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Sombras del Museo del Prado

Sombras del Museo del Prado

La ampliación de la principal pinacoteca española ha propiciado una desigual ordenación de la colección

'Rendición de Bailén', de Casado del Alisal.La ampliación del Museo del Prado sigue deparando sorpresas poco agradables. No se olvida aún la desfavorable impresión que produjeron las nuevas salas. Aunque este año se han redimido con la exposición de Chardin (el formato pequeño de los cuadros conjugaba bien con las dimensiones de las salas), permanece todavía el recuerdo de la muestra de Francis Bacon en la que los cuadros parecían, más que estorbarse, excluirse.

La ampliación del museo no se limita a las nuevas salas y al Claustro de los Jerónimos, sino que ha propiciado una reordenación de la colección cuya conclusión está prevista para el año próximo. Una parte de esa reordenación resulta cuando menos intrigante. Me refiero a las obras alojadas en la planta baja.

Entrando en esa planta desde el extenso hall de la ampliación, el visitante encuentra la pintura española de los siglos XII al XVI y pasa de inmediato a obras italianas de los siglos XV y XVI, expuestas en las salas más cercanas a la fachada del museo, mientras que las interiores alojan pintura flamenca y alemana de la misma 'Testamento de Isabel la Católica', de Eduardo Rosalesépoca. De las salas dedicadas a autores italianos, faltan los venecianos, que se han reunido todos en la planta superior, quizá para mostrarlos en torno a Tiziano, cuya relación con Velázquez tiene evidente sentido. Hasta ahí todo va bien, pero a partir de la Sala de las Musas comienzan los problemas. Esta segunda mitad de la planta baja la ocupa la pintura española del XIX. Sin duda hay obras excelentes, como las de Fortuny, por ejemplo, pero en general el contraste es casi hiriente. Las fantasías del Bosco, los límpidos paisajes de Patinir, la justeza de Fra Angelico o la sencilla fortaleza de Mantegna forman un mundo que de pronto se derrumba ante la poca frescura de algunas obras académicas o la sensualidad rebuscada de otras. Colocadas en un espacio independiente y destacando los cuadros de mayor interés (ahora desdibujados entre los demás), la colección del siglo XIX español adquiriría valor propio. Ahora, en la vecindad de italianos y flamencos posee un aura de correcta decadencia que en nada la favorece.

Hay algo más. Entre las obras del siglo XIX están los cuadros de historia, como La rendición de Bailén (Casado del Alisal), El testamento de Isabel la Católica (Rosales) o Los fusilamientos de Torrijos (Gisbert). Con cuadros como ésos se inauguraron las nuevas salas de la ampliación del museo y fueron al parecer un potente atractivo para el público que visitó aquella muestra. Tal vez por eso se han incluido ahora entre los cuadros expuestos. Sea o no por esa razón, lo cierto es que están ahí y que en una sala contigua se han colocado Los fusilamientos del tres de mayo y La carga de los mamelucos de Goya así como sus pinturas negras, separándolas del resto de su obra alojada en la planta primera.

'Duelo a garrotazos', de Goya. Si la ubicación de la pintura del XIX resulta, digamos, incómoda, la asociación entre las obras de Goya y los cuadros de historia es del todo inadecuada. La visión de Goya de los sucesos de mayo de 1808 significó una quiebra en la tradición de la pintura histórica: en sus cuadros no hay héroes sino víctimas, y a la figura del rey o el militar victoriosos opone la rebeldía de los sin nombre. Poco tiene que ver esta percepción de la historia, anticipo de la modernidad, con las concepciones académicas que subyacen a los cuadros de historia citados. Menos que ver tienen aún estos temas convencionales de la historia de España con las pinturas negras y su aguda visión de las tensiones del Trienio Liberal que habrían de persistir a lo largo de buena parte de nuestra historia. Tampoco hay razón alguna para separar estas obras de las demás de Goya que en buena medida las anticipan y explican.

Sólo parece haber dos razones para esta peculiar ordenación. Una podría ser el numeroso público que visitó la muestra inaugural de la ampliación del Prado donde se colgaron estos y otros cuadros de historia. La otra, un cierto afán de revivir glorias patrias. Si son ésas las razones, poca consistencia tienen. La primera no se sostiene porque el número de visitas no debe ser criterio de selección de obras de un museo. Carece de sentido que a un centro de estudios se le exija calidad y al museo cantidad, como si de un superventas se tratara. La segunda razón es aún más discutible, porque desprende cierto aroma nacionalista. Las obras de Goya sobre los sucesos del 2 y el 3 de mayo desbordan las fronteras de este país: señalan un umbral de las tensiones europeas del siglo XIX y parte del XX. Integrarlos con los cuadros de historia ya referidos es reducirlas a anécdotas en lo histórico y lo artístico. Esperemos que la sensibilidad del espectador separe lo que esta ordenación ha unido con tan poca fortuna.

Juan Bosco Díaz-Urmeneta: Sombras del Museo del Prado, El Día de Córdoba, 29 de agosto de 2011
Un otoño entre Picasso y los tesoros del Hermitage

Un otoño entre Picasso y los tesoros del Hermitage

La temporada expositiva del nuevo curso que está a punto de comenzar traerá a España auténticas joyas de artistas como Rembrandt, Tiziano, Caravaggio o Rubens

'El almuerzo', de Velázquez, se exhibirá en el Museo del Prado.Los tesoros del Hermitage, Picasso, Muntadas, Yves Saint-Laurent o la presencia de la arquitectura en las pinturas desde el siglo XIV al XVIII, serán protagonistas de la variada oferta expositiva diseñada para el próximo otoño.

Picasso visitará el Museo del Prado, del 17 de septiembre al 18 de diciembre, con su obra La acróbata de la bola, procedente del Museo Pushkin, que se exhibirá dentro del programa La obra invitada patrocinado por la Fundación Amigos del Museo. La pintura pertenece al periodo rosa, en el que el artista indagó sobre los aspectos constitutivos de la forma, la línea y el volumen, en una búsqueda esencial. La oposición entre la gracia y ligereza de la acróbata y el peso y la rotundidad del atleta se muestra con perfecto equilibrio, en una gama restringida de color. Coincidiendo con la exhibición de esta obra, el museo mostrará otros tres lienzos del artista malagueño, entre ellos Mujer sentada y Bebedora de absenta que viajarán desde San Petersburgo para formar parte de la exposición Tesoros del Hermitage.

