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AGRICULTORES, CONSUMIDORES E INTERMEDIARIOS

AGRICULTORES, CONSUMIDORES E INTERMEDIARIOS

Ayer mismo, en plena plaza de Callao, me encontré con una curiosa escena: pequeños agricultores repartían gratuitamente sus productos ante una larguísima cola. Era una protesta (una más) en esta España convulsa (a menudo para bien) que nos estaba poniendo ante uno de los graves problemas del sistema, a menudo poco hablado. Me estoy refiriendo […]

Carducho regresa a El Paular después de 177 años

Carducho regresa a El Paular después de 177 años

Monasterio de El Paular, en Madrid, con lienzos del pintor Vicente Carducho (1576-1638)La serie de pinturas del pintor toscano Vicente Carducho (1576-1638) muestra la vida de san Bruno, fundador de la orden de los cartujos, desde que abandona la vida pública hasta que es santificado. Parece que su periplo vital es una especie de epopeya que transita constantemente desde el mundocelestial hasta el inframundo. Casi lo contrario que experimenta aquel que se acerque a este monasteriode la sierra madrileña: situado a 80 kilómetros de la ciudad, el Monasterio de El Paular, en Rascafría, resplandece en medio de un paraje serrano de abundante vegetación.

La ministra de Cultura, Ángeles González-Sinde, ha presentado esta mañana el regreso de las 52 obras de la serie al monasterio. El Museo del Prado ha restaurado estos lienzos del siglo XVII dedicados a la orden de los cartujos que salieron de su emplazamiento original en la desamortización de Mendizábal en 1834, hace 177 años. «El final feliz» al que ha aludido la ministra en el acto se refiere a los avatares que han sufrido los cuadros hasta su reagrupación. Los lienzos se trasladaron en un primer momento al convento madrileño de la Trinidad. Más tarde se enviaron a depósitos de A Coruña, Burgos o Valladolid. Y durante la Guerra Civil se perdieron dos. Desde entonces hasta hoy, la tarea de rehabilitación y unión del conjunto ha sido un arduo recorrido que por fin concluye en el lugar de inicio, «de donde nunca debieron haber salido», según la ministra.

González-Sinde ha señalado que el monasterio «está llamado a convertirse, más de lo que ya lo es, en un sitio de referencia de la Comunidad de Madrid». Y no ha descartado una posible visita del papa Benedicto XVI durante su paso por la capitalpara la Jornada Mundial de la Juventud, del 16 al 21 de agosto: «Eso depende del Ministerio de Exteriores, pero con el calor que hace en Madrid en agosto, agradecería el fresquito de aquí».

Con este proyecto se pretende garantizar la protección de esta «gran riqueza cultural» y el «aprovechamiento cultural» del edificio más allá de 2014, que es cuando concluye la cesión actual a la orden benedictina, según la ministra. La restauración ha implicado también la modificación y reconstrucción de varias partes del monasterio. El ministerio ha invertido más de 12 millones de euros en un proyecto «apasionante», según Leticia Ruiz, conservadora jefe de la restauración.

