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El infierno doméstico de Louise Bourgeois

El infierno doméstico de Louise Bourgeois

Louise Bourgeois, en 2008. Dimitris Yeros El año pasado, a nueve meses de su muerte, un periódico británico preguntó a Louise Bourgeois, que ya sumaba 98 años, cómo ocupaba sus días. La artista respondió que preparaba una pequeña exposición para la Maison de Balzac de París, inspirada en Eugénie Grandet, protagonista de la novela homónima del escritor francés. Una de esas jóvenes infelices que abundan en la bibliografía del autor, huérfana de madre costurera y oprimida por un padre que no duda en condenarla a vivir en el infierno doméstico. «Me encanta esa historia. Podría ser la historia de mi vida», explicó entonces. Bourgeois leyó el libro en el colegio y quedó aturdida, adivinando que su futuro también apuntaba en dirección a los fogones de la cocina. Su muerte, en mayo pasado, acabaría convirtiendo la exposición en su epitafio.

Su identificación con el personaje no era nueva. Bourgeois le había dedicado hasta una oda lírica y repetidas referencias a lo largo de su vida. La consideraba un prototipo de «la mujer que no se ha realizado, a la que nunca dieron la posibilidad de crecer».

Bourgeois y Grandet fueron dos mujeres unidas por una relación íntima: la que confiere la experiencia compartida. El padre de la artista, un autoritario bigotudo, también la obligó a dejar la escuela para reparar tapices junto a su madre moribunda, a quien tendría que suceder al frente del negocio familiar. Y después saboteó un matrimonio con su primo, del que estaba enamorada, como ocurre en el libro de Balzac.

Hace cinco años, la Maison de Balzac decidió pedir permiso a Bourgeois para montar una exposición sobre este vínculo. «La escribí para que nos dejara exhibir las obras que tratan sobre las relaciones entre padre e hija. Por sorpresa, Bourgeois fue más ambiciosa y nos pidió que la dejáramos trabajar en nuevas creaciones para la ocasión», cuenta el director de la casa-museo, Yves Gagneux. Se convirtió en su primer trabajo de encargo. El resultado se expone por primera (y última) vez en la casa parisiense del escritor, una residencia de tres plantas en el barrio de Passy, que a Bourgeois le recordaba a la mansión donde creció.

La artista pasó los últimos tres años de su vida trabajando en estas 30 creaciones originales, que van de carnales siluetas con aspecto de modelo anatómico a una delicada serie de miniaturas que funcionan como retrato del personaje balzaquiano en 16 partes.

Ternura infrecuente

Lejos de su trabajo más agresivo, de arañas gigantescas y falos patriarcales, Bour-geois elabora diminutas representaciones de la mujer dominada a base de flores de tela, botones y agujas dispuestas en círculos concéntricos, con una poesía y una ternura que, vista su producción anterior, cuesta no leer en clave irónica.

Para Bourgeois, Eugénie constituyó tanto un referente como un modelo del que distanciarse. Se convirtió en el memento mori que le recordaba que tenía que escapar de la cárcel familiar. Escogió el exilio neoyorquino y logró convertirse en una de las primeras mujeres de verdad reconocidas por el establishment del arte contemporáneo. Hasta tuvo el coraje de convertirse en madre de tres hijos. Pese a que Bourgeoisodiara ser reducida a este concepto, puede que el feminismo fuera esto.

Álex Vicente, París: El infierno doméstico de Louise Bourgeois, Público, 9 de diciembre de 2010

EL BOSQUE DE RIBERA

EL BOSQUE DE RIBERA

La presencia de ríos (especial en su tramo medio y bajo) cambia por completo las condiciones de una zona, apareciendo el pequeño milagro de los bosques de ribera.   La Islillas. Mejorada En primer lugar nos encontramos con suelos más ricos y profundos (por los sedimentos traídos por la corriente). Por otra existe una mayor […]

Un atlas atomizado

Un atlas atomizado

A partir del Atlas Mnemosyne de Aby Warburg, el Museo Reina Sofía recorre la historia del arte del siglo XX y hasta hoy.

