Completa los huecos. Pregunta de Acceso.

Ignacio Escañuela Romana

Se propondrán 4 frases semiabiertas de los cuatro autores de los textos, debiendo completar, a su elección, SOLAMENTE 1. La que se elija no puede ser del autor cuyo texto se ha seleccionado en la parte anterior del examen. Puntuación máxima: 2puntos

«Como ya dijimos, los principios de la ley …1…….. son en el orden práctico lo que los primeros principios de la demostración en el orden especulativo, pues unos y otros son evidentes por sí mismos. Todas las …..2…………………. de cualquiera de las partes de la naturaleza humana, como la concupiscible y la irascible, en la medida en que se someten al orden de la ……………..3………………., pertenecen a la ley natural y se reducen a un único primer precepto, como acabamos de decir». TOMÁS

1: Si conocemos el texto, sabemos que Tomás se está preguntando por la ley NATURAL. 

2: Sabemos por el texto que concupiscible e irascible son: INCLINACIONES.

3: Sabemos que en el hombre las inclinaciones deben estar controladas por ley natural por la RAZÓN

NATURAL – INCLINACIONES – RAZÓN

 

«Entiendo por uso público aquel que, en calidad de maestro, se puede hacer de la propia razón ante el gran público del mundo de lectores. Por uso …….1……… entiendo el que ese mismo personaje puede hacer en su calidad de funcionario.  Puede un hombre, por lo que incumbe a su persona, pero sólo por un cierto tiempo, eludir la ……….2…… en aquellas materias a cuyo conocimiento está obligado; pero la simple y pura renuncia, aunque sea por su propia persona, y no digamos por la posteridad, significa tanto como violar y pisotear los sagrados ……….3…. del hombre. Y lo que ni un pueblo puede acordar por y para sí mismo, menos podrá hacerlo un monarca en nombre de aquél, porque toda su autoridad legisladora descansa precisamente en que asume la ………4…… entera del pueblo en la suya propia. » KANT

  1. PRIVADO. Razón pública y privada son contrapuestas constantemente por Kant.
  2. ILUSTRACIÓN. El texto trata de este concepto. Ilustración o iluminación por la razón.
  3. DERECHOS. Kant es defensor de los derechos y libertades.
  4. VOLUNTAD. El gobernante actúa cumpliendo siempre lo que el conjunto de gobernados piensa o quiere. Con límites.

 

Tomás de Aquino. Su filosofía en general.

Ignacio Escañuela Romana.

Algunas consideraciones sobre la filosofía de Tomás de Aquino.

Tomás de Aquino (1225 a 1274), nacido en ITalia, dominico. Estudió en Nápoles, París y Colonia. Canonizado en 1323. Llamado «doctor angelicus». La neoescolástica del XX se ha basado en renovar el tomismo. Su filosofía tuvo una fuerte asimilación del aristotelismo, pero también bebió de los Padres de la Iglesia, de Pseudo-Dionisio, Boecio, comentaristas árabes y latinos.

A. La cultura en la Edad Media.

Parece una aventura imposible resumir siglos de una evolución cultural compleja en pocas líneas. Tomo algunos rasgos de la cultura de la Edad Media del libro de Schwanitz (2007) La Cultura:

*La sociedad medieval era una pirámide organizada por capas sociales jerárquicamente estructuradas. Nobleza-ciudadanos libres-siervos.

*La Iglesia era una jerarquía paralela: Papa-cardenales-obispos-…

*La sociedad era agraria en su inmensa mayoría.

*La sociedad era estática: cada individuo pertenecía a la clase social de nacimiento para siempre. Con determinaciones jurídica, económica, cultural y social. 

*No había división clara entre identidad personal y rol social.

*Las injusticias de este mundo eran recompensadas en el otro mundo. Este otro mundo era también jerárquico.

*Las nociones de Cielo/Infierno/pecado dominaban la vida.

*La Iglesia como institución que gestiona la salvación y gracia divinas. Con pago para ella y sanciones propuestas por incumplimientos. Hay un crédito de salvación. La Iglesia tiene el monopolio de su gestión.

*La cultura moderna se va a originar en las ciudades. Florecieron, sobre todo, en norte de Italia y Flandes.

*Las grandes ciudades generaron los grandes monumentos de la arquitectura medieval: las catedrales. También generaron las universidades.

*La filosofía dominante será la de Aristóteles, cuyos textos llegaron desde el mundo árabe. La Escolástica es la sistematización de la concepción cristiana del mundo en términos aristotélicos. El representante más celebre es Tomás de Aquino.

B. Razón y fe

La relación del cristianismo con la filosofía viene determinada por el predominio de la fe sobre la razón. Es el «Credo ut intelligam» (creo para conocer) de San Agustín o el «Credo quia absurdum est» (creo porque es absurdo) de Tertuliano. Esa subordinación se transmite a lo largo de toda la tradición filosófica hasta Santo Tomás de Aquino. Sin embargo, este es uno de los primeros autores que replantea la relación entre la fe y la razón, dotando a esta última de mayor autonomía: razón y fe siguen caminos independientes hacia la misma verdad, salvo para algunas cuestiones de fe (verdades reveladas). Lógicamente deudor de la tradición filosófica cristiana, aceptando el predominio de lo teológico sobre cualquier otra cuestión filosófica.

Asimismo, al colocar a la fe por encima, Tomás también se enfrenta con otra tradición. A lo largo del siglo trece, el desarrollo de la averroísmo latino había insistido en la teoría de la «doble verdad», según la cual habría una verdad para la teología y una verdad para la filosofía, independientes una de otra, y cada una con su propio ámbito de aplicación y de conocimiento. La verdad de la razón puede coincidir con la verdad de la fe, o no. En todo caso, siendo independientes, no debe interferir una en el terreno de la otra. Santo Tomás rechazará esta teoría, insistiendo en la existencia de una única verdad, que puede ser conocida desde la razón y desde la fe. Razón y fe son dos modos de conocer las verdades, si bien la fe llega más lejos por ser una revelación directa de Dios.

En definitiva, la filosofía se ocupará del conocimiento de las verdades naturales, que pueden ser alcanzadas por la luz natural de la razón; y la teología se ocupará del conocimiento de las verdades reveladas, de las verdades que sólo puede ser conocidas mediante la luz de la revelación divina.

C. Metafísica

Los elementos aristotélicos de la metafísica tomista

La mayor parte de la metafísica tomista procede de Aristóteles, aunque también hay elementos procedentes del platonismo agustiniano y de la filosofía árabe.

Al igual que para Aristóteles, para Sto. Tomás la metafísica es la ciencia del «ente en cuanto ente» y, como tal, la ciencia de las primeras causas y principios del ser. Al igual que Aristóteles acepta la teoría de las cuatro causas, la teoría de la sustancia y la teoría del acto y la potencia. Pero la necesidad de conciliar el aristotelismo con el cristianismo le llevará a introducir una nueva estructura metafísica, utilizada ya por Avicena: la de la distinción entre esencia y existencia. Además, recurrirá a las teorías platónicas de la participación, de la causalidad ejemplar y de los grados del ser.

Acepta la teoría de las cuatro causas: la causa material, aquello de que está hecha una cosa; la causa formal, lo que es una cosa; la causa eficiente, el agente que la produce; y la causa final, el para qué de una cosa.

Acepta la teoría de la sustancia. Al igual que Aristóteles, la sustancia es identificada con la entidad concreta y particular, constituida por un compuesto indisoluble de materia y forma. Pero, ¿es posible la existencia de sustancias que no estén compuestas de materia y forma?. Ha de serlo, si se pretende conciliar la filosofía aristotélica con la revelación, que se refiere, al menos, a dos de ellas: los ángeles y Dios.

Acepta la teoría del acto y la potencia: por ser en acto se refiere, con Aristóteles, a la sustancia tal como en un momento determinado se nos presenta y la conocemos; por ser en potencia entiende el conjunto de capacidades o posibilidades de la sustancia para llegar a ser algo distinto de lo que actualmente es.

Teoría de la esencia y la existencia y otras influencias

La metafísica aristotélica conduce a una interpretación del mundo no conciliable con el cristianismo: el mundo es eterno y está compuesto de una multiplicidad de sustancias que, en cuanto tales, tienen la misma entidad. ¿Cómo conciliar la eternidad del mundo con la creación? ¿Cómo conciliar la identificación del ser con la sustancia con la afirmación de que hay una sustancia suprema, y radicalmente distinta de todas las demás? La distinción que ya había establecido Avicena entre la esencia y la existencia será la respuesta que buscará Tomás: además de las estructuras anteriormente citadas, y basada especialmente en la teoría del acto y la potencia, habrá que distinguir en cada sustancia la esencia de la existencia. La esencia está respecto a la existencia como la potencia respecto del acto. Lo que una cosa es, su esencia, puede ser comprendido independientemente de que esa cosa exista o no; e independientemente de su existencia o no, la esencia se mantiene inalterable siendo lo que es. Esto es totalmente ajeno a los principios de la filosofía aristotélica y se aproxima a Platón.

