La revolución de los pueblos y las razas que soñó el Che Guevara

Ernesto ‘Che’ Guevara, durante su intervención ante la Asamblea General de Naciones Unidas
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Autor: Ramón Álvarez

Fuente: lavanguardia.com 20/06/2020

De la toma de conciencia a la acción. Para Ernesto Che Guevara la revolución era imparable y la fuerza de la razón ante la injusticia era capaz de imponerse a cualquier situación de inferioridad manifiesta, como había demostrado la revolución cubana . Transformada en un puñado de hombres armados en la selva, la vanguardia revolucionaria que preconizaba Lenin podía acabar con el poder impuesto y sustentado por las oligarquías locales con el apoyo de imperialismo en cuanto los pueblos y las razas oprimidas tomasen conciencia de su enajenación y apoyasen el proceso revolucionario.

Ese fue el mensaje que, como representante del Gobierno cubano, expuso ante la Asamblea General de Naciones Unidas el 11 de diciembre de 1964 en una intervención histórica que reproducimos extractada. Superada la crisis de los misiles con un acuerdo entre John F. Kennedy Nikita Jrushchev que dejaba a Cuba en una posición de extrema debilidadLa Habana tomaba definitivamente el liderazgo revolucionario internacional para abanderar la causa de los países pobres y marginados bajo el paraguas de los estados no alineados.

Con la desigualdad, la marginación y el racismo como argumentos irrefutables ante un poder antinatural muchas veces ejercido desde una pretendida superioridad moralcultural racial, el Che se sumaba a la causa de numerosos pueblos sometidos en AsiaÁfrica y América Latina, un magma de etnias y culturas que debía forjar la dignidad del denominado hombre nuevo a partir del ejemplo de esa guerrilla de vanguardia.

No eran simples palabras. El 3 de octubre de 1965, menos de un año después de esta alocución, Fidel Castro leía, en el acto de constitución del Comité Central del Partido Comunista de Cuba, la denominada Carta de Despedida del Che , en la que el entonces ministro de Industriadirigente del partido y comandante de la Revolución renunciaba a todos sus cargostras dejar encarrilada la Reforma Agraria y el nuevo sistema monetario cubano para luchar en “otros campos de batalla”.

El primero de ellos fue en Congo, donde un destacamento irregular de un centenar combatientes cubanos liderado por el Che se introdujo desde Tanzania con el objetivo de asaltar el poder junto a las milicias locales del insurgente Ejército de Liberación del Congo. A partir de ahí, el objetivo era irradiar desde el corazón de África la revolución a todo el continente.

Sin embargo, los constantes desencuentros con los líderes rebeldes locales por su estrategia militar, la nula institucionalización de la revolución entre el pueblo y, especialmente, la falta de disciplina y “conciencia revolucionaria” de los líderes locales llevaron al Che a la renuncia. Especialmente cuando los cubanos se encontraron prácticamente vendidos a las tropas de mercenarios del Gobierno.

Menos de un año después de su discurso en la ONU, Fidel Castro leía la ‘Carta de Despedida del Che ’ , en la que el líder revolucionario renunciaba a sus cargos para luchar en “otros campos de batalla”

Tras esta experiencia fallida, Guevara no se rindió y decidió volver a las armas, en esta ocasión en el corazón de América LatinaBolivia, desde donde también aspiraba a irradiar la revolución a todo el continente. El arduo trabajo de coordinación con todas las fuerzas americanas que el líder guerrillero llevó a cabo desde la Embajada de Cuba en Praga –incluidos los contactos con el entonces derrocado presidente de Argentina Juan Domingo Perón, con quien se reunió en Madrid– pusieron sobre alerta a los gobiernos americanos. En particular, a Estados Unidos, que dedicó ingentes esfuerzos a evitar a toda costa que triunfara una insurgencia continental.

Sin apoyo interno y con una población indígena que, como la congoleña, hablaba otra lengua y nunca vio a la guerrilla como una fuerza libertadora, la nueva aventura revolucionaria también se vio condenada al fracaso. El mensaje del Che no caló entre el humilde campesinado boliviano y su sueño de la revolución de los pueblos y las etnias marginadas acabó en una escuela de La Higuera el 9 de octubre de 1967 .

EL DISCURSO

“Señor presidente, señores delegados: la representación de Cuba ante esta Asamblea se complace en cumplir, en primer término, el agradable deber de saludar la incorporación de tres nuevas naciones al importante número de las que aquí discuten problemas del mundo. Saludamos, pues, en las personas de su presidente primeros ministros, a los pueblos de ZambiaMalawi Malta y hacemos votos porque estos países se incorporen desde el primer momento al grupo de naciones no alineadas que luchan contra el imperialismo, el colonialismo y el neocolonialismo.

”Hacemos llegar también nuestra felicitación al presidente de esta Asamblea, cuya exaltación a tan alto cargo tiene singular significación, pues ella refleja esta nueva etapa histórica de resonantes triunfos para los pueblos de África, hasta ayer sometidos al sistema colonial del imperialismo y que hoy, en su inmensa mayoría, en el ejercicio legítimo de su libre determinación, se han constituido en estados soberanos. Ya ha sonado la hora postrera del colonialismo y millones de habitantes de ÁfricaAsia América Latina se levantan al encuentro de una nueva vida e imponen su irrestricto derecho a la autodeterminación y el desarrollo independiente de sus naciones. Le deseamos, señor presidente, el mayor de los éxitos en la tarea que le fuera encomendada por los países miembros.

”Nosotros expresamos aquí lo mismo que nuestro presidente expresara en El Cairo y lo que después quedara plasmado en la declaración de la Segunda Conferencia de Jefes de Estado o de Gobierno de países No Alineados: que no puede haber coexistencia pacífica entre poderosos solamente si se pretende asegurar la paz del mundo. La coexistencia pacífica debe ejercitarse entre todos los estados, independientemente de su tamaño, de las anteriores relaciones históricas que los ligara y de los problemas que se suscitaren entre algunos de ellos, en un momento dado.

Ya ha sonado la hora postrera del colonialismo y millones de habitantes de África , Asia y América Latina se levantan al encuentro de una nueva vida e imponen su irrestricto derecho a la autodeterminación”

Ernesto ‘Che’ Guevara

”Actualmente, el tipo de coexistencia pacífica a que nosotros aspiramos no se cumple en multitud de casos. El reino de Camboya, simplemente por mantener una actitud neutral y no plegarse a las maquinaciones del imperialismo norteamericano, se ha visto sujeto a toda clase de ataques alevosos y brutales partiendo de las bases que los yanquis tienen en Vietnam del SurLaos, país dividido, ha sido objeto también de agresiones imperialistas de todo tipo, su pueblo masacrado desde el aire, las convenciones que se firmaran en Ginebra han sido violadas y parte del territorio está en constante peligro de ser atacado a mansalva por las fuerzas imperialistas.

”La República Democrática de Vietnam, que sabe de todas estas historias de agresiones como pocos pueblos en la tierra, ha visto una vez más violadas sus fronteras, ha visto cómo aviones de bombardeo y cazas enemigos disparaban contra sus instalaciones; cómo los barcos de guerra norteamericanos, violando aguas territoriales, atacaban sus puesto navales. En estos instantes, sobre la República Democrática de Vietnam pesa la amenaza de que los norteamericanos extiendan abiertamente sobre su territorio y su pueblo la guerra que, desde hace varios años, están llevando a cabo contra el pueblo de Vietnam del Sur.

”La coexistencia pacífica también se ha puesto a prueba en una forma brutal en Chipre debido a presiones del Gobierno turco y de la OTAN, obligando a una heroica y enérgica defensa de su soberanía hecha por el pueblo de Chipre y su gobierno. En todos estos lugares del mundo, el imperialismo trata de imponer su versión de lo que debe ser la coexistencia; son los pueblos oprimidos, en alianza con el campo socialista, los que le deben enseñar cuál es la verdadera, y es obligación de las Naciones Unidas apoyarlos.

Los pueblos de África se ven obligados a soportar que todavía se oficialice la superioridad de una raza sobre otra, que se asesine impunemente en nombre de esa superioridad racial”

Ernesto ‘Che’ Guevara

”Expresamos nuestra solidaridad hacia los pueblos, hoy coloniales, de la Guinea llamada portuguesa, de Angola Mozambique, masacrados por el delito de demandar su libertad y estamos dispuestos a ayudarlos en la medida de nuestras fuerzas, de acuerdo con la declaración de El Cairo. Expresamos nuestra solidaridad al pueblo de Puerto Rico y su gran líder, Pedro Albizu Campos, el que, en un acto más de hipocresía, ha sido dejado en libertad a la edad de 72 años, sin habla casi, paralítico después de haber pasado en la cárcel toda una vida. Albizu Campos es un símbolo de la América todavía irredenta, pero indómita.

”También debemos advertir que el principio de la coexistencia pacífica no entraña el derecho a burlar la voluntad de los pueblos, como ocurre en el caso de la Guayana llamada británica, en que el gobierno del primer ministro Cheddy Jagan ha sido víctima de toda clase de presiones y maniobras y se ha ido dilatando el instante de otorgarle la independencia, en la búsqueda de métodos que permitan burlar los deseos populares y asegurar la docilidad de un gobierno distinto al actual colocado allí por turbios manejos, para entonces otorgar una libertad castrada a este pedazo de tierra americana. Cualesquiera que sean los caminos que la Guayana se vea obligada a seguir para obtenerla, hacia su pueblo va el apoyo moral y militante de Cuba.

”Debemos señalar, asimismo, que las islas de Guadalupe Martinica están luchando por su autonomía desde hace tiempo, sin lograrla, y ese estado de cosas no debe seguir. Una vez más elevamos nuestra voz para alertar al mundo sobre lo que está ocurriendo en Sudáfrica; la brutal política del apartheid se aplica ante los ojos de las naciones del mundo. Los pueblos de África se ven obligados a soportar que en ese continente todavía se oficialice la superioridad de una raza sobre otra, que se asesine impunemente en nombre de esa superioridad racial. ¿Las Naciones Unidas no harán nada para impedirlo?

”Quería referirme específicamente al doloroso caso de Congo, único en la historia del mundo moderno, que muestra cómo se pueden burlar con la más absoluta impunidad, con el cinismo más insolente, el derecho de los pueblos. Las ingentes riquezas que tiene Congo y que las naciones imperialistas quieren mantener bajo su control son los motivos directos de todo esto.

Quizás hijos de patriotas belgas que murieran por defender la libertad de su país son los que asesinaran a mansalva a millares de congoleños en nombre de la raza blanca ”

Ernesto ‘Che’ Guevara

”¿Cómo podremos olvidar, señores delegados, que quien desacató la autoridad de las Naciones Unidas en Congo, y no precisamente por razones patrióticas, sino en virtud de pugnas entre imperialistas, fue Moisé Tshombe, que inició la secesión de Katanga con el apoyo belga? ¿Y cómo justificar, cómo explicar que, al final de toda la acción de las Naciones UnidasTshombe, desalojado de Katanga, regrese dueño y señor de Congo? ¿Quién podría negar el triste papel que los imperialistas obligaron a jugar a la Organización de Naciones Unidas?

”En resumen se hicieron aparatosas movilizaciones para evitar la escisión de Katanga y hoy Tshombe está en el poder, las riquezas de Congo en manos imperialistas… y los gastos deben pagarlos las naciones dignas. ¡Qué buen negocio hacen los mercaderes de la guerra! Por eso, el gobierno de Cuba apoya la justa actitud de la Unión Soviética al negarse a pagar los gastos del crimen. Para colmo de escarnio, nos arrojan ahora al rostro estas últimas acciones que han llenado de indignación al mundo. ¿Quiénes son los autores? Paracaidistas belgas, transportados por aviones norteamericanos que partieron de bases inglesas.

