La peste negra

Autor: EDMUNDO FAYANAS ESCUER

Fuente: Nueva Tribuna 30/03/2020

La peste negra es la pandemia más devastadora en la historia de la Humanidad. Afectó a Eurasia en el siglo XIV. Alcanzó su punto máximo entre los años 1347 y 1353. Es difícil conocer el número de fallecidos, pero en el siglo XXI las estimaciones fueron de 25 millones de personas solo en Europa, representaba aproximadamente un tercio de la población total europea.

La pandemia se inició en primer lugar en Asia, para después llegar a Europa, a través de las rutas comerciales. Introducida por los marinos, la epidemia dio comienzo al sur de Italia en la ciudad de Mesina. Algunas áreas quedaron despobladas, otras estuvieron libres de la enfermedad o solo fueron ligeramente afectadas.

La Peste Negra fue un mal que atacó el norte de África, Asia, Oriente Medio y Europa. Debemos destacar, que hubo dos excepciones como fue el caso de Islandia y de Finlandia

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La peste, según el autor árabe Ibn al-Wardi, pudo tener origen en el “País de la Oscuridad”, el kanato de la Horda de Oro, en territorio del actual Uzbekistán. Desde los puertos a las zonas interiores, la terrible plaga procedente de Asia se extendió por toda Europa.

Solamente un quinto de sus pobladores sobrevivió en la ciudad de Florencia. Se estima que uno de cada diez habitantes perdió la vida a causa de la peste negra en Alemania. Las ciudades alemanas como Bremen, Colonia o Hamburgo tuvieron una gran mortandad. No obstante, el número de muertes en el este de Alemania fue mucho menor.

Las consecuencias sociales fueron dramáticas. Se acusó a los judíos de ser los causantes de la epidemia por medio de la intoxicación y el envenenamiento de los pozos de agua. Se iniciaron pogromos judíos en muchos lugares de Europa, lo que provocó su muerte en muchas ciudades europeas.

La Peste Negra fue un mal que atacó el norte de África, Asia, Oriente Medio y Europa. Debemos destacar, que hubo dos excepciones como fue el caso de Islandia y de Finlandia.

LA EDAD MEDIA A INICIOS DEL SIGLO XIV

Tras vivir varios años de un clima benigno y buenas cosechas, la población de Europa aumentó hasta los ochenta millones de habitantes. Este crecimiento demográfico fue debido a las nuevas técnicas agrarias.

Se empezó a emplear el caballo en lugar del buey. Esto es importante, porque el caballo ara a doble velocidad que el buey y éste se dejó solamente para labrar las tierras nuevas, pues al tener más fuerza el buey, introduce el arado a doble profundidad que el caballo. La utilización del arado con reja de hierro y la división de la tierra en tres cultivos en lugar de dos, lo que se denomina cultivo de alternancia trienal, hizo que la producción del campo aumentara.

Sin embargo, este modelo de desarrollo comenzó a presentar signos de agotamiento por la necesidad de más tierras y más caballos disponibles para lograr alimentar a todo el crecimiento de la población. El cultivo trienal no lograba regenerar totalmente los campos. Tampoco, el ganado tenía pastos suficientes, por lo que continuó la desforestación.

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Los bubones aparecían en las ingles, las axilas y bajo las orejas

Como vemos, la economía europea había resurgido debido a las buenas producciones agrarias, a la reanudación constante de las caravanas comerciales por la Ruta de la Seda, y dato de gran importancia para la propagación de la enfermedad, la mejora de las técnicas de navegación y construcción de navíos, con las que poder transportar cargamentos de gran tamaño desde puertos como los existentes en mar Negro o el mar Mediterráneo, hasta las ciudades italianas, Barcelona o Marsella.

Este aumento de la riqueza se puede constatar en las construcciones de importantes catedrales europeas, cada vez más grandes y más altas, que provoca el desarrollo del estilo gótico.

Este desarrollo, también trajo el crecimiento de las ciudades respecto del campo, así como el progresivo desprecio a las personas, que no vivían en ellas. Otro cambio importante en las consecuencias traídas por la peste fueron, las costumbres de diferenciar a los grupos sociales por la indumentaria. Así la casada, la soltera y la barragana (prostituta) pasarían a vestir de forma diferente; también los cristianos de los judíos, para desgracia de estos últimos.

Médico durante la peste. Vean como ya usaban mascarillas

EL DESARROLLO DE LA ENFERMEDAD

La medicina no estaba preparada en aquel tiempo histórico, no ya para tratar la enfermedad, ni tan siquiera para investigarla, pese a los heroicos esfuerzos y sacrificios de personas como Juan Tomás de Porcell. No obstante, la mayoría de variedades de Yersinia Pestis se han encontrado en China, lo que sugiere que la epidemia podría haberse originado en esa región.

Varios cronistas de la época indican la brusquedad con la que aparecían los síntomas. Una persona podía estar sana por la mañana y tener fiebre alta por la tarde, para morir al llegar la noche. Según la literatura médica y de otra índole, los afectados padecían todos o varios de los siguientes síntomas según Giovanni Boccaccio y otros autores:

Fiebre alta incluso superando los 40 grados. Tos y esputos sanguinolentos. Sangrado por la nariz y otros orificios. Sed aguda. Manchas en la piel de color azul o negro debido a pequeñas hemorragias cutáneas. Aparición de bubones negros en ingles, cuello, axila, brazos, piernas o tras las orejas, debido a la inflamación de los ganglios pertenecientes al sistema linfático. Gangrena en la punta de las extremidades. Rotura de los bubones supurando líquido con un olor pestilente.

Se describe un tipo de peste casi asintomático, que provocaba la muerte a las catorce horas aproximadamente. El calificativo negra se debe a las manchas, bubones y al aspecto producido por la gangrena en los dedos de manos y pies. La connotación de mal olor, que posee la palabra peste, la dieron los hedores, que emanaban al romperse los bubones, ganglios linfáticos inflamados.

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Mascarilla usada por los médicos contra la peste negra

Los bacteriólogos Kitasato y Yersin descubrieron, que el origen de la peste era la bacteria yersinia pestis, que afectaba a las ratas negras y a otros roedores y se transmitía a través de los parásitos que vivían en esos animales, en especial las pulgas, las cuales inoculaban el bacilo a los humanos con su picadura.

La peste era pues una zoonosis, una enfermedad que pasa de los animales a los seres humanos. El contagio era fácil, porque ratas y humanos estaban presentes en graneros, molinos y casas, lugares en donde se almacenaba o se transformaba el grano del que se alimentan estos roedores, circulaban por los mismos caminos y se trasladaban con los mismos medios, como los barcos.

La bacteria rondaba los hogares durante un período de entre 16 y 23 días antes de que se manifestaran los primeros síntomas de la enfermedad. Transcurrían entre tres y cinco días más, hasta que se produjeran las primeras muertes, y tal vez una semana más hasta que la población no adquiría conciencia plena del problema en toda su dimensión.

La forma de la enfermedad más corriente era la peste bubónica primaria, pero había otras variantes:

  1. La peste septicémica, en la cual el contagio pasaba a la sangre, lo que se manifestaba en forma de visibles manchas oscuras en la piel de ahí el nombre de “muerte negra” que recibió la epidemia.
  2. La peste neumónica, que afectaba el aparato respiratorio y provocaba una tos expectorante que podía dar lugar al contagio a través del aire. La peste septicémica y la neumónica no dejaban supervivientes.

Las autoridades de distintas ciudades llegaron a la conclusión, de que la enfermedad tardaba no más de 39 días en aparecer y, los que lograban sobrevivir no volvían a contagiarse nuevamente. Esto provocaba la conocida cuarentena, que pasaban viajeros y navegantes confinados a la llegada de algunas ciudades italianas.

Científicos del siglo XXI indican, que la enfermedad podría tener un periodo de incubación no contagioso de unos diez o doce días. A éste seguiría un periodo de latencia asintomático, pero contagioso, de unos veinte o veintidós días.

Posteriormente, aparecerían los síntomas y la enfermedad mataba en cuatro o cinco días más. De ser así, este periodo de incubación y latencia tan largo sería una de las causas que permitió su rápida propagación.

Los documentos más fiables son censos con fines recaudatorios, que no tienen en cuenta la población exenta de impuestos por distintos motivos. Pese a todo, indica que la peste negra pudo presentar una mortalidad del 80 %, extrapolando datos de la epidemia padecida en la ciudad china de Cantón hacia el año 1894.

El principal medio de contagio de la peste eran las picaduras de las pulgas, que campaban a sus anchas en una sociedad con tan poca higiene como la medieval. Pese a que es difícil constatarlo con una enfermedad que afectó a tantas personas de todo tipo y condición, sí que parece, que determinadas ocupaciones estaban más expuestas a padecer peste que otras, siendo las más peligrosas ser comerciante de paños, las pulgas se esconden entre los tejidos que, por ejemplo, ser herrero.

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De hecho, pronto se dieron cuenta del peligro de las vestiduras y entre las primeras medidas, que se emplearon en Europa para evitar el contagio, fue el de quemar la ropa de los infectados o prohibir la entrada de cargamentos de tejidos en las ciudades. Incluso en algunas ciudades se permitía la entrada al viajero solo después de haberse deshecho de las ropas, que se traía puestas, cambiadas por otras seguras prestadas por la propia ciudad.

LA EXTENSIÓN DE LA ENFERMEDAD

Se inicia en Europa en la ciudad de Caffa (la actual Feodosia) en la península de Crimea a orillas del mar Negro. En el año 1346, Caffa estaba asediada por el ejército mongol, en cuyas filas se manifestó la enfermedad. Se dijo, que fueron los mongoles quienes extendieron el contagio a los sitiados. Según el cronista genovés Gabriele de Mussis, los rudos guerreros de las estepas asiáticas cargaron sus catapultas con los cadáveres de sus muertos y los lanzaron a la ciudad. Algo así como el primer ataque bacteriológico de la historia. Se tiene constancia, de que la enfermedad salió en barco de esta ciudad, en octubre del año 1347.

Cuando tuvieron conocimiento de la epidemia, los mercaderes genoveses que mantenían allí una importante colonia comercial huyeron despavoridos, llevando consigo los bacilos y llegó a Mesina (sur de Italia) a finales de dicho año, desde donde se difundió por el resto del continente.

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Hubo una guerra entre el Reino húngaro y el napolitano en el año 1347, puesto que el rey Luis I de Hungría reclamaba el trono después del asesinato de su hermano Andrés, quien murió asesinado por su propia esposa, la reina Juana I de Nápoles. De esta manera, Luis condujo una campaña militar que coincidió con el estallido de la Peste Negra.

Ante tanta muerte por la enfermedad, la campaña pronto tuvo que ser suspendida y los húngaros regresaron a casa, extendiendo la pandemia por todo el centro de Europa.

La peste se extendió desde Italia por toda Europa afectando territorios de las actuales Francia, España, Inglaterra, Bretaña, Alemania, Hungría la península Escandinava y Rusia.

Se estima, que entre el 30 % y el 60 % de la población de Europa murió desde el comienzo del brote a la mitad del siglo XIV. Aproximadamente 25 millones de muertes tuvieron lugar sólo en Europa junto a otros 40 a 60 millones en África y Asia. Algunas localidades fueron totalmente despobladas y los pocos supervivientes huyeron y extendieron la enfermedad aún más lejos.

La gran pérdida de población trajo cambios económicos basados en el incremento de la movilidad social, porque la despoblación erosionaba las obligaciones de los campesinos a permanecer en sus tierras. La peste provocó una contracción del área cultivada en Europa, lo que hizo descender profundamente la producción agraria. Esta caída llegó a ser de un 40 % en la zona norte de Italia, en el periodo comprendido entre los años 1340 y 1370.

La repentina escasez de mano de obra barata proporcionó un gran incentivo para la innovación, que ayudó a traer el fin de la Edad Media. La peste negra acabó con un tercio de la población de Europa y se repitió en sucesivas oleadas hasta el año 1490. Ninguno de los brotes posteriores alcanzó la gravedad de la epidemia del año 1348.

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Si seguimos la explicación de la medievalista Ana Luisa Haindl, fueron los pueblos de las estepas quienes se habrían contagiado fuertemente, porque usaban pieles de animales sin curtir para vestirse Entonces, la transmisión de pulgas, agente transmisor de la peste, era inevitable. De hecho, hoy los científicos no culpan tanto a las ratas del contagio de la peste, sino más a las pulgas, presentes no sólo en los roedores, sino también en otros mamíferos.

En todo caso, una de las grandes cuestiones que se plantean es la velocidad de propagación de la peste negra. Algunos historiadores nos dicen que la modalidad mayoritaria fue la peste neumónica o pulmonar, y que su transmisión a través del aire hizo que el contagio fuera muy rápido.

Como dice Ana Luisa Haindl, las costumbres de las sociedades tampoco ayudaron mucho para contener la peste. Las ciudades europeas solían ser de aproximadamente 40.000 habitantes. Las ciudades más grandes de la época eran orientales: Damasco o Constantinopla, con un millón de habitantes. Sin embargo, la forma en la que vivía la gran mayoría de la población, era de unas condiciones de hacinamiento e higiene bastante precarias para nuestros parámetros actuales.

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San Sebastián sacando un bubo de peste. Detalle de los murales de la Capilla de San Sebastián, Lanslevillard, Francia. Anónimo francés del siglo XV

La gente en esos días no tenía la costumbre de lavarse las manos, tampoco el baño era a diario. La ropa se usaba varios días seguidos, la gente vivía en casas pequeñas, a veces con una sola habitación, albergando un grupo familiar completo, muchas veces conviviendo con animales domésticos y ratas. Hay que pensar en ciudades sin alcantarillado y casas sin baño. Todo eso crea condiciones muy adversas para evitar la propagación de una peste.

