentó en la Bienal de Estambul de 2003. La instalación del suizo (Thomas Hirschhorn) presenta el arte como cristal resistente, pero se queda en una divertida amalgama de objetos salvados de un container. En el alemán (premio al mejor pabellón), Christoph Schlingensief -fallecido repentinamente hace un año- reproduce con una estética fluxus la iglesia de su niñez donde fue monaguillo. Una de las sorpresas más agradables viene de Lituania; la firma Darius Miksys, quien pone a disposición de los visitantes un catálogo de 173 artistas del país que recibieron durante los últimos años becas o premios del Gobierno. El público puede decidir las obras que quiere ver y a partir de esa selección se reorganiza diariamente la exposición dentro del pabellón. Iluminador y preciso.

54ª Bienal de Venecia. Hasta el 27 de noviembre. www.labiennale.org

Ángela Molina: Imprecisión suiza, EL PAÍS / Babelia, 13 de agosto de 2011

Mapas del Imperio Romano

Mapas del Imperio Romano

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241ac: Fin de la 1ª Guerra Púnica. Control de Sicilia.
201ac: Fin de la 1ª Guerra Púnica. Entrada en Hispania
145ac: Fin de la 1ª Guerra Púnica y destrucción de Corintio
51ac: Fin de la conquista de Galia por Julio Cesar
30ac: La Roma de Augusto tras la batalla de Actium y la anexión de Egipto
54: Imperio a la muerte de Claudio. Ocupación de Britania.
117: Máxima expansión del Imperio Romano con Trajano (Dacia y Mesopotamia)
396: División del Imperio Romano tras Teodosio
453: Último año de gobierno de Atila, rey de los hunos.
477: Caída del Imperio Romano de Occidente, fin de la Edad Antigua.
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Salvador Dalí, pionero del videoarte

Salvador Dalí, pionero del videoarte

Se proyecta en Bangkok la obra «Chaos and Creation», en la que el artista español parodia el arte de Piet Mondrian y El Bosco

Salvador Dalí, en una imagen sin fechar. ABC

Salvador Dalí ha sido reivindicado en Bangkok como el pionero del videoarte con la proyección de la obra «Chaos and Creation», en la que el artista español parodia el arte de Piet Mondrian y El Bosco. Reconocido como uno de los padres del surrealismo, Dalí también reclama de forma póstuma su lugar en la historia del videoarte con esta cinta que grabó en Nueva York hace 51 años junto al fotógrafo francés Philippe Halsman.

La pieza, rodada en blanco y negro y en inglés, forma parte de la muestra «Caras B del Videoarte en España», que se exhibe en el Centro de Arte y la Cultura de Bangkok (BACC) dentro del Festival de Vídeos y Cortos de Tailandia, que concluye el próximo domingo. «Traemos sesenta obras inéditas o poco conocidas del videoarte, pero la estrella es Dalí. Muy poca gente sabe que realizó en 1960 la primera obra de videoarte, que algunos piensan que nació cuatro años más tarde», indicó a Carlos Trigueros, comisario de «Caras B del Videoarte en España».

Según Trigueros, pocas guías de arte reconocen este mérito al pintor catalán y la mayoría de los manuales continúan señalando al alemán Wolf Vostell y al coreano Nam June Paik como los primeros videoartistas. «Chaos and Creation» (Caos y Creación), una parodia surrealista sobre el arte, apenas ha sido visionada desde su redescubrimiento en la década de los 90, aunque el museo MoMA de Nueva York la proyectó en 2008.

Un reducido grupo de personas tuvo la oportunidad de ver el vídeo de Dalí en el BACC dentro de «Caras B», que también se exhibirá en Corea del Sur, Australia y Nueva Zelanda, antes de recalar en Latinoamérica. En la obra conjunta del pintor de Figueres y el fotógrafo francés, Dalí aparece en un estudio de televisión en el que reintrepreta de forma paródica y surrealista sendas pinturas de los holandeses Piet Mondrian y El Bosco.

La irreverencia de un genio

«Piet, Piet, Piet, Piet, ‘niet’, porque ‘niet’ en ruso es ‘nada’. Se le opone Dalí, Dalí, Dalí, Dalí, «da»: es ‘sí'», dice un irreverente Dalí ante dos periodistas estadounidenses. Una chica, varios cerdos y una moto se encuentran encerrados en distintos compartimentos que recrean los rectángulos geométricos de los lienzos de Mondrian, bajo una lluvia de palomitas.

