Por qué la Ley Seca de EE.UU. fracasó de una manera tan espectacular

La ley seca tuvo como objetivo ilegalizar la producción y venta de alcohol en todo Estados Unidos. GETTY IMAGES

Autor: Tim Harford

Fuente: BBC, 27/10/2019

Los economistas tenemos un pequeño problema de imagen. La gente cree que descaradamente manipulamos las estadísticas, hacemos terrible pronósticos con cifras alegres y somos unos aguafiestas en los cócteles.

Es posible que parte de la culpa la tenga un hombre que, hace un siglo, probablemente fue el economista más famoso del mundo: Irving Fisher.

Fue Fisher quien infamemente declaró, en octubre de 1929, que el mercado bursátil había alcanzado «un nivel alto permanente».

Nueve días después, la bolsa de valores cayó estrepitosamente y generó el período conocido como la Gran Depresión.

En cuanto a los cócteles, lo más bondadoso que se puede decir de Fisher es que era un anfitrión generoso.

Como registra Mark Thorton en su libro «La economía de la prohibición», un invitado de Fisher escribió: «Mientras yo devoraba una sucesión de deliciosos platos, (Fisher) cenaba con un vegetal y un huevo crudo».

Era un fanático del buen estado físico, que evitaba el consumo de carne, té, café y chocolate.

Tampoco bebía alcohol y era un ardoroso partidario de la prohibición, la medida de las autoridades estadounidenses de vetar la producción y venta de alcohol, que empezó en 1920.

Fue un cambio extraordinario que hizo que la quinta industria más grande del país de repente se volvió ilegal.

Fisher predijo: «(Quedará) escrito en la historia como el comienzo de una nueva era en el mundo, de cuyo logro esta nación estará siempre orgullosa».

Añadió que no podía encontrar a un solo economista dispuesto a oponerse a esa política en un debate.

Irving Fisher
Image caption Irving Fisher creía que la ley seca marcaría «el comienzo de una nueva era en el mundo».

De hecho, la prohibición resultó ser tan acertada como su vaticinio del alto nivel permanente de la bolsa, pues hoy los historiadores la consideran un fracaso.

La ley fue violada tan ampliamente que el consumo descendió apenas en una quinta parte.

Fue finalmente anulada en 1933, cuando, en una de sus primeras medidas, el nuevo presidente Franklin D. Roosevelt legalizó la cerveza, provocando la aclamación de muchedumbres frente a la Casa Blanca.

Productividad versus borrachera

Las raíces de la ley seca en EE.UU. se pueden rastrear a la religión, teñida tal vez con un poco de esnobismo clasista.

Pero la verdadera preocupación de los economistas era la productividad.

¿No serían las naciones sobrias mucho más competentes que aquellas con una fuerza laboral borracha?

El primer cargamento de cerveza "legal" llega a la Casa Blanca, después del fin de la prohibición en abril de 1933.
Image caption El primer cargamento de cerveza «legal» llega a la Casa Blanca, después del fin de la prohibición en abril de 1933.

Para confirmar la teoría, parece ser que Fisher se tomó algunas libertades con las cifras. Sostuvo, por ejemplo, que la prohibición representaba US$6.000 millones para la economía estadounidense.

El problema es que la cifra no surgió de un cuidadoso análisis.

Fisher empezó con los reportes de unos cuantos individuos a los que un trago fuerte con el estómago vacío los hacía 2% menos eficientes.

Luego supuso que los trabajadores habitualmente ingerían cinco tragos fuertes antes de iniciar labores, así que multiplicó ese dos por cinco y concluyó que el consumo de alcohol rebanaba 10% de la producción.

Cifras dudosas, por decir lo menos.

Tal vez los economistas no hubieran quedado tan sorprendidos por el fracaso de la ley de prohibición si hubieran podido saltar medio siglo hacia el futuro para conocer las perspectivas del Nobel de economía Gary Becker sobre «crimen racional».

Crimen y demanda

Becker observó que volver algo ilegal simplemente añadía otro costo que la gente racional sopesaría con otros costos y beneficios, en este caso, la multa por violar la ley modulada por la probabilidad de ser encontrado con las manos en la masa.

Ilustración de dos profesionales estadounidenses bebiendo en una casa suburbana, cerca de 1945
Image caption¿Es verdad que un trago al día puede reducir la productividad?

Hablaba en serio: la primera vez que lo conocí, estacionó su auto de una manera que podría ser multado. «No creo que se fijen mucho», me dijo, reconociendo con una sonrisa que había cometido un crimen racional.

«Los criminales racionales», dijo Becker, «proveerán bienes al precio que se ajuste».

Si los consumidores pagan ese precio depende de lo que los economistas llaman elasticidad de la demanda.

Imaginémonos, por ejemplo, que el gobierno prohíba el brócoli. ¿Se pondrían unos «contrabandistas» a cultivar brócoli en jardines escondidos para venderlo en callejones oscuros a un precio inflado?

Es poco probable, porque la demanda de brócoli es elástica: si su precio sube, la mayoría de nosotros compraría coliflor o repollo a cambio.

Pero resulta ser que con el alcohol, la demanda es inelástica: así suba el precio, muchos todavía lo pagarían.

El presidente de EE.UU., George Bush, coloca la Medalla Presidencial de Libertad al premio Nobel de economía de 1992, Gary Becker
Image captionGary Becker recibió la Medalla Presidencial de Libertad de EE.UU. en 2008 por su trabajo en teorías económicas.

La prohibición fue una bonanza para criminales racionales como Al Capone, que defendió su contrabando en términos empresariales.

«Le doy al público lo que el público pide», declaró. «Nunca he tenido que enviar vendedores agresivos. Nunca hubiera podido dar abasto».

Los mercados negros también cambian los incentivos de otras maneras.

Tus competidores no te pueden llevar a juicio, así que, ¿por qué no utilizar cualquier medio necesario para establecer un monopolio local?

La teoría mayormente aceptada de que la violencia delincuencial subió súbitamente después del establecimiento de la ley seca ayudó a su derogación.

Cada cargamento de artículos ilegales conlleva algún tipo de riesgo, así que,¿por qué no volverte más eficiente haciendo tu producto más potente?

Durante la prohibición, el consumo de cerveza cayó frente al de bebidas espirituosas. Cuando se derogó la ley, esa tendencia se revirtió.

Al Capone
Image captionAl Capone no fue condenado por contrabando, sino por evasión fiscal en 1931.

Y, ¿por qué no cortar costos reduciendo la calidad? Si estás destilando ilegalmente un aguardiente casero, no tienes que incluir tus ingredientes en la etiqueta.

Prohibiciones

Estados Unidos no fue el único país en ensayar con una ley seca. Otros incluyeron Islandia, Finlandia y las islas Feroe. Hoy en día las naciones que imponen una veda estricta al alcohol tienden a ser islámicas.

Otras tienen restricciones parciales. En Filipinas y algunas partes de América Latina, por ejemplo, no hay venta de alcohol durante elecciones, tampoco en Tailandia durante festivos budistas, con la excepción de la zona franca de los aeropuertos.

En EE.UU. todavía hay condados «secos» y las llamadas «leyes azules» que prohíben su venta los domingos.

Esas leyes inspiraron al economista Bruce Yandle a acuñar un término que se ha vuelto común en una rama de la economía llamada teoría de la elección pública: «contrabandistas y bautistas (de la denominación religiosa)».

La idea es que las regulaciones frecuentemente están apoyadas por una sorpresiva alianza entre moralistas magnánimos y cínicos con ánimo de lucro.

Pensemos en las prohibiciones contra la marihuana. ¿Quién las apoya?

