La vergüenza de la madre de Napoleón: “Mi útero contenía un monstruo”

La madre de Napoléon en 1770. FOTO: GETTY

Autora: Paula Corroto.

Fuente: elpais.es 31/08/2019

Se llamaba Letizia y llegó a ser la madre de un emperador odiado y amado a lo largo de todos los confines europeos. Pero su biografía es mucho más grande que el título maternal: administró sus bienes e inversiones de forma personal para vivir sin la necesidad de depender de su hijo, y cuando tuvo que despegarse de este, por su altanería y ambición desmesurada, lo hizo. A María Letizia Ramolino, madre de Napoleón, de cuyo nacimiento se cumple este 15 de agosto el 250 aniversario, no le tembló la mano en las cartas que le escribió en los años en los que su vástago estaba fuera de sí conquistando todas las tierras europeas (y hasta Rusia si hacía falta). “¿Qué haces, aborto del abismo?”, le preguntó en una de sus misivas que hoy se puede consultar en la Biblioteca Digital Hispánica (Biblioteca Nacional de España). Casi nadie había podido olisquear las verdaderas pretensiones de Napoleón cuando este era solamente un general del ejército francés; pero su madre, sí. Las madres calan hasta al emperador más astuto.

María Letizia Ramolino (Ajaccio, Córcega, 1750-Roma, 1836) fue una noble, hija de familia bien y con un fuerte sentimiento nacionalista corso. En su juventud la isla todavía pertenecía a Génova y allí no se hablaba en francés. Es más, todo lo francés le provocaba cierta repulsión. Recibió la educación que estaba prevista para todas las mujeres de su posición en su época: cuidado del hogar y de los hijos. Sin embargo, desde muy joven tuvo otros intereses más ligados con la política y la economía. A los 14 años, considerada como una de las bellezas de la isla, la casaron con el abogado Carlo Bonaparte, con quien, pese a haber sido un matrimonio concertado, llegó a llevarse bien. Tuvieron trece hijos y entre ambos administraron su capital. De hecho, Bonaparte solía pedirle consejo en los pleitos en los que trabajaba.

En 1769, cuando María Letizia estaba embarazada de Napoléon y tenía un hijo de un año, José –quien después sería José I de España–, Córcega fue conquistada por Francia. Para Ramolino fue un shock ideológico y sentimental y no dejó de inculcar en sus hijos su aversión hacia los franceses. El propio Napoleón, en su más temprana juventud, fue un firme seguidor del nacionalista Pasquale Paoli, que abogaba por la independencia de la isla. Las contradicciones de la vida.

Otro duro impacto fue la muerte de su marido Bonaparte en 1785, que la dejó viuda a los 35 años. Y, además, sin ingresos, con una prole importante y en una isla donde ya nadie la quería por sus afinidades políticas nacionalistas. Ahí comenzó el verdadero crecimiento personal de Ramolino, que empezó a rodearse de banqueros, políticos y empresarios con el fin de llevar a cabo inversiones –principalmente en bienes físicos como muebles y joyas– que pudieran sacar a su familia adelante.

Retratada por Francois Gerard. FOTO: GETTY

Por aquel entonces ya había estallado la Revolución francesa y sus hijos, sobre todo Napoleón, habían empezado a hacer carrera en el ejército. Este se uniría rápidamente a los jacobinos, que abogaban por la indivisibilidad de la nación y por un Estado central fuerte. El joven nacionalista observó por dónde podía subir en el escalafón militar y la mejor manera era ponerse en contra de los independentistas corsos. Su madre nunca estuvo de acuerdo, pero en 1793 abandonó Córcega para irse con él a Francia.

El siguiente enfrentamiento entre madre e hijo no fue por la política, sino por una mujer: Josefina de Beauharnais, con quien Napoleón se casó en 1796. Josefina era viuda de Alejandro de Beauharnais, terrateniente en la isla de Martinica que después había hecho carrera política durante la revolución. No acabó bien: fue guillotinado por contrarrevolucionario durante la época del Terror impuesto por los jacobinos. Pero Josefina había podido introducirse en los círculos políticos, donde conocería a Napoleón, quien se enamoró perdidamente de ella. Josefina no tanto. Su anterior matrimonio no había sido bueno y no perdió el tiempo con otros hombres mientras su nuevo marido batallaba fuera de Francia. Y eso a su suegra no le gustaba.

Más allá de los asuntos matrimoniales, lo que era evidente es que la carrera de Napoleón estaba disparada. Llevó a su ejército por Europa para anexionarse nuevos territorios. Incluso llegó a las costas más orientales del Mediterráneo causando varias masacres en ciudades como Jaffa, en la actual Tel Aviv. Su madre no estaba conforme y ni siquiera quería hacer vida en París. Pero su hijo sí tenía muy claro su objetivo y el 9 de noviembre de 1799 –el 18 de brumario– dio un golpe de Estado para autoproclamarse primer cónsul de Francia. Era admirado por muchos por sus ingeniosas estrategias militares y por el impulso a políticas liberales y progresistas. Uno de sus mayores admiradores era Beethoven. Aquellos fueron los mejores años de Napoleón.

Pero como siempre que se empieza a crecer de forma desmesurada, rápida, descontrolada y con mucho palmero alrededor, la historia no podía acabar bien. A Napoleón no le bastó ser cónsul y en 1804 se autoproclamó emperador de los franceses –ese antiguo nacionalista corso– con unción papal incluida. Para diciembre de aquel año montó un fastuoso acto en la catedral de Notre-Dame al que acudió la flor y nata del país. María Letizia se negó a asistir. No quería participar de un festejo que consideraba una pantomima. Ni siquiera vivía en la Corte. Eso sí, su hijo insistió en que apareciera en el cuadro que pintó Jean-Jacques David sobre la coronación. A veces se eliminan personajes de las fotografías o las pinturas y otras veces se incluyen. Y no contento con eso la nombró “su alteza imperial, madre del emperador”. Ramolino hizo caso omiso y continuó con sus particulares empresas económicas, sin depender de la riqueza que le ofrecía su hijo.

A partir de su autonombramiento como emperador, Napoleón emprendió sus verdaderas conquistas. Se iniciaron así las guerras napoleónicas contra Reino Unido –en las que implicó a España– y se dedicó a colocar a sus hermanos en los diversos reinos que iba anexionando. Así a José lo coronó en Nápoles y después en España, a Luis en Holanda, y a Jerónimo en Westfalia, en el norte de Alemania. Sólo a Luciano lo dejó sin territorios. Ambos estaban muy enemistados. Y en esta relación fraternal tuvo particular importancia la influencia de la madre.

De esta época data la carta enviada por ella a Napoleón que hoy se puede leer en la Biblioteca Nacional. Es una misiva muy dura con respecto a su hijo. En ella escribe, entre otras cosas, “cuánto mejor me hubiera estado la esterilidad, que haber contenido en mi desgraciado útero un monstruo”, en alusión a la ambición desmesurada del hijo y cómo ha llevado al resto de sus hermanos a la desgracia. Se pone del lado de Luciano, “que siempre abominó tus empresas ruidosas. El conocía bien tu carácter dominador” y destaca cómo “Luis, el desgraciado Luis, al que colocaste en el trono de Holanda, ya me anuncia que vacila la corona sobre su cabeza”, al sentirse un usurpador, “como lo fuiste tú del trono de Francia”. María Letizia es contundente: “Me has robado a mis tiernos hijos”. Y no duda en compararle con Calígula, Nerón y Caracalla, “monstruos, oprobios de la humanidad”. “¿Qué haces, aborto del abismo?”, le conmina, pese a que al final de la carta se despide con un tono entre cariñoso y resignado: “Pero soy tu madre y todavía te amo. Te amo, Napoleón, te ama tu desgraciada madre, Leticia”. Solo una alegría le dio en ese tiempo, que fue la firma del divorcio con Josefina en 1810 porque no le había dado un hijo. María Letizia estuvo presente durante aquel acto notarial. Como para perdérselo.