En noviembre, y dentro de la celebración del Año Dual España-Rusia 2011, se inaugurará esta muestra que permitirá al público contemplar 170 obras, entre piezas arqueológicas, objetos de artes decorativas, pinturas, esculturas y dibujos, del museo ruso. La exposición ocupará todas las salas de muestras temporales de la ampliación del Prado que, durante más de cuatro meses, pasará a convertirse en un pequeño Hermitage, en el que se podrán contemplar importantes pinturas como San Sebastián de Tiziano; Tocador de laúd de Caravaggio; San Sebastián de Ribera o Almuerzo de Velázquez. También viajarán a Madrid dos obras de la importante colección de Rembrandt que atesora el Hermitage, Retrato de un estudioso y Haman reconoce su suerte. Dibujos de Durero, Rubens, Watteau e Ingres o esculturas como el boceto en terracota de Bernini para el Extásis de Santa Teresa o la obra maestra en mármol Magdalena en meditación, de Antonio Canova, se exhibirán junto a pinturas de Monet, Cézanne, Renoir, Gauguin o Matisse. Kandinsky y Malevich también estarán en la muestra.

Antonio López seguirá siendo en el Museo Thyssen-Bornemisza la estrella del panorama expositivo hasta el 25 de septiembre, mes en el que la institución presentará la nueva instalación de los cinco grandes lienzos del ciclo El proscrito deslumbrante de Roberto Matta perteneciente a la colección del museo.

Como exposición de la temporada, el Thyssen en colaboración con Caja Madrid ha organizado Arquitecturas pintadas, una de las opciones elegidas por muchos artistas para resaltar las escenas y los episodios representados en sus cuadros. Estos fondos arquitectónicos son el hilo conductor de la exposición, que abarcará desde el siglo XIV al XVIII. Ciudades para vivir o soñar, urbes reales, imaginarias, sorprendentes, de ensueño o de pesadilla ocuparán las salas del Museo Thyssen-Bornemisza, mientras que los espacios de Caja Madrid se dedicarán a la Veduta: vistas de ciudades, en su mayoría italianas, en las que se percibe un fuerte componente topográfico.

En la amplia oferta expositiva que el Museo Reina Sofía propone para la próxima temporada destaca la retrospectiva que se dedicará a Muntadas (Barcelona, 1942), en la que se recorrerá a lo largo de más de 40 años los proyectos e ideas que fundamentan la obra del artista. En un cruce entre vídeo, fotografía, texto e instalación, Muntadas desarrolla investigaciones sobre la naturaleza de las instituciones artísticas y su ecosistema de producción-recepción, las relaciones cambiantes entre lo público y lo privado y el poder de la circulación de la información en el paisaje contemporáneo de los medios.

Soledad Sevilla, en el Palacio de Cristal; Andreas Fogarasi, Alighiero e Boetti, René Daniels y Raymond Roussel serán también protagonistas en las exposiciones del Reina Sofía.

La Fundación Mapfre dedicará los espacios de su Sala Recoletos a Yves Saint-Laurent, con una muestra que se vio el pasado año en el Petit Palais de París y en la que se propone una visión completa de los cuarenta años de creación del diseñador francés. La exposición se desarrollará en once espacios y en ella se presentará una selección de cerca de 150 modelos de alta costura y pret-a-porter, más de 80 dibujos, fotografías y películas.

La Sala Azca albergará la próxima temporada dos exposiciones. En la primera de ellas se presentará por primera vez en España la obra del fotógrafo Gotthard Schuh, y en diciembre está previsto inaugurar la exposición de retratos realizados por E.O. Hoppé (Munich 1878-Londres 1972) en la que se redescubrirá la obra de este autor como figura esencial de la fotografía en la era eduardiana.

Efe / Madrid: Un otoño entre Picasso y los tesoros del Hermitage, El Día de Córdoba, 30 de agosto de 2011

El Prado presume de sus tesoros en la reorganización de sus espacio

El Prado presume de sus tesoros en la reorganización de sus espacio

El museo madrileño renueva su discurso con la reapertura de la galería central

La Galería Central del Prado y la obra de Tintoretto «El lavatorio» a la derecha . ABC. 19-07-2011

El Museo del Prado ha dado un paso más en su plan de renovación al reabrir la galería central del edificio de Villanueva, parte emblemática de la pinacoteca, con una nueva ordenación de sus colecciones que permite un extraordinario recorrido por la pintura europea. Con las mejores colecciones del mundo de artistas como Tiziano, Velázquez, Rubens o El Greco, el Prado presume de sus tesoros en esta nueva disposición en la que se ha querido plantear una reflexión sobre la naturaleza y el origen del museo, que se inicia con la colección real que empezó a construirse a partir de Tiziano. Además, la nueva disposición permite contemplar las influencias de grandes maestros como Tiziano o Rubens sobre los pintores españoles.

Para los responsables del museo, se trata de uno de los hitos más complejos y destacados del Prado, que ha afectado a la práctica totalidad de la planta principal del centro, con un recorrido que comienza con las colecciones del siglo XVI, con Tiziano como figura central, y culmina a finales del siglo XVIII con Goya. Uno de los puntos más importantes de la galería, en la que se exhiben 59 obras la mayoría de ellas de gran formato, es el eje en el que se puede contemplar Carlos V en la Batalla de Mühlberg, de Tiziano, frente al icono del Prado, Las meninas de Velázquez, y al fondo de la galería La familia de Carlos IV de Goya. «Hay muchas formas de plantear la reordenación y todas ellas son lícitas. Antes era cronológica y ahora se presenta una reflexión sobre la naturaleza y el origen del museo», en opinión de Miguel Falomir, jefe del departamento de Pintura Italiana del Renacimiento, quien recordó que Tiziano fue el pintor más cotizado por los Habsburgo españoles «y la colección se creó en torno suyo».

El recorrido se inicia en la antesala dedicada a Tiziano, que tiene como obra estrella La Gloria, que Carlos V encargó al pintor para que estuviera en su sepultura. Ya en el primer tramo de la galería se exhiben obras maestras de la pintura veneciana, comenzando con el Lavatorio de Tintoretto frente a Adán y Eva de Tiziano y la copia que de este cuadro que hizo Rubens, junto a pinturas de Carraci, Gentileschi o Guido Reni. En el centro de la galería, Velázquez se entronca con la tradición veneciana. «Por primera vez se plantea la idea de que los orígenes básicos del Prado se encuentran en la escuela veneciana y en Tiziano como maestro de maestros», explicó Andrés Úbeda, conservador de pintura italiana del museo, para quien «el Prado se presenta a sí mismo en la galería central». Desde este punto, Velázquez entronca también con la pintura flamenca, con 31 pinturas de Rubens.

La pintura flamenca del XVII «es la colección escondida del museo, con más de mil obras de las que se exhiben muy pocas», señaló durante el recorrido Alejandro Vergara, jefe de Conservación de Pintura Flamenca y Escuelas del Norte, a las que se dedicarán nueve salas, una de ellas a Van Dyck. «El próximo año colgaremos toda la colección de Rubens, la más importante que existe, y aunque podría sonar un poco a chulería es porque el Prado puede. Tenemos las mejores colecciones del mundo de grandes artistas. Nosotros podemos y pocos pueden», añadió.