De acuerdo a la teoría de Yandel, los «bautistas» son los que creen que la marihuana es mala.

En cambio, los «contrabandistas» son los criminales racionales que se lucran de las drogas ilícitas, tal como cualquier otro que tenga un interés económico en las leyes antidrogas, como los burócratas que reciben sueldo para hacer cumplir las leyes.

Planta de marihuana
Image captionEl consumo de marihuana se ha despenalizado en muchos lugares.

En años recientes, esa alianza se ha debilitado: la marihuana ha sido legalizada o despenalizada desde California hasta Canadá, de Austria a Uruguay.

Acalorados debates continúan en otros países. Si se va a imponer un costo a los productores de marihuana, ¿debería hacerse aplicando leyes contra la venta de marihuana o haciéndola legal y gravarla con un impuesto?

En Reino Unido, el Instituto de Asuntos Económicos, un centro que estudia el libre mercado, ha analizado las cifras sobre la demanda elástica de la marihuana.

Calcula que un impuesto de 30% erradicaría casi por completo el mercado negro, recaudaría casi US$1.000 millones para el gobierno y llevaría al consumo de drogas más seguras, de la misma manera que la derogación de la ley seca condujo a la producción de bebidas alcohólicas más seguras.

En la actualidad no es difícil encontrar economistas que se opongan a la prohibición de la marihuana: por lo menos cinco premios Nobel han hecho un llamado para poner fin a la «guerra contra las drogas», instando en su lugar a «políticas basadas en evidencia y sustentadas por rigurosos análisis económicos».

Naturalmente, esa evidencia se centra en la productividad. Algunos estudios concluyen que la marihuana afecta las funciones; otros no encuentran efecto alguno.

Un caso atípico y un poco improbable encontró que fumarse un «porro» proporcionaba un impulso a corto plazo a la producción horaria de trabajadores.

Uno se pregunta qué reacción tendría Irving Fisher a eso.

La huelga de las trabajadoras de Perkin Carpet en 1886

 Noticia publicada por El Socialista en 1886. (Archivo El Socialista)

Autor: Eduardo Montagut

Fuente: Nueva Tribuna 22/10/2019

En nuestro interés por profundizar en el movimiento obrero femenino nos acercamos, aunque sea brevemente, a una huelga de trabajadoras norteamericanas a finales del año 1886. Hemos empleado como fuente el número 43 de El Socialista.

El periódico obrero socialista español se hacía eco de una noticia consultada en el periódico The Socialist, órgano del Partido Obrero. Al parecer, 128 trabajadoras jóvenes se habían puesto en huelga en la fábrica de Perkin Carpet en Brooklyn (New York) en noviembre de 1886.

El motivo del conflicto no había sido salarial sino por el maltrato que estaban padeciendo por parte de quienes dirigían los trabajos en la factoría. La huelga era apoyada por la Asociación de los Caballeros del Trabajo.

Los socialistas españoles aprovecharon la noticia para recordar que la explotación burguesa se manifestaba en todas partes de igual manera, en repúblicas, monarquías e imperios. Ninguna de las formas de gobierno impedía a los que poseían los medios de producción arrebatar a los trabajadores una parte de su trabajo, explotar a los niños y mujeres, y valerse de la miseria para convertirlas en objetos o instrumentos de placer. En esa época se hicieron muchas referencias en El Socialista sobre el movimiento obrero norteamericano, tanto por la importancia que estaba adquiriendo –recordemos el año de esta noticia y su repercusión en la historia-, como para demostrar que en la República de los Estados Unidos, a pesar de su estructura política democrática, se explotaba al obrero de la misma forma que en sistemas políticos monárquicos, siguiendo la línea socialista contraria al republicanismo español, acusado de burgués.


Además del número citado del periódico socialista español como fuente es muy recomendable la consulta del trabajo de Kambach, Allyson B., «Arenas of negotiation: defining women’s roles in labor periodicals» (1996). Theses and Dissertations. Paper 432, donde alude a este conflicto, y que podemos consultar en la red.

La madre de la química moderna que lo perdió (casi) todo en la Revolución Francesa

 Marie-Anne Pierrette Paulze

Autora: Rocío Benavente

Fuente: Nueva Tribuna, 5/10/2019

Durante la Revolución Francesa muchas ideas y conceptos que hoy damos por básicas en nuestro mundo nacieron o evolucionaron de forma fundamental. Entre ellas se encuentran las bases de la química moderna, que en este momento y de la mano de dos personajes, dio los pasos que separaban la alquimia de una ciencia moderna, racional y exacta. Uno de esos personajes fue Marie-Anne Pierrette Paulze, apodada precisamente la “madre de la química moderna” porque estuvo directamente implicada en la creación y modelado de esas ideas.

Pierrette Paulze nació en 1758 en Loire, en una familia de aristócratas de los que fue la única hija entre cuatro hermanos. Su madre murió cuando ella tenía tres años y su padre decidió que creciese en un convento, algo que se convirtió de hecho en una puerta a un mundo culto e ilustrado, ya que era en estos sitios donde más fácil resultaba recibir una educación de calidad en aquella época. En ese entorno y gracias a sus capacidades, su formación fue sólida y completa: aprendió varios idiomas, entre ellos inglés y latín, además de formarse en pintura hasta convertirse en una dibujante y grabadora con talento. Todo esto le serviría después en sus trabajos científicos.

Un matrimonio científico

Al llegar a la adolescencia el matrimonio era el objetivo, y no le faltaban candidatos. El principal, un hombre que le triplicaba la edad, el conde de Amerval, al que ella definió como “un tonto, un insensible rústico y un ogro”. Sin embargo, su padre, buscando un pretendiente algo más acorde a los gustos y personalidad de su hija, acordó finalmente casarla con Antoine Laurent Lavoisier, que solo tenía el doble de años (ella 14, él 28). A pesar de que seguía siendo una diferencia de edad notable, ambos se entendieron bien desde el principio, compartían intereses intelectuales y durante años su unión fue feliz y fructífera.

M. y Mme Lavoisier de Jacques-Louis David, 1788 (Museo Metropolitano de Nueva York). Imagen: Wikimedia Commons.

Antoine era ya un conocido científico y Marie-Anne comenzaría a trabajar con él, recibiendo y ampliando su educación formal en áreas científicas de la mano de renombrados químicos de la época y convirtiéndose en compañera de trabajo imprescindible de su marido. “La señora Lavoisier poseía una inteligencia arrolladora y no tardaría en trabajar productivamente al lado de su marido. A pesar de las exigencias del trabajo de él (abogado y economista y más adelante nombrado administrador de la pólvora del Arsenal de París) y de una activa social, conseguían la mayoría de los días dedicar cinco horas a la ciencia, así como todo el domingo”.

Desmontando la idea del flogisto

Como decíamos al principio, el trabajo de ambos fue esencial para la modernización de la química. Sus trabajos se centraron en la idea del flogisto que, proveniente de la alquimia, era central en los conceptos químicos de entonces. El flogisto era el nombre que recibía un supuesto elemento presente en los compuestos inflamables y que se liberaba durante la combustión. El flogisto era algo imposible de medir con precisión y que daba a los elementos que se quemaban propiedades difíciles de predecir, manteniendo a esa química incipiente en un estado confuso y con cierta irracionalidad.

Antoine, asistido siempre por Marie-Anne, criticó estas nociones y demostró que los elementos cuando arden responden a unas variaciones medibles y predecibles, aportando racionalidad y claridad a este aspecto de la química. Entre ambos y en colaboración con otros científicos de su época desarrollaron una nomenclatura sistemática para referirse a las sustancias químicas y sus compuestos, ampliando esa racionalidad científica que la química adolecía hasta entonces.

