Hjalmar Branting en la socialdemocracia sueca.

Autor: Eduardo Montagut.

Fuente: Nueva Tribuna, 5/05/2019

Hjalmar Branting (1860-1925), es uno de los personajes fundamentales de la Historia de la Socialdemocracia sueca, y del socialismo democrático europeo.

Branting nació en Estocolmo. Estudió Matemáticas y Astronomía en la Universidad de Upsala no sin grandes sacrificios, dados sus orígenes familiares, y estuvo agregado al Observatorio de Estocolmo. Hacia el año 1884 comenzó a colaborar en la revista socialista Tiden, y después pasaría a ser nombrado redactor-jefe del Social-Demokraten, órgano oficial del Partido Socialdemócrata Sueco, desempeñando dicha responsabilidad hasta 1917. Isidro Escandell Úbeda, en un artículo que dedicó en 1928 a su figura, destacaba la amplia cultura de nuestro protagonista, un representante evidente de la cultura septentrional europea, junto con Strindberg, Hamsum, Selma Lagerloef e Ibsen.

Branting estaría en la creación del Partido a fines de los años ochenta del siglo XIX, una formación fundada por August Palm, y que adoptaría el modelo alemán. Escandell afirma que a fines del siglo XIX Suecia había vivido una especie de transformación política al consolidarse dos fuerzas políticas: el conservadurismo y el socialismo. Branting se uniría al último, destacando, tanto en la prensa, la tribuna popular como en el escaño, por la defensa de sus ideas y el enfrentamiento con los conservadores. Efectivamente, el político entraría en el parlamento sueco, siendo diputado durante veinticinco años. Tiene el honor de haber sido el primer diputado socialista sueco.

Formó parte como ministro de Hacienda del Gobierno de coalición liberal-socialista de 1917. En el año 1920 llegaría, por vez primera, a presidir un gobierno. Luego volvería entre 1921 y 1923, y en 1924, después de unos grandes resultados en las urnas, pero murió, siendo sustituido por Richard Sandler. El entierro fue una verdadera manifestación popular, con los sindicatos movilizados y con el rey Gustavo V.

También fue presidente de la Conferencia de la Segunda Internacional, celebrada en Berna en 1919. Representaría a Suecia en la Conferencia de Paz, y en la Sociedad de Naciones. Como elogiaría Escandell, Branting fue un convencido pacifista, que le llevaría a la concesión del Premio Nobel de la Paz en 1921, compartido con el noruego Christian LousLange.

También sería elegido en la Conferencia Internacional del Trabajo de Ginebra, unos meses antes de morir, presidente por unanimidad.

Hemos consultado la reseña necrológica que El Socialista publicó el 25 de febrero de 1925, y el artículo de Isidro Escandell, publicado, en primer lugar, en La Voz Valenciana, y que recogió El Socialista el 11 de agosto de 1928. Sobre la socialdemocracia sueca publicamos un trabajo en Nueva Tribuna el 2 de mayo de 2014 con el título, “La socialdemocracia sueca y la construcción del estado del bienestar”.

Rosa Luxemburgo, “La Rosa Roja”.

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Autor: Edmundo Fayanas Escuer

Fuente: Nueva Tribuna, 26/12/2013

Nace el cinco de marzo de 1871 en Zanosc, cerca de Lublin en Polonia, siendo en esta época territorio ocupado por el imperio ruso. Su origen es judío. Su padre fue Elias Luxemburgo III, un industrial de la madera y su madre Line Lowenstein. Dicho matrimonio tuvo cinco hijos, los cuatro primero fueron hombre, y la quinta fue Rosa.

Esta nació con un defecto en su desarrollo, que la incapacitara físicamente toda su vida. Esto le hizo estar postrada por una dolencia en la cadera, a la edad de cinco años, consecuencia de ello, tuvo una cojera permanente.

Su familia disfrutaba de un nivel económico alto y se desenvolvía en un ambiente culto. Rosa estudia en los mejores institutos polacos, conocían todo el mundo intelectual europeo, especialmente la cultura alemana. Destacaba por su inteligencia, lo que le permitió estudiar, a pesar de los prejuicios, que imperaban contra las mujeres de esa época y pese a la creciente discriminación antisemita que recorría toda Europa contra los judíos.