”Recordamos que ayer, casi, veíamos a un pequeño país de Europa, trabajador y civilizado, el reino de Bélgica, invadido por las hordas hitlerianas; amargaba nuestra conciencia el saber de ese pequeño pueblo masacrado por el imperialismo germano y lo veíamos con cariño. Pero esta otra cara de la moneda imperialista era la que muchos no percibíamos. Quizás hijos de patriotas belgas que murieran por defender la libertad de su país son los que asesinaran a mansalva a millares de congoleños en nombre de la raza blanca, así como ellos sufrieron la bota germana porque su contenido de sangre aria no era suficientemente elevado.

”Nuestros ojos libres se abren hoy a nuevos horizontes y son capaces de ver lo que ayer nuestra condición de esclavos coloniales nos impedía observar: que la civilización occidental esconde bajo su vistosa fachada un cuadro de hienas y chacales. Porque nada más que ese nombre merecen los que han ido a cumplir tan humanitarias tareas a Congo. Animal carnicero que se ceba en los pueblos inermes; eso es lo que hace el imperialismo con el hombre, eso es lo que distingue al blanco imperial.

En esta Asamblea son mayoritarios los pueblos que tienen sus pieles tostadas por distintos soles, coloreadas por distintos pigmentos, y saben que la diferencia entre los hombres no está dada por el color de la piel”

Ernesto ‘Che’ Guevara

”Todos los hombres libres del mundo deben aprestarse a vengar el crimen de Congo. Quizás muchos de aquellos soldados, convertidos en subhombres por la maquinaria imperialista, piensen de buena fe que están defendiendo los derechos de una raza superior; pero en esta Asamblea son mayoritarios los pueblos que tienen sus pieles tostadas por distintos soles, coloreadas por distintos pigmentos, y han llegado a comprender plenamente que la diferencia entre los hombres no está dada por el color de la piel, sino por las formas de propiedad de los medios de producción, por las relaciones de producción.

”La delegación cubana hace llegar su saludo a los pueblos de Rhodesia del Sur África Sudoccidental, oprimidos por minorías de colonos blancos. A BasutolandiaBechuania Suazilandia, a la Somalia francesa, al pueblo árabe de Palestina, a Adén y los protectorados, a Omán y a todos los pueblos en conflicto con el imperialismo o el colonialismo y les reitera su apoyo. Formula, además, votos por una justa solución al conflicto que la hermana República de Indonesia encara con Malasia.

”Las lacras coloniales que detienen el desarrollo de los pueblos no se expresan solamente en relaciones de índole política: el llamado deterioro de los términos de intercambio no es otra cosa que el resultado del intercambio desigual entre países productores de materia prima y países industriales que dominan los mercados e imponen la aparente justicia de un intercambio igual de valores.

Cuba, señores delegadoslibre soberana, sin cadenas que la aten a nadie, sin inversiones extranjeras en su territorio, sin procónsules que orienten su política, puede hablar con la frente alta en esta Asamblea y demostrar la justeza de la frase con que la bautizaran: Territorio Libre de América. Nuestro ejemplo fructificará en el continente como lo hace ya, en cierta medida en GuatemalaColombia Venezuela.

Las lacras coloniales que detienen el desarrollo de los pueblos no se expresan sólo en relaciones de índole política, sino en un intercambio comercial desigual”

”No hay enemigo pequeño ni fuerza desdeñable, porque ya no hay pueblos aislados. Como establece la Segunda Declaración de La Habana, ningún pueblo de América Latina es débil, porque forma parte de una familia de doscientos millones de hermanos que padecen las mismas miserias, albergan los mismos sentimientos, tienen el mismo enemigo, sueñan todos un mismo mejor destino y cuentan con la solidaridad de todos los hombres mujeres honrados del mundo.

”Esta epopeya que tenemos delante la van a escribir las masas hambrientas de indios, de campesinos sin tierra, de obreros explotados; la van a escribir las masas progresistas, los intelectuales honestos y brillantes que tanto abundan en nuestras sufridas tierras de América Latina. Lucha en masas y de ideas, epopeya que llevarán adelante nuestros pueblos maltratados y despreciados por el imperialismo, nuestros pueblos desconocidos hasta hoy, que ya empiezan a quitarle el sueño.

”Nos consideraban rebaño impotente y sumiso y ya se empieza a asustar de ese rebaño, rebaño gigante de doscientos millones de latinoamericanos en los que advierte ya sus sepultureros el capital monopolista yanqui. La hora de su reivindicación, la hora que ella misma se ha elegido, la vienen señalando con precisión también de un extremo a otro del continente.

”Ahora esta masa anónima, esta América de color, sombría, taciturna, que canta en todo el continente con una misma tristeza y desengaño, ahora esta masa es la que empieza a entrar definitivamente en su propia historia, la empieza a escribir con su sangre, la empieza a sufrir y a morir, porque ahora los campos y las montañas de América, por las faldas de sus sierras, por sus llanuras y sus selvas, entre la soledad o el tráfico de las ciudades, en las costas de los grandes océanos y ríos, se empieza a estremecer este mundo lleno de corazones con los puños calientes de deseos de morir por lo suyo, de conquistar sus derechos casi quinientos años burlados por unos y por otros.

Ahora sí la historia tendrá que contar con los pobres de América , con los explotados y vilipendiados , que han decidido empezar a escribir ellos mismos, para siempre, su historia”

”Ahora sí la historia tendrá que contar con los pobres de América, con los explotados vilipendiados, que han decidido empezar a escribir ellos mismos, para siempre, su historia. Ya se los ve por los caminos un día y otro, a pie, en marchas sin término de cientos de kilómetros, para llegar hasta los olimpos gobernantes a recabar sus derechos. Ya se les ve, armados de piedras, de palos, de machetes, en un lado y otro, cada día, ocupando las tierras, afincando sus garfios en las tierras que les pertenecen y defendiéndolas con sus vidas; se les ve, llevando sus cartelones, sus banderas, sus consignas; haciéndolas correr en el viento, por entre las montañas o a lo largo de los llanos.

”Y esa ola de estremecido rencor, de justicia reclamada, de derecho pisoteado, que se empieza a levantar por entre las tierras de Latinoamérica, esa ola ya no parará más. Esa ola irá creciendo cada día que pase. Porque esa ola la forman los más, los mayoritarios en todos los aspectos, los que acumulan con su trabajo las riquezas, crean los valores, hacen andar las ruedas de la historia y que ahora despiertan del largo sueño embrutecedor a que los sometieron.

”Porque esta gran humanidad ha dicho ‘¡basta!’ y ha echado a andar. Y su marcha, de gigantes, ya no se detendrá hasta conquistar la verdadera independencia, por la que ya han muerto más de una vez inútilmente. Ahora, en todo caso, los que mueran, morirán como los de Cuba, los de Playa Girón, morirán por su única, verdadera e irrenunciable independencia.

”Todo eso, señores delegados, esta disposición nueva de un continente, de América, está plasmada y resumida en el grito que, día a día, nuestras masas proclaman como expresión irrefutable de su decisión de lucha, paralizando la mano armada del invasor. Proclama que cuenta con la comprensión y el apoyo de todos los pueblos del mundo y especialmente, del campo socialista, encabezado por la Unión Soviética. Esa proclama es: patria o muerte.”

Cuando Fidel Castro caía bien en Washington

Fidel Castro durante su visita a Estados Unidos en 1959.
 Dominio público

Autor: Francisco Martínez Hoyos

Fuente: La Vanguardia 21/09/2020

Hace 60 años, Castro llegaba a Nueva York como jefe de la delegación cubana ante la ONU. Todavía no se había convertido en la encarnación del mal para EE. UU.

Desde su independencia de España en 1898, Cuba vivió sometida a una humillante dependencia de los “gringos”, hasta el punto de ser considerada su patio trasero. La película El Padrino II refleja bien cómo, en la década de 1950, los gángsters estadounidenses tenían en la isla su propio paraíso. Gracias a sus conexiones con el poder, la mafia realizaba suculentos negocios en la hostelería, el juego y la prostitución. Miles de turistas llegaban dispuestos a vaciar sus bolsillos a cambio de sol, sexo y otras emociones fuertes en los casinos y los clubes que se multiplicaban sin control por La Habana.

El historiador Arthur M. Schlesinger Jr., futuro asesor del gobierno de Kennedy, se llevó una penosa impresión de la capital caribeña durante una estancia en 1950. Los hombres de negocios habían transformado la ciudad en un inmenso burdel, humillando a los cubanos con sus fajos de billetes y su actitud prepotente.

Cuba estaba por entonces en manos del dictador Fulgencio Batista, un hombre de escasos escrúpulos al que no le importaba robar ni dejar robar. Una compañía de telecomunicaciones estadounidense, la AT&T, le sobornó con un teléfono de plata bañado en oro. A cambio obtuvo el monopolio de las llamadas a larga distancia.

Barrio marginal de La Habana en 1954, junto al estadio de béisbol y a un cartel de un casino de juego.
Barrio marginal de La Habana en 1954, junto al estadio de béisbol y a un cartel de un casino de juego. Dominio público

Para acabar con la corrupción generalizada y el autoritarismo,  el  Movimiento 26 de Julio protagonizó una rebelión que el régimen, pese a la brutalidad de su política represiva, fue incapaz de sofocar. Tenía en su contra a los sectores progresistas de las ciudades, en alianza con los guerrilleros de Sierra Maestra, dirigidos por líderes como Fidel Castro o el argentino Ernesto “Che” Guevara.

Se ha tendido en muchas ocasiones a presentar la revolución antibatistiana como el fruto de una intolerable opresión económica. En realidad, el país era uno de los más avanzados de América Latina en términos de renta per cápita o nivel educativo, aunque los indicadores globales ocultaban las fuertes desigualdades entre la ciudad y el campo o entre blancos y negros. Las verdaderas causas del descontento hay que buscarlas más bien en el orden político. Entre los guerrilleros predominaba una clase media que aspiraba a un gobierno democrático, modernizador y nacionalista.

Entre la opinión pública norteamericana, Fidel disfrutó en un principio del estatus de héroe, en gran parte gracias a Herbert Matthews, antiguo corresponsal en la Guerra Civil española, que en 1957 consiguió entrevistarle. Matthews, según el historiador Hugh Thomas, transformó al jefe de los “barbudos” en una figura mítica, al presentarlo como un hombre generoso que luchaba por la democracia. De sus textos se desprendía una clara conclusión: Batista era el pasado y Fidel, el futuro.

Happy New Year

A principios de 1959, la multitud que celebraba la llegada del año nuevo en Times Square, Nueva York, acogió con alegría la victoria de los guerrilleros cubanos. El periodista televisivo Ed Sullivan se apresuró a viajar a La Habana, donde consiguió entrevistar al nuevo hombre fuerte. Había comenzado el breve idilio entre la opinión pública norteamericana y el castrismo. 

Poco después, en abril, el líder revolucionario realizó una visita a Estados Unidos, invitado por la Asociación Americana de Editores de Periódicos. Ello creó un problema protocolario, ya que la Casa Blanca daba por sentado que ningún jefe de gobierno extranjero iba a visitar el país sin invitación oficial. Molesto, el presidente Eisenhower se negó a efectuar ningún recibimiento y se marchó a jugar al golf.

Fidel Castro firma como primer ministro de Cuba el 16 de febrero de 1959.
Fidel Castro firma su nombramiento como primer ministro de Cuba el 16 de febrero de 1959. Dominio público

En esos momentos, sus consejeros estaban divididos respecto a la política a seguir con Cuba. Unos defendían el reconocimiento del nuevo gobierno; otros preferían aguardar a que se definiese la situación. ¿Qué intenciones tenía Castro? ¿No sería, tal vez, un comunista infiltrado?

Parte de la opinión pública norteamericana, sin embargo, permanecía ajena a esos temores. Algunos periódicos trataron con cordialidad al recién llegado, lo mismo que las principales revistas. Look y Reader’s Digest, por ejemplo, le presentaron como un moderno Robin Hood.

El senador demócrata John F. Kennedy, futuro presidente, le consideraba el continuador de Simón Bolívar por encarnar un movimiento antiimperialista, reconociendo así que su país se había equivocado con los cubanos al apoyar la sangrienta dictadura batistiana. Entre los intelectuales existía un sentimiento de fascinación similar.

