La libertad. (Kant)

Ignacio Escañuela Romana.

No hay ética sin libertad. Si no somos libres, no somos imputables. Si las condiciones sociales o biológicas me fuerzan a actuar, entonces no soy culpable. Así lo vió Spinoza quien afirmó entonces que se condena a las personas a penas legales no por su autoría o libre decisión, sino por el hecho objetivo de que el hecho cometido va contra el interés social o colectivo.

Kant encaró el problema e hizo de la libertad un postulado de la razón práctica: algo que debo suponer necesariamente pero que no puedo demostrar de ningún modo a través de la teoría, de los conocimientos del mundo. Sólo podemos asimilar fenómenos condicionados por nuestros conceptos, no cómo sean las cosas mismas. Que seamos libres o no es entonces un supuesto necesario de una ética que se quiere universal, pero no algo  que sepamos con ninguna certeza. Es más, se convierte en una afirmación que sabemos nunca tendrá demostración posible.

¿Entonces?. Actuaremos como sujetos que se suponen libres, pero que pueden no serlo. Tomaremos a los demás como un trasunto de ese yo nuestro: otro yo que debe ser también de decisiones espontáneas. 

¿No basta?. No, claro. Pero yo estoy de acuerdo en que se trata de un principio que no admite prueba ni en positivo, ni en negativo. Y es una sensación: incluso quien afirma un determinismo estricto no deja de sentirse internamente libre. Y es una afirmación muy necesaria para afirmar normas válidas universalmente. Que afectan a todos por el hecho de ser sujetos racionales dotados de capacidad de decisión.

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