EL PROCESO LECTOR EN EL ALUMNADO CON BAJA VISIÓN

Texto para trabajar el cierre Actividad donde hay que completar la mitad inferior del texto que falta visual

Emile Javal (1839-1907 ingeniero y médico) estudió el procedimiento de la lectura, averiguó cómo el ojo a base de saltos y pausas consigue leer. La lectura consiste en una interacción entre pausas y rápidos movimientos del ojo. Cuando una persona lee un texto, sus ojos avanzan a pequeños saltos, llamados movimientos sacádicos, que se alternan con periodos o momentos de fijación  en que permanecen inmóviles.

Los periodos de fijación permiten a quien lee percibir un trozo de texto y los movimientos sacádicos le trasladan al siguiente punto del texto con la finalidad de que quede situado en la zona de máxima agudeza visual y pueda de esta forma asimilar información. Pero ésta zona es muy pequeña, por lo que habrá sólo sitio para muy pocas letras. Consecuentemente, o los momentos de fijación tienen que ser más frecuentes en cada línea (esto es lo que hacen los niños cuando se inician en el aprendizaje de la lectura) o hay que aprender a usar las partes circundantes de la retina.

Por ello, para convertirse en un buen lector, es preciso reducir el número de momentos de fijación por línea o, intentar ampliar el campo de fijación, de manera que puedan captarse más palabras en cada uno de ellos.

Sin embargo, a veces, se necesita volver a leer palabras que inmediatamente se acaban de leer. Este movimiento se denomina regresión. Los ojos hacen un movimiento de derecha a izquierda en lugar de hacerlo en la dirección opuesta, que sería la correcta. Esta regresión exige tiempo y energía. Cuanto mejor se aprenda a leer, menos regresiones se harán, aunque dependerá también de las características del texto, de la complejidad del mismo, de si es un texto conocido…

Esquema movimientos del ojo al leer Por otro lado, también es preciso detallar cómo se mueven los ojos de una línea a otra, es decir, el cambio de renglón.  Aquí entran en juego los movimientos de retorno o de vuelta. Para cambiar de renglón, se busca la forma más breve de llegar al principio de la línea siguiente, ya que al hacerlo, se ahorra tiempo. Generalmente, se realizan en diagonal para que la lectura sea rápida. Esto conlleva un movimiento diagonal a partir del último punto de fijación al final de la línea anterior hasta el primer punto de fijación en el principio de la línea siguiente. Son los ojos los que tienen que hacer este movimiento y no, como sucede a menudo y en los inicios, la cabeza.

El aprendizaje de la lectura en el alumnado con baja visión será del mismo modo, pero requerirá de más tiempo y de una progresión más lenta, ya que se van a presentar dificultades añadidas y tenemos que tenerlo en cuenta.

Podemos encontrarnos con alumnado con pérdida de campo de visión. Su campo de visión puede estar afectado en la parte central de su visión, por lo que habrá que deberán aprender técnicas para mirar usando la visión excéntrica, por encima o por debajo de lo que quiera mirar. También pueden tener restricciones de campo, con lo que su campo de fijación será muy reducido, por lo que no podrá abarcar muchas letras en cada momento de fijación. La lectura será más lenta y será complicado mover los ojos de una línea a la siguiente.

Generalmente, la agudeza visual del alumnado deficiente visual es reducida. La acomodación del cristalino implica que el ojo tiene la posibilidad de adaptarse a distancias diferentes. El tamaño de imagen que es necesario en la retina, está en función de la agudeza visual del ojo, así, el alumnado con baja visión tiene que acercarse más al objeto, o aproximar el objeto más al ojo. Los niños tienen un gran poder de acomodación a distancias muy cortas, pero trabajar durante mucho tiempo así produce una gran fatiga y disminuye el rendimiento, por ello, fundamentalmente este acercamiento lo van a conseguir mediante la utilización de ayudas ópticas y/o electrónicas.

En muchos alumnos también encontramos que tienen movimientos oculares incontrolados (nistagmo), que  provocarán mayor cansancio para leer y menor comprensión del texto. Sus ojos tiemblan con mucha intensidad y les resulta difícil controlar su movimiento y por ello, controlar los movimientos de fijación. Habrá que enseñar la técnica de mantener inmóviles los ojos en una posición en la que el temblor se reduzca al máximo posible, y a la vez,  mover la cabeza para compensar los movimientos de fijación.

Las patologías visuales disminuyen mucho la sensibilidad al contraste, por lo que la lectura se hace más complicada, sobre todo en algunos casos en que los caracteres están poco marcados o que utilizan tinta de color que en relación al fondo ofrece poco contraste.

