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El espacio imposible de Anish Kapoor

El espacio imposible de Anish Kapoor

La obra del espectacular escultor angloíndio se expone en París, Milán y Venecia simultáneamente – Mañana llega como gran estrella a la Feria de Basilea

Una de las esferas de Leviathan, la monumental escultura de Anish Kapoor que se expone en el interior del Grand Palais de París.- DANIEL MORDZINSKIBendecido por gran parte de la crítica, y cada día más aclamado por un público que suele contemplar sus espectaculares piezas con la boca abierta, el escultor y arquitecto angloíndio Anish Kapoor (Bombay, 1954) asombra estos días a Europa con varias exposiciones simultáneas. Algunas de sus piezas engullen literalmente al espectador, dejándoles pasear por su interior. Otras son menos interactivas, pero ofrecen siempre sensaciones nuevas y variopintas.

Entre la mística, el juego y el sortilegio, algunos espectadores levitan con Kapoor. Otros se marean ante ese despliegue de formas inéditas y vacíos enormes. Kapoor es el gran mago contemporáneo de la escultura, y su éxito es tan unánime, y su ausencia de polémica le resulta tan cómoda al establishment del arte, que ya parece no negarse ningún reto.

Tras enamorar en el Parque Millennium de Chicago con su Cloud gate, quizá la obra contemporánea más visitada de la actualidad, el escultor seduce ahora a París con una sutil y descomunal pieza de goma roja, especialmente concebida para el Grand Palais. Se trata de un globo traslúcido al que ha dado un nombre bíblico, Leviathan, el monstruo marino de la mitología judeocristiana. «Un monstruo marino es grande, amorfo, incontrolable y provoca emociones», dijo Kapoor en la presentación. No parece mala definición para la obra de este artista versátil y en permanente expansión, que desde mañana será una de las estrellas de la Feria de Basilea, como invitado especial en la sección (monumental) Art Unlimited.

Kapoor vive desde 1973 en Londres, donde ha trabajado siempre con la Lisson Gallery, de Nicholas Longsdail, gurú de la nueva escultura británica. Allí acaba de exponer con la Serpentine Gallery, y su codirector, Hans Ulrich Obrist, explica así el secreto de tanto éxito: «Kapoor ha recorrido un largo camino. En los años ochenta ya era conocido e interesante, pero su crecimiento como artista ha sido lento y sostenido. Empezó haciendo objetos de polvo rojo y poco a poco inventó un lenguaje nuevo. Con el tiempo, lo más novedoso ha sido su cambio de escala, sus dimensiones se han ido haciendo mucho más amplias».

El artista angloíndio Anish Kapoor.- CORDON PRESSSegún Obrist, este nuevo Kapoor comenzó a cuajar en la Tate Gallery en 2002, cuando realizó la pieza Marsyas para la sala de turbinas. «Eso supuso el inicio de su colaboración con el ingeniero Arup Cecil Balmond, que trabajó con Koolhaas y otros grandes arquitectos», recuerda Obrist. «Probablemente eso le ha ayudado a llegar a lo que hemos visto ahora en París, que es seguramente lo mejor, y lo más grande, que Kapoor ha hecho nunca».

Los tubos, cañones, nubes, trompetas y túneles de Kapoor logran cambiar la percepción del espacio. Aunque algunos le reprochan cierta tendencia a la megalomanía, otros se rinden a su dominio técnico y a su poética silenciosa. Ver sus obras produce efectos singulares. En Milán mucha gente siente alivio a la salida de Dirty Corner, una escultura de acero que forma un pasillo de 60 metros de largo por tres de diámetro. La obra fue pensada especialmente para la catedral de la Fábrica de Vapor. Al entrar en la ballena, la oscuridad es a ratos total y la claustrofobia empuja a algunos a volver atrás, pero la mayoría tira para adelante. La crítica italiana ha comparado la visita con el túnel de luz que pintó El Bosco en el Paraíso. La pieza, que se puede ver hasta enero, será cubierta poco a poco por una montaña de tierra roja de 160 metros cúbicos.

En Milán se exhibe también una antológica de siete obras, repartida (hasta octubre) en los espacios de la Rotonda de la Besana: piezas de la última década, con las que Kapoor ha revolucionado la forma de crear y observar la escultura. Hans Ulrich Obrist piensa que Kapoor representa para el arte lo mismo que supuso la nouvelle vague para el cine: «Hace experimentos muy interesantes que son a la vez muy populares. Eso le ha sacado del estrecho mundo del arte y le acerca a nuevos públicos. Lo admiran en los cinco continentes, y aunque ha ganado territorio, no ha perdido en absoluto la concentración».

Pero no siempre los experimentos cuajan. Ascensión, una instalación conceptual que Kapoor realizó en 2003 en San Gimignano, es uno de los grandes reclamos de la Bienal de Venecia. Una base situada en el crucero de la basílica de San Giorgio Maggiore debe liberar una fina espiral de humo que asciende hasta la cúpula. Pero algunos problemas técnicos impiden ver el humo con la debida asiduidad.