Por ejemplo, comprendemos lo que es un hombre independientemente de que existan o no hombres, y lo mismo con cualquier otra sustancia. La esencia sería, pues, una cierta forma de ser en potencia: para existir tendría que ser actualizada por otra entidad que le diese la existencia, ya que nada puede ser causa de su propia existencia. Por lo tanto, todas las cosas que existen son un compuesto de esencia y existencia. En ese sentido son contingentes, es decir no tienen en sí mismas la necesidad de existir, pueden existir o no existir. ¿De dónde les viene, pues, la existencia? Ha de proceder de otra sustancia que exista eminentemente, es decir, de una sustancia cuya esencia consista en existir y sea, por lo tanto, un ser necesario: Dios. Se establece así una distinción o jerarquía entre los seres: los contingentes, los que recibe su existencia; y el ser necesario, aquel en que la esencia y la existencia se identifican.

La concepción de la esencia se ha modificado con respecto a la concepción aristotélica: para Aristóteles la esencia venía representada exclusivamente por la forma, que precisa de la materia para existir. Para Tomás la esencia de los seres contingentes comprende también la materia, y la esencia de los seres espirituales se identifica exclusivamente con la forma, ya que carecen de materia. Tomás habla de seres constituidos por formas puras, como los ángeles y Dios, distinguiéndose en que los ángeles reciben también la existencia de Dios. Le es posible, entonces, admitir sustancias inmateriales, lo que desde una posición estrictamente aristotélica resultaría difícilmente sostenible.

Los elementos platónicos de la metafísica de Tomás de Aquino.

i- La distinción entre la esencia y la existencia podría bastar para dar una explicación jerárquica de la realidad, partiendo de Dios como ser necesario. Sin embargo santo Tomás recurre a la teoría neoplatónica de los grados del ser, estableciendo una jerarquía que va de los seres inanimados a Dios, pasando por los seres vegetativos, los sensitivos y los racionales, en el mundo material, y por los ángeles en las esferas celestes.

ii- Recurre también a las teorías platónicas de la participación y la causalidad ejemplar: los seres contingentes reciben la existencia de Dios, por lo que su existencia participa de alguna manera de la existencia de Dios, el único ser necesario, lo que conduce a Sto. Tomás a similares dificultades a las que la teoría de la participación había conducido a Platón, aunque ahora en un plano más estrictamente teológico.

iii- La consideración de Dios como causa ejemplar, teorizada por San Agustín, según la cual las Ideas de todas las cosas están en la mente de Dios, es parcialmente aceptada por santo Tomás. El ser de los cosas creadas no les pertenece propiamente sino que lo tienen por analogía con Dios; y lo mismo ocurre con las demás perfecciones.

D. Teología

La tradición teológica y la existencia de Dios.

Rompe con la tradición al adoptar una nueva postura respecto a las relaciones entre razón y fe. La filosofía no será concebida ya como la simple «criada de la teología». Es cierto que la verdad es una, pero para Sto. Tomás no es menos cierto que la razón tiene su propio ámbito de aplicación, autónomo, dentro de esa verdad única, al igual que ocurre con la fe. Y, cada una en su dominio, es soberana. Establece, pues, una distinción clara entre razón y fe, entre filosofía (dominio de la razón) y teología (dominio de la fe) tanto en virtud de su método, como por su objeto de estudio y su ámbito de aplicación. Pero admite la colaboración entre ambas, y aun una cierta sumisión de la razón a la fe en las cuestiones en que la razón no pueda definirse.

Por lo que respecta la existencia de Dios Sto Tomás afirma taxativamente que no es una verdad evidente para la naturaleza humana, (para la razón,) por lo que, quienes la afirmen, deberán probarla. La existencia de Dios, nos dice, es evidente considerada en sí misma, pero no considerada respecto al hombre y su razón finita y limitada. Tanto es así que ni siquiera las diversas culturas o civilizaciones tienen la misma idea de Dios (judaísmo, islamismo, cristianismo, politeísmo…) e, incluso, ni siquiera todos los hombres pertenecientes a la misma cultura poseen la misma idea de Dios. Con ello pretende recalcar tanto la importancia del tema como la legitimidad de solicitar una garantía de la razón, independientemente de lo que afirme la fe.

Si la existencia de Dios no es una verdad evidente para nosotros es necesario, pues, que sea demostrada de un modo evidente para la razón, de un modo racional, en el que no intervengan elementos de la Revelación o de la fe.

No podemos partir de la idea de Dios, pues no la conocemos suficientemente. Sólo nos queda, pues, partir del conocimiento que proporciona la experiencia humana, de los seres que conocemos, tomados como efectos, y remontarnos, a través de ellos, a su causa, es decir, argumentando » a posteriori «. Por todo ello desarrolla cinco pruebas de la existencia de Dios a partir siempre de la experiencia sensible.

Demostración de la existencia de Dios. Las cinco vías

Primera vía. Por el movimiento: nos consta por los sentidos que hay seres de este mundo que se mueven; pero todo lo que se mueve es movido por otro, y como una serie infinita de causas es imposible hemos de admitir la existencia de un primer motor no movido por otro, inmóvil. Y ese primer motor inmóvil es Dios.

Segunda vía, por la causa eficiente. Nos consta la existencia de causas eficientes que no pueden ser causa de sí mismas, ya que para ello tendrían que haber existido antes de existir, lo cual es imposible. Además, tampoco podemos admitir una serie infinita de causas eficiente, por lo que tiene que existir una primera causa eficiente incausada. Y esa causa incausada es Dios.

Tercera vía. Por la contingencia: hay seres que comienzan a existir y que perecen, es decir, que no son necesarios; si todos los seres fueran contingentes, no existiría ninguno, pero existen, por lo que deben tener su causa, pues, en un primer ser necesario , ya que una serie causal infinita de seres contingentes es imposible. Y este ser necesario es Dios.

Cuarta vía. Por los grados de perfección: observamos distintos grados de perfección en los seres de este mundo (bondad, belleza,…) Y ello implica la existencia de un modelo con respecto al cual establecemos la comparación, un ser óptimo, máximamente verdadero, un ser supremo. Y ese ser supremo es Dios.

Quinta vía. Por la finalidad: observamos que seres inorgánicos actúan con un fin; pero al carecer de conocimiento e inteligencia sólo pueden tender a un fin si son dirigidos por un ser inteligente. Luego debe haber un ser sumamente inteligente que ordena todas las cosas naturales dirigiéndolas a su fin. Y ese ser inteligente es Dios.

La teología de la creación.

Respecto al tema de la creación Sto. Tomás, a pesar de la raíz aristotélica de su pensamiento, seguirá la tradición agustiniana, conciliándola con su explicación de la estructura metafísica esencia/existencia. Según ella todos los seres se componen de esencia y existencia, excepto Dios, en quien la esencia se identifica con la existencia. Sólo Dios, por lo tanto, es un ser necesario, pues sólo él debe su existencia a su propia esencia: su esencia es existir. Los demás seres reciben la existencia del ser necesario, ya se trate de seres materiales o inmateriales.

Al igual que el resto de los filósofos medievales tributarios de la tradición cristiana Santo Tomás afirmará la creación «ex nihilo», es decir, la creación del mundo mediante un acto de Dios totalmente libre, radical y originario. La nada no representa una materia informe preexistente, sino la inexistencia absoluta; y no puede tomarse como la causa de la creación, pues ésta es sólo obra de Dios. El mundo tampoco es creado por «emanación» necesaria de la naturaleza divina (Plotino): Dios no está sujeto a ninguna necesidad, sino que crea libremente.

El mundo podría no haber sido creado, o haber sido creado de otro modo, tal como había defendido ya San Agustín, admitiendo incluso la creación de un mundo que a nosotros pudiera parecernos absurdo y en el que 2 y 2 fueran 5. Por lo demás, en cuanto a saber si la creación ha tenido lugar en el tiempo Sto. Tomás afirma que la razón no puede zanjar esa cuestión, ya que tanto la tesis como la antítesis son indemostrables para la razón. Se adhiere, por ello, a lo que manifiesta la Revelación: que la creación tuvo lugar en el tiempo.

Por último, en cuanto al problema del mal en el mundo, afirma que Dios lo ha permitido (tanto el físico como el moral) para obtener un beneficio mayor: la libertad de la voluntad y el perfeccionamiento del mundo.

E. Antropología y psicología

También la concepción del ser humano en Sto. Tomás está basada en la concepción aristotélica. Pero, al igual que ocurre con los otros aspectos de su pensamiento, ha de ser conciliada con las creencias básicas del cristianismo: la inmortalidad del alma y la creación. El ser humano es un compuesto sustancial de alma y cuerpo, representando el alma la forma y el cuerpo la materia de dicha sustancia. Frente a la afirmación de algunos de sus predecesores de que existen en el ser humano varias formas sustanciales, como la vegetativa y la sensitiva, Sto. Tomás afirma la unidad hilemórfica del ser humano, que constituye una unidad en la que existe una única forma sustancial, el alma racional, que informa inmediata y directamente a la materia prima constituyendo el compuesto «hombre».