Cuando la peste llegó a la ciudad de Florencia, en el año 1348, rápidamente se propagó. Algunos se encerraron en sus casas, otros paseaban por la ciudad con flores aromáticas para inhalar debido al fuerte olor a podredumbre.

La cantidad de muertos fue tal, que como cuenta el escritor florentino Giovanni Boccaccio en su libro “El Decamerón”, las iglesias no contaban con espacio suficiente para recibir los cuerpos, por lo que hubo que excavar grandes fosas comunes. Y eso que eran los más afortunados de la sociedad. En los barrios populares, a los muertos simplemente los arrojaban a la calle.

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Por otro lado, cuando se afectaban los pulmones y la sangre, la muerte se producía de forma segura y en un plazo de horas, de un día como máximo, a menudo antes de que se desarrollara la tos expectorante, que era el vehículo de transmisión. Por tanto, dada la rápida muerte de los portadores de la enfermedad, el contagio por esta vía sólo podía producirse en un tiempo muy breve, y su expansión sería más lenta.

Como estamos viendo, la transmisión se produjo a través de barcos y personas que transportaban los fatídicos agentes, las ratas y las pulgas infectadas, entre las mercancías o en sus propios cuerpos, y de este modo propagaban la peste, sin darse cuenta, allí donde llegaban. Las grandes ciudades comerciales eran los principales focos de recepción.

Desde ellas, la plaga se transmitía a los burgos y las villas cercanas, que a su vez irradiaban el mal hacia otros núcleos de población próximos y hacia el campo circundante.

Estas ciudades, a su vez, se convertían en nuevos epicentros de propagación a escala regional e internacional. La propagación por vía marítima podía alcanzar unos 40 kilómetros diarios, mientras que por vía terrestre oscilaba entre 0,5 y 2 kilómetros, con tendencia a aminorar la marcha en estaciones más frías o latitudes con temperaturas e índices de humedad más bajos. Ello explica que muy pocas regiones se libraran de la plaga, tal vez, sólo Islandia y Finlandia.

A pesar de que muchos huían al campo cuando se detectaba la peste en las ciudades y se decía que lo mejor era huir pronto y volver tarde. En cierto modo, las ciudades eran más seguras, dado que el contagio era más lento porque las pulgas tenían más víctimas a las que atacar.

En efecto, se ha constatado que la progresión de las enfermedades infecciosas es más lenta cuanto mayor es la densidad de población, y que la fuga contribuía a propagar el mal, sin apenas dejar zonas a salvo y el campo no escapó de las garras de la epidemia. En cuanto al número de muertes causadas por la peste negra, los estudios recientes arrojan cifras espeluznantes.

El índice de mortalidad pudo alcanzar el 60% en el conjunto de Europa, ya como consecuencia directa de la infección, ya por los efectos indirectos de la desorganización social provocada por la enfermedad, desde las muertes por hambre hasta el fallecimiento de niños y ancianos por abandono o falta de cuidados.

La península Ibérica, por ejemplo, pudo haber pasado de seis millones de habitantes a dos o bien dos y medio, con lo que habría perecido entre el 60 y el 65 % de la población. Se ha calculado que ésta fue la mortalidad en Navarra, mientras que en Cataluña se situó entre el 50 y el 70 %.

Más allá de los Pirineos, los datos abundan en la idea de una catástrofe demográfica. En Perpiñán fallecieron del 58 al 68 % de notarios y jurisperitos. Tasas parecidas afectaron al clero de Inglaterra.

La Toscana, una región italiana caracterizada por su dinamismo económico, perdió entre el 50 y el 60 % de la población. Siena y San Gimignano, alrededor del 60 %, Prato y Bolonia algo menos, sobre el 45 %, y Florencia vio como de sus 92.000 habitantes quedaban poco más de 37.000. En términos absolutos, los 80 millones de europeos quedaron reducidos a tan sólo 30 millones de personas entre los años 1347 y 1353.

Los brotes posteriores de la epidemia cortaron de raíz la recuperación demográfica de Europa, que no se consolidó hasta casi una centuria más tarde, a mediados del siglo XV.

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Durante los decenios, que siguieron a la gran epidemia de 1347-1353, se produjo un notorio incremento de los salarios, a causa de la escasez de trabajadores. Hubo, también, una fuerte emigración del campo a las ciudades, que recuperaron su dinamismo.

En el campo, una parte de los campesinos pobres pudieron acceder a tierras abandonadas, por lo que creció el número de campesinos con propiedades medianas, lo que dio un nuevo impulso a la economía rural. Así, algunos autores sostienen que la mortandad provocada por la peste pudo haber acelerado el arranque del Renacimiento y el inicio de la modernización de Europa.

Las malas condiciones de higiene, una medicina precaria y alimentación deficitaria fueron factores clave en su incidencia. La enfermedad golpeó las estructuras sociales, como a la Iglesia, y fue un antecedente para los cambios que vendrán en el siglo siguiente con la formación de los Estados nacionales y el Renacimiento.

LA MEDICINA MEDIEVAL

La medicina era impartida en las universidades, pero era más empírica que científica y seguía influida en buena medida por los conocimientos aportados por Galeno de Pérgamo y otros autores griegos y latinos. La práctica médica se realizaba de una forma reflexiva, partiendo de los textos clásicos, y no científica, basada en la experimentación metodológica.

La medicina medieval, como vemos, era muy precaria. No sabían qué provocaba la enfermedad y mucho menos, cómo curarla o prevenirla. Se usan brebajes de hierbas y piedras preciosas, a veces metales pesados, sangrías para bajar la fiebre, pomadas para neutralizar el veneno de los bubones. Eran prácticas más perjudiciales que sanadoras. Algunos médicos acertaron con algunas medidas como el uso de mascarillas o los medios para purificar el aire. Por ejemplo, se cuenta que el Papa Clemente VI se salvó, porque se mantuvo aislado y rodeado de fogatas con hierbas aromáticas.

EL FIN DEL MUNDO

Si seguimos al gran historiador Le Goff nos dice, que la gente de la Europa medieval, vivía en el temor. “Las matanzas de las invasiones bárbaras, la gran peste del siglo VI, las terribles hambrunas que se repiten de vez en cuando mantienen la angustiosa espera: mezcla de temor y de esperanza pero, principalmente y cada vez más, miedo, pánico, terror colectivo. El Occidente medieval, en esa espera de la salvación, es el mundo del miedo ineludible”.

Por ello, se extiende la idea de un inminente fin del mundo y la llegada de un anticristo, que eran comunes en la época. Ello permitió el surgimiento de varias corrientes de pensamiento como el milenarismo, que aspiraba a la realización de la dicha eterna, en la tierra. También surgieron movimientos alternativos como los cátaros, quienes propugnaban la idea de la salvación a partir de la vida ascética lejos del mundo material, y cuestionaban a la Iglesia Católica, quien los combatió con todo su poder al considerarlos herejes.

Ya en el siglo XII, se habían desarrollado con fuerza las ideas milenaristas y con ello, el Fin del Mundo está cerca y la Segunda Venida de Cristo era inminente. Las calamidades que se sufrían, como guerras y las pestes, se interpretan como indicios apocalípticos y algunos líderes son vistos como encarnaciones del Anticristo. La idea, que se desarrolla es que la pestes, es un castigo por los pecados está muy difundida.

El mismo Giovanni Boccaccio en su obra “El Decamerón “deja entrever la idea de la aparición de la plaga en Florencia como un designio divino. En dicha obra Boccacio decía: “Llegó la mortífera peste que o por obra de los cuerpos superiores o por nuestras acciones inicuas fue enviada sobre los mortales por la justa ira de Dios para nuestra corrección que había comenzado algunos años antes en las partes orientales privándolas de gran cantidad de vivientes”.

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Como dice la medievalista Ana Luisa Haindl, desde el punto de vista espiritual, surgen varias reacciones ante la Peste: algunos aumentan su fe y rezan más que nunca. Pero, este aumento de la fe, cuando no es bien encauzado, puede caer en prácticas fanáticas e incluso heterodoxas, como los famosos flagelantes que recorren Europa, predicando el fin del mundo, ayunando y protagonizando autoflagelaciones públicas.

La iglesia católica vivía en aquellos tiempos históricos, cismas internos y el cuestionamiento a la autoridad papal, debido a la ostentación y el vínculo con el poder político de reyes y señores feudales. Algunas personas irán desarrollando un pensamiento crítico mayor, que los llevará, más adelante, a cuestionar los dogmas y autoridades religiosas, que llevará a la Reforma Protestante, pero también al Humanismo del siglo XV y XVI y a la Contrarreforma del siglo XVII.

Sin embargo, la religión seguía unificando a Europa bajo la Iglesia Católica. En aquel momento histórico existía una gran desafección debido al traslado de la corte papal a la ciudad francesa de Avignón. Por otra parte, muchos clérigos, obispos e incluso los propios Papas eran dados a los placeres mundanos, poseer y pasearse con concubinas o aceptar la simonía.

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EL CAMBIO CLIMÁTICO

La peste negra se desarrolla en una época conocida como Pequeña Edad de Hielo, que debió comenzar hacia el año 1300, produciendo una disminución en las cosechas, con el consiguiente incremento de hambrunas o malnutrición. Por tanto, la epidemia encontró a dos o más generaciones debilitadas desde la infancia por estos sucesos.

Esto fue causado por pequeños cambios climáticos en Asia. Ciclos de primaveras húmedas y veranos cálidos, seguidos de repentinos periodos secos y fríos en Asia Central, que acabaron con la mayoría de los jerbos portadores de las pulgas y que forzaron a las pulgas a buscar otros animales alternativos, como fueron los humanos, los camellos o ratas.

Estos cambios climáticos no sólo afectan a los animales y las plantas sino también a los microbios que aunque no los veamos, forman parte de ese ecosistema tan complejo que es la Tierra

Cada vez existen más ejemplos de cómo las fluctuaciones en el clima, como ya vimos en la pandemia de Justiniano, pueden afectar a la población de roedores y como consecuencia causar un brote infeccioso. Esto también sucede en los tiempos contemporáneos que nos toca vivir y así por ejemplo, a inicios de la década de los noventa del siglo pasado, debido a una época de intensas lluvias, la densidad de la población de ratones silvestres aumentó en algunas zonas de los Estados Unidos.

Estos ratones son portadores de un tipo de virus, que en humanos causan un síndrome pulmonar grave, que puede ocasionar la muerte de forma rápida. Se pudo constatar la muerte de varias personas y al inicio se denominó a este grupo de virus Hantavirus, que están distribuidos por todo el mundo y que fueron responsables de varios miles de casos de fiebres hemorrágicas, que ocurrieron en los soldados norteamericanos durante la guerra de Corea.

Nuestro planeta Tierra está formado por un ecosistema vivo y todo pequeño cambio puede afectar a las poblaciones de seres vivos, que habitan en él. Los cambios climáticos que se están produciendo en nuestro tiempo también tendrán consecuencias en el desarrollo de pandemias por eso debemos de ser conscientes de nuestras debilidades y tomarnos en serio el cambio climático. Como hemos visto tanto en la pandemia de Justiniano como en la peste negra, hubo cambios climáticos que están en el origen de estos desastres sanitarios.

Estos cambios climáticos no sólo afectan a los animales y las plantas sino también a los microbios que aunque no los veamos, forman parte de ese ecosistema tan complejo que es la Tierra.


BIBLIOGRAFIA

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El cólera y los bulos: desinformación antes del coronavirus

Autor: JAVIER MARTÍN GARCÍA

Fuente: La Vanguardia 07/04/2020

La extensión del cólera en España en 1834 nos mostró cómo las ‘fake news’ y la falta de información pueden agravar los efectos de una plaga

Es mediodía en un tenso 17 de julio de 1834 en la Puerta del Sol. La incertidumbre es palpable en toda España, más aún en Madrid, donde la actualidad política y social deja poco espacio para la calma. Hace apenas diez meses que ha muerto el rey Fernando VII, y el país se prepara para afrontar una guerra civil. El hermano del antiguo monarca, Carlos María Isidro, reclama la sucesión frente a la decisión de aquel, que apostó por su hija, Isabel II. El postulante ha logrado entrar en la península por el País Vasco y dirige un ejército que busca implantar sus ideas absolutistas en toda España.

Aquel 17 de julio, una desgracia sanitaria se suma a estas preocupaciones. Lo que al principio solo eran rumores se ha convertido en un clamor. Una enfermedad está atacando con especial virulencia a las clases más populares de la capital. Decenas de personas están muriendo entre vómitos, diarreas y dolores. Todo parece indicar que la ciudad sufre un brote de cólera, el mismo cólera que ya ha arrasado media Europa y cuya gravedad tanto poderes públicos como medios de comunicación están tratando de disimular con escaso éxito.

Solo falta una chispa para que Madrid estalle. Aquel mediodía, un mozalbete de los muchos que pululan por la populosa Puerta del Sol se acerca a un aguador e introduce barro en la cuba en la que porta el líquido. Un grupo de personas que contemplan la escena atacan furiosamente al muchacho. La violencia se extiende por la ciudad. ¿Por qué una trastada mil y una veces repetida genera esta vez una reacción desmesurada?