Miguel Mora, Roma: El espacio imposible de Anish Kapoor, EL PAÍS, 13 de junio de 2011

España retratada

España retratada

Almabraba de buche. Pescador intentando coger un atún (Isla Cristina, Huelva, Andalucía) |Esta exposición, con una selección de 345 fotografías de la España de hace más de un siglo, tendrá doble sede con su presencia en paralelo tanto en el Centro Cultural Bancaja de Valencia, con 268 imágenes, como en el de Alicante, donde se expondrán 77.

‘Atesorar España’ acercará al público escenas de la sociedad, cultura y geografía españolas, a través de las imágenes captadas por fotógrafos de primera talla internacional en sus expediciones fotográficas por España, entre la segunda mitad del siglo XIX y las tres primeras décadas del XX.

Se trata de la visión fotográfica de la España de aquel momento, presente en la colección de la Hispanic en su sede en Nueva York, y nacida bajo el impulso de su fundador, Archer Milton Huntington, en su afán por reunir el arte y la cultura españolas de la época.

La exposición, con fotografías de autores como Charles Clifford, Jean Laurent, Anna Christian, Ruth Matilda Anderson o Kurt Hielscher, entre otros, se inaugurará este jueves en el Centro Cultural Bancaja de Valencia y este viernes en el Centro Cultural Bancaja de Alicante.

Esta muestra antológica de la colección de fotografías de la Hispanic permanecerá al alcance del público durante un periodo de cinco meses, hasta mediados de noviembre.

La exposición se produce tras la colaboración iniciada en 2005 por la Fundación Bancaja y la Hispanic, que permitió exponer, por primera vez en España, los paneles sobre las regiones españolas, pintados por Joaquín Sorolla bajo encargo de Huntington. Ambas instituciones renovaron el año pasado esa colaboración, con el compromiso de realizar tres nuevas exposiciones para acercar los fondos artísticos de la Hispanic al público español.

A esta primera muestra sobre la colección fotográfica, le seguirán la exposición sobre la pintura española de cambio de los siglos XIX y XX, con obras de artistas como Sorolla, Zuloaga, Anglada Camarasa, Rusiñol, Joaquín Mir, Benlliure, Nonell y Ramón Casas; y la muestra centrada en grandes maestros del arte español, en la que el protagonismo lo tendrán las obras que la institución americana posee de los más célebres pintores españoles a lo largo de la historia (Velázquez, Goya, Zurbarán, Murillo, El Greco, Ribera, Alonso Cano, Luis de Morales…).
La Fundación Bancaja inaugura este jueves la exposición ‘Atesorar España. Fondos fotográficos de la Hispanic Society of America’, la primera de las tres muestras, fruto del acuerdo de mecenazgo firmado en 2010 por ambas instituciones para dar a conocer en España la colección artística de la Hispanic.

Vista general y puente de la mar (Valencia) | J.E. Puig
Familia de Godella (Valencia) | Anna M. Christian
Pescadora en la playa de Valencia. | Anna M. Christian
Varar la barca (Valencia) | Anna M. Christian
Partes de zapato (Lalín, Pontevedra, Galicia) | Ruth Matilda Anderson
Mercado. Balanza, mostrando el fondo de una olla (La Coruña, Galicia) | Ruth Matilda Anderson

ELMUNDO.es | Valencia: España retratada, EL MUNDO, 16 de junio de 2011

MMXI Arde Lvcvs

MMXI Arde Lvcvs

Vn ano máis, anvnciando o fin de cvrso, chega o décimo Arde Lvcvus. A partir do vindeiro venres e ata o domingo teremos ovtra vez as rvas de Lvgo cheas de celtas e romanos. Ademáis este ano estrea o título de Festa de Interese Tvrístico Galego.Pol…

Actividad sobre el acoso escolar

Actividad sobre el acoso escolar


 ACTIVIDAD SOBRE EL ACOSO ESCOLAR (BULLYING)

JOKIN CEBERIO CINCO AÑOS DESPUÉS 


Hace ya cinco años. Amanecía en Hondarribia el último día de verano. Eran horas intempestivas aún, pero comenzaban a despertarse los primeros trabajadores prestos a lo que iba a ser un día de trabajo, un día más. También en muchas casas jóvenes y niños se preparaban para ir a la escuela o a la universidad.

La noche anterior le había dicho a su mejor amiga «mi reina, yo ya no pinto nada aquí» y puso en Internet el siguiente lema «libre, oh libre seré aunque paren mis pies». Ese mismo día 21 iba a volver a clase tras unos días en casa con un móvil «por si tienes problemas», según le habían aconsejado.

Todo comenzó un año antes, en los primeros días de curso. El claustro de profesores del instituto Talaia de Hondarribia había tomado la decisión de que durante el horario lectivo los baños estuvieran cerrados con llave puesto que durante el año anterior habían sido pillados en ellos varios alumnos fumando.