«El orden cartesiano de los cerdos», afirma el artista catalán mientras riegan la recreación del cuadro abstracto. «Ahora estamos en el ‘Jardín de las delicias’, del abuelo del surrealismo y el precursor de Dalí. Sí, el Bosco. ¿No parecen gusanos esas personas?», señala mientras la cámara enfoca el cuadro del pintor del siglo XV. El clímax llega con la pintura de una sábana desplegada sobre la modelo, los cerdos y la moto, tras lo que Dalí hace una llamada delirante a un museo de Nueva York para venderlo.

Aunque con una historia de 40 años, poca gente conoce exactamente en qué consiste el videoarte, que son grabaciones artísticas en medios electrónicos al margen de la formalidad narrativa del cine o la televisión. «Caras B» incluye además una colección de obras de videoartistas españoles como Iván Zulueta, Juan Bufill, Chus Domínguez o Nuria Canal, que han sido digitalizadas para evitar su degradación o destrucción. Realizadas entre 1976 y 2010, la mayor parte dura entre uno y 14 minutos.

En «C Regeneraciones», el artista catalán Antoni Pinent utiliza un 50 segundos de un vídeo familiar para realizar una analogía entre la pérdida de memoria y la decadencia de los antiguos vídeos VHS a causa del uso. Grabó la pieza progresivamente hasta 25 veces y las montó desde la más distorsionada (25 grabaciones) con las típicas líneas grises, seguida de otra algo menos (24 grabaciones), hasta que llega a la pieza que sólo ha sido grabada una vez con imagen y voz en perfecto estado. «Son imágenes desde su bautizo hasta su comunión ordenadas de manera inversa. La suma de ruidos simbolizan la pérdida progresiva de la memoria. Quería demostrar que se puede hacer arte con escaso presupuesto», indicó Pinent, residente en Suiza.

EFE, Bangkok: Salvador Dalí, pionero del videoarte, ABC, 26 de agosto de 2011
Los rostros del Renacimiento

Los rostros del Renacimiento

'Los rostros del Renacimiento' en el Museo Bode.

La llegada de Leonardo a Berlín ha colapsado esta mañana el tráfico, en la Isla de los Museos de la capital alemana. Da Vinci destaca como invitado estrella a la exposición del Museo Bode, «Los rostros de Renacimiento», en cuyas puertas la cola de visitantes supera las dos horas de espera y que reúne a los principales retratistas de la Florencia renacentista, con aspiraciones de sentar cátedra en la evolución de esta técnica.

Las 150 obras proceden de 50 colecciones distintas, todo un alarde de colaboración entre diferentes museos, y la más deseada es la «Dama con Armiño», recién llegada desde Madrid y que abandonará prematuramente Berlín, el 31 de octubre debido a su apretada agenda. Tiene que incorporarse a una retrospectiva en la National Gallery de Londres y por eso no puede quedarse hasta el final de este encuentro de personajes renacentistas, que finaliza el 20 de noviembre.

Estos rostros nos retrotraen al momento en que dejó de ser necesario pertenecer a la realeza u ocupar un cargo de importancia histórica para hacerse retratar. Los burgueses de Florencia descubrieron el placer de dejar su efigie para la posteridad y de paso verse a sí mismos, como seres humanos individuales, a través de los certeros ojos de genios de la pintura como Botticelli, Lippi o Mantegna, capaces de desvelar y dejar en evidencia los más ocultos aspectos del carácter y el espíritu.

«Pero más allá del retrato de un individuo, estos cuadros suponen la expresión de una nueva forma de ver el mundo», ha dicho uno de los asesores de la exposición, el director de Pintura Europea del Metropolitan Museun, Keith Christiansen.«Queríamos demostrar esa tesis del historiador del arte Jakob Burkhardt, y abrir nuevas miradas a una época, reuniendo a los hijos predilectos de nuestros museos con sus hermanos para mostrar el cosmos del retrato italiano», explica.

«El retrato de perfil de una joven» de Botticelli, de enorme atractivo para los visitantes, representa además el momento en que las mujeres comienzan a aparecer como individuos en la Historia del Arte, en coincidencia con el momento en que empiezan a tener dinero e influencia en la sociedad mercantil italiana. «Su belleza y su representatividad la convierten en un símbolo de un tipo de feminismo arcaico», dice Christiansen, que sospecha que en la siguiente escala de la exposición, a partir del 19 de diciembre en el MOMA de Nueva York y ya ante la ausencia de competencia de la «Dama con Armiño», esta joven se convertirá en toda una estrella para los estadounidenses.