Caricatura sobre la relación del carlismo con el clero en una revista satírica del siglo XIX.
Caricatura sobre la relación del carlismo con el clero en una revista satírica del siglo XIX. (Dominio público)

El boca a boca propaga entre los madrileños que el temido cólera está afectando a individuos sanos que enferman justo después de beber o entrar en contacto con el agua. A ello se suma el hecho de que las autoridades apenas ofrecen información sobre lo que ocurre. El pueblo empieza a buscar culpables. Mientras tanto, Madrid teme el avance de las tropas carlistas, defensoras, entre otras cosas, de los privilegios de la Iglesia.

La matanza de frailes

Un bulo se extiende por la capital: como una quinta columna de los carlistas, los religiosos están contratando a niños e indigentes para que envenenen las aguas de las que se surten los madrileños. Es la Iglesia la que está propagando el cólera… No ayudará a desmentirlo el hecho de que, tal como explica el historiador Antonio Moliner Prada en el libro colectivo El anticlericalismo español contemporáneoel clero insista una y otra vez en que la enfermedad es un “castigo divino” por la ausencia de fe de los ciudadanos.

Desatada la tensión, una turba de madrileños agrede a un franciscano que pasea por la céntrica calle Toledo. En la misma vía, la muchedumbre consigue acceder al Colegio Imperial, administrado por los jesuitas, y asesina a cuanto religioso se encuentra. La situación se descontrola y son asaltados conventos de diferentes órdenes religiosas, cuyos habitantes son acuchillados, asesinados a garrotazos o quemados vivos.

El convento de San Francisco el Grande se lleva la peor parte, con cerca de cuarenta muertos. Según datos de Julio Caro Baroja en su Historia del anticlericalismo español, “alrededor de setenta y cinco religiosos fueron asesinados en Madrid el 17 de julio de 1834”.

Un bulo generado a partir del miedo y la desinformación había provocado una terrible “matanza de frailes”

Un bulo engendrado a partir del miedo y la desinformación había generado una jornada funesta, que se conocería como “la matanza de frailes”. Algo que, por otro lado, no ocurrió exclusivamente en nuestro país. Años antes, en Varsovia, y también ante la aparición del cólera, el exacerbado antisemitismo había culpado a los judíos de propagar la enfermedad, mientras que en París llegó a intervenir el Ejército para frenar los desmanes populares contra los que consideraban responsables de extender la plaga: médicos, curas, boticarios o ricos. El cólera mataba, pero también lo hacía la desinformación.

¿Cómo se coló en España?

La pandemia del conocido como cólera-morbo, o asiático, tiene su origen en el año 1817, cuando se desplaza desde las zonas próximas al río Ganges (donde era endémico) hasta las localidades limítrofes. Después, en varias oleadas y siguiendo las tradicionales rutas de la comunicación y el comercio, alcanzó Europa. En España irrumpió, concretamente en el puerto de Vigo, en enero de 1833 desde Portugal. Poco después penetró en la frontera extremeña y desde allí se extendió por Andalucía.

El invierno frenó la expansión, pero el movimiento de tropas para sofocar el levantamiento carlista diseminó la enfermedad por toda España, sobre todo a partir de junio de 1834. Tardará más de un año y medio en desaparecer, afectando fatalmente a alrededor de un 3% de la población.

El encubrimiento de información por parte del gobierno del moderado Francisco Martínez de la Rosa, temeroso de que un estado de pánico generalizado paralizase aún más la precaria economía española, fue contraproducente a la hora de frenar su expansión.

Francisco Martínez de la Rosa, presidente del consejo de ministros durante el brote de cólera.
Francisco Martínez de la Rosa, presidente del consejo de ministros durante el brote de cólera. (Dominio público)

Los medios de comunicación tardaron también en reaccionar, contagiados por este clima de prudencia. Un ejemplo paradigmático de esta disfunción se desarrolló en Madrid. El 2 de julio de 1834, los partes que emitían los médicos a la Junta Municipal advertían de la existencia de casos de cólera en las calles de la capital. Sin embargo, al menos durante los diez primeros días del mes, Diario de Avisos de Madridel medio oficial, se limitaba a ofrecer consejos sobre la forma de evitar contraer la enfermedad y a presentar las medidas que se estaban poniendo en marcha para que la epidemia no entrase en la ciudad, dando a entender que esto aún no había ocurrido.

Una prevención insuficiente

Desde luego, casi todo acerca del cólera era desconocido. La enfermedad llevaba a la muerte a un alto porcentaje de los contagiados en menos de una semana. Se ignoraban su causa y su medio de transmisión, y los planes preventivos puestos en práctica no pasaban de ser ensayos a ciegas.

En 1827 se había creado la Real Junta Superior Gubernativa de Medicina y Cirugía, que unificaba a los colegios de Medicina y Cirugía. Con su patrocinio se envió una comisión de tres expertos a varios países europeos castigados por el cólera y se nombró al prestigioso médico Mateo Seoane corresponsal médico en las islas británicas. Los informes de unos y otro, diecinueve entre 1831 y 1833, apenas tuvieron eco más allá del ámbito científico.

Una muchedumbre ataca una iglesia de los jesuitas en Madrid.
Una muchedumbre ataca una iglesia de los jesuitas en Madrid. (Dominio público)

La Comisión Médica propuso, en orden de prioridad, cinco medidas para frenar el contagio y reducir sus efectos: eliminar los focos de insalubridad, reducir la miseria en las clases populares, facilitar los cuidados médicos, instruir a la población en sanidad y “evitar la introducción de las causas morbíficas”. Este último punto, centrado en el aislamiento de las poblaciones contaminadas y en prohibir la comunicación con focos internacionales de contagio, fue el único que se llevó a cabo.

A finales de 1831, se pusieron en cuarentena los barcos procedentes de países en los que se desarrollase la epidemia, y pronto se hizo lo mismo respecto al contacto terrestre con poblaciones contaminadas, creándose los llamados cordones sanitarios. En 1832, se crearon Juntas de Sanidad en las provincias fronterizas que debían velar por el cumplimiento de esas medidas. Todas ellas fueron insuficientes para frenar el contagio a partir de 1833.

Los pobres, principales damnificados

Lo que resultaba imposible de frenar eran las transformaciones que se estaban produciendo en el mundo. El tránsito diluía las fronteras. El desarrollo de los transportes y la industrialización fueron los principales estimuladores de la extensión de la plaga y de las que se sucederán. A partir de entonces, queda claro que es un disparate disociar los aspectos científicos y sociales al tratar de controlar una pandemia.

El cólera se convirtió en uno de los principales impulsores de la medicina preventiva de la modernidad

La enfermedad afectaba en especial a los estratos más bajos, sobre todo en el ámbito urbano, donde se hacinaban miles de personas que habían acudido a las capitales en busca de trabajo. Las pésimas condiciones de vida favorecían el contagio y la letalidad del cólera. Aquellos forasteros que no habían conseguido un puesto eran expulsados a sus lugares de origen.

La represión contra las clases populares y los indigentes fue una constante que se pretendía justificar por la ausencia de higiene. Sin embargo, esta represión también respondía al hecho de que eran los más pobres quienes espoleaban en mayor medida los levantamientos contra los privilegiados.

Lecciones aprendidas

Como toda crisis sanitaria, también esta enfermedad trajo consigo lecciones. El grado de mortalidad en espacios sobrepoblados y la insalubridad asociada a los mismos impulsó la mejora de elementos como el suministro de aguas, el alcantarillado o la limpieza de fábricas, instituciones públicas u hospitales. El cólera se convirtió en uno de los principales acicates de la medicina preventiva de la modernidad.

No menos importante fue la toma de conciencia de la trascendencia de los médicos y su formación. Hasta poco antes, las supersticiones convivían y a veces tenían más influencia que la labor científica, y el médico era concebido apenas como un simple sangrador. Las medidas higiénicas, sumadas a una mayor organización, con hospitales más modernos y pulcros, supusieron un paso de gigante en la lucha contra las pandemias.

La historia nos ha enseñado que toda situación sanitaria crítica, como la que estamos viviendo hoy con el coronavirus, es una catástrofe, pero al mismo tiempo supone una oportunidad de aprendizaje para regenerar los aspectos sanitarios, sociales y económicos que han sido sobrepasados por la enfermedad.

1918, la otra gran epidemia que no nos tomamos en serio

Hospital de emergencia para la gripe de 1918 en Kansas (EE UU).AP PHOTO/NATIONAL MUSEUM OF HEALTH

Autor: DANIEL MEDIAVILLA

Fuente: El País 22/02/2020

Al principio, los españoles también se reían. El 22 de mayo de 1918, el diario ABC publicó en portada la aparición de una enfermedad parecida a la gripe, pero con efectos leves. Durante ese mes, se celebran en la capital las fiestas de San Isidro y las verbenas populares se convirtieron en espacios ideales para el contagio. Con guasa, se bautizó aquella gripe como Soldado de Nápoles, igual que una canción que entonces sonaba en la zarzuela La canción del olvido, y que, como la nueva enfermedad, era muy pegadiza.

Los españoles de aquel tiempo no pudieron ver venir la pandemia como sí ha sucedido ahora. Con medio mundo enfangado en la Gran Guerra, los contendientes no informaron sobre la enfermedad que estaba diezmando a sus soldados para no envalentonar a los adversarios y fue en España, neutral en el conflicto, donde se dio a conocer lo que sucedía. Por eso la gran pandemia del siglo XX, que mató a más de 50 millones de personas en todo el mundo, se bautizó como “La gripe española”, aunque no estuviese en España su origen.

En 2008, cuando la próxima gran pandemia aún era solo un temor entre virólogos y epidemiólogos, Antoni Trilla, el actual jefe de epidemiología del hospital Clínic de Barcelona, publicó un relato sobre cómo se vivió la gripe de 1918 que muestra algunas diferencias fundamentales y sorprendentes paralelismos con la crisis del coronavirus. En aquella ocasión, la situación también empeoró después de tomarse a la ligera y la reacción errática de las autoridades sanitarias provocó su descrédito frente a la ciudadanía y la prensa que cuestionaba a diario sus actuaciones. Como ahora, el virus tampoco respetó jerarquías. El rey Alfonso XIII y el jefe de Gobierno, Manuel García Prieto, enfermaron.Al principio, a la enfermedad se la llamaba con humor ‘Soldado de Nápoles’, una canción de éxito de la época que también era muy pegadiza

En 1918, España era muy distinta. La mitad de sus habitantes eran analfabetos y la tasa de mortalidad infantil doblaba la de los países más pobres de hoy, pero muchas medidas para contener la epidemia recuerdan a las actuales. Se cerraron universidades y escuelas y se controló el transporte ferroviario, con cuadrillas que desinfectaban los trenes para contener la expansión del virus. Pero también hubo reticencias por parte de algunas autoridades locales. El alcalde de Valladolid se resistió a cancelar las fiestas en septiembre temiendo las pérdidas para los negocios de la ciudad.

Casi como ahora, más allá de ayudar a los enfermos a sobrevivir, la panoplia de los médicos era limitada, sin opciones curativas, aunque las técnicas eran mucho más rudimentarias. Se probaron sin éxito algunas vacunas experimentales e incluso se aplicaron sangrías, una técnica que ya llevaba un siglo desacreditada por la medicina. “Los españoles comenzaron a preguntarse si los médicos y científicos tenían alguna idea sobre lo que estaba pasando”, escribe Trilla.

A falta de confianza en la ciencia, muchos se abrazaron a la fe. En Zamora, una de las provincias más afectadas por la gripe, el obispo, Álvaro Ballano, afirmó: “El mal que se cierne sobre nosotros es consecuencia de nuestros pecados y falta de gratitud, y por eso ha caído sobre nosotros la venganza de la justicia eterna”. Para aplacar la ira divina organizó misas en la catedral de la ciudad facilitando, probablemente, el contagio del virus y se enfrentó a las autoridades sanitarias que quisieron prohibir las misas. Un siglo después, los obispos respetan y difunden las recomendaciones de esas autoridades y han limitado a los parientes más cercanos la asistencia en los funerales.

La primera etapa de contagios de 1918, la que ahora se está viviendo con el coronavirus, no fue la más dura. Con la llegada del verano, la epidemia amainó, pero en otoño regresó con más fuerza. El sistema sanitario quedó sobrepasado, en muchos pueblos de un país en el que el campo aún no se había vaciado los médicos eran escasos y cuando morían no se encontraban sustitutos. Como ha pasado en esta crisis, también entonces se reclutó a voluntarios entre los estudiantes de medicina.

Las cifras oficiales de muertos en España son terroríficas. En 1918, la gripe mató a 147.114 personas, en 1919 a 21.245 y en 1920 a 17.825. En un país de poco más de 20 millones de habitantes. La epidemia duró tres años y, además, afectó especialmente a personas en la veintena, completamente sanas. Cuenta Trilla que en algunas ciudades españolas se acabaron los ataúdes y que el alcalde de Barcelona pidió la ayuda del ejército para transportar y enterrar a los muertos. Eso todavía no se ha visto en España, pero sí en Italia, que lleva una semana de adelanto en la epidemia. El miércoles por la noche, decenas de ataúdes que se acumulaban en el cementerio local de Bérgamo fueron cargados en camiones del ejército para llevarlos a incinerar a lugares menos golpeados por la enfermedad. La población española solo descendió en dos ocasiones durante el siglo XX. En 1918 perdió 83.121 personas por la epidemia de gripe y en 1939 50.266 por la Guerra Civil.