Rosemarie Trockel: El intus legere en el gótico manierista, 1988Cuando Aby Warburg ingresó en abril de 1921 en Bellevue, la clínica psiquiátrica del Dr. Binswanger, se decía culpable, por haber despertado a los demonios paganos del oscurantismo, del desencadenamiento de la I Guerra Mundial. Lo cuenta Georges Didi-Huberman en su fascinante libro La imagen superviviente. Historia del arte y tiempo de los fantasmas según Aby Warburg (Abada, 2009), germen de este proyecto expositivo. El historiador puso sobre sus espaldas el sufrimiento de la humanidad a imagen del titán Atlas, condenado a soportar la bóveda de los cielos. En la pequeña sala que abre la exposición se reúnen varios sufridos “porteadores”: un dibujo del s. XVI del Atlas Farnese, dos fotografías de August Sander y un dibujo de Goya, además de un amorfo “torso” atado de Bruce Nauman que hace pendant con el decapitado Atlas. La elocuente agrupación resume algunos de los conceptos fundamentales creados por Warburg: la supervivencia y la migración de las formas, el arcano lenguaje de los gestos, la imagen-síntoma o la consideración de sí mismo como “psico-historiador”, a la vez que hace referencia a su obra capital, el Atlas Mnemosyne.

El clave de esquizofrenia

Lamentablemente, esta coherencia inicial se va diluyendo a medida que se avanza en el recorrido. Se trata sin duda de una exposición muy ambiciosa y seria, con una voluntad de hacer historia, de explicar aspectos fundamentales en el devenir del arte del siglo XX, pero son tantos los focos de atención y las derivas de las ideas manejadas, con altibajos en la idoneidad de las obras para expresarlas… que acaba por no ser ni una muestra sobre Warburg, ni una muestra sobre el Atlas, ni sobre el archivo, ni sobre los mapas, ni sobre la sinrazón, y a la vez todo ello. La esquizofrenia, que padeció Warburg y que pasó a ser para él una clave interpretativa para el arte, planea sobre esta exposición, la cual empezó a gestarse estando Juan José Lahuerta vinculado al MNCARS, se canceló al cesar Ana Martínez de Aguilar como directora y fue retomada por Manuel Borja-Villel, que es su co-comisario más o menos a la sombra. Quizá esa bicefalia, que Didi-Huberman califica como enriquecedora, haya agravado la atomización.

La exposición, que viajará al Museum für Neue Kunst, Karlsruhe y a la Sammlung Falckengerg de Hamburgo, se estructura en cuatro grandes bloques y nada menos que dieciséis capítulos, bastante heterogéneos, en los que suelen yuxtaponerse, como en el Atlas de Warburg, obras de diferentes épocas y procedencias. El primer bloque, “Conocer por las imágenes”, arranca muy bien con la citada sala y proyectos de artistas que intentan ordenar con criterios caprichosos la historia del arte… pero se intercala una sección que es ya un poco confusa, pues mezcla diversos “álbumes” de imágenes con los abecedarios. A continuación entra en escena Walter Benjamin -tema para otra exposición- con la figura del trapero, asociada a recopilaciones de imágenes o documentos encontrados. El segundo bloque, “Recomponer el orden de las cosas” incluye buena parte de las obras más interesantes de la exposición en capítulos que tratan sobre la historia natural, lo informe y el juego con las imágenes. Blossfeldt, Painlevé, Paul Klee -un delicado herbario-, Ernst, Stieglitz, Brassai, Polke, Marey, Coleman… todas obras magníficas. Mas la coherencia queda ensombrecida por los depósitos de agua de los Becher, introducidos con calzador, como la obra de Hains y Villeglé. Tampoco es convincente la sección que cierra el bloque, sobre el tablero de juego, con trabajos muy discordantes de Giacometti, Pedro G. Romero o Fischli & Weiss, quienes, por mucho que ilustren un concepto que pueda ser pertinente, no tienen nada que ver ni entre sí. Y no queda clara su relación con la línea argumental. El catálogo no soluciona las dudas, pues el estupendo ensayo de Didi-Huberman habla de mil asuntos subyugantes a lo largo de más de 200 páginas pero dedica dos escasas a la exposición y al porqué de sus elecciones.