Traductora crítica, dibujante detallista

Dentro de su colaboración, el trabajo de Marie-Anne sentó las bases de los avances que podría lograr su marido, entre otras cosas porque gracias a sus conocimientos de latín e inglés tradujo para él obras fundamentales en el campo en el que trabajaba, principalmente el Ensayo sobre Flogisto de Richard Kirwan. Pero no se limitó a traducir de forma aséptica, sino que a medida que se iba formando introducía notas críticas sobre los errores químicos que ella percibía en el texto.

Experimentos sobre respiración humana. Dibujo de Madame Lavoisier, que muestra a la autora tomando notas en una mesa cercana. Imagen: Wikimedia Commons.

También su formación como pintora fue extremadamente útil en su tarea. Durante el día, el matrimonio Lavoisier pasaba horas en el laboratorio, él llevando a cabo experimentos y ella anotando observaciones, protocolos y resultados de forma metódica, además de dibujando diagramas y esquemas de los aparatos que utilizaba y sus diseños experimentales. Fueron trabajos tremendamente prácticos a posterior a la hora de entender los resultados del trabajo que hicieron. Ella se encargaría también más adelante de editar y organizar la publicación de los informes que elaboraban a partir de sus investigaciones. A pesar de ello, ella nunca incluyó su nombre en esas publicaciones.

La Revolución Francesa y el Terror

Lamentablemente, así como la Revolución Francesa sirvió de chispa que dio luz a esta época de avance científica, también tuvo en ella un impacto devastador. En 1973, durante la etapa llamada Reinado del Terror, Antoine fue acusado de traición debido a sus anteriores puestos de trabajo. El 28 de noviembre de ese año fue arrestado y encarcelado en la prisión de Port-Libre. Marie-Anne le visitaba con regularidad y trató de liberarle defendiéndole ante su acusador, que tenía a su vez el poder de liberarle. Utilizó entre sus argumentos la importancia de sus trabajos científicos y la gran repercusión que tendrían para Francia.

No sirvió de nada. El 8 de mayo de 1794, Antoine fue ejecutado en París, el mismo día que lo fue también el padre de Marie-Anne. Ella misma pasó un tiempo en prisión y todos sus bienes fueron confiscados. Tras la muerte de Antoine, ella siguió trabajando para recopilar todos sus resultados y, tras no encontrar un editor interesado, los publicó ella misma en 1803.

Marie-Anne volvió a casarse, esta vez con un científico inglés llamado Benjamin Thompson, conde de Rumford. Sin embargo, ella siempre mantuvo el apellido Lavoisier y la relación nunca fue la misma que la que tuvo con Antoine. Thompson nunca invitó a Marie-Anne a colaborar con él, su vida matrimonial y social nunca fue igual de feliz y al final terminaron divorciándose.

La casa de Marie-Anne siguió siendo hasta su muerte un lugar de encuentro de científicos e intelectuales donde se mantenían apasionadas conversaciones científicas. Falleció en 1836 a los 78 años.

Referencias

Marie-Anne Pierrette Paulze,Wikipedia

María Angélica Salmerón, Marie-Anne Paulze Lavoisier y el nacimiento de la química moderna, La ciencia y el hombre vol XXIII, no. 1, 2010

Adela Muñoz Paéz, Madame Lavoisier: la madre de la química moderna, Redes no. 8, 68-69

Espectros del Fascismo. Curso-seminario sobre el pasado y el presente de la extrema derecha

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Fuente: socialescepcor.wordpress.com 

Comenzamos las actividades de la asesoría del ámbito cívico-social del CEP de Córdoba con una propuesta de gran inteŕes y actualidad. Se trata de un curso-seminario sobre la extrema derecha, pasado y presente. En esta actividad pretendemos hacer una reflexión sobre diversos aspectos de esta ideología que, tras su derrota en 1945, parecía haber desaparecido pero que, como estamos viendo en la actualidad, ha vuelto con mucha fuerza. ¿Es el mismo Fascismo o se trata de una nueva ideología inspirada en aquella y adecuada a las nuevas condiciones y problemática del siglo XXI?.

El curso-seminario está dirigido tanto al profesorado de Ciencias Sociales como al de Filosofía. en él participarán profesores y especialistas del tema como Álvaro Castro, autor de una tesis sobre el pensador gaditano José Permartín , uno de los promotores del pensamiento reaccionario español de la época franquista; el profesor de la Universidad Complutense de Madrid José Luis Villacañas, autor de una amplia obra de carácter filosófico e histórico y el periodista y ensayista Esteban Hernández , autor de diversos ensayos sobre la derecha española y el surgimiento de nuevos partidos de izquierda como es el caso de Podemos.

Se pretende que sea una actividad participativa y reflexiva, en la que los asistentes debatan con los ponentes sobre estos aspectos de gran interés tanto desde el punto de vista histórico como político y puedan llevarse a sus clases las conclusiones que de esteos debates se obtengan.

Iremos informando del desarrollo de la actividad.

Incluyo a continuación el programa de este seminario.



El clima y la historia

Autor: Juan Jesús Llodrá González

Fuente: revistadehistoria.es 9/09/2019

Durante la historia del hombre el planeta ha sufrido cambios climáticos de manera natural que han provocado cambios históricos, ya que debían adoptar nuevas estrategias de supervivencia.

Actualmente estamos viviendo un periodo interglaciar, el Holoceno, que se inició hace unos 13.000 años durante los cuales ha habido fluctuaciones en las temperaturas provocadas por fenómenos naturales que han provocado periodos fríos o cálidos, correspondiendo los periodos cálidos a momentos en los que se desarrollan grandes cambios en la humanidad, mientras que los periodos fríos son momentos de crisis.

El clima y la historia

En torno al V milenio aC, hubo un periodo cálido que provocó que las poblaciones se desplazaran a lugares cercanos a los ríos para poder obtener alimentos huyendo de la progresiva desertificación. En estos momentos surgen las primeras ciudades en Mesopotamia y el imperio Egipcio con la unificación del alto y el bajo Egipto con la figura de Narmer I (c. 3100)  creando un imperio floreciente durante siglos al no depender de las precipitaciones gracias al Nilo.Esta situación estratégica provocó numerosos conflictos en Egipto con distintas invasiones como la de los hicsos desde Palestina a mediados del II milenio, en pleno periodo cálido o la de los persas entorno al 520 en un periodo de descenso de las temperaturas que los empujaría en busca de zonas más fértiles en un momento de crecimiento de su imperio.

Durante el imperio romano encontramos un periodo cálido con inviernos templados y una humedad superior a la actual lo que facilitó el aumento de la producción de alimentos que conllevó un incremento de la población provocando la migración de campesinos a la ciudad, el desarrollo de las manufacturas y la expansión militar del imperio romano para obtener nuevos mercados.

La caída del Imperio Romano de Occidente y el inicio de la Edad Media están marcados por un descenso de las temperaturas que provoca la presión de los pueblos bárbaros en los limes romanos buscando nuevas tierras donde asentarse y el abandono de las grandes ciudades debido al descenso de producción agrícola marcado por este periodo más frío y el descenso del número de esclavos, lo que provoco un cambio del sistema productivo esclavista al servil.

En este periodo de cambios, que coincide con la peste de Justiniano (540 dC) un autor de la época, Procopio de Cesarea, informa que “el Sol estaba como apagado” y estudios dendrológicos confirman una disminución del tamaño de los anillos entre el 536 y el 550.

Este enfriamiento y disminución de las precipitaciones facilitó la aparición de epidemias, al disminuir la producción agrícola y el comercio, aumentando las migraciones de las ciudades al campo para cultivar nuevas tierras.

