Un ejemplo de comentario de texto: KANT. Pregunta 2.

Ignacio Escañuela Romana.

03/06/2019.

«Luego, si se nos preguntara ¿vivimos ahora en una época ilustrada? responderíamos que no, pero sí en una época de ilustración. Todavía falta mucho para que la totalidad de los hombres, en su actual condición, sean capaces o estén en posición de servirse bien y con seguridad del propio entendimiento, sin acudir a extraña conducción. Sin embargo, ahora tienen el campo abierto para trabajar libremente por el logro de esa meta, y los obstáculos para una ilustración general, o para la salida de una culpable minoría de edad, son cada vez menores. Ya tenemos claros indicios de ello. Desde este punto de vista, nuestro tiempo es la época de la ilustración…»

 

¿Temas planteados en el texto?. Pregunta 2.

La lectura directa e inmediata de este texto de Kant nos transmite tres ideas claras. Primero, que las personas han vivido hasta la fecha del texto (finales del XVIII: 1784) en una minoría de edad. Segundo, que en la época contemporánea del texto, los hombres están saliendo de esa minoría por la existencia de un movimiento de Ilustración. Tercero, que, no obstante, no vivimos como tal en una época ilustrada. 

Voy concepto por concepto para aclarar estas ideas. Nos encontramos la idea de la Ilustración que, en el texto de Kant, presenta un doble significado. Es, primero, el movimiento cultural y político que conocemos del siglo XVIII: caracterizado porque los pensadores defendieron el uso de una racionalidad crítica para combatir prejuicios y tradiciones. Afirmando, pues, que el uso del debate racional y el sometimiento a la prueba, en cada uno de los proyectos humanos, nos llevaría a un progreso ilimitado, hacia una sociedad mejor. Pero es, asimismo, una idea propia de Kant, por la cual la Ilustración es el movimiento de la racionalidad crítica en cada una de las personas, que les llevaría a pensar y decidir por sí mismas. Es, ante todo, un ataque el principio de autoridad: creer en algo porque nos lo dicen, porque otra opinión, de mayor autoridad teórica, nos lo propone, terminando por imponerse. Hay relación entre las dos acepciones, pero puede discriminarse una diferencia entre el movimiento histórico real y el propuesto por este filósofo. En todo caso, Kant destaca como defensor de la razón propia  (autónoma como contrapuesta a heterónoma: determinada por algo ajeno) como método de decisión y pensamiento personales. En una tradición que es claramente continuadora de lo propuesto por Descartes en su Discurso del Método: ¡Pensemos por nosotros mismos!.

En segundo lugar, Kant apunta al hecho de que las personas están saliendo de la minoría de edad e incorporando ese proceso ilustrado. Es decir, afirma que existe un proceso social  e histórico, llamado Ilustración, que sí está teniendo como efecto que las personas piensen por sí mismas, y no por lo que otras quieren que crean. Y que lo hagan con seguridad: sometiendo los problemas al movimiento racional de fundamentación, que aceptaría las pruebas que cada enunciado o creencia tenga. La minoría de edad sería la situación en la que lo que creemos, lo tenemos porque alguien nos lo dice, manda o convence. Luego Kant está implícitamente diciendo que en las tapas previas de la humanidad las personas no estaban preparadas para pensar y decidir por sí misas, pero que en el siglo XVIII ha llegado el momento en que empiecen a regirse a sí mismas y, en la interacción mutua, a fijar cómo sea la sociedad. Una colectividad de hombres autónomos y dotados de una racionalidad crítica; que lleguen a acuerdos mediante el debate racional y razonado. Lo que recuerda intensamente a un filósofo de la segunda mitad del siglo XX: Habermas, quien investiga las condiciones para que personas que debatan de manera racional, lleguen a acuerdos en base a razones públicas: compartidas, de validez intersubjetiva.

En tercer lugar, no viviríamos aún (momento en que escribe Kant) en la época ilustrada: los hombres todavía no son capaces de regirse todos o la mayoría por el propio criterio, producto de la racionalidad. Están aprendiendo a hacerlo, pero no lo practican. En el símil de la caverna platónica, los hombres se han soltado de sus cadenas y han salido, pero deslumbrados por la luz solar aún no pueden ver la auténtica realidad. Están aprendiendo.