Sin embargo, no parece que Napoleón hiciera demasiado caso a su madre, ya que inició una campaña contra Rusia de la que no salió bien parado y que precipitó su final. Un buen número de países estaba en su contra y el emperador había perdido a muchos aliados, también dentro de Francia, por lo que acabó recluyéndose en la isla de Elba, a donde lo acompañó su madre, que pretendía que cambiara la relación con los hermanos. Desde allí, donde se enteró de la muerte de Josefina, lanzó su última campaña para recuperar el poder, que consiguió durante cien días en 1815. Pero otra batalla, en Waterloo, acabó definitivamente con sus delirios de grandeza.

Fue enviado por los británicos a la isla de Santa Elena, en medio del Atlántico, mientras María Letizia se trasladaba a Roma con toda la fortuna que había amasado con las inversiones que había realizado a lo largo de su vida. Ella ya pareció intuir que el final de su hijo sería desgraciado. Las relaciones entre ellos siempre fueron complicadas por los deseos ególatras del hijo, por el matrimonio con Josefina y por rechazar la religión católica y fomentar la laicidad del Estado. El narcisista Napoleón sabía que, de alguna manera, su madre llevaba razón: “Cuando ella muera, solo me quedarán inferiores”, afirmó en una ocasión. No le dio tiempo a comprobarlo, ya que murió en 1821 de un cáncer de estómago en Santa Elena. Completamente solo. María Letizia le sobreviviría quince años más. Falleció en 1836 a los 85 años de edad. Millonaria. Tal y como había nacido.

Centenario de la Constitución de Weimar (1919 – 2019)

Autor: ANTONIO BAYLOS

Fuente: NUEVATRIBUNA.ES 31/07/19

El 31 de julio de 1919 se proclamaba por la Asamblea Nacional Constituyente en la ciudad de Weimar, en la región de Turingia, la constitución de la República alemana, que sustituía así al imperio prusiano tras la derrota en la Primera Guerra Mundial, y que sería publicada diez días después, el 11 de agosto. Este año es su centenario y se multiplicarán los seminarios y estudios en su recuerdo. Ya en España se ha anunciado un importante Congreso Internacional en Madrid que tendrá lugar del 13 al 15 de noviembre bajo el sugerente título de Weimar Moments. ¿Cuáles son los elementos que cien años después de su adopción hacen que siga siendo un texto celebrado y comentado? Son muchos y en ocasiones contradictorios.

La Constitución de Weimar tuvo vida corta, realmente desde 1919 a 1933, con el ascenso de Hitler al poder, pero ha tenido una enorme influencia como modelo democrático basado en un Estado Social en el que, como señalaba de forma concisa el art. 157 de ese texto constitucional, “El trabajo gozará de la protección especial del Estado. Se establecerá en todo el Estado un derecho obrero uniforme”. Además de ello, el Estado se comprometía a luchar “por obtener una reglamentación internacional de las relaciones jurídicas de los trabajadores, con objeto de asegurar a toda la clase obrera de la humanidad, un mínimum general de derechos sociales” (art. 162). Una posición clara sobre el derecho al trabajo que todo ciudadano poseía –“Todo alemán tiene el deber moral de emplear sus fuerzas intelectuales y físicas conforme lo exija el bien de la comunidad y sin perjuicio de su libertad personal. A todo alemán debe proporcionársele la posibilidad de ganarse el sustento mediante un trabajo productivo. Cuando no se le puedan ofrecer ocasiones adecuadas de trabajo, se atenderá a su necesario sustento” (art. 163 de la Constitución)– y el reconocimiento del derecho colectivo del trabajo a través de las asociaciones de empresarios y los sindicatos de trabajadores, y la institución muy especial de los consejos obreros de empresa, de distrito y de ámbito nacional-estatal que se insertaban en un proyecto amplio de “socialización” de las relaciones económicas y sociales (art. 164 de la Constitución).

Es el momento histórico concreto que evoca la constitución de Weimar, la terrible fase temporal de entreguerras, que en el caso de Alemania marcó la victoria del nazismo y la destrucción moral y política de ese pueblo alemán unido a su Führer

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Weimar tiene una influencia directa sobre nuestra constitución republicana de 1931 cuyo art. 46 establecía que “el trabajo, en sus diversas formas, es una obligación social, y gozará de la protección de las leyes. La República asegurará a todo trabajador las condiciones necesarias de una existencia digna”, como prolegómeno de un catálogo de materias que la legislación social debía regular. Weimar es por tanto para los juristas del trabajo no sólo el momento constituyente del derecho del trabajo, que trasciende las anteriores etapas fragmentarias del derecho obrero y pietista, sino también un modelo de regulación constitucional del trabajo en el que éste aparece como un elemento central en la determinación política de la comunidad nacional y no ya como un componente importante del sistema económico como mercancía sometida a las leyes del intercambio en la producción de bienes y servicios.

La constitución de Weimar no es un texto que se base en la democracia liberal, como algunas versiones de la misma quieren recuperar. Por el contrario, lo que se conmemora en ella es que supone una respuesta democrática a la crisis de la democracia liberal y que su concepto de Estado implica una tensión hacia la “socialización” de las relaciones de producción sin por ello abolir el mercado ni la propiedad privada, cuya “función social” se reitera continuamente. Weimar es la expresión constitucional del rechazo de las ficciones perversas de la libertad y de la igualdad que se encarnaban en el pensamiento político liberal que sancionaba la escisión entre el mundo de las relaciones materiales de vida profundamente desiguales y marcadas por el dominio violento de los poderes privados, y el enaltecimiento moral del interés general concebido como el marco institucional que permite la realización del interés de los propietarios, un espacio formalmente igualitario del que resultaban expulsados las mujeres y los trabajadores como seres privados de posesiones materiales y ajenos a la religión del dinero como única fe productiva.

Lo interesante de Weimar es que ese carácter antiliberal está presente para salvar el componente democrático. Pretende por consiguiente reformar el capitalismo a través de la dirección e intervención del Estado y sus aparatos públicos que impulsaran un amplio proceso de “socialización” de las riquezas naturales y de las empresas industriales y extractivas que constituían el eje de la actividad económica del país, y mediante la introducción de la voz de los trabajadores en las empresas y en los sectores como forma de codeterminar las decisiones de estos agentes económicos. Una “democracia colectiva” como la llamará uno de sus intérpretes más autorizados, Ernst Fraenkel.

Sabemos sin embargo que este propósito fracasó de la peor manera posible. De un lado porque la resistencia de las clases propietarias, la burocracia y los aparatos de Estado del imperio guillermino que habían quedado intactos y la enorme crisis económica que primero en términos inflacionistas y luego deflacionistas generó un desempleo masivo incontrolado, impidieron las reformas sociales prometidas o proyectadas en la constitución. De otro porque el modelo social y democrático que estaba latente en Weimar era combatido fuertemente desde posiciones radicalmente antiliberales que oponían a este el modelo de un Estado obrero como el de la URSS, un proyecto político y social que quería subvertir el orden material de las relaciones económicas y sociales y fundar en ese espacio de la materialidad de la producción la legitimidad de una política concebida para las mayorías sociales negando la capacidad de decisión y de actuación a las capas propietarias o del alto funcionariado. Esa tensión entre la resistencia potente de los aparatos de estado del Imperio, las grandes corporaciones económicas y los potentes Konzern industriales y financieros, junto con los grandes propietarios agrarios, frente a la presión en sentido contrario de las reivindicaciones básicas y perentorias en términos de clase contra clase que rechazaban por tanto el componente liberal capitalista y el equilibrio pluralista democrático como unidad inescindible en el dominio de clase, forma parte del itinerario cultural de la república de Weimar, sus desencuentros políticos y sus desastres sociales, y se rastrea muy bien en el pensamiento y la elaboración doctrinal de sus juristas, en especial los constitucionalistas y los laboralistas. (Sobre estos últimos, Román Gil Alburquerque tiene un libro que puede ser muy útil para quienes deseen iniciarse en este tema, “El Derecho del Trabajo democrático en la república de Weimar”, publicado en la editorial Bomarzo en el 2017).