La cartografía del paseante

“Recomponer el orden de los lugares” nos lleva a otra acepción de la palabra “atlas” -de nuevo, a otra exposición-. La sección de mapas, aunque breve, es coherente, al igual que la de postales y sellos, pero la que nos quiere explicar la coexistencia de formas de representación en los atlas geográficos, aun presentando obras de grandes artistas como Matta-Clark, Smithson, Albers, Roni Horn… es muy inconexa. Luego lleva el comisario esa diversidad en la cartografía del espacio a la ciudad, de la mano de la figura del “paseante” y del situacionismo; algunas obras, como las de Haacke o LeWitt, sí denotan una intención de “mapear” las calles pero otras resultan accesorias. Finalmente, cuando llegamos a “Recomponer el orden de los tiempos” es casi mejor soltar el hilo de Ariadna y perderse en el laberinto, concentrándonos -una vez más en el Reina Sofía sin ayuda de las necesarias explicaciones- por las casi siempre muy interesantes obras individuales. Nos encontramos luego, sin saber cómo, en la I Guerra Mundial -¿qué hace aquí Ignasi Aballí?- y salimos atendiendo al lenguaje de gestos de diferentes obras con las que se quieren actualizar “las fórmulas del pathos”. Otra vez Warburg.

Una aventura arriesgada

Una conocida comisaria española me dijo hace poco que cuando los historiadores organizan exposiciones suelen querer meterlo todo, demasiadas obras. Es lo que le ha pasado a Georges Didi-Huberman, cuyo prestigio como investigador y escritor es enorme pero cuya experiencia curatorial es limitada: no tanto por el número de piezas que, siendo abundantes no resultan excesivas, sino por las ramificaciones del argumento. Ya sabemos que el método de Warburg tuvo que admitir en su seno lo inconcluso, lo fragmentario y hasta cierto punto lo inconcreto, pero llevar esas características al discurso expositivo es arriesgado. En cualquier caso, se trata de una aventura intelectual en la que merece la pena embarcarse, y demuestra una meritoria ambición, por parte del Museo Reina Sofía, de hacer exposiciones de gran calado.

Un comentario algo críptico, se supone, a los ideales de la Modernidad en el país que se relaciona con el Palm Pavilion de Tiravanija: una casa ideal para estas latitudes que reinterpreta, en la misma clave irónica, la mítica Maison Tropicale de Jean Prouvé. Hacia el modelo zoo El peligro de Inhotim es el de convertirse en parque temático o zoo del arte (incluido el trenecito: «A su derecha, el Matthew Barney en libertad; a su izquierda, el foso de Adriana Varejao»). Las condiciones «de laboratorio» pueden volverse en su contra y convertirlo en una institución fría, aislada de su contexto, higienizada. O quizá puedan explotarse al máximo: invitando a comisarios que replanteen la colección de forma crítica y a artistas que desplacen el interés desde la obra acabada y fetichista hacia el trabajo en red y los procesos creativos, facilitando el encuentro entre la comunidad cultural local y la gente de fuera: artistas, teóricos, gestores. Las posibilidades son muchas y el entusiasmo de todo el equipo muy palpable. La experiencia de la visita a Inhotim se parece a la de viajar por todo Brasil: con sus contradicciones y su energía potencial, siempre estimulante y (ojalá) debatible.

Atlas. ¿Cómo llevar el mundo a cuestas?.Comisario: Georges Didi-Huberman. Museo Reina Sofía. Santa Isabel, 52. Madrid. Hasta el 28 de marzo.

Elena Vozmediano, Un atlas atomizado, EL MUNDO / El Cultural, 3 de diciembre de 2010

¡El ‘cézanne’ es mío!