Las obras de Vicente Carducho que componen la serie fueron realizadas entre 1626 y 1632. Cada lienzotiene relación con el anterior. En el monasterio este conjunto recupera no solo aspectos materiales sino también una dimensión intelectual. Leticia Ruiz ha indicado que se trata de una de las grandes cartujas no solo española sino también europea, y ha destacado queesta colección, tanto en número como en intensidad, es «la más importante».
Conversión de san Bruno. El pintor italiano inicia su serie dedicada a la vida y milagros de san Bruno con la conversión a cartujo a raíz de ver cómo se castigaba a un hombre inocente. En este lienzo se puede observar la perfección de las proporciones y el uso de colores primarios.
El milagro del manantial. La representación de los cartujos, con sus vestimentas blancas, alabando el milagro del manantial le sirve a Vicente Carducho como ejercicio pictórico para ordenar las figuras humanas y destacarlas ante la naturaleza, aunque en dependencia de esta.
San Bruno renuncia al arzobispado. Tras la visita al papa Urbano II y la cesión del arzobispado en el Reggio di Calabria (Roma), san Bruno rechaza su cargo y se dedica de pleno a la vida monacal en la cartuja.
La virgen María y san Pedro se aparecen a los primeros cartujos. La diferencia entre el mundo superior, celestial, y el terrenal se puede apreciar en este cuadro que muestra una de las apariciones a los cartujos. El lienzo tuvo que ser restaurado fotográficamente debido a los grandes daños que sufría.
San Bruno reza en la soledad de la torre de Calabria. La vida de cartujo incluye el silencio de un retiro espiritual, el rezo por las personas perdidas y la meditación intelectual. Además, en este cuadro se puede apreciar el retrato del entorno que rodea las cartujas.
Muerte de San Bruno. Con la pintura de la muerte de san Bruno Carducho imitó los métodos de Caravaggio y mostró su capacidad para utilizar todas las técnicas renacentistas.
Aparición de la virgen a un cartujo. En esta aparición, Carducho expone los miedos y las inseguridades de los cartujos a pesar de su aislamiento y dedicación intelectual. La inclusión de figuras monstruosas las utiliza a menudo para distinguir entre pensamientos y realidad.

Alberto G. Palomo, Madrid: Carducho regresa a El Paular después de 177 años, EL PAÍS, 28 de julio de 2011
Fuente vídeo: ABC
El Paular recobra su tesoro

El Paular recobra su tesoro

El Prado restaura y reúne en el monasterio 52 pinturas barrocas firmadas por Vicente Carducho y dispersas desde la desamortización de 1834

Los cuadros de Carducho, ayer, tras ser recolocados sobre los muros del claustro que los alojó desde 1632 hasta 1834.- R. F.

El Prado, al rescate de la pintura barroca: un deslumbrante tesoro del siglo XVII, formado por 52 cuadros del toscano Vicente Carducho que permanecían dispersos durante más de siglo y medio, acaba de ser restaurado por los expertos del museo y reunido en su lugar de origen: el antiguo monasterio cartujo de El Paular, situado a 80 kilómetros al noroeste de Madrid.

Cada una de las piezas mide 3,45 metros de base por 3,15 de altura, y todas ellas van rematadas por arcos de medio punto. Las pinturas de Carducho representan escenas de vida y muerte de los monjes cartujos fundadores. Fueron pintados entre 1626 y 1632 por el artista florentino. Desde ayer, la serie completa cuelga de los muros del claustro mayor del monasterio madrileño, regentado hoy por monjes benedictinos.

Dionisio el Cartujano, doctor extaticus, de Carducho, en los talleres del Museo del Prado.-Del cenobio, fundado en 1398 y enclavado a los pies de Peñalara, partieron en 1834 los cuadros en renqueantes carromatos tirados por babeantes bueyes acechados por la nieve, los lobos y los torrentes. Las pinturas recalaron en el palacio de la Trinidad, en el centro de Madrid. Al poco, la colección se disgregó. Algunos cuadros fueron a dar a lugares tan dispares como Córdoba, Tortosa o A Coruña. Sin embargo, y gracias a la tenacidad de funcionarios, restauradores, empleados de museos, religiosos y algún político con sentido de Estado, 52 de las 56 obras han llegado hasta nuestros días con sus cualidades pictóricas en buenas condiciones. Del lote primigenio pintado por Carducho se perdieron cuatro obras, dos de ellas de gran formato, durante las guerras civiles; otras dos, menores y con forma de escudetes, que jalonaban la entrada del claustro mayor, han visto su coloración malograda por completo. El grueso de la colección, no obstante, se ha salvado después de una trabajosa recuperación que ha durado seis años, bajo la dirección de Leticia Ruiz, restauradora del Museo del Prado. La actuación atrajo copiosas energías de la mayor parte de los departamentos del Prado, desde la Brigada de Obras hasta la Dirección de Depósitos. El esfuerzo fue posible gracias a una jugosa compensación pecuniaria brindada en el año 2000 al museo por una exposición de arte español, The majesty of Spain, exhibida en la ciudad estadounidense de Jacksonville. Ahora, el esfuerzo culmina en la víspera de su inauguración por la ministra de Cultura, Ángeles González-Sinde. El edificio fue rehabilitado por el arquitecto Eduardo Barceló. La reciente presencia en El Paular de cuatro obispos, otro más ayer, permite especular con una eventual visita papal.

