Autora: Lucía Tello Bando
Hace unos días estaba revisando mi Twitter cuando tropecé con un hilo en el que una chica relataba como una de sus alumnas, de tan solo nueve años, había sido acosada verbalmente por unos compañeros. Lo que puede parecer un simple juego de niños o una tontería, realmente es algo bastante serio y preocupante. Esos niños, todos de entre cinco y diez años, sabían el significado de las palabras con las que insultaban a la pequeña. Dichos insultos y comportamiento me dieron que pensar.
Algo que también me descolocó realmente fue que al intentar educarlos y explicarles que sus palabras eran hirientes los niños mostraron su indiferencia. Es más, continuaron con la burla.
Esta anécdota simplemente consigue reforzar mis ideas sobre que el machismo está en nuestro día a día. No, el machismo no es un comportamiento exclusivo de hombres adultos e ignorantes. El machismo no es una broma o una tontería, y, mucho menos, algo ya erradicado.
A menudo nos preguntamos cómo es posible que a día de hoy siga habiendo tantos casos de acoso, violencia de género, abusos o violaciones a mujeres en nuestra sociedad occidental. Como en países civilizados aún se perpetúan este tipo de actos día a día. Y por ello nos gusta echar a culpa a todo y a todos excepto a lo que verdaderamente es el causante de esto; la educación con base machista.
Desde niños nos educan en unos valores centrados en el hombre, inculcándonos roles de género y normalizando desde pequeños comportamientos altamente peligrosos en un futuro. Los insultos de esos alumnos a su compañera serán tratados como una simple cosa de niños. Esa “tontería” será excusada, probablemente resulte hasta graciosa. Algo insignificante, de lo que no hay que preocuparse. Hasta que esos niños crezcan, se conviertan en adolescentes quienes han aprendido que insultar a chicas es algo normal. Algo que hace todo el mundo.
Porque la culpa del machismo no está en la mentalidad de cierta gente, nadie nace machista. No está en las personas mayores que se han criado con esos valores más interiorizados. Tampoco reside en la mentalidad de personas pobres o con bajos recursos. Ni en la de personas de raza no blanca, criadas en otros ambientes y realidades.
La culpa de las violaciones o abusos no la tienen ni las mujeres, ni los padres de las víctimas por ser muy permisivos. Por muy sorprendente que parezca, si alguien comete una violación, sólo esa persona es culpable. Y no, los abusadores no son –exculsivamente- gente perturbada, enfermos mentales o locos. Son hombres. “No nos representan a todos, todos los hombres no apoyamos la violencia de género” Pero si dichos violadores no hubieran crecido con valores patriarcales normalizados, no verían ese comportamiento como una opción.
Porque a nadie que respete a las mujeres tanto como respeta a los hombres, a alguien con un pensamiento cien por cien igualitario se le ocurriría ni el mínimo acto en contra del género femenino. Ni un insulto, chiste o comentario. Porque realmente en las mínimas cosas normalizadas en nuestra sociedad reside el machismo.
Si no se lucha por una sociedad en la que se eduque en igualdad, valores y respeto, se está perpetuando la supremacía del género masculino.
Pero ¿qué más da? “No se puede cambiar el comportamiento de un machista, hay que dejarlo estar, es su forma de pensar. Ya aprenderá.”
Tristemente, no se aprende si nadie te enseña.