Castro sabía que el desarrollo industrial era totalmente imposible sin el entendimiento con el coloso norteamericano

Muchos norteamericanos supusieron que el líder latinoamericano buscaba ayuda económica. Fidel, sin embargo, proclamó en público su voluntad de no mendigar a la superpotencia capitalista: “Estamos orgullosos de ser independientes y no tenemos la intención de pedir nada a nadie”. Sus declaraciones no podían interpretarse al pie de la letra. Sabía sencillamente que no era el momento de hablar de dinero, pero había previsto que un enviado suyo, quince días después, presentara a la Casa Blanca su demanda de inversiones.

En su opinión, ese era el camino para promover el desarrollo industrial, algo totalmente imposible sin el entendimiento con el coloso norteamericano. De ahí que insistiera, una y otra vez, en que no era partidario de las soluciones extremas: “He dicho de forma clara y definitiva que no somos comunistas”.

Ofensiva de encanto

Allí donde iba, Fidel generaba la máxima expectación. En las universidades de Princeton y Harvard sus discursos le permitieron meterse en el bolsillo a los estudiantes. En el Central Park de Nueva York, cerca de cuarenta mil personas siguieron atentamente sus palabras. No hablaba un buen inglés, pero supo ganarse al público con algunas bromas en ese idioma. De hecho, todo su viaje puede ser entendido como una “ofensiva de encanto”, en palabras de Jim Rasenberger, autor de un estudio sobre las relaciones cubano-estadounidenses. Castro, a lo largo de su visita, no dejó de repartir abrazos entre hombres, mujeres y niños. 

Fidel Castro en la asamblea de la ONU en 1960.
Fidel Castro en la asamblea de la ONU en 1960. Dominio público

El entonces vicepresidente, Richard Nixon, se encargó de sondear sus intenciones en una entrevista de dos horas y media, en la que predicó al jefe guerrillero sobre las virtudes de la democracia y le urgió a que convocara pronto elecciones. Fidel escuchó con receptividad, disimulando el malestar que le producía la insistencia en si era o no comunista. ¿No era libre Cuba de escoger su camino? Parecía que a los norteamericanos solo les importara una cosa de la isla, que se mantuviera alejada del radicalismo de izquierdas.

Según el informe de Nixon acerca del encuentro, justificó su negativa a convocar comicios con el argumento de que su pueblo no los deseaba, desengañado por los malos gobernantes que en el pasado habían salido de las urnas. A Nixon Castro le pareció sincero, pero increíblemente ingenuo acerca del comunismo, si es que no estaba ya bajo su égida. Creía, además, que no tenía ni idea de economía. No obstante, estaba seguro de que iba a ser una figura importante en Cuba y posiblemente en el conjunto de América Latina. A la Casa Blanca solo le quedaba una vía: intentar orientarle “en la buena dirección”.

Desde entonces se ha discutido mucho sobre quién provocó el desencuentro entre Washington y La Habana. ¿Los norteamericanos, con su política de acoso a la revolución? ¿Los cubanos, al implantar un régimen comunista, intolerable para la Casa Blanca en plena Guerra Fría?

Los jefes del crimen organizado vieron desaparecer propiedades por un valor de cien millones de dólares

El envenenamiento

La “perla de las Antillas” constituía un desafío ideológico para Estados Unidos, pero también una amenaza económica. Al gobierno cubano no le había temblado el pulso a la hora de intervenir empresas como Shell, Esso y Texaco, tras la negativa de estas a refinar petróleo soviético. Los norteamericanos acabarían despojados de todos sus intereses agrícolas, industriales y financieros. Las pérdidas fueron especialmente graves en el caso de los jefes del crimen organizado, que vieron desaparecer propiedades por un valor de cien millones de dólares.

Como represalia, Eisenhower canceló la cuota de azúcar cubano que adquiría Estados Unidos. Fue una medida inútil, porque enseguida los soviéticos acordaron comprar un millón de toneladas en los siguientes cuatro años, además de apoyar a la revolución con créditos y suministros de petróleo y otras materias primas.

En septiembre de 1960, Fidel Castro regresó a Estados Unidos para intervenir en la Asamblea General de las Naciones Unidas. Fue otra visita memorable. Tras marcharse de su hotel por el aumento astronómico de las tarifas, decidió alojarse en el barrio negro de Harlem, donde disfrutó de un recibimiento entusiasta.

Fidel Castro y el revolucionario Camilo Cienfuegos antes de disputar un partido de béisbol.
Fidel Castro y el revolucionario Camilo Cienfuegos antes de disputar un partido de béisbol. Dominio público

Los periódicos norteamericanos aseguraban que los cubanos utilizaban su alojamiento para realizar orgías sexuales, pero Castro aprovechaba para recibir visitas importantes, como la del líder negro Malcolm X, el primer ministro indio Jawaharlal Nehru o Nikita Jruschov, mandatario de la Unión Soviética.

Desde la perspectiva del gobierno norteamericano, estaba claro que la isla había ido a peor. Batista podía ser un tirano, pero al menos era un aliado. Castro, en cambio, se había convertido en un enemigo peligroso. Lo cierto es que la Casa Blanca alentó desde el mismo triunfo de la revolución operaciones clandestinas para forzar un cambio de gobierno en La Habana, sin dar oportunidad a que fructificara la vía diplomática.

Por orden de Eisenhower, la CIA se encargó de organizar y entrenar militarmente a los exiliados cubanos. Era el primer paso que conduciría, en 1961, al desastroso episodio de Bahía de Cochinos, ya bajo mandato de Kennedy, en el que un contingente anticastrista fracasó estrepitosamente en su intento de invasión de la isla. Alejado entonces de cualquier simpatía por Fidel Castro, JFK le acusaba de traicionar los nobles principios democráticos de la revolución para instaurar una dictadura.

Cuba y EE UU: de la Enmienda Platt al Cuartel Moncada

  Fulgencio Batista recibe al embajador Earl E. T. Smith, tras presentar sus credenciales, en 1957/ Bettman/Corbis

Autor: F. Javier Herrero

Fuente: El País, 15/03/2015

En 1960, el ex embajador norteamericano en Cuba, Earl E. T. Smith, declaró ante una subcomisión del Senado:”Hasta el arribo de Castro al poder, los Estados Unidos tenían en Cuba una influencia de tal manera irresistible que el embajador norteamericano era el segundo personaje del país, a veces aún más importante que el presidente cubano”. Pocos analistas vieron un alarde de inmodestia en esta declaración que recoge Eduardo Galeano en Las venas abiertas de América Latina (Siglo XXI) y que define el desequilibrio y dependencia que caracterizaron la relación que mantuvo Cuba con su poderoso vecino del norte en los años que van desde la derrota militar de la antigua metrópoli española en 1898 hasta el triunfo de la Revolución cubana en 1959. A la decisión de romper diplomáticamente con Cuba en enero de 1961, respondió Fidel Castro con la quiebra del sistema interamericano –acuerdos y normativas internacionales alcanzados desde 1890 entre Estados Unidos y las repúblicas americanas que daban cauce a la hegemonía estadounidense en el hemisferio- y la entrada de Cuba en el bloque soviético. El 17 de diciembre del año pasado se produjo un sorprendente y audaz movimiento por parte de los presidentes Obama y Raúl Castro cuando anunciaron el inicio de conversaciones que deberían conducir al restablecimiento de unas relaciones diplomáticas plenas. Este proceso tiene un capítulo importante este mes de abril con la asistencia de Cuba a la Cumbre de las Américas que se celebra en Panamá y la apertura de ambas embajadas coincidiendo con la celebración de la cumbre.

Pocos años después de proclamar su independencia en 1776, los dirigentes de Estados Unidos fijaron su interés en la isla caribeña a la que veían como un apéndice natural de la Florida. John Quincy Adams, sexto presidente de EE UU, afirmaba “…Hay leyes de gravitación política, así como las hay de gravitación física (…) así Cuba, separada por la fuerza de su conexión no natural con España, tendrá que caer hacia la Unión Norteamericana…” y las ofertas de compra de la isla a España no tardaron en llegar antes de la Guerra de Secesión americana. El rechazo indignado español no evitó la penetración económica de la isla y en la segunda mitad del siglo XIX, el comercio de Cuba con Estados Unidos era muy superior al mantenido con  España. Con su expansión continental terminada, la participación norteamericana en el conflicto independentista cubano en 1898 supone el estreno de otra potencia colonial en el tablero internacional. Las consecuencias de esta intervención son justificadas con el Corolario Roosevelt de 1904, que adapta la Doctrina Monroe a su versión más imperialista y “obliga a los Estados Unidos a ejercer (…) la facultad de ser una potencia de policía internacional” en el hemisferio americano. En 1903 finaliza la ocupación militar en Cuba a cambio de que sea introducida a perpetuidad en la Constitución cubana la Enmienda Platt, que autorizaba a EE UU a intervenir en Cuba cuando considerase que sus intereses económicos en la isla estaban en riesgo. La política del semiprotectorado cubano, a cargo de Tomás Estrada, sería supervisada por Washington, que obtenía el derecho de establecer bases navales como la de Guantánamo.

Theodore R

La inestabilidad salpicada de revoluciones, guerras civiles y corrupción fue el hábitat en que se desenvolvió la Cuba de esas décadas, afectada por la aplicación de la enmienda y la política del Gran Garrote de Theodore Roosevelt (a la izquierda, coronel de los Rough Riders en la guerra hispano-americana de 1898/ Corbis) que justificaron los desembarcos de marines en la isla en 1906-09 y 1917-22, lo que impidió el libre funcionamiento de las instituciones, alentando entre los políticos cubanos de todo signo la tendencia a pedir la intervención si la realidad política no respondía a sus planes. Aunque, como afirmó Antonio Elorza en EL PAÍS, las taras que arrastraba la nueva república cubana tenían diferentes causas: “No fue el ejemplo yanqui lo que provocó en la isla una corrupción rampante en los procesos electorales y en la gestión administrativa, sino la continuidad con el pasado español”. Esto permitió a EE UU mostrar su faceta imperialista ‘benevolente’ cuando el general Brooke, durante la primera ocupación, puso orden en los caóticos servicios públicos heredados de la colonia, o en 1920 cuando, por fin, se logró la primera sucesión presidencial pacífica en la persona de Alfredo Zayas, vigilado muy de cerca por el general Enoch Crowder para cumplir las leyes electorales. 

Y luego estaba el azúcar. Su sistema de explotación, favorecido por los capitalistas de EE UU, nuevos dueños de enormes propiedades compradas a precio de saldo en la primera ocupación militar, influía directamente en la política quitando y poniendo presidentes o dictadores, generó fabulosas fortunas y mantuvo la ya secular desigualdad de la sociedad caribeña. Al margen del daño medioambiental del cultivo extensivo de la caña, con el alza de precios se vivían tiempos de bonanza, pero al contar Estados Unidos con el monopolio parcial de la demanda, la economía isleña era rehén de la actitud de los importadores al norte del Golfo de México y las bajadas de precios provocaban crisis como la de 1921 que llevó a Cuba a la quiebra. Si se daba esta situación, EE UU tenía preparada la diplomacia del dólar de William H. Taft, que suponía una inyección de capital, condicionada a la exclusión de la inversión europea, con onerosas contrapartidas que hacían más dependientes aún a las economías latinoamericanas. Un ejemplo de la fragilidad del sistema de exportación del monocultivo lo experimentó el dictador Gerardo Machado que, al poco tiempo de poner en marcha su régimen autoritario, le llovieron encima las funestas consecuencias de la Gran Depresión de 1929, que se llevó por delante la endeble economía cubana y a la misma dictadura, acosada en 1933 desde todos los frentes de la oposición política con huelgas y violencia.