Desde la galería central se accede a tres salas dedicadas a El Greco «en las que se recupera la relación directa que tuvo con Veronés y se le sitúa muy cerca de Velázquez y de la pintura española del XVII», señaló Leticia Ruiz, conservadora de Pintura Española. En paralelo a la galería central «hay otro discurso que en el fondo es el mismo. La pintura es un idioma universal, en el que los pintores se relacionan», según Javier Portús, conservador de Pintura Española. Esta relación se aprecia con Ribera, Zurbarán, Velázquez y Murillo.

Efe / Madrid: El Prado presume de sus tesoros en la reorganización de sus espacios, El Día de Córdoba, 19 de julio de 2011
Pinturas de Cristo en el Prado

Pinturas de Cristo en el Prado

caravaggio_en_el_pradoCon motivo de la celebración en Madrid de la Jornada Mundial de la Juventud, el Museo Nacional del Prado ofrece hasta el 18 de septiembre el itinerario especial, con versión presencial y online, La Palabra hecha imagen. Pinturas de Cristo en el Prado, basado en 13 obras maestras del Museo junto con El Descendimiento, ‘La obra invitada’ de Caravaggio.

Además de las visitas comentadas dedicadas en exclusiva a la obra de Caravaggio, el Prado invita al público a ver también, de una forma distinta, otras pinturas de temática religiosa de Rubens, El Greco, Velázquez, Zurbarán o del pintor anónimo castellano autor de los murales de Santa Cruz de Maderuelo, profundizando sobre su significado cristiano, al mismo tiempo que analizando las soluciones artísticas que los pintores han empleado a lo largo de los siglos para problemas iconográficos específicos en este tipo de obras.

Horario. De martes a viernes, a las 11.30 y a las 16.30 h (durante la semana de celebración de la Jornada Mundial de la Juventud –del martes 16 al domingo 21 de agosto– se ofertarán tres visitas diarias: a las 10.00, a las 12.00 y a las 16.30 h)

Consultar la información práctica para la visita o la realización del itinerario.

Pinturas de Cristo en el Prado, hoyesarte.com, 7 de agosto de 2011

La exposición del Hermitage en el Prado contará con 241 obras

La exposición del Hermitage en el Prado contará con 241 obras

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El Museo Nacional del Prado de Madrid presentará del 8 de noviembre de 2011 al 26 de marzo de 2012 El Hermitage en el Prado, una gran exposición de piezas arqueológicas, objetos de artes decorativas, pinturas, esculturas y dibujos que van desde el siglo V a.C. hasta el XX y que mostrarán la variedad y amplitud de las colecciones del museo ruso. A este respecto, el Consejo de Ministros de hoy ha autorizado la concesión de la garantía del Estado a las 241 obras de esta muestra por un importe total de 702.005.000 euros.

La exposición, coorganizada por el Museo del Prado, el State Hermitage Museum y Acción Cultural Española (AC/E), ocupará todas las salas de exposiciones temporales de la ampliación del Prado que, durante más de cuatro meses, pasará a convertirse en un ‘pequeño Hermitage’, en lo que será una ocasión única para conocer sus tesoros, centrándose en las colecciones de oro arqueológico, las artes decorativas, y en los magníficos fondos de bellas artes, pintura, escultura y dibujo. La muestra presentará al público los principales protagonistas de la historia del palacio-museo, el esplendor de sus interiores y las magníficas obras de arte y de arqueología que allí se albergan.

Recorrido pictórico

El recorrido pictórico abarcará obras tan importantes como el San Sebastián de Tiziano, el Tocador de laúd de Caravaggio, el San Sebastián de Ribera, y el Almuerzo de Velázquez. También tendrán cabida dos obras de la importante colección de Rembrandt que atesora el Hermitage, Retrato de un estudioso y Haman reconoce su suerte. De su colección de dibujos, vendrán obras de Durero, Rubens, Watteau e Ingres y, entre las esculturas, pueden destacarse el boceto en terracota de Bernini para el Extásis de Santa Teresa, y una de las obras maestras en mármol de Antonio Canova, la Magdalena en meditación.

El Hermitage en el Prado contará también con notables ejemplos de las célebres colecciones de pintura impresionista y post-impresionista del museo ruso, en la que estarán representados Monet, Cézanne, Renoir, Gauguin y Matisse, éste último con dos obras, Juego de bolas y Conversación (en la imagen). De Picasso se incluirán tres lienzos, entre ellos Mujer sentada y Bebedora de absenta, y completarán la selección dos obras rusas de la vanguardia abstracta, la Composición VI de Kandinsky y el Cuadrado negro de Malevich.

Entre las piezas destacadas de las colecciones arqueológicas estarán el Peine con escena de batalla, obra de oro escita del siglo IV a.C., y las obras de joyería siberiana que proceden de las colecciones de Pedro el Grande. En cuanto a los objetos de artes decorativas, se incluirá la espada decorada con plata, rubíes e diamantes, donada al zar en el siglo XVIII por el embajador indio, y el Vaso de flores en cristal de roca, oro y diamantes del joyero de la familia imperial, Carl Fabergé (1846-1920).

Obras aseguradas

La garantía pública estatal es un sistema a través del cual el Estado asume el compromiso de asegurar las obras de relevante interés cultural que se presten para exposiciones celebradas en museos de titularidad estatal frente a la posible destrucción, pérdida, sustracción o daño que aquéllas puedan sufrir durante el período de cobertura. Esta garantía surtirá efecto desde la entrega de las obras por parte del cedente hasta su devolución, en su lugar de origen o en otro designado por el cedente. El período de cobertura comprenderá desde el 1 de septiembre de 2011 hasta el 31 de mayo de 2012 y podrá prorrogarse en caso de ampliación temporal de la exposición a petición de la institución solicitante, previa conformidad expresa de la Dirección General de Bellas Artes y Bienes Culturales. El otorgamiento de esta garantía no posee un coste inmediato; se traduce únicamente en el compromiso del Estado, como asegurador, de hacer frente a un pago en caso de que uno de los bienes culturales resulte dañado.

Esta gran exposición se celebra en el marco del Año Dual España-Rusia 2011, una iniciativa que cuenta con un amplio programa de proyectos educativos, culturales, científicos y económicos y que pretende impulsar las relaciones entre ambos países. Dentro de este programa se celebró en el museo ruso la muestra El Prado en el Hermitage, que incluyó 66 obras maestras de las escuelas española, italiana y flamenca de la pinacoteca madrileña de 1450 a 1820. Esta fue la primera vez en la historia que el Prado prestaba un grupo de obras tan significativas para una exposición fuera de España. Su objetivo era mostrar al público ruso obras de una gran calidad estética y representatividad e importancia histórica, que coinciden con los hitos de la pintura europea.