Vicente Carducho, apellido que algunos asocian a la orden cartuja y cuyo prior Juan de Baeza le encomendaría pintar la serie, llegó a España con siete años junto a su hermano Bartolomeo. Este formaba parte del elenco de italianos contratados por Felipe II para decorar el monasterio de El Escorial. Vicente casó en España y pronto descollaría como artista total y pintor del rey Felipe III gracias a la formación recibida en San Lorenzo. Con el tiempo se convertiría en uno de los principales tratadistas del arte pictórico por su obra Diálogos de la pintura, parangonable con las de Francisco Pacheco, coetáneo suyo, o la de fray Lorenzo de San Nicolás, inventor de la bóveda encamonada.

Los lienzos repuestos en El Paular representan escenas sacras de la orden cartuja, una comunidad sumida en el silencio y la oración desde sus albores altomedievales, en el corazón de Francia. Expandida luego por Europa, enraizó en España. De los 27 cenobios que aquí tuvo, hoy conserva cuatro en Zaragoza, Burgos, Barcelona y El Paular.

Rafael Fraguas, Rascafría: El Paular recobra su tesoro, EL PAÍS / Tentaciones, 27 de julio de 2011

YTTM.tv

YTTM.tv

Na páxina YTTM pódense ver algúns vídeos de Youtube clasificados por anos. Mediante unha liña do tempo seleccionamos un ano entre 1860 e 2011 e o programa móstranos vídeos sobre acontecementos ocurridos ese ano. Tamén se poden filtrar por tema:…

Amsterdam: calles y canales de la ciudad.

Amsterdam: calles y canales de la ciudad.


http://www.profesorfrancisco.es/2010/08/mis-mejores-fotos.html  
MIS FOTOS DE AMSTERDAM. Viaje de septiembre del 2007. Pulse encima para agrandar.

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Molino de Gooyer:

Calles y canales de Amsterdam:

 Velero copia del Batavia en el puerto de Amsterdam frente al Museo de ciencia Nemo:
 

Campanario de Munttoren:

Estatua de Anna Frank:

Museo de Rembrandt:

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Calles y canales de Amsterdam:

El barrio rojo:


 

 Ayuntamiento:

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Teotihuacan, la Pompeya de América

Teotihuacan, la Pompeya de América

MáscaraTeotihuacan es uno de los lugares más visitados por los turistas que acuden a México. Su cercanía a la capital, está situada a 45 kilómetros, lo hace posible y muy recomendable. Sin embargo, son muchas las incógnitas que perviven en este grandioso complejo arquitectónico y arqueológico que en sus días de esplendor, allá por el siglo IV d. C., llegó a tener una extensión de 22 kilómetros cuadrados —divididos por la Calzada de Los Muertos, y donde se levantan la Pirámide del Sol y de la Luna—, y congregó a más de cien mil habitantes. Sin embargo, poco se sabe de cómo fueron sus orígenes, en el siglo I a. C., y escasa es la información que desvele por qué esta gran metrópoli multiétnica, una de las mayores ciudades de Mesoamérica y punto de encuentro de comerciantes y artesanos, desapareció siete siglos después. Las cenizas posadas sobre algunos de sus palacios revelan la existencia de un gran incendio. También se sabe que fueron sus propios guerreros los que intentaron borrar cualquier huella de su historia destruyendo los monumentos.

Cabeza de serpiente«Es como nuestra Pompeya», explicó ayer el director del Instituto Nacional de Antropología e Historia de México, Alfonso de María, durante la presentación de la exposición «Teotihuacan. Ciudad de los dioses». Organizada en colaboración con la Obra Social «la Caixa», la muestra, que reúne más de 400 piezas —entre cerámicas, armas, instrumentos musicales, máscaras y murales…—, algunas de reciente descubrimiento, ha pasado ya por París, Berlín, Roma y Barcelona, y la han visitado medio millón de personas. En Madrid se podrá ver hasta el 13 de noviembre.