La Operación Balmis y la verdad sobre la expedición contra la viruela

Autor: FRANCISCO MARTÍNEZ HOYOS

Fuente: La Vanguardia 01/04/2020

La viruela es la única enfermedad contagiosa que la humanidad ha conseguido erradicar, gracias a una campaña masiva de la OMS. La última vez que se contrajo de forma natural fue en Somalia, en 1977. Después, solo se contabilizó una víctima más: un año más tarde moría la fotógrafa médica Janet Parker, tras una deficiente manipulación del virus en un laboratorio británico. Finalmente, en 1980, la OMS anunció la eliminación del mal.

Concluía así una larga lucha que tuvo uno de sus hitos principales en la expedición española capitaneada por el médico alicantino Francisco Javier Balmis (1753-1819), destinada a difundir el uso de la vacuna. Es en homenaje a esta acción que el Ministerio de Defensa ha bautizado la operación puesta en marcha actualmente contra la epidemia de coronavirus.

El problema de la viruela

En el siglo XVIII, la viruela constituía una amenaza muy letal que no respetaba clases sociales. Tampoco a los reyes, como sucedió con el joven Luis I de España, desaparecido con tan solo diecisiete años. Cada año, unas doscientas mil personas morían en toda Europa, en su mayoría niños. Sin embargo, los campesinos advirtieron que los que ordeñaban vacas no sufrían el contagio. El médico británico Edward Jenner reparó en ello y, en 1796, introdujo el fluido de un animal infectado en un niño. Este quedó inmunizado con carácter permanente.

Carlos IV de España en un retrato de Francisco Bayeu, c. 1790-1791. Real Academia de Bellas Artes de San Fernando.
Carlos IV de España en un retrato de Francisco Bayeu, c. 1790-1791. Real Academia de Bellas Artes de San Fernando. (Dominio público)

El nuevo hallazgo no tardó en conocerse en España. Multitud de publicaciones de la época atestiguan el interés por la esperanzadora innovación. El rey Carlos IV se mostró sensible a la novedad porque la viruela había golpeado con dureza a su familia. Había perdido a una hija, María Teresa, de apenas tres años, y también a un hermano, el infante Gabriel. Por ello, no dudó en apoyar el proyecto para llevar la vacuna a los territorios de su inmenso imperio.

Pero la motivación principal no fue esa. En 1802, una epidemia de grandes proporciones se había desatado en el virreinato de Nueva Granada, que abarca las actuales repúblicas de Colombia, Venezuela, Ecuador y Panamá.

La situación era dramática y urgente. Eso explica que, tal como ha señalado Susana María Ramírez Martín, autora de varios estudios sobre la expedición de Balmis, España reaccione con una rapidez inusual. Entre la concepción del proyecto y su puesta en marcha solo transcurrieron ocho meses. Todo un récord para la época.

La decisión se justificó como una forma de llevar la protección del monarca a sus súbditos necesitados, sobre todo a los más pobres, porque se sabía que estos eran los que sufrían las peores consecuencias. La viruela podía afectar a todos, pero los que se hacinaban en viviendas miserables lo tenían más complicado para su recuperación. No obstante, esta motivación humanitaria coexistía con la voluntad política de fortalecer los recursos del Estado evitando las periódicas catástrofes demográficas.

El médico Francisco Javier Balmis, grabado, c. 1800.
El médico Francisco Javier Balmis, grabado, c. 1800. (Dominio público)

La iniciativa de la monarquía borbónica se enmarcaba en una política característica del siglo XVIII, destinada a impulsar el conocimiento científico. España promovió diversas expediciones dirigidas a los territorios ultramarinos, entre ellas, poco antes de la de Balmis, la de Alejandro Malaspina, entre 1789 y 1794.

A lo largo de este periplo, el marino italiano tuvo ocasión de observar los devastadores efectos de la viruela. En Isla Mocha (Chile), una epidemia “había arrebatado casi instantáneamente la vida a unas dos mil quinientas personas sin distinción de sexos”. En cuanto a los supervivientes, quedaban con secuelas físicas indelebles.

Un viaje durísimo

En 1803 partió de La Coruña la corbeta María Pita, con Balmis como director de la denominada Real Expedición Filantrópica. Un cirujano, Josep Salvany, era el subdirector. En aquellos momentos había que hacer frente al reto de transportar la vacuna a una gran distancia de forma que estuviera en condiciones de ser utilizada.

Hubo que recurrir a un método primitivo, pero ingenioso. Se reunió un grupo de veintidós niños y se inoculó el virus a dos. Cuando estos desarrollaron la forma atenuada de la enfermedad, se repitió la operación con otra pareja. A través de esta cadena, el fluido llegó fresco a territorio americano.

Para reclutar a estos niños, el gobierno ofreció mantenerlos y formarlos hasta que pudieran ejercer un oficio digno. Aunque la oferta era atractiva, los padres no deseaban entregar a sus hijos para un viaje tan largo y arriesgado. Por eso los elegidos fueron huérfanos procedentes de La Coruña y Santiago. Más tarde, ya en América, se buscarían nuevos niños para proseguir con la expedición.

Cicatrices producidas por la vacuna de la viruela en un tratado traducido por Balmis en 1803. (CC BY 4.0 / Wellcome Library)

Tras su llegada a Venezuela en marzo de 1804, la expedición se dividió para multiplicar los esfuerzos. Balmis se encaminó hacia el norte para vacunar México y, desde allí, dirigirse a Filipinas, en un largo viaje en el que los niños portadores de la vacuna pasaron por un sufrimiento atroz. El capitán del navío Magallanes había prometido al médico alicantino colocar a los pequeños en un compartimento amplio y ventilado, pero, pese a las indignadas quejas de este, los situó en un espacio lleno de inmundicias y ratas.

Por su parte, el segundo de Balmis, Salvany, marchó hacia América del Sur. Le esperaba un periplo lleno de penalidades en una geografía con distancias descomunales y todo tipo de obstáculos. Él mismo relató así, desde Cochabamba, Bolivia, las dificultades que él y sus hombres tuvieron que superar: “No nos han detenido ni un solo momento la falta de caminos, precipicios, caudalosos ríos y despoblados que hemos experimentado, mucho menos las aguas, nieves, hambres y sed que muchas veces hemos sufrido”.

La sorpresa

Según una visión tradicional, el remedio contra la viruela fue un descubrimiento europeo y América se limitó a recibirlo sin más. La reciente historiografía cuestiona esta visión a través de estudios como Viruela y vacuna (Santiago de Chile, 2016), de Paula Caffarena. Esta especialista señala que la vacuna se hallaba en muchos territorios americanos antes de la llegada de Balmis y su expedición. La opinión pública ya sabía de la existencia del tratamiento a través de la prensa local y otras publicaciones. En Guatemala, por ejemplo, se habían publicado diversas noticias entre 1802 y 1804.

El médico británico Edward Jenner.
El médico británico Edward Jenner. (CC BY 4.0 / Wellcome Library)

El descubrimiento de Jenner, por tanto, era una innovación que se aguardaba con impaciencia. Los criollos americanos pudieron obtenerla gracias al contrabando, ampliamente practicado en aquellos momentos, pese al monopolio comercial detentado por España. En Nueva Granada (actual Colombia), por ejemplo, la vacuna llegó a través de las relaciones comerciales clandestinas con las colonias inglesas.

En Lima sucedió otro tanto. Cuando Salvany se presentó en la capital peruana encontró un floreciente tráfico en torno al remedio: “Se vendían públicamente cristales con el pus (…) a precios muy subidos, y salían a vacunar a los pueblos comarcanos y exigían cuatro pesos a cada vacunado”.

Tomar la iniciativa

América estaba muy lejos de su metrópoli. Por eso, en situaciones de urgencia, las autoridades actuaban por propia iniciativa. En Puerto Rico, cuando se desató una epidemia de viruela, el gobernador autorizó al cirujano catalán Francisco Oller a marchar a la isla vecina de Santo Tomás, en manos danesas, para obtener la vacuna. Poco después llegó Balmis y montó en cólera al comprobar que el trabajo que él pensaba realizar ya estaba hecho. Dijo entonces que Oller había usado una técnica incorrecta.

La gran aportación de la expedición no fue llevar la vacuna, sino regular su difusión

Fue en Puerto Rico donde el médico Tomás Romay obtuvo la vacuna. La introdujo en La Habana antes de que la Real Expedición Filantrópica pisara Cuba. Cuando Balmis llegó a Veracruz, en México, se encontró con que Alejandro García de Arboleya, médico de la Armada, ya había introducido el descubrimiento de Jenner.

La gran aportación de la Expedición Filantrópica, en realidad, no consistió en llevar por primera vez el tratamiento contra la viruela, sino en regular su difusión, tal como señala Caffarena. Por toda América se crearon juntas encargadas de asegurar la conservación del preciado remedio y su extensión por el territorio. La extensión de la vacuna, por tanto, no se efectuó en un sentido unidireccional –España da, América toma–, sino que fue el resultado de la interacción entre la metrópoli y las diversas instancias locales.

La olvidada y «sangrienta» batalla que dio a Rusia el poderoso imperio que luego heredó la URSS

Detalle del cuadro de Gustaf_Cederström, con el Rey Carlos XII de Suecia, durante su huida de la batalla de Poltava en 1709

Autor: Israel Viana

Fuente: ABC 26/03/2020

El considerado como «uno de los enfrentamientos más sangrientos de la historia mundial», en palabras de Peter Englund, comenzó a las 3.45 horas del domingo 28 de junio de 1709. Era un amanecer caluroso alrededor de la ciudad ucraniana de Poltava y los dos grandes ejércitos de Suecia y Rusia llevaban varias horas mirándose a los ojos, a la espera de que saltara la chispa y se desatara la violencia. Todos los soldados sabían que el momento decisivo había llegado. «Eran como dos animales salvajes colocados uno enfrente del otro, casi rozándose, con todos los músculos en tensión ante el asalto», explicaba este reputado historiador y académico de los premios Nobel en su libro «La batalla que conmocionó a Europa» (Roca Editorial, 2012).

Fue la culminación de una larga y brutal guerra de nueve años por el control del norte de Europa, la cual dejó más de 65.000 muertos en combate. Durante la Edad Moderna, varios imperios del viejo continente, tales como España, Portugal, Gran Bretaña o Francia, habían dominado una gran parte del mundo, pero el sueco había pasado desapercibido entre ellos. Algo que resultaba extraño, si tenemos en cuenta que fue una de las mayores potencias militares y políticas del siglo XVII, hasta que a principios del XVIII empezó a sufrir una serie de dificultades económicas que le llevaron a echar freno a su expansionismo. Y al final se produjo la hecatombe final en la batalla de Poltava que aquí nos ocupa.

Esta se caracterizó por la masacre de prisioneros por parte de ambos bandos, en un síntoma de crueldad pocas veces visto en aquellos años. Y, además, por los inquietantes paralelismos que numerosos historiadores ven con la «guerra de ratas» (Rattenkrieg) desarrollada por los nazis durante la Segunda Guerra Mundial. Véase, por ejemplo, la batalla de Stalingrado, pero en esta ocasión haciendo estragos con la artillería de diversos calibres, las balas de los mosquetes y los afilados sables y bayonetas.

Para que se hagan una idea, de los casi 25.000 hombres que el todopoderoso Carlos XII de Suecia lanzó a la lucha, unos 5.000 murieron en combate y la práctica totalidad de los otros 20.000 fueron hechos prisioneros y puestos a trabajar en la construcción de la nueva ciudad imperial de San Petersburgo. A estos se añadieron 1.700 esposas, sirvientes y niños en régimen de esclavitud. De todos estos, solo regresaron a la patria 4.000, algunos tras más de treinta años de cautiverio. El resto fueron ejecutados.

Herido de un pie

Carlos XII llegaba a la batalla de Poltava herido, después de que un francotirador ruso le hubiera disparado en un pie mientras pasaba revista a una de las trincheras recién construidas. Tenía dificultades para montar su caballo y estaba en clara desventaja en cuanto al número de combatientes —Rusia contaba con alrededor de 42.000—, pero estaba convencido de que podía aplastar a Pedro I el Grande. El Rey de Suecia se había ganado una extraordinaria fama a principios del siglo XVIII, con sus fulgurantes victorias en la Gran Guerra contra potencias como Rusia, Dinamarca, Sajonia, Polonia o el Imperio Otomano. Éxitos que le valieron el sobrenombre del Alejandro Magno del Norte y que le hicieron subestimar a su enemigo.

Carlos XII de Suecia
Carlos XII de Suecia

En la semana anterior se habían producido constantes escaramuzas entre ambos ejércitos, la mayoría por iniciativa de los rusos. El 27 de junio no fue una excepción y un par de escuadrones de caballería superaron los puestos de la primera avanzadilla y mataron a algunos soldados suecos. En las horas posteriores, todo volvió a la tranquilidad a la espera del demoledor desenlace, tras el cual, Carlos XII esperaba poder continuar su camino para perpetrar su ansiado ataque final a Moscú, el corazón de Rusia. Pero allí estaba Pedro I, que quería acabar de una vez por todas con el imperio que había dominado el norte de Europa a lo largo del siglo XVII y coger las riendas.

Aún sabiendo que contaba con menos soldados y peor armamento, Carlos XII decidió atacar primero, confiado en que así podría recuperar la iniciativa. Los suecos tenían plena fe en su rey, en sus generales y en su capacidad militar, a pesar de su inferioridad. Y a las 3.45 horas, comenzaron a avanzar silenciosamente hacia las posiciones enemigas para realizar su ataque sorpresa. El campamento ruso se hallaba en una pequeña colina, solamente accesible de manera más o menos efectiva por un pasillo entre dos bosques. En los flancos había un barranco que daba a un río y un cenagal que servían de protección natural para Pedro I.