Madrid. El Hermitage en el Prado. Museo Nacional del Prado. Del 8 de noviembre al 26 de marzo de 2011.

Jordi Prat: La exposición del Hermitage en el Prado contará con 241 obras, hoyesarte.com, 29 de Julio de 2011

Chardin, el afán de labrar un mundo propio

Chardin, el afán de labrar un mundo propio

El Prado acoge una excepcional muestra de Chardin, cuyo respeto por los objetos cotidianos no deja todavía de sorprender

'Joven alumno dibujando', un óleo sobre tabla de roble de 1733-34. Junto al cono que forman las fresas silvestres hay un vaso de agua. Otro puede verse, en un cuadro de esos mismos años, al lado de una cafetera de barro. Cristal y agua, doble tentación para muchos pintores: multiplicando transparencias, brillos y reflejos, llegan a olvidar la sencilla presencia del objeto, reduciéndolo a pretexto para mostrar su virtuosismo. En Chardin ocurre justo lo contrario: en ambos cuadros el vaso reposa en sí mismo, consistente, sereno. Lo altera sólo el entorno: la luz difusa del cuadro de las fresas hace que agua y vidrio se pueblen, arriba, de reflejos rojos y recojan, abajo, el blanco de los claveles, mientras en el otro lienzo, la transparencia del vaso es sobre todo contraste con la opaca reserva del barro vidriado, aunque abajo se fusione, en un reflejo, con los blancos de una cabeza de ajo.

Esta atención (y respeto) prestada por Chardin al objeto cotidiano desconcertó en su época y continuó sorprendiendo en las siguientes. Diderot supo ver entonces este valor: «Su estilo es áspero y muy duro -escribe a su amigo Grimm en 1761-, una naturaleza ruin, vulgar y doméstica», pero (añade unos años más tarde) «si fija en su imaginación el efecto que produce y relaciona después con este modelo todo lo que vea, esté seguro de que habrá encontrado el secreto de estar excepcionalmente satisfecho». Tal vez algo de esa satisfacción alumbre en las obras de dos pintores modernos, Cézanne y Morandi.

Se ha insistido mucho en la originalidad de las naturalezas muertas de Chardin: al evitar el esplendor del bodegón holandés y la religiosidad de la vanitas, su mirada, se dice, es la de una naciente burguesía media. Pero tal interpretación sociológica quizá pase por alto lo mejor. Chardin abandona la sensualidad del objeto delicado y el alimento suntuoso, y renuncia al aura del misterio; la luz y el color de sus obras ni son reclamo de opulencia ni intromisión del más allá, sino que brotan de los mismos objetos, los hacen crecer, sólidos, sobre severos y desnudos planos horizontales, y muestran su potencia ante silenciosos fondos verticales. No son piezas de un mundo ajeno, sea éste el de la ambición o el de la caducidad, sino levantan uno propio. Sólo son cosas, pero por eso mismo, lejos de amueblar el mundo, logran literalmente formarlo.

Óleo sobre lienzo de 1761 titulado 'La cesta de fresas silvestres'. Un bodegón que la exposición muestra en solitario, La tabaquera, sintetiza lo dicho. Es ya atractivo formalmente: la delgada caña de la pipa es una diagonal que anima la firmeza del cofre y contrasta con la vertical de la jarra situada en la división áurea de la horizontal del cuadro. Pero su escueta poética brota sobre todo de la relación que establecen entre sí los objetos que sintetizan con orgullo el gozo de vivir. Poco importa que el cofre quizá se alargue más de lo que requiere su tapa: lo decisivo es que las cosas en conjunto hablan de un modesto pero intenso entusiasmo de vivir.

Tal vez ese entusiasmo inspire el ensimismamiento de sus personajes. En una época en la que héroes mitológicos o históricos derrochan ademanes para que el espectador recomponga la narración de sus gestas, y en un tiempo en el que las bellas adolescentes de Greuze hacían maliciosa gala de sentimientos de mujer, las figuras de Chardin, sencillas y domésticas, muestran ante todo poseer un mundo propio: desde el joven que mira, tenso y satisfecho, el baile de la peonza, hasta la mujer y las niñas de La bendición. Hay en esas figuras un cuidado de sí, una atención a sí mismas que las sitúa por encima de la sublimidad del héroe y de la sensualidad que reclama la época. Tal vez este cuidado de sí mismo lo sinteticen las breves tablas en las que un muchacho se concentra en el dibujo de un modelo que tiene ante sí fijado en la pared. El aprendiz, de espaldas, volcado sobre la carpeta de dibujo, sugiere empeño más que habilidad, intensidad hacia sí más que destreza ante los otros.

La exposición de Chardin es, pues, cita obligada. El breve formato de sus obras hace olvidar las deficiencias de las salas de la ampliación del Prado (patentes en la otra muestra, dedicada a las obras de juventud de Ribera) y la desazón que produce la narración trazada en la planta baja del edificio Villanueva, que mezcla a Goya (pinturas negras y cuadros del dos de mayo) con la retórica de los pintores académicos del XIX español. Madrid, pese al impacto de la crisis, ofrece otras visitas de interés: abundante y diversa reflexión sobre la relación entre arte y política, en el Museo Reina Sofía, y un cuidado despliegue, aunque quizá algo extenso, del arte geométrico latinoamericano (Fundación Juan March). Las Heroínas del Museo Thyssen forman un fresco que por querer agradar resulta confuso, pero en el que no faltan cuadros que merece la pena ver.

Chardin, 1699-1779. Museo del Prado. Madrid. Hasta el próximo 29 de mayo.