La erosión de proyecto social y democrático weimariano buscaba una radicalización política de la exigencia democrática a través de un cambio de lugar de toma de decisiones, haciendo emerger la centralidad del trabajo y del espacio en el que éste se desarrollaba como el emplazamiento constituyente de la capacidad de decisión y la formación de un interés general. La subjetividad colectiva que portaba en sí la clase trabajadora se expresaba de forma inmediata y violenta como fórmula de reversión de la coacción permanente del mercado, el dinero y la propiedad de los medios de producción. Había sin embargo elementos comunes entre ese proyecto y la fracasada ”socialización” que para la constitución de Weimar permitía contrarrestar democráticamente la conformación unilateral que caracterizaba la coacción del mercado y de la propiedad sobre amplias mayorías sociales, aunque los partidos políticos y los agentes culturales que protagonizaron ambas líneas de actuación fueron incapaces de verlos y de reaccionar a tiempo.

En efecto, la democratización de la economía y del mercado, la limitación de poder a los grandes grupos económicos y financieros, la desarticulación de las fuerzas represivas y de una administración de justicia claramente alineada con los poderes privados, eran todas ellas amenazas de la suficiente entidad como para que éstas fuerzas reaccionaran afirmando la consolidación de su dominio y la expansión imperialista en las colonias. Por eso surge el nazismo, como operación ideológica que niega la forma democrática liberal a través de la construcción de una alternativa política autoritaria cuyo objetivo fundamental es combatir y derrotar, por todos los medios, a la clase obrera organizada de forma autónoma y alternativa en sus partidos y sindicatos, a la vez que fabrica un sentido de pertenencia impuesto coactivamente, disolviendo la identidad de clase en la de pueblo y construyendo una fuerte pulsión de autoridad y dominio en torno al Jefe –Führer o Caudillo– que monopoliza el partido nazi y quiebra las organizaciones obreras y sindicales a través del Frente del Trabajo.

Este es por tanto el momento histórico concreto que evoca la constitución de Weimar, la terrible fase temporal de entreguerras, que en el caso de Alemania marcó la victoria del nazismo y la destrucción moral y política de ese pueblo alemán unido a su Führer, que generó una segunda guerra mundial y el mayor genocidio que se tenía noticia en la historia. El interés sin embargo por esa Constitución no es sólo el que nos liga con ese pasado terrible que siempre nos interroga y nos perturba. Es también y ante todo porque Weimar supuso una posibilidad histórica de compatibilizar capitalismo y democracia sobre la base de la sumisión de éste a los imperativos de participación y decisión colectiva de las mayorías sociales. Este dilema y los términos en los que actualmente se plantea hoy esa relación entre capitalismo y democracia real y participativa es el verdadero reto (y la promesa incumplida) de la constitución de Weimar de la que se cumplen 100 años de historia.

Cien años de Versalles: ¿puede un tratado de paz desatar una guerra?

Soldados británicos en la Primera Guerra Mundial.

Autora: KARINA SAINZ BORGO

Fuente: Vozpopuli, 28/06/2019

El mundo entero se refirió a ella como la Gran Guerra, porque nadie fue capaz de imaginar que existiría una segunda. Fue una carnicería: nueve millones de combatientes muertos, hambre, epidemias y migraciones forzadas. Incluso quienes ganaron la guerra, Francia y Gran Bretaña, la perdieron: acumularon más de dos millones de muertos y acabaron endeudados. Se trata de la Primera Guerra Mundial, aquel infierno que comenzó en 1914 y acabó, de manera definitiva, con el Tratado de Paz de Versalles, de cuya firma, el 28 de junio de 1919, se cumplen ahora cien años.

No está Europa para celebraciones y mucho menos la de este documento, a quienes muchos atribuyen la génesis de los nacionalismos, fraguados bajo el nuevo orden impuesto por los aliados tras la disolución de los cuatro imperios más importantes hasta entonces en el continente. No todas las miradas son apocalípticas y si alguien conoce a fondo los años de entreguerras en Europa es el historiador Julián Casanovas, catedrático de Historia Contemporánea de la Universidad de Zaragoza y profesor de la Central European University de Budapest, quien habla en esta entrevista acerca de lo que significa hoy ese aniversario en la Europa del Brexit.

¿De qué forma las cláusulas de Versalles propiciaron el ascenso de los fascismos y los populismos?

Las negociaciones del Tratado de Versalles fueron largas y en ellas no no participaron los perdedores. Alemania se negó a firmar el documento preliminar, por considerar que en él estaban concitados todos los elementos para su hundimiento. Sin embargo, terminó por acatarlo. Los gobiernos aliados la declararon como causante y responsable de todas las pérdidas y los daños sufridos: 6.500 millones de libras, con sus intereses. A eso se sumó la devolución a Francia de Alsacia y Lorena, la pérdida de las minas del Sarre, la cesión de territorios a Bélgica, Dinamarca y Polonia, así como la pérdida de sus colonias y la limitación de su ejército a 100.000 soldados.

¿De qué forma las cláusulas de Versalles propiciaron el ascenso de los fascismos y los populismos? ¿Cuántas de aquellas identidades nacionales son hoy asuntos irresueltos? ¿Puede un tratado de paz provocar una guerra aún peor? “La historia depende de cómo la viven los ciudadanos en el presente”, esa es una de las respuestas que Julián Casanova aporta al momento de evaluar este aniversario. El catedrático tiene perspectiva suficiente para evaluar el centenario de un documento que aporta claves sobre la Europa actual. Es autor, entre otros libros, de Europa contra Europa, 1914-1945 (Crítica), El anarcosindicalismo en España, 1931-1939 o su más reciente ensayo La venganza de los siervos. Rusia, 1917 (Crítica, 2017).

¿Fue el Tratado de paz de Versalles la génesis de otra guerra, la Segunda Guerra Mundial?

Eso está bastante estudiado y descartado. El Tratado de Versalles tiene una influencia fundamental en el reparto de Europa: se quiebran los imperios y se crean nuevas naciones en Europa. Hasta la crisis de 1929, Alemania se sigue sintiendo derrotada, pero hasta ese entonces Hitler es un personaje marginal. No podemos decir que exista una relación directa entre el Tratado de Versalles y una declaración de guerra veinte años después.

«No podemos decir que exista una relación directa entre el Tratado de Versalles y una declaración de guerra veinte años después»

¿Por qué duró tan poco la paz de Versalles? ¿Fue la crisis de 1929 un desencadenante?

El Tratado de Versalles fue una solución que no funcionó bien en la Europa de entonces, aquella que sobrevino al fin de la Primera Guerra y que abarcó tres elementos:  una posguerra con paramilitarismo, lo cual abrió un proceso de violencia política sin precedentes; un contexto de una guerra que fragua la Revolución Rusa, un fenómeno que genera miedo en las clases dominantes de Europa, al mismo tiempo que suscita esperanza en las clases desposeídas y con un impacto internacional tremendo, y el tercer aspecto, que tiene que ver con la aparición de un concepto llamado fascismo.

«El crash del 29 tuvo una repercusión profunda en Europa. Eso explica por qué una guerra mayor se impone al Tratado de Versalles»

¿A qué se refiere exactamente?

A la conquista del poder a manos de movimientos contrarrevolucionarios, con una tendencia de derechas y que terminan por dominar los grandes países de Europa que habían perdido la guerra. Si a todo lo anterior se suma la crisis del 29, que guarda conexión con Versalles, por el hecho de que para ganar la guerra los aliados necesitaron créditos, y la mayoría los pidieron a los EEUU, por lo que el crash del 29 tuvo una repercusión profunda en Europa. Eso explica por qué una guerra mayor se impone al Tratado de Versalles.

¿Por qué el internacionalismo proletario no frenó los nacionalismos que surgieron en toda Europa?

El nacionalismo es mucho más importante que el internacionalismo, que era un sueño de solidaridad, pero en 1914 todos los movimientos europeos dejaron ese sueño a un lado. Los nacionalismos generaron movimientos contrarrevolucionarios mucho más fuertes.