Con los primeros rayos de sol

Las cosas no empezaron bien para el Alejandro Magno norteño, pues seis de sus batallones se extraviaron en plena noche, al ser incapaces de seguir a sus compañeros por la falta de luz. Cuando se dio la orden de atacar, muchos de ellos no sabían dónde se encontraban realmente. Tardaron un buen rato en volver al campo de batalla, y cuando por fin lo consiguieron, a eso de las 5 de la mañana, se inició el feroz ataque de los suecos. En el horizonte ya asomaban los primeros rayos de sol.

Pedro I el Grande de Rusia
Pedro I el Grande de Rusia

Los rusos consiguieron resistir el primer envite, tanto con los reductos que tenían atrincherados en el pasillo como con la artillería emplazada en el campamento. Carlos XII dudaba si lo que tenía que hacer a continuación era destruir esos reductos o atravesarlos para plantar cara cuanto antes al grueso del ejército de Pedro I. La confusión fue en aumento y las horas pasaban, con algunos batallones intentando asaltar inútilmente las fortificaciones rusas y otros, alejándose para no caer en la trampa rusa. Eso hizo que las bajas se minimizaran, pero la ventaja inicial de la sorpresa ya se había perdido.

Cuando el sol comenzó a brillar, la situación del Rey de Suecia era desesperada. Las bajas habían crecido y eran ya considerables, aunque a costa de ellas hubieran conseguido penetrar en el campamento. Pero las fuerzas flaqueaban y los ánimos estaban ya por los suelos, lo que hizo que los suecos no atacaran con mucha decisión cuando tuvieron enfrente al enemigo. Se veían aislados y, además, no tenían noticias de la infantería. Y tras cinco horas de combate, a las 9 de la mañana exactamente, Pedro I ordenó a su poderoso ejército salir del campamento y formar frente a Carlos XII y lo que quedaba de sus tropas.

La Batalla de Poltava por Denis Martens el Joven, pintado en 1726
La Batalla de Poltava por Denis Martens el Joven, pintado en 1726

Heridos, desmoralizados por las bajas, cansados y faltos de suministros, la derrota de los suecos fue cuestión de tiempo. Carlos XII intentó reorganizar la situación desde su camilla, pero todos los ataques fracasaron y a las 11.00 llamó a retirada. La batalla concluyó al mediodía, pues la caballería rusa no puso la puntilla inmediatamente, sino que torturó a los suecos desde sus propias líneas durante una hora más. Mientras tanto, el monarca derrotado reunió a sus escasas tropas supervivientes e inició la huida precipitada hacia el sur, llevado en su camilla en volandas por sus hombres. Una imagen del todo patética para quien había sido el Alejandro Magno del Norte.

Rusia perdió menos de 1500 hombres y pasó a llevar la voz dominante en el este y norte de Europa durante los siguientes siglos. Tal es así que el basto imperio que erigieron los Romanov a partir de entonces fue el que les arrebataron los comunistas, tras asesinar a toda la familia del zar, para crear la URSS en 1918. Un gigante que se mantuvo en la cima del poder mundial hasta su desmembración en 1991. Suecia, en cambio, dejó de ser una potencia y su Rey consiguió cruzar el río Prut en barca, acompañado simplemente por su guardia personal, algunos oficiales y un pequeño tesoro que había logrado conservar. Dejó abandonados a sus hombres en Perevolochna, una población cerca de Poltava, y se dirigió después a la ciudad de Bender, en el Imperio Otomano. Allí se refugió hasta 1714, cuando regresó a Suecia… de incógnito.

El enigma de Albert Speer, el arquitecto de Hitler que intentó pasar a la Historia como el ‘nazi bueno’

Albert Speer (segundo por la izda.) y Hitler en Weimar.Hulton-Deutsch Collection/CORBIS

Autor: Igor López

Fuente: El Mundo 22/03/2020

Casi 40 años después de su muerte, Albert Speer continúa siendo un enigma. ¿Cómo un ministro de Armamento y Guerra del Tercer Reich consiguió blanquear su imagen ante la opinión pública y librarse de la horca en los juicios de Núremberg? Su trayectoria en el nazismo despegó con 26 años cuando conoció a Adolf Hitler en un mitin para estudiantes.

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Paralelismos ultras cien años después

Autor: PABLO FERNÁNDEZ-MIRANDA DE LUCAS

Fuente: Nueva Tribuna 20/03/2020

“La libertad es una deidad nórdica, adorada por los anglosajones…/… el fascismo conoce ídolos, no adora fetiches y, si es necesario, volverá a pasar de nuevo con calma sobre el cuerpo más o menos descompuesto de Diosa Libertad…/…. Para las juventudes intrépidas, inquietas y duras que se asoman al crepúsculo matutino, hay otras palabras que ejercen un atractivo mucho mayor, y son: orden, jerarquía, disciplina”.

Esto lo decía Benito Mussolini en “Gerarchia”, en marzo de 1923. Y así lo recoge Antonio Scurati en “El hijo del siglo” en el que desvela con la precisión de un entomólogo, el ADN del fascismo italiano desde la nada hasta su llegada al poder.

Por supuesto que la historia cambia con los tiempos y no es cíclica. Es de desear que las circunstancias no se repitan, pero el ascenso de las corrientes ultras en Hungría, Francia, Italia, Alemania y España; y también en otros continentes como es el caso de Brasil o Ecuador, obliga a echar la vista atrás para no repetir viejos errores.

Pero sobre todo llama la atención cómo en la Italia de los años 20 del pasado siglo, llega un momento, al igual que en el caso de Hitler en Alemania, en el que las alianzas con otros sectores ideológicos hasta entonces mayoritarios con respecto al propio fascismo, resultan imprescindibles para que estos últimos “toquen” poder y  los utilicen como trampolín para después acapararlo en su totalidad, momento en el que esos aliados, que creían poder embridarles, reciben la coz.

Las pautas y argucias para que se produzca la inicial alianza son siempre similares: el desorden, el desbarajuste, la supuesta o real debilidad del estado para hacer frente a las crisis bien ante  potencias extranjeras tras la primera guerra mundial en el caso de Italia, o Alemania, o el espantajo de la invasión de inmigrantes que nos arrebatan el trabajo y nuestra forma de vida, aderezado con el peligro de ruptura de la “patria” en el caso español.

Los esperpentos son agitados y el desorden social orquestado como planteamiento y nudo en el teatro político, para que tenga como desenlace la recuperación del Estado fuerte: “…el fascismo reivindicará la plena libertad de acción y reemplazará al Estado que una vez más habrá dado pruebas de impotencia” (Cesaré Rossi. 1º de agosto de 1922)

Pero para ser riguroso, que canten los datos numéricos del cómo y con cuanto llega Mussolini al poder: en las elecciones de 1923 el parlamento nombra a Mussolini presidente del gobierno. Para lograrlo ha tenido que pactar con todo el espectro que no sea la izquierda, formando un ejecutivo en el que incluye, además de a los propios fascistas, a populares, nacionalistas, demócratas y liberales.

Ese parlamento estaba formado por 429 diputados. ¿Qué porcentaje tendrían los fascistas para el Duce fuese nombrado presidente? ¿El 60%?, ¿el 50%?, ¿el 40%? No: tenían el 8,15%; solo 35 de esos 429 diputados eran del partido fascista. La clave para que eso fuese posible fue muy simple, crear el desorden y que el centro y la derecha, con mucha más representación que ellos, pactaran creyendo que, al darles la responsabilidad del gobierno todo se encauzaría y volvería a ser un estado fuerte, contando con la fortaleza paramilitar del propio fascio. Es decir, con la promesa, de volver al orden que ellos mismos habían roto.

hitler y musoliniPor supuesto una de las primeras cosas que hizo Mussolini una vez tomó los mandos es reformar la ley electoral de tal manera que, al poco tiempo, al pasar de un sistema proporcional a un sistema de representación mayoritaria de los distritos, obtuvieron el 75% de los diputados en las siguientes elecciones, laminando a todos los demás puesto que ya no les eran necesarios.

Hay otro eje nada despreciable. La división de la izquierda facilitó el camino. En el 2020 la estrategia anterior, de la derecha, a la formación del gobierno de coalición entre los socialistas  y Unidas Podemos era impedir el acuerdo a toda costa. Incluidas las amenas personales a diputados de ámbito local o minoritario y haciendo lo posible por dividir al PSOE apelando al “patriotismo” de “varones” e “históricos”.

De haber salido bien y tener que repetir las elecciones por tercera vez, por agotamiento ciudadano ante la “inoperancia” de los instrumentos institucionales, pocas dudas hay de que el pacto tripartito hubiese sido inevitable y justificado: “más vale que haya cualquier gobierno al desgobierno”, “si la izquierda no sabe pactar que gobierne la derecha”; cantinelas repetidas desde diversos sectores.

Benito Mussolini, Milán, 4 de octubre de 1922: “lo que nos separa de la democracia no son los adminículos electorales. ¿Qué la gente quiere votar? ¡Pues que vote! ¡Votemos todos hasta el hastío y la imbecilidad!”. “El momento fugaz que los socialistas no han sabido aferrar está ahora en manos del fascismo; nosotros, hombres de acción, no lo dejaremos escapar y marcharemos”.

La muralla y la plataforma en los tiempos actuales, para hacer imposible lo que plantea esa frase, y que han demostrado su eficacia en Alemania y en los sitios donde se ha practicado es el cordón sanitario del resto de formaciones. Y, la mascarilla y los guantes para alejar ese gran riesgo político, la unidad en la materialización del programa social y de progreso en el que la crítica y la discrepancia son fundamentales para la síntesis y el avance, pero en el que la “pureza” y el  criticismo serían las cuñas para horadar el dique de contención.   

Las huellas de los nazis vuelven a pasar por Argentina

Autor: JAVIER M. GONZÁLEZ

Fuente: Nueva Tribuna

, 06/03/2020

El Centro Simon Wiesenthal divulgó hace unos días la lista de 12.000 nazis que, desde Argentina, giraron sumas millonarias a una cuenta en Suiza, presumiblemente dinero expoliado a las víctimas judías del Tercer Reich. La lista fue encontrada casualmente en el depósito donde funcionaron las dependencias de una organización nazi en Buenos Aires.

La lista contiene nombres, direcciones y fechas con las transferencias al Schweitzerische Kreditanstalt, actualmente Credit Suisse. Entidad que tendría cuentas inactivas desde la Segunda Guerra Mundial, con depósitos que alcanzarían los 35.000 millones de euros. Lo notable es que se creía que esta lista había sido quemada tras el golpe de Estado de 1943, en el que participó el entonces coronel Juan Domingo Perón.

Uno de los nombres de la lista es Ludwig Freude, afiliado al Partido Nazi con el número 405, tan amigo de Perón que le prestó su casa en vísperas del 17 de octubre de 1944 -fecha fundacional del peronismo-, cuando buscó refugio antes de ser detenido brevemente por sus compañeros de armas. El hijo de Freude sería secretario de Perón cuando éste se convirtió en presidente.

Argentina se convirtió en las décadas del 30 y el 40 en un centro de actividades nazis

La lista que dio a conocer el Centro Simon Wiesenthal había sido elaborada por la Comisión Especial para la Investigación de Actividades Anti-Argentina durante el gobierno del conservador Roberto M. Ortiz. La Comisión fue impulsada por el diputado socialista Enrique Dikmann en 1939. Además de la citada lista, se denunció la existencia de organizaciones paramilitares y una red de espionaje que comandaba el agregado naval de la embajada alemana. La misma estaba financiada por el citado Ludwig Freude. El informe de la comisión provocó en su momento la salida del país del embajador alemán, barón Edmund Von Thermann, que era oficial de las SS y muy próximo a Heinrich Himmler.  

A pesar de la citada comisión, lo cierto es que Argentina se convirtió en las décadas del 30 y el 40 en un centro de actividades nazis. Especialmente a partir del golpe del general José Félix Uriburu, de septiembre de 1930. Dicho general fue también conocido con “Von Pepe”, por sus simpatías germanófilas. A partir de ese momento el nacionalismo rancio y antiliberal se apodera de los sucesivos gobiernos argentinos, que verán con simpatía los regímenes europeos que surgen en Alemania, Italia, Francia y Portugal. El mismo Perón, enviado a Italia en misión de estudios, no esconderá nunca su simpatía por Mussolini. Y la influencia alemana fue especialmente importante en el Ejército.

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Rodolfo Freude (segundo desde la izquierda) en una imagen con Perón (Foto: Wikipedia)

La neutralidad argentina durante las dos contiendas mundiales fue interpretada siempre como un apoyo implícito a los alemanes. Y en el caso de la Segunda Guerra Mundial, fue el principal motivo de discordia con los Estados Unidos. En enero de 1942 se celebró la Conferencia de Río de Janeiro, que recomendó a todos los países de la zona la ruptura de relaciones con los países del Eje. Veinte países aceptaron la recomendación y siete declararon la guerra. Argentina esperó dos años y solo el 26 de enero de 1944, cuando la guerra ya estaba decidida. rompió relaciones, siendo el único país de América Latina que mantuvo la neutralidad hasta entonces. El secretario de Estado norteamericano de aquél entonces, Cordell Hull, dedicaría años después varios capítulos de sus memorias a la relación con Argentina, acusando al país de no responder a la política de buena vecindad del presidente Roosevelt. Señaló que las acciones del país sudamericano durante la contienda constituyeron “un crimen contra la democracia” y “el ejemplo del mal vecino”.