El alma se sigue concibiendo, pues, como principio vital y como principio de conocimiento, pero se rechaza la interpretación platónica de la relación entre el alma y el cuerpo, en el sentido de que Platón había atribuido al alma, y no al ser humano, esas funciones vitales y cognoscitivas, mientras que la interpretación hilemórfica de santo Tomás le llevará a atribuir esas funciones al «hombre»: es el ser humano, el individuo, el que vive y conoce, el que razona y entiende, el que imagina y siente. Todo ello es imposible sin tener un cuerpo, por lo que éste ha de pertenecer al «hombre» con el mismo derecho que le pertenece el alma.

La relación del alma y el cuerpo es una relación natural, no una situación forzada y antinatural, según la cual estaría el alma en el cuerpo como el prisionero en la celda. No se puede interpretar la interdependencia entre la alma y el cuerpo como un castigo para el alma, en contra de lo que los neoplatónicos afirmaban, y que dio pie al desarrollo de algunas herejías basadas o inspiradas en el gnosticismo, como la de los cátaros.

Para Aristóteles, dada la imposibilidad de existencia de formas separadas, la inmortalidad del alma queda descartada, en contra de lo que afirmaba Platón. Se discute si Aristóteles aceptaba o no una cierta inmortalidad del entendimiento y, en ese caso, si la inmortalidad afectaría a la sustancia individual o a la forma universal. Los averroistas latinos entendieron que la inmortalidad afectaba a la forma universal, afirmando la existencia de un único entendimiento agente, común a todos los seres humanos. Santo Tomás afirmará, por el contrario, la inmortalidad individual.

¿Es compatible esta afirmación con el hilemorfismo? Sto. Tomás defenderá la inmortalidad del alma apoyándose en su inmaterialidad, (el alma es inmaterial, luego no es corruptible, luego es inmortal, un argumento similar al que ya había utilizado Platón en el Fedón), y en el ansia de inmortalidad del «hombre»: un deseo de inmortalidad implantado por Dios que no puede ser vano.

F. Ley natural. Orden jurídico y ética.

La ética tomista se articula en torno a la noción aristotélica de virtud. Debemos hacer lo que representa un bien individual y colectivo. La sociedad debe articularse en torno a los premios de las conductas virtuosas. El pecado es lo contrario a la virtud, es lo que genera un mal individual o social.

La ley natural es el conjunto de obligaciones que se derivan de la naturaleza humana. Frente a ley positiva que es la existente en cada una de las sociedades, siga o no a la natural. Por lo tanto, practica el naturalismo ético: debo hacer aquello que soy, que me constituye. Un paso del ser al deber ser. Evidentemente, este naturalismo conecta con su teología, ya que es Dios quien creó al hombre.

Por otro lado, el conocimiento de estas normas es por la evidencia: por una intuición directa. Del mismo modo que la razón teórica capta los principios del ente, la razón práctica aprehende el bien.

La ley natural es una. Tomás ha debatido en la Suma si es múltiple (normas variadas, heterogéneas) o una, para concluir que la racionalidad impone la unicidad. El primer principio es hacer el bien (eudemonismo), evitar el mal. Lo que coincidiría con la verdad de la existencia de Dios y la creación del mundo por éste. Dios impondría esa unicidad.

El contenido de la ley natural va a desprenderse de dos elementos, uno subordinado que es seguir los impulsos naturales, que son primariamente la autopreservación y la procreación. Otro jerárquicamente superior que es tomar decisiones racionales, mediante las cuales controlamos y regulamos los impulsos básicos. Que nos enseña que debemos hacer el bien.

Sobre la base, en consecuencia, de los impulsos y la racionalidad, se conforman las obligaciones y derechos que tienen una aplicación erga omnes: para todas las personas y las sociedades. Deberes no disponibles pues una ley positiva no puede, en el orden ético, ni en el teológico, contravenir a las obligaciones naturales. Conjunto de obligaciones, además, eternas.

Claro que somos libres para elegir entre el bien y el mal y la racionalidad nos permite optar en este sentido. Lo que no invalidará esas obligaciones naturales. La libertad es permitida por Dios para hacer al mundo más perfecto.

Referencias

https://www.webdianoia.com/medieval/aquinate/aquino_ryfe.htm

https://www.webdianoia.com/medieval/aquinate/aquino_meta.htm

https://www.webdianoia.com/medieval/aquinate/aquino_meta_2.htm

https://www.webdianoia.com/medieval/aquinate/aquino_teolg.htm

https://www.webdianoia.com/medieval/aquinate/aquino_teolg_3.htm

https://www.webdianoia.com/medieval/aquinate/aquino_antro.htm

Schwanitz (2007) La Cultura

 

Comparación: Tomás de Aquino, Kant y Rawls. Propuesta para la Prueba Acceso Universidad.

Ignacio Escañuela Romana.

A continuación introduzco una posible respuesta a la pregunta de la prueba de Acceso que nos pide relacionar al autor del texto (Tomás o Kant) con algún autor contemporáneo (en este caso, Rawls). Considero posible e interesante comparar a esos dos autores con esta posición contemporánea. Enriqueciendo el debate. Primero doy una comparación a tres bandas. Después saco lo que podrían ser comparaciones dos a dos. como posible respuesta.

1.

Es interesante comparar a autores tan alejados en el tiempo como Tomás de Aquino (siglo XIII), Kant (XVIII) y Rawls (XX), en torno a la idea de justicia. Es preciso recordar que, según el profesor Sandel, autor de referencia actual, la idea de justicia, que implica una concepción ética de base necesariamente, se ha definido de tres modos distintos en la historia de la filosofía. Tomás participa de una concepción meritocrática: ser justo es practicar la virtud. Por lo tanto, consiste en premiar los comportamientos socialmente positivos y castigar los perjudiciales. Teoría adquirida de Aristóteles. Tales conductas virtuosas se relacionarían con la ley natural, que responde a aquello que nuestra naturaleza recoge (naturalismo ético), especialmente la racionalidad aplicada al control de impulsos naturales. Kant y Rawls, por el contrario, participarían de una concepción «libertaria» que da énfasis a los derechos y libertades y la idea de dignidad de un ser racional. Ninguno de estos tres pensadores apoyaría, pues, la definición utilitaria de justicia que la hace depender de lograr el objetivo de la máxima felicidad o satisfacción posible en la mayor parte de las personas posible (Bentham, Stuart Mill). Los tres rechazan, por lo tanto, una consideración de la mayoría como criterio de justicia.

A partir de esta base, las diferencias y similitudes se extienden dando base a respuestas diferentes a los problemas éticos que puedan ir planteándose. En los tres es común la idea de racionalidad como fuente fundamental de las obligaciones éticas y la justicia social. Tomás la considera como un hecho constitutivo de la naturaleza humana del que emanan todas las obligaciones personales y sociales. La sociedad debería establecer un sistema que estimulase que las personas fuesen racionales y trabajasen por fines que beneficiarán a esa sociedad. Finalmente, la ley natural o justa deberá dar a cada uno lo que merece: deberá repartir beneficios e incentivos, así como sanciones, en función de si se practica esa virtud o todo lo contrario.

Por su parte, Rawls y Kant no acuden a ese argumento de naturalismo ético, de defensa de que lo que somos es lo que debemos de ser; Kant, más bien, apoya que todo ser racional actuaría según su razón, de forma autónoma. En consecuencia, su característica fundamental sería la libertad, lo que en Rawls, a partir de su tradición liberal, es la afirmación de que todas las personas son dueñas de sí mismas y nada, ni nadie, tiene derecho a fijar heterónomamente sus decisiones.

Sin libertad, dirían Rawls y Kant, no hay ética ni justicia posibles. Una vez utilizamos la razón autónomamente, afirma Kant, ésta concluye que los fines de la acción ética no pueden ser el interés (imperativo hipotético): no admite como fines la satisfacción o la felicidad aristotélica, que se impondrían a la libertad humana y, además, son cuestiones empíricas, subjetivas y cambiantes. De ahí que sobre la base de la autonomía personal, del atrévete a pensar por ti mismo y rechaza autoridades y tradiciones, Kant afirmará que el deber o imperativo categórico puede tener como desarrollo dos planteamientos fundamentales: haz de tu conducta norma de comportamientos universal (por lo que no mentir sí es obligación, pero mentir no, pues llevaría a que nadie hablase y nadie pudiera mentir) y trata a los demás como fines en sí mismos. Luego, por ejemplo, legalizar la prostitución es rechazado porque implica utilizar a la otra persona como medio para un disfrute. No yo podría prostituirme porque haría de mi mismo un instrumento para el disfrute de otro. Lo que Tomás hubiese atacada por ir contra natura, Y, en el caso de Rawls, sería asimismo rechazado por ir contra las condicioens básicas de un pacto equitativo en derechos de los individuos.