En definitiva, este texto está dominado por la idea de Ilustración, como movimiento histórico real, pero, sobre todo, como defensa de la racionalidad crítica autónoma. En cada uno de los individuos como partes de una futuro colectividad de hombres libres, racionales y capaces de acuerdo.

Lo efímero. La contingencia. (II)

Ignacio Escañuela Romana.

«Nada es permanente a excepción del cambio»,  Heráclito. El hombre, que recuerda y prevé el futuro, sabe que es mortal y que todo cambia. La información se difumina y va desapareciendo en el tiempo. Vivimos en un presente que se sabe pasajero y efímero.

Sin duda, fue la extrañeza ante el tiempo lo que produjo la filosofía. Una búsqueda.

https://filosofaryescribir.blogspot.com/2020/06/la-efimeridad.html

¿Avanza la historia?.

Ignacio Escañuela Romana.

Para Hegel, la historia humana era el relato del avance de la razón, que, trabajando, haciendo cultura, construye el mundo y traza el reino de la libertad. El hombre, sujeto constituyente de lo que existe, despliega, como racionalidad un mundo nuevo dotado de sentido absoluto. Todo lo real es, al final, racional. Porque todo adquiere esa forma nueva.

De aquí partió Marx para construir el materialismo: no es la razón, es la acción física, material, de los hombres que transforman la naturaleza y la hacen suya. La cultura no son las ideas, sino la acción material y tecnológica. La construcción verdadera de un ser que sí, adquiere esa libertad como sociedad donde los hombres no se dominen unos a los otros.

Benjamin, filósofo de la primera mitad del XX, marxista, empezó a dudar acerca de si la historia no sería más bien una sucesión de catástrofes. Si no habría una serie de situaciones excepcionales que se irían repitiendo hasta evitar ese progreso, impedir la libertad. De ahí sólo había un paso para llegar al famoso dicho de Adorno (amigo de Benjamin): no es posible hacer poesía tras Auschwitz.

Más sobre la excepcionalidad en Benjamin:

https://camposdelsur-literaturablog.blogspot.com/2020/05/la-excepcionalidad-walter-benjamin.html

Ética e historia.

Ignacio Escañuela Romana.

El debate de Davos (por ejemplo: https://www.filosofitis.com.ar/2012/06/15/el-dia-que-dos-potencias-se-des-encontraron-heidegger-y-cassirer-rompian-lanzas-en-davos/) entre los filósofos Cassirer y Heidegger se centró en torno a la validez universal de lo que el hombre cree o afirma. Cassirer subrayó el esquematismo del conocimiento: todo lo que afirmemos como verdad, no tautológica, se centra en una experiencia posible. Luego no es una verdad absoluta, universal e incontrovertible. Pero lo contrapuso a la ética: donde hay imperativos de carácter absoluto o de validez erga homnes: que valga no sólo para los hombres, sino para todos los seres racionales. Porque el problema fundamental sería el de la libertad. ¿Cómo alcanzarla?.

Heidegger subraya: » Puesto que la filosofia llega a .la totalidad y a lo más pleno del hombre, precisamente por esto debe mostrarse en la filosofia la finitud de una manera totalmente radical». Es decir, no podemos transcender nuestra propia finitud, aunque lo intentamos. Las verdades de la ética serían todas particulares, sinitas. De validez limitada o relativa.

Más detalle sobre la ética y la razón histórica en el siguiente enlace, sobre las diferencias entre Kant y Hegel:

https://filosofaryescribir.blogspot.com/2020/06/etica-razon-historica.html

Mirar. María Rodríguez Espina.

Cuarto fragmento.
«Sólo el hombre está solo. Es que se sabe vivo y mortal. Es que se siente huir
-ese río del tiempo hacia la muerte-.
Es que quiere quedar. Seguir siguiendo,
subir, a contra muerte, hasta lo eterno.
Le da miedo mirar. Cierra los ojos
para dormir el sueño de los vivos». Blas de Otero, fragmento del poema «La Tierra»