¿No le resulta familiar esta eclosión de nacionalismos en Europa? ¿Cien años después la vieja Europa lucha con los mismos fantasmas?

Hay ecos de la historia que están regresando, pero hay que tomar en cuenta varias cosas: la historia no es de dirección única, hay cosas que no se superan para siempre. Hoy existe una mezcla de nacionalismo y populismo, junto con políticas de exclusión de inmigrantes y una crisis de expectativas en las nuevas generaciones. Aunque existen todos estos elementos, además de la crisis de la democracia, mientras eso no se plasme en violencia política podemos plantear una corrección o una mejora . La historia depende cómo la viven los ciudadanos en el presente.

«Hay ecos de la historia que están regresando, pero la historia no es de dirección única, hay cosas que no se superan para siempre»

¿En qué se parecen los problemas de la Europa que firmó del Tratado de Versalles a la actual?

Europa está mucho mejor preparada para afrontar problemas que en 1918 y 1919. En aquellos años, la democracia no tenía experiencia, el colonialismo era muy importante y las sociedades civiles están hoy mucho más fuertes. En aquel momento las mujeres ni siquiera podían votar, no existían leyes sociales, no había leyes que amparen temas esenciales asociados con la igualdad de género, lo cual no quiere decir que la historia no tenga ecos, pero la democracia está mucho más favorecida hoy. Está en vigilancia, es cierto, pero en el 1919 había una cantidad importante de detonantes que podían hacerla saltar por los aires.

Además de Alemania, la que peor lo pasó, ¿cuáles fueron los países más perjudicados en el nuevo orden creado por el Tratado de Versalles?

Alemania perdió 15% de territorio y población, Hungría perdió un 60%… mucho, pero mucho más. Sin embargo, Alemania era el referente. El tratado de Versalles no fue solo lo que ocurrió en París, hubo muchos más: Trianón, SaintGarmain, Neully… Los tratados se dictaron, pero no se cumplieron. La paz de París crea un precedente, porque cuando se juntan los vencedores en 1945 no quieren repetir el mismo error, e incorporan a algunos de los derrotados.  

«Los tratados se dictaron, pero no se cumplieron. La paz de París crea un precedente. En 1945, los aliados no quisieron repetir los mismos errores»

En Europa se crearon nuevos Estados basados supuestamente en los principios de la nacionalidad. ¿Fue un error?

Si comparamos el mapa de 1919 con el actual es muy similar. Otra cosa es que hablemos de la invasión de Hitler o el dominio Soviético, desde ese punto de vista el tratado no es el fracaso. Lo que ha pasado es que la quiebra en 1989 del URSS y la Yugoslavia, junto la crisis de expectativas en muchos de esos países, porque la democracia no trajo toda la igualdad que esperaban, todo eso ha creado una reacción hacia la democracia y una vuelta a los nacionalismos conservadores contrarios a la igualdad y la redistribución de la riqueza. Hoy no hay nostalgia de los comunismos, pero sí de los sistema autoritarios de la derecha.

¿Europa se derechiza?

La derechización de Europa va en la misma línea de las cosas que ocurren en América Latina con Bolsonaro y Trump a la cabeza. Pero más que derechización hay tendencias hacia el autoritarismo y las políticas de exclusión a quienes no se consideran parte pura, por decirlo, de la sociedad. Le podemos llamar ultraderecha o no pero huelen a cosas que hemos visto en aquella Europa.

¿En qué se parece la Europa de entonces a la de hoy?

La historia hay que conocerla. Tiene lecciones para la actualidad. Cuando a la Europa plantea políticas nacionalistas frente a políticas de igualdad se acerca a muchos de aquellos problemas, aquella Europa tenía un sentido de negociación que los políticos actuales deben retomar y del que deben aprender. Versalles es muy relevante, porque su fracaso marcó el futuro de la Europa.

Un detalle de la cubierta de este clásico de Keynes.
Un detalle de la cubierta de este clásico de Keynes.

Las consecuencias económicas de La Paz

Enviado a Francia para participar en los preparativos del tratado de Versalles, Keynes se mostró en desacuerdo con lo que se pretendía hacer, porque pensaba que lo importante no era exigir reparaciones a los alemanes, sino reconstruir la economía europea. Todas y cada una de esas razone las desocribió en las páginas de este ensayo. Según sus biógrafos, es el mejor libro del economista británico. 

Keynes pensaba que la política económica era la herramienta clave para sacar a un país de la crisis.Su idea era que los gobiernos debían tratar de estimular la demanda que había en la economía, más que imponer cortapisas.  La mejor manera de estimular la demanda sería utilizar la política fiscal, el déficit público.Basándose en ese principio, criticó la viabilidad de las sanciones del Tratado de Versalles. 

Socialismo y trabajo asalariado de la mujer casada en los años veinte

Autor: EDUARDO MONTAGUT

Fuente: NUEVATRIBUNA.ES 07/07/19

El periódico socialista español se hizo eco a comienzos de 1929 de la polémica que se suscitó en algunos países europeos sobre el trabajo de la mujer casada en tiempos de paro, emitiendo su propia opinión al respecto, y que nos parece interesante estudiar.

El Socialista consideraba que la existencia de estos artículos demostraba que estaba cundiendo la idea en Europa de prohibir a las mujeres casadas que pudieran trabajar fuera de casa

Al parecer, el órgano de las mujeres socialistas belga, La Voix de la Femme, venía tratando en varios números la cuestión de si estaría justificada o no una ley que prohibiese a las mujeres casadas el trabajo asalariado. Por su parte, Fraunwelt (El Mundo Femenino),publicación socialista berlinesa, y que dirigía Toni Sender, había organizado una especie de concurso-debate para que opinasen las obreras y las esposas de los trabajadores. El premio se otorgaría a la participante que con mayor claridad y precisión explicase la esencia de la cuestión. Por fin, en el órgano sindical GewerkschaftlicheFrau-Zeitung de las mujeres berlinesas se insertaba un artículo donde se exponían las dificultades que hao sllaría una prohibición de esta naturaleza.

El Socialista consideraba que la existencia de estos artículos demostraba que estaba cundiendo la idea en Europa de prohibir a las mujeres casadas que pudieran trabajar fuera de casa. Era una propuesta, siempre según el periódico obrero, que podía provocar el enfrentamiento entre las obreras, en vez de unir a las mujeres asalariadas en la lucha común contra el paro. Pero, además, estaba indicando que la mujer tenía que elegir entre su matrimonio y el trabajo, en vez de potenciar la idea de la necesidad de que la mujer conquistase su independencia económica, clave para la emancipación femenina.

Si los socialistas debían que tener una opinión al respecto había que afirmar que esta supuesta prohibición era una idea caduca. Las mujeres socialistas tendrían el deber de procurar que los derechos y las prohibiciones no se estableciesen o midieran en función del género.

Pero, también es cierto que, en este evidente alegato feminista, partiendo de que el periódico socialista español consideraba que era una propuesta totalmente inadmisible, y fruto de la iniciativa de la burguesía para dividir a las trabajadoras, es decir, en clave de feminismo socialista, se planteaba una cierta contradicción, fruto del mantenimiento del paternalismo del pasado.

Nos referimos a que, aunque el movimiento obrero socialista ya había asumido en los años veinte el completo derecho de la mujer a trabajar fuera de casa, como hemos visto sobre la independencia económica, se recordaba que era un crimen privar a la mujer casada de su derecho a trabajar fuera de casa porque si lo hacía, después de su enorme carga en casa, era por necesidad.

Torrijos, la forja de un héroe liberal

Autor: Juan Ignacio Samperio Iturralde

Fuente: La Aventura de la Historia, número 247.

Cuando se cumplen 150 años de la nacionalización de las colecciones del Prado, el museo dedica una exposición, El fusilamiento de Torrijos y sus compañeros1886-88. Una pintura para una nación, al famoso cuadro de GisbertLa obra fue un encargo del Gobierno español presidido por el liberal Sagasta –cuyo retrato por Casado del Alisal también se expone– con destino específico para el museo. El lienzo muestra el fusilamiento de Torrijos y sus compañeros al amanecer de un domingo, el 11 de diciembre de 1831, después de ser traicionado por el general Vicente González Moreno y ser condenado a muerte por Fernando VII, en la playa de San Andrés.