Jokin pidió permiso a la profesora para ir al baño, se encontraba con dolor de vientre y no podía esperar a ir a casa. Salió de la clase y se dirigió al primer cuarto de baño que vio, la puerta estaba cerrada. Fue a otro, después a otro. Su desesperación fue en aumento según iba viendo que todas las puertas estaban cerradas, pues barruntaba lo que iba a suceder. Además, no pudo conseguir que le dejasen las llaves de algún servicio, la ley es la ley, le debieron de decir.

No pudo evitarlo, notó un olor fétido y se palpó los pantalones. Se había hecho de vientre encima. La diarrea le había vencido y la vergüenza se apoderó de él como mostró su ruborizada cara.

Lo peor llegó cuando le vieron los compañeros de clase. Se comenzaron a reír de él haciendo alusión a su situación y diciéndole que se apartara de ellos por que «los iba a contaminar». Aquel día Jokin se fue llorando a casa, pero pensaba que al día siguiente todo volvería a la normalidad, creía en la bondad del ser humano y que todo quedaría olvidado. Él era noble, un chico simpático y con un espíritu noble que jamás sospechó que hubiera tanta maldad en el mundo, al menos entre quienes consideraba sus amigos.

Sin embargo, nada volvió a ser lo mismo. Varios de sus compañeros de clase (y de cuadrilla de amigos) comenzaron a burlarse de él a lo largo de aquel año, a darle las primeras collejas, insultarle y hacerle el vacío en los recreos pues decían que Jokin «les iba a contaminar».

Llegó el verano y Jokin se fue a unos campamentos. También fueron sus compañeros de cuadrilla (entre ellos alguno de sus acosadores). Un día fumaron porros. El monitor les pilló y llevó a cabo su obligación: avisar a los padres. Envió varias cartas a los padres para informarles. Todos los críos, menos Jokin, interceptaron las misivas y las escondieron. Jokin se la enseñó a su madre y ella llamó al monitor. A los dos adultos les extrañó que ninguna otra madre hubiera llamado mencionando lo de los porros.

Unos días después, la madre de uno de aquellos chicos recriminó a la mamá de Jokin que su hijo «hubiera roto la armonía del grupo de amigos por no esconder la carta«.

Durante todo el verano Jokin había sufrido algún intento de agresión y constantes insultos cuando iba por la calle. (…).

En aquellos días, la situación se agravó. Sus compañeros de cuadrilla, con la colaboración de otros jóvenes, le sometieron a brutales palizas (en la foto, situada al principio de este artículo, se aprecian los moratones) además de reiteradas agresiones psicológicas que provocaron un daño terrible en un muchacho tan sensible como era Jokin.

La semana siguiente fue crucial en los acontecimientos. Durante el primer día de clase, el día 14 de septiembre, le sometieron a una brutal paliza consistente en collejones, insultos y bofetadas. Al día siguiente no se les ocurrió otra idea que coser a balonazos al pobre chaval (en esta criminal agresión participaron chavales de todo el instituto). En el día de la exaltación de la Santa Cruz, Jokin asumió el papel que Cristo tuvo durante el camino al Calvario. Yo creo que aquel día Jesús sufrió con él y por los pecados de quienes conducirían a la muerte a Jokin. Me causa gran dolor pensar en aquella escena, Jokin en el suelo pidiendo clemencia siendo cosido a balonazos ante el jolgorio de la chiquilleria del instituto.

Pero quizá el día más humillante fue el 15 de septiembre. Ese día se conmemoraba el aniversario de la «cagada» de Jokin. Como dice un articulista, y perdonad la expresión, «hay que ser muy hijo de puta para hacer lo que aquellos chavales hicieron ese día«. No tienen perdón de Dios.

No se les ocurrió otra cosa que llenar toda la clase de papel higiénico y cuando Jokin entró al aula le tiraron rollos de papel higiénico (como hacen los hinchas en el fútbol) ante la risa general de todos los alumnos. Pero el punto de la humillación llegó cuando la profesora obligó a Jokin a recoger todo el papel higiénico. Esto supuso una victoria para los acosadores (…).

Imaginad la situación. Jokin muerto de vergüenza (y de miedo, por qué no decirlo) recogiendo el papel higiénico, llorando interiormente y posiblemente con los primeros pensamientos sobre lo que iba a hacer.

Esto ocurrió un miércoles. El jueves y el viernes no volvió a clase. En casa tampoco estuvo. Probablemente se fue a recorrer con su bicicleta el bonito pueblo de Hondarribia y, quien sabe, a inspeccionar la muralla. Quizá buscó algún lugar donde no le pudieran encontrar cuando todo hubiera acabado. Ante todo quería evitar el sufrimiento a los suyos, por eso no dijo hasta el critico momento lo que le ocurría, pensaba que de otra manera su familia iba a sufrir más.

Como es normal que ocurra, los profesores de Jokin llamaron a su casa para dar la noticia de que el chico no había aparecido por clase. Sus padres, preocupados, le preguntaron el motivo de la ausencia y él contó lo que le ocurría. Entonces le instaron a denunciar a sus agresores, algo a lo que respondió de una forma clara (y perdonadme que cite textualmente, por la crudeza de las palabras): «¿Qué queréis, que me maten a hostias?». Jokin era tan noble que nunca quiso delatar a sus verdugos, posiblemente no solo tenía miedo de las palizas si no que quería evitar el sufrimiento incluso a quienes le hacían mal.