 (¿continuación?) María Rodríguez Espina
Y cuando los abre,
se olvida de saborear,
de mirar lo que tiene,
lo que la vida le da.
Malgasta su turno sin cesar,
buscando ganancias, en lo terrenal. Afronta sus logros con vanidad,
sus derrotas con frialdad,
nada le complace,
todo le da igual.
Piensa que debe ganar,
que debe conseguir más,
que debe avanzar,
que debe al resto mutilar
para subir más arriba
casi al pedestal.
De repente llega el final,
llega la partida espiritual,
todo se queda, y el partirá,
buscando lo que abajo no pudo encontrar, aquello donde dejó su libertad,
aquello donde manchó
el amor sin piedad,
aquello donde dejó su dignidad,
aquello que ya nadie le reprochará.
El tiempo se fue, no volverá,
pasó rápido y fugaz,
pasó ligero y audaz,
sin dejar rastro, ya que todo se olvidará,
volviendo de nuevo a empezar
con su llegada en el más allá.
Por ello, “NO VIVAS PENSANDO EN LO DE ALLÁ, SI SINTIENDO EL MÁS ACÁ”

Por nosotros. Verónica Almenta Camacho.

Autora: Verónica Almenta Camacho.

«Es curiosa la vida … ese misterioso arreglo de lógica implacable orientada hacia un objetivo fútil. Lo más que de ella se puede esperar es cierto conocimiento de uno mismo … que llega demasiado tarde… y una cosecha de remordimientos inextinguibles». (Joseph Conrad).

Continuación (Verónica Almenta):

Querido David, fue hace mucho que nos conocimos. Aún lo recuerdo como el primer día, yo tan tímida y nerviosa y tu tan tranquilo y atento; desde el primer momento me trataste con cariño y ternura. Fue ese día, rodeada de gente que no conocía, llena de nervios y sin saber que hacer, cuando empecé a beber. Recurrí a la bebida para evadirme de la timidez, fue la primera vez que me emborrachaba en mis 21 años de vida. Cogí la botella y empecé a beber sin control, esperando a que el alcohol hiciera efecto, pero este no llegaba y yo cada vez estaba más nerviosa, cada vez bebía más y más. Hasta que, tras unas horas, la bomba de relojería que yo tragaba incesantemente a la espera de resultados, se accionó. Yo estaba de pie sobre el césped de aquel lugar y entonces empecé a sentir un terrible mareo, solté la botella en la mesa y al instante mis piernas dejaron de sostenerme. Caí al suelo, pero ni siquiera lo sentí, tenía tanto alcohol en vena que ni siquiera había notado el impacto de mi cuerpo contra el césped. Tu te levantaste de inmediato de la silla en la que estabas sentado y viniste a ayudarme, yo apenas lograba moverme o hablar, de hecho esto que te escribo lo recordaba en fugaces escenas a las que tu tuviste que darles un sentido. Me llevaste al baño, y allí me sujetaste el pelo mientras salía de mi cuerpo una mezcla de bilis y alcohol. No te moviste de mi lado, permaneciste junto a mi acariciándome suavemente la espalda mientras la habitación daba mil vueltas ante mis ojos.

Pasó el tiempo y nos fuimos enamorando el uno del otro, intentamos tener una relación en varias ocasiones, pero todas mis dudas y complejos me pudieron más que el amor que sentía por ti. Cada vez que lo intentábamos y salía mal, tú te pasabas unos meses triste y las primeras semanas solías traer los ojos inyectados en sangre de haberte pasado la noche llorando. Yo, en cambio, ahogaba las penas en alcohol, más alcohol y rollos de una noche.

Después de un tiempo, no volvimos a intentarlo, tú ya estabas demasiado dañado y yo, bueno, yo había cambiado mucho. Rehiciste tu vida, te llevó un tiempo, pero la rehiciste. Encontraste a alguien y formaste una familia. Pero yo: yo me quedé estancada donde estaba.

Todas las noches cuando el nivel de alcohol en vena disminuía, lloraba pensando en que si me hubiera esforzado contigo quizás en ese momento nosotros estaríamos juntos, yo no estaría sola en la cama rodeada de botellas vacías de alcohol, habríamos formado una familia y tendríamos unos preciosos hijos.

Comencé mi adicción a la bebida por todo lo que llevaba dentro y acabé destruyéndome con ella porque no me quedaba nada fuera.