Gisbert se había asociado con los liberales y, en 1860, había pintado Padilla, Bravo y Maldonado en el patíbulo, que es un claro antecedente, y que en la exposición se ha situado frente al fusilamiento. Torrijos era un héroe nacional vinculado a la independencia española y a la lucha por la libertad. Era culto, amigo de intelectuales como Espronceda y el duque de Rivas, que le retrató en su exilio londinense en un cuadro que también se expone. En Cambridge fascinó a poetas como Shelley y Robert Boyd, que sería fusilado con él.

José María de Torrijos, 1826, por el duque de Rivas, Madrid, Museo de Historia.

Su memoria fue rehabilitada durante la regencia de María Cristina. También se hicieron grabados, alguno de los cuales están en la exposición, e incluso se levantó un obelisco en su memoria en la malagueña plaza de la Merced.

Antonio Gisbert fue director del Museo del Prado entre 1868 y 1873, y en 1885 propuso la realización del cuadro al ministro de Fomento, aprovechando que, en 1881, el Congreso había adquirido la carta que Torrijos le dirigió a su esposa antes de morir. El atrevimiento de Gisbert fue grande, pues el antecedente a superar era Los fusilamientos de la Moncloa, de Goya.

El trabajo de Gisbert es una alegoría de la dignidad ante la muerte. Para ello, flexibilizó la veracidad de los hechos, ya que Torrijos y sus compañeros fueron los primeros fusilados, y en el cuadro aparecen por el suelo varios cadáveres. También sabemos que fueron abatidos de rodillas y que no se dejó a Torrijos dar la orden de disparar, aunque Gisbert deja clara su condición de militar por las botas que calza.

La escena transcurre en una atmósfera de serena nobleza. La mano suelta en primer plano recuerda a Géricault y el sombrero de copa está sacado de un cuadro de Gerôme. Con sus rostros serenos, los que van a morir se llenan de dignidad. Sabemos que murieron dando vivas a la libertad, atados, vendados y de rodillas. Este cuadro es el equivalente a un resumen de nuestra historia durante el siglo XIX.

El genocidio del sádico Leopoldo II de Bélgica en el Congo: el peor crimen europeo en África

Autor: César Cervera.

Fuente: ABC Historia. 22/11/2017.

Mientras la Europa del siglo XIXseguía tachando a los españoles de asesinos de indios, por algo que había ocurrido dos siglos antes y fue causado, sobre todo, por las enfermedades; en la África Negra la explotación de caucho estaba provocando en esas mismas fechas la muerte de diez millones de personas. Como recuerda Josep Pérez en su conocido libro « La Leyenda Negra», «la colonización europea de los siglos XIX y XX fue culpable de crímenes semejantes a los cometidos por los españoles en América. La única diferencia es que no encontró a un Las Casas [el fraile que protestó con cifras dudosas por el trato a los indios] para denunciar». El Congo belga fue el caso más salvaje.

Un maestro del disimulo

Léopold de Saxe-Cobourg et Gothase, Leopoldo II, Rey de los belgas a finales del siglos XIX, auspició durante su reinado que el Congo pasara de una población de 20 millones de habitantes a 10 millones. Lo más sorprendente de todo es que el Monarca, perteneciente a la dinastía Sajonia-Coburgo Gotha, no tuvo que disparar una sola bala para hacerse con este territorio. Leopoldo no heredó o conquistó el Congo (de hecho solo a su muerte se integró en Bélgica), le bastó con convencer a la comunidad internacional de que si le daban su soberanía protegería a sus habitantes de las redes de traficantes de esclavos árabes. Nada más lejos de la realidad, el verdadero objetivo del belga, que solía definir a su pequeño reino europeo como «Petit pays, petit gens» («Pequeño país, gente pequeña»), era hacerse con una colonia y exprimir hasta la última gota de sus recursos económicos.El verdadero objetivo del belga era hacerse con una colonia y exprimir hasta su última gota

Leopoldo, no obstante, supo disimular su afán económico generando una imagen de monarca humanitario y altruista, que financiaba asociaciones benéficas para combatir la esclavitud en el África Occidental y costeaba el viaje de misioneros a esas regiones. En 1876 convenció con su elegancia y buenos modales a un selecto grupo de geógrafos, exploradores y activistas humanitarios en una Conferencia Geográfica, celebrada en Bruselas, de que su interés era «absolutamente humanitario». Fue, además, elegido aquí presidente de la recién creada Asociación Africana Internacional, transformada con el tiempo en la Asociación Internacional del Congo.

Como consecuencia de estos movimientos sibilinos, en febrero de 1885, catorce naciones reunidas en Berlín, y encabezadas por Gran Bretaña, Francia, Alemania y los Estados Unidos, le regalaron a Leopoldo II todo el Congo a través de la asociación que él presidía. Un territorio 20 veces el tamaño de Bélgica, donde se comprometió a «abolir la esclavitud y cristianizara a los salvajes» a cambio de su cesión. Las grandes potencias concedieron al rey de los belgas el Congo, sin saber qué clase de persona era y, sobre todo, porque desconocían el gran tesoro que se escondía entre sus árboles.

Mutilizaciones, en nombre del caucho

Además del marfil de sus elefantes, Leopoldo se sintió atraído por el Congo debido a sus grandes reservas de caucho. Durante su reinado se disparó la demanda internacional de goma, que se extraía de los árboles del caucho que se contaba muy numerosos en el Congo. El problema de la recolección de esta materia resultaba la ingente cantidad de mano de obra que se necesitaba y las duras condiciones para estos empleados. Para solventar el asunto, el rey de los belgas diseñó un sistema de concesiones que, en esencia, condenó a la esclavitud a la totalidad de los congoleños.

El explorador Henry Morton Stanley (el primer europeo en recorrer los varios miles de kilómetros del río Congo) y otros enviados del Rey se encargaron, entre 1884 y 1885, de que los jefes indígenas de la geografía congoleña firmaran, sin saberlo, contratos por los que cedían la propiedad de sus tierras a la Asociación Internacional del Congo. En estos «tratados», los caudillos se comprometieron a trabajar en las obras públicas de aquella institución que, creyeron, iban a servir para expulsar a los esclavistas y modernizar el país.Leopoldo II de Bélgica estaba perfectamente al corriente de los crímenes e incluso llegó a sugerir que se implementaran equipos de niños para que apoyaran el trabajo

De esta forma tan descarada, Leopoldo II se valió del trabajo local para la recolección del caucho y para que sirvieran a los funcionarios, soldados y policías belgas que vinieron a instalarse en el país. Una esclavitud que ocupaba las 24 horas del día de los congoleños; y que deparaba sádicos castigos para los recolectores que no entregaban el mínimo exigido. El catálogo de violaciones de los derechos humanos podría ocupar libros enteros: desde latigazos, agresiones sexuales al robo de sus poblados. Las mutilaciones de manos y pies dejaron a tribus enteras mancas y cojas, cuando no eran directamente exterminadas aldeas enteras.

El castigo por desobediencia era la amputación de una mano
El castigo por desobediencia era la amputación de una mano

El Monarca hizo del Congo su cortijo particular entre 1885 y 1906, siendo plenamente consciente de lo que estaba pasando en el interior del país. Como explica Adam Hochschild en su libro «El fantasma del rey Leopoldo» (Mariner Books), Leopoldo II de Bélgica estaba perfectamente al corriente de los crímenes e incluso llegó a sugerir que se implementaran equipos de niños para que apoyaran el trabajo, de tal modo que miles de menores fueron arrancados de sus familias.