Tanto los padres como el propio instituto le permitieron ausentarse el lunes 20 de clase. Iban a hablar ese día con la otra parte, con los agresores y sus padres. Algo que me impacta es que durante esos días le dijeron “el martes llévate el móvil, por si tienes problemas”. Yo me pregunto ¿no hubiera sido mejor la expulsión de los alumnos agresores? Cualquier cosa que no fuera tomar esta decisión era enviar a Jokin temblando como un corderito ante la jauría de lobos que le esperaban lamiéndose las fauces.

Aquella tarde fue cuando tuvo la conversación con su amiga y la dio a entender que iba a suicidarse. Surge una pregunta ¿por qué esta chica no llamó a nadie? ¿No avisó a nadie de lo que podría ocurrir? Seguramente no creía que nuestro chico fuera capaz de llevar a cabo sus planes. Aunque a primera vista un acto de este tipo puede resultar propio de cobardes, hay que reconocer que también se necesitan tener un par de bemoles para llevarlo a cabo.

Libre, oh libre seré cuando paren mis pies. Eso escribió Jokin aquella noche. Probablemente no durmió, seguramente estuvo meditando sobre su decisión pues sabia del gran disgusto que iba a causar a sus seres queridos. También es posible que fuera consciente de tantas cosas buenas que hubiera podido llegar a conseguir de no haberse suicidado. Pero había sufrido demasiado, él era solo un niño ¿Qué había hecho para merecer tanto sufrimiento? ¿Por qué sus, antaño, amigos eran tan crueles con él?

Llegó la hora. Eran las 6 de la mañana. Salió de su habitación con gran disimulo y fue al lugar donde guardaba la bicicleta. Salió a la calle. Contempló su casa por última vez y, seguramente, balbuceó un «hasta siempre, os quiero» dirigido a sus padres y a sus hermanos. Un instante después reanudó la marcha y recorrió las calles hasta llegar a la gran muralla. Miro hacia arriba y después se dirigió a la zona más alta de la muralla. Empezó a correr y saltó.

Libre, oh libre seré cuando paren mis pies. Había dejado escrito este mensaje pocas horas antes. Quizá nadie pudo captarlo, es posible que nadie (de haberse dado cuenta de lo que quería hacer) le viera capaz de querer suicidarse. Puede ser que quienes sabían de su sufrimiento creyeran que iba a buscar ayuda.

Pero Jokin había aguantado mucho. Nadie en su instituto supo (o quiso) ayudarlo. Los profesores (como se supo en el juicio) hicieron la vista gorda ante las constantes agresiones, le humillaron públicamente (como aquella que le obligó a recoger el papel higiénico), sus compañeros de clase o se metían con él o no se atrevían a defenderlo (…). En estas ocasiones es cuando se nota quien de verdad es tu amigo, y a Jokin le habían fallado todos los que el consideraba que eran sus amigos.
Aunque si es cierto que algunos compañeros suyos dejaron mensajes en la muralla mostrándose arrepentidos por no haberle ayudado, como aquel niño que escribió que según pasaba el triste peor se sentía por no haber ayudado a Jokin. Si incluso los propios agresores se dieron cuenta, uno de ellos días antes había comentado que «a Jokin le veía muy mal«.

Es cierto que podía haber recurrido antes a su familia, pero el miedo a las represalias le paralizaba. Tampoco quería parecer un chivato.

Por otra parte, lo que más temía era hacer daño a su familia, lo digo por experiencia propia. Yo nunca les dije nada a mis padres cuando sufrí bullying pues, sabía que si se lo decía iban a sufrir y quería ahorrarles ese sufrimiento.

(…)

Era solo un niño, tenía tan solo catorce años. Desde pequeño había estado acostumbrado a los mimos de sus padres, de su hermano y del resto de la familia. Era un chico sensible, con un gran corazón. Buen amigo de sus amigos y cariñoso. Además era un muchacho al que se le daba bien estudiar, era listo y muy alegre.

También por experiencia propia, debo decir que, cuando estas acostumbrado a recibir cariño y, de pronto, te encuentras con el maltrato psicológico y físico, sufres probablemente uno de los traumas mas grandes que pueda vivir una persona. Y encima siendo solo un niño.
(…)
El resto del día transcurrió con unos padres que buscaban a su hijo por toda la ciudad. A las 19 horas alguien les llamó diciendo que habían encontrado el cadáver del pequeño de la familia a los pies de la muralla. La hora del fallecimiento fue a las 7 de la madrugada, probablemente poco después de que Jokin saltara por la muralla.

Lo demás ya lo sabemos. Días después todos los informativos abrieron con la noticia de que un chico se había suicidado victima del acoso escolar. Poco después una multitudinaria manifestación recorrió las calles de Hondarribia (unas 15.000 personas en un pueblo de 20.000 habitantes) en memoria y apoyo de Jokin Ceberio.

El estupor creció cuando salió a la luz publica que era sobrino del por entonces director del diario “El País”, Miguel Ángel Ceberio.