Disco solarDe María indica que la primera restauración e investigaciones del complejo arqueológico comenzaron en 1910, «cuando se celebró el primer centenario de nuestra independencia y se organizó un congreso de americanistas». Desde entonces numerosos objetos ha salido a luz para explicar la estructura económica y social de esta ciudad-estado, «sofisticada y muy bien organizada».

La muestra se ha organizado en seis ámbitos que recorren diferentes aspectos, como la construcción de la ciudad, a través de los utensilios que se utilizaron; la política, la jerarquía y el comercio, el culto religioso —sus dioses principales fueron Tláloc, de la lluvia y la fertilidad, y la serpiente emplumada. La exposición también se detiene en la vida en los palacios, en el importante papel de los artesanos —actividad a la que se dedicaba el 20% de la población—, su relación con otras culturas y su desaparición o «colapso».

Susana Gaviña, Madrid: Teotihuacan, la Pompeya de América, ABC, 27 de julio de 2011

Sofonisba Anguissola es la única mujer cuya obra se expone en el Prado

Sofonisba Anguissola es la única mujer cuya obra se expone en el Prado

Borrada durante cuatro siglos, fue admirada por Van Dyck o Miguel Ángel | Sus obras fueron adjudicadas a Zurbarán, Moro, Tiziano o El Greco

Autorretrato Obra de 1556, actualmente propiedad del Museo Lancut, de Polonia. En él, la artista se muestra a sí misma pintando en un acto de autoafirmación.Sabía que de los 1.100 cuadros que cuelgan en las galerías del Museo del Prado, sólo tres han sido realizados por una mujer, y que las tres son obra de la misma artista, la italiana Sofonisba Anguissola? El dato, desde luego, es sorprendente, pero aún lo es más que hasta hace poco no hubiera ni una sola a la vista del público (entre los más de 8.000 cuadros que componen los fondos de la pinacoteca, hay 45 pintados por una veintena de mujeres) y, sobre todo, que nadie pareciera reparar en ello. «Las mujeres en la cultura estamos doblemente invisibilizadas: somos invisibles, pero además, el hecho de que seamos invisibles resulta invisible a su vez. Está tan naturalizada la exclusión de las mujeres, que nadie parece reparar en ella, ni siquiera las interesadas», asiente la escritora Laura Freixas, presidenta de la asociación Clásicas y Modernas, creada para la igualdad de género en el ámbito de la cultura.

«Ciertamente, las colecciones del Prado no contienen un gran número de obras realizadas por mujeres», conviene Gabriele Finaldi, director adjunto de Conservación e Investigación del museo, para quien «este hecho tiene una explicación fundamentalmente histórica, y no sorprende descubrir que la mayoría de estas artistas sean del siglo XIX, un periodo en que hay muchas más mujeres que se dedican profesionalmente a la pintura«. Finaldi añade que casi la mitad de las 45 obras están depositadas por el Prado en museos y edificios públicos en Madrid y otras ciudades españolas y que, de las que están físicamente en el Museo del Prado, algunas se exponen de manera fija, y otras ocasionalmente. «Actualmente, y hay que tener en cuenta que estamos en fase de reordenación de los fondos y con varias salas todavía cerradas, está representada de forma estable Sofonisba Anguissola, pintora en la corte de Felipe II». ¿Los criterios para la exposición de obras de la colección en las salas? «La calidad estética y la importancia histórica», responde Finaldi.

Respecto a lo primero, Marian López F. Cao, directora del Instituto de Investigaciones Feministas de la Universidad Complutense de Madrid, institución que impulsa en museos públicos, entre ellos el Prado, itinerarios concebidos desde una perspectiva de género, matiza: la calidad es un concepto que debe ser objeto de renegociación, de revisión, porque no deja de ser un invento de un grupo hegemónico, que es el que dedice quién entra o se queda fuera del museo. Es como cuando en la Universidad se habla de rigor científico, un término ambiguo que sirve para incluir y excluir a antojo». Cuestión de prejuicios o no, lo cierto es que cientos de artistas mujeres, desde el siglo XV hasta la primera mitad del siglo XX, han quedado extraviadas en un agujero negro de la historia, las más de las veces a causa de atribuciones erróneas. Era el caso, hasta no hace tanto, de Sofonisba Anguissola (Cremona, 1532-Nápoles, 1625).