Rosalía Sánchez | Berlín: Los rostros del Renacimiento, EL MUNDO, 25 de agosto de 2011

Mapas de las primeras civilizaciones

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3000ac: Inicio de la historia
2300ac: Primer imperio de la historia: Accad
1200ac: Próximo Oriente ante de las migraciones del 1200
1100ac: Próximo Oriente después de las migraciones del 1200
670ac: Máxima expansión del 2º Imperio Asirio
562ac: Imperio Neobabilónico de Nabucodonosor II
500ac: Próximo Oriente antes de la 2ª Guerra Médica
478ac: Próximo Oriente tras la 2ª Guerra Médica
323ac: Imperio de Alejandro Magno
241ac: El Mediterráneo tras la 1ª Guerra Púnica 
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Mona Lisa Superstar

Mona Lisa Superstar

Hace cien años, algo cambió para siempre en el mundo del arte. El 21 de agosto de 1911, los guardas de seguridad del Louvre se dieron cuenta, en su ronda habitual, de que «La Gioconda», de Leonardo, no colgaba en la pared del Salon Carré. Había desaparecido. Solo estaba el hueco vacío en la pared y los clavos que sujetaban el cuadro. Dos días después, los periódicos de todo el mundo se hacían eco de la noticia en sus portadas. Aquel día murió un cuadro y nació un icono universal. El Gobierno francés no tardó en destituir al director y al jefe de seguridad del museo y sancionar a los guardas. Mientras la policía inspeccionaba coches, trenes y barcos que entraban o salían de Francia, hacía interrogatorios y buscaba, en vano, pistas, se sucedían especulaciones de todo tipo.

«La Gioconda». ABC

Pero, ¿quién había «secuestrado» a la Mona Lisa? Había teorías para todos los gustos: que si había sido un rico magnate (se puso hasta un nombre, J. P. Morgan), que si un fanático enamorado del retrato… Incluso hubo artistas en el punto de mira. El 7 de septiembre fue detenido Guillaume Apollinaire y poco después el mismísimo Picasso. Se pensó en ellos por varios motivos. El primero había incitado públicamente a quemar el Louvre. Y se hallaron en el estudio de Picasso dos figuritas que eran propiedad del museo, en las que se había inspirado para «Las señoritas de Aviñón». Ambos fueron puestos en libertad por falta de pruebas. Pasaban los días y sin noticias de «La Gioconda». Largas colas desfilaban por el Louvre para ver el trozo de pared donde antes colgaba el cuadro, algo insólito. Parecía el duelo en un entierro. Pasaron dos años y el cuadro ya no figuraba en el catálogo del Louvre. Incluso le habían sustituido por el «Baltasar Castiglione», de Rafael.

Pero, cuando ya nadie albergaba esperanzas, saltó la sorpresa. Un anticuario de Florencia, Alfredo Geri, recibió el 29 de noviembre de 1913 una carta firmada por «Leonardo». En ella le comunicaba que tenía en su poder «La Gioconda» y que quería devolverla a Italia. Geri le contestó y quedaron en verse en Florencia. «Leonardo» viajó en tren desde París con el cuadro en una caja. Se alojó en un modesto hotel florentino. Geri acudió a la cita con Giovanni Poggi, conservador de la Galería de los Uffizi. Ambos examinaron la obra: número de inventario del Louvre en el reverso, los craquelados de la superficie pictórica… No cabía duda. Era la Mona Lisa. Llamaron a la policía.

Debieron quedar muy desilusionados quienes veían, tras el robo, ladrones de guante blanco y coleccionistas sofisticados. «Leonardo» resultó ser Vincenzo Peruggia, un pintor y decorador italiano de 30 años que había trabajado en el Louvre. Algunas teorías dicen que era cristalero y que él mismo fue quien le puso en su día el cristal al cuadro. Sea como fuere, respondió a la policía en el interrogatorio que su intención era devolver el cuadro a Italia. Nace un patriota, un héroe nacional. Hay quienes siguen creyendo hoy que detrás del robo de «La Gioconda» había un cerebro oculto. Nunca se demostró. La Mona Lisa había estado durante dos años a escasos tres kilómetros del Louvre. En la humilde casa de Peruggia, en el número 5 de la Rue de l’Hospital Saint Louis, encerrada en un armario cerca de la cocina. Se celebró el juicio y Peruggia fue condenado a tres años de cárcel, pero apenas estuvo doce meses.