En marzo de 1933, Franklin D. Roosevelt anunciaba en su discurso de toma de posesión como presidente lo que se conocería como la política del Buen Vecino, con la que quería poner límites al ejercicio del ‘derecho de intervención’ en los asuntos internos de los países latinoamericanos, y ganarse sus voluntades mediante la diplomacia. Cuba tuvo la oportunidad de poner a prueba sus palabras enseguida, pues tras la caída de Machado, un motín dirigido por el sargento Fulgencio Batista coloca a Ramón Grau San Martín como presidente, con la intención de poner en marcha una agenda reformista. Roosevelt, que presidía un Gobierno con varios ministros con intereses azucareros, se dejó convencer para que el proyecto de Grau San Martín no saliese adelante y mandó 32 navíos de guerra a rondar las costas de la isla a la vez que no reconocía formalmente al Gobierno de Cuba. Batista estaba invitado de nuevo a amotinarse, y acabó con el “Gobierno de los 100 Días”. El historiador Gordon Conell-Smith afirma en Los Estados Unidos y la América Latina (FCE) que “el proceder de EE UU no pudo considerarse propio de un buen vecino”, sino de un Gran Garrote versión soft. Pocos meses después, El Gobierno de Mendieta consiguió derogar la Enmienda Platt, aunque la potencia hegemónica se encargó de reasegurar la estructura económica y social de la isla frente a posibles cambios revolucionarios nacionalistas con nuevos acuerdos económicos, y no aceptó abandonar Guantánamo.

Soldados americanos
Marineros americanos se divierten en Sloppy Joe’s en La Habana (1934) / Betmann/Corbis

Desde 1940 a 1952, Cuba atraviesa un período de relativa estabilidad y sucesiones pacíficas de gobierno que funcionaron con una nueva Constitución. Fue lo más parecido a una democracia que se haya conocido en la isla, con una separación de poderes bastante efectiva y una opinión pública plural, como muestra la medida que tomó Batista, primer presidente del periodo, de legalizar al partido comunista. Pero el caudillismo no había abandonado a Cuba. En marzo de 1952, Batista, de nuevo candidato a la presidencia, no espera a que se celebren las elecciones y da un golpe de Estado que termina con la democracia. La represión política y las torturas, así como la corrupción organizada desde la cúpula del Estado con la colaboración de la mafia americana de Meyer Lanski y Lucky Luciano -que controló los negocios de los casinos, las apuestas y hoteles de la isla, e intentó extender sus tentáculos hasta en el sector farmacéutico- fueron rasgos identitarios del régimen batistiano. Aunque no todo era negativo, pues la economía de este momento muestra que Cuba ha evolucionado, y ya no es la neocolonia de 1903. En los años finales de la dictadura, el país se aleja un poco de la monoproducción de azúcar, la inversión norteamericana se reorienta más hacia los servicios públicos, y el comercio exterior cubano encuentra nuevos mercados, como la URSS. El resultado de todo ello se reflejó en los indicadores económicos de 1958, que colocaban a Cuba en la tercera posición de Latinoamérica en crecimiento.

Batista trajo con su dictadura el renacer de la violencia política y casi desde el principio se preparan movimientos armados que invocan la restauración de la democracia y la Constitución de 1940. El 26 de julio de 1953, 120 jóvenes uniformados de sargento del Ejército cubano, la mayoría de ellos cercanos al Partido Ortodoxo de Eduardo Chibás y dirigidos por un novato abogado llamado Fidel Castro, intentan hacerse con las armas del Cuartel Moncada en Santiago con el fin de poner en marcha una insurrección general en Cuba. Todo termina en fracaso y Castro es condenado a 15 años de prisión y posteriormente amnistiado, pero esos jóvenes revolucionarios no saben que han protagonizado uno de los mitos de la revolución futura, que acabará obligando al dictador a poner pies en polvorosa la nochevieja de 1958. Batista se exilia y terminará sus días en una urbanización de Marbella, acogido hospitalariamente en la Madre Patria por su colega, el otro dictador Franco.

Si Obama y Raúl Castro logran descongelar el conflicto y recuperar la relación entre Cuba y EE UU, el último vestigio de la Guerra Fría en el hemisferio americano habrá desaparecido. Solo quedará el llamado “parque temático del estalinismo” de Corea del Norte, aunque algunos analistas ven una amenaza inesperada con ecos del pasado en la política exterior rusa de Vladímir Putin, que nos retrotrae a la tensión del mundo bipolar de la segunda mitad del siglo XX. Un conflicto puede cerrarse pero otro, de alcance desconocido, desafía a la diplomacia occidental.

Cómo fueron las intervenciones armadas impulsadas por Cuba en América Latina

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Fidel Castro y Ernesto «Che» Guevara intentaron exportar la revolución a otros países de América Latina.

 

Autor: Ángel Bermúdez

Fuente: BBC Mundo. 29/03/2019

Eran unos 90 hombres armados los que desembarcaron del yate en aquella playa del Caribe. Casi todos eran cubanos, vestían uniforme militar y venían dispuestos a derrocar al gobierno de aquella pequeña nación. Ocurrió hace 60 años, pero si piensa que se trata de la expedición del Granma a Cuba, liderada por Fidel Castro, se equivoca.

La escena corresponde a una invasión a Panamá ocurrida en abril de 1959 y que fue la primera de una decena de intervenciones armadas impulsadas por Cuba en América Latina, desde el triunfo de la revolución castrista el 1 de enero de aquel año.

En las últimas semanas, el tema de la injerencia militar cubana en la región entró con fuerza en el debate internacional a propósito de la crisis política que vive Venezuela.

En un discurso el pasado mes, el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, calificó al mandatario venezolano, Nicolás Maduro, como «títere cubano» y aseguró que está «controlado por los militares cubanos y protegido por un ejército privado de soldados cubanos».

Es una denuncia que se hace desde hace años en Venezuela.

Rocío San Miguel, presidenta de la ONG venezolana Control Ciudadano, le dijo a BBC Mundo que «Cuba intervino en la reestructuración de la Fuerza Armada Nacional Bolivariana y que en los cuarteles venezolanos hay una presencia permanente de militares cubanos».

Sin embargo, La Habana niega tener alguna injerencia militar en Venezuela y defiende su apoyo a Maduro como un gesto de solidaridad.

Fidel Castro y Hugo Chávez.
Cuba y Venezuela se convirtieron en aliados tras la llegada al poder de Hugo Chávez.

Desde la prensa oficial de la isla se insiste en que la gran mayoría de los 23.000 cubanos presentes en Venezuela son trabajadores del sector salud.

El diario oficial del Partido Comunista de la isla, Granma, afirmaba en un reciente artículo que en Venezuela no hay ni agentes ni soldados cubanos.

Es un «ejército de batas blancas», decía en referencia a los médicos que conforman el grueso de las misiones sociales cubanas que -según afirman- también incluyen maestros, entrenadores deportivos, periodistas y asesores científicos e industriales, entre otros.

Desde los inicios de la Revolución cubana, una de las marcas de su política exterior ha sido «exportar el socialismo».

Alineados con la Unión Soviética durante la Guerra Fría, los cubanos tienen un historial de apoyo a gobiernos y actores políticos ideológicamente afines.

Y lo han hecho con envíos de médicos pero también con asesoría técnica y soporte logístico en el campo militar.

Así fue que entre 1975 y 1989 envió soldados a la Guerra de Angola (aunque el conflicto duró hasta 2002) o más recientemente los programas «Barrio Adentro» y «Mais médicos», por los que enviaron personal sanitario a Venezuela y Brasil.

Panamá

El yate con los hombres responsables de ejecutar la invasión de Panamá zarpó el 19 de abril de 1959 del puerto cubano de Batabanó. La expedición había sido promovida por Roberto Arias, un sobrino del expresidente Arnulfo Arias, que logró el apoyo de Fidel Castro.

Ernesto de la Guardia
El presidente de Panamá, Ernesto de la Guardia, denunció la invasión cubana ante la OEA.

Aunque los invasores lograron tomar el puerto colonial de Nombre de Dios, la pronta denuncia del mandatario Ernesto de la Guardia ante la OEA y la masiva movilización de fuerzas panameñas, estadounidenses y guatemaltecas derivó en la rápida rendición de los agresores.

Fidel Castro, quien estaba de visita en Estados Unidos, intentó desligarse y calificó la operación como «vergonzosa, inoportuna e injustificada»; mientras que Ernesto «Che» Guevara aseguró que Cuba exportaba ideas revolucionarias pero no la revolución en sí misma.

La Habana ofreció garantías a Panamá de que una agresión similar no sería permitida y logró que los detenidos cubanos fueron repatriados a la isla, donde supuestamente enfrentarían el riesgo de ser sometidos a un tribunal militar. Apenas un mes más tarde, todos estaban en libertad.

Fidel Castro se encontraba en EE.UU. cuando se produjo la invasión a Panamá e intentó desligarse de lo ocurrido.
 Fidel Castro se encontraba en EE.UU. cuando se produjo la invasión a Panamá e intentó desligarse de lo ocurrido.

«El error de esa operación fue que la mayor parte de los guerrilleros eran cubanos, por lo que no tuvieron apoyo local una vez que llegaron allí. Eran invasores extranjeros. A partir de allí, Cuba cambió la estrategia y usó más combatientes locales», explicó a BBC Mundo Jonathan Brown, profesor de Historia Latinoamericana en la Universidad de Texas y autor del libro Cuba’s Revolutionary World, sobre cómo la isla intentó exportar la Revolución a otros países a través de la insurrección armada.

Nicaragua

Menos de dos meses después del fiasco de Panamá, en junio de 1959, una expedición de unos 60 hombres armados que partió de Cuba desembarcó en la costa caribeña de Honduras.

Durante un par de semanas acamparon en el lugar esperando para avanzar sobre su verdadero objetivo: Nicaragua, justo al otro lado de la frontera.

Los expedicionarios eran mayormente exiliados nicaragüenses, acompañados de guerrilleros cubanos y guatemaltecos, que buscaban derrocar al mandatario Luis Somoza Debayle.

Luis Somoza Debayle era el objetivo de la expedición que desembarcó en Honduras para intentar ingresar a Nicaragua.
Luis Somoza Debayle era el objetivo de la expedición que desembarcó en Honduras para intentar ingresar a Nicaragua.

 

El gobierno de Honduras envío soldados a la zona que atacaron por sorpresa el campamento, causando la muerte de 6 guerrilleros, hiriendo a 15 y deteniendo al resto. «No fue una batalla, fue una masacre», lamentó luego Carlos Fonseca, un nicaragüense que fue herido.

Varios de los sobrevivientes regresaron después a Cuba para una larga estadía, donde siguieron recibiendo entrenamiento militar y se reagruparon con otros exiliados nicaragüenses.

«Se convirtieron en los sandinistas. Fidel les siguió apoyando y, al final, sus esfuerzos dieron frutos dos décadas más tarde«, comentó Brown en referencia al triunfo de la revolución nicaragüense en 1979.

República Dominicana

El 14 de junio de 1959, una fuerza de unos 60 hombres -dominicanos y cubanos- despegó del oriente de Cuba en un avión C-46 pintado con los colores de la Fuerza Aérea Dominicana. La nave aterrizó en el aeropuerto de Constanza en el interior del país, donde tomaron un cuartel por sorpresa.

Tras el triunfo de la revolución en Cuba, algunos grupos de exilados dominicanos esperaban que Castro les ayudara a derrocar a Trujillo.
Tras el triunfo de la revolución en Cuba, algunos grupos de exilados dominicanos esperaban que Castro les ayudara a derrocar a Trujillo.

 

El avión regresó inmediatamente a Cuba, donde Camilo Cienfuegos -quien había estado a cargo de la operación- ordenó el «arresto» del piloto venezolano y luego negó la participación de la isla en el suceso.

En paralelo, tres barcos transportaron unos 150 guerrilleros armados hasta un lugar cercano a Puerto Plata. Estas naves, sin embargo, llegaron con tres días de retraso a Dominicana, lo que permitió al gobierno de Rafael Leónidas Trujillo ponerse en alerta y emboscarlos.

«La fuerza que buscaba instigar una rebelión armada en el territorio nacional ha sido completamente exterminada, todos sus participantes han muerto», anunció el 23 de junio el portavoz del gobierno dominicano.

En realidad, unos pocos expedicionarios sobrevivieron, incluyendo al comandante cubano Delio Gómez Ochoa, quien pudo regresar a su patria luego de que Trujillo fuera asesinado en 1961.