El sádico Leopoldo no tuvo que realizar ningún disparo para conquistar el Congo, pero ni siquiera debió enfrentarse apenas a resistencia cuando estableció su sistema esclavista, puesto que el Congo se extendía por un terreno gigantesco en el que cada tribu vivía de forma aislada. El historiador Adam Hochschild calculó que murieron diez millones de personas basándose en investigaciones llevadas a cabo por el antropólogo Jan Vansina.

Tampoco se enfrentó a las críticas de la comunidad internacional ni a las de Bélgica, que todavía hoy recuerdan a Leopoldo II como un entrañable estadista. Cuando pastores bautistas norteamericanos lanzaron la primera voz de alarma, la misma propaganda belga que había elevado a Leopoldo II a benefactor de la humanidad salió al paso para llevar las acusaciones ante los tribunales por calumnias. Todavía, en 1889, Leopoldo se atrevería, en un gran ejercicio de hipocresía, a hacer de anfitrión de la Conferencia Antiesclavista.

La tardía respuesta internacional

Debieron pasar años para que Europa y Bélgica empezaran a hacer autocrítica y a asumir los crímenes en el Congo. Los británicos palidecieron al conocer sus salvajes crímenes por un informe de Roger Casement al Foreign Office, pero solo el empeño particular de políticos extranjeros como el vicecónsul británico en el Congo, Roger Casement, o el periodista Edmund Dene Morel, ex-empleado de una compañía naviera de Liverpool, sacaron a la luz el genocidio belga en los últimos años de vida del Monarca. Morel visitó personalmente al presidente norteamericano Theodore Roosevelt para exigirle que su Gobierno hiciera algo al respecto, además de lograr que personalidades como el arzobispo de Canterbury se manifestaran en contra de aquellos horrores.

Un niño víctima de atrocidades belgas en el Congo se encuentra con un misionero
Un niño víctima de atrocidades belgas en el Congo se encuentra con un misionero

Los crímenes serían dados a conocer al gran público por el famoso escritor anglopolaco Joseph Conrad en la conocida novela «Heart of darkness» (El corazón de las tinieblas). Por su parte, Conan Doyle, el creador del personaje de Sherlock Holmes, escribiría un opúsculo «Crimen en el Congo» (1909) demostrando su vena más comprometida.

Poco antes de su muerte, Leopoldo legó a Bélgica la propiedad del Congo ante la presión internacional y se estableció una colonia que recibió los problemas estructurales causados por tanto maltrato y tantísimas muertes. La millonaria indemnización posterior de Bélgica al Congo hizo que la empresa esclavista solo le fuera rentable a Leopoldo.

Operación Bagratión, el Día D soviético que verdaderamente destruyó a Hitler y que ha sido silenciado

Autor: Daniel Bellaco.

Fuente: digitalsevilla.com, 6/06//2019

Hoy muchos medios del mainstream mentirán diciendo que el Desembarco de Normandía fue la batalla clave de la victoria aliada sobre Hitler tergiversando la Historia. Quizás en aras de dar valor a EEUU y Reino Unido, países símbolo del ultraliberalismo y buques insignia de la OTAN o por simple desconocimiento, quién sabe.

El gran público desconoce la operación que por aquellas fechas puso en jaque a la Alemania nazi y que realizó el Ejército Rojo, el que realizó el mayor esfuerzo para conseguir la destrucción de las tropas de Hitler.

La apertura de un segundo frente en Francia, se retrasó por parte de EEUU y Gran Bretaña, y sólo se hizo ante el temor de que la URSS acabara conquistando toda Europa.

A pesar de la tremenda derrota de la Alemania nazi en Stalingrado y el duro varapalo recibido en Kursk, el régimen de Hitler seguía siendo una amenaza para la URSS y seguía controlando gran parte de su territorio.

El mando soviético decidió en la primavera de 1944 dar un golpe mortal en el Frente del Este, donde Alemania perdió el 80% de sus tropas en la guerra. El nombre elegido fue Operación Bagratión (en honor a un príncipe ruso que había luchado contra Napoleón). Tendría lugar el 22 de junio, justo 3 años después de que la Alemania nazi invadiera la URSS causando millones de muertos, la gran mayoría civiles.

Stalin decidió sorprender a Hitler atacando en Bielorrusia a través de ríos, pantanos y bosques, algo muy difícil de realizar por el terreno y por las posibilidades de ser detectado. Allí estaba el Grupo de Ejército Centro Alemán, si este caía se acorralaba el Grupo Ejército Norte en las Repúblicas bálticas y se amenazaba seriamente al Grupo Ejército Sur en Ucrania. En resumen, un golpe decisivo en la guerra que significaría poner a las tropas soviéticas en la frontera alemana.

El alto mando soviético destinó 2,3 millones de soldados, 5.800 tanques y 7.000 aviones para el combate, agrupados en 200 divisiones. Los nazis tenían 400.000 soldados así como centenares de tanques y aviones.

Toda esa masa fue ocultada, en la mayor operación de camuflaje y desinformación de la historia. Se usaron enormes movimientos de tropas y tanques para despistar, convoyes nocturnos que viajan sin luces y órdenes dadas verbalmente o por escrito con mucho tiempo de antelación para que no fueran detectadas por los espías enemigos.

El 23 de junio se lanza la ofensiva avanzando en profundidad tras tremendos bombardeos que provocan la desbandada nazi y la captura de miles de soldados alemanes que quedan aislados.

Un ataque soviético hacia Lituania consigue reconquistar los países bálticos y gracias a los partisanos polacos conquistan además Varsovia en agosto.

El 29 de este mes, finaliza la operación ante el riesgo de sobreextender las líneas de batallas y de suministro.

Bagratión supuso el hundimiento del III Reich consiguiendo causar al Ejército alemán 350.000 bajas entre muertos, heridos y capturados, más que Stalingrado y Normandía juntas. Algunas fuentes alemanas apuntan a más de medio millón de bajas en la Wehrmacht en esos dos meses con lo cual el descalabro pudo ser incluso mayor.

Tanto en número como en consecuencias, fue la batalla más decisiva de la II Guerra Mundial, mucho más que el Desembarco de Normandía.

En la Operación Bagratión, Alemania envío el 75% de sus fuerzas militares contra el 25% del Desembarco de Normandía. Si los soviéticos no hubiesen realizado esta ofensiva, Francia no hubiese sido liberada y la historia habría cambiado.

Esta derrota costó al III Reich 1000 tanques y 2000 vehículos de todo tipo. Las bajas alemanas se estimaron en 60 000 muertos, 230 000 heridos y unos 116 000 prisioneros.

Fue con mucho la mayor victoria en términos numéricos para los aliados, reconquistando la URSS una inmensa extensión de territorio en 2 meses, recuperando prácticamente todas las áreas controladas por la URSS antes de la invasión alemana y colocándose a pocos kilómetros de Berlín.

Las mayores pérdidas sufridas hasta entonces por la Wehrmacht eran las bajas sufridas durante los 155 días de la ofensiva en Stalingrado, pero la Operación Bagratión les causó un número de bajas mucho mayor en tan solo 58 días. La ofensiva del Ejército Rojo aisló además al Grupo de Ejércitos Norte del Grupo de Ejércitos Sur, obligando a este último a retirarse prontamente del territorio soviético situado en los límites entre Ucrania y Rumanía, a fin de evitar ser cercado masivamente. Este hecho causó, indirectamente, que Rumanía y Bulgaria abandonaran su alianza con el Tercer Reich en agosto y septiembre de 1944, respectivamente, facilitando la penetración de la URSS en los Balcanes.

En el Desembarco de Normandía y en la invasión de Italia los Aliados se enfrentaron a solo un 25% de la fuerza total de unidades de la Wehrmacht disponibles en Europa; el 75% restante de las fuerzas germanas se encontraba combatiendo al Ejército Rojo en algún lugar del terrorífico Frente del Este.

Comparada con las cifras de la Operación Bagratión, la invasión de Normandía fue un teatro numéricamente inferior donde ambos bandos emplearon mucho menos hombres y recursos que en la Operación Bagratión, la cual ratificó que en el Frente Oriental de la Segunda Guerra Mundial, Alemania había perdido ya ante la URSS, país que después de años de sufrimiento y millones de muertos logró vencer, a la maquinaria nazi con la ayuda de sus aliados.