¡El ‘cézanne’ es mío!

Un detalle de 'Madame Cèzanne en el conservatorio'. El museo Metropolitan de Nueva York ha sido demandado por Pierre Konowaloff, que le acusa de tener entre su colección pictórica una obra del pintor francés Paul Cezánne que supuestamente fue robada en Rusia, hace casi un siglo. «El Museo cree firmemente que tiene la correcta propiedad del cuadro y que esta demanda está totalmente infundada«, respondió anoche en un comunicado la institución, que promete que «defenderá enérgicamente»sus derechos.

El reclamante es Pierre Konowaloff, bisnieto y heredero de la fortuna del industrial ruso Ivan Morozov, un magnate que logró atesorar alrededor de 300 obras de reconocidos pintores, entre ellos el francés Paul Cezánne (1839-1906). Konowaloff afirma en una demanda interpuesta este martes en un tribunal de Manhattan que ‘Madame Cezánne en el conservatorio‘, una obra del reconocido pintor que data de 1891, le fue robada a su bisabuelo en 1918 tras la revolución bolchevique en Rusia. El demandante reclama que se le entregue el cuadro, así como una compensación económica por lo que a su juicio fue la «ilegal adquisición, posesión, muestra y retención» del cuadro. Según esa demanda, el coleccionista que donó el Cezánne al museo conocía la discutible procedencia del cuadro y el Metropolitan no investigó convenientemente la legalidad de su propiedad en el momento de la adquisición.

El museo, por su parte, manifestó haber adquirido el retrato como un legado de Stephen Clark en 1960. «Durante estos 50 años siempre hemos sido transparentes sobre la propiedad y procedencia del cuadro, exhibiendo tanto la obra como la completa historia de su propiedad», añadió en su comunicado el Metropolitan. En la página web del museo se detalla que la obra fue vendida en París en 1911 al industrial ruso Ivan Morozov por 50.000 francos, quien fue su propietario durante siete años más, hasta que ésta pasó a ser propiedad de un museo de arte moderno en Moscú. Ese museo conservó el cuadro hasta 1933, cuando el coleccionista Stephen Clark se hizo con él, para luego donarlo al Metropolitan de Nueva York.

Sin embargo, esa no es la versión de Konowaloff, quien ya ha reclamado en el pasado compensaciones económicas por la supuesta propiedad de cuadros de importantes pintores del siglo XIX. En enero de 2008, el heredero del industrial ruso amenazó con demandar a la londinense Royal Academy of Arts tras declararse «legítimo propietario» de varias obras que esa institución exponía, mientras que en 2009 demandó a la Universidad de Yale en el mismo sentido por el cuadro ‘El café de noche’, de Vincent Van Gogh.

Efe | Nueva York: ¡El ‘cézanne’ es mío!, EL MUNDO, 9 de diciembre de 2010
Més recursos de Geografia

Més recursos de Geografia

Recursos de Geografia: Recursos educatius en geografia. ICE Uni.Rovira i Virgili. El Bloc de G i H Geografia de 3ESO. Institut de Cubelles Geografia. Bloc de Sònia Ruiz Conesa Bloc de Socials de Joan Carles Ventura El Bloc de les Ciències Socials El Web de les Ciències Socials Vídeos de geografia Edu3.cat Buxaweb Ciències Socials. […]

‘Efecto llamada’ en Chillida-Leku

‘Efecto llamada’ en Chillida-Leku

Cientos de personas visitan por primera vez el museo del escultor tras el anuncio de su cierre

El cierre de Chillida-Leku el próximo 1 de enero, junto con el pronóstico de subida de las temperaturas en el litoral vasco para el puente de la Constitución, propiciaron ayer que cientos de personas visitaran ayer el museo. La noticia de la situación deficitaria que atraviesa el museo gestionado por los hijos del escultor Eduardo Chillida, que saltó a la luz el pasado 1 de diciembre, ha sido el detonante para que muchos de ellos hayan decidido visitar por primera vez las campas de Zabalaga.