Por último, Rawls no parte de la naturaleza a la manera tomista, ni de la razón personal de la forma kantiana, sino de un pacto social originario en el que las personas fuesen racionales, razonables y un velo de ignorancia les impidiese conocer si serán personas aventajadas socialmente o no. Nótese que Kant no habla de interacción social, pero Rawls sí. A partir del pacto social originario, Rawls concluye que la «ley natural» o norma justa o equitativa sería la siguiente. Primero, que las personas tengan los máximos derechos y libertades, sin que la sociedad pudiera quitarlos. Segundo, que las desigualdades conserven los necesarios incentivos para los más trabajadores y competentes, pero que sean lo más pequeñas posibles para que todos los miembros de la sociedad, tras el mencionado velo, pacten ese sistema social.

En conclusión, el principio básico de organización sería en los tres autores la racionalidad. Pero ésta se configura como naturaleza ahistórica en Tomás, como facultad de la libertad autónoma y personal del individuo en Kant, y como fundamento de un eventual e imaginado pacto social equitativo en Rawls. Kant afirmaría que la naturaleza, lo que somos, y el pacto social, son ambos irrelevantes para un ser racional y autónomo, que debe fijar por sí mismo, y sin interés, sus derechos y deberes. Rawls diría que ese pacto social es preciso para fundar la idea de justicia en una sociedad que implica necesariamente interacción. Estos dos autores sí concluyen que los derechos y libertades, como inalienables, son la piedra angular de la existencia humana.

2. Tomás versus Rawls.

Es interesante comparar a autores tan alejados en el tiempo como Tomás de Aquino (siglo XIII), y y Rawls (XX), en torno a la idea de justicia. Es preciso recordar que, según el profesor Sandel, autor de referencia actual, la idea de justicia, que implica una concepción ética de base necesariamente, se ha definido de tres modos distintos en la historia de la filosofía. Tomás participa de una concepción meritocrática: ser justo es practicar la virtud. Por lo tanto, consiste en premiar los comportamientos socialmente positivos y castigar los perjudiciales. Teoría adquirida de Aristóteles. Tales conductas virtuosas se relacionarían con la ley natural, que responde a aquello que nuestra naturaleza recoge (naturalismo ético), especialmente la racionalidad aplicada al control de impulsos naturales. Kant y Rawls, por el contrario, participarían de una concepción «libertaria» que da énfasis a los derechos y libertades y la idea de dignidad de un ser racional. Ninguno de estos tres pensadores apoyaría, pues, la definición utilitaria de justicia que la hace depender de lograr el objetivo de la máxima felicidad o satisfacción posible en la mayor parte de las personas posible (Bentham, Stuart Mill). Tomás y Rawls rechazan, por lo tanto, una consideración de la mayoría como criterio de justicia.

A partir de esta base, las diferencias y similitudes se extienden dando base a respuestas diferentes a los problemas éticos que puedan ir planteándose. En los dos es común la idea de racionalidad como fuente fundamental de las obligaciones éticas y la justicia social. Tomás la considera como un hecho constitutivo de la naturaleza humana del que emanan todas las obligaciones personales y sociales. La sociedad debería establecer un sistema que estimulase que las personas fuesen racionales y trabajasen por fines que beneficiarán a esa sociedad. Finalmente, la ley natural o justa deberá dar a cada uno lo que merece: deberá repartir beneficios e incentivos, así como sanciones, en función de si se practica esa virtud o todo lo contrario.

Por su parte, Rawls no acude a ese argumento de naturalismo ético, de defensa de que lo que somos es lo que debemos de ser. Rawls, a partir de su tradición liberal, se basa en la afirmación o idea base de que todas las personas son dueñas de sí mismas y nada, ni nadie, tiene derecho a fijar heterónomamente sus decisiones.

Sin libertad, diría Rawls, no hay ética ni justicia posibles. Y ello implica el uso de la razón autónoma y la posibilidad de que diferentes personas se sienten y compartan razones para debateir sobre un acuerdo social. Luego, por ejemplo, legalizar la prostitución es rechazado por Rawls por infracción de las condiciones básicas de un pacto equitativo. El sujeto más vulnerable, con menos derechos, con peor acceso, es impulsado socialmente a ser un instrumento para el disfrute de otro. Lo que Tomás hubiese atacada por ir contra natura, Y, en el caso de Rawls, sería asimismo rechazado por ir contra las condiciones básicas de un pacto equitativo en derechos de los individuos.

Por último, Rawls no parte de la naturaleza a la manera tomista, ni de la razón personal de la forma kantiana, sino de un pacto social originario en el que las personas fuesen racionales, razonables y un velo de ignorancia les impidiese conocer si serán personas aventajadas socialmente o no. A partir del pacto social originario, Rawls concluye que la «ley natural» o norma justa o equitativa sería la siguiente. Primero, que las personas tengan los máximos derechos y libertades, sin que la sociedad pudiera quitarlos. Segundo, que las desigualdades conserven los necesarios incentivos para los más trabajadores y competentes, pero que sean lo más pequeñas posibles para que todos los miembros de la sociedad, tras el mencionado velo, pacten ese sistema social.

En conclusión, el principio básico de organización sería en los dos autores, y en otro clave como Kant, la racionalidad. Pero ésta se configura como naturaleza ahistórica en Tomás, como facultad de la libertad autónoma y personal del individuo en Kant, y como fundamento de un eventual e imaginado pacto social equitativo en Rawls. Kant afirmaría que la naturaleza, lo que somos, y el pacto social, son ambos irrelevantes para un ser racional y autónomo, que debe fijar por sí mismo, y sin interés, sus derechos y deberes. Rawls diría que ese pacto social es preciso para fundar la idea de justicia en una sociedad que implica necesariamente interacción. Estos dos autores sí concluyen que los derechos y libertades, como inalienables, son la piedra angular de la existencia humana.

3. Kant versus Rawls.

Es interesante comparar a autores tan alejados en el tiempo como Kant (XVIII) y Rawls (XX), en torno a la idea de justicia. Es preciso recordar que, según el profesor Sandel, autor de referencia actual, la idea de justicia, que implica una concepción ética de base necesariamente, se ha definido de tres modos distintos en la historia de la filosofía. Tomás y Aristóteles participan de una concepción meritocrática: ser justo es practicar la virtud. Por lo tanto, consiste en premiar los comportamientos socialmente positivos y castigar los perjudiciales. Tales conductas virtuosas se relacionarían con la ley natural, que responde a aquello que nuestra naturaleza recoge (naturalismo ético), especialmente la racionalidad aplicada al control de impulsos naturales. Kant y Rawls, por el contrario, participarían de una concepción «libertaria» que da énfasis a los derechos y libertades y la idea de dignidad de un ser racional. Ninguno de estos tres pensadores apoyaría, pues, la definición utilitaria de justicia que la hace depender de lograr el objetivo de la máxima felicidad o satisfacción posible en la mayor parte de las personas posible (Bentham, Stuart Mill). 

A partir de esta base, las diferencias y similitudes se extienden dando base a respuestas diferentes a los problemas éticos que puedan ir planteándose. En los dos es común la idea de racionalidad como fuente fundamental de las obligaciones éticas y la justicia social. Kant rehaza taxativamente la concepción aristotélica o tomista de la justicia y del deber ético. la ley natural o justa no debe consistir en dar a cada uno lo que merece: repartir beneficios e incentivos, así como sanciones, en función de si se practica una supuesta virtud o todo lo contrario. Sería tanto como justificar que sea aceptable éticamente las virtudes que históricamente pueden ir variando y que la sociedad puede afirmar o negar a su antojo. El deber es indiivdual, del sujeto libre, no sometible a objetivos convenientes colectivamente.

Kant apoya que todo ser racional actuaría según su razón, de forma autónoma. En consecuencia, su característica fundamental sería la libertad, lo que en Rawls, a partir de su tradición liberal, es la afirmación de que todas las personas son dueñas de sí mismas y nada, ni nadie, tiene derecho a fijar heterónomamente sus decisiones.

Sin libertad, dirían Rawls y Kant, no hay ética ni justicia posibles. Una vez utilizamos la razón autónomamente, afirma Kant, ésta concluye que los fines de la acción ética no pueden ser el interés (imperativo hipotético): no admite como fines la satisfacción o la felicidad aristotélica, que se impondrían a la libertad humana y, además, son cuestiones empíricas, subjetivas y cambiantes. De ahí que sobre la base de la autonomía personal, del atrévete a pensar por ti mismo y rechaza autoridades y tradiciones, Kant afirmará que el deber o imperativo categórico puede tener como desarrollo dos planteamientos fundamentales: haz de tu conducta norma de comportamientos universal (por lo que no mentir sí es obligación, pero mentir no, pues llevaría a que nadie hablase y nadie pudiera mentir) y trata a los demás como fines en sí mismos. Luego, por ejemplo, legalizar la prostitución es rechazado porque implica utilizar a la otra persona como medio para un disfrute. No yo podría prostituirme porque haría de mi mismo un instrumento para el disfrute de otro. Y, en el caso de Rawls, sería asimismo rechazado por ir contra las condicioens básicas de un pacto equitativo en derechos de los individuos.