Pero la persecución a Jokin no terminó ahí. Una tradición vasca que me gusta bastante es la de los Dantzaris, bailarines que danzan en honor a alguien, por ejemplo los novios recién casados. Bueno, pues la chica que danzó ante el cuerpo, aún caliente, de Jokin fue amenazada de muerte por uno de los acosadores, ya expulsado, en el instituto. Esto ocurrió también con otros compañeros del infortunado que, ahora si, abandonaban la cobardía y denunciaban lo ocurrido.
(…)
Como dijo un periodista de La Vanguardia: ¿Cómo iba a ir a clase el martes con un móvil y pidiendo perdón por ser inocente? Por otra parte, como dijeron sus padres, Jokin no se suicidó, le suicidaron. Esos 8 chavales son culpables de incitación al suicidio, por tanto de asesinato.

Ahora llega la reflexión. Una de las cosas que mas rabia me han dado siempre ha sido la típica frase de: “pero si esto del bullying ha existido siempre, son cosas de niños”. Es una de las cosas que mas me enervan, yo lo sufrí y desde luego que aquello era cualquier cosa menos un juego de niños.

Un juego de niños puede ser que varios críos estén dándole al balón tratando de meter un gol o jugando con las canicas. Pero desde luego lo que no es ningún juego de niños es que un grupo de chicos llamen subnormal a otro por padecer sordera o cagón por “haberse hecho caquita”. Tampoco es un juego de niños lo ocurrido el verano pasado en un pueblo madrileño donde una chica pegaba una brutal paliza a otra mientras una muchacha que grababa la situación decía “mátala, mátala”. O lo ocurrido este año en otros pueblos donde grupos de adolescentes han violado a compañeras de clase. No, no es ningún juego de niños que por estar gordo se metan contigo o que por ser tartamudo te llamen tonto. Tampoco es un juego de niños que nadie quiera jugar contigo por que si no les van a acusar de “enchufados” o que te amenacen con «no adjuntarte» y pegarte si no cometes con ellos una maldad.

Que nadie me venga con hipocresías, por favor. Un año después de la muerte de Jokin se suicidó en Alicante una joven de 16 años que también padecía acoso escolar. ¿Estas muertes son fruto de un “juego de niños”? por favor, a ver si entre todos logramos que esta frase (y estos actos delictivos) desaparezcan de nuestra sociedad. Y tengo la sospecha (algún día lo investigaré) de que un amigo mío, con el cual compartí juegos y risas de pequeño en el pueblo, también fue víctima del acoso escolar (el muchacho murió hace unos años, parece ser que estaba con depresión y se cayó por una ventana, probablemente fue un suicidio).

Parece que desde lo ocurrido con Jokin la sociedad ha avanzado en este aspecto. Hoy hay tolerancia cero con el bullying, se persigue al agresor, se le denuncia y el espíritu de Jokin está muy vivo en los chavales que sufren lo que él vivió (…)

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El autor del texto es desconocido, yo lo leí por primera vez en un blog que ha cerrado. Posiblemente en este  foro colocó el texto por primera vez. Usa el nik de Turdetano. Si alguien conoce a su autor agradeceré que me diga el nombre para poder citarlo correctamente. Esta otra web está dedicada a Jokin Ceberio.

GUIÓN DE LA ACTIVIDAD:

– Primero se lee el artículo en clase, luego responden por escrito estas preguntas:

1.  ¿Cómo hubieras actuado tú si hubieras sido compañero de Jokin?
2.  ¿Has  vivido alguna  situación parecida en clase o fuera de clase? Cuéntala.
3. En esos casos ¿Qué hiciste tú? ¿Cómo reaccionaste? ¿Crees que podrías haber actuado mejor?

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LOS PAISAJES CALIZOS (6 ) LOS LAPIACES

LOS PAISAJES CALIZOS (6 ) LOS LAPIACES

Llamamos lapiaz o lenar a un surco de una superficie caliza. Por regla general nos encontraremos varios lapiaces paralelos por los que el agua ha ido discurriendo disolviendo la caliza. Su origen lo podemos encontrar en las pequeñas diaclasas (roturas que se forman en la caliza por efectos de descompresión (al quedar sobre la superficie, […]

Antonio López: «Me llevo muy bien con el trabajo últimamente»

Antonio López: «Me llevo muy bien con el trabajo últimamente»

Será, qué duda cabe, la exposición del verano. A nadie escapa el tirón popular y mediático de Antonio López. Las colas en el Thyssen están aseguradas del 28 de junio al 25 de septiembre. Mañana comienzan a montar esta gran exposición, comisariada por Guillermo Solana, director del Thyssen, y María López, hija del artista. Será el reencuentro del maestro con el público en Madrid después de 18 años. En 1993 el Reina Sofía le dedicó una completa antológica. Ahora, el Thyssen reúne 130 obras (pinturas, dibujos y esculturas). Aunque no faltarán piezas de sus comienzos, ni algunas de sus obras maestras, el acento se ha puesto en su trabajo más reciente. Nuestra cita con el artista es en su estudio. A sus 75 años está en plena forma, con mil proyectos. Nos recibe en traje de faena, embutido en un delantal con una obra de Patinir manchado de pintura. A los artistas, los periodistas, como las musas, los deben sorprender trabajando.