Juan Bosco Díaz-Urmeneta: El afán de labrar un mundo propio, Diario de Sevilla, 18 de abril de 2011
El Prado recupera al José de Ribera más naturalista

El Prado recupera al José de Ribera más naturalista

32 obras reconstruyen los primeros años de El Españoleto en Italia en torno a ‘La resurrección de Lázaro’

A diferencia de otros artistas, la obra de los primeros años de José de Ribera, El Españoleto, (Xátiva, Valencia, 1591-Nápoles, 1652) no es una obra menor. Todo lo que pinta en sus primeros años de carrera, en Roma y Nápoles, conforma ya la gran obra del artista español. Con medio centenar de cuadros posteriores a 1630 en su colección permanente, el Prado posee una sola obra de esta primera etapa del artista: La resurección de Lázaro, un lienzo de gran tamaño (1,71 por 2,89 metros), adquirido en 2001 en una subasta por 2,5 millones de euros. En torno a esta importantísima obra, y otras 31 prestadas por coleccionistas e instituciones de todo el mundo, el Prado reconstruye la llamada etapa romana del pintor en una exposición que permanecerá abierta hasta finales de julio y, posteriormente, viajará a Nápoles. Además de reunir obras esenciales, muchas de ellas nunca expuestas, la exposición incluye una pieza inédita, El martirio de san Lorenzo, rescatada y restaurada por el Pilar de Zaragoza.
'El juicio de Salomón'
Pero si la inclusión de obra inédita es una sorpresa, toda la exposición es un cúmulo de revelaciones sobre los primeros años profesionales de un artista cuya carrera estuvo llena de vaivenes, en palabras de Javier Portús, comisario de la exposición. Son unos años en los que al igual que ocurre con su vida personal, el conocimiento era igual a cero. «Cuando en 2001 el museo compra Resurrección no se habían localizado más de media docena de pinturas de la etapa romana de Ribera. En este momento superan las cincuenta», explica Portús durante el recorrido de la exposición. El experto detalla cómo ha sido posible la certificación de tan alto número de obras. «Muchas figuraban como anónimas porque él no siempre firmaba, y aún firmando, persistían las dudas. Pero son unos años en los que los grandes pintores hacen constar su autoría. Un grupo de expertos son los que han ido certificando lo que antes eran atribuciones».

El sello de la forma de pintar de El Españoleto en su primera etapa italiana está presente en todo el recorrido de la exposición: obras religiosas con grupos de personajes que surgen de la oscuridad, iluminación centrada en uno o dos personajes al más puro estilo de Caravaggio (artista cuya obra conoció aunque no llegó a coincidir personalmente), predominio de la presencia de hombres sobre las mujeres (La mujer barbuda, posterior a esta etapa, es uno de los pocos ejemplos) y utilización del desnudo masculino como campo de experimentación emocional, sobre todo de la violencia; interés por la ciencia (una de las piezas, La vista reproduce por primera vez un telescopio) y por el conocimiento en general (aquí está reunida parte de la serie de los filósofos y Los cinco sentidos).

El comisario cree que esta muestra es toda una invitación a proseguir el conocimiento de Ribera en la colección permanente de El Prado: «Aquí vemos cómo desde sus primeros años huyó de los códigos de idealización, que prefiere acercarse a los temas a través de la experiencia. No le interesan las figuras alegóricas. Su lenguaje es naturalista y la observación le lleva a reproducir lo que tiene delante con toda la sustuosidad o el dolor necesario. En su pintura, la carne desgarrada destapa nervios, músculo y sangre en abundancia».

Contador de historias

El Ribera contador de historias está muy presente en la exposición. «Hubo un momento en el que se habló de él como pintor de cabezas», añade Portús, «pero aquí comprobamos que desde el comienzo es un gran narrador de historias. Sobre sus fondos de tinieblas, los personajes [repite mucho los modelos] viven una historia dramática que él describe con un naturalismo insuperable».

Cuando Ribera empieza a pintar todos estos cuadros está en la treintena y se conocen pocos detalles de su vida personal. Especialmente oscura siguen siendo las razones por las que muy joven deja su Xátiva natal, la ciudad de los Borgia, y se traslada a Roma. Hijo de un zapatero, hay fuentes que hablan de que la familia fue expulsada de España para reaparecer ya huérfanos de madre en Roma, en 1616, y en Nápoles a partir de 1622. Se sabe que El Españoleto (nombre que le pusieron por su escasa estatura) era un tipo de carácter fuerte y bronco (fue denunciado entre otras cosas por no cumplir en Pascua) pero que se supo mover bien dentro de la corte virreinal en Nápoles. El dominio de los ambientes de la corte, de las tabernas y de los callejones lo plasmó en sus telas. Esta exposición sirve para reconstruir también los misteriosos años del despegue de Ribera en Italia.

Ángeles García / Manuel Morales, Madrid: El Prado recupera al José de Ribera más naturalista, EL PAÍS, 31 de marzo de 2011

El corazón del Prado ya late en el Ermitage

El corazón del Prado ya late en el Ermitage

Los Reyes de España inauguran en San Petersburgo una selecta exposición de la pinacoteca madrileña para reforzar las relaciones entre España y Rusia

Venus recreándose con el Amor y la Música. Tiziano. Hacia 1555. Óleo sobre lienzo. 150,2 x 218,2 cm. Madrid, Museo Nacional del Prado

La Sagrada Familia del Cordero. Rafael. 1507 Óleo sobre tabla. 28 x 21,5 cm. Madrid, Museo Nacional del PradoEn el salón del trono en el Palacio de Invierno en el que se ubica el Ermitage (joya de la corona de los museos rusos) el Rey Juan Carlos, acompañado por Doña Sofía y Dmitri Medvédev, han dado por inaugurado el llamado año dual España-Rusia con un discurso sobre la cultura como herramienta de progreso para las relaciones diplomáticas. «Una prueba del diálogo que encarna el año dual es esta muestra. Unas pinturas que deleitarán a los visitantes, junto a los demás tesoros que encierra este gran templo del arte universal», ha dicho don Juan Carlos.

Tras los discursos ha habido tiempo para recorrer la mencionada exposición (El Prado en el Hermitage), que hasta el 29 de mayo llevará al público ruso 66 pinturas de las escuelas española, italiana y flamenca. Un recorrido por las colecciones reales del Prado de los siglos XV al XIX. «La idea es traer un museo dentro de un museo», ha afirmado Gabriele Finaldi, comisario de la muestra.

Miguel Zugaza, director del museo del Prado ha explicado las fechas escogidas para la muestra (temporada baja, dadas las condiciones climatológicas): «hay mucho interés en Rusia por el Prado y por esa razón se han traído en esas fechas, así la mayoría de los visitantes serán rusos».

A finales de año será el Prado el que presentará los Tesoros del Hermitage (8 de noviembre de 2011 – 26 de marzo de 2012) a través de 170 obras -incluidas piezas arqueológicas, objetos de artes decorativas, pinturas, esculturas y dibujos- del museo ruso que mostrarán la variedad y amplitud de sus colecciones desde el siglo V a.C. hasta el siglo XX.
Svetlana Medvedev y la reina Sofía en el Ermitage
Previamente, los dos jefes de Estado han mantenido un encuentro con representantes empresariales rusos y españoles en la biblioteca presidencial Boris Yeltsin. Por parte española han participado, entre otros, los presidentes de Repsol YPF, Antoni Brufau, de Indra, Javier Monzón, de Acciona, José María Entrecanales, y de Iberia, Antonio Vázquez, además de la ministra de Asuntos Exteriores, Trinidad Jiménez.