“La libertad no es nada cuando se convierte en un privilegio”

Su familia se trasladó a vivir a Varsovia en el año 1880, asistiendo a clase en un reconocido instituto femenino. A la edad de quince años se afilia al partido polaco izquierdista “Proletariat”, participando en la organización de una huelga general, que ocasionará una fuerte represión contra este partido, la cual provocó su desaparición. Siendo condenados a muerte cuatro de sus dirigentes.

Rosa termina su educación secundaria, en el año 1887, con un buen expediente académico, pero tiene que huir en 1889 a Suiza para evitar ser detenida por la policía polaca. Estudia en la universidad de Zurich, distintos campos del conocimiento como la filosofía, historia, política, economía y matemáticas, especializándose en “la teoría del Estado”, “la Edad Media” y “las crisis económicas”.  Trabajó como periodista. Destacaba por el hecho de que hablaba once idiomas, algo realmente excepcional y que nos indica su gran capacidad intelectual.

En el año 1893, fundó junto a Leo Jogiches y Julián Marchlewski el periódico “La causa de los trabajadores”, donde se oponía a las políticas de tinte nacionalista, que por entonces desarrollaba el partido socialista polaco. Rosa pensaba, que sólo era posible una Polonia independiente si surgía una revolución comunista en Alemania, Rusia y Austria.

Defendía que la lucha obrera debía centrarse en el capitalismo y no en una Polonia independiente, lo que le llevaba a negar el derecho de autodeterminación bajo el socialismo, planteamiento este, que le lleva a enfrentarse a Lenin.

En el año 1898, Rosa Luxemburgo se casa con el alemán Gustav Lubeck, por lo que obtuvo la ciudadanía alemana. Participa activamente en el Partido Socialdemócrata alemán, al mismo tiempo que apoya al partido socialdemócrata de Polonia y Lituania, siendo su principal teórica.

Rosa Luxemburgo denunció el conformismo de la socialdemocracia alemana, ante el peligro de que hubiera una guerra. Insiste en las diferencias entre el capital y el trabajo, proponiendo que los trabajadores deben de tomar el poder para producir un cambio en los medios de producción.

El debate  en el interior del Partido Socialdemócrata Alemán fue muy intenso. Al principio, se asoció con Kautsky para defender la ortodoxia marxista frente al revisionismo imperante en gran parte del partido que Bernstein encabezaba este sector.

Participa en debates con los socialistas franceses, que desarrollaban prácticas reformista, como las que estaba planteando Bernstein en el Partido Socialdemócrata alemán, bajo el lema ”el movimiento es todo, el fin es nada”. Para este sector reformista de la II Internacional, lo importante era la obtención de conquistas prácticas, ya que el fin de cualquier socialista es lograr una sociedad sin explotadores ni explotados.

Para Rosa Luxemburgo el papel que debe de jugar la socialdemocracia en la sociedad capitalista es el de la oposición y sólo debe ser gobierno, cuando el Estado burgués esté acabado. Es decir, solo debe ser poder por la vía revolucionaria y no a través del Parlamento. Rosa Luxemburgo dice que no se trata de conseguir reformas, sino con que métodos estas se consiguen. Si estas se logran a través de la lucha obrera, eso fortalece al partido, pero si se obtienen por métodos parlamentarios, o acuerdos entre partidos burgueses, esto sólo favorece al capitalismo

Más tarde se distancia también de Kautsky y de la mayoría del partido, a medida que estos se inclinan hacia los métodos parlamentarios, pasando a ser reconocida como la líder principal del SPD.

Rosa Luxemburgo plantea que el partido socialdemócrata alemán debe hacer agitación para la consecución de la huelga general política. Pero Kautsky se opone, argumentando que si el partido hace agitación dentro del parlamento sobre la huelga general política significaría, que se busca el derrocamiento del poder burgués. Para este dirigente era peligroso para la supervivencia del partido y para las conquistas ya logradas. Para el sector reformista era mejor seguir con la estrategia de desgastes y seguir organizando a la clase obrera en los sindicatos, aumentando el peso del partido en el Parlamento y seguir consiguiendo mejoras para la clase obrera

Creía en una opción internacional alejada de particularismos y nacionalismos, en la que las masas obreras, solidariamente, tomaran el poder hasta entonces en manos del capital, verdadero enemigo a combatir.