Por último, Rawls no parte de la naturaleza a la manera tomista, ni de la razón personal de la forma kantiana, sino de un pacto social originario en el que las personas fuesen racionales, razonables y un velo de ignorancia les impidiese conocer si serán personas aventajadas socialmente o no. Nótese que Kant no habla de interacción social, pero Rawls sí. A partir del pacto social originario, Rawls concluye que la «ley natural» o norma justa o equitativa sería la siguiente. Primero, que las personas tengan los máximos derechos y libertades, sin que la sociedad pudiera quitarlos. Segundo, que las desigualdades conserven los necesarios incentivos para los más trabajadores y competentes, pero que sean lo más pequeñas posibles para que todos los miembros de la sociedad, tras el mencionado velo, pacten ese sistema social.

En conclusión, el principio básico de organización sería en los dos autores la racionalidad. Pero ésta se configura como facultad de la libertad autónoma y personal del individuo en Kant, y como fundamento de un eventual e imaginado pacto social equitativo en Rawls. Kant afirmaría que la naturaleza, lo que somos, y el pacto social, son ambos irrelevantes para un ser racional y autónomo, que debe fijar por sí mismo, y sin interés, sus derechos y deberes. Rawls diría que ese pacto social es preciso para fundar la idea de justicia en una sociedad que implica necesariamente interacción. Estos dos autores sí concluyen que los derechos y libertades, como inalienables, son la piedra angular de la existencia humana. Ambos defienden, desde bases conceptuales diferentes, la existencia de una dignidad humana indisponible por nada ni por nadie.

 

CONTEXTO HISTÓRICO TOMÁS DE AQUINO

CONTEXTO HISTÓRICO TOMÁS DE AQUINO

(Fuentes señaladas en el texto)

Con la caída del Imperio Romano y la invasión de los pueblos bárbaros, la sociedad europea se sumió en una oscuridad casi total. Sólo en la Iglesia se conservó la cultura greco – romana. La conversión al cristianismo de los pueblos bárbaros y la aparición de los monasterios, son los dos hechos que determinan la mentalidad medieval como una época teocéntrica. La existencia de Dios y su Ley, iluminan y dan sentido a toda la ciencia y filosofía medieval (https://prezi.com/a2jznpxmuvcb/problemas-de-la-filosofia-medieval/).

La filosofía escolástica que empieza a enseñarse primero en los monasterios y luego en la universidad, tiene como objetivo fundamental, no buscar la verdad, sino entender la verdad ya dada por la revelación. La filosofía es un medio para extender la fe (http://selectividad.tv/S_FF_3_2_1_S_santo_tomas:_suma_de_teologica.html).

Toda la cultura medieval se desarrolla en las escuelas monacales. Según los valores de la sociedad medieval, el hijo primogénito se destina a la guerra, a ser caballero y a realizar los ideales de la caballería. El segundo se ofrecía a Dios, era oblato. Estos niños oblatos iban a la escuela monacal, aprendían a leer y a escribir, dos cosas absolutamente necesarias para la oración, que consistía en algunos momentos del día en la lectura de la Sagrada Escritura, de los Santos Padres como San Agustín e incluso de otros filósofos antiguos (http://www.selectividad.tv/S_FF_3_2_2_S_la_existencia_de_dios.html). Mientras un monje leía, los demás copiaban: gracias a este trabajo se han podido conservar muchas obras de la antigüedad. La regla de San Benito, ora et labora, transformó los campos enseñando los cultivos y la sociedad europea a través de la cultura cristiana.

Desde la muerte de San Agustín en 430, hasta el llamado Renacimiento carolingio a finales del siglo VIII, sólo destacan algunas figuras importantes, Boecio (524), ministro del rey ostrogodo Teodorico, San Isidoro de Sevilla (636).
A finales del siglo VIII y principios del IX, se produce un resurgimiento de la actividad cultural, gracias a la visión de Carlomagno, que comprendió la importancia de la cultura para la prosperidad de un pueblo, y la unión entre la autoridad suprema de Dios, y la autoridad política (http://www.selectividad.tv/S_FF_3_2_2_S_la_existencia_de_dios.html). Para ello ordenó y favoreció la creación de escuelas. En estas escuelas se fomenta la filosofía y ciencia medievales, de ahí el nombre de Filosofía escolástica. Poco a poco estas escuelas fueron desarrollándose, destacando con el transcurso del tiempo, la de York, en Inglaterra; la de Fulda en Alemania; las de París, Reims, Tours. París se convirtió en un centro importantísimo de la cultura y de la filosofía europea; ya en el siglo XI había tres escuelas. De todas ellas surge ya en el siglo XIII la Universidad de París, la Sorbona (http://www.selectividad.tv/S_FF_3_2_2_S_la_existencia_de_dios.html).

El método pedagógico – didáctico era el de la lectio y la comentatio. El profesor (al igual que el monje en el monasterio) lee las obras de los antiguos filósofos (Platón, Aristóteles, Cicerón, Séneca), y las obras de los Padres de la Iglesia (especialmente San Agustín y el Pseudo – Dionisio), y después las comenta. Cada alumno toma sus apuntes, y al final del curso comienzan a aparecer los manuales: libros que contienen los temas tratados. Así aparecen las Sumas, como la Suma Teológica de Santo Tomás. A lo largo del curso escolar, también tenían lugar las Disputatio, cuestiones problemáticas que se debatían.
En la cúspide de los estudios, estaba la Filosofía, y por último como el saber más
importante la Teología, como estudio y conocimiento de Dios. La filosofía escolástica tiene a lo largo de la Edad Media, tres períodos. El de formación que va desde el siglo IX al siglo XII. El de apogeo que abarca el siglo XIII, donde aparecen los pensadores más importantes como Santo Tomás, San Alberto Magno, San Buenaventura, y el periodo de transición a la filosofía moderna (http://www.wikillerato.org/Santo_Tomás_de_Aquino.html).

Las causas del apogeo de la filosofía escolástica se debieron en una gran parte a la ingente labor de la Escuela de Traductores de Toledo, en la España musulmana. Gracias a estas traducciones al árabe y al latín, se conocieron todas las obras de Aristóteles, que en un principio fueron acogidas con recelo. Fue mérito de Santo Tomás de Aquino, el integrarlas en la filosofía cristiana. También fueron muy importantes las universidades que divulgaron y extendieron los conocimientos (http://www.wikillerato.org/La_Escolástica._Santo_Tomás.html). El impulso de la filosofía y teología medievales lo dieron las
dos órdenes mendicantes de los dominicos y franciscanos. En su afán de vivir con plenitud la pobreza evangélica, se centraron en el estudio de la filosofía y de la teología. Destacan S. Tomás (dominico) y San Buenaventura (franciscano).
En los tres periodos de la filosofía escolástica, el tema fundamental de las discusiones disputatio, y de las Sumas, sigue siendo el tema de Dios, principalmente el problema de la fe y de la razón, de la Teología y de la Filosofía, ya que la filosofía es un medio para profundizar en la fe (http://www.wikillerato.org/La_Escolástica._Santo_Tomás.html).

En esta polémica surgen tres posturas.
1. Los dialécticos; creen que la fe debe ser analizada y demostrada por la razón, como Juan Escoto Erígena, Berengario de Tours etc.
2. los antidialécticos, sostienen que la única sabiduría es la que da la fe, y la postura anterior es mero orgullo o soberbia de la razón humana. Representantes importantes son Lanfranc de París y Pedro Damiano.
3. Una postura intermedia es la que sostiene por primera vez en el siglo XI, Gerberto de Aurillac y que continúa Santo Tomás en el siglo XIII (http://selectividad.tv/S_FF_3_2_1_S_santo_tomas:_suma_de_teologica.html). Fe y razón son distintas, son dos caminos que confluyen a un mismo mar de la Verdad. Ambas proceden de Dios, por tanto si la razón funciona bien, no puede llegar a conclusiones opuestas a las de la fe. La Filosofía y la Teología son saberes distintos que se complementan. La Filosofía alcanza algunas verdades de la fe,
como la existencia de Dios y la inmortalidad del alma. La Teología, amplía nuestro conocimiento de Dios a través de la Revelación, por ejemplo Dios es Trinidad. En resumen la Filosofía ayuda a la Teología demostrando algunas de las verdades reveladas, preámbulos de la fe*, y viendo la racionalidad de otros misterios de fe, como la Trinidad. Estas verdades no son irracionales sino suprarracionales. Por su parte, la Teología ayuda a la Filosofía, aportando nuevos conceptos filosóficos, como el de creación del mundo o el de la
dignidad de la persona humana en el orden moral (http://selectividad.tv/S_FF_3_2_1_S_santo_tomas:_suma_de_teologica.html).