Entre el 900 y mediados del siglo XIV se inicia un nuevo periodo cálido, conocido como el periodo cálido medieval, es un periodo de crecimiento de la población debido a una climatología benigna que permite mejores cosechas y avances en la agricultura.

Como en el periodo de crecimiento del imperio romano observamos un aumento del comercio, es el momento de las expediciones vikingas a Groenlandia y a la costa americana, la aparición de la Hansa, el desarrollo de la Mesta en Castilla para aprovechar los abundantes pastos para las ovejas…

A este periodo cálido seguirá uno conocido como la Pequeña Edad de Hielo, que durará hasta la mitad del siglo XIX. Este periodo se iniciará con años de un aumento de las precipitaciones y un  descenso de las temperaturas que provocará malas cosechas y facilitará la aparición de epidemias como la de la peste negra de 1347 que diezmara la población europea, dificultará las rutas comerciales marítimas del norte de Europa y obligara a los vikingos a abandonar Groenlandia y sus rutas con América.

Este periodo fue convulso en Europa, aunque el frío no afecto por igual a todo el continente si que genero malas cosechas que afecto sobre todo a las clases más bajas que pasaron hambre debido a las malas condiciones climatológicas y que fueron motivo de descontento popular y una de las causas de la revolución francesa.

A finales del siglo XVII y principios del siglo XVIII cuando el clima empieza a ser más benévolo y mejoran las técnicas agrícolas se produce una revolución agrícola que permitirá un crecimiento de la población y el desarrollo de la revolución industrial que establecerá un nuevo sistema social y económico en Inglaterra que se irá extendiendo por Europa.

El final de este periodo frío fue igual que su inicio con años de grandes precipitaciones que provoco en 1846 la Gran Hambruna de Irlanda obligando a muchos irlandeses a migrar a los EEUU.

Desde este momento estamos en un periodo cálido, en el cual observamos un aumento del comercio internacional con el imperialismo europeo en África y Asia debido al aumento de la productividad provocado por la revolución industrial y la necesidad de nuevos mercados.

Podemos concluir diciendo que los periodos cálidos han provocado momentos de crecimientos de población, con el desarrollo de las ciudades y aumento del comercio internacional, con lo cual podemos establecer una cierta relación entre el clima y los cambios socioeconómicos.

En la actualidad las consecuencias del clima cálido en el hemisferio sur ha provocado un aumento de las hambrunas y esto ha generado, en parte, las revoluciones de los países del norte de África, primavera árabes, y el incremento de los flujos migratorios hacia Europa huyendo de los conflictos provocados por el hambre y de las dictaduras que se intentaron derrocar mediante las revoluciones.En el futuro los conflictos debido al calentamiento global, que aumenta de manera artificial debido a la actividad humana, afectaran a todo el mundo debido a la globalización incrementándose las disputas entre los países por el control de los recursos, ya hay disputas entre países por la construcción de presas en los grandes ríos, el control de acuíferos y el aumento de refugiados que huyen de lugares donde se producen hambrunas debido a las sequías extremas.

William Ogilvie en el socialismo agrario

Autor: Eduardo Montagut

Fuente: nuevatribuna.es 4/10/2019

En esta pieza nos acercamos a la figura y obra de un socialista agrario británicoel escocés William Ogilvie de Pittensear (1736-1813 0 1819).

Nuestro protagonista fue profesor de literatura clásica en la Universidad de Aberdeen (Escocia), aunque su pasión fue la agricultura, tanto en lo referente a la estructura de la propiedad como a los aspectos más técnicos o agrícolas.

Ogilvie ha dejado una obra que condensa sus ideas, Ensayo sobre el Derecho de Propiedad sobre la Tierra, publicada de forma anónima en el año 1782, aunque luego se reeditaría en 1838. Para Ogilvie, la propiedad era el origen de la miseria de los campesinos, siendo la principal causa de la infelicidad de los hombres, más que la tiranía de los reyes, el poder del clero o los “enredos” de los hombres de leyes. Todos los hombres tenían un derecho inalienable a una parte igual del suelo. El Estado tenía la obligación de hacer respetar esta ley natural. Es evidente la influencia de Locke, pero también de la fisiocracia francesa, porque Ogilvie defendía que la agricultura era la fuente de la riqueza más que la manufactura, y porque valoraba el trabajo y las mejoras introducidas por el agricultor. Así pues, estaba conjugando o conciliando igualdad con trabajo. Esta sería su principal aportación a la Historia del socialismo.

Ogilvie no profundizó mucho más allá, y en sus formulaciones había un evidente arcaísmo, especialmente cuando no valoraba la producción industrial, pero estaba invocando un nuevo orden social porque defendía la distribución del suelo y de los productos de la tierra, acabando con el monopolio de los terratenientes. Ese orden estaría formado por agricultores con pequeñas propiedades inalienables y hereditarias. Algún autor ha señalado que Ogilvie no estableció ni un método revolucionario ni reformista para realizar lo que proponía; todo se cifraba en la voluntad.

Ogilvie tuvo gran influencia entre los cartistas unos decenios después. Recordemos que en plena implosión del cartismo se reeditó su obra.

La memoria de Annual: una incierta gloria

El general Berenguer y su Estado Mayor. Postal de la época. Colección particular.

Autor: JOAN PALOMÉS

Fuente: ctxt.es 24/09/2019

La patria está en peligro, dicen en el Congreso de los Diputados. Y esos mismos apelan a nostalgias nocturnales. Los Reyes Católicos velan las esencias y los redobles de los Tercios de Flandes apuran el sueño. La derecha se refuerza con espadones. Vox, por ejemplo, ha presentado cinco generales como cabezas de lista en las elecciones generales. La patria está en peligro…

La Ley de Memoria Histórica, tantas veces diferida, tantas veces cuestionada, es la bestia negra de una narrativa que dormitaba en el mausoleo del Valle desde la Transición y que resurge, ahora ya sin escrúpulos, para reivindicar la historia fascista plasmada en aquella parcial “Causa General instruida por el Ministerio Fiscal sobre la dominación roja en España” de 1940. Sólo existe una verdad, la de los vencedores –que todavía lo son– y que debiera quedar atada y bien atada. “Quien controla el pasado controla el futuro; quien controla el presente controla el pasado”, decía George Orwell.

España es tierra de excelsas impunidades y notables falsificaciones. El siglo XX, todo él, es una buena prueba de ello. Se consagran las gestas épicas y los contados héroes entorchados, pero se omiten las muchas vergüenzas y los numerosos descalabros con miles y miles de muertos a costa del pobrerío. Las guerras de Marruecos y la dolorosa aventura colonial española en África están trufadas de desastres silenciados y responsabilidades olvidadas. El Protectorado de Marruecos, al fin y al cabo, marcó las horas de la política española durante cincuenta años: 25.000 soldados muertos, la Semana Trágica y otras revueltas, las recurrentes crisis gubernamentales con 15 presidentes de Gobierno entre 1917 y 1923, el fin de la Restauración borbónica y el exilio de Alfonso XIII, la dictadura de Primo de Rivera, las tensiones en el seno del ejército entre africanistas y junteros… De Melilla salen las primeras tropas sublevadas contra la República y los generales africanistas son golpistas, salvo algunas excepciones que se mantuvieron fieles al gobierno (Riquelme, Miaja…).