Decenas de personas se agolpan ayer a la entrada del museo Chillida-Leku, en Hernani.- JESÚS URIARTE

Chillida-Leku parecía ayer una romería de familias, grupos de amigos y parejas que se aferraban a las esculturas de hierro cámara fotográfica en mano como quien inmortaliza algo que se puede desvanecer con previo aviso. Una guía explicaba a un grupo de 15 personas que la escultura que estaban viendo era la silueta de una mujer en homenaje al modisto Cristóbal Balenciaga. «Es el espacio entre los dos bloques de hierro la verdadera escultura», aclaraba.

Una joven pareja de Cantabria camina por los alrededores del caserío Zabalaga, un caserón del siglo XVI que alberga obras del artista y donde también se realizan exposiciones temporales. Es su primera visita y previamente han acudido al taller de forja del escultor en el museo de Legazpi, inaugurado el pasado julio, donde se puede ver la maquinaria que utilizó para sus obras de gran formato. «Nos ha servido de mucho haber ido primero a ver cómo se hacían las grandes esculturas para entender cuál era el proyecto de Chillida», explican. No entienden que se pueda cerrar el museo, aunque habían oido hablar de los problemas económicos por los que atravesiesa. «Estuvimos hace poco en el Artium de Vitoria y nos sorprendió que al entrar se podía dar un donativo. Quiza esa fórmula sirviera aquí. Seguro que al final se salva», añaden.

Zhen Yu es un informático chino que habla perfectamente español, ya que vive en Barcelona desde 1981. Optimista, cree que el centro será finalmente reflotado. «Me ha impresionado la amplitud», comenta mientras fotografía una de las 40 esculturas repartidas por la finca de 12 hectáreas que hace 20 años descubrieron Eduardo Chillida y su esposa, Pilar Belzunce.

Un grupo de estudiantes de Psicología de Madrid, de varias nacionalidades, descansan fuera del caserío. Han finalizado su visita y esperan la hora para coger el autobús que les conduzca a San Sebastián, donde están pasando unos días. «Leímos en la prensa que se cerraba y pensamos que era el mejor momento para venir», apunta uno de jóvenes. «La verdad es que es impresionante y una pena que esté en esta situación», añade otro.

A mediodía, las colas seguían siendo significativas. En otras circustancias se habría abierto una tercera taquilla, «pero no hay suficiente personal», explica una de las empleadas de la tienda, quien precisaba que la presencia de público era superior a lo normal en días festivos. «Nos ha llamado gente confusa porque no sabía si estaba o no abierto», añadía. Chillida-Leku ha experimentado en los dos últimos ejercicios un descenso de las visitas anuales de unas 80.000 a unas 60.000 personas.

Comentarios entre visitantes de Barcelona, Valladolid o Teruel como «Pensaba que era más grande», «El caserío es como una escultura», «Qué suerte que el tiempo acompañe», «Esto será deficitario, pero hay también equipos de fútbol que lo son y lo pagamos entre todos», se sucedían como murmullos entre las esculturas mudas.

El cantante malagueño Toni Zenet, quien actuó el pasado noviembre en San Sebastián, visitaba también el lugar junto a su familia. «Parece mentira que un patrimonio así se cierre», exclamaba.

Un matrimonio de Barakaldo y su hijo, protegido con una bufanda del Athletic, reconocía que había sido un acierto coger una guía. «Nos ha hecho vivir el proyecto de Chillida», comentaba entusiasmada la mujer. Iban a dejar la visita al museo para primavera para asegurarse buen tiempo, pero el anuncio del cierre les hizo adelantarla. Al menos ayer las rachas de viento sur acompañaron.