Por último, el siglo XIII representa el momento de mayor florecimiento de la Europa medieval, siendo Francia el centro político y cultural. La economía goza de una estabilidad impulsada por un comercio floreciente: la estabilidad de la moneda, el aumento de circulación de metales preciosos y la consolidación de los gremios artesanales. Socialmente, esto provoca el enriquecimiento de muchos campesinos y burgueses comerciantes, a la par que buena parte de la vieja nobleza empieza a empobrecerse (http://www.juntadeandalucia.es/averroes/centros-tic/41000880/helvia/sitio/upload/TEMA_6_TOMAS_DE_AQUINO_resumido.pdf). Las ciudades tienen un gran desarrollo. Políticamente, se comienzan a esbozar los Estados de la Europa moderna. El poder del papado alcanza su máxima cota con la Bula Unam Sanctam de Bonifacio VIII, que proclama la supremacía universal del Papa; sin embargo, ya empiezan a surgir los primeros brotes de secularización que cristalizarán en el s. XIV. Culturalmente, el s. XIII destaca por la aparición y auge de las Universidades, surgidas a partir de la evolución de las escuelas catedralicias. Destacan las de París, Oxford, Bolonia, Salamanca, etc. Lo novedoso es el redescubrimiento, aunque con prevención por parte de muchos, de la física y metafísica aristotélica, vértebra fundamental de la síntesis tomista, aunque también mantenga relaciones con la doctrina platónica y neoplatónica (http://selectividad.tv/S_FF_3_2_1_S_santo_tomas:_suma_de_teologica.html).

Pregunta 3. Prueba Acceso. Tomás de Aquino.

Ignacio Escañuela Romana.

«Solución. Hay que decir: Como ya dijimos, los principios de la ley natural son en el orden práctico lo que los primeros principios de la demostración en el orden especulativo, pues unos y otros son evidentes por sí mismos» Tomás de Aquino, Suma teológica.

Pregunta: Relaciona lo planteado  en el  texto con la posición filosófica del autor.

Tomás de Aquino parte de los primeros principios. Éstos son los fundamentos de los que partimos en el orden del conocimiento y en el orden del ser. La base de lo que conocemos y lo que es. En la comparación entre razón teórica que busca probar la verdad, y  razón práctica que responde a la pregunta por los objetivos de la conducta y lo que debemos hacer, los principios introducen la certeza. Sobre ella hablaré un poco más adelante.

La ley natural consiste en cumplir la naturaleza humana (creada por Dios), que es el conjunto de impulsos y normas no aprendidos y, por ello, compartidos por todos. Éste es el objeto de este fragmento y del texto a que pertenece (perteneciente a la Suma Teológica). Tan verdadero como el principio de no contradicción teórico (Parménides) , lo es la obligación de hacer el bien y evitar el mal (ley natural), obligatoria para el hombre en tanto hombre. A diferencia de la ley positiva (adoptada por la sociedad, pero variable). Aunque algunas sociedades y personas desconozcan la no contradicción o el cumplimiento del bien, esto no les quita su valor.

Para Tomás de Aquino, por lo tanto, la ley natural es consecuencia de la esencia de una sustancia que es cada hombre individual. La esencia, concepto que toma de Aristóteles, es aquello que define al hombre como tal, es decir, sin lo cual éste no sería ser humano. Y esta esencia es la racionalidad. Al afirmar la validez de la naturaleza, transplanta al deber ser lo que somos, en un naturalismo ético. Al proponer que el fin de la acción humana es el bien, adopta un eudemonismo de tipo platónico.

Al discutir la razón práctica, este autor está realizando, en consecuencia, una investigación en torno a la sustancia hombre (cada hombre individual, que comparte con el resto de individuos la esencia que le define como hombre, como tal). La sustancia es aquello que existe por sí mismo, no depende de otro y sólo puede ser sujeto de un enunciado, y no predicado (Aristóteles).

Por otra parte, en relación a las cuestiones epistemológicas planteadas en este texto, este autor afirma el carácter de verdad absoluta e indubitable de la ley natural. Tomás parte de la evidencia o sensación de certeza absoluta del primer principio de la razón práctica, esa ley natural, para deducir la validez de las propuestas éticas. Estos enunciados son proposiciones «per se notae»: no añaden contenido, son tautologías donde el predicado repite el sujeto. ¿Por qué evidencia y no prueba?. Porque Tomás comprende que hay que partir de un principio, y evitar así el círculo vicioso: probar A en función de B y B desde A. 

Este enfoque puede calificarse como apriorista, en el sentido de que no está fundando los enunciados generales sobre datos empíricos. Implícitamente, está rechazando una postura empirista al afirmar que enunciados de la ley natural encuentran base en la conciencia racional, sin necesidad de observar ningún dato empírico.

En definitiva, el texto recoge un planteamiento cognoscitivo y metafísico de base mediante el cual Tomás de Aquino fundamenta la existencia de una ley natural única y obligatoria, basada en la conciencia racional y con validez erga omnes.

Ejemplo examen Tomás de Aquino, pregunta 2.

Ignacio Escañuela Romana.

15/01/2020.

«Como ya dijimos, los principios de la ley natural son en el orden práctico lo que los primeros principios de la demostración en el orden especulativo, pues unos y otros son evidentes por sí mismos» Tomás de Aquino, Suma teológica I-II, cuestión 94, artículo 2.

Pregunta 2: identifica y explica el texto.

Este fragmento pertenece a la obra Suma Teológica de Tomás de Aquino. Se sitúa dentro de la discusión acerca de si la ley natural es única o múltiple, su obligatoriedad universal y el contenido de tales obligaciones. En concreto, este texto planteado en el examen  nos propone una comparación entre los dos ámbitos de la racionalidad, el teórico o especulativo y el práctico. Relaciona, así pues, el uso de la razón para alcanzar pruebas que fundamenten la verdad, con la disposición de fines y medios en lo que hacemos y lo que debemos hacer. El objetivo final del texto que nos ocupa es probar la unicidad y universalidad de una ley natural que responde a esa racionalidad práctica.

¿Cuál es el objeto de la comparación?. El fragmento de Tomás de Aquino está analizando los principios de la racionalidad, de ambos ámbitos, y su evidencia. Al igual que los principios teóricos son evidentes por sí mismos, lo es la ley natural. Esta ley es el primer principio de la práctica, el elemento que funda toda la acción humana y le da las condiciones de validez. La evidencia, a su vez, significa que tenemos certeza de su verdad, que sentimos como obligatoria, aunque no podamos disponer de demostración ni pruebas: pues al ser primeros principios, son ellos los que justifican la verdad de resto de enuciados, no pudiendo ser, a su vez, probados, pues caeríamos en circularidad o en un argumento al infinito.

Que estas primeras verdades sean evidentes para todos los seres racionales no implica necesariamente que todos los hombres las reconozcan. Del mismo modo que el principio de identidad, afirma el autor, o el enunciado el todo es mayor que las partes, o un desarrollo como el teorema de Pitágoras, no son conocidos por todos, sino por quienes han aprendido. Ésta es la principal dificultad a la que quiere este autor enfrentarse en el texto que nos ocupa, y en este fragmento. Que, por cierto, se acerca así al intelectualismo moral socrático: hacer el bien depende del conocimiento y nadie haría el mal a sabiendas.

La ley natural tiene así carácter de verdad y obligatoriedad con eficacia erga omnes: es coercitiva para todos los seres humanso por el hecho de serlo. Y responde a su naturaleza: Tomás de Aquino desarrolla un llamado modernamente «naturalismo ético», por el que el deber se identifica con el ser, con lo que ya somos.

En definitiva, Tomás de Aquino nos reafirma en el fragmento esa ley natural que, siendo equivalente en su validez a los primeros principios de la razón teórica, fundamenta lo que debemos hacer. Esta ley responde a nuestra naturaleza, la serie de inclinaciones no aprendidas, iguales para todos, que son reguladas por el control racional que caracteriza al ser humano. Todo ello se resumirá en haz, debes hacer, el bien (eudemonismo). Esta validez y unicidad son reafirmadas en el fragmento planteado.

Ejemplo de examen de Acceso a la Universidad: Pregunta 2 en Tomás de Aquino.

Ignacio Escañuela Romana. 09/06/2019.

(Añado aquí otro ejemplo similar a los desarrollados en la pizarra. Espero que sea útil).