Porque ¿quién es la pintora del Prado? ¿la elegida para estar a la vista de los visitantes? ¿Por qué se la borró durante cuatro siglos? Aristócrata de exquisita inteligencia y creatividad, aclamada en su tiempo por Vasari, Miguel Ángel y Van Dyck (sus retratos fueron emulados por Caravaggio y Rubens), la muerte la condenó al olvido y sus obras fueron adjudicadas a Zurbarán, Antonio Moro, Tiziano, Sánchez Coello, Bronzino, Moroni, El Greco o Van Dyck, que la pintó ya anciana (¡vivió 93 años!) e incorporó uno de sus lienzos a su colección particular. Aun hoy continúa siendo objeto de debate la autoría de La dama del armiño (también llamada Infanta Catalina Micaela), pintura que la Pollock House de Glasgow donde cuelga sigue adjudicando a El Greco, aunque a partir de los estudios de Carmen Bernis (primero) y María Kusche (más tarde), cada vez son más los que afirman que su autora es Sofonisba Anguissola. Curioso, porque resulta que para algunos críticos estaríamos ante el mejor Greco, y el propio Cézanne creyó ver en La dama del armiño (en realidad vestía piel de lince) al «creador del arte moderno».

De familia aristocrática –cuatro de sus hermanas también fueron pintoras, una de ellas, Lucía, tiene obra en el Prado– se formó al lado de Bernardino Campi, Bernardino Gatti e incluso Miguel Ángel. Llegó a la corte de Felipe II en 1559, como dama de la reina Isabel de Valois, y por su papel en la casa de la reina no firmó los lienzos que pintó para la corte. Autora de espléndidos retratos (La niña y el enano, de la colección del marqués de Griñón; El juego de ajedrez…), destacan sobre todo sus autorretratos, en los que, como escribe Rocío de la Villa en el catálogo de Heroínas, la exposición que meses atrás pudo verse en el Museo Thyssen, «impresiona su mirada directa y sin pudor a quien la contempla: se afirma como sujeto y como igual». De vida igualmente azarosa –su primer marido murió a manos de los piratas y se casó por segunda vez a los cincuenta años con un hombre a quien le doblaba la edad, capitán de barco a quien conoció en pleno viaje…– su figura ha inspirado libros como La virgen y el violín (Siruela), de Carmen Boullosa, y Ángeles Caso le dedicó un capítulo en su libro Las olvidadas (Planeta).

Junto a Cristina Iglesias, autora de las puertas que dan acceso al edificio del claustro de los Jerónimos, le hacen compañía desde las reservas (de momento) Julia Alcayde y Montoya, Lucía Anguisciola, Sofonisba Benoit, Marguerite-Marie Bonheur, Rosa Brockman, Elena Brunet, Antoinette Cabezudo y Margarita Carpentier, entre otras.

Teresa Sesé, Barcelona: Sofonisba Anguissola es la única mujer cuya obra se expone en el Prado, La Vanguardia, 25 de julio de 2011

¿Es posible tener un pedacito de un picasso?

¿Es posible tener un pedacito de un picasso?

2011 está siendo un gran año para la industria de los fondos de inversión de arte. En medio de la incertidumbre económica mundial, un mercado de valores volátil y una gigantesca crisis inmobiliaria, una oleada de dinero fluye hacia el arte en busca de pingües beneficios y de la posibilidad de ser propietario, al menos en parte, de un pollock o un picasso.
Picasso: Tete de Femme (Dora Maar).Después de la marea viene la calma y una élite recién globalizada ha puesto su dinero a trabajar dando lugar a interminables especulaciones acerca de qué significa todo esto para el futuro de la industria del arte. Por supuesto China está en el centro de este debate con una cuota mundial del 33% en cuanto a ventas globales, pero Rusia, India, Oriente Medio y otros mercados en desarrollo, como el latinoamericano, también juegan un papel importante. Que el mercado se ha recuperado a niveles de 2008, es ya un hecho. Y no hay mejor indicador que la fulgurante actividad en fondos de inversión y bolsas de arte que viene sucediéndose desde 2010.