Según el reciente libro de la historiadora María Sáenz Quesada“1943”, había en la Argentina de ese año más de 200 establecimientos educativos alemanes y sus 15.000 alumnos fueron integrados al plan de adoctrinamiento nazi. La enseñanza la impartían solo maestros arios, debía preservarse la cultura alemana y evitar que los germanos se integraran al crisol de razas del proyecto argentino. “Sin tapujos, los símbolos del nazismo y la propaganda del régimen se introdujeron en las escuelas”, con honrosas excepciones.

El ambiente favorable a los nazis en Argentina se había intensificado a partir de 1933, llevando a los dirigentes de la comunidad alemana en el país a excluir a los judíos de las instituciones alemanes en el país, como los clubes, asociaciones culturales y benéficas. La persecución se extendió también a las empresas alemanas y a los médicos judíos que trabajaban en el Hospital Alemán. Según un estudio de María Oliveira-Cézar, fue esencial la recolección de fondos: a partir de 1937 la mayoría de alemanes que trabajaban en empresas alemanas fueron requeridos para que voluntariamente o no, entregaran entre el 6% y el 10% de sus sueldos para la causa.

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Acto nazi en el estadio Luna Park en apoyo al III Reich. (10 de abril de 1938).

En  abril de 1938 se celebró en el estadio Luna Park de Buenos Aires un acto de apoyo al Tercer Reich, siendo el más numeroso de los realizados fuera de Europa para celebrar la anexión de Austria. Acto al que asistieron algunos funcionarios del gobierno argentino, como el gobernador de la provincia de Buenos Aires, Manuel Fresco. Este clima explica la famosa “Circular 11”, de julio de 1938, que durante mucho tiempo fue secreta, con instrucciones a todos los consulados argentinos para restringir al máximo los visados a judíos que huían de la Alemania nazi.

El nuevo golpe militar, de 1943, fue organizado por militares integrados en la logia del GOU (Grupo de Oficiales Unidos), en el que había muchos oficiales pro nazis. El principal impulsor del grupo fue Perón que, por su cargo miliar, en ese momento coronel, se mantuvo en un segundo plano. Los generales Rawson y Farrell ocuparían el poder formal, aunque Perón manejaba los hilos, ocupando la vicepresidencia, el ministerio de Guerra y la estratégica Secretaría de Trabajo y Previsión, desde donde construyó el poder que le llevaría a la presidencia, en las elecciones de febrero de 1946.

La tensión con los Estados Unidos fue máxima por esos años, acusando a Argentina de proteger a los nazis en su país

La tensión con los Estados Unidos fue máxima por esos años, acusando a Argentina de proteger a los nazis en su país. Entre 1942 y 1949 mantuvo un boicot económico y la tensión alcanzó su pico máximo con la llegada al país, en mayo de 1945, del nuevo embajador, Spruille Braden. Según el embajador británico en Buenos Aires, su colega americano llegaba “con la idea fija de que había sido elegido por la Providencia para derrocar al régimen Farrell-Perón”. Solo estaría en el país 127 días, ya que volvió a Washington para ocupar el cargo de Subsecretario de Estado. Pero se convirtió en el principal dinamizador de la oposición, señalando conexiones nazis y fascistas en el gobierno militar. Según el historiador Félix Luna, en su clásico libro “El 45”, la oficina de Braden, a tres manzanas de la Casa Rosada, se constituyó en la “virtual sede del estado mayor opositor”.

Estados Unidos publicaría antes de las elecciones de febrero de 1946 el Libro Azul, en el que detallaría sus denuncias. Eso le serviría a Perón para lanzar el slogan de Braden o Perón, de cara a los comicios.

Elecciones que ganaría Perón con el 52,4% de los votos. Ya en la presidencia, y acabada la Segunda Guerra Mundial, es sobradamente conocido el santuario que encontraron en Argentina muchos de los jerarcas del nazismo. Pero esta es ya otra historia.

La Gripe Española: la pandemia de 1918 que no comenzó en España

Autora: Sandra Pulido

Fuente: Gaceta Médica. 19/01/2018

La Gripe Española mató entre 1918 y 1920 a más de 40 millones de personas en todo el mundo. Se desconoce la cifra exacta de la pandemia que es considerada la más devastadora de la historia. Un siglo después aún no se sabe cuál fue el origen de esta epidemia que no entendía de fronteras ni de clases sociales.

Aunque algunos investigadores afirman que empezó en Francia en 1916 o en China en 1917, muchos estudios sitúan los primeros casos en la base militar de Fort Riley (EE.UU.) el 4 de marzo de 1918.

Tras registrarse los primeros casos en Europa la gripe pasó a España. Un país neutral en la I Guerra Mundial que no censuró la publicación de los informes sobre la enfermedad y sus consecuencias a diferencia de los otros países centrados en el conflicto bélico.

Ser el único país que se hizo eco del problema provocó que la epidemia se conociese como la Gripe Española. Y a pesar de no ser el epicentro, España fue uno de los más afectados con 8 millones de personas infectadas y 300.000 personas fallecidas.

Hospital militar de emergencia durante la epidemia de Gripe Española. Camp Funston Kansas Estados Unidos.
/ Foto: Museo Nacional de Salud y Medicina

La censura y la falta de recursos evitaron investigar el foco letal del virus. Ahora sabemos que fue causado por un brote de influenza virus A, del subtipo H1N1. A diferencia de otros virus que afectan básicamente a niños y ancianos, muchas de sus víctimas fueron jóvenes y adultos saludables entre 20 y 40 años, una franja de edad que probablemente no estuvo expuesta al virus durante su niñez y no contaba con inmunidad natural.

Fiebre elevada, dolor de oídos, cansancio corporal, diarreas y vómitos ocasionales eran los síntomas propios de esta enfermedad. La mayoría de las personas que fallecieron durante la pandemia sucumbieron a una neumonía bacteriana secundaria, ya que no había antibióticos disponibles.

Sin embargo, un grupo murió rápidamente después de la aparición de los primeros síntomas, a menudo con hemorragia pulmonar aguda masiva o con edema pulmonar, y con frecuencia en menos de cinco días.

En los cientos de autopsias realizadas en el año 1918 los hallazgos patológicos primarios se limitaban al árbol respiratorio por lo que los resultados se centraban en la insuficiencia respiratoria, sin evidenciar la circulación de un virus.

Al no haber protocolos sanitarios que seguir los pacientes se agolpaban en espacios reducidos y sin ventilación y los cuerpos en las morgues y los cementerios. Por aquel entonces se haría popular la máscara de tela y gasa con las que la población se sentía más tranquila, aunque fueran del todo inútiles.

En el verano de 1920 el virus desapareció tal y como había llegado.

Portadores de la Cruz Roja durante la Gripe Española. Washington DC.

Y ASÍ LA LLAMARON

Los periódicos españoles fueron los primeros en informar sobre una enfermedad que estaba matando a la población. En el resto de Europa, y a ambos lados de las líneas aliadas, censuraron toda información para no desmoralizar a las tropas ni mostrar debilidad ante el enemigo. Con lo cual, sólo se convirtió en noticia en los países neutrales. En un primer momento los medios de España intentaron también darle nombre extranjero bautizándola como ‘El soldado de Nápoles’ o ‘La enfermedad de moda’. Tras informar el corresponsal del The Times en Madrid, el termino de ‘La Gripe Española’ se extendería por el resto del mundo a partir del verano de 1918.

Cartel de la Gripe Española en Alberta.

Primera república española

Autor: Edmundo Fayanas Escuer

Fuente: NUEVATRIBUNA.ES 11/03/20

La I Republica española surge el once de febrero de 1873, y dura hasta el 31 de diciembre de 1874. Podemos dividir este periodo republicano en dos fases:

  •  La primera parte que iría del once de febrero de 1873 hasta el dos de enero de 1874, que termina con el golpe militar del general Pavía. En este periodo hubo cinco gobiernos.
  • La segunda parte va del tres de enero del año 1874 hasta el treinta y uno de diciembre del mismo año y en ese periodo hubo tres gobiernos. Siendo esta parte republicana dominada por gobiernos conservadores.

Coincidió la primera república española con la tercera guerra carlista, el problema cantonal y la guerra de Cuba, con lo que la dificultas era máxima.

La Iª República española del año 1873 es consecuencia del proceso revolucionario iniciado en el año 1868 con la conocida como la revolución Gloriosa, que fue la primera que contó con un gran apoyo militar.

La caída de los Borbones fue el resultado en el plano político de la propia dinámica del capitalismo español, que necesitaba apoyarse en sectores políticos más progresistas, que posibilitasen el progreso y desarrollo del país.

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No se trataba de una transformación radical de las estructuras socioeconómicas, aunque la ambigüedad de las formulaciones de los grupos que apoyaron la Revolución permitió aglutinar distintos sectores sociales.

Los excesos radicales del año 1869 situaron en una posición defensiva a las fuerzas conservadoras ligadas a los intereses económico, que trabajaron para establecer una Monarquía constitucionalmente fácilmente controlable. El intento fracaso por la dispersión de las fuerzas, que sustentaban y la situación de vacío de poder que se creó dio como resultado la Primera República española.

El general Prim había sostenido que una República en España era inconcebible, porque decía que el republicanismo era una actividad política muy minoritaria. Sin embargo, la Asamblea, compuesta por el Senado y el Congreso, votó la reforma de la Constitución en el sentido de que se declarase como forma de gobierno de la nación la República, que fue proclamada por 319 votos a favor.

Se habían unido lo radicales y los republicanos y Estanislao Figueras plantea que la única solución salvadora de la patria es la República. Debemos saber, que los radicales habían sido el principal apoyo de la Monarquía constitucional, pero no tuvieron ningún problema en apoyar la República, a pesar de contar con la oposición del jefe de los radicales de Ruiz Zorrilla.

Muchos consideran que la proclamación de la I República tuvo un origen ilegal, porque no era constitucional la fusión de las dos Cámaras para alterar la forma de gobierno. Por si fueran poco las dificultades para el desarrollo del planteamiento republicano, los propios republicanos estaban muy divididos.

Figueras fue nombrado presidente del Consejo, del formaban parte otros tres republicanos, Pi y Margall, Castelar y Salmerón y cinco radicales que antes habían respaldado el proyecto de monarquía de Amadeo de Saboya y eran Fernández de CórdobaEchegaray, Berenguer, Becerras y F. Salmerón, mientras que el también radical Cristino Martos, fue elegido presidente de la Asamblea republicana española.

La Iª Republica española tuvo escaso apoyo exterior, siendo solo reconocida por los Estados Unidos, Suiza, Costa Rica y Guatemala. Ni la Francia de Thiers, que acababa de proclamar la III República, ni la Alemania de Bismarck, se mostraron partidarias de su reconocimiento por la desconfianza que generaba un sistema que podía recordar en algún momento a la Comuna de París.

Inglaterra tampoco la reconoció debido a los recelos que tenía ante la posibilidad de que España llegase a establecer con Portugal la Unión Ibérica, de la que no era en absoluto partidaria.

Los dirigentes del Partido Republicano se encontraron con una oposición bicéfala:

  1.  La de los radicales que deseaban una República no federal, sino unitaria.
  2.  La de los federalistas extremistas, que deseaban la República federal inmediatamente, no como una imposición de arriba abajo, sino como una expresión del impulso revolucionario de la base, es decir, de abajo arriba.

Pi i Margall reconocía que esta propuesta era imposible pues la proclamación de la República había sido votada con la condición de que fuesen unas Cortes Constituyentes las que determinasen la forma que debía adoptar esa República.

Pi i Margall se le considera el padre del federalismo español. Sus ideas están expresada en su obra “La reacción y la revolución”, que fue publicada en el año 1854, Afirmaba que todo hombre era esencial y radicalmente libre, soberano de sí mismo, y entre soberanos no podía haber sumisión, sólo cabían los pactos. Estos pactos tenían que ser bilaterales sinalagmáticos y conmutativos y se establecían de abajo arriba, desde la familia hasta la federación universal, o pacto entre los países del mundo.

Los republicanos intransigentes no compartían la actitud de Pi i Margall y alentaron los desórdenes y las manifestaciones de violencia en la mayor parte del país. Se formó el Comité de Salud Pública en Madrid, a cuyo frente se encuentra Roque Barcia, que tenía una visión más radical y su objetivo era proceder de forma inmediata a la formación de cantones.

En Cataluña, el ocho de marzo, se proclamó el Estado catalán, y la Diputación se hizo con todos los poderes, decretando la abolición del ejército. El gobierno tuvo que reaccionar inmediatamente, pero se vio obligado a hacer concesiones a los federales. En Sevilla, también se produjo un intento parecido, pero la actitud enérgica del gobernador civil lo impidió.

La crisis estalla el veinticuatro de febrero como consecuencia de la disidencia entre los radicales y los republicanos federales a raíz de una discusión en torno a la renovación de las Diputaciones y Ayuntamientos.

Al día siguiente, el gobierno de coalición republicano-radical fue sustituido por un gobierno formado exclusivamente por republicanos, en el que seguía estando a la cabeza Estanislao Figueras y como ministro de Estado, Castelar, y de Gobernación, Pi i Margall.