Una mención al Thyssen

La ministra de Cultura, Ángeles González-Sinde, también ha viajado a San Petersburgo y ha hecho referencia a las negociaciones con Carmen Cervera sobre la prórroga por un año del préstamo al Estado de su colección privada que se exhibe en el Museo Thyssen-Bornemisza. Dicho acuerdo, tras meses de una difícil gestación, ha provocado también la reacción de Francesca Thyssen, hija del ya fallecido barón Hans Heinrich von Thyssen-Bornemisza, que fuera marido de Carmen Cervera. Francesca Thyssen se quejaba ayer en este periódico de las intenciones de Carmen Cervera de vender en el mercado libre cuadros de su colección. Es aquí donde ha terciado González-Sinde desde Rusia: «Las negociaciones con la baronesa nunca son fáciles. Ella tiene el derecho a vender el 5% de su colección y este año va hacer una nueva petición en ese sentido».

El caballero de la mano en el pecho. El Greco. Óleo sobre lienzo, 82 x 66 cm h. 1580 Madrid, Museo Nacional del Prado

La reina Mariana. Diego Velázquez. Óleo sobre lienzo, 234.2 x 132 cm h. 1652 Madrid, Museo Nacional del Prado

Iker Seisdedos, San Petesburgo: El corazón del Prado ya late en el Ermitage, EL PAÍS, 25 de febrero de 2011

Dos gigantes del arte se abrazan

Una de las grandes salas del Ermitage de San Petersburgo.- REUTERSRusia «necesita muchísimo» un auténtico museo de arte moderno como el MoMA de Nueva York , pero falta la persona con «gusto, talento, relaciones y sentido comercial» en torno a la cual puede cristalizar ese proyecto. Y no lo dice cualquiera, sino Mijaíl Piotrovski, el director del Ermitage , el gran museo ruso. Hoy Piotrovski firma en Madrid el acuerdo para intercambiar exposiciones con el Prado con motivo del «año dual» entre Rusia y España. El 25 de febrero, los jefes de Estado de ambos países inaugurarán una gran exposición del Prado en el Ermitage. Consta de 66 obras (33, de artistas españoles, entre ellos Velázquez y Goya, y 33, de artistas de Europa Occidental) del periodo comprendido entre mediados del siglo XV y principios del XIX. En noviembre, el centro ruso llevará al español una selección de 170 obras. El intercambio no tiene precedentes en la historia de ambas instituciones. Los camiones con los cuadros del Prado comenzarán a llegar a San Petersburgo el próximo jueves y son esperados con excitación en el Ermitage, cuyo núcleo es la colección con la que Catalina II decoró el Palacio de Invierno en 1764.

Símbolo del poder imperial, el Ermitage es también la casa de Piotrovski. Este arabista y arqueólogo de 66 años dirige el museo desde 1992, siguiendo los pasos de su padre, Borís Piotrovski, que fue director hasta su muerte en 1990. Piotrovski mantiene las tradiciones, aunque también explora el arte contemporáneo, del que tiene una incipiente colección. Aun así opina que el gran museo de arte contemporáneo, inexistente aún en Rusia, «debería estar en oposición al Ermitage, porque este muestra que no hay arte viejo y arte nuevo, sino una continuidad y una tradición» y alberga lo que «ya tiene renombre». Un museo contemporáneo, en cambio, debería enseñar la «pluralidad de lenguajes y de materiales, estimular el desarrollo del arte y mostrar cómo se forman las obras».

Carlos III. Mengs. Hacia 1761 Óleo sobre lienzo. 151,1 x 109 cm. Madrid, Museo Nacional del Prado

El Ermitage se financia del presupuesto del Estado (en un 60% o 70%) y se complementa con ingresos propios. El deslinde entre proyectos comerciales y no comerciales, advierte Piotrovski, es «muy sutil» y depende de «cada caso concreto». El museo colabora con los oligarcas rusos. El magnate Mijaíl Jodorkovski (ahora en prisión) le ayudó en el pasado a organizar exposiciones en Reino Unido. Ahora, el oligarca Vladímir Potanin es el presidente del «consejo patrocinador» del museo, formado por empresarios. Potanin financia el Ermitage a través de su fundación, da becas a sus especialistas, ayuda a montar exposiciones y a comprar obras como Cuadrado negro, de Malévich.

La Vendimia. Francisco de Goya. Óleo sobre lienzo, 267,5 x 190.5 cm 1786 - 1787 Madrid, Museo Nacional del Prado

Mijaíl Piotrovski, director del Museo del Ermitage de San Petersburgo-El Ermitage, según su máximo responsable, no cambió tras la Revolución de Octubre en 1917 ni tras el fin de la URSS en 1991. ¿Y qué influencia han tenido los últimos 20 años en el gusto estético de los rusos? «El resultado no es muy bueno. Entre la generación de los mayores, que comprenden los méritos de nuestras exposiciones, y los jóvenes, que se interesan muy activamente por el arte moderno, existe una laguna de gente sin gusto, que no distingue lo que se puede hacer y lo que no se puede hacer». Y explica: «los que llegaron rápidamente al poder procedentes del mundo de los negocios saben de los precios en las subastas, pero muchos no tienen gusto». Piotrovski cita la idea de convertir la plaza del Palacio (el espacio frente al Ermitage) en una pista de patinaje. «Si la gente no entiende que no se puede hacer una pista de patinaje en esa plaza, es imposible explicárselo».

Como otros intelectuales, Piotrovski se opuso a que Gazprom, el exportador monopolista de gas, construyera un rascacielos en San Petersburgo. Tras una amplia movilización social, la gobernadora archivó el proyecto. Piotrovski no baja la guardia y critica la decisión de quitarle a la ciudad el título de «población histórica», que subordinaba la construcción urbana a unos determinados principios. «Dinero, dinero», exclama. «Quienes lo tienen quieren ganar más aún de la forma más fácil y creen que todo les está permitido». A la hora de integrar lo nuevo y lo viejo en San Petersburgo, París es el «mejor ejemplo».

El centro de arte ha colaborado anteriormente con la fundación Guggenheim, aunque ahora lo hace «a un nivel más bajo, porque ha cambiado la orientación de los museos». Un proyecto conjunto en Las Vegas (EE UU) se acabó, por ser «complicado y caro». «Decidimos que habíamos cumplido nuestra función pedagógica». La instalación de «pequeños Ermitage» por el mundo es actual, según Piotrovski. «En el gran Ermitage están los fondos, y luego tenemos un dinámico sistema de sputnik que pueden trasladarse de una órbita a otra. En Londres tenemos un sputnik que ha dejado de hacer exposiciones para recaudar dinero para las exposiciones. En Italia otro que realiza actividades científicas».