El Protectorado

La entrada española en la rapiña africana fue accidental. A la greña franceses, británicos y alemanes en el expolio del continente, acordaron esas potencias que la estratégica puerta del Mediterráneo –las regiones de Rif y Yebala del norte marroquí, equivalente a la provincia de Badajoz– quedara asignada a una potencia menor, decadente y sin mayores pretensiones. España estaba sumida en una depresión existencial –el unamuniano “me duele España”–  después de perder en 1898 de manera humillante los últimos jirones del Imperio de ultramar, Filipinas, Cuba, Guam y Puerto Rico, tras vergonzosas derrotas navales en Santiago de Cuba y Cavite, incompetencia militar estratégica incluida. El país había quedado sin honra ni barcos.

El tratado de Fez de 1912, en definitiva, no era más que un subarriendo a España de una zona del Protectorado francés de Marruecos, la más áspera, yerma e indómita que ni el sultán había podido domeñar y que complementaría las plazas españolas de Ceuta, Melilla, Alhucemas y Vélez de la Gomera. Así, el Protectorado español de Marruecos se percibió como una oportunidad de recuperar el prestigio nacional y el honor de un ejército desolado.

Y luego estaba eso que se denominaba “misión civilizadora”, exquisito eufemismo de las potencias coloniales para justificar el saqueo. El conocimiento científico que se tenía del territorio y los autóctonos no era excesivamente sofisticado. “El berberisco es astuto, cauteloso, sanguinario y traidor. La conmiseración y el perdón los suele tomar siempre por debilidad. Sólo el castigo le puede meter en orden y en disciplina”, se lee en el tratado de 1910 Geografía Militar de Marruecos del capitán de Infantería Antonio García Pérez. Y más adelante, reivindica con soltura las “sobradas pruebas que acreditan las excepcionales condiciones de la raza española para colonizar pueblos, por muy apartados que éstos se hallen y por muy diferentes que sean sus cualidades étnicas; las aptitudes de nuestra raza márcanse en la historia de la humanidad de modo brillante, unas veces por el genio, otras por la bravura y siempre por la abnegación más contagiosa”.

Pero España, en esos años, no estaba para demasiadas misiones civilizadoras en tierras africanas: la tasa de analfabetismo entre la soldadesca superaba el 60% y en la península, también en esos años, una comitiva encabezada por un campechano Alfonso XIII y el obispo de Coria descubría el inframundo de las Hurdes, tierra de hambre y miseria, atraso endémico, bocio y cretinismo y donde la civilización estaba ausente.

Antecedentes nada gloriosos

Las hazañas bélicas del ejército español en territorio rifeño nunca han sido especialmente gloriosas. Habría que remontarse a mediados del siglo XIX con las victorias del general Prim en Wad-Ras y Castillejos contra el sultán de Marruecos, plasmadas en los óleos de Mariano Fortuny y en el callejero de las ciudades españolas. Poco después, finalizando el siglo XIX, tiene lugar la denominada “guerra de Margallo”, donde se produce la primera desbandada de las tropas españolas frente a los rifeños en la que muere el general y gobernador de Melilla García Margallo. Refiere Manuel Ciges Aparicio en su libro España bajo la monarquía de los Borbones que fue un joven oficial llamado Primo de Rivera –el futuro dictador– quien le descerrajó un tiro en la cabeza al general por su conexión con un lucrativo negocio de venta de armas a los mismos rifeños a los que combatía. El historiador Gerald Brenan también mantiene la tesis según la cual el general y gobernador Margallo y su camarilla hicieron una cuantiosa fortuna con el contrabando de armas al enemigo. La corrupción con galones será una constante a lo largo de todo el Protectorado.

En el mes de julio de 1909 se dieron los prolegómenos de lo que vendría pocos años después. Un batallón al mando del general Pintos es sorprendido en el barranco del Lobo, en las estribaciones del monte Gurugú. La retirada vulnera las más elementales reglas de la estrategia militar y se produce la escabechina: casi 200 muertos, entre ellos el general Pintos, y 600 heridos. La historia oficial bautizó el revés como el Desastre del Barranco del Lobo. Fue el primer Desastre oficial y las coplas de luto inundarán las calles españolas:

 “Melilla ya no es Melilla,

Melilla es un matadero

donde van los españoles

a morir como corderos”.

Ese mismo mes, en Barcelona, los barrios populares se levantaron contra el sistema de leva que convertía Marruecos en un moridero de pobres. Las prácticas tan extendidas de la redención a metálico y la sustitución permitían a los hijos de las clases acomodadas y de la burguesía librarse de la guerra o ser sustituidos por otro mozo por la módica cantidad de 2.000 pesetas. Un obrero de los Altos Hornos de Bilbao ganaba en esa época 5 pesetas diarias. En 1912 esa infame práctica se “democratizó”: se derogaban las circunstancias eximentes pero nacía el soldado de cuota que a cambio de una aportación económica –entre 1500 y 3000 pesetas– tenía el privilegio de elegir destino, pernoctar en su domicilio y limitaba su estancia a cinco meses en el cuartel en lugar de los tres años que duraba el servicio militar para el resto de desdichados. Eso sí: el equipo y el uniforme corrían por su cuenta. “Hijo quinto y sorteao, hijo muerto y no enterrao”, se decía en la calle.

Juan Pando, en su memorable Historia secreta de Annual, aporta otra de las diversas maneras de escaqueo entre la oficialidad. La familia del movilizado en el Rif donaba a la unidad donde se hallaba destinado el beneficiario un coche rápido, así llamados los Ford 20HP, que costaban unas 4.000 pesetas, a condición de que el oficial o suboficial en cuestión fuese el conductor del vehículo más un ayudante por él designado. Estos rápidos cargados de jefes y oficiales huyendo hacia Melilla simbolizarían la imagen de la suprema cobardía cuando se produce el derrumbe de Annual en 1921.

Annual

El Desastre de Annual es la mayor derrota que un ejército colonial haya sufrido nunca. Entre julio y agosto de 1921, 14.000 soldados en desbandada dejaron la vida en los pedregales, veredas, vaguadas, poblados, destacamentos, blocaos y montes del Rif. “Había tantos muertos en algunas partes del trayecto entre Uestía y Río Seco que el camión tenía que ir pisando los cadáveres”, relata el soldado Vicente Garrido, testimonio recogido en el Expediente Picasso. En apenas dos meses, una amplia ofensiva de las cabilas lideradas por el líder rifeño Abdelkrim Al Jatabi, de la cabila de Beni Urriaguel, provocó la debacle que aniquiló la Comandancia General de Melilla.

Abarrán, Sidi Dris, Igueriben, Annual, Izzumar, Arruit, Zeluan, Nador… son nombres cubiertos de luto que deberían fijarse en la memoria colectiva y, sin embargo, ausentes en los libros de texto. No hay ninguna calle de Annual o plaza de Monte Arruit en las ciudades españolas. La retórica patriótica glosa las gestas heroicas, las muertes vanamente gloriosas y los oropeles del valor pero omite con pudor la cobardía y el pavor del mando, la ineptitud del general, la corrupción del oficial, la incompetencia de la comandancia y, en fin, la responsabilidad del rey.

De Annual los patriotas recuerdan con arrobo la gesta del Regimiento de Caballería Alcántara 14, al mando del teniente coronel Primo de Rivera –hermano del futuro dictador–,  porque con sus cargas a galope tendido protegió la huida desesperada de las tropas que huían de Annual  hacia Monte Arruit a un alto precio: de un contingente de 700 hombres, apenas sobrevivió un centenar. La hazaña todavía se recuerda entre los nostálgicos. En el año 2012, noventa años después, el Consejo de Ministros decidió conceder al regimiento la Laureada de San Fernando por aquella actuación.