China fue el primero en hacerlo al lanzar el pasado año su cartera de arte emitida por Shenzhen Cultural Assets and Equity Exchange (SZCAEE). Fundada por el gobierno chino en 2009, esta corporación funciona como una plataforma alternativa para la comercialización de una amplia gama de bienes culturales entre los que se encuentran obras de arte. El primer día, una cartera de 12 pinturas del artista contemporáneo Yang Peijiang, reportó 350.000 dólares a pesar de que su valor de mercado había sido estimado en 880.000. Ye Qiang, presidente de la sociedad emisora Shenzhen Artvip, declaró a Global Times “ésta es una de las estrategias de precios. De momento el mercado carece de un sistema de evaluación justo y queríamos dejar un margen para el incremento de su valor”. Ahora preparan lanzar otro porfolio de acciones similar con otras 40 obras del artista.

En París Art Exchange, una compañía operada por A&F Markets, se convertía en enero de 2011 en la primera bolsa de intercambio de arte en la que los clientes pueden comprar acciones de obras pertenecientes a las galerías participantes en el nuevo proyecto empresarial. Sobre la base de un modelo clásico de mercado de valores, Art Exchange ofrece la posibilidad de participar, a través de acciones que van de los 10 a los 100 euros, en la propiedad de obras de arte que en las galerías se estarán vendiendo por un valor mínimo de 100.000 euros. A cambio de una comisión del 5%, Art Exchange se hace con el derecho de vender acciones de una obra durante un período que va de los tres a los seis meses. Si en el plazo máximo de 6 meses no ha logrado vender al menos el 20% de las acciones, la galería recupera las participaciones que habían sido vendidas y mantiene la propiedad de la obra.

El nuevo coleccionista. Por otro lado, si un inversor consigue acumular el 80% de las acciones, tendrá la oportunidad de proceder directamente a la compra de la obra. Actualmente participan en este proyecto seis galerías parisinas, pero la compañía promotora tiene la intención de expandirse y entrar en los mercados de EE.UU., Reino Unido y China. Por su parte Rusia ha lanzado uno de los mayores fondos de arte del mundo. La empresa de gestión de activos Agana, ha apostado por un fondo denominado Photoeffect valorado en 467 millones de dólares. Pretende vender entre el 5 y 10% en una subasta anual y el reparto de dividendos se realizará a los 15 años con la liquidación del fondo. La directora general de Agana, Ekaterina Aleksandrova, desveló al Financial Times que el fondo espera una rentabilidad anual de entre el 12 y el 14%. La inversión mínima requerida es de 16.700 dólares. De este modo pretenden atraer a instituciones y grandes inversores privados. La cartera es de lo más diversa y dispar. Contiene daguerrotipos de Joseph-Philibert Prangey Guirault, grabados de Tazio Secchiaroli, fotografías del célebre Henri Cartier-Brenson pero también grabados de la vanguardia rusa o retratos de zares del siglo XIX. En la misma línea Plural Capital ha lanzado un fondo en Brasil, BGA Private Equity Investment Fund valorado en 24 millones de dólares. Su estrategia se fundamenta en invertir en arte contemporáneo brasileño durante tres años, para después pasar a vender en los dos siguientes.

También de reciente formación es Artemundi Global Fund con sede en Miami. Su fundador, socio-director y miembro de The Art Fund Association, es Javier Lumbreras. Para este experto, este tipo de fondos conllevan un mayor riesgo de inversión. “Uno de los éxitos en la gestión de un fondo de arte, se centra en tener definida la estrategia de salida. Es necesario evitar que al final de la vida del fondo se cuente con un volumen de obras que no se puede colocar en el mercado y cuanto mayor sea la cartera, mayor será la dificultad de venta. Si además el fondo se basa en artistas emergentes como puedan ser los brasileños que se sitúan muchos de ellos en una escala baja en cuanto a precio, al problema del ingente volumen de obra se le aúna la dependencia al mercado local para su venta”. Por eso Lumbreras es reacio a invertir por ejemplo en un Sorolla. “Cuando una obra del valenciano sale a subasta en el mercado londinense o americano, el comprador siempre es un español, y resulta clave para la buena gestión del fondo poder vender la pieza al mejor precio en cualquier parte del mundo”.