La Primera Guerra Mundial: Todo lo que necesitas saber

 

Autor: Luis Martín MIllán.

Fuente: geopolitico.es. 08/10/2018

El ser humano es la criatura más inteligente del planeta tierra, y por eso su nombre científico es Homo Sapiens, pero, a pesar de esto, en la historia de la humanidad han existido desacuerdos y peleas que han llevado estas diferencias al siguiente nivel, llegando así al punto de matar con el propósito de cumplir su cometido. Una de las guerras más significativas de la historia fue La Primera Guerra Mundial que para su momento fue la más grande conocida y existente, que no solo dejo una historia que contar sino también una huella en el continente europeo y en el resto del mundo. Pero surgen muchas preguntas sobre esta guerra, sobre las razones por las cuales estalló, cuantas vidas se perdieron o quien gano finalmente esta sangrienta batalla. Aquí encontrarás respuesta tanto a estas como a otras preguntas sobre este amargo episodio de la historia mundial, ¡La Primera Guerra Mundial!

La Primera Guerra Mundial

Se le llamó Primera Guerra Mundial cuando surgió la Segunda Guerra Mundial, pero, cuando estalló solo se le conocía como La Gran Guerra o La Guerra Mundial, y fue básicamente una confrontación bélica ocurrida principalmente en el continente europeo, su duración fue de un poco más de cuatro años, desde el 28 de Julio de 1914 hasta el 11 de Noviembre de 1918 cuando Alemania se sujetó a las condiciones y términos del Armisticio.

El numero de muertes cobradas por la Primera Guerra Mundial no se sabe con exactitud, lo que los registros arrojan es que mas de nueve millones de combatientes y al menos siete millones de civiles perdieron la vida, lo que representa según la cantidad de personas en el mundo en aquel momento, que el 1% de la población mundial perdió la vida debido a la guerra, una cifra que resulta absurdamente elevada dada la sofisticación tecnológica e industrial de los beligerantes.

Por esta razón la Primera Guerra Mundial es considerada como el quinto conflicto más mortífero que ha experimentado el mundo en la historia de la humanidad.

Protagonistas de la Primera Mundial

Muchas de las naciones envueltas en la Gran Guerra, también forman parte hoy día de Europa, esto no significa que es algo que los enorgullece, pero sin duda alguna, si es algo que ha quedado plasmado para la historia internacional. Algo que caracterizaba la guerra eran las alianzas existentes entre naciones y una de ellas era la “Triple Alianza” que era conformado principalmente por las potencias centrales, es decir: El Imperio Alemán como principal protagonista, y así también junto con Alemania, Austria-Hungría. Por otro lado, el papel de Italia, figuraba sumándose a la Triple Alianza junto a Alemania, Austria y Hungría, pero la nación dio un giro inesperado al no se unirse a las potencias centrales, dando como razón que Austria, violando los términos pactados, fue la nación agresora que desencadeno el conflicto.

Por otro lado, se encontraba otra alianza de igual manera compuesta por tres naciones, a tal alianza se le llama La Triple Entente que era básicamente compuesta por El Reino Unido, Francia y también El Imperio Ruso.

Por supuesto estas alianzas experimentaron cambios y terminaron creciendo con la integración de otras naciones a las ya establecidas alianzas, sea a uno u otro de los bandos según como fuera evolucionando La Gran Guerra, como fue el caso por ejemplo de la Triple Entente a la cual se le juntaron El Imperio del Japón, los Estados Unidos y curiosamente después de haber formado parte de la Triple Alianza, Italia terminó sumándose a la Triple Entente.

No obstante, El Imperio Otomano El Reino de Bulgaria tiempo después de haberse desarrollado la guerra, se sumaron a la Triple Alianza, compuesta por las potencias centrales. La cuenta de los participantes en la guerra era más de 70 millones de combatientes, y al menos unos 60 millones eran militares provenientes de Europa, que se movilizaron y pasaron a ser protagonistas activos del conflicto mas grande de la historia.

El Inicio de La Primera Guerra Mundial

Cuando los austrohúngaros el 28 de Julio comenzaron los actos ofensivos al intentar invadir Serbia. A su vez Rusia estaba movilizándose cuando Alemania invadió Bélgica, que por su parte había tomado la decisión de declararse neutral, y Luxemburgo en vía a Francia.

Este primer acto hostil invadido sobre la soberanía belga, llevo al Reino Unido a tomar cartas en el asunto declarando la guerra a Alemania. Aunque la Gran Guerra o Guerra Mundial se desarrolló en múltiples locaciones terrestres y marítimas dentro y fuera del territorio europeo, uno de los más importantes y concurridos de ellos fue el Frente Occidental en el cual parte de los alemanes se encontraban detenidos por las autoridades francesas a 120 kilómetros de la capital París, luego de haber intentado tomar parte del país para transportar libremente su armamento balístico; comenzando de esta manera una guerra de desgaste en las cuales las líneas de trincheras, las cuales servían como protección y resguardo para los combatientes, fueran siquiera modificadas hasta el año 1917.

Por otro lado, en el Frente Oriental, el ejército de Rusia consiguió algunas victorias frente a los astro-húngaros, pero prontamente estos fueron detenidos por el ejercito de Alemania en su esfuerzo por apoderarse de Prusia Oriental. El Imperio Otomano se unió a la guerra en noviembre de 1914, lo que tuvo como consecuencia la apertura de diversos frentes en el Cáucaso, Mesopotamia y el Sinaí. Al año siguiente Italia y Bulgaria se sumaron al conflicto, luego en 1916 se anexo Rumania y un año más tarde en 1917 los Estados Unidos, como ultimo participante del atroz conflicto.

Una característica que hizo destacar a esta guerra o conflicto de todas las demás fue la implementación de armas químicas, su empleo o utilización fue masivo a pesar de estar prohibido en las conferencias de la Haya de 1899 y 1907. Durante la Gran Guerra fue utilizado una amplia gama de gases, entre los cuales podríamos mencionar el Cloro, gas Mostaza, y el Fosgeno; mientras que se iban implementando el uso ilegal de estas armas en la guerra, también se fueron creando junto con ellas contramedidas eficaces, como las mascaras de gas, lo cual hizo que se redujera el peligro y no solo eso, también obtuvieron beneficios de usarlos ya que solo una mínima parte de las victimas heridas mortalmente fueron por causa de tales agentes químicos, aproximadamente tan solo un 3% de las muertes durante la guerra.

El desenlace de la Guerra Mundial

La Gran Guerra la Guerra Mundial tuvo un periodo que se pudiera llamar estancamiento, en la cual solo se produjeron muertes, pero ningún avance significativo para los propósitos de ninguna de las dos alianzas. No fue sino hasta marzo de 1917 cuando comenzó el desenlace de la Gran Guerra, cuando cae el gobierno ruso tras la Revolución de Febrero, así como también la firma de un tratado o acuerdo de paz, pacto hecho entre la Rusia Revolucionaria y las Potencias Centrales luego de la Revolución de Octubre, en marzo de 1918.

En noviembre de 1918 fue solicitado un armisticio por parte del imperio astro-húngaro. Por todo el frente occidental Alemania demostró una gran ofensiva a comienzos de 1918, por lo cual los aliados hicieron retroceder a la línea alemana en una serie de victorias bélicas. Siguiendo este mismo marco de ideas, Alemania durante la Revolución, solicito de la misma manera un armisticio el 11 de noviembre de 1918, poniendo un punto final a la guerra con la victoria aliada.

Consecuencias de la Primera Guerra Mundial

Uno de los efectos más evidentes a largo plazo de La Gran Guerra fue la gran ampliación de los poderes y responsabilidades gubernamentales en Francia, Estados Unidos y Reino Unido, con el objetivo de aprovechar a cabalidad el potencial que tiene el país, con la formación de instituciones y ministerios nuevos. Se elaboraron nuevos impuestos y se promulgaron otras nuevas leyes, todas ellas pensadas para reforzar el esfuerzo bélico, algunas de las cuales siguen vigentes aun hasta nuestros días.