EL DESASTRE DE ANNUAL ES LA MAYOR DERROTA QUE UN EJÉRCITO COLONIAL HAYA SUFRIDO NUNCA

Del puñado de Laureadas que se repartieron en Annual destaca la del cabo Arenzana, que con un reducido contingente de soldados resistió durante trece días en el destacamento del Pozo nº 2 de Tistutín frente a cientos de moros aviesos. La numantina resistencia incluía asaltos a bayoneta calada, luchas cuerpo a cuerpo a cuchilladas y decenas de moros muertos. Un par de años después, durante un interrogatorio a uno de los soldados integrantes del destacamento, que hasta entonces había permanecido en el hospital, se destapa la trola. Ni épica ni gloria: que se habían rendido desde el primer día; que habían permanecido en calidad de prisioneros en el propio destacamento; que salvaron la vida a cambio de hacer funcionar el motor que sacaba el agua del pozo para la aguada de los animales de la zona; que cuando se acabó la gasolina los despojaron de todas sus pertenencias y los dejaron libres dirigiéndose hacia la zona francesa, unos kilómetros al sur. Al cabo Arenzana, ascendido a sargento, le respetaron el grado pero lo desposeyeron de la condecoración en total y absoluto silencio y discreción. El bochorno era abrumador y, al fin y al cabo, no abundaban los héroes del pueblo.

Un glorioso ejército

Y es que, en definitiva, las condecoraciones, medallas, ascensos y galones son la savia que alimenta el espíritu militar. El Ejército español era especialmente pródigo en ese capítulo, tanto como mezquino con el rancho y las alpargatas de los soldados. Entre 1909 y 1914, se produjo una verdadera tómbola de entorchados repartiéndose 132.925 condecoraciones y 1.587 ascensos por méritos de guerra, una cifra inaudita habida cuenta de las pocas victorias a reseñar o batallas memorables que recordar. El despropósito quedaba así: 54 Cruces de San Fernando, 878 Cruces de María Cristina, 28.771 Cruces Rojas del Mérito Militar pensionadas y otras 100.605 sin pensionar, amén de otros abalorios de menor calado. Ojo al dato de las cruces pensionadas tan anheladas por los señores oficiales…

Poco después, durante el Desastre del 21, los caminos y veredas que presenciaron la desbandada de las tropas quedarían regados de estrellas, galones y medallas de la oficialidad –de aquella oficialidad gloriosamente condecorada– de las que se despojaban para confundirse con los soldados de a pie. “El testigo encontró que mucha gente se acogía entre los mulos, aguardando la primera ocasión de montarlos, bajo pretexto de estar heridos o enfermos” (…) “y otros oficiales se arrancaban las divisas, las gorras y hasta los leggins, para que no conocieran su condición”, relata el teniente de Artillería Fernando Gómez López en el expediente Picasso. Otro testimonio, el del paisano Verdú, refiere que “pasaban muchos rápidos con oficiales, y a eso de las catorce del día 23, vieron llegar a dos que dijeron ser oficiales y que iban con alpargatas y guerreras de soldados, que fueron los primeros en llegar a pie, pues los anteriores pasaban en rápidos” .

El teniente coronel Fernández Tamarit, también interrogado, reconocía que “no hubo quien restableciera el orden, brillando por su ausencia el Mando. Muertos unos, arrastrados otros por el torrente, nadie pudo ni supo contenerlo” (…) “la retirada terminó en un sálvese quien pueda desdichado, fatal consecuencia de errores que eran de todos, y de los que la oficialidad del Ejército, ni aún muriendo, pueden redimir a éste”.

El expediente está repleto de testimonios relatando la inopia del Mando, incluso entre las conclusiones del propio general Picasso: “Es necesario exigir responsabilidades a cuantos, con olvido del honor militar y del prestigio de las armas, no han sabido responder al cumplimiento de sus indeclinables deberes en el general fracaso de la moral, absteniéndose, eludiendo o excusando su participación personal, suscribiendo capitulaciones incomprensibles, evadiéndose del territorio, desamparando posiciones o abandonándose a desalentada fuga presa de pánico insuperable”.

La falta de empaque ya se anticipaba en una carta del teniente coronel Fernández Tamarit al general Silvestre, comandante general: “Es una vergüenza eso de que los coroneles pasen la vida en la plaza (Melilla) o en España con permiso, rascándose la barriga, y solo suban al campo cuando va a hacerse una operación con la columna de  recompensas”. En los días críticos de julio de 1921, cuando empieza la debacle, la mitad de jefes no se encontraba en sus puestos y el general Picasso se asombra del número de permisos por enfermedad concedidos.

En cuanto a las capitulaciones incomprensibles, destaca el relato que hace el general Picasso de la rendición de Monte Arruit por el general Navarro, en ese momento Comandante General de Melilla tras la muerte –o suicidio– del general Silvestre en Annual. “El día 11 de agosto, al fin, mientras se corrían las órdenes para el desarme y salida de las tropas, a la una de la tarde, el general con algunos oficiales, buscando un lugar de sombra, salieron de la posición acompañados de unos jefes moros que, poco a poco, fueron alejándolos hasta la estación de ferrocarril, donde entraron, y en ese momento los moros irrumpieron en la posición, abriendo a traición el fuego sobre las tropas, agotadas e indefensas en su mayoría, dedicándose los moros al saqueo”. La guarnición fue aniquilada tras la salida del general y sus oficiales en busca de una sombra. En apenas treinta minutos de fuego graneado y degüello a discreción el campamento y sus alrededores quedaron sembrados con 2.600 cadáveres de desdichados. Dos años después, el general Navarro y sus oficiales, junto con otros oficiales, tropa y algunos civiles capturados en otras guarniciones, hasta alcanzar la cifra de 357, fueron canjeados a cambio de 4,3 millones de pesetas. 

Una estructura obsoleta

El ejército de la Restauración que heredó Alfonso XIII en 1902 era un ejército de camarillas y favoritos, de estómagos agradecidos y compadreo, de espadones y ambiciosos, tan anquilosado como sobredimensionado, tan costoso como anticuado. La decisiva participación de la cúpula en la vida política era proverbial y contaba con admiradores tanto entre las filas liberales como conservadoras.  El propio rey constituyó su particular lobby –quizá el más influyente junto al de los industriales– con sus allegados, gerifaltes y generales que medraron a su amparo. Un ejército pretoriano, como lo definió el historiador e hispanista Stanley Payne. De hecho, los dos grandes responsables del Desastre, los generales Dámaso Berenguer, Alto Comisario de Marruecos, y Manuel Fernández Silvestre, Comandante General de Melilla, eran gentilhombres del rey, sus compañeros de francachelas e instalados en sus cargos africanos a instancias de Alfonso XIII.

En esos años, en el escalafón figuraban 529 generales y casi 24.000 oficiales para una tropa de poco más de 100.000 hombres: un oficial por cada cuatro soldados. Una ratio delirante si la comparamos con la proporción de los ejércitos británico y francés, que era de 1 a 20. Y aún en 1921, el Anuario Militar registraba 466 generales en activo. No es extraño, pues, que entre la guerra y las onerosas mamandurrias de las charreteras el presupuesto militar de 1922 devorase el 51% de los fondos del Estado. El editorial del diario ABC, en su edición del 10 de noviembre de 1922, era rotundo al respecto: “España paga un presupuesto de guerra muy superior a sus recursos. Y, sin embargo, no hay ejército. Desde los 157 millones de pesetas en 1906, el presupuesto de guerra ha llegado a los 581 millones de 1921, que representa, en tan breve periodo, un aumento del 267%. Y no hay ejército”.