El artista, en su taller. Ernesto Agudo

— ¿Por qué ha tardado tanto en reencontrarse con el público madrileño?
— Soy un pintor de muy pocas exposiciones. Produzco poco y no se puede dar el tostón a la gente pidiéndole obras de acá para allá. Lo principal se cumplió: que yo lo pinté y lo vendí.

— En esta ocasión se va a incidir en su obra más reciente…
— Sí, la obra última es casi el motivo de esta exposición. Y es lo que está creando problemas. Yo calculo muy mal el tiempo. Cuando me habló Guillermo (Solana) del proyecto, fijamos la fecha, me pareció que quedaba tiempo suficiente para acabar parte de las cosas que tenía en marcha, y va a ser que no. Hay dos opciones: mostrarlas inacabadas o no llevarlas. Ya veremos…

— La muestra comienza con unas cabezas griegas que está haciendo en la Facultad de Bellas Artes. Está más clásico que nunca…
— Amo el mundo antiguo de forma muy profunda, como Giacometti, como Bacon. Es casi inevitable: han ocurrido cosas maravillosas. Yo deseaba hacer copias de esas cabezas de Olimpia, como Rubens hizo copias de Tiziano, por el deseo de hacerlas. Hice dos hace diez años y estoy acabando otras dos. Parte de la belleza que tienen está en la copia.

— ¿Por qué volver al mundo antiguo?
— Un profesor me dijo que debía ir a copiar al Prado, cuando yo estudiaba Bellas Artes. No lo creí útil. Pero ha sido maravilloso hacer estas copias. Es una forma de penetrar en algo que admiras y trabajar sin la intención de crear nada.

— Había una cabeza clásica en casa de sus padres, que pintó en un cuadro.
— Sí. Pero mi conocimiento del mundo antiguo fue en el Museo de Reproducciones. Ahí descubrí la escultura. El amor a la escultura tan profundo que tengo fue un flechazo que surgió allí.

— ¿Es esta exposición una reivindicación del Antonio López escultor?
— En el primer año de Bellas Artes había una asignatura obligatoria: modelaje. Cuando toqué el barro y empecé a modelar me entusiasmó. Todo el curso dudé si hacer pintura o escultura. Me decanté por la pintura, pero nunca he abandonado la escultura. Me apasiona.

— Y, últimamente, escultura pública.
— El espacio público es un territorio que había perdido la escultura en el arte moderno. Tuve la suerte de compartir una escultura de los Reyes con Julio y Paco López Hernández. He hecho también la «Mujer de Coslada» y las cabezas de Atocha. Lo estoy viviendo con emoción.

— ¿Le gusta el nuevo emplazamiento de las cabezas de Atocha?
— Me gustaba el primero por el contacto con los trenes, esa relación con el viaje, aunque estuvieran acogotadas por el techo tan bajo. Pero también me gusta el actual. Están ya en la ciudad.

— Una estación muy especial para usted, que plasma en un lienzo. Fue lo primero que vio al llegar a Madrid.
— Tiene un valor sentimental especial.

— Esta exposición es una suerte de autobiografía, de diario sentimental. Veremos retratos de sus abuelos, de sus padres, de su tío Antonio…
— Fue una persona provindencial. Ese ejemplo y apoyo todavía dura, no se ha agotado. Está muerto desde hace años pero sigue siendo algo muy valioso.

— ¿Conserva esa «Venus de Milo» que dibujó su tío y que tenía colgada con chinchetas en la pensión de Madrid?
— No, está en el Museo López Torres de Tomelloso. La dibujó con 25 años en la Escuela de Bellas Artes. Lo sigo viendo muy especial: es como un día de primavera. No puede haber nada más hermoso que este dibujo.

— Hay un autorretrato en el que se pinta con su esposa. Es del 61 y estuvo oculto muchos años. Ahora ve la luz. ¿Nos cuenta la historia?
— No sé si lo vamos a colgar en la muestra. He encargado el bastidor esta mañana. Ninguna de las dos figuras está acabada. Mari más que yo. Comencé con la figura de Mari y después me incorporé yo con el esquema de los retratos de mis abuelos y mis padres. La figura de Mari me iba saliendo, pero la mía, entre el espejo, y varias cosas, me hice un lío, me cambié de posición dos o tres veces. Me cansé tanto, encontré tanta dificultad en la ejecución y estaba tan frustrado que le dije a Mari que pintara encima e hizo un paisaje, que tampoco le salió bien. Y ha estado así mucho tiempo.

— Se le resistió ese cuadro…
— Ese trozo de madera… se resiste. Y un día hablando con Mari le dije: «Voy a ir saltando la pintura a ver qué hay debajo». Y así han aparecido las dos figuras nuestras al cabo de 50 años.