Según explicó Brown a BBC Mundo, «en 1959 solamente quedaban cuatro dictaduras en América Latina», de las cuales tres estaban en el Caribe y Fidel Castro se había propuesto eliminarlas pues «quería crear un mundo que fuera seguro para la Revolución».

El caso de Trujillo era especialmente preocupante para La Habana.

«Él estaba dando ayuda y refugio a exoficiales del extinto ejército de Batista, que conspiraban para volver al poder en Cuba», señaló el experto.

Haití

En agosto de 1959, un grupo de unos 30 hombres armados -mayormente cubanos y haitianos junto a dos venezolanos- zarparon de Baracoa, en la costa oriental de Cuba, rumbo a Haití con el fin de promover el derrocamiento del gobierno de François «Papa Doc» Duvalier.

François "Papa Doc" Duvalier
Las fuerzas del gobierno de François «Papa Doc» Duvalier sofocaron la invasión.

 

Los voluntarios haitianos habían recibido tres meses de entrenamiento en una base a las afueras de La Habana.

Los expedicionarios contaban con el alzamiento de una columna del ejército haitiano que nunca se produjo, según cuenta el historiador cubano Juan F. Benemelis en su libro «Las guerras secretas de Fidel Castro».

«La reacción militar haitiana, encabezada por el general Mercerón, fue de íntegro apoyo a Duvalier», escribe Benemelis.

La consecuencia de ello fue la aniquilación de prácticamente todos los invasores, con algunas excepciones como la de cuatro adolescentes cubanos que fueron capturados, interrogados y deportados.

Argentina

Si las invasiones de Nicaragua, República Dominicana y Haití podían ser vistas como operaciones que buscaban eliminar adversarios peligrosos en el entorno próximo de Cuba, Brown considera que las intervenciones militares en otros países latinoamericanos tenían otra función.

«Cuba luego se vengó de cada gobierno de América Latina que no la reconoció así como de aquellos que se sumaron al boicot de Estados Unidos. Fidel Castro trajo jóvenes de izquierda de esos países a la isla, les dio entrenamiento guerrillero y, luego, los envió de vuelta. Así fue como él siguió interviniendo en la región», explica el experto.

Ernesto "Che" Guevara.
Ernesto «Che» Guevara planificó la operación guerrillera en Argentina.

Uno de esos casos fue Argentina. En 1962, Guevara planificó establecer una guerrilla rural en la provincia norteña de Salta. Al frente colocó a Jorge Ricardo Masetti, un periodista argentino que le había acompañado desde los tiempos de la Sierra Maestra.

En junio de 1963, Masetti encabezó un grupo de cinco hombres armados -cuatro argentinos y un cubano- que ingresó en Salta a través de Bolivia. Uno de ellos viajó a Buenos Aires y Córdoba para reclutar unos 30 hombres adicionales entre los grupos de extrema izquierda.

En un comunicado enviado a la prensa de Buenos Aires, Masetti anunció la existencia del grupo y su intención de liberar a Argentina del imperialismo internacional pero no hubo ninguna reacción.

En febrero de 1964, las autoridades de Salta recibieron información sobre la presencia de hombres sospechosos en un área remota, lo que derivó en una serie de operaciones que culminaron con la incautación de todas las armas, municiones y alimentos del campo guerrillero.

Los hombres de Masetti se pasaron un mes vagando por la selva en busca de comida y refugio.

Al final, tres murieron de hambre, otros tres perecieron en enfrentamientos con las autoridades, unos 13 fueron detenidos sin hacer casi ninguna resistencia, mientras que Masetti se adentró en la selva sin que nadie nunca volviera a saber de él.

Venezuela

El desembarco en mayo de 1967 de un grupo de guerrilleros procedentes de Cuba cerca de la playa de Machurucuto, en el oriente de Venezuela, dejó al descubierto los intentos de injerencia armada de La Habana en ese país.

Imagen de soldados venezolanos
Tras detectar el desembarco de Machurucuto, el ejército venezolano se desplegó en la zona.

 

Héctor Pérez Marcano, uno de los protagonistas de aquella operación, le dijo a BBC Mundo que la misma fue ideada y supervisada directamente por Fidel Castro, quien les brindó todo el apoyo.

Pérez Marcano era parte de un grupo de militantes del Movimiento de Izquierda Revolucionaria (MIR) venezolano que viajó a Cuba a entrenarse como guerrilleros para luego regresar a hacer la revolución en su país.

Según su relato, el plan original era el desembarco de ocho combatientes -cuatro venezolanos y cuatro cubanos- que se iban a unir a un foco guerrillero del MIR que operaba en una zona montañosa a unos 160 kilómetros al este de Caracas.

Sin embargo, la captura de tres tripulantes cubanos de la lancha que les había llevado hasta la orilla puso al descubierto la expedición.

La situación derivó en la ruptura de las relaciones diplomáticas entre Caracas y La Habana.

Titular de El Nacional del 13 de mayo de 1967
La prensa venezolana dio grandes titulares al suceso.

 

Sin embargo, el incidente conocido como «el desembarco de Machurucuto» no fue la primera ni la mayor operación de este tipo que Castro ejecutó sobre Venezuela.

Un año antes había ocurrido una expedición mayor que había trasladado a un grupo de guerrilleros del Partido Comunista de Venezuela formados en Cuba junto a combatientes de la isla, incluyendo a Arnaldo Ochoa Sánchez, quien años más tarde tras alcanzar el rango de general fue fusilado en la isla tras ser condenado en un polémico juicio por narcotráfico.

Perú

En los primeros años de la década de 1960, unos 200 jóvenes izquierdistas peruanos recibieron entrenamiento guerrillero en Cuba.

El gobierno del presidente Fernando Belaúnde respondió con dureza ante la aparición de grupos insurgentes en Perú.
El gobierno del presidente Fernando Belaúnde respondió con dureza ante la aparición de grupos insurgentes en Perú.

 

Según señala Brown en su libro, el grupo más numeroso correspondía a los militantes del Movimiento de Izquierda Revolucionaria (MIR), un grupo formado por jóvenes desertores de las filas del APRA. También había otro conformado por disidentes del Partido Comunista de Perú, que optaron por llamarse Ejército de Liberación Nacional.

Muchos de estos hombres regresaron luego a Perú, donde ambos grupos entraron en acción por separado en 1965, realizando ataques en diversas partes del país.

El gobierno del presidente Fernando Belaúnde respondió con un despliegue abrumador de fuerzas. Las autoridades lograron sofocar esos primeros focos de insurgencia guerrillera en un año, llegando a declarar «misión cumplida».

«Una vez que se dieron cuenta de que había guerrillas en las zonas rurales fueron tras ellas con toda su fuerza. Muchos de los militares de América Latina habían aprendido de lo ocurrido en la revolución cubana y no iban a ignorar la presencia de grupos armados en el país. Eso fue lo que hizo Batista en Cuba en la década anterior: ignoró a las guerrillas en la Sierra Maestra hasta que fue demasiado tarde», comenta Brown.

Guatemala

«Guatemala fue uno de los proyectos donde más enconadamente se precipitaron Castro y el Che Guevara desde un principio; sobre todo porque Guatemala había concedido bases de entrenamiento para los cubanos exilados que participaron en la abortada invasión de Bahía de Cochinos», asegura Juan F. Benemelis en su libro.

Sin embargo, según el autor, ya antes de ese episodio el Che Guevara había hecho un pacto secreto con el expresidente guatemalteco Jacobo Arbenz -derrocado por un golpe apoyado por Estados Unidos- para restituirle en el poder.

Raúl Castro junto al depuesto presidente de Guatemala Jacobo Arbenz durante un acto en La Habana en 1960.
Raúl Castro junto al depuesto presidente de Guatemala Jacobo Arbenz durante un acto en La Habana en 1960.

 

El 3 de octubre de 1960, el gobierno del presidente Miguel Ydígoras Fuentes divulgó un comunicado en el que informó que su Fuerza Aérea había atacado una embarcación cubana que aparentemente estaba desembarcando armas en la costa atlántica del país.

Unas tres semanas más tarde, el gobierno denunció un plan para invadir al país a través de la frontera con Honduras.

Aseguraba que la operación iba a ser realizada por una fuerza de unos 200 hombre liderados por Augusto Charnaud MacDonald, exministro de Interior de Arbenz, quien había sido visto por última vez en La Habana.

Al mes siguiente, se produjo un levantamiento militar en las localidades de Zacapa y Puerto Barrios, en el que participó el teniente Marco Yon Sosa, quien tenía contactos con Cuba y luego se convirtió en un comandante guerrillero.

Según relata Benemelis, hubo aviones de la fuerza aérea cubana aprovisionando a los alzados mientras que en Honduras había sido descubierta una columna de hombres armados liderados por oficiales cubanos que buscaban dar apoyo a los rebeldes.

El alzamiento fue sofocado por el gobierno de Guatemala que exigió a la OEA tomar medidas contra Cuba.

Colombia

La influencia y el apoyo de Cuba se encuentra en el origen del Ejército de Liberación Nacional (ELN) de Colombia.

El Ejército de Liberación Nacional de Colombia fue creado por un grupo de estudiantes formados en Cuba.
El Ejército de Liberación Nacional de Colombia fue creado por un grupo de estudiantes formados en Cuba.

 

La primera semilla de esta agrupación la constituyó la «Brigada Pro Liberación José Antonio Galán», creada en Cuba por seis jóvenes estudiantes colombianos que viajaron a La Habana con becas del gobierno de la isla.

Dos años más tarde, en 1964, con solamente 18 guerrilleros se creó el ELN, a cuyas filas pronto se unirían varios sacerdotes católicos seguidores de la Teoría de la Liberación.

Sin embargo, según señala Brown, una vez que el ELN se puso en marcha se convirtió en un movimiento independiente que no dependía de la tutela de La Habana. Eso, sin embargo, no descarta que recibieran apoyo material de la isla.

En la Conferencia de la Organización Latinoamericana de Solidaridad, realizada en La Habana en agosto de 1967, representantes del ELN recibieron la promesa de armas cubanas suficientes para dotar a 500 campesinos que ellos habían organizado en el oriente de Colombia.

Décadas más tarde, otro episodio.

En marzo de 1981 el gobierno del entonces presidente colombiano Julio Cesar Turbay anunció que su país rompía relaciones con Cuba, acusando al gobierno de la isla caribeña de apoyar un desembarco de armas y combatientes del movimiento guerrillero M-19 en la costa pacífica colombiana, en el departamento del Chocó. Cuba negó en ese momento las acusaciones de Colombia.

El desembarco fue un fracaso, con el ejército colombiano interceptando a los combatientes en la zona selvática del Chocó al poco tiempo de haber llegado a la costa.

El Salvador

La oportunidad para la injerencia militar de Cuba en El Salvador surgió con el triunfo de los sandinistas en Nicaragua en 1979.

Estados Unidos aseguraba que Cuba fue determinante en ayudar a que las guerrillas salvadoreñas se unificaran.
Estados Unidos aseguraba que Cuba fue determinante en ayudar a que las guerrillas salvadoreñas se unificaran.

 

Sin embargo, de acuerdo con Brown, eso no se tradujo en la presencia de militares cubanos en El Salvador, sino en un gran apoyo material y en asesoría.

Un informe desclasificado del Departamento de Estado de EE.UU. de 1981 atribuye a Fidel Castro y al gobierno cubano el haber jugado un papel central en promover la unificación de los grupos guerrilleros salvadoreños -cuyos líderes se habrían reunido en La Habana en mayo de 1980-, así como en la entrega encubierta de casi 200 toneladas de armamento que sirvieron para preparar la «ofensiva general»que lanzaron estos grupos en enero de 1981.

Según el gobierno estadounidense, antes de septiembre de 1980 los grupos guerrilleros salvadoreños estaban mal armados y mal coordinados, pero para enero de 1981 -cuando lanzaron la ofensiva- disponían de un impresionante arsenal de armas modernas.

En el año 2000, durante la X Cumbre Iberoamericana en Panamá, el entonces presidente de El Salvador, Francisco Flores, implicó a Castro en la muerte de miles de salvadoreños durante la guerra civil de su país (1980-1992).