Son frecuentes sus críticas al militarismo e imperialismo alemán. Para ello, plantea la organización de una huelga general de los trabajadores para así evitar la guerra. El líder socialdemócrata alemán, Kautsky se opone y no se desarrolla tal huelga, acabando con la ruptura entre ambos.

Rosa Luxemburgo plantea que la II Internacional incluya en su proyecto político el objetivo de “Huelga general  política” y que la pueda llevar a cabo cuando surja el momento adecuado. Este proyecto nunca es aceptado y anticipa su reformismo político y su posterior posición en torno a la I Guerra Mundial.

La socialdemocracia europea siempre limitaba sus objetivos huelguísticos a huelgas parciales de corte económico. Para Rosa Luxemburgo es la clase obrera rusa la que demuestra la potencia de la huelga general como método de acción, que se puede ir mucho más allá de la lucha económica parcial, ampliándola a huelgas generales y revolucionarias, permitiendo que sectores sociales más atrasados se puedan unir a estas acciones.

La clase trabajadora rusa con el uso de la huelga general y la sublevación armada a través de los soviets de diputados obreros, marcan el camino para los sectores de la socialdemocracia europea más revolucionaria

A lo largo de los años 1904-1906, padeció tres encarcelamientos, debido a su actividad política. En 1907, participó en el V Congreso del Partido Obrero Socialdemócrata Ruso celebrado en Londres, donde tuvo un largo encuentro con Lenin.

A finales de la primera década del siglo XX, impartió clases de economía y marxismo, y fue alumno suyo Friedrich Ebert (socialdemócrata), que fue el primer presidente de la República de Weimar, fue bajo su gobierno cuando la mataron las fuerzas que él dirigía.

En su obra “La acumulación del capital” hace una crítica profunda a Karl Marx y su argumentación parte de las predicciones de éste acerca de las crisis cíclicas  del capitalismo. Marx pensaba que el capitalismo, como sistema económico y político basado en el crecimiento y la búsqueda constante del beneficio, debía colapsarse en algún momento por saturación.

Sin embargo, mucho después de la muerte de Marx,  se da cuenta de  que las crisis periódicas del capitalismo parecen aplazarse o se solventan sin producir grandes sobresaltos en el sistema. Rosa Luxemburgo explica que esto se debe a la existencia del colonialismo tan de boga en ese momento histórico, hallando que el crecimiento de las potencias capitalistas encontró una vía de expansión en las colonias, que al mismo tiempo les daban una gran cantidad de materias primas a muy bajo coste y servían también de mercado donde colocar sus productos manufacturados.

[Lo más notable de esto es que todos los afectados, el conjunto de la sociedad, consideran y tratan a la crisis como algo fuera de la esfera de la voluntad y el control humanos, un golpe fuerte propinado por un poder invisible y mayor, una prueba enviada desde el cielo, parecida a una gran tormenta eléctrica, un terremoto, una inundación. (Rosa Luxemburgo)]

También trabajó en las primeras teorías sobre el imperialismo, que posteriormente también serían desarrolladas por Lenin. Pero lo que planteó Lenin sobre el imperialismo provocó fuertes críticas de Rosa Luxemburgo, sobre todo en aspectos como la democracia en el partido y la dictadura del proletariado. Este proponía un menor dirigismo y una mayor integración de las bases en la dinámica partidista. Plantea una feroz crítica a la concepción centralista y autoritaria del partido de revolucionarios profesionales, que defendía el comunismo ruso y Lenin a su cabeza

Tras el atentado de Sarajevo, del 28 de junio de 1914, donde fallecieron el archiduque Francisco Fernando y su esposa, la guerra parecía ya inevitable. Rosa Luxemburgo llama a los trabajadores a la objeción de conciencia al servicio militar y a no atender los llamamientos a filas del ejército. Esta propuesta le costó un año en las cárceles alemanas.