La apuesta de Artemundi es clara: la de no correr riesgos. El fondo ha concentrado sus objetivos en una cartera conservadora de obras de arte perteneciente a artistas universalmente conocidos y que abarcan desde el Renacimiento hasta el arte de postguerra. La mayor parte del capital se invierte en pintura de principios del siglo XX y en movimientos como el Impresionismo, el Postimpresionismo, el movimiento de Postguerra americano y firmas latinoamericanas consolidadas. De reciente formación, es un fondo a 5 años valorado en este momento en 70 millones de dólares con un promedio de 700.000 por obra y que requiere de una aportación mínima de 250.000 dólares. Ya han empezado a desinvertir y registran un retorno medio anual del 18%.

Estrategias para el éxito. Para el director de Artemundi, la clave del éxito se reduce a varias consignas básicas. Además de la exigencia de establecer y determinar la vida del fondo conforme a la estrategia de salida, resulta fundamental jugar con otros aspectos. Conocer el rango de precio en el que se quiere comprar y vender, valorar los artistas que se colocan con más facilidad y los que tienen un porcentaje menor de fallidos en subasta e invertir sólo en aquellos artistas que garanticen la venta privada en el peor de los casos. “El esfuerzo de vender un cuadro de 20.000 ó 200.000 dólares es el mismo. Sin embargo si colocas 200.000 has hecho una venta mucho mayor. Si tienes 20 millones de dólares distribuidos en diez obras, corres el riesgo de limitar el oxígeno, ya que el promedio es 2 millones por obra y cuanto más arriba esté el precio de la obra menos compradores hay. Si la mayoría de tus obras están por encima del millón, estás limitando mucho tu clientela pero si de lo contrario, están muy por debajo, entre 40.000-50.000 dólares, el esfuerzo de administración, transporte, custodia, embalaje y comisiones de venta, se convierte en un aparato muy complejo y de difícil manejo”.

Un desafío importante y novedoso que ofrece este fondo hace referencia a la esencia del propio disfrute del arte. De forma casi excepcional en la industria de los fondos de inversión, sus clientes pueden gozar del placer de poseer algunas de sus obras. “Realizamos un contrato de consignación y nos encargamos de que la obra quede instalada en condiciones óptimas. Esta fórmula también es una ventaja frente a las compañías aseguradoras que prefieren claramente diversificar el riesgo”. Si se posee un 10% de acciones en el fondo, es de suponer que será dueño de un 10% del total de las obras que lo conforman.

Entre las últimas adjudicaciones de este año se encuentran obras en rango de precio en torno a 5 y 10 millones de dólares. Las estrellas: Pollock, Giacometti y Picasso. “También hemos adquirido una pintura antigua bajo contrato por 22 millones de dólares. No hacemos este tipo de operaciones grandes si no tenemos una estrategia de salida, y ésta es una obra que ya tenemos colocada para el momento de su venta”. En este tipo de transacciones, el riesgo es muy elevado. Hasta hace poco, una obra importante no vendida en subasta podía volver a sacarse en dos o tres años. Ahora es una obra quemada y de difícil venta. En algunos casos puede ser una buena estrategia si se compra en buen precio y se realiza una transacción privada. “Las razones por las que no se vende una obra son muchas veces inexplicables. Puede tratarse de una obra de calidad, ser del año correcto, contar con documentación, haber participado en retrospectivas y estar avalada por la opinión de los expertos, y que no se venda. Puede suceder que tan sólo se trate de los últimos lotes de la exclusiva y sólo al alcance de grandes coleccionistas, segunda sesión nocturna de Sotheby’s. Cuando llegó el momento de la puja, ya se habían vendido otros lotes del mismo artista y se había agotado el dinero previsto. ¿Y qué pasó en las subasta? ¡Ah, las subastas son así! Pero llega un museo y la compra”.

Olga Martínez: ¿Es posible tener un pedacito de un picasso?, EL MUNDO / El Cultural, 22 de julio de 2011
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