La vida alegre de Melilla

Melilla, durante el protectorado, era la perla del sur, el dinero corría a espuertas y no había compañía de variedades que se preciara que no incluyera Melilla en sus giras. Las tonadilleras Lola Montes y Concha Piquer regalaban sus coplas en el Teatro Reina Victoria y a la plaza de toros de la ciudad acudía lo más granado de la península: Juan Belmonte, Machaquito…  En el barrio del Real abundaban los prostíbulos de tronío para los jefes y oficiales y eran legendarias las casas de juego, las apuestas y las timbas en las que los militares con galones derrochaban auténticas fortunas. El juego y la corrupción, ambos muy extendidos, llegarían a ser una de las múltiples causas del hundimiento de la Comandancia General de Melilla. 

El diputado socialista Indalecio Prieto, poco después del Desastre del 21, iniciaba uno de sus discurso en el Congreso de Diputados con un “Melilla es un lupanar y una ladronera” y el diputado Crespo de Lara, tras exigir y obtener determinada información reservada al ministro de la Guerra, hizo enmudecer el Congreso: entre 1920 y 1921 “se han suicidado 47 jefes y oficiales; han perdido su carrera, por fallos del Tribunal de Honor, 63 (…) y a 144 oficiales se les había ofrecido retirarse para no ser sometidos a un Tribunal de Honor”. La mayoría de ellos a causa del juego. Y en el apartado de lo que benévolamente se denominaban inmoralidades administrativas, es decir, desfalcos, malversaciones y corrupciones varias, “hay un número considerable, 59, y de éstos 30 corresponden a jefes y oficiales del ejército de operaciones de África”. Durante el año 1920, hasta 11 capitanes cajeros de Cuerpos de Melilla pidieron la separación del ejército, la mayoría de ellos por haber dispuesto indebidamente del dinero de sus cajas.

La corrupción estaba tan extendida que afectaba a todos los estamentos y beneficiaba a demasiados en mayor o menor medida, en función del escalafón. De ahí, la displicencia reglamentaria.  El Expediente Picasso recoge el peculiar caso del auxiliar de Intendencia Julio Lompart que, durante el asedio de Zeluán, “realizaba la venta a dinero, tanto a soldados como a unidades, de los artículos del depósito de víveres a su cargo”. En Zeluán sobrevivieron muy pocos. No fue el caso de Lompart que, sin embargo, murió con la satisfacción de haber hecho una buena caja.

Una práctica muy frecuente, casi rutinaria, era la de tasar los convoyes de mercancías duplicando el coste real. En el territorio había numerosos destacamentos y guarniciones que requerían de avituallamiento periódicamente.  En Meserah, una de tantas posiciones, se consumían semanalmente cerca de 500 cargas y mientras la contabilidad oficial valoraba cada carga en 36 pesetas, el coste real era de 19,85 pesetas. A medida que se ascendía en la jerarquía, los negocios eran más rotundos y voluminosos.

ESPAÑA TIENE EL DUDOSO HONOR DE HABER SIDO EL PRIMER PAÍS EN BOMBARDEAR DESDE EL AIRE CON GAS MOSTAZA ADUARES, ZOCOS EN DÍAS DE MERCADO Y CABILAS RIFEÑAS

Incluso, la prensa de la época se hizo eco de un escándalo que estalló en el Parque de Larache y al que se dio amplia cobertura a lo largo del juicio. El diario La Voz señalaba que “en Larache se repartían algunos oficiales de Intendencia de los que manejan fondos, del más alto al más bajo, la cantidad de 300.000 pesetas mensuales que obtenían haciendo diversos equilibrios y operaciones”. Eso que actualmente se denominaría contabilidad creativa. La cantidad mensual a repartir entre los socios era considerable habida cuenta que el sueldo de una capitán era de 600 pesetas y el negocio llevaba algunos años funcionando. Los comandantes Muñoz Calchineri, director del Parque, y José García Restrebada, Jefe de Administración, los capitanes García Bremón, Jordán y Rodríguez Aller, el comisario de Guerra Francisco Montes del Castillo, entre otros, se repartían entre 40.000 y 20.000 pesetas cada mes. Durante el proceso, la prensa reveló detalles de las fastuosas vidas de los imputados, como la del comandante Montes del Castillo, que ni siquiera vivía en Larache sino en Tánger, en la lujosa Villa Porchet, con numerosa servidumbre y una flotilla de coches de lujo o la del capitán Jordán que se pasaba meses en Puerto de Santa María, donde vivía su amante, y en Ronda, donde poseía una finca valorada en tres millones de pesetas.

Mientras tanto, morían los soldados, galeotes de la patria, en el Kert, en Abarrán, en Arruit o en Nador. El soldado Viance, protagonista de la novela Imán, de Ramón J. Sender, define crudamente su condición: “Nosotros somos lo que en la prensa y en las escuelas llaman héroes. Llevar sesos de un compañero en las alpargatas, criar piojos y beber orines: eso es ser héroes. Yo soy un héroe. ¡Un héroe!”.

El expediente Picasso

El Desastre de  Annual fue un sacrificio inútil de miles y miles de hijos de la clase trabajadora y jóvenes campesinos que conmocionó  la sociedad española hasta el punto que el ministro de la Guerra, vizconde de Eza, se vio obligado a enviar al general Juan Picasso a Melilla para investigar los hechos y depurar responsabilidades. Tras nueve meses de recabar documentación y testimonios surge el llamado Expediente Picasso, 2500 folios de honestidad y de memoria que retratan el pozo infecto en que se había convertido la Comandancia General de Melilla con responsabilidades que apuntaban al propio Alfonso XIII.

Las conclusiones contemplan un cúmulo de incongruencias estratégicas, errores militares, desidia ante la corrupción y decisiones equivocadas. Desde la insensata ofensiva del general Silvestre, Comandante General,  que desguarneció numerosas posiciones a la pusilanimidad del general Berenguer, Alto Comisario, que negó la ayuda a los destacamentos sitiados. De la ubicación de las posiciones, en altozanos, sin aljibe ni depósitos de víveres ni municiones, que convertiría las aguadas en un siniestro pimpampum que teñiría las aguas de sangre, a la instrucción de la tropa llevada al matadero, que “no conocían el manejo del arma, no habían salido nunca al campo, según sus propias manifestaciones, ni hecho práctica de fuego”, según relata el cabo Antonio Padró. Y todo ello bajo la sombra fúnebre de los 14.000 muertos contabilizados en el expediente.

A pesar de las limitaciones que se le impusieron, como la prohibición de acceder a documentación, correspondencia o informes que involucraran al Alto Estado Mayor y al rey, el general Picasso no pudo evitar incluir al general Dámaso Berenguer, Alto Comisario y máxima autoridad en el Protectorado, en el listado de 39 oficiales -20 de ellos superiores al grado de capitán- que debieran ser sometidos a juicio ante un tribunal militar. Una lista que, pocos meses después, aumentaría hasta 77 jefes y oficiales.

Cuando se hizo público el Expediente Picasso las calles estallaron de indignación y en el Congreso de Diputados se constituyó una comisión parlamentaria para depurar responsabilidades.  Pero en septiembre de 1923, una semana antes de la reunión prevista de la comisión investigadora en las Cortes, el general Primo de Rivera da un golpe de estado e instaura la dictadura, con el aplauso del rey Alfonso XIII, que respiraría aliviado. Una de las primeras medidas que tomó fue la de amnistiar a los militares que habían sido procesados, incluido Berenguer, y zanjar así la cuestión de Annual. Aunque el Protectorado seguiría siendo un matadero. En diciembre de 1924, y con el dictador asumiendo el mando en África, la retirada de Xauen enterraría 2.000 muertos más en el cementerio del Rif.