Retrato de un estudioso. Rembrandt Óleo sobre lienzo, 104.5 x 92 cm 1631 San Petersburgo, State Hermitage Museum

Piotrovski mira con desconfianza la restitución de obras de arte a las comunidades religiosas. Apoyándose en una reciente ley, la Iglesia ortodoxa rusa reclama lo que le perteneció en el pasado. «Las obras de arte tienen que estar en los museos y salir solo si se reúnen las condiciones para ello», dice. Por otra parte, Rusia ha suspendido todas las exposiciones en Estados Unidos, después de que un tribunal estadounidense decidiera que había que devolver a los judíos hasidas una biblioteca propiedad estatal en Rusia. Por temor a la confiscación, el Ermitage ha renunciado a enviar cuadros a ese país.

Diálogo de águilas

Una pieza romana del Museo Arqueológico de Alicante atrae una animada concurrencia en la sala de San Jorge. Es una mano de bronce que empuña un águila bicéfala. Se encontró en 2005 en el yacimiento de Lucentum, en la playa de la Albufereta de Alicante. Desde diciembre, está en la sala del trono imperial ruso en diálogo con el águila rusa (también de dos cabezas) y con el trono de los Románov. El efecto es notable.

Almuerzo. Diego Velázquez. Óleo sobre lienzo, 108.5 x 102 cm h. 1617 San Petersburgo, State Hermitage Museum

En la muestra que el Ermitage llevará al centro alicantino en marzo un lugar privilegiado corresponderá a la arqueología, con piezas del oro de los escitas, de la colección que Pedro I mandó recoger en Siberia, y también de las riberas septentrionales del mar Negro, en la zona del Kubán y Crimea (Ucrania).

Las muestras del Prado y el Ermitage pretenden enseñar el «desarrollo de ambos museos como fenómenos culturales bajo la protección de las respectivas monarquías», explica Piotrovski. Con el Prado, imagina, «podríamos hacer un estupendo proyecto sobre las primeras obras de arte cristiano de España, Italia e iconos rusos». «Además, tenemos una importante sección española que apareció después de la guerra napoleónica, cuando Alejandro I compró varias colecciones».

Placa de cinturón con un caballo y un monstruo. Pieza de oro de los escitas (colección siberiana de Pedro El Grande) Siglo IV y V a.C San Petersburgo, State Hermitage Museum

María Magdalena arrepentida.Antonio Canova. Mármol, 94 cm 1809 San Petersburgo, State Hermitage Museum

Conversación. Henri Matisse. Óleo sobre lienzo, 177 x 217 cm Entre 1908 y 1912 San Petersburgo, State Hermitage Museum

La bebedora de absenta. Pablo Picasso. Óleo sobre lienzo, 73 x 54 cm 1901 San Petersburgo, State Hermitage Museum

Pilar Bonet, San Petersburgo: Dos gigantes del arte se abrazan, EL PAÍS, 7 de febrero de 2011

El Prado y el Hermitage intercambian sus obras

El Prado y el Hermitage intercambian sus obras

mano_en_pechoLa colaboración excepcional entre dos de las instituciones culturales más importantes del mundo, el Museo del Prado de Madrid y el State Hermitage Museum de San Petersburgo, ha fraguado en la firma de los convenios para la celebración de las exposiciones El Prado en el Hermitage, que tendrá lugar en la ciudad rusa entre el 25 de febrero y el 29 de mayo, y Tesoros del Hermitage, que se presentará en la capital de España entre 8 de noviembre de 2011 y el 26 de marzo de 2012.

El acuerdo, en el que participa también la Sociedad Estatal de Acción Cultural, se enmarca en el programa del Año Dual España-Rusia 2011, cuenta con un presupuesto de 1,5 millones de euros y representa, en palabras del director del Prado, Miguel Zugaza, «un intercambio sin precedentes en el que se incluye una selección de las mejores obras de estas dos pinacotecas, tan alejadas en lo geográfico y tan unidas a la hora de albergar dos de las colecciones de arte más importantes del mundo. De esta forma, y a través de sus obras, dos antiguos y legendarios imperios vuelven a reencontrarse».

Hecho histórico

«El visitante podrá contemplar –añadió Zugaza–, un museo dentro del otro: un Prado concentrado y excelente con todas las variedades de maestros y escuelas dentro del Hermitage y una selección cuidadísima del Hermitage en las salas del Prado».

La firma de los correspondientes convenios fue presidida por la ministra de Cultura, Ángeles González-Sinde, a la que acompañaron el presidente del Real Patronato del Museo del Prado, Plácido Arango; la presidenta de la Sociedad Estatal de Acción Cultural, Charo Otegui; el director del State Hermitage Museum, Mikhail Piotrovsky; el máximo responsable de la pinacoteca española, Miguel Zugaza; el embajador de Rusia de España, Alexander I. Kuznetsov, y el embajador en misión especial del Año Dual España-Rusia 2011, Juan José Herrera de la Muela.

Tras las intervenciones de Plácido Arango, que apuntó que no se puede concebir Rusia sin el Hermitage ni España sin el Prado, intervinieron el director de la pinacoteca rusa que afirmó que este intercambio de exposiciones constituye «un hecho histórico» para «dos museos muy cercanos por su tipología y estilismo”. El embajador de Rusia en España, por su parte, recordó que la cultura ha marcado a lo largo de las historia las relaciones entre ambos países, citando a Ramon Llul, Lope de Vega, Juan Valera y el hecho de que Rusia sea al país en el que, fuera de España, se hayan publicado más ediciones de El Quijote.

Cerró el acto la titular de Cultura que recordó la gran pasión de Catalina II de Rusia por el arte y cómo fue quien puso «las primeras piedras artísticas» del Museo del Hermitage y la verdadera introductora del arte español en aquel país iniciando la colección de pintura española que hoy alberga la institución rusa. González-Sinde concluyó recordando que hay pocos modos de acercar culturas y naciones como a través del arte.

El Prado en San Petersburgo

prado_hermitageComo informaba hoyesarte.com en su edición del pasado 24 de enero, la exposición El Prado en el Hermitage, que será inaugurada el próximo 25 de febrero con la presencia en San Petersburgo de los Reyes de España y el presidente de la Federación Rusa, integra un conjunto de 66 pinturas, datadas entre 1450 y 1820, de las escuelas española, italiana y flamenca, seleccionadas por su altísima calidad estética y su gran representatividad y significación histórica.

La exposición deja patente el papel que desempeñaron los reyes de España en la creación de la pinacoteca, con la presencia de los principales fundadores de la colección como, entre otros, Carlos V, con el retrato realizado por Tiziano, Felipe IV pintado por Velázquez, Carlos III y su hijo Carlos IV por Mengs y Fernando VII por Goya.