«Es absolutamente intolerable que usted, involucrado en la muerte de tantos salvadoreños, usted, que entrenó a muchísimas personas para matar salvadoreños, me acuse a mí de muertes en El Salvador».

Castro, en un tono beligerante, respondió que «condenamos esos crímenes» y se desligó de esas acusaciones.

Bolivia

Bolivia fue el país escogido por el Che Guevara para demostrar su tesis de que no hacía falta que existieran condiciones objetivas en un lugar para realizar la revolución pues la propia guerrilla era capaz de crear esas condiciones.

Con este convencimiento, en 1966, Guevara viajó de incógnito a Bolivia para encabezar un foco guerrillero en ese país. Le acompañaban unos 25 combatientes cubanos.

Ernesto "Che" Guevara quiso abrir un nuevo foco guerrillero en Bolivia.
Ernesto «Che» Guevara quiso abrir un nuevo foco guerrillero en Bolivia.

 

Según Brown, estefue el único caso en el que la presencia cubana fue tan importante desde la fallida invasión de Panamá. ¿La razón de ello? Los comandaba Guevara.

La iniciativa duró unos pocos meses. Tras unos éxitos iniciales, los guerrilleros se encontraron huyendo constantemente del ejército boliviano, que parecía omnipresente. Para octubre de 1967, cuando Guevara fue capturado y ejecutado, ya el grupo estaba prácticamente aniquilado.

Hacia el final de la década, las intervenciones cubanas en la región disminuyeron de intensidad.

Según Brown, esto se debió al hecho de que todas las operaciones que se realizaron durante esa década fracasaron, a la muerte de Guevara -que era uno de los principales impulsores de la idea de llevar la revolución al resto de la región- y a la oposición de la Unión Soviética a esta tipo de acciones.

«Moscú estaba en contra de estas intervenciones en el resto de América Latina que no se ajustaban a la doctrina soviética acerca de cómo el comunismo iba a apoderarse del mundo. Ellos siempre se opusieron pese a que Castro siguió haciéndolo durante la década de 1960. Al final, él tuvo que darse cuenta de que no iba a tener éxito. Y eso ocurrió después de la muerte del Che», concluye Brown.

Revolución cubana: 3 éxitos y 3 fracasos del movimiento que inició Fidel Castro hace 60 años.

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La revolución cubana comenzó el 1 de enero de 1959 tras la huida del entonces gobernante de facto, Fulgencio Batista.

Autor: Lioman Lima

Fuente: BBC. 01/01/2019.

Cuando la Revolución cubana comenzó, todavía Dwight Eisenhower era presidente de Estados Unidos, Adolfo López Mateos gobernaba México y la Unión Soviética era la segunda potencia del mundo.

Sesenta años después, Eisenhower, López Mateo y la URSS son apenas recuerdos en libros de historia, pero el proceso que inició Fidel Castro en la mayor isla del Caribe, todavía sigue dando de qué hablar y sembrando simpatías y detractores a lo largo del mundo.

No habrá grandes celebraciones en la isla por este aniversario cerrado en el que, por primera vez en décadas, no gobierna alguien de apellido Castro un 1 de enero.

Para los admiradores de la Revolución cubana, la fecha marca una jornada simbólica: por más de medio siglo Cuba ha sido el símbolo de la resistencia ante Estados Unidos, el icono de la soberanía política latinoamericana y la esperanza de un modelo alternativo para el caótico orden mundial.

Para sus detractores, la fecha marca un año más de perpetuación en el poder de un grupo que, en su criterio, ha coartado las libertades y los derechos de un pueblo y lo han sumido en la pobreza, la crisis y «uno de los mayores exilios de la historia».

En BBC Mundo repasamos 3 grandes logros y 3 grandes fracasos de ese movimiento político que ha marcado la historia de Cuba -y de América Latina- en los últimos 60 años.

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Logros

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Salud

A través de los años, uno de los elogios más reiterativos que consigue la isla en casi cualquier escenario es su sistema de salud, público y universal, que la ubica como un referente frente a la mayoría de naciones de Latinoamérica.

«Los éxitos de Cuba en materia de salud son reconocidos mundialmente y dan cuenta de un nivel de compromiso consecuente y sistemático con el desarrollo de la salud por parte de las más altas autoridades de ese país desde 1959″, señala la Organización Mundial de la Salud a BBC Mundo.

Esa institución destaca, entre otros, la colaboración médica de la isla en otras naciones, la baja mortalidad infantil y el hecho de que, recientemente, se convirtió en el primer lugar del mundo en eliminar la transmisión materno-infantil del VIH/Sida y la sífilis congénita.

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Derechos de autor de la imagenAFP Image caption Cuba también ha creado institutos de investigación científica que son referentes internacionales, como el Centro de Ingeniería Genética y Biotecnología.

Es importante señalar que ya antes de la Revolución, en 1957, Cuba ocupaba el primer lugar de la región con menor mortalidad infantil y con mayor número de médicos y camas en los hospitales por habitantes, cifras que todavía ostenta.

En las últimas dos décadas el servicio médico en Cuba se ha deteriorado dada la falta de medicinas, equipos médicos y las deficiencias estructurales severas en varias instituciones hospitalarias.

El gobierno cubano lo atribuye a las sanciones económicas impuestas por el gobierno de Estados Unidos por casi 60 años.

«Más allá de las críticas que puedan hacérsele, la revolución hizo posible la salud para miles personas y eso es un hecho«, asegura a BBC Mundo el politólogo cubano Carlos Alzugaray.

Educación

60 años después del triunfo de Fidel Castro, el país ha erradicado prácticamente el analfabetismo, cuenta con un sistema de educación público que abarcatodas las enseñanzas y ha creado modelos educativos que se han utilizado en el resto de Latinoamérica.

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Image caption En Cuba la educación, la salud y el deporte son derechos de la población.

«Antes de la revolución, si bien el analfabetismo en la ciudad era del 11%, en el campo era del 40%. Eso es algo que con la revolución se solucionó. Se eliminó además la educación privada y se hizo accesible para toda la población», cuenta Mesa-Lago a BBC Mundo.

Mark Brenner, especialista en Cuba de la American University, señala que el modelo educativo de la isla es un referente en la región y ha logrado formar por generaciones a una de las poblaciones más preparadas académicamente de América Latina.

Sin embargo Sebastián Arcos, director del Instituto de Estudios Cubanos de la Universidad Internacional de Florida, cuestiona que el acceso a ciertos niveles de enseñanza se limita a la condición de «ser revolucionario» y recuerda casos de expulsiones de estudiantes por expresar criterios contrarios a los del gobierno o- hace unas décadas- por ser homosexuales o tener el pelo largo.

«Es un país donde las escuelas se utilizan para adoctrinar a la gente desde muy jóvenes y donde se ponen los valores comunistas por encima de los valores de la enseñanza«, le dice a BBC Mundo.

Seguridad

Un hecho que para muchos escapa en la cotidianidad de la isla es que, según varios organismos internacionales -e, incluso, según ha reconocido en decenas de alertas de viajes el Departamento de Estado de EE.UU.- Cuba es uno de los países más seguros de Latinoamérica y el Caribe.

Estadísticas de la Oficina de Naciones Unidas contra la Droga y el Crimen muestran que la tasa de homicidios en la isla entre 2012 y 2016 fue de 4,99 por cada 100.000 habitantes, lo que la convierte en el segundo país más seguro de la región, solo superado por Chile.

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Image caption En Cuba es muy común ver policías patrullando calles o cuidando esquinas. En La Habana hay un sistema de cámaras de vigilancia en varios barrios.

El portal Data World, que compila datos oficiales, la ubicó por años como el lugar más seguro para visitar por estadounidenses, en comparación con otros destinos turísticos populares cercanos a EE.UU.

Arcos, aunque reconoce los altos niveles de seguridad en la isla, considera que estos se deben al «sistema represivo, de vigilancia y control» que ha establecido el gobierno cubano.

«Es un estado policiaco, dedicado a la seguridad y al control de las personas. Han creado mecanismos para que la gente tenga miedo y han llegado a hacer que casi todos los cubanos sientan que son vigilados o que alguien les escucha cuando hablan por teléfono», sostiene.

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Fracasos

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Economía

Casi todos los expertos consultados por BBC Mundo coinciden en calificar a la economía como el mayor fiasco del proceso iniciado por Fidel Castro en 1959.

«Yo diría que es la gran falencia o lo que quedó pendiente de esos 60 años y es que todavía no se ha alcanzado esa sociedad próspera y sostenible que se planteó alguna vez, lo que significa que todavía haya muchos asuntos pendientes en materia de vivienda, en materia de alcanzar niveles de vida aceptables para todo el mundo», opina Alzugaray.

El economista cubano Mauricio De Miranda Parrondo, profesor de la Universidad Javeriana de Cali, considera que un error fundamental en este sentido fue «el desconocimiento de las leyes de la economía» por parte del gobierno.

«La dirección cubana pecó de excesivo idealismo y de voluntarismo en la conducción de la economía. Siempre se priorizó la razón política y el mantenimiento del poder sobre la razón económica, explica a BBC Mundo.

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Image caption ara sus críticos, la revolución cubana no ha logrado ofrecer la sociedad que prometió.

Mesa-Lago, destaca, no obstante, que pese a la crisis económica sostenida que vive, Cuba ha logrado continuar creciendo (aunque sea en números muy pequeños) y que realizó una transformación económica en la que pasó de ser una economía dependiente del azúcar a otra dependiente de los servicios.

«Pero no ha logrado un cambio estructural que permita tener ese crecimiento económico sostenido del que han estado hablando desde decenios y que le permita recuperar los estándares de vida que tenía cuando todavía vivía del dinero de la Unión Soviética», comenta.

Derechos humanos

Es uno de los temas más peliagudos y de los que más controversia generan entre quienes apoyan o critican la Revolución cubana.

A través de los años, organizamos internacionales y críticos del gobierno han denunciado lo que consideran violaciones sistemáticas de los derechos humanos en la isla, que van desde la falta de libertad de prensa hasta el encarcelamiento o la persecución de opositores políticos, algo que el gobierno y sus seguidores niegan.

En septiembre pasado, en su informe anual, el secretario general de Naciones Unidas incluyó nuevamente a Cuba entre los países que toman «represalias vergonzosas» contra quienes defienden los derechos humanos.

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Image captionUn grupo de mujeres opositaras, llamadas Damas de Blanco (una de ellas, en el centro de la foto), aseguran ser víctimas frecuentes de represión por parte de la policía de Cuba.

Otras organizaciones, como Amnistía Internacional o Human Right Watch también publican periódicamente informes en los que cuestionan el estado de los derechos humanos en la isla.

«Por 60 años se han dedicado a callar, a encerrar u obligar a salir del país a todo el que piense diferente«, opina Arcos.

El gobierno cubano asegura, por su parte, que pocas naciones del mundo respetan los derechos humanos como ellos y tilda a los opositores de ser «mercenarios» al servicio de Estados Unidos.

Brenner considera que al hablar de derechos humanos en la isla se debe tener en cuenta «las fuertes presiones» que ha vivido por parte de Washington, que, en su criterio, llevaron al gobierno de La Habana a sobreestimar la amenaza y a que varios derechos sucumbieran ante la aspiración de mantener a flote el sistema.

«La Declaración Universal de los Derechos Humanos tiene tres componentes: derechos políticos, sociales y económicos. Y el gobierno cubano han enfatizado en los derechos sociales y económicos, pero se han dado de lado los derechos políticos,» sostiene.

«El hombre nuevo»

En el paradigma del «hombre nuevo», el ideal de Ernesto «Che» Guevara de crear un nuevo sistema de relaciones humanas, muchos críticos ven el resumen de una serie de fiascos de todo tipo que han impactado en las esencias del cubano de a pie y que han llevado a algunos a notar una falta de compromiso con el país y su futuro.

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Image caption Los críticos de la revolución señalan que no fue capaz de crear una sociedad que comprometa a sus jóvenes con el futuro de la isla.