Exposiciones previstas

Pese al cierre de Chillida-Leku al público a partir del 1 de enero entrante, las actividades relacionadas con la conservación de la obra y las exposiciones seguirán realizándose como hasta ahora, tal y como adelantó en un comunicado la familia Chillida el pasado 1 de diciembre, cuando anunció la presentación de un expediente de regulación de empleo motivado por los problemas económicos que atraviesa el museo. El centro tenía previstas dos muetras en Madrid; Eduardo Chillida y la tolerancia, en la galería Juana de Aizpuru de Madrid, programada entre el próximo viernes y el 10 de enero de 2011, y Los alabastros de Chillida, en la galería Adolfo Cayón, del 15 de diciembre al 11 de enero. Antes del anuncio del cierre estaban organizadas también exposiciones internacionales para el año entrante, como es el caso de Chillida at Isleworth, en Orlando (EE UU), de enero a abril. Además, existen proyectos cerrados desde 2011 en adelante todavía sin fecha concreta en la Fundación Salvador Victoria (Teruel) y el alemán Wiesbaden Kunst Museum, junto a centros de Chile y Colombia.

Isabel Landa, San Sebastián: ‘Efecto llamada’ en Chillida-Leku, EL PAÍS, 7 de diciembre de 20101

Finge ser jesuita para colocar sus cuadros falsos en museos de EE.UU

Finge ser jesuita para colocar sus cuadros falsos en museos de EE.UU

No gana dinero por sus falsos picassos, signacs o daumiers, sino la satisfacción de llevar 20 años engañando a los expertos

La copia falsa que hizo de un paisaje de Signac. THEARTNEWSPAPER.COMEl padre Arthur Scott, Mark A Landis o Esteban Gardiner son algunas de las identidades que ha adoptado en ocasiones uno de los más misteriosos falsificadores de cuadros que tiene en alerta desde hace veinte años a los museos de todo el mundo, según la revista The Art Newspaper. Haciéndose pasar por jesuita, ha logrado colocar cuadros falsos como signacs, picassos o daumiers en varias instituciones de arte de Estados Unidos.

El falso sacerdote se presenta en los museos y dice que quiere donar una obra de arte en memoria de su madre tras explicar que como ministro de Dios no puede quedarse con esa pieza. No pide dinero. Paga sus viajes y los hoteles donde pernocta, pero es invitado a comer y beber por las instituciones visitadas, según un informe inédito de Matthew Leininger, director del Cincinnati Art Museum, de EEUU, al que ha tenido acceso el diario el diario británico The Guardian. Acostumbra a decir que sufre problemas cardiacos y que realizará nuevas donaciones en cuanto se recupere de una supuesta intervención quirúrgica a la que va a someterse.

La policía no puede actuar contra él porque no ha cometido fraude ya que al parecer su única satisfacción es engañar a los expertos. Y lo consigue. El falso sacerdote ofreció al museo de Oklahoma un paisaje con barcos pintado a la acuarela y firmado por Paul Signac, que algún tiempo después se demostró era falso. Lo mismo ocurrió con otro Signac ofrecido al Memphis Brooks Museum of Aat, que resultó estar copiado de un cuadro de ese pintor neoimpresionista francés que se conserva en el Hermitage, de San Petersburgo. En septiembre el falsificador donó una obra al Hilliard Art Museum de la universidad de Luisiana (EEUU), que atribuyó al impresionista estadounidense Charles Courtney Curran, pero que resultó también falso. «Se bajó de un Cadillac rojo vestido como un sacerdote, con el cuello y el pin», afirmó Mark Tullos, el director del museo a The Art Newspaper. El museo aceptó la pintura, emitió un recibo, y el padre Scott «nos bendijo en el aparcamiento» antes de irse, relata Tullos.

Circula la teoría de que el falsificador es un pintor frustrado ante la falta de reconocimiento de las obras que firma con su nombre y realiza falsificaciones casi perfectas, que documenta con falsos informes, algunos de subastas.

Inundaciones…

Inundaciones…

A su paso por la localidad sevillana de Lora del Río el Río Guadalquivir presentaba una crecida muy acusada superando la cota 46 metros sobre el nivel, cuando la altura media se sitúa a 38 metros sobre el nivel del mar. La crecida ha provocado basta…

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