«Todas las inclinaciones de cualquiera de las partes de la naturaleza humana, como la concupiscible y la irascible, en la medida en que se someten al orden de la razón, pertenecen a la ley natural y se reducen a un único primer precepto, como acabamos de decir. Y así, los preceptos de la ley natural, considerados en sí mismos, son muchos, pero todos ellos coinciden en la misma raíz». Tomás de Aquino.

2. Identificación y explicación del contenido del texto.

Veamos la pregunta 2. 

1º Antes que nada es imprescindible entender perfectamente las ideas.

Esquemáticamente vemos:

La naturaleza humana
La naturaleza humana consta de inclinaciones
Por ejemplo impulsos sexual y agresivo.
Racionalidad.
Mando de la razón sobre los impulsos
¿La ley natural como precepto múltiple?
La ley natural como norma única basada en la razón.
Coincidencia en el origen y el objetivo.

Añadismo un par de aspectos esenciales:
Naturalismo.**
Origen en Dios.**

2º El orden parece lógico. Es un texto lineal y no necesitamos modificar ese orden.

3ºDebemos tener claro el significado y las implicaciones de cada idea o concepto.

La naturaleza humana->Es aquello que somos sin haberlo aprendido. Por lo que nos constituye inevitablemeente. No podemos cambiarlo. Además, es universal para toos los seres humanos.

La naturaleza humana consta de inclinaciones->La naturaleza humana tiene lo que llamamos actualmente instinto o impulsos naturales. Que son tendencias naturales que buscan satisfacción mediante un acto. Tomás les llama inclinaciones.

Por ejemplo impulsos sexual y agresivo.-> Son dos ejemplos de Tomás. Esos instintos podemos satisfacerlos o no, y podemos elegir cómo hacerlo, pero no es posible evitar tenerlos.

Racionalidad.->Al igual que para Aristóteles, la racionalidad es la búsqueda de los fundamentos y causas, de la esencia de las cosas. En cuanto al comportamiento, es la omprensión y propuesta de los fundamentos de las decisiones y objetivos.

Mando de la razón sobre los impulsos-> Es la idea principal del texto. La racionalidad debe ejercer una labor de control de la conucta y pensaminto. Es la más alta facultad natural del hombre y debe regir sobre el resto de impulsos y su desarrollo.

¿La ley natural como precepto múltiple?->No. Hay múltiples impulsos naturales, pero la propuesta de Tomás niega que nuestro comportamiento ético deba seguir esa pluralidad.

La ley natural como norma única basada en la razón.->Sino que debe cumplir con los preceptos de la razón, qye unifica el omportamiento y da una ley natural única.

Coincidencia en el origen y el objetivo.->Por lo tanto, Tomás propone la eexistencia de una ley natural única, basaa en los preptos racionales, que ordenan el omportamiento y pensamiento humanos. Una ley natural universal a todas las personas.

Añadismo un par de aspectos esenciales:
Naturalismo.**->Podemos clasificar la teoría étia de Tomás de Aquino como naturalismo ético: Los preceptos de la ley ética y social proceden de la naturaleza humana. Lo que debemos hacer procede de lo que somos.

Origen en Dios.**->Y esa naturaleza ha sido creada de esta forma por Dios. Quien, en último extremo, deciió que fuésemos así y fijó la ley natural. Pero al darnos racionalidad, nos otó tambiñen de libertad Libertad para deciir i seguimos o no icha ley. Si hacemos el bien, o caemos en el mal.

4º Unimos y tenemos la respuesta a la pregunta:

«Tomás de Aquino, autor de este texto, parte de la noción de la naturaleza humana, que es aquello que somos sin haberlo aprendido. Por lo que nos constituye inevitablemente. No podemos cambiarlo. Además, es universal para todos los seres humanos. Por lo que la propuesta ética de Tomás va a ser universalista, válida para todos los hombres. En el texto, el autor nos indica que la naturaleza humana consta de inclinaciones: tendría lo que llamamos actualmente instintos o impulsos naturales. Que son tendencias naturales que buscan satisfacción mediante un acto.  Aporta dos ejemplos centrales: impulsos sexual y agresivo. Los instintos podemos satisfacerlos o no, y podemos elegir cómo hacerlo, pero no es posible evitar tenerlos.

Al igual que para Aristóteles, la racionalidad define la esencia del hombre y es la búsqueda de los fundamentos y causas, de la esencia de las cosas. En cuanto al comportamiento, es la comprensión y propuesta de los fundamentos de las decisiones y objetivos. La idea principal del texto es la de que la racionalidad debe ejercer una labor de control de la conducta y pensamiento. Es la más alta facultad natural del hombre y debe regir sobre el resto de impulsos y su desarrollo. Por lo tanto, no hay una multiplicidad de obligaciones (y los derechos correlativos), sino que Tomás niega que nuestro comportamiento ético deba seguir esa pluralidad. En consecuencia, el texto plantea que la ley natural sea única, por el deber de cumplir con los preceptos de la razón, que unifica el comportamiento y da esa ley natural única.

Por lo tanto, Tomás propone la existencia de esa norma por naturaleza única, basada en los preceptos racionales, que ordenan el comportamiento y pensamiento humanos. Una ley natural universal a todas las personas. Añado un par de aspectos que quedan abiertos para la pregunta tres y son fundamentales para plantear corretamente los temas del texto. Por un lado, podemos clasificar la teoría ética de Tomás de Aquino como naturalismo ético: Los preceptos de la ley ética y social proceden de la naturaleza humana. Lo que debemos hacer procede de lo que somos. Finalmente, esa naturaleza ha sido creada de esta forma por Dios. Quien, en último extremo, decidió que fuésemos así y fijó la ley natural. Pero al darnos racionalidad, nos dotó también de libertad. Libertad, apuntada como consecuencia a partir del texto, para decir si seguimos o no dicha ley. Si hacemos el bien, o caemos en el mal. La racionalidad nos da un precepto ético universal, base de la justicia social, y nos transmite esa libertad tan esencial al ser humano».

 

 

Ejemplos de pregunta 6, Acceso a la Universidad. Andalucía.

Ignacio Escañuela Romana.

Ejemplos de pregunta 6 contestada. Se trata de rellenar espacios en blanco con los conceptos adecuados de cada autor.

Tomás de Aquino establece una analogía entre el orden práctico y el orden de la demostración y señala al ente y al bien como las primeras nociones de cada uno de estos órdenes. Los primeros principios de estos órdenes se fundan sobre tales nociones de un modo evidente.

 

Según Tomás de Aquino. el bien ha de hacerse y buscarse, el mal  ha de evitarse. Y sobre éste se fundan todos los preceptos de la ley natural.

 

Según Kant el uso público de la razón tiene que ser siempre libre, en cambio muy a menudo cabe restringir el uso privado de la razón, sin que por ello quede particularmente obstaculizado el progreso de la Ilustración cuyo lema es atreverse a pensar.

(Uso público: como pensamos individualmente, como persona. Libre totalmente.

Uso privado: uso de la razón como funcionario, como empleado público. Limitado).

 

FILOSOFÍA MEDIEVAL. Un muy breve resumen.

FILOSOFÍA MEDIEVAL. CONTEXTO TOMÁS DE AQUINO.

Ignacio Escañuela Romana.

Fuentes:

recursos.cnice.mec.es/filosofia/swf/unidad18.swf 

http://recursostic.educacion.es/bachillerato/proyectofilosofia/web/f2ruta1.php?id_ruta=18&id_etapa=4 

http://recursostic.educacion.es/bachillerato/proyectofilosofia/web/f2ruta1.php?id_ruta=18&id_etapa=3

http://filosofia-reflex.blogspot.com/2015/09/filosofia-medieval.html

http://www.selectividad.tv/S_FF_3_2_1_S_santo_tomas:_suma_de_teologica.html

http://recursostic.educacion.es/bachillerato/proyectofilosofia/web/f2ruta1.php?id_ruta=18&id_etapa=2

http://www.selectividad.tv/S_FF_3_2_2_S_la_existencia_de_dios.html

  1. Períodos.

Filosofía Medieval: período de la historia de la filosofía que abarca desde el siglo VIII hasta el siglo XIV. Límites temporales son un tanto convencionales. Los siglos inmediatamente anteriores al IX pueden designarse más propiamente como los de la Patrística. Los siglos inmediatamente posteriores al XIV se consideran como pertenecientes a la filosofía del Renacimiento.

Por «período patrístico» se entiende el lapso de casi siete siglos comprendido entre la muerte del último de los Apóstoles de Jesucristo (acaecida hacia el año 100) y el comienzo de la Edad Media (hacia el 750). En ese tiempo histórico coexistieron los últimos brotes de la filosofía antigua (platonismo medio y neoplatonismo) y la primera andadura filosófica practicada por pensadores cristianos. La denominación del período ha tenido su origen en la historiografía cristiana, y se basa en el hecho de que muchos de los escritores cristianos de ese tiempo han recibido el título de Padres de la Iglesia. Estos primeros siete siglos de filosofía cristiana suelen dividirse en tres etapas:

1ª. Desde comienzos del siglo II hasta el Concilio de Nicea (325). Destacan: Justino, Tertuliano, San Ireneo de Lyon, Clemente de Alejandría y Orígenes.