No todo el mundo tiene la suerte de conocer al amor de su vida. Yo, por el contrario, lo conocí, lo tuve y lo perdí. Y con él, perdí mi vida, perdí las ganas de vivir y las ganas de luchar.Veinte años después, uno de los camareros de una taberna en la que estaba bebiendo tuvo que llamar a urgencias porque me dio un coma etílico. Los médicos consiguieron estabilizarme y logré recuperarme. Tras eso, me hicieron bastantes pruebas, cuando llegó el resultado de las últimas el médico me llamó para que fuera a su consulta. Me habían diagnosticado un cáncer en el hígado.

Yo quedé en shock por mucho tiempo. Me hicieron más pruebas para determinar la gravedad. Había metastatizado y me encontraba en una fase crítica.

De inmediato empecé con todo tipo de tratamientos para el cáncer, pero este se
seguía extendiendo sin control. Yo pasaba las horas vomitando por la quimioterapia y apenas comía. Caí en fase terminal, los médicos no sabían cuánto me quedaba y yo tampoco quería luchar por seguir viviendo.

Hoy era mi último día de vida. No quería seguir, no tenía ganas de luchar, no me quedaba nada por lo que luchar. Así que he decidido acabar con esto. Me arrepiento de tantas cosas. Es increíble que hasta que no pierdes lo que más quieres en el mundo no te das cuenta de todo lo que significa para ti.
Para mi el mundo ya no guardaba nada, tan solo tristeza y desesperación. Quise
escribirte no con el fin de que te sintieras culpable, sino porque está enferma
necesitaba decirte todo lo que en su día no dijo. Necesitaba contarte todo lo que no te dije y de lo que hoy me arrepiento.

Aún haciendo lo que voy a hacer, estoy contenta de, al menos, haber podido despedirme de quien lo ha significado todo para mí. Espero que algún día puedas perdonarme por haber dejado de luchar por ti, por mí y por nosotros.

Lo siento, Rosalyn.

Al acecho. Fátima Villarán Morales.

Autora: Fátima Villarán Morales.

«Sólo el hombre está solo. Es que se sabe
vivo y mortal. Es que se siente huir
-ese río del tiempo hacia la muerte-.
Es que quiere quedar. Seguir siguiendo,
subir, a contra muerte, hasta lo eterno.
Le da miedo mirar. Cierra los ojos
para dormir el sueño de los vivos» (Blas de Otero)

Continuación (Fátima Villarán Morales):

La muerte al acecho, la desembocadura del río
inquietante, aterradora. Aguas abrasadoras.
Silencioso lamento que anuncia su sentencia.

Lo efímero y lo eterno,
la tristeza y la alegría,
la compañía y la soledad,
la incertidumbre y la certeza.

Todo acaba. Cae el telón.
La catarsis del alma se acerca.
El ser palidece lánguidamente ante su destino,
cruel, impropio, trágico, desgarrador.
Impotente, horrorizado, ahoga su llanto
en unos inocuos intentos de salida de la realidad.

El conato, no es capaz de desatarlo
de sus cadenas.
La huida fracasa, el ser se sume
en un perpetuo mundo onírico,
del que no podrá escapar,
ni siquiera, abriendo los ojos.

Quiere permanecer. Marta Díaz Almenta.

Autora: Marta Díaz Almenta.

Continuación cuarto fragmento. (Blas de Otero, fragmento del poema «La Tierra»)
«Sólo el hombre está solo. Es que se sabe
vivo y mortal. Es que se siente huir
-ese río del tiempo hacia la muerte-.

Es que quiere quedar. Seguir siguiendo,
subir, a contra muerte, hasta lo eterno.
Le da miedo mirar. Cierra los ojos
para dormir el sueño de los vivos».

Es que quiere permanecer. Necesita del
recuerdo, vive por él. Perdurar en la mente
de quien le verá envejecer y morir.

Solo el hombre está solo. El egoísmo se lo lleva.
Sabe que su caudal se agotará y con él
en la mar dará; aunque no lo quiere ver.

Es que culmina sus días en soledad,
menguándose porque cuando no lo logró,
como si de un sueño se tratase,
su vida, su mayor afán, se esfumó.

Marta Díaz Almenta.

Eficacia, legitimidad, justificación. Normas jurídicas.