Dice la historia que Dámaso Berenguer fue nombrado Jefe de la Casa Militar del rey y, posteriormente, Jefe del Gobierno, sucediendo a Primo de Rivera. La vida seguía y la venganza no tardaría en llegar al Rif: España tiene el dudoso honor de haber sido el primer país en bombardear desde el aire con iperita –el gas mostaza– aduares, zocos en días de mercado y determinada cabilas rifeñas, violando el Tratado de Versalles que prohibía su uso.

La memoria histórica es un ejercicio de simple y elemental  justicia. La omisión, el silencio o el olvido de las atrocidades y las vergüenzas del Rif han falsificado impunemente la historia oficial, la de los héroes que mueren estúpidamente por la patria, la de las banderas al viento hacia la victoria, la de los caballeros del honor, la de los generales gloriosos, la de los desembarcos triunfales. Sin embargo, aquella mortandad, aquellos miles y miles de jóvenes llevados al pudridero merecen un reconocimiento. Eso sería memoria histórica.

40 años de ‘The Wall’ de Pink Floyd: ¿Seguimos anestesiados?

Fotografía tomada en Sarajevo durante el invierno de 1992-93. Christian Maréchal / Wikimedia CommonsCC BY-SA

Autor: Antonio Fernández Vicente

Fuente: The Conversation, 24/09/2019

¿Vivimos en un mundo donde cada cual busca su interés más mezquino sin preocuparse por los demás? ¿Permanecemos insensibles al dolor ajeno? ¿Nos sentimos cómodos en nuestro aislamiento respecto a los que no son como nosotros?

Son preguntas que sugiere el álbum The Wall, de la banda británica de rock progresivo Pink Floyd. Se trata de uno de los hitos de la cultura contemporánea. 40 años después de su publicación, su temática parece ser premonitoria de hacia dónde íbamos. Y de dónde nos encontramos hoy.

La música, nos dice el filósofo Vladimir Jankélévich, tiene el poder de evocar lo que con palabras sería imposible de comunicar. Nos hace ver lo invisible a través de los sonidos. Nos ayuda a percibir con más nitidez. A sentir plenamente. A veces, nos golpea para despertarnos. Es una forma de conocer más profunda que cualquier discurso.

Así es The Wall. No hay referencias explícitas al amor. No es un disco para enamorarse en el acostumbrado sentido banal. Pero sí nos obliga a reparar en las barreras que nos separan: los muros que construimos.

Esos muros erigen cercas que tan pronto nos protegen de un imaginado enemigo como nos aprisionan en nuestra fortaleza. Vuelven imposibles los lazos de solidaridad, los vínculos afectivos: en definitiva, el amor en el sentido que le daba el psiquiatra Erich Fromm.

Muros para la intolerancia

Más allá de los ideales y las utopías, la llamada política de “realidades” nos incita a la intolerancia. Habrá muros físicos. También muros mentales, quizás más dañinos y perniciosos. A medida que nos sentimos más vulnerables, añadimos otro ladrillo a nuestro muro de incomprensión, como escuchamos en “The Thin Ice”.Roger Waters & Ute Lemper, ‘The Thin Ice’.

Son las consecuencias del odio a lo que no es como uno mismo, a lo diferente cuando carecemos de anclajes sólidos a los que agarrarnos. Vivimos en precario. Es lo que el sociólogo Zygmunt Bauman ha llamado sociedad líquida.

Esta es la atmósfera adecuada para el germen de fascismos como los criticados en The Wall. Y para lo que Pier Paolo Pasolini llamaba el nuevo fascismo: el consumismo como ideal de vida.

Es lo que el historiador de la economía Karl Polanyi advirtió como origen de los fascismos europeos. En tiempos inciertos y sin sentido, desesperados, donde el afán de lucro aplasta los vínculos sociales de reciprocidad, triunfan las ideologías totalitarias porque reconfortan: dan seguridad al precio de perder la libertad. Seducen sus eslóganes y recetas fáciles. Encandilan a los desamparados y benefician a las elites.

¿Por qué no expulsar lo distinto? El tema que abre el álbum, “In the flesh?”, denuncia la ira etnocéntrica que designa y estigmatiza a nuestros chivos expiatorios.Roger Waters, ‘In the Flesh’.

Insensibles y cómodos

Mientras contemos con nuestras satisfacciones consumistas, o sus promesas de felicidad, nos encerraremos en nuestros propios paraísos hedonistas. Nos volvemos insensibles y egocéntricos: disfrutamos de un confort paralizante, siempre siguiendo al rebaño.

Continuamente el disco pregunta si hay alguién ahí fuera. ¿Podemos sentir a los demás? ¿Les escuchamos? The Wall es una llamada de auxilio para destruir los muros que nos separan: “Juntos, aguantamos. Divididos, perecemos”.

Pink Floyd, ‘Hey, you’.

Podría parecer que una canción titulada “Mother” hablaría sobre el amor materno. Pero, en su lugar, representa una metáfora acerca de la sobreprotección y el infantilismo de nuestra sociedad. “Madre, ¿debería construir un muro? ¿Debería confiar en el gobierno?”

Es ese amor sobreprotector lo que pondrá todos los miedos en su interior, y nunca le dejará volar: “Mantendrá al bebé cómodo y caliente” y le ayudará a construir el muro. Y le vigilará y controlará por su “bien”.

¿No es esto el paraíso soñado del consumismo? ¿El Edén por el que las gentes luchan y compiten entre sí? Se trata de una vida sin riesgos, sin voluntad propia, bajo el manto protector que el dinero nos pueda proporcionar. ¿Por qué no desear vivir en una de esas comunidades cerradas que representan el ideal de una vida acomodada?

Roger Waters & Sinead O’Connor, ‘Mother’.

Es una especie de profilaxis social: vivir en el seno de una comunidad purificada de todo elemento contaminante. Una sociedad homogénea y uniforme. Y lo que nos amenaza es el extranjero (sin poder adquisitivo, claro está), nos dicen los constructores de muros. Nosotros contra ellos. A salvo y en un estado de inminente paranoia que nos hace odiar y temer a los que expulsamos al otro lado del muro.

Una de las canciones más memorables del álbum, “Comfortably Numb” (Cómodamente insensible), nos habla sobre la posibilidad de escapar de las contradicciones de la vida a través de la anestesia total. Cuando nuestros sueños se han desmoronado, nos evadimos de la realidad sin afrontarla. Nos sumergimos en ilusiones narcóticas, químicas o mentales, en los espectáculos de las industrias de la cultura.

David Gilmour – ‘Comfortably Numb’, Pompeya 2016.

Fuera del muro

Los muros se multiplican hoy en forma de prejuicios, estereotipos y discriminaciones. Es la era de la incomunicación en la que todo el mundo habla pero nadie escucha.

The Wall fue mucho más que un álbum autobiográfico acerca del malestar del compositor principal, Roger Waters, ante la distancia moral que le separaba de los espectadores de sus conciertos. O el reflejo de las discrepancias irreconciliables que condujeron a la separación de la banda unos años después. O un disco a la memoria de su padre, fallecido en la Segunda Guerra Mundial.

Es el espejo en que una sociedad deslavazada puede reconocerse. Después de todo, si lo piensa usted bien, puede que no seamos más que otro ladrillo en el muro.

Pink Floyd, ‘Another Brick In The Wall’.

No obstante, alzar la voz contra el control mental, el conformismo y la indiferencia generalizada es el primer paso para derribar nuestros muros, materiales y mentales. El segundo paso es poner en práctica esos ideales para que no sean palabras vacías. Necesitamos salir al otro lado: al encuentro de los demás, sean quienes sean. Escucharles y ser escuchados. Es un camino incierto y complejo, pero es lo que nos hace humanos.