2ª. Desde Nicea al derrumbamiento del Imperio Romano de Occidente (476). Constituye su etapa de máximo esplendor y destacan figuras tales como: San Basilio, Gregorio Nazianceno, San Gregorio de Nisa, San Ambrosio de Milán, San Jerónimo y San Agustín (354-430).

3ª Desde comienzos del siglo VI hasta mediados del siglo VIII: Esta última etapa constituye, en el Occidente europeo, la transición a la Edad Media. Pseudo-Dionisio Areopagita, Boecio, Casiodoro y San Isidoro de Sevilla son los autores más representativos.

  1. La inspiración Cristiana.

El pensamiento medieval cristiano está centrado evidentemente en torno al cristianismo. Las aportaciones del pensamiento judeocristiano,  frente al pensamiento griego, son las siguientes.

A- La concepción lineal del tiempo, herencia de la mentalidad judía. Frente a la concepción circular del tiempo griega, que toma por modelo del devenir el tiempo cíclico de la naturaleza observable, la concepción lineal tiene por trasfondo el acontecer histórico del hombre, donde nada se repite. El mundo tiene un punto inicial absoluto (la creación), un trazado, que es el suceder de las generaciones jugándose su destino, y un punto y se acabó, que es el juicio final. Esta concepción se refleja en el papel del Dios cristiano. Mientras que los griegos habían puesto a los dioses en relación con la naturaleza (ya sea como inteligencia ordenadora en Anaxágoras y Platón, o acto puro y motor inmóvil en Aristóteles, ya sea como Razón universal en los estoicos), el cristianismo pone a Dios en relación con el acontecer humano. Dios se ocupa directamente de los asuntos humanos.

B- La identificación de Dios con la verdad y la sustitución del ideal griego del sabio por el ideal del santo contemplativo. Mientras que el filósofo griego poseía una verdad que había obtenido con el esfuerzo de su inteligencia (una verdad siempre relativa) el hombre cristiano se presentaba en posesión de la verdad definitiva y absoluta, a la que consideraba una gracia de Dios y a la que se adhería por  la fe.

C- El monoteísmo, que no había sido nunca postulado expresamente por la filosofía griega y que es una herencia de la religión judía.

D- La omnipotencia de Dios. Los dioses de la filosofía griega no eran omnipotentes: estaban sujetos al orden necesario del mundo.

E- El creacionismo. La idea judeocristiana de que Dios creó el mundo ex nihilo es extraña a la filosofía griega, la cual pensaba el mundo como eterno.

F- La idea cristiana del hombre posee las siguientes características: que el hombre es hecho a imagen y semejanza de Dios, que el alma es inmortal (doctrina presente ya en Platón y en otros pensadores griegos), que los cuerpos resucitarán al final de los tiempos. También las nociones de culpa y pecado.

G- La concepción cristiana de la vida humana traía también  una importante novedad en el ámbito de la doctrina moral. Como vimos en el tema anterior, la filosofía griega es básicamente intelectualista respecto de la moral. En cambio, la moral cristiana no es intelectualista. En el intelectualismo, el mal moral no es sino ignorancia; en el cristianismo el mal moral no es ignorancia, sino pecado, y el pecado es el resultado de dos factores: la maldad humana que inclina al mismo, y la libertad humana, que cede a tal inclinación.

  1. La Escolástica.

Durante el siglo IX aparecen, como consecuencia del renacimiento carolingio, las escuelas. Y un cierto saber, cultivado en ellas, que se va a llamar la Escolástica. Por escolástica se entiende, en sentido estricto, aquella especulación filosófico-teológica que se cultivó y desarrolló en las escuelas del propio medioevo, es decir, desde Carlomagno hasta el renacimiento, tal y como ha quedado consignada, sobre todo en la literatura de Sumas y Quaestiones. Originariamente, dichas escuelas fueron las de las catedrales y conventos, más tarde las universidades. En un sentido más amplio se designa también como escolástica el movimiento doctrinal de ese ámbito histórico que, aun sin emplear un método rigurosamente escolar, racional-conceptual, se mueve en el mismo mundo metafísico y religioso, como por ejemplo la mística.

Ciertos autores han identificado completamente la filosofía medieval con la filosofía cristiana, estimando como a lo sumo incitantes o suplementarios los movimientos de la filosofía árabe y judía. No obstante, la filosofía de los árabes y judíos es conocida por los escolásticos cristianos e influyó fuertemente en ellos, al mismo tiempo que tuvieron el importante papel de ser los transmisores de los textos aristotélicos y dicha aportación caracterizó la época de plenitud de la escolástica.

  1. Los temas de la Filosofía Medieval.

Así, a diferencia de lo que había ocurrido con la filosofía griega, que había centrado su reflexión en torno a la determinación del objeto, la filosofía medieval centrará su interés en Dios. La filosofía helenística había dado una orientación práctica al saber, dirigiéndolo hacia la felicidad del hombre. Es el caso del estoicismo y del epicureísmo, que habían colocado a la ética en el vértice del saber. A lo largo de los primeros siglos de nuestra era, la progresiva expansión del cristianismo y otras religiones mistéricas irá provocando la aparición de otros modelos de felicidad o «salvación individual», que competirán con los modelos filosóficos.

Frente a la inicial hostilidad hacia la filosofía manifestada por algunos de los primeros padres apologistas cristianos, sus continuadores encontrarán en la filosofía, especialmente a partir del desarrollo del neoplatonismo de Plotino, un instrumento útil, no sólo para combatir otras religiones o sistemas filosóficos, sino también para comprender, o intentar comprender, los misterios revelados. Surge de ahí una asociación entre filosofía y cristianismo o, más en general, entre filosofía y religión, que pondrá las bases de la futura filosofía medieval, entre los cristianos, los musulmanes y los judíos. El tema fundamental de reflexión pasará a ser la divinidad, quedando subordinada la comprensión e interpretación del mundo, del hombre, de la sociedad, etc. al conocimiento que se pueda obtener de lo divino. Por consiguiente, las preocupaciones más constantes en la filosofía medieval son las que se centran en la cuestión de la naturaleza y propiedades de Dios y de la relación entre Dios y el mundo en tanto que creador.

Durante los siglos XI-XIII, las principales controversias que vertebraron el pensamiento medieval fueron las relaciones entre razón y fe, así como el problema de los universales. La fe, que suministra las creencias a las que no se puede renunciar, tratará de entrar en diálogo con la razón. La inicial sumisión de la razón exigida por la fe, dejará paso a una mayor autonomía propugnada, entre otros, por Santo Tomás de Aquino, que conducirá, tras la crisis de la Escolástica, a la reclamación de la independencia de la razón con la que se iniciará la filosofía moderna. Por otra parte, el realismo (trascendente o inmanente), el nominalismo y el conceptualismo fueron corrientes que surgieron como respuesta a la cuestión acerca de los universales. Es decir, bien los conceptos abstractos tienen como referencia algo real, un objeto, sea como fuere conceptuado. Bien es sólo un modo de hablar y conocer: construimos los conceptos abstractos mediante un razonamiento acerca de lo común y diverso. Pero su realidad es sólo mental. Bien

No obstante, las anteriores caracterizaciones no hacen la debida justicia a la complejidad de la filosofía medieval. Así, por ejemplo, existen ciertos movimientos de la filosofía medieval (especialmente en el dominio de la filosofía natural), análisis y especulaciones que pueden ser considerados como una anticipación del pensamiento científico moderno. En este sentido, la crítica que se hizo de la física aristotélica y su concepción del movimiento fue decisiva para los posteriores inicios de la ciencia renacentista y barroca. Así, las soluciones de los físicos nominalistas (Buridán, Oresmes, Alberto de Sajonia) situaron a la mecánica en el camino de la ciencia moderna. También existen numerosos e importantes desarrollos en ámbitos como la lógica, la semiótica, etc. De todos modos, la filosofía medieval es un pensamiento en el que predominan los intereses ontológicos sobre los gnoseológicos.

Finalmente, y en lo que se refiere a la filosofía medieval, destacamos algunos de sus filósofos más significativos: siglo IX: Juan Escoto Erigena; siglo X: Alfarabi; siglo XI: Avicena, Avicebrón, San Anselmo, Roscelino; siglo XII: Abelardo, San Bernardo, Pedro Lombardo, Averroes, Maimónides: siglo XIII: Alejandro de Hales, San Alberto Magno, Rogelio Bacon, Pedro Hispano, San Buenaventura, Santo Tomás de Aquino, Sigerio de Brabante, Ramón Llull, Maestro Eckhart, Juan Duns Escoto; siglo XIV: Nicolás de Autrecourt, Juan Ruysbroek, Guillermo de Ockham, Juan Buridán, Nicolás de Oresme.