— Creo que ha esbozado un nuevo autorretrato junto a Mari. ¿Es por la necesidad de acabar algo nunca acabó?
— Mari sigue teniendo para mí un significado enorme (se emociona al hablar de su esposa). Y, a pesar de los años, del deterioro físico, su alma sigue estando ahí. Cuando haces un seguimiento de una persona a lo largo del tiempo quieres continuarlo, representar qué ha pasado con ese rostro, con la mirada… Velázquez lo pudo hacer con Felipe IV.

— Quién le iba a decir que María, esa niña que nos mira fijamente en un maravilloso dibujo que estará en la muestra, acabaría siendo comisaria de una exposición suya…
— No lo quiero pensar mucho… María dejó su trabajo por echarnos una mano a todos en casa.

— Ese retrato, ¿le salió de un tirón?
— El dibujo no está muy acabado —sí la cabeza—, pero está hecho de un tirón. Las cabezas de los nietos también. Va a haber muchas en la muestra de mis cuatro nietos y también de algún niño más.

— Me cuentan que siente una fascinación muy especial por los niños.
— Cuando voy en el Metro y aparece una señora con un cochecito con un niño, al verlo, la vida se ilumina. Tienen un encanto irresistible.

— También aparecerán por esa autobiografía sentimental amigos. Algunos ya no están: Lucio, Amalia… Formaban una gran pandilla.
— Son amigos y personas a las que admiro. Siempre quise retratar a personas a las que admiraba, como Palazuelo, Tàpies, Delibes, Ferlosio…

— Y llegamos a Madrid. Guillermo Solana ha querido que sea uno de los puntos fuertes de la exposición.
— Estará muy presente.

— Está previsto que se exhiban las siete vistas de la Gran Vía, aún sin terminar, que conforman una sola jornada.
— Sí, el vuelo de la Gran Vía… El célebre cuadro de la Gran Vía, que pinté en la calle, entre los coches, lo viví con muchísima emoción, pero también con incomodidad. Me obligaba a madrugar mucho. Lo llevaba fatal. A veces llegaba allí y me volvía a casa. Era incapaz de ponerme a pintar. No podía superar la dificultad de coger el caballete, poner el cuadro en la isleta, coger la paleta y ponerme a trabajar entre los demás. Me costaba muchísimo.

— Pocos pintores tienen una obra con la que se les idetifique tanto. ¿Eso le agrada o le molesta?
— No son cosas que busque. En la duda, me llevé a mi amigo Enrique Gran un domingo al amanecer y me dijo: «Debes pintarlo. Esto es real como una enfermedad». Me hizo ver la trascendencia que tenía la escena. Decidí hacerlo. El contacto con la Gran Vía fue a lo grande, desde un espacio majestuoso. Después quise hacer una nueva Gran Vía, pero ya no en la calle. Pedí permiso en el hotel Capitol. Fui un par de veranos. Empecé otra desde una terraza. Y surgió la necesidad o el deseo de hacer un recorrido por la Gran Vía un día del año: desde que amanece, al comienzo, en el edificio Zurich, hasta la Plaza de España al atardecer. Elegí siete puntos. Es un vuelo. Una criatura va desplazándose a lo largo del día. Es el 1 de agosto.

— Con la fresca…
— (Se ríe). El calor y la soledad de agosto en Madrid crean algo espectral en la ciudad que me interesa.

— ¿Estarán en la muestra las siete escenas de la Gran Vía?
— Me está ayundando un pintor amigo a ver si es posible mostrarlas. En pintura no todo tiene que estar acabado. Uno de los inmensos atractivos de Velázquez es su relación de libertad con la pintura, como no la tuvo nadie. Y hay pinturas maravillosas de Velázquez inacabadas. La relación con la pintura tiene que llegar hasta donde llega de forma natural. Es como la relación amorosa. Debe cortarse cuando se acaba el interés. Días antes de la muestra veré. Quiero llevarlas.

— Y nosotros verlas… Dice su hija María que usted es anárquico y caótico, cuando todo el mundo piensa lo contrario: que es perfeccionista, metódico, minucioso hasta la saciedad, que retoca una y otra vez…
— No soy caótico ni anárquico. Es maravilloso el sentimiento de libertad que tienes en todo el trabajo del cuadro.

— ¿Es un insatisfecho permanente?
— Yo estoy encantado (se ríe). Me llevo muy bien con el trabajo últimamente, ha sido un premio para mí.

— Como buen manchego, tendrá un membrillero en casa…
— Tengo el de la película y uno más.

— ¿Y los sigue pintando?
— Cada otoño, cuando los veo en el árbol, siento la tentación de empezar un cuadro, pero voy tan cargado de cosas… Estar junto a una criatura viva, callada, me causa placer, me enriquece.

— Hay una historia muy hermosa de una serie con flores que me gustaría que recordase…
— El primer año surgió de forma espontánea. Le regalaron un ramo de flores blancas a Mari los organizadores de un taller de pintura en Ávila al que voy. Cuando las vi en el hotel por la noche me parecieron preciosas, las coloqué en agua y las trajimos a Madrid. Pensé en lo bonito que sería dejar un recuerdo de esas flores. Las pinté en dos días. Y así ha ocurrido ya desde 2007. Este año Mari también tendrá sus flores blancas y yo iniciaré un nuevo cuadro. Acepto lo que salga. El trato conmigo mismo es ese.