De igual modo, las patologías oculares hacen que se tenga mayor sensibilidad a las condiciones de iluminación. La iluminación contribuye, como factor decisivo, a la obtención de una buena visibilidad, de tal manera que una misma tarea visual pasa de hacerse simple a compleja con un sólo cambio en la iluminación. La calidad/cantidad de luz es la ayuda no óptica más importante para las personas con baja visión. Cuando la luz natural no es la apropiada, es preciso  proporcionarla artificialmente. Las necesidades de iluminación deben de estar en concordancia con las características de la persona y de la tarea. Por ello sería conveniente preguntar al alumno para establecer las condiciones idóneas de iluminación en cuanto a tipo, intensidad y ubicación, consiguiendo así que el funcionamiento visual sea óptimo.

Por otra parte, en el proceso de la lectura, hay una serie de factores que pueden condicionar el hecho de la lectura en sí. A destacar:

El tipo de letra, no todos los textos pueden ser leídos con la misma facilidad, son recomendables aquellas familias de letras cuyo cuerpo (ancho y alto) esté proporcionado, para evitar que los espacios interiores de las letras se rellenen y desaparezcan. Se lee mejor la letra recta, sencilla, sin adornos y con bordes limpios.

El espaciado interlineal, el espacio que se presenta entre líneas puede hacer que la lectura sea más o menos rápida y aumente el nivel de comprensión. Por ejemplo, un interlineado de 12 puntos es correcto para un texto de 10 puntos (lo recomendable es que el espacio entre líneas sea entre un 25-30% del tamaño del punto).

El espaciado entre las letras, cierta cantidad de espacios entre las letras hacen la lectura más cómoda, pero por el contrario, cuando son demasiados no, pues el texto se separa y es necesario realizar un mayor número de movimientos oculares (los espacios ideales son los regulares, aproximadamente ¼ o 1/5 de la altura de la letra).

La calidad del papel hace que la lectura sea más cómoda hay que tener en cuenta su calidad, color y la opacidad del mismo.

La longitud del renglón, al leer es muy importante la extensión del renglón, el que se pueda leer con un movimiento rápido de ojos, resulta más fácil (60-70 letras).

La distribución del texto, resultarán más sencillos de leer aquellos cuya distribución sea regular, sencilla y homogénea,  una distribución irregular con muchas columnas y fotos intercaladas, se hará más difícil.

El color, si se van a utilizar colores, debemos de tener en cuenta que tengan contraste de tono (cálidos y fríos), contraste de valor (luminosos y oscuros) y contraste de saturación (vivos y apagados). Hay  niños que no diferencian los colores, pero si encuentran diferencias entre los tonos grises que ven. A veces los colores se utilizan como referencias para afianzar técnicas de localización y rastreo. Si hubiese dificultad en la diferenciación de colores, se cambiarían por otras claves visuales, líneas, figuras…

Las habilidades visuales básicas necesarias para que se dé un correcto aprendizaje de la lectura son: la fijación, la localización, la exploración y  el seguimiento. Hay multitud de actividades que podemos llevar a cabo: actividades de buscar el igual a, buscar el diferente a, buscar la letra que está repetida, buscar entre varios dibujos uno dado, buscar en una lámina objetos, trazar caminos y laberintos, buscar parejas de dibujos, encontrar parejas de letras o de palabras o de números, actividades de lectura eficaz….

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Para concluir, en la lectura hay que considerar dos aspectos de gran importancia, su carácter comprensivo y cuantitativo. La comprensión lectora nos aporta información de cómo se capta y asimila lo que se lee. La velocidad lectora hace  referencia  a la cantidad de palabras que se consiguen leer por minuto. Estos dos aspectos junto con la resistencia a la fatiga, servirán sobre todo cuando se trate de decidir qué código (tinta/braille) será utilizado como sistema de trabajo en las tareas escolares de nuestro alumnado con baja visión.

Mercedes Urbano Labajos.
Maestra Equipo Específico de Atención al Alumnado con Discapacidad Visual de Málaga.

Bibliografía:

C.B.E. La didáctica del braille, más allá del código (2015) ONCE

El adiestramiento de la visión subnormal, Krister Inde – Orjan Bäckman (1988) Centro de Rehabilitación Visual de la ONCE

Jornadas sobre atención específica dirigida al profesorado con baja visión, Mª Jesús Vicente Mosquete Técnico de Rehabilitación ONCE, (diciembre 2005)