El 28 de julio de 1914, comienza la primera Guerra Mundial. Alemania declara la guerra, el 3 de agosto, siendo aprobada está declaración de guerra por unanimidad en su Parlamento, contando con el apoyo del Partido socialdemócrata alemán, el cual prometió abstenerse de declarar huelgas generales, mientras durase la guerra. Esto supuso un gran fracaso personal para Rosa Luxemburgo, que se oponía frontalmente a la guerra pues sabía perfectamente las consecuencias que esta tendría.

Junto con otros dirigentes socialdemócratas fundó, en agosto de 1914, el grupo político Internacional, que llevaría posteriormente a la creación, en enero de 1916, de la Liga Espartaquista.

En la constitución de la Liga Espartaquista pronuncia estas palabras: “La historia es el único maestro infalible, y la revolución la mejor escuela para el proletariado. Ellas aseguran que las pequeñas hordas de los más calumniados y perseguidos se conviertan, paso a paso, en lo que su visión del mundo les destina: la luchadora y victoriosa masa del proletariado socialista y revolucionario”.

Esta constante lucha por detener la Primera Guerra Mundial provocó, que en junio de 1916, fuera detenida, permaneciendo dos años y medio en la cárcel. Al principio en la cárcel de Poznan y posteriormente fue trasladada a la cárcel de Breslau. Este tiempo de reclusión fue aprovechado por Rosa para escribir varios artículos que serían su referencia doctrinal.  De ellos destaca “La revolución soviética”, donde critica ampliamente el modelo bolchevique advirtiendo, que este modelo acabaría en una dictadura. En este artículo, cabe destacar la frase “la libertad siempre ha sido y es la libertad para aquellos que piensan diferente”.

También cabe mencionar el artículo “la crisis de la socialdemocracia”.

A raíz de la intervención de los Estados Unidos en la primera Guerra Mundial en el año 1917, la situación bélica cambia de forma radical. La Liga Espartaquista de Rosa Luxemburgo pasa a formar parte del Partido Socialdemócrata Independiente de Alemania. Momento en que se produce la abdicación del Kaiser Guillermo II.

En su obra “El comienzo”, empieza a agitar a las  masas para una revolución social “la abolición de la ley del capital, la implantación de un orden social socialista, esto y nada más, es el tema histórico de la presente revolución. Es una formidable empresa, que no puede desarrollarse en un abrir y cerrar los ojos simplemente mediante decretos desde arriba. Sólo puede llevarse a cabo a través de la acción consciente de las masas trabajadoras en la ciudad y en el campo, sólo mediante la más alta madurez intelectual y un inmarchitable idealismo puede ser conducida seguramente a través de todas las tempestades hasta arribar a buen puerto”.

El 4 de noviembre de 1918, se produce la llamada “revolución de noviembre”, que tiene su centro en la ciudad costera de Kiel, donde 40.000 marineros e infantes de marina toman el control del `puerto por negarse a que se produzca un nuevo enfrentamiento de la marina alemana con la británica, cuando la guerra se encuentra totalmente pérdida.

El 8 de noviembre de 1918, se crean Comités de trabajadores/soldados que controlan la mayor parte del oeste de Alemania y siguen con un modelo organizativo parecido a los sóviets rusos, creando la República de Consejos. En esta fecha, sale liberada de la cárcel Rosa Luxemburgo, que vuelve a reorganizar la Liga Espartaquista. Se edita el periódico “Bandera Roja”, que tiene como objetivos inmediatos la amnistía para los presos políticos y la eliminación de la pena de muerte.

Esta unión en torno  a la República de Consejos se rompe rápidamente por la postura del Partido Socialdemócrata alemán. Esto hace, que diversos grupos políticos formados por socialistas, comunistas y entre ellos la Liga Espartaquista, crearán el Partido Comunista de Alemania, el uno de enero de 1919, jugando un papel muy importante Rosa Luxemburgo.

En enero de 1919, vuelve nuevamente un proceso revolucionario, al que Rosa Luxemburgo se opone porque es consciente de que va a fracasar. Así sucedió e hizo que la República de Weimar practicara una fuerte y cruel represión dirigida por el líder socialdemócrata Friedrich Ebert, que provocó grandes redadas contra el Partido comunista alemán. Rosa Luxemburgo es detenida, el 15 de enero de 1919, siendo asesinada el mismo día, cuando un soldado le destroza el cráneo con un culatazo de su fusil.