La Asamblea seguía estando dominada por los radicales y de ahí que el Gobierno tratase de conseguir su disolución para proceder a unas nuevas elecciones. Estas se realizaron el diez de mayo, y su resultado fue una aplastante mayoría de los federales, lo cual no era más que consecuencia del retraimiento practicado por los radicales, los alfonsinos y los carlistas, aunque algunos se presentaron como candidatos a título individual.

La participación electoral fue sólo del 25%, la más baja de toda la historia parlamentaria de España hasta ese momento. Según dice Pi i Margall las Cortes elegidas de aquellas elecciones “se apresuraron a declarar, con sólo dos votos en contra, que la federación era la forma de gobierno de la nación española”.

Las Cortes se reunieron el uno de junio, pero los radicales que no renunciaron, a pesar de todo, al control sobre el Gobierno, consiguieron nombrar una Comisión Permanente, que estaba formada por ocho radicales, tres conservadores, cinco federales y tres radicales de conciliación.

Al mismo tiempo, los radicales intentaron una conspiración para proclamar la República unitaria y contaban con la colaboración de varios generales. Pi i Margall pudo disolver la Comisión, con lo que los radicales desaparecieron de la escena política.

Pi i Margall fue nombrado presidente del Consejo de Ministros a raíz de la constitución de las nuevas Cortes y de la sorprendente huida a Francia de su antecesor en el cargo, Estanislao Figueras.

El nuevo Gobierno trató de satisfacer al mismo tiempo la aspiración de la derecha, el orden, y la aspiración de la izquierda, la federación. El empeño de esta política era muy complicada, cuando además Pi i Margall tenía que enfrentarse simultáneamente a la guerra carlista, a las conspiraciones alfonsinas y a los federalista intransigentes, que habían iniciado ya un movimiento revolucionario cantonalista.

EL MOVIMIENTO CANTONALISTA

El nombramiento como presidente de Pi i Margall no sólo sirvió para controlar los excesos federalistas, sino que, por el contrario, dio rienda suelta a los que querían llevar su radicalismo al máximo.

Si seguimos al historiador Antoni Jutglar, a Pi i Margall le faltó la habilidad y la energía suficientes para asegurar lo que según él debía ser la garantía del orden: el programa y el sistema federal. Lo cierto es. que los excesos dieron lugar al fenómeno de los cantones.

Cuando Pi i Margall toma el poder seguían vigentes los problemas de orden público que había acompañado de siempre a la I República desde el mismo momento de su proclamación, especialmente en Andalucía.

Se trató de conseguir que los Gobernadores Civiles restablecieran la normalidad en las provincias donde ésta se hallaba más alterada para no tener que recurrir al ejército, como pretendían las autoridades militares. Málaga y posteriormente Sevilla, Cádiz, San Fernando y Sanlúcar fueron las poblaciones en las que la agitación se desarrollo entre finales de junio e inicios de julio.

¿Qué deseaban los sublevados?

Lo podemos comprobar en el manifiesto del Comité de Salud Pública de Cádiz que decía lo siguiente: “El Comité se ocupará sin descanso en la adopción de medidas necesarias para salvar la República y contrarrestar el espíritu centralizador de las organizaciones políticas pasadas y salvar para siempre al pueblo español de todas las tiranías”.

En la ciudad de Alcoy, que tenía una potente industria manufacturera, que daba trabajo a un gran número de trabajadores, se había instalado la sede de la Comisión Federal de la Federación Regional Española de la Primera Internacional. El nueve de julio, una huelga general organizada por las organizaciones bakunistas derivó hacía una situación de violencia, que acabó con el asesinato del alcalde la ciudad y el incendio de una fábrica.

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Es llamado el ejército a la ciudad y al mando del general Velarde, pudo restablecer la situación tres días más tarde. Los sucesos de Alcoy revistieron un carácter especial por tratarse de una insurrección puramente obrera, en la que tuvieron una participación destacada los internacionalistas, cosa que no ocurrió en el movimiento cantonal en general.

El cantón de Cartagena es otro de los episodios importantes del cantonalismo. La proclamación del cantón de Cartagena se produjo con la colaboración del Comité de Salud Pública de Madrid, el cual instó a los intransigentes a sublevarse para constituir una Junta Revolucionaria.

El movimiento cantonalistas de Cartagena se vio reforzado no sólo por las tripulaciones de los buques Almansa y Vitoria, sino que el regimiento Iberia, que el gobierno había mandado para sofocar la sublevación de Málaga, se unió a los sublevados.

Pi i Margall se enfrentaba al reto de proceder a la restauración del orden y la autoridad. Además de reducir la insurrección mediante la utilización de la fuerza, cosa que repugnaba a su talante democrático, su respeto por la libertad y a su carácter antimilitarista.

Para salvar la situación, Pi i Margall mandó a las Cortes el proyecto de Constitución republicana que había sido redactada por Castelar en solamente veinticuatro horas.

La Constitución republicana constaba de 117 artículos divididos en 17 títulos. Según ésta, la nación española sumía la forma de República federal, integrada por diferentes Estados que en total eran diecisiete que quedaban configurados en su título primero.

El artículo 1º de la Constitución dice: “Componen la Nación española los Estados de Andalucía Alta, Andalucía Baja, Aragón, Asturias, Baleares, Canarias, Castilla la Nueva, Castilla la Vieja, Cataluña, Cuba, Extremadura, Galicia, Murcia, Navarra, Puerto Rico, Valencia, Regiones Vascongadas. Los Estados podían conservar las actuales provincias o modificarlas según sus necesidades territoriales”.

El título II detallaba los derechos individuales de los españoles con una precisión a la de la Constitución de 1869. Otra de las novedades dignas de reseñar es la aparición de un cuarto poder, que se añadía a los ya tradicionales y que se denominaba “poder de relación”. Ese poder sería ejercido por el presidente de la República. En el título XIII se establecían las facultades de los diferentes Estados que componían la nación y se delimitaban las competencias de éstos en relación al poder federal.

EL CANTÓN NAVARRO

Navarra siempre ha sido una única provincia, pero en algunos procesos constitucionales siempre ha sido cuestiona si seguir sola o en unión de otras. En la actualidad, todavía sigue el debate y el enfrentamiento por seguir sola o que se integre en Euskadi.

Veamos la discusión que se produce en Navarra con el tema del cantón navarro.

El dieciocho de junio de 1873, se recibe una comunicación dirigida a la Diputación provincial por parte de los diputados navarros a Cortes Generales, que dice lo siguiente:

“Sr. Presidente de la Diputación de Navarra. Muy Sr. Nuestro y de nuestra distinguida consideración. Los Diputados por Navarra que suscriben deseosos del mejor acierto, así como de interpretar los deseos de sus comitentes, ruega a Vd. se sirvan hacer presente a esa Corporación que oirán con agrado todas las observaciones que tenga a bien dirigirles acerca de los siguientes puntos:

1º ¿Convendría que Navarra constituyese por sí solo un Estado Federal?

2º En caso contrario sería preferible su unión a las provincias Vascas, a las de Aragón, ó la Rioja:

Es cuanto tenemos el gusto de manifestarles, encareciendo la urgencia de la contestación. Tienen el gusto de ofrecerse con este motivo.”

El diecinueve de junio, se convoca una reunión para tratar sobre la conveniencia o inconveniencia de que Navarra forme un Estado federal o se agregue a otras provincias.

Se reúne la Diputación provincial de Navarra bajo la presidencia de Esteban Camón, y en la que participan los diputados provinciales, Tomás Moreno, Fermín Ibarra, Baltasar Morrás, Gumersindo Ochoa y Miguel Aldaz. Deciden que se debe invitar a una reunión más amplia a personas representativas de la sociedad navarra para que opinen sobre el tema cantonal, que se plantea en la posible nueva Constitución republicana.

Se plantean tres alternativas a la Diputación. Veamos:

1º La formación de Navarra en un solo Estado y aceptar la unidad política con el respeto y acatamiento en un solo Presidente de la República federal española, de un solo Parlamento y las altas leyes políticas no opuestas a su autonomía foral.

En todo lo demás puede gobernarse sola, tanto en los apartados económico, administrativo por sus fueros y leyes, sin que perjudique a la marcha de los demás Estados en su régimen interior, pues así ha venido existiendo hasta la fechas sin oposición contraria.

2º La agregación a Aragón o Castilla en las que hay intereses generales creados, completamente diversos a Navarra, trayendo una perturbación inmediata. Navarra no iba a tomar nada de Aragón y Castilla. Estos obtendrían un provecho o ventaja que pueden gozar por sí solos.

Si Navarra se une a Aragón o Castilla y el Congreso o Consejo cantonal actúa para ambas provincias, no puede llegarse nunca a una uniformidad en ningún asunto.

Las diferencias en esas provincias en temas como la guardería del campo, la dación de las cuentas municipales, los goces de aprovechamientos de montes y pastos se han regido y rigen por las leyes generales, por más que se les conceda a estos Congresos facultades de legislar esas materias. Respecto a los pueblos de Navarra no puede legalmente la Diputación actual ni el Congreso de ambas provincias romper la costumbre en ley o la ley expresa de que en Navarra se nombran guardas en ciertos pueblos.

Se deja aparte otras consideraciones respecto a obras públicas por las que tan altos sacrificios ha hecho Navarra, en los que dando participación a otras provincias más retrasadas, pierde muchísimo después de tanto esfuerzo a su costa.

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Como es posible, que un Congreso cantonal mixto de provincias ejerciese las atribuciones del antiguo Consejo de Navarra Diputación del Reino, dadas privativamente a la actual Diputación provincial, por Decreto de 21 de enero de 1871 de Gobernación, es a la par Comisión provincial.

3º La unión a las provincias forales vascas, destaca la importancia de los puertos de mar y dejarían de crear problemas los derechos de entrada de nuestros vinos y líquidos en sus fronteras provinciales, con cuya cesación o disminución de pagos de aduanas se provocaría un crecimiento de nuestro comercio.

Ellos tienen su autonomía foral propia, que aunque inmejorable en su caso, como juzgamos la nuestra para nosotros, ha de sufrir un gran quebrantamiento, así no la nuestra, si a de fusionarse de acuerdo las cuatro provincias, de ahí las protestas mutuas de las cuatro provincias que pretenden conservar su independencia.

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Hay por otra parte, una alta consideración que tener muy en cuenta: de todos es sabido, el espíritu político que se da en la mayoría de las provincias Vascongadas y Navarra, el espíritu de guerra que domina los destinos de la nación, su sistema gubernamental, puede anular, en la plenitud de sus facultades nuestros fueros y franquicias, y puede suponer un peligro que no debe ocultarse.

Formado un Estado con las cuatro provincias mencionadas, es muy posible o al menos factible que se desarrolle y aumente un espíritu de imposición al resto de España y a que no se consiga la mayoría política, valiéndose de la amplitud del sufragio.

Abierta la sesión por el Presidente de la Diputación provincial de Navarra, Esteban Camón invita a los participantes a que manifiesten su opinión y planteen todas las dudas que les surjan sobre el tema del Cantón, que plantea la Constitución republicana, sin ningún tipo de restricciones y con total libertad.

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El resultado de dicha reunión es la información que pasa a sus diputados a Cortes en Madrid respecto su posición política respecto al cantón navarro en la futura Constitución republicana. Para ello, manda el siguiente telegrama a las Cortes:

“En sesión extraordinaria de hoy 19 de junio a la que han concurrido varios particulares de las Merindades, residentes aquí, ha quedado por unanimidad acordada la opinión de que conviene que Navarra constituya por sí sola un Estado Federal, salvando en todo caso su autonomía foral dentro de la unidad constitucional, como hasta el presente. Comuníquese a Diputados a Cortes”.

El veintisiete de junio, la Diputación acuerda dar una alocución a los habitantes de Pamplona ante el estado de perturbación política:

“Diputación foral y provincial de Navarra. Ciudadanos. La Diputación de Navarra que no desconoce el círculo de atribuciones administrativas se cree en el deber ineludible, por su carácter de autoridad dirigir su voz a esta capital de la Provincia: la impulsa a ello el deseo vehemente que tiene de que por ningún motivo sea turbado el orden, base firme de todo poder y condición preciso de todo Gobierno, si es que ha de marchar dentro de su legitima existencia y mucho más si la forma de él es apoyado en la democracia, en la República Federal proclamada por nuestras Cortes.

Deponed pues, toda idea de excitación aunque a ello os obligue el celo por los principios políticos que profesáis.

La Diputación que aceptó y proclamó la República asociada a las autoridades civiles y militares, la Diputación que en 19 de febrero se dirigió a todo el país recomendándole el acatamiento de todas las autoridades legítimas, hoy os repite lo mismo: orden y obediencia a las Autoridades.

Respecto al Gobierno de la República federal, declarada en las constituyentes que son la Soberanía Nacional. Confiad en nuestras autoridades que unidas como están e identificadas en su anhelo por la buena marcha del Gobierno, sabrán elevar al mismo nuestras aspiraciones, para que remueva todo obstáculo que se oponga a la consolidación del orden y de la República”.

El proyecto constitucional fue discutido durante tres días, y en los debates se puso de manifiesto la falta de acuerdo entre los republicanos de distinto signo, lo que hizo imposible su aprobación.

EL DEBATE FORAL EN EL CONGRESO Y EL SENADO

El diputado Madoz en una intervención en la Cortes el día seis de octubre dice: “que fuera de alguna excepción no había ningún fuero que se opusiese a la Constitución”.