«Pues sin respaldo religioso o metafísico, el derecho coercitivo, cortado a la medida de un comportamiento al que no se exige sino que se ajuste a la ley, sólo puede conservar ya su fuerza de integración social haciendo que los destinatarios de esas normas jurídicas puedan a la vez entenderse en su totalidad como autores racionales de esas normas…» (Habermas, en IV Coloquio Sul-Americano de Realismo Jurídico)

Continuación (Ignacio Escañuela Romana):

Hay que distinguir entre eficacia de las normas jurídicas, legitimidad y justificación. La eficacia procede de la aplicación con amplia capacidad coercitiva: de generar sanciones para aquellas conductas que sean contrarias. Esta eficacia es propia de Estados modernos, cuyo monopolio de la fuerza se sustenta sobre amplias capacidades humanas y materiales. Fundamentalmente, la burocracia. Aquí las personas son objeto de aplicación de obligaciones.

La legitimidad provendría del carácter democrático del Estado, que, básicamente, precisa de derechos y libertades individuales y un procedimiento para que las actuaciones del Estado lo sean por mandato de la población. En general. Aquí las personas son sujetos o ciudadanos que generan las obligaciones sociales. Idealmente a través de un amplio debate racional.

Por último, la justificación dependería de la relación entre norma e ius cogens. El ius cogens es el conjunto de derechos y deberes que operan con carácter universal y no son disponibles. Cuya legitimidad procede del concepto de dignidad humana o, y, contrato justo social. De hecho, el conjunto de derechos individuales y libertades públicas tienen este carácter de ley imperativa. De este modo, una ley que atentase contra la dignidad humana no podría ser justificada ni aceptable democráticamente, incluso si es producto de amplias mayorías expresadas en una votación libre. Aquí las personas son sujetos de derechos no disponibles, en sentido kantiano. (Ignacio Escañuela Romana)

Ansia. Lucía Tello Bando.

Autora: Lucía Tello Bando.

Continuación «Es curiosa la vida … ese misterioso arreglo de lógica implacable orientada hacia un objetivo fútil. Lo más que de ella se puede esperar es cierto conocimiento de uno mismo … que llega demasiado tarde… y una cosecha de remordimientos inextinguibles» (Joseph Conrad, El Corazón de los Tinieblas).

Somos insaciables. Los humanos, curiosos por naturaleza e inconformistas por experiencia, tenemos una mentalidad descubridora, perjudicial para nuestra experiencia de vida. Nuestra ansia es conocer todo aquello que somos incapaces de saber. El pensamiento de averiguar qué es lo que hay después de la vida nos abstrae de lo real, lo tangible, todo aquello de lo que tenemos completa certeza.

Tenemos tanto interés en descubrir qué hay más allá que se nos olvida el hecho de que, al menos en el plano sentimental o espiritual, ya conocemos un sentimiento similar. Antes de nacer, mucho antes de saber que íbamos a ser algo en el vasto universo, conocíamos la eternidad infinita. Ese sentimiento de no existir, no sentir, pero estar. Tal vez no estábamos nosotros, sino nuestro espíritu. Tal vez tampoco eso, sino que lo que estaba era nuestra esencia. O simplemente nada, pero la nada acaba siendo algo cuando antes del primer latido de nuestro corazón ha habido miles de millones de otros seres viviendo en el tiempo y espacio. Conformando así un lugar existente en alguna parte. Y todos estos corazones que algún día vivieron se encuentran ahora donde nosotros estábamos cuando ellos existían en la tierra.

Ese lugar puede ser el cielo, el infierno, el limbo, la nada. Pero lo es todo. Es hacia donde todos vamos y de donde todos procedemos. Es aquello que sin saberlo conocemos mejor que nuestra propia vida, la cual no nos preocupa descubrir. ¿Por qué tanto empeño en conocer el lugar inexistente de donde venimos, a dónde vamos al morir? Pues sencillamente porque nos aburre la vida. Buscamos más.

Y así, en una búsqueda interminable, acabaremos muriendo sin respuestas. Solo sabremos qué es la muerte y qué hay más allá cuando lleguemos a ella. Irónico qué a su vez, una vez encontremos la respuesta a lo que nos ha condicionado en vida, no seremos conscientes de ella. Así vuelve a nacer otra búsqueda nueva, la de la verdad siendo nosotros simplemente meros recuerdos que ya se han desvanecido.

Por eso, nuestra vida es la búsqueda infinita y la respuesta finita, la cual llega demasiado tarde.