Las últimas palabras conocidas de Rosa Luxemburgo, escritas la noche de su muerte, fueron sobre su confianza en las masas, y en la inevitabilidad de la revolución:

«El liderazgo ha fallado. Incluso así, el liderazgo puede y debe ser regenerado desde las masas. Las masas son el elemento decisivo, ellas son el pilar sobre el que se construirá la victoria final de la revolución. Las masas estuvieron a la altura; ellas han convertido esta derrota en una de las derrotas históricas que serán el orgullo y la fuerza del socialismo internacional. Y esto es por lo que la victoria futura surgirá de esta derrota.’ ¡El orden reina en Berlín!’ ¡Estúpidos secuaces! Vuestro ‘orden’ está construido sobre la arena. Mañana la revolución se levantará vibrante y anunciará con su fanfarria, para terror vuestro: ¡Yo fui, yo soy, y yo seré!»

Su cuerpo fue arrojado aun canal. El 31 de mayo su cuerpo es encontrado y se le entierra el 13 de junio de 1919. Rosa Luxemburgo es conocida como “la Rosa Roja”.

Entre sus obras de referencia cabes destacar el libro de 1899 ¿Reforma social o revolución? Publicó “La acumulación del capital” en el año 1913 y posteriormente “La revolución rusa”. También hay que mencionar su activa participación en la prensa de la época, con numerosísimos artículos, que marcaron todo su pensamiento revolucionario.

Rosa Luxemburgo fue una de las pocas mujeres, que jugó un papel dirigente muy importante en la Segunda Internacional. Fundadora de la III Internacional, en un momento que lo masculino era lo dominante en estos instantes históricos, recordándonos como la misoginia, que era tradicional en movimientos burgueses y en todo tipo de instituciones también se daba en el movimiento obrero de aquella época.

Rosa es un personaje ya histórico muy reivindicado desde distintos sectores, porque su vida es de una total entrega y sacrifico. Nunca buscó su beneficio personal o una posición segura. Tiene convicciones y no las abandona ante los obstáculos. Se le identifica como una libertaria o una persona romántica, pero la realidad es que era una militante consciente. Así, cuando estalla la revolución rusa, se emociona, período que se encontraba encarcelada y reivindica el movimiento bolchevique como aquel que se atrevió a poner fin a la Primera Guerra Mundial y a tomar el poder por métodos revolucionarios.

Mujer de vasta influencia en el ámbito del socialismo, sus aportaciones teóricas, su lucha personal y su dramática muerte contribuyeron a hacer de ella uno de los referentes de la izquierda del siglo XX.

Rosa Luxemburgo: mujer, marxista, pacifista.

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Autor: Joaquín Estefanía.

Fuente: El País, 13/01/2019

En el hotel Eden de Berlín, el soldado Runge le destroza el cráneo y la cara a culatazos; otro militar, también al servicio del capitán Pabst, la remata de un tiro en la nuca. Atan su cadáver a unos sacos con piedras para que pese y no flote, y es arrojado a uno de los canales del río Spree, cerca del puente Cornelio. No aparecerá hasta dos semanas después. El Gobierno del socialdemócrata Friedrich Ebert acababa así con la vida de Rosa Luxemburgo (RL), la más importante dirigente marxista de la historia, antigua militante del Partido Socialdemócrata de Alemania (SPD), la líder más significativa de la Liga Espartaquista y fundadora del Partido Comunista de Alemania.

Unos minutos antes, los mismos personajes habían asesinado al principal compañero de RL en su larga marcha. Karl Liebknecht, el único parlamentario que en primera instancia (año 1914) votó en el Reichstag (Parlamento) en contra de los créditos de guerra para financiar la presencia de Alemania en la Primera Guerra Mundial, iba a ser trasladado a la cárcel desde el mismo hotel, pero antes de abandonar el local donde había sido interrogado le dan dos culatazos que lo dejan aturdido y se desmaya; arrastrado hasta un automóvil, es trasladado al Tiergarten, el gran parque berlinés, donde es rematado a sangre fría con disparos de pistola y abandonado en el suelo hasta que alguien lo encuentra. “Intento de fuga”, dirá la nota oficial; la de Luxemburgo rezará: “Linchada por las masas”.