La obra más célebre

Antes de regresar a Francia el 4 de enero de 1914, se expuso en Florencia, Roma y Milán. No había que desaprovechar la oportunidad: estaba en casa después de 400 años. Se desata la locura de la prensa: es ya el cuadro más célebre del mundo. En 1956 fue atacado, primero con ácido, y después con una piedra, pero fue con su robo en 1911 cuando este cuadro adquirió la inmortalidad mediática. Es copiado y parodiado hasta la saciedad. Su imagen ha servido para anunciar coches, preservativos, tabaco, champán…

A la Mona Lisa le han cantado Cole Porter, Nat King Cole, Bob Dylan, Elton John, Santana… En 1919 Duchamp llevó a cabo un auténtico sacrilegio: le puso bigote y perilla a «La Gioconda» y añadió un lema soez: LHOOQ (ella tiene el culo caliente). El mito era desacralizado. Dalí se autorretrató como la Mona Lisa, le rinden homenaje Léger, Magritte, Rauschenberg… Y recibe en el Louvre miles de cartas al año.

En 1963 viajaría a Estados Unidos: llegó en un transatlántico de lujo, en camarote de primera clase, en una caja impermeable y escoltado. Lo recibió en la National Gallery de Washington otro icono del siglo XX: Jackie Kennedy. Más adelante «La Gioconda» iría a Japón, pero hoy ya no viaja. Es el vellocino de oro al que todos adoran. Se exhibe en el centro de la Salle des États. Esta pequeña pintura, de 77 por 53 centímetros, se halla encerrada en una urna a prueba de balas. Es el único cuadro del Louvre que tiene pared propia. Enfrente, un majestuoso Veronés: «Las bodas de Caná». Alrededor, cinco Tintorettos y diez Tizianos, que apenas nadie ve. Los turistas solo tienen ojos para la Mona Lisa.

Dice Donald Sassoon, historiador del arte y máximo experto en la «Gioconda», que es un cuadro sobrevalorado, una obra de arte y una atracción turística. Cinco siglos después, sigue sonriéndonos con su sonrisa enigmática. Nunca sabremos por qué lo hacía. En el convento de Santa Úrsula de Florencia, donde está enterrada Lisa Gherardini, esposa de Francesco del Giocondo y se supone que modelo del retrato, se buscaron no hace mucho sus restos para reconstruir su rostro y saber al fin si la misteriosa mujer del cuadro es ella o no. ¿Y qué importa?

Natividad Pulido: Mona Lisa Superstar, ABC, 22 de agosto de 2011

El Centro del Carmen exhibirá un Sorolla inédito en Valencia

El Centro del Carmen exhibirá un Sorolla inédito en Valencia

'Comiendo en la barca', de Joaquín Sorolla.La Institución Joaquín Sorolla de Investigación y Estudios exhibirá en octubre una muestra en torno al cuadro ‘Comiendo en la barca’, considerada una de las obras cumbre del artista que no se ha expuesto nunca en Valencia y que, pintada en 1898, fue «el cuadro español más caro de la época».

Así lo ha explicado en un comunicado el secretario autonómico de Cultura, Rafael Ripoll, quien ha añadido que la exposición, que acogerá la Sala Sorolla del Centro del Carmen, ha sido posible gracias a la colaboración entre la Institución Sorolla y la Real Academia de San Fernando de Madrid, entidad que ha cedido el cuadro.

La importancia de la exposición, según Ripoll, radica también en el trabajo de investigación que ha liderado la bisnieta del artista Blanca Pons-Sorolla, y que ha permitido localizar cuarenta dibujos y trece pinturas preparatorias, que se encontraban dispersas principalmente en colecciones particulares.

«Muchas de estas piezas son totalmente inéditas y se podrán ver en su conjunto en el catálogo, además de una pequeña selección que aparecerá en la exposición», ha valorado el secretario autonómico.

‘Comiendo en la barca’, según la Generalitat, fue pintado por Sorolla después de ocho años pintando en la orilla del Mediterráneo y es el último de un conjunto de cuadros de escena costumbrista que se desarrolla en la cubierta de una embarcación de pesca.

Esta obra participó en la Exposición General de Bellas Artes de Madrid de 1899 junto a otras entre las que destacaba ‘Cosiendo la vela’; Sorolla fue premiado en aquella ocasión con la Gran Cruz de Isabel La Católica y ‘Comiendo en la barca’ fue adquirido por 30.000 pesetas, la suma más alta pagada por una obra española en esa época.

Sorolla elaboró, al menos, trece obras que comparten temática con ‘Comiendo en la barca’: un gouache y doce óleos; además, se conservan cuarenta dibujos relacionados con esta obra.

Efe | Valencia: El Centro del Carmen exhibirá un Sorolla inédito en Valencia, EL MUNDO, 12 de agosto de 2011

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