«¿Cuál es el resultado 60 años después? ¿Un país del que se calcula que han emigrado más de 3 millones de personas, que está devastado, con las familias separadas, con una economía que no funciona, con jóvenes que solo quieren irse a otro lugar? ¿Cuál ha sido el impacto en el ser humano? Pues algo catastrófico», opina Arcos.

Alzugaray, por su parte, si bien reconoce que del «hombre nuevo» no queda nada, considera que, pese a todo, aún existen notables niveles de apoyo hacia la revolución.

«No la apoyan igual que hace 60 años, porque lógicamente ha pasado el tiempo y se han presentado muchas dificultades y la gente se ha sacrificado mucho, pero yo diría que las cuotas de participación son altas», comenta.

En criterio de Brenner, su percepción tras más de 44 años viajando a la isla, es que la gente allí «está muy decepcionada» de no tener la oportunidad de colmar sus aspiraciones personales en su propio país.

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Image caption Para muchos cubanos, emigrar es una aspiración.

«Son personas con una gran capacidad y una gran preparación, pero no tienen oportunidad de ejercerlas en empleos que los hagan sentir satisfechos. Tienen una tremenda creatividad, pero muy pocos espacios donde puedan ponerla en práctica», señala.

El experto considera que se trata de una realidad «muy complicada», porque el nuevo presidente «no parece capaz de producir algo dramáticamente diferente y no veo que haya planes tampoco de hacerlo».

«Creo que es un punto muy crítico en la historia de la revolución: hay un liderazgo nuevo, pero no hay un plan nuevo para alcanzar, al menos parcialmente, lo que aspiran a alcanzar o para ofrecerle a la gente algo mejor de lo que han tenido hasta ahora», sostiene.

La crisis de los misiles que conmocionó al mundo.

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El presidente de los USA, Kennedy, anunciando el descubrimiento de los misiles en Cuba.

Autor: Victor Arrogante. 14/10/2018.

Fuente: nuevatribuna.es.

Se conoce como crisis de los misiles, a los trece días de octubre de 1962, en los que Estados Unidos y la Unión Soviética estuvieron a punto de comenzar una guerra nuclear por Cuba. El 14 de octubre de 1962, un avión espía de EEUU descubrió que la URSS había instalado secretamente sus misiles balísticos de medio alcance P-12 en la isla. Este hecho ocasionó un conflicto entre las dos superpotencias. La paz mundial estuvo seriamente en peligro, al borde de la Tercera Guerra Mundial.

Moscú había intentado restaurar el equilibrio nuclear en el mundo, después de que EEUU instalara en 1961 sus misiles balísticos en Turquía. Al descubrir los misiles soviéticos en Cuba, John Fitzgerald Kennedy, realizó un bloqueo militar contra la isla, creando un cerco con su flota y aumentando el número de sus tropas y aviones.

En marzo de 1962, la Comisión Taylor, planteó medidas para justificar la intervención militar en Cuba. En mayo, una delegación rusa llegó a la isla para proponer la instalación de cohetes con carga nuclear y garantizar que los norteamericanos no invadieran la isla. En junio, el Estado Mayor de la URSS aprobó la composición de tropas soviéticas que participarían en la operación. Todo se iba complicando, cuando en el mes de junio, el comandante Raúl Castro viajó a Moscú, para explicar los criterios de Fidel Castro de hacer público el acuerdo militar, como acto soberano entre dos estados. Los rusos insistieron en mantenerlo en secreto. Tres meses después, EEUU confirmaba la presencia de emplazamientos de misiles en Pinar del Río, Villa Clara y Camaguey.

Quedaban todavía días de intensas negociaciones para que la crisis de Octubre llegara a su fin. Entre los días 18 y 22 de octubre, el canciller Nikita Jruschov aseguraba que los misiles eran de carácter defensivo. Kennedy ordenó la máxima alerta y refuerza la base naval de Guantánamo, creando todas las condiciones para bombardear la isla caribeña. El 26 de octubre Fidel Castro ordena abrir fuego contra aviones enemigos en vuelos de baja altura y el 27, un avión de EEUU es derribado y muerto su piloto.

El 28 de octubre, Cuba presentó una declaración de cinco puntos, tras la reunión bilateral entre Estados Unidos y la Unión Soviética. El presidente Kennedy aceptó eliminar las medidas de bloqueo a Cuba; mientras que Nikita Jruschov aceptó retirar del territorio cubano las instalaciones de armas de defensa estratégica. El Gobierno Revolucionario de Cuba, declaró que: «No existirán las garantías de que habla el Presidente Kennedy contra una agresión a Cuba, si, además de la eliminación del bloqueo naval que promete, no se adoptan otras medidas».

Cuba exige: el cese del bloqueo económico y de todas las medidas de presión comercial y económica que ejercen los EEUU en todas partes del mundo contra el país; cese de todas las actividades subversivas, lanzamiento y desembarco de armas y organización de invasiones mercenarias; cese de los ataques piratas que se llevan a cabo desde las bases existentes en Estados Unidos y Puerto Rico; cese de todas las violaciones del espacio aéreo y naval; y retirada de la Base Naval de Guantánamo y devolución del territorio cubano ocupado por los Estados Unidos. Algo se ganó, pero el bloqueo a Cuba se sigue produciendo y Guantánamo sigue siendo una base americana.

En el momento de la crisis de los misiles, Estados Unidos gozaba de una superioridad nuclear decisiva sobre la Unión Soviética. Poseía más de 400 misiles balísticos intercontinentales, en comparación con 78 en el arsenal de la URSS. La enorme ventaja estratégica incluía los sofisticados submarinos Polaris, con poder devastador para un golpe nuclear, y la abrumadora fuerza de choque de alrededor de 1.300 bombarderos nucleares, a diferencia de menos de 200 en el arsenal soviético. Además, en la década del 60 el tiempo para alcanzar el objetivo era un factor crucial. Se necesitaban unos 30 minutos para que los misiles soviéticos llegaran a Estados Unidos, un tiempo suficiente para que los estadounidenses tomaran represalias con un devastador contraataque. Desde Cuba los misiles soviéticos hubieran podido destruir la mayor parte de los centros militares y urbanos de Estados Unidos en 7 ó 10 minutos.

Anatoly Dobrinin, embajador soviético en Washington y figura decisiva junto a Robert Kennedy en la búsqueda de una solución a la crisis, declaró en sus memorias, que los motivos de Khrushchev fueron estratégicos: «la medida era parte de una estrategia geopolítica más amplia para lograr una mayor paridad con Estados Unidos». Un factor esencial para que el Kremlin decidiera introducir misiles nucleares en Cuba fue el fracaso de la invasión de Bahía de Cochinos, donde Kennedy fue percibido como un presidente débil e indeciso que decaería bajo presión. El siguiente paso fue obtener la cooperación de Fidel Castro. El mensajero fue el embajador Alexander Alexeiev, un veterano agente de la KGB y estrecho colaborador de Raúl Castro.

Fidel Castro hizo suya la idea de los misiles nucleares en Cuba: «Es un movimiento muy arriesgado… pero si tomar tal decisión es indispensable para el bloque socialista, creo que estoy a favor del emplazamiento de los misiles en nuestra isla». Con el respaldo de Castro, el traslado secreto y el despliegue se puso en marcha.

Sin embargo, el 14 de octubre cambió el rumbo de la historia, cuando el avión espía tomó las fotos que proporcionaron a Washington la primera evidencia sólida de la presencia de misiles soviéticos en Cuba. El 16 de octubre el presidente Kennedy fue informado. Durante los siguientes cinco días, en absoluto secreto, el Presidente y sus asesores analizaron las opciones disponibles. Al final se decidió hacer frente, hasta sus últimas consecuencias, el desafío soviético.

En el contexto histórico, la crisis se produjo durante la Guerra Fría (1945-1991). Las dos superpotencias nunca se llegaron a enfrentar directamente, pero sí indirectamente en diversos puntos del Planeta. El armamento nuclear de ambos países significaba que siempre fuera posible una gran guerra apocalíptica. El 1 de enero de 1959 la revolución liderada por Fidel Castro triunfa en Cuba. El 20 de enero de 1961 Kennedy jura como presidente de Estados Unidos. En abril de ese mismo año, los Estados Unidos respaldan a un grupo de cubanos anticastristas que fallan en su intento de invadir Cuba en Bahía de Cochinos. En agosto de 1961 comienza la construcción del Muro de Berlín. En febrero de 1962 comienza el embargo estadounidense a Cuba.

Los historiadores reconocen que la crisis de los misiles en Cuba fue el momento más peligroso de la historia de la humanidad. Las gestiones del Secretario General de las Naciones Unidas, U Thant, contribuyeron notablemente a desactivar la crisis. El 24 de octubre, en su discurso ante el Consejo de Seguridad, instó a que se celebrarán urgentemente negociaciones entre las partes involucradas e informó de que había enviado exhortaciones al Presidente Kennedy y al Primer Ministro Khruschev para que establecieran una moratoria de dos a tres semanas de duración. Esa medida entrañaría, por parte de la URSS, la suspensión voluntaria de todos los envíos de armamentos a Cuba; y por parte de los Estados Unidos la suspensión voluntaria del cerco y en especial registro de barcos rumbo a Cuba. Hizo un llamamiento a las autoridades de Cuba para que suspendieran la construcción y el desarrollo de servicios e instalaciones militares importantes durante el período de negociación.

A modo de conclusiones: El domingo 28 de octubre, la dirección soviética envió un mensaje urgente a Dobrynin en Washington, indicando que Kruschev había aceptado las demandas del Presidente. El acuerdo incluía un pacto secreto para el desmantelamiento gradual de los misiles estadounidenses obsoletos en Turquía y el compromiso de no invadir a Cuba. Durante las negociaciones Castro fue ignorado, por lo que se sintió humillado. Kennedy fue asesinado un año después por un homicida procastrista. Kruschev fue destituido como primer ministro a los dos años, y Castro se mantuvo como presidente durante más de medio siglo, fiel aliado de Moscú a cuyos intereses expansionistas sirvió en los años setenta enviando cuerpos militares expedicionarios a Angola, Mozambique o Etiopía.

Con todo, la crisis se resolvió rápidamente y muestra la eficacia de la estrategia de la disuasión; la amenaza del holocausto nuclear frenó el aventurerismo de las potencias y la importancia del diálogo ente las dos superpotencias, instalándose una comunicación directa entre la Casa Blanca y el Kremlin para desactivar cualquier crisis o malentendido: el «teléfono rojo».


−JFK: «Dean, por favor, explícame cómo se llevaría a cabo todo el proceso.
−DA: «Su primer paso, señor, será darles a los soviéticos entre 12 y 24 horas para que retiren los misiles. Ellos, obviamente, se negarán. Entonces usted ordenará los ataques, seguidos de la invasión. Opondrán resistencia y serán vencidos».
−JFK: «Planes que requieren armas nucleares… [Silencio] ¿Y cuál sería el paso siguiente?».
−DA: «Esperemos que prevalezca la cordura… antes de llegar al paso siguiente».

Extracto de la conversación entre John F. Kennedy, presidente de los Estados Unidos y Dean Acheson, exsecretario de Estado en la película Trece días (2000)

Un invento español poco conocido: los campos de concentración.

Más se perdió en Cuba… Imagen de Latin American Studies.

El primer campo de concentración de la era moderna lo puso en marcha el general Valeriano Weyler en Cuba en 1895, en vísperas de la guerra con EEUU que finalizaría con la pérdida de las colonias de ultramar, en 1898. La idea del general era “reconcentrar” a los campesinos, con el fin de evitar que ayudaran al Ejército Libertador, conocidos como “mambises“.

La proclama que daba inicio a la reconcentración decía:

1. Todos los habitantes de las zonas rurales o de las áreas exteriores a la línea de ciudades fortificadas, serán concentrados dentro de las ciudades ocupadas por las tropas en el plazo de ocho días. Todo aquel que desobedezca esta orden o que sea encontrado fuera de las zonas prescritas, será considerado rebelde y juzgado como tal.

2. Queda absolutamente prohibido, sin permiso de la autoridad militar del punto de partida, sacar productos alimenticios de las ciudades y trasladarlos a otras, por mar o por tierra. Los violadores de estas normas serán juzgados y condenados en calidad de colaboradores de los rebeldes.