Era la noche del 15 de enero de 1919. Este martes se cumplirá el centenario de la detención y asesinato de los principales líderes de la Liga Espartaquista e iconos históricos de la revolución alemana de 1918-1919, que estalla inmediatamente después de que el Ejército germano fuese derrotado y humillado en la Gran Guerra. RL había pasado los cuatro años largos de la guerra en prisión, después de que en un mitin, en Fráncfort, hubiera pedido a los soldados, con su arrolladora oratoria, que se negasen a combatir, hermanos contra hermanos, y a los trabajadores de su país, que iniciasen una huelga general que se debía contagiar a los trabajadores de los otros países en el bando contrario, para que todos confluyesen bajo la misma bandera más allá de las patrias. Sale de la cárcel a principios de noviembre de 1918 y se une a la oleada revolucionaria que inunda las calles de las principales ciudades y, sobre todo, de Berlín. Dos años antes, en otro mitin, el 1 de mayo de 1916, en medio de la conflagración, Liebknecht finaliza su arenga al grito de “¡Abajo la guerra, abajo el Gobierno!”. También es detenido y pasa en prisión dos años y medio. Sale el 23 de octubre de 1918.

A partir de ese momento, a los dos dirigentes espartaquistas les quedaban apenas dos meses de vida, y dedican sus fuerzas a publicar un periódico (La Bandera Roja) y a fundar el Partido Comunista de Alemania (KPD). Se convierten en objeto del desprecio y del odio de sus antiguos compañeros de la socialdemocracia, que gobernaban en Alemania desde unas semanas antes. Odio mortal. El historiador Sebastian Haffner (La revolución alemana de 1918-1919; Historia Iné­dita) escribe que el asesinato de RL y de Liebknecht se planeó, como tarde, a principios de diciembre de 1918 y se ejecutó de forma sistemática. Aparecieron carteles en los postes de las calles que decían: “¡Obreros, ciudadanos! ¡A la patria se le acerca el final! ¡Salvadla! Se encuentra amenazada y no desde fuera, sino desde el interior, por la Liga Espartaquista. ¡Matad a sus líderes! ¡Matad a Liebknecht! ¡Entonces tendréis paz, trabajo y pan!”. Firmado: “Los soldados del frente”. A pesar de las generalizadas amenazas, ninguno de los dos abandonó Berlín ni llevaba guardaespaldas; simplemente cambiaban de domicilio.

¿Quiénes fueron los autores intelectuales del asesinato? El protagonista material fue el capitán Pabst (quien décadas más tarde, en 1962, protegido por la prescripción del delito, habló abiertamente de lo sucedido) y su escuadrón de la muerte, pero —según el historiador Haffner— no actuaron como simples ejecutores que obedecían con indiferencia una orden, sino como autores voluntarios y convencidos de lo que hacían. La prensa burguesa y socialdemócrata difundió sin pudor sucesivas incitaciones al asesinato, mientras que los responsables socialdemócratas —Ebert, Noske, Scheidemann…— miraban hacia otro lado y permanecían callados.

Cuando RL y ­Liebknecht salen de la cárcel, los frentes alemanes de la guerra se van desmoronando y se extiende la desmoralización en las trincheras. El káiser Guillermo II se refugia en Holanda. El mismo día en que RL es liberada, el socialdemócrata Scheidemann proclama la república alemana desde un balcón del Reichstag. Ebert ocupa la presidencia, forma un Consejo de Ministros socialdemócratas moderados y pide al pueblo que abandone las calles y vuelva a la normalidad. El ala mayoritaria del SPD quería la república y las libertades, mientras que los espartaquistas pretendían la revolución proletaria, como indican las proclamas: “Ha pasado la hora de los manifiestos varios, de las resoluciones platónicas y las palabras tonantes. Para la Internacional ha sonado la hora de la acción”. Ambas facciones, reformistas y revolucionarios, lucharán encarnizadamente en las calles de Berlín, a veces edificio por edificio. El Gobierno de Ebert confía la represión de los insurrectos al socialdemócrata moderado Noske, que organiza una fuerza militar en la que permite la integración de los oficiales del antiguo Ejército monárquico. El 13 de enero había sido sofocada la insurrección espartaquista. Dos días después, acaban violentamente con la vida de sus principales líderes.