Esta selección de obras también plasmará los distintos géneros representados en las colecciones de la institución española, con ejemplos de pintura mitológica, como Venus recreándose con el Amor y la Música de Tiziano o Perseo liberando a Andrómeda de Rubens; importantes bodegones de Sánchez Cotán, Zurbarán y Luis Meléndez; obras de Moro, Pantoja de la Cruz, Velázquez, El Greco, Paret y Goya que mostrarán la evolución del retrato en España; y el paisaje y la pintura de género representados por Lorena, Watteau y Joli y el gran cartón para tapiz de Goya, La Vendimia.

No estará ausente en la muestra la pintura religiosa con obras como La Sagrada Familia del Cordero de Rafael, la Virgen del Rosario de Murillo, Cristo abrazado a la Cruz de El Greco o la Adoración de los pastores de Maíno, pintura que está en estrecha relación con otra obra de este autor del mismo tema en la colección del Hermitage estableciendo así un especial vínculo con el museo ruso que se verá reafirmado en esta muestra con los retratos de Pedro Ivanowitz Potemkin, embajador de Rusia, realizado por Carreño de Miranda y del general José de Urrutia, condecorado con la cruz de San Jorge otorgada por Catalina la Grande, de Goya.

El Hermitage en Madrid

El Hermitage desembarcará en Madrid a finales de año. Los Tesoros del Hermitage –8 de noviembre de 2011 – 26 de marzo de 2012– incluirá 160 obras del museo ruso que mostrarán la variedad y amplitud de sus colecciones desde el siglo V a.C. hasta el siglo XX. Las salas de la ampliación estarán disponibles para esta muestra.

El recorrido pictórico que podrá verse en el Prado abarcará obras como el San Sebastián de Tiziano, el Tocador de Laúd de Caravaggio, el San Sebastián de Ribera o el Almuerzo de Velázquez. También tendrán cabida dos obras de la importante colección de Rembrandt que atesora el Hermitage, Retrato de un estudioso y Haman reconoce su suerte.

De su colección de dibujos vendrán obras de Durero, Rubens, Watteau e Ingres y, entre las esculturas, piezas de Bernini y Antonio Canova. La exposición contará también con obras de Monet, Cézanne, Renoir, Gauguin y Matisse. De Picasso se incluirán tres lienzos, entre ellos Mujer sentada y Bebedora de absenta, y completarán la selección dos obras rusas de la vanguardia abstracta, la Composición VI de Kandinsky y el misterioso Cuadrado negro de Malevich.

Entre las piezas destacadas de las colecciones arqueológicas estarán el Peine con escena de batalla (siglo IV a.C.) y las obras de joyería siberiana que proceden de las colecciones de Pedro el Grande. En cuanto a los objetos de artes decorativas, figuran la espada decorada con plata, rubíes y diamantes, donada al zar en el siglo XVIII por el embajador indio, y el Vaso de flore de Fabergé.

Javier López Iglesias: El Prado y el Hermitage intercambian sus obras, hoyesarte.com, 7 de Febrero de 2011

El Prado dedica a Rubens su primer vídeo ‘online’ multi-interactivo

El Prado dedica a Rubens su primer vídeo ‘online’ multi-interactivo

video_interactivo_pradoEl Museo del Prado ha lanzado hoy el primer vídeo online multi-interactivo aplicado a la difusión artística. Bajo el titulo Rubens 360º, la iniciativa constituye una nueva apuesta del Prado por facilitar el disfrute de sus colecciones y exposiciones más allá de sus muros, extendiendo al mismo tiempo su acción divulgativa y educativa.

El nuevo desarrollo, realizado con el apoyo de Telefónica –como benefactor del Programa de Atención al Visitante– y creado por la empresa española artífice también de la captación y tratamiento de las imágenes gigapíxel del proyecto “Obras maestras del Museo en Google Earth”, explota las posibilidades de interactividad y facilidad de acceso a todo tipo de información para presentar un exhaustivo recorrido visual e intelectual de la exposición que el Museo dedica actualmente a su colección de obras de Rubens (abierta hasta el 23 de enero).

La novedad consiste en la posibilidad de rastrear todas las obras expuestas pudiendo hacer ‘clic’ sobre cada una y acceder a su imagen navegable en alta resolución junto a información complementaria en texto, audio e incluso vídeo (vídeo dentro del vídeo).

Primicia cultural

La publicación de este formato de vídeo online interactivo, inédito como forma de presentación de contenidos culturales, constituye un singular reconocimiento tanto al artista, uno de los mejor representados en las colecciones del Prado, como al creciente y constante número de personas interesadas en los contenidos y canales que el Museo ha ido poniendo a su disposición en la Red en los últimos años.

Esta solución permite dotar los vídeos con capas adicionales de información constituyendo, por tanto, una alternativa que se podría definir como “hipervídeo”, haciendo un símil con lo que el concepto de “hipertexto” significa (en informática, nombre que recibe el texto que en la pantalla de un dispositivo electrónico conduce a otro texto relacionado).

Esta nueva forma de presentación multimedia traspasa las limitaciones de un vídeo tradicional permitiendo al usuario interactuar dentro del propio contenido audiovisual optando por detenerse en múltiples “puntos calientes” (hotspots) que, en este caso, le permiten acceder, una por una, a todas las obras de Rubens que atesora el Prado. De esta forma, los internautas encontrarán a su disposición, como contenidos adicionales vinculados a los más de noventa hotspots definidos, tanto vídeos en los que el comisario de la exposición y jefe de Conservación de Pintura Flamenca y Escuelas del Norte del Museo, Alejandro Vergara, explica detenidamente las obras, como imágenes en alta resolución a pantalla completa y una ficha informativa en texto de cada una.

Contenidos adicionales

Los contenidos que se muestran en un vídeo interactivo de estas características al hacer ‘clic’ sobre los elementos son variados. En este caso, estos contenidos adicionales se han seleccionado cuidadosamente con el fin de facilitar al público una experiencia lo más similar posible a la visita presencial de la exposición presentada, compensando la insustituible experiencia de la contemplación directa de las obras con la posibilidad de conocer a fondo cada una de ellas a través de la navegación sobre sus imágenes y del acceso a contenidos explicativos adicionales.

Para ello, el vídeo se ha dotado de reproducciones de las 90 obras presentes en la exposición a gran tamaño y calidad, con una presentación a pantalla completa y una opción de ampliación que posibilita apreciar pequeños detalles imposibles de percibir por el ojo humano en la contemplación directa de las obras debido a las limitaciones impuestas por las condiciones físicas de la visita (distancia del espectador frente a los cuadros y perspectiva condicionada por su posición sobre un único plano horizontal).

Además de la visualización a pantalla completa, muchas de las reproducciones van acompañadas de un player de audio que permite escuchar la narración de una audioguía al mismo tiempo que se explora la obra y todas las reproducciones cuentan con una ficha técnica descriptiva en texto de la obra.

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