3. Se ordena a los propietarios de cabezas de ganado que las conduzcan a las ciudades o sus alrededores, donde pueden recibir la protección adecuada.

El general Weyler (izquierda) y algunos de los cubanos que sufrieron los campos de “reconcentración”.

Los cerca de 400.000 cubanos encerrados en estos campos hacia finales de 1896 vivían en “condiciones higiénicas deplorables” y carecían de una alimentación suficiente. Además, la privación de libertad de los campesinos provocó una hambruna que cercenó a un tercio de la población de la isla. La cifra de fallecidos en los campos entre 1895 y 1898 se estima entre 300.000 y 600.000, según el historiador Miguel Leal Cruz.

Por los servicios prestados a la Corona española, el general Valeriano Weylerostenta desde hace décadas una placa en el Paseo del Pintor Rosales: “Modelo de lealtad constitucional”, según puede leerse sin aparente ironía.

Tal fue el éxito de los campos de concentración que los ingleses no tardaron en copiar la idea y aplicarla en su guerra contra los boers en Sudáfrica, aunque fueron los nazis los que llevaron la idea de concentrar -y aniquilar- civiles hasta el paroxismo durante la Segunda Guerra Mundial.

Cuando Castro quiso fichar a Bardem.

Fuente: El Mundo, 21/04/2018

Autor: Matías Rebolledo.

Corría el mes de abril de 1959. Una máquina de escribir recién comprada estampa letra a letra, mancha a mancha, una carta tan curiosa como descriptiva del tiempo en el que fue concebida. El destinatario es Juan Antonio Bardem, hermano de Pilar y tío de Javier, uno de los guionistas más importantes de la historia del cine español y reconocido miembro del Partido Comunista de España: «(…) Buenos días (la verdad es que no ha habido malos días) y un pisar más firme que el que se estila por acá. Y el recuerdo de 6 horas estupendas en La Habana, donde el Director General de Cine es nuestro amigo Alfredo Guevara quien, con otros, vino a recibirme». El remitente es Ricardo Muñoz Suay, quien luego fundaría la Filmoteca Valenciana y que termina la frase: «Objetivo número 1 de Fidel en el cine: hacer un film con Bardem».

En esa época, J.A. Bardem acababa de colaborar con Suay para rodar Sonatas, una de sus películas más reconocidas como director junto a la celebrada Los inocentes, ya de 1962. En Cuba, la revolución liberada por Castro para derrocar a Batista llevaba apenas tres meses en pie y España vivía en los albores de la reforma económica de la dictadura de Franco que se materializaría en la década de los 60. «Solo lo nuestro, para nosotros, es la salida», escribe Suay. Ello también significa el gusto de Fidel Castro y los suyos por el cine, no en vano y con el aperturismo, por su cine privado de La Habana pasaron Steven Spielberg, Sean Penn, Kevin Costner o su «amigo» Oliver Stone.

Por si fuera poco, la carta describe el proyecto de película de manera tan minuciosa que uno se pregunta por qué no llegó a realizarse. Con fecha de envío del 2 de abril, Suey asegura haber hablado con Lucía Bosé para que la dirigiese y que esta cuenta con el «permiso» de su marido, Luis Miguel «Dominguín». Toros, comunismo, franquismo, cine, exilio y la promesa de una gran película sobre la revolución cubana: «Si sábado lo resuelvo te mandaría un cable a la dirección de Hollywood que tú debes enviarme». La historia del cine español, negro sobre blanco.

Esta carta es una de las joyas que presenta la exposición Memorias de Luz. Historia del cine español en la Filmoteca Valenciana que acogerá hasta el 3 de junio la sede central en Madrid del Instituto Cervantes. Fundada hace ahora tres décadas por Suay, la institución que vela por el cuidado de la producción cinematográfica valenciana organiza la muestra en colaboración con el Institut Valencià de Cultura: «La idea era condensar el primer siglo de historia de nuestro cine en una exposición con todo nuestro patrimonio no fílmico», afirmó su director general, Abel Guarinos.

Más allá de las curiosidades y piezas de colección cinéfilas como la misiva antes citada o el plan de rodaje de Bienvenido Mr. Marshall (película en la que Bardem escribió el guion junto a Berglanga), en la exposición se podrá disfrutar de hasta 62 carteles originales de la historia del cine patrio. El visitante se encontrará con la mirada furtiva de Catherine Deneuve en la Tristana de Luis Buñuel, o con el mismísimo Charles Chaplin caracterizado como un torero en su adaptación de Carmen. A todo color y en gran formato.

Comisariada por Nieves López Menchero, responsable del fondo de la Filmoteca, Memorias de Luz es una retrospectiva tan bien cuidada como frágil: «Hemos tenido que superar muchos años de vicisitudes políticas y económicas para poder mostrarlo. De hecho, después del trabajo de restauración el papel es muy frágil y han tenido que seleccionarse tipos de cristal muy concretos para exponerlos sin dañarlos más y que puedan ser disfrutados por los ciudadanos, que es a quien pertenece este patrimonio», afirmó.

La muestra, que estará abierta al público hasta principios del mes de junio, se completa con varios bocetos y grabados de grandes producciones españolas de la década de los cincuenta o catálogos del NO-DO restaurados para su exposición.«Una de las cosas más interesantes que se puede observar es cómo cambian los reclamos durante el Gobierno de la República, con la Guerra Civil y con el Franquismo», aseguró la comisaria. Se fue Fidel, se fue Bardem y se fue Suay, pero aquella carta y el legado fílmico que dejaron ya forma parte del patrimonio cultural.

¿Por qué la Unión Soviética desplegó misiles en Cuba? La crisis de 1962 desde la óptica soviética.

Alcance de los misiles desplegados por la URSS en Cuba. Imagen de Holt, Rinehart and Winston.

Autor:  · 25 ABR, 2015

Fuente: El Orden Mundial en el siglo XXI.

La crisis de los misiles en Cuba durante octubre de 1962 fue, sin duda alguna, el momento de mayor tensión durante la Guerra Fría y, seguramente también, el que más interés ha despertado. Cincuenta años después, y encontrándonos en el inicio de la normalización de las relaciones entre Estados Unidos y Cuba, sigue habiendo infinidad de preguntas que resolver sobre el suceso que marcó un antes y después en el transcurso de la carrera de hegemonía bipolar entre las dos potencias.

Aunque el episodio de escalada de tensión nuclear ha sido ampliamente estudiado, el análisis de la política exterior se ha centrado en el papel de los Estados Unidos, dejando de lado el estudio de las motivaciones y la acción del bando soviético. Así pues, la pregunta que nos hacemos es la siguiente: ¿qué llevó a la Unión Soviética a desplegar misiles en Cuba?

Antecedentes de la crisis

El análisis histórico de la crisis de los misiles en Cuba debe iniciarse dando cuenta del cambio de doctrina de Jrushchov tras la guerra de Corea de 1953, la cual suponía un acercamiento más pacífico entre las dos potencias. A la carrera armamentística se le añade la carrera espacial, que acrecentó las tensiones en la medida en la que la tecnología aérea avanzaba a pasos agigantados y situaciones como el conflicto U-2 sobre el espionaje americano en territorio soviético empezaron a ser habituales, lo cual terminó pisando aquello conseguido mediante la diplomacia y el soft-power. Además de esto, también fue fundamental la victoria de Kennedy, con un programa de apertura hacia América pero con una política efectiva distinta en el desembarco de Bahía de Cochinos, además del creciente interés soviético en la zona. En la tercera semana de octubre del 62 se inició el bloqueo estadounidense a la isla, justificado en base a la vulneración de la seguridad americana que suponía el traslado de misiles a la isla por parte de la URSS, del cual fueron informados por la inteligencia aérea desplegada. Como dijo John Reed, esos trece días estremecieron al mundo al tiempo que se ponía en juego la estabilidad del sistema bipolar y la seguridad mundial.

En este ‘huracán cubano’, quedan muchas preguntas por resolver. Una de esas dudas tiene que ver con los motivos que llevarían a la Unión Soviética, y en concreto a Jrushchov, a enviar misiles tan lejos del país. Una explicación sería la intención de romper la resistencia occidental en el Berlín oriental; otra se entiende en términos de equilibrios de poder y de afianzamiento de Jrushchov dentro de su propio partido. Incluso algunas explicaciones han seguido la narrativa de los modelos de actor individual y las aproximaciones psicológicas, mediante el análisis de las biografías de los líderes y entienden que las capacidades personales de estos mandatarios generan un modo de actuar específico que van a influir en sus decisiones de política exterior.

Jrushchov, tal y como aseguran algunos de sus biógrafos, era un líder con una personalidad impulsiva, que le llevaba a tratar de buscar constantemente un remedio para los desastres tanto de su política externa como de la doméstica. Sus motivaciones personales, además, le hacían tener siempre como objetivo final la victoria del comunismo, lo cual pasaba por proteger a Cuba de la agresión americana. Así, la explicación podría ser que no es que la Unión Soviética quisiera solamente sacar ventaja a los Estados Unidos en términos geopolíticos, sino sobre todo constreñir el imperialismo de Occidente, facilitar la descolonización y, en último lugar, promover el comunismo a lo largo y ancho del globo. En cuanto a lo primero, el reequilibrio de poder geopolítico, el despliegue americano de los misiles Minuteman y Titan jugó un papel fundamental, pues constituían una declaración de fuerza americana debido a la calidad intrínseca de los mismos (tecnológicamente superiores y producidos en grandes cantidades) y a su estratégica localización (formando un cerco a la Unión Soviética).

Análisis de la decisión política: la definición de la herramienta

El análisis de la acción gubernamental en términos de objetivos nos permite darnos cuenta de que el gobierno de la Unión Soviética tomó la decisión de desplegar misiles en Cuba con el fin de hacer notar al enemigo la potencial capacidad militar propia, y es el producto de una situación de autopercepción de una relativa inferioridad y de miedo a un potencial peligro. Las acciones soviéticas en base a sus objetivos se podrían dividir en dos de la siguiente manera: en primer lugar, consideramos que el objetivo de la URSS en último término es, como cualquier estado, asegurar su soberanía e integridad. En consecuencia, para asegurar su capacidad de garantizar la seguridad y unidad de su territorio y población es necesario que las amenazas sean minimizadas.

Para ello, habría varias posibilidades: un recorte de la diferencia de capacidad militar y balística entre EEUU y la URSS, o bien la implantación de lanzaderas en territorio cercano a la Unión Soviética (en concreto, Turquía), así como el aumento de la influencia soviética sobre Berlín, zona estratégica.

Ante la imposibilidad de eliminar las lanzaderas estadounidenses en suelo turco (derivada del alto coste en forma de una potencial mayor amenaza para su seguridad) y de la improbabilidad de recortar la diferencia militar a tan corto plazo, se decide instalar del mismo modo misiles en el territorio de un país aliado, en este caso Cuba, con el fin de justificar sus eventuales actuaciones en Berlín.

Artículo completo.

Cuba-Estados Unidos: el último capítulo de la guerra fría.

Sorpresa en la Calle Ocho de Miami tras el anuncio de diálogo con Cuba

Fuente: El Diario.es
Autor: Pascual Serrano, 17/12/2014.

Conversaciones secretas al más alto nivel, intercambio de agentes, mediación del Vaticano, preparación del ambiente mediante editoriales en los diarios más influyentes, comparecencias simultáneas (que no conjuntas) de los jefes de Estado enfrentados difundidas en directo… Ayer asistimos a uno de los últimos capítulos de la guerra fría, una parte de la historia que a los jóvenes europeos les resulta absolutamente ajena pero que en Cuba se vivía todos los días.

El acuerdo, además del tremendo impacto humanitario y político de la liberación de presos en ambos países, supone el restablecimiento de las relaciones diplomáticas, si bien, en palabras de Raúl Castro, «esto no quiere decir que lo principal se haya resuelto. El bloqueo económico, comercial y financiero que provoca enormes daños humanos y económicos a nuestro país debe cesar».