— La figura humana había estado en un segundo plano hasta ahora.
— Sí. La escultura ha tirado de todo eso y ha pasado a la pintura. Ahora deseo hacer la figura humana sobre todas las cosas. Fuera interiores. Mi estado actual es la figura humana vestida, desnuda, amándose… ¡Ha quedado tan huérfana en mi pintura! Quiero recuperarla.

— No estará en la muestra el retrato de la Familia Real.
— No lo he podido retomar a causa de la exposición. Y quería emplearme a fondo. Hace un año o así, decidí traerlo a casa desde Patrimonio Nacional para trabajar en él. No he querido que el encargo pesara y le quitara frescura y calor a la realización de este cuadro. Lo empecé, lo abandoné… No con irresponsabilidad, sino con libertad. Quiero seguir trabajando en él con libertad, si me dejan y puedo.

— ¿En qué estado está el cuadro?
— Patrimonio dice que ya lo podría entregar. Pero noto que hay cosas que no están resueltas en ese cuadro: el Príncipe está excesivamente separado de la Reina. Quisiera llevarlo hasta el límite de lo que creo que puedo hacer. El Rey me decía al principio que los pintara como una familia española más, pero sabes que no es así. No quiero que sea un cuadro demasiado diferente. Velázquez lo hizo muy bien en sus retratos. Se nota que es el Rey pero no lo pinta diferente de como pinta otras cosas. Tras la exposición lo retomaré tranquilo. Quiero sentir el placer de volver al cuadro.

Paseamos con Antonio López por su estudio. Nos enseña una foto suya a los cinco meses, cuya postura está copiando para una escultura. También, la cabeza que está haciendo del nieto de Lucio Muñoz, una escultura de un hombre que ríe y el dibujo para una escultura de un hombre que camina con armadura para Albacete. «Es el primer trabajo que me encargan en mi tierra». Nos muestra con orgullo una pintura de su tío y nos propone un acertijo. «¿Sabéis que es esto?», nos pregunta mostrándonos un trozo de papel. Nos rendimos. «Es el anca más maravillosa de la Historia del Arte». Son las nalgas de «La Venus del Espejo», de Velázquez. Lo arrancó de una valla. Una vez más, Velázquez, siempre Velázquez.

Natividad Pulido, Madrid: «Me llevo muy bien con el trabajo últimamente», ABC, 12 de junio de 2011

Gaudí, el arquitecto de Dios

Gaudí, el arquitecto de Dios

El 10 de junio de 1926 un tranvía atropellaba al genial arquitecto catalán. Moría dos días después

Gaudí, en 1878, a los veintiséis años de edad

Durante medio siglo ejerció un oficio del que muy pocos hombres pueden presumir: edificar sueños. Antonio Gaudí albergaba en su cabeza los paraísos de la geometría y de la física, su mente y su corazón nacieron abovedados y las hercúleas columnas de su vida y de su obra fueron el catolicismo, la pasión por la Naturaleza y su amor por Cataluña. Se cuenta que no fue un estudiante de relumbrón, y que la carrera de Arquitectura se le hizo más pesada que el hormigón armado. Porque Gaudí llevaba la arquitectura en las entrañas. Apenas levantaba planos, bullían en su cabeza y luego pasaban a una maqueta tridimensional y, si hacía falta, se corregía a pie de obra hasta el último detalle.

De joven simpatizó con el socialismo utópico y hasta imaginó los planos de un falansterio. Pero la fe se impuso y quien en su juventud también había ejercido de distinguido dandi en la noche barcelonesa adoptó un modo de vida espartano: comidas frugales, caminatas de diez kilómetros diarios, sencillez y hasta ayunos que le pusieron a las puertas de la muerte.

Las obras que hizo para su amigo y mecenas Eusebio Güell, El Capricho de Comillas, el Palacio Episcopal de Astorga, la Catedral de Santa María de Palma de Mallorca, la Casa Batlló y la Casa Milà son todavía testigos de la profunda huella del genio. Pero a partir de 1915 se entregó en cuerpo y alma (sobre todo alma) al Templo de la Sagrada Familia, la única catedral del siglo XX construida como las medievales, con tanto esfuerzo físico y material como ingentes cantidades de fe. Cambó y Prat de la Riba le tentaron para sus proyectos catalanistas, pero el edificio de la política se le quedaba pequeño.

Un 10 de junio de 1926 cuando iba a visitar a su confesor en la iglesia de San Felipe Neri un tranvía lo atropelló. Confundido por su aspecto y por ir indocumentado con un mendigo, la asistencia médica se retrasó. Murió dos días después. Desde entonces, los arquitrabes del cielo nunca habían sido tan sólidos.

Manuel de la Fuente: Gaudí, el arquitecto de Dios, ABC, 12 de junio de 2011

UN VIDEO PARA MEDITAR. ANÓNYMOUS

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