Retrato de Rosa Luxemburgo.
Retrato de Rosa Luxemburgo. ROSA LUXEMBURG STIFTUNG

RL no llegó a cumplir los 50 años. Nacida en la Polonia rusa en el año 1871 en el seno de una familia judía, pronto se dio cuenta de que la lucha por su ideario marxista sería muy reducida si se quedaba en su país y que para tener influencia debía traspasar la frontera de Alemania, donde existía el Partido Socialdemócrata (SPD) más fuerte del mundo. Para ser ciudadana alemana legal, firmó un matrimonio de conveniencia con un socialista alemán, lo que le dio derecho a la nacionalidad de ese país. A partir de ese momento, Alemania fue su principal campo de acción. En el seno de la socialdemocracia y de la Segunda Internacional, aunó teoría (multitud de artículos y libros muy importantes) y praxis (intervención en congresos, debates con muchos de los popes del marxismo —su amigo Franz Mehring la definió como “la mejor cabeza después de Marx”—, clases en la escuela de formación del partido…). En cambio, no tenía dotes organizativas. Su presencia física era una mezcla de fuerza y de ternura, de decisión y de prudencia, dicen sus biógrafos. Un dirigente judío la describe del siguiente modo: “Rosa era pequeña, con una cabeza grande y rasgos típicamente judíos, con una gran nariz, un andar difícil, a veces irregular debido a una ligera cojera. La primera impresión era poco favorable, pero bastaba pasar un momento con ella para comprobar qué vida y qué energía había en esa mujer, qué gran inteligencia poseía, cuál era su nivel intelectual”.

De su vasta producción teórica destacan los temas que forman parte de su legado y que constituyen lo que, una vez muerta Rosa, se denominó “luxemburguismo”, una escuela marxista de características propias: su pacifismo, su lucha contra el revisionismo y la defensa de la democracia en el seno de la revolución. Sus posiciones, a veces intransigentes, le hicieron polemizar con las figuras más relevantes del socialismo marxista, como Lenin, Trotski, Bernstein, Kautsky…

Recomendaba preparar a las masas para aprovechar las crisis nacionales e internacionales y asaltar el poder

 

Reivindicándose del mejor marxismo (aunque también polemizó con algunas de las ideas del Marx economista en el libro La acumulación de capital), argumentó en favor del internacionalismo como forma de pensar y de vivir. El Manifiesto comunista terminaba con la célebre fórmula de “¡Proletarios de todos los países, uníos!”, y RL y Liebknecht la hicieron suya relacionándola con la Gran Guerra. Los partidos socialdemócratas habían defendido tradicionalmente que en caso de conflicto bélico entre potencias capitalistas, los trabajadores se negarían a combatir y llamarían a la huelga general (la “huelga de masas” en la terminología luxemburguista). Pero en el momento decisivo, el SPD, el partido más grande y más influyente de la Segunda Internacional (más de un millón de afiliados), votó a favor de los empréstitos de guerra, y el resto de los partidos socialistas siguió sus pasos. Cada uno de ellos se puso detrás de sus Gobiernos. Prevaleció la patria sobre la clase social.

Ya a principios del siglo XX, en un congreso de la Internacional en París, RL presentó una ponencia de convicciones profundamente antimilitaristas, las que mantendría hasta el final de sus días. En ella se defendía que los ataques armados entre potencias imperialistas devendrían en formidables coyunturas revolucionarias. Diecisiete años después, la revolución bolchevique fue un testimonio irrefutable de esta tesis. RL recomendaba no solo una crítica abierta al imperialismo, sino que se preparase a las masas con vistas a aprovechar las crisis internacionales y las eventuales crisis nacionales generadas por aquellas para asaltar el poder. Consideraba imprescindible intensificar la acción de todos los partidos socialistas contra el militarismo.

Siete años después, en otro congreso de la Internacional, RL presenta una enmienda firmada conjuntamente con Lenin y Mártov (que luego sería el líder menchevique) que sostiene que, si existe la amenaza de que la guerra estalle, es obligación de la clase trabajadora y de los representantes parlamentarios, con la ayuda de la Internacional como poder coordinador, hacer todos los esfuerzos por evitar los enfrentamientos violentos; en el caso de que a pesar de ello se multiplicase el conflicto armado, era su obligación intervenir a fin de ponerle fin enseguida y aprovechar la crisis creada por la guerra para agitar los estratos más profundos del pueblo para “precipitar la caída de la dominación capitalista”. Estas palabras suponían una llamada a la insurrección, que fue lo que hicieron los espartaquistas en 1919, con la participación de RL.