El ministro de Gracia y Justicia, Luis del Río Ramos, interviene en el Congreso, en nombre del Gobierno para entre otras cosas decir que si caben en la Constitución los fueros y expone que es una paradoja el sostener el concepto siguiente:”nadie se ofende porque le den una cosa mejor que la que tiene. No basta que a mí me pareciera mejor lo que doy; es menester que lo parezca así al que lo reciba”.

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El mismo día, el ministro Luis del Río Ramos replica al diputado Sancho diciendo: “que no comprendía, como el día cuatro de octubre, había exclamado que siendo hijos de la libertad, los fueros y la Constitución y suponiendo que cabían aun mismo tiempo en la casa paterna, viniese a decir ahora que los fueros no pueden recibir la luz o el reflejo constitucional; es decir, añadía que este hijo que entre en la casa paterna será ciego, no podrá ver su casa nunca”.

Ante las graves dudas que genera el fuero navarro en las Cortes Generales, la Diputación emite un comunicado que dice:

¡Cuánta razón tenía el ministro censurando que se hiciese cuestión de subterfugios y de pasiones está en que había de por medio objetos tan sagrados!

Solo así puede comprenderse que a la legislación especial de Navarra la llamasen hijo prodigo de la Constitución española, cuando esta había de derivarse de los antiguos principios políticos forales de Navarra en que estaban consignados los modernos derechos individuales, y en otra de la Novísima recopilación de Navarra; cuyas garantías decía Olózaga (el seis de octubre) adquiría Navarra y no estaban contenidas en los fueros: era mucho apasionarse en hombres a quien no podía considerarse ignorante, el decir que si el Estado moderno de la sociedad conquistaba esas grandes garantías, Navarra las conquista también; cuando se sabe que ya los tenía anteriormente y al gozarlas de nuevo, ningún favor se le hacía si en todo caso había de haber sido respetada su legislación antigua foral a falda de Constitución”. 

Llevado el asunto de la Constitución al Senado, se vuelve a repetir el cuestionamiento de los fueros. En la sesión del dieciocho de octubre, el senador Viluma hace públicos sus temores acerca de la compatibilidad de los fueros y de la unidad constitucional por lo cual entiende “un solo Monarca sólo unos Cuerpos Colegisladores”.

El senador Ferrer dice: “Eran diferentes los de Navarra y provincias Vascongadas que los fueros municipales y económicos eran dignos de admiración y recomendables a la Nación para extenderlos a la misma y que por haberlos perdido algunas provincias se vieron caer en la miseria y ambición en que todas las veían; que los municipales y económicos que habían hecho la verdadera felicidad del país no estaban en oposición a la Constitución…”.

El duque de Fría espera que el Gobierno explique el sentido de la palabra “unidad constitucional”.

En nombre del Gobierno responde el ministro de Gracia y Justica diciendo:” La unidad de una cosa se salva en los principios de la Constitución, en los grandes vínculos en las grandes formas características y de ningún modo en los pequeños detalles… La Unidad Constitucional se salva habiendo un solo Rey Constitucional para todas las provincias, un mismo poder legislativo y una misma representación común”.

El senador Ferrer afirma “lo más generoso hubiera sido decir, ahí tenéis los fueros, que los españoles tienen una libertad nacional, consultad lo que os tiene más en cuanta, unámonos para formar una misma familia”.

El representante navarro, Conde de Ezpeleta interviene en la sesión del Senado el 19 de octubre y afirma: “Si la unidad constitucional se entiende como régimen constitucional, porque yo encuentro grande la diferencia. La diferencia de tomar las cosas en grande a venir a detenerse en las más pequeñas, si se toma en aquel sentido, estamos acordes; pero si es en el segundo, diré que es una decepción, un engaño; porque sería decir que darnos una cosa, no dándola y entonces no habría nada y las provincias quedaran reducidas a un estado peor que el de los últimos pueblos de Castilla”.

Antes de proceder en el Senado a la votación del texto constitucional republicano, el senador, Marqués de Montesa, pregunta si la palabra Fuero se entiende también la confirmación de las leyes de Navarra.

Le contesta el ministro de Gracia y Justicia de forma afirmativa diciendo:

“Me he extendido y acaso he estado difuso en estas explicaciones porque el punto es sumamente importante en la actualidad; he dicho al principio que opinaba porque Navarra constituyese un solo Estado a Cantón por si solo sin agregación. La razón primera esta dicha en la exigencia de las Cortes de que los Reyes o Poder Soberano no pudieran hacer que fuera Reino aparte sino sólo o de por él.

Aun que esto quisiese darse por abolido y completamente derogados por olvidados las tendencias históricas en defensa de ser y querer ser Navarra una sola arguyendo que había aceptado la unidad constitucional, una cosa es que se haya entendido y se entienda hoy distinta del régimen y otra cosa es que a pretexto de éste se intente prescindir de todo y sujetar a la provincia a anexiones por las cuales pierda su propia y foral autonomía administrativa que está comprendida en los 26 artículos de la Ley orden vigente de 16 de agosto de 1841”.

Antes que finalizasen esos debates constitucionales y ante los reproches que recibe Pi i Margall por parte de muchos diputados que le acusaban de ser el responsable de la insurrección cantonal por su política de concesiones y por contemporizar con la situación política. Pi i Margall ante esta situación presenta su dimisión

El dieciocho de julio, fue elegido nuevo presidente Nicolás Salmerón, con 119 votos frente a los 93 que recibió Pi i Margall. En cinco meses se habían sucedido ya cinco gobiernos y dos presidentes. Salmerón fue elegido con el apoyo de los monárquicos. Salmerón adoptó una actitud de mayor firmeza ante la revolución cantonal, que se había extendido por todo el sur y el levante español.

Sus primeras medidas consistieron en reorganizar el ejército para intentar sanearlo y cortar los brotes de connivencia que se había producido entre algunas unidades y los insurrectos. Formó expedientes a las autoridades que habían tomado parte en las sublevaciones cantonales, como los gobernadores de Murcia y Alicante.

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Recurrió a los militares monárquicos como Martínez Campos, o radicales como Pavía, a quienes nombró, respectivamente, capitanes generales de Valencia y Andalucía, las regiones donde se había centrado el conflicto, para que ejercieran la mano dura.

Pavía reunió un ejército de tres mil hombres, que fueron suficientes para reducir los cantones andaluces de Córdoba. Sevilla y Cádiz a finales de julio e inicios de agosto. Málaga resistió algún tiempo más y fue sometida el dieciocho de septiembre. La mayor resistencia la ofreció Cartagena que resistió el asedio del general López Domínguez hasta el once de enero del año 1874.

Los conservadores españoles presentaron el movimiento cantonalista como una revolución social, sin embargo esto no es así. Solamente en el caso de Alcoy y algunas acciones aisladas en Andalucía tuvieron aspectos de revolución social.

Para el historiador José María Jover, la revolución cantonal fue en todas partes el golpe de mano de activistas políticos de una burguesía deseosa de detentar poder.

La utilización del ejército por parte de Salmerón le atrajo el ataque de la izquierda en las Cortes Generales. Sin embargo, Salmerón se negaba a firmar dos sentencias de muerte propuestas por las autoridades militares, el cinco de septiembre presentó su dimisión. Las Cortes apoyaron a Emilio Castelar que contó con 133 votos, mientras que Pi i Margall obtuvo 67.

Castelar fue el último presidente de la I República y su gestión se centró en conseguir el apoyo de los radicales, pues creía que su separación había sido el principal error de los políticos republicanos.

Protegió a los monárquicos y pactó con la Santa Sede, todo lo cual significa un importante golpe de timón para que la República se inclinase hacia la derecha. Su éxito más importante fue lograr la confianza del ejército. La I República giraba hacia la derecha y esto hace que la izquierda junto a Salmerón acuse a Castelar de crear una República que podían disfrutar los no republicanos.

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El gobierno de Castelar fue derrotado en dos votaciones en la Cortes y crecía la posibilidad de que se restableciese el sistema federal. El Capitán General de Madrid, el radical, Manuel Pavía, irrumpió en las Cortes el tres de enero de 1874 y con uno pocos disparos, acabó con las Cortes Constituyente republicanas.

Pavía se dirige a los mandos del ejército diciendo:

“Dos veces ha sido derrotado el Ministerio de Castelar e iba a ser sustituido por lo es basan su política en la destrucción de la Patria.

En nombre, pues, de la salvación del ejército, de la Libertad y de la Patria, he ocupado el Congreso, convocado a los representantes de todos los partidos, exceptuando los cantonales y los carlistas, para que formen un gobierno nacional que salve tan caros objetos.

El Capitán General de Madrid no formaría parte del Gobierno, y continuará en su puesto. En nombre de la Patria, espero que secundará V.E mi patriótica misión, conservando el orden a todo trance”.

El golpe del general Pavía suponía una vuelta a la tradicional concepción del papel del ejército en la España liberal. Cuando se llegaba a un momento de crisis política y de revuelta social, como el que se daba en la I República española, el ejército asumía la responsabilidad de poner las cosas en sus sitio, restableciendo el orden y reconduciendo la marcha del país por los cauces que representaba la verdadera voluntad nacional, que no era otra que garantizar el poder a las elites nacionales en contra del sentir de la mayoría.

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En este caso, como en otros anteriores y otros posteriores de la historia, el papel del ejército siempre ha sido el de garantizar el poder a las elites políticas y económicas sin importarles nada el coste para el resto de la población.

Una vez disueltas las Cortes, Pavía reunió a políticos y generales que se encontraban en Madrid para entregares el poder. Los generales Serrano, Concha, Topete y Berenguer, junto a los políticos Rivero, Martos, Sagasta acordaron que el Gobierno que se había de constituir siguiera llamándose Poder Ejecutivo de la República.

Se nombre presidente de la República al general Serrano y el gobierno estaría presidido por Zavala. La República no dejaba de existir, aunque tomaba una forma diferente, donde la alta burguesía, la aristocracia, el clero ocuparían lugar principal en el desarrollo político.

Con el fin de conseguir el mayor apoyo a esta República presidencialista, Serrano pidió la colaboración de Cánovas del Castillo, que era el representante de Alfonso XII y también la de Castelar, que era el republicano más conservador. Sin embargo, ninguno de los dos lo apoyo, pues no estaban de acuerdo con la salida política propuesta, ni aun como fórmula transitoria.

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Serrano dio un papel principal al ejército y mandó disolver la I Internacional. A los pocos días de tomar el poder, se rendía el cantón de Cartagena a las tropas de López Domínguez.

Bilbao se encontraba sitiada por las tropas carlistas desde inicios de enero de 1874, y había fracaso los diversos intentos del ejército liberal de romper el cerco carlista de la ciudad.

Serrano toma el mando del ejército liberal del norte y con eso pretendía conseguir una victoria que reforzara su posición política. Mientras tanto, en Madrid se producían conspiraciones alfonsinas dirigidas por los generales Concha, Echague y Martínez Campos como se vio en abril y planteaban el restablecimiento de una monarquía encabezada por Alfonso XII.

El gobierno de Zavala tuvo que tomar en el campo financiero una medida de transcendental importancia y su ministro de Hacienda, Echegaray, hizo aprobar un decreto el diecinueve de marzo, por el que el Banco de España recibía el monopolio de la emisión de billetes, pudiendo poner en circulación dinero por cuatro veces superior al encaje oro y plata, y por cinco veces de su capital efectivo, que fue elevado a cien millones de pesetas.

La situación económica que había heredado la Revolución de 1868 de la monarquía de Isabel II era desastrosa. El ministro de Hacienda del gobierno provisional del año 1868, Laureano Figuerola, lo denuncio inmediatamente. La deuda superaba los ingresos anuales y los gastos comenzaron a crecer con el triunfo de la revolución Gloriosa, con lo que la situación económica empeora.

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Figuerola plantea una serie de reformas para lograr la nivelación del presupuesto de forma gradual. El principal problema que había padecido la economía del país residía en los obstáculos que la política proteccionista de la era isabelina había impuesto al desarrollo mercantil e industrial de España. Su principal misión fue la supresión y la reforma de todos aquellos tributos que obstaculizasen la libertad de comercio o la circulación de mercancías.

La política que llevaron a cabo para igualar gradual los presupuestos fue la de recurrir al crédito, tanto para hacer frente al déficit heredado como para financiar los que se habían de producir en el proceso de transición. Se efectuaron una serie operaciones de crédito con bancos extranjeros en unas condiciones muy desfavorables para el Estado español que elevaron considerablemente la deuda exterior española.

Durante la República la producción manufacturera y el comercio exterior funcionó bien y la balanza comercial tuvo su único año de saldo favorable. Sin embargo, la brusca subida del oro en el mercado nacional agravó la situación por el retraimiento de las clases adineradas que prefirieron guardar sus reservas. Los fondos públicos bajaron y las peticiones de reembolsar billetes aumentaron. Se produjo una cierta crisis bancaria, pero las mayores consecuencias las sufrió el régimen republicano dirigido por el general Serrano.

El tres de septiembre de 1874 Zavala dimitió, siendo sustituido por Sagasta, lo que no evito que los seguidores de Alfonso XII siguiesen conspirando. A finales del año 1874, España había alcanzado su máximo grado de cansancio político. Después de una revolución, un régimen provisional, una monarquía democrática y una república que había atravesado en su corta duración por dos fases diferentes, ahora el régimen del general Serrano se mostraba falto de perspectivas y con escaso futuro.

Como todos estamos viendo, rápidamente fue eliminada la Iª República y el texto constitucional por el que se iba a regir nunca vio la luz ni fue puesta en práctica. La monarquía borbónica aparece como la única salida posible política a tantos intentos frustrados de encontrar una solución política para el país.

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