Estados Unidos desde el año 1919 exigió a Reino Unido la reintegración de los préstamos, que procedieron al menos en parte de las reparaciones de guerra alemanas, que de la misma manera podían pagar por préstamos de Estados Unidos a Alemania. Este sistema circular se destruyó en 1931 y los pagos pendientes cesaron de reintegrarse; razón por la cual, todavía para 1934, El Reino Unido seguía debiendo a EEUU 4400 millones de dólares, deuda que nunca ha sido saldada.

La Primera Guerra Mundial también produjo un desequilibrio en el número de habitantes por género, esto debido a la cantidad de hombres que se sumaron y murieron en el conflicto, dándose un número de mujeres mucho más alto que el de hombres. Casi un millón de hombres ingleses murieron durante La Gran Guerra, lo que hizo que aumentara la diferencia en número de género en esa nación de cerca de 670.000 a 1.700.000 mujeres más que de hombres.

La cantidad de mujeres solteras que buscaban independencia económica creció de manera impresionante, no obstante, la desmovilización y el declive económico de la posguerra trajo con ella altas tasas de desempleo, y a pesar que la guerra había aumentado el número de mujeres trabajadoras, el retorno a sus países de los soldados desmovilizados, muchos de ellos trabajadores antes de la contienda, y el cierre de muchas fábricas, provocaron un descenso en el empleo femenino.

75 años del Día D: el falso llamado de la BBC y otras 8 cosas que quizás no sabías sobre el Desembarco de Normandía

Unos 73.000 soldados estadounidenses formaron parte de las tropas aliadas que desembarcaron en la playa de «Omaha».

Autor: Keiligh Baker

Fuente: BBC News. 5/06/2019

El 6 de junio de 1944, fuerzas británicas, estadounidenses y canadienses invadieron la costa de Normandía, en el norte de Francia.

El desembarco fue la primera etapa de la Operación Overlord, la invasión de la Europa ocupada por los nazis, y pretendía poner fin a la Segunda Guerra Mundial.

Por la noche, alrededor de 156.000 soldados aliados habían llegado a Normandía, a pesar del mal clima y las feroces defensas alemanas.

Al final del llamado Día D, del que este jueves se cumplen 75 años, los aliados habían conseguido asentar su posición en Francia, desde donde se inició la derrota final de la Alemania nazi.

Once meses después del Día D, la guerra terminó.

Esta es la lista de nueve cosas que quizás no sabías sobre esta gran operación militar:

1. La participación de la BBC

En 1942, la BBC lanzó un falso llamado en el que solicitaba a sus oyentes que enviaran fotografías y postales de la costa de Europa desde Noruega hasta los Pirineos.

En realidad, era una forma de recopilar información sobre las playas adecuadas para el desembarco, que luego se decidió que fuera Normandía.

Millones de fotos fueron enviadas a la Oficina de Guerra de Reino Unido y, con la ayuda de la Resistencia francesa y el reconocimiento aéreo, los mandos militares pudieron analizar cuáles eran los mejores lugares de desembarco del Día D.

Los restos del puerto artificial 'Mulberry'.
Image captionLos restos del puerto artificial ‘Mulberry’ del Día D en la localidad de Arromanches, en la Normandía francesa.

2. Ejército fantasma

Los aliados pusieron mucho empeño en hacer creer a los alemanes que la invasión iba a empezar en Calais, otra localidad al norte de Francia, en lugar de en Normandía.

Con ese objetivo, inventaron la presencia de tropas de infantería con base en el condado inglés de Kent, situado en el extremo de Reino Unido y justo enfrente de Calais.

Se denominó Operación Fortaleza.

Como parte de este engaño se construyó un equipo falso, que incluía tanques inflables o muñecos con paracaídas.

Además utilizaron agentes dobles y lanzaron filtraciones controladas de información errónea que llevaron a los alemanes a creer que los aliados iban a invadir Europa a través de Calais y Noruega.

Los alemanes mordieron tanto el anzuelo que incluso después del Día D mantuvieron a muchas de sus mejores tropas en el área de Calais esperando una segunda invasión.

3. Soldados de 12 países

En 1944, más de dos millones de soldados de más de 12 países estaban en Reino Unido preparándose para la invasión.

En el Día D, las fuerzas aliadas estaban formadas principalmente por tropas estadounidenses, británicas y canadienses.

Pero también incluían soporte por tierra, mar y aire de australianos, belgas, checos, holandeses, franceses, griegos, neozelandeses, noruegos, rodesianos [actual Zimbabwe] y polacos.

Cementerio de la playa de Omaha
Image captionEsta es la vista aérea del cementerio estadounidense de la localidad francesa de Colleville-sur-Mer, situado al borde de la playa de «Omaha».

4. Noche de luna llena

Los oficiales que organizaron la operación fueron muy meticulosos sobre el momento en el que se debía llevar a cabo el desembarco.

Querían hacerlo una noche de luna llena con marea de primavera para poder desembarcar al amanecer, cuando la marea estaba casi a mitad de camino.

Sin embargo, esto se traducía en la práctica en que solo había unos pocos días que cumplieran con todas esas condiciones.

Eligieron el 5 de junio, pero terminaron demorándose 24 horas debido al mal tiempo.

5. Los zapatos de Rommel

De hecho, el pronóstico era tan malo que el comandante alemán destacado en Normandía, Erwin Rommel, estaba tan seguro de que no habría una invasión que se volvió a su casa para regalarle a su esposa un par de zapatos por su 50 cumpleaños.

Estaba en Alemania cuando llegaron las primeras noticias de la invasión.

El HMS Belfast en 1944
Image captionEl buque HMS Belfast está hoy amarrado en aguas del río Támesis a su paso por Londres. Es un museo naval que se puede visitar.

6. Hitler durmiendo

Cuando las fuerzas del Día D aterrizaron, el líder nazi Adolf Hitler estaba dormido.

Ninguno de sus generales se atrevió a ordenar el envío de tropas de refuerzo sin su permiso, y nadie se atrevió a despertarlo.

Los alemanes perdieron así horas cruciales para defender sus posiciones en Normandía.

Cuando Hitler finalmente se despertó, alrededor de las 10 de la mañana, pensó que Alemania derrotaría fácilmente a los aliados.

7. Sangrienta Omaha

Hubo cinco playas que fueron elegidas para la operación, con nombre en código.

De este a oeste fueron: Sword, Juno, Gold, Omaha, Utah.

El número de bajas entre las tropas varió ampliamente de una a otra playa.

En la «sangrienta Omaha», unos 4.000 hombres murieron o resultaron heridos.

De hecho, una unidad de Estados Unidos que llegó en la primera oleada de hombres perdió el 90% de sus hombres.

En Gold Beach, por el contrario, la tasa de fallecidos entre las tropas fue mucho menor.

Barcos
Image captionEl horizonte del mar el Día D estaba plagado de barcos en apoyo de las tropas que desembarcaron.

La lucha durante la Batalla de Normandía, que siguió al Día D, fue tan sangrienta como en las trincheras de la Primera Guerra Mundial.

Las cifras de bajas fueron ligeramente más altas que durante un día típico de la Batalla del Somme, que tuvo lugar en 1916.

8. Inodoros destrozados

La vibración de las armas que el buque HMS Belfast disparó durante el Día D era tan poderosa que en destrozó los baños de la tripulación.

9. La prueba del pub

Después de recibir las órdenes de la misión de alto secreto de atacar la batería de Merville en el Día D, el oficial del ejército británico Terence Otway tenía que estar seguro de que no habría filtraciones entre sus hombres antes del 6 de junio de 1944.

Envió a 30 de las integrantes más bonitas de la Fuerza Aérea Auxiliar de Mujeres, vestidas de civil, a los bares de las aldeas cerca de donde entrenaban sus soldados.

Como prueba, se les pidió que hicieran todo lo posible por descubrir cuál era la misión de los hombres. Ninguno filtró nada.

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