Esa Rosa Luxemburgo, asesinada por los soldados prusianos, más que posiblemente con la complicidad activa o pasiva de sus antiguos compañeros socialdemócratas, fue despedida en su entierro por su amiga Clara Zetkin (otra espartaquista) con las siguientes palabras: “En Rosa Luxemburgo, la idea socialista fue una pasión dominante y poderosa del corazón y del cerebro; una pasión verdaderamente creativa que ardía incesantemente. (…) Rosa fue la afilada espada, la llama viviente de la revolución”.

LENIN, STALIN Y LOS MARXISMOS

J. E.

El núcleo de aliados políticos de Rosa Luxemburgo fue siempre muy pequeño. Todo lo contrario que el de sus adversarios, entre los que se encontraron muchos de los dirigentes del ala derecha de la socialdemocracia y los sindicalistas burocratizados, a los que atacó sin piedad. Pero ambos núcleos fueron blancos móviles: dependían de los momentos y de los temas. Lenin, Trotski, Kautsky, Jaurès, etcétera, fueron algunos de los marxistas legendarios que compartieron y disintieron del ideario y la práctica política de la alemana. Un ejemplo de ello fue la relación con Lenin, el líder soviético; ambos se admiraron y pactaron, pero también se criticaron.

En 1918, apenas unos meses después del triunfo de la revolución bolchevique, RL publica un folleto titulado La revolución rusa que reivindica los acontecimientos de Leningrado y Moscú, pero que critica algunos aspectos que pueden torcer su futuro, sobre todo los relacionados con el terror revolucionario (que protagonizaría en buena parte un amigo polaco de RL, que dirigiría la Cheka y la sede de la Lubianka, el sangriento Félix Dzerzhinski) y la supresión de la democracia.

En el folleto citado, RL escribe que sólo la libertad de los que apoyan al Gobierno, sólo la libertad para los miembros de un partido, “no es libertad en absoluto. La libertad es siempre libertad para el que piensa de manera diferente”. Creía que el socialismo sólo puede ser resultado del desarrollo de la sociedad que lo construye, y para ello se requiere la más amplia libertad entre el pueblo (lo que no quiere decir que no sea necesario el control político). Si se sofoca la vida política, la parálisis acabará afectando a la vida de los sóviets; sin elecciones generales, sin libertad de prensa y de reunión, sin la libre confrontación de las opiniones, la vida de cualquier institución política perecerá, se convertirá en una vida aparente en la que la burocracia será el único elemento vivo.

En su libro sobre la revolución rusa, la revolucionaria RL acierta premonitoriamente con lo que iba a suceder en la Unión Soviética, sobre todo a partir del momento en que se inicia el futuro estalinista. Algunas decenas de dirigentes del Partido, animados por una energía inagotable y por un idealismo sin límites, dirigirán y gobernarán; el poder real se encontrará en manos de unos pocos de ellos, dotados de una inteligencia singular. La aristocracia obrera será invitada de cuando en cuando a asistir a las reuniones para aplaudir los discursos de los dirigentes y votar por unanimidad las resoluciones propuestas; en el fondo será un gobierno de camarillas, una dictadura en verdad, pero no la dictadura del proletariado, sino una dictadura de un puñado de políticos. En muchos casos la realidad superó a los pronósticos luxemburguistas.

A pesar de este severo cuestionamiento, reivindica el papel histórico del partido de Lenin, siempre en contraposición con sus camaradas alemanes: “Por eso los bolcheviques representaron todo el honor y la capacidad revolucionaria de la que carecía la socialdemocracia occidental. Su insurrección de octubre no sólo salvó la revolución rusa; también salvó el honor del socialismo internacional”.

Con esta idea de la democracia se explica que Stalin no subiese nunca a Rosa Luxemburgo al altar de la iconografía máxima del socialismo. Fue una heterodoxa